Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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martes, 10 de noviembre de 2009

La falacia de las neuronas aferentes y eferentes




Homo sapiens (ma non troppo) tiene una tendencia irrefrenable a diferenciar objetos y sujetos, clasificarlos en compartimentos estancos y eso afecta también a las neuronas.

Según los neurotutores hay neuronas que captan estímulos (variaciones de energía), las transforman (transducen) en señales eléctricas y las conducen hasta unos centros pensantes que asocian e integran todos los informes que entran y tras un período variable de reflexión, toman decisiones que se transforman (transducen) en señales eléctricas, que salen por otra casta neuronal encargada de transmitirlas a glándulas, vísceras y músculos.

Las neuronas que detectan estímulos y los conducen hacia arriba serían aferentes ("que llegan"). Las que distribuyen las órdenes a ejecutar serían eferentes ("que salen").

Convincente, claro y sencillo. Inputs y outputs... Cada cosa en su sitio. Desconfíe de lo cristalino. Puede ser falso.

Las neuronas,como toda célula que se precie, detectan y responden. En su membrana se producen entradas y salidas. Todas las neuronas son aferentes y eferentes.

Los primeros seres vivos con neuronas sólo disponían de una para las tres tareas: detectar, pensárselo y responder. Como sucede con la evolución, las novedades se añaden a lo existente pero no lo suplantan. Esas primeras neuronas polivalentes, generalistas, autosuficientes, holísticas, sistémicas... siguen siéndolo, como todas las que se van sumando, aunque la presión de las especialización les capacita a unas más para afinar la detección, a otras para integrar lo detectado y, finalmente a las de la azotea a memorizar y rumiar sobre lo grabado (pasado, presente y futuro) para finalmente responder con señales que serán detectadas por las neuronas especializadas en transmitir órdenes.

La llamada neurona sensitiva , neurona aferente o "primera" neurona, tanto lleva (como su nombre indica) como trae (como su nombre ignora). Es aferente y eferente: las señales vienen y van por la misma carretera (axón), estableciéndose un complicado tráfico con continuos parones y variaciones de velocidad.

Según los neurotutores de lo cristalino, la información que recoge la "primera" neurona (sensitiva, aferente) es transmitida, sin procesarse ni pensarse a una "segunda" neurona (motora, eferente) que dispara la orden a un músculo. El clásico reflejo de la rodilla responde a dicho esquema: la "primera" neurona recoge el estímulo de estiramiento del músculo, lo conduce hasta la médula, donde está la "segunda" neurona que se limita a actuar como un resorte obligando al músculo estirado a que se contraiga.

La realidad es que la información de la primera sigue pero lleva no sólo datos sobre lo detectado sino también sobre lo pensado y ordenado, sobre todo el procesamiento y trabajo de la injustamente infravalorada neurona "aferente". De este modo todas las neuronas de las capas "superiores" saben lo que sucede y lo que se ha respondido. Reciben una copia de lo decidido. Así pueden conocer anticipadamente lo que va a suceder... si no se decide otra cosa de signo contrario. Eso es cuestión de lo que suceda y en qué contexto.

Subiendo y subiendo llegamos hasta el tálamo, un centro con forma de huevo, situado en la profundidad de cada hemisferio, al que llegan los datos sobre estímulos y órdenes decididas pero que para los neurotutores cristalinos es una simple "estación de relevo sensorial". Algo así como una estación donde se cambia de tren para proseguir con el transporte de mensajes procedentes de los sentidos.

Realmente el tálamo es un complejo centro en el que se integran todas las informaciones de todas las capas. El tálamo es informado no sólo de lo que ha sucedido y detectado por los sentidos sino también de lo que se ha decidido y en función de ello libera señales que "ordenan" respuestas a todos los niveles, según sucesos, contextos y aprendizajes (condicionamientos...).

A esa simple "estación de relevo sensorial" también llegan señales que transportan información sobre predicciones de las neuronas pensantes, intelectuales, de las aristocráticas seis capas del neocortex y del más plebeyo allocortex de tres capas.

El tálamo es como una eficiente secretaria que conoce lo que entra desde fuera y lo que los jefes opinan de ello, por tenerlo ya muy sabido. La proporción de entradas pensantes (opinión de los jefes) respecto a las sensoriales (reporteros) es de 90 a 10. Es decir, el tálamo, en todo caso sería una "simple estación de relevo" pero de decisiones tomadas en las diversas capas de procesamiento".

En el tálamo confluyen imaginación y realidad. El fundido de un 90% de imaginación y un 10% de datos sensoriales produce lo que percibimos. La mayor parte del contenido no espera a que los sentidos informen. Es conocido de antemano. Está grabado.

El tálamo, por tanto, regula los tráficos informativos tanto de las neuronas sensoriales, que miran sólo al ombligo de lo inmediato, del on line, del aquí y ahora de su pequeño campo receptor, y ordenan respuestas egoístas también dirigidas al mismo lugar y momento, como de las neuronas especulativas, las que van más allá de la inmediatez y piensan en futuros de mediano y largo alcance (además de respetar, claro está, las apreturas de lo relevante del allí y ahora).

El tálamo no distingue entre lo que entra y sale. Entran salidas y salen llegadas.

Cada acción motora (eferencia) lleva consigo una información sobre los efectos sensoriales que va a producir. Toda la red neuronal sabe lo que suele sucede cada vez que una neurona responde. No hay secretos. La red trabaja de memoria. La orden motora pasa una copia de lo ordenado al llamado cerebro "sensitivo". Es la (espero que ya conocida) copia eferente. El cerebro "sensitivo" sabe así que en un pis-pas va a recibir información de algo que ya conoce. Se limita entonces a comparar y comprobar que lo que sucede es, precisamente, lo que se le ha informado que va a suceder. Si coinciden las previsiones con los efectos es que es el YO el que ha generado esa acción y no hay nada relevante que lo interfiera. Todo en orden.

Podemos mover ojos, cabeza, cuello... sin que en la pantalla se mueva nada. La red sabe todo lo que sucede de antemano y puede corregir los efectos para que el YO navegue por el mundo con la sensación de que ese mundo y el cuerpo son estables, cada uno en su sitio, bien diferenciados.

Si empuja usted un ojo con un dedo, el mundo se mueve, ya que el cerebro no sabe interpretar ese suceso artificial y lo atribuye a un movimiento del mundo. El sujeto verá doble. Si se deja el ojo desviado continuamente (por ejemplo por una parálisis de un músculo ocular) el cerebro acabará eliminando una de las dos imágenes para permitir la navegación del YO. Ordenará que se desconsidere la información proveniente de un ojo, fuera de su sitio.

El cerebro cuida la función del YO, elimina obstáculos y barreras, recorta y añade aquí y allá. Es su inevitable tendencia a clarificarlo todo, aun a riesgo de generar errores y falsedades.

Eso puede ser bueno... o rematadamente malo...

18 comentarios:

Jesús Castro Rodríguez dijo...

Creo que en general, en la inmensa mayoría de los casos es esencialmente bueno, buenísimo...Pero claro, como en los telediarios, aquí no venimos a hablar de las buenas noticias ¿no?.
Un saludo.

Arturo Goicoechea dijo...

Jesús: tienes razón. La evolución ha hecho un buen trabajo selectivo y nosotros somos los notarios del lado desviado.

Anónimo dijo...

Muy interesante y clarificador, doctor.
¿Es algo semejante a lo que le voy a contar?.
Un bailarín, para dominar su cuerpo, sus movimientos o sus quietudes, está mandando a su cerebro información, visualizando su cuerpo, sus músculos a través del temido espejo.
Ahí el bailarín corrige sus defectos y a través de esa imagen logra modificar tal postura para ordenar correctamente que se debe mover sin equivocación.
el bailarín prepara su piroueta: tronco alineado, cervicales encima de punto de apoyo de metatarsos. Brazo derecho con codo y hombro alineados para dar impulso hacia el lado donde se va a girar.
El bailarín sabe que de las multiples veces que lo ha hecho, su crebro y experiencia le dicen in situ como corregir lo aprendido como erróneo.
Ha precesado una información correcta-incorrecta.
Después de miles de veces, el bailarín no equivoca el giro.
Podemos decir que enviando este tipo de señales de aprendizaje cambiaremos la percepción de dolor?
Intento explicarme, aprender comprobar.
¿Si es es posible, que tipo de mandato le envío a mi cerebro?
gracias
Eena Navarro

Arturo Goicoechea dijo...

Elena: teóricamente es posible cambiar los programas perceptivos, al igual que los motores y los emocionales. Una condición necesaria inicial es reinterpretar el proceso, desvincularlo de una enfermedad y trasladarlo al de la disfunción evaluativa (como en las enfermedades autoinmunes). A partir de ahí cada paciente es distinto y dispone de herramientas más o menos eficaces. Desde la convicción (no simplemente enunciado, como si fuera un ruego) de que el organismo es normal pero el cerebro restringe su utilización por incertidumbre, poco a poco se va ganando terreno a la disponibilidad para la acción.

Siempre debe haber un trabajo de interiorización de habitar un organismo sano y capaz. La imaginación ayuda, pero, insisto: desde la convicción.

Cada vez está más demostrada la trascendencia de nuestras creencias y la importancia de las evaluaciones.

Creo que el ejemplo del bailarín es válido pero estaríamos hablando de un bailarín sin incertidumbre de salud, confiado.

Gracias por el comentario y saludos.

Anónimo dijo...

Doctor, gracias por la respuesta.
Bien, todo esto lo decía porque el bailarín interioriza, de una manera sorprendente su propio movimiento. Obliga y es capaz de repetir lo aprendido.
Pero creo que hay una equivocación por su parte, a ver si lo he entendido bien, usted dice: "un bailarín sin incertidumbre de salud, confiado".
El bailarin, cuando no es capaz de repetir lo aprendido, tiene doble castigo (por llamarlo de alguna forma) y es que tiene que repetir a costa de esfuerzo y voluntad lo que ha salido mal y eso con la posibilidad de una lesión si se equivoca.
No es imaginación y si convicción de que el error trae como consecuencia la repetición hasta la perfección.
Complicado todo ¿no?
Yo entiendo bien al bailarín, y me cuesta entender a la neurona porque no la visualizo. ¿Es posible ver una neurona?.
Quizás si la viese, conociese, me sería más factible mandarle un mensaje de "haz lo que te digo"

"""Lo difícil debe hacerse habitual, lo habitual, fácil, lo fácil, bello."""
Santiago Ramón y Cajal.
maravilloso
Elena Navarro

Arturo Goicoechea dijo...

Elena: creo que estamos hablando desde perspectivas distintas. Puede que no hubiera captado bien la intención de su comentario.

Si nos atenemos estrictamente al tema del aprendizaje motor, es evidente que el espejo nos muestra una referencia guía para corregir defectos. Nos vemos en el espejo, comparamos la imagen con la representación interna de lo que queremos, eso modifica levemente la ejecución y, así vamos imitando a un bailarín del espejo que es una síntesis de lo que somos y queremos ser. Es como un biofeedback, una retroalimentación, entre el presente y nuestro deseo de futuro.

Hay zonas cerebrales dotadas de esta función espejo (las famosas neuronas espejo) que nos permiten mejorar la programación motora a base de atención, observación e imitación de lo que vemos.

Lo que percibimos no puede proyectarse sobre el espejo: El dolor no tiene imagen: Sólo expresión facial. Proyectando imágenes negativas, neutras o positivas, a voluntarios se puede modificar (por cuestiones de empatía emocional) los umbrales del dolor.

Hoy en día se puede indirectamente ver el dolor, representar en una imagen, las zonas cerebrales que se activan y/o inhiben a la par que sentimos dolor.

En la Universidad de Stanford ensayan con una técnica llamada "Resonancia Magnética Funcional en tiempo real" que permite mostrar al voluntario la representación de volumen sanguíneo del cortex cingulado anterior (una zona implicada en la generación de dolor) a la vez que recibe estímulos con laser, dolorosos.

El voluntario puede, a través de su imaginación, reflexion, observar cómo hay contenidos de su pensamiento que hacen cambiar la imagen cerebral, intensificándola o atenuándola. Eso guía, como un espejo, respecto a lo que uno puede utilizar como modulador para conseguir reducir o intensificar el dolor.

Esto es experimental y sirve para demostrar algo que no precisa de resonancias ni otras gaitas: las expectativas y creencias intervienen poderosamente en la génesis y modulación del dolor y cualquier otra percepción.

El grupo de Benedetti de la Universidad de Turín, utilizando cremas placebo (con condicionamiento previo) demuestra también con resonancia magnética funcional cómo el dolor va y viene de la mano de la información, negativa y/o positiva.

Al final son las creencias, productos cerebrales en los que el individuo colabora pero no determina, manda ni escoge.

Los factores psicológicos del aprendizaje son fundamentales. Los músicos están sometidos a un aprendizaje motor repetitivo, con espejo, oreja y tutor. Si hay incertidumbre sobre resultado (tensión emocional) acaban apareciendo dolores y distonías que acaban con los proyectos de muchos profesionales.

La reprogramación motora requiere un cambio sustancial tanto de la técnica como de las condiciones psicológicas, evaluativas, de todo lo que está sucediendo.

En el tema del dolor estamos hablando de supuestos problemas internos, que no pueden ser visualizados en un espejo. Sólo disponemos de representaciones teóricas, imágenes visuales de metáforas e, insisto, de creencias o incertidumbres sobre integridad tisular.

No entiendo exactamente en qué estoy equivocado pero no hay nada que me produzca mayor satisfacción intelectual que el detectar un error. Le estaría profundamente agradecido si me lo hace ver.

Visualizar una neurona es sencillo. Mucho más sencillo que visualizar hormonas, enfermedades misteriosas, serotoninas, sustancia P...

Sólo hace falta quitarse algún tipo de venda que lo impide.

Muchas gracias por entrar a debatir. Espero que siga...

Saludos

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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LOURDES dijo...

Hola Arturo. He mirado esta entrada porque estaba estudiando los "Movimientos Reflejos" en el Derecho penal. Lo definen así: "la inervación se transmite directamente por vía subcortical, por los nervios sensores a los motores, sin intercalación de la conciencia, sin posibilidad de inhibición. Así el contacto de la placa al rojo determina la inmediata reacción muscular de apartamiento de la mano. No deben confundirse estsos supuestos con el actuar impulsivo propio de las acciones "en cortocircuito"."

¿Qué te parece?