Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

Click here to switch to the english version

Mostrando entradas con la etiqueta analgésicos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta analgésicos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de julio de 2010

Abuso de analgésicos



Los neurólogos sostienen, en mi opinión con fundamento, que el uso continuado de analgésicos puede facilitar la aparición de dolor... de cabeza. El término "cefalea por abuso de analgésicos" ha hecho fortuna y cuando un padeciente irredento de dolor de cabeza diario acude a por el alivio prometido se encuentra con la reprobación del aliviador:

- Le duele porque ha abusado de los analgésicos...

- Me los recomendó usted. Incluso me hizo ver que era fundamental tomarlos al primer indicio de dolor...

La frontera entre el uso y el abuso no está bien señalizada. El dolor no anda con remilgos técnicos. Cuando duele, duele y si el cerebro está instruido en la oferta seductora del consumo del calmante, su sistema de recompensa lo solicitará con el apremio necesario. No hay otra forma de hacerlo que apretando con el dolor.

En el laboratorio el uso crónico de calmantes (paracetamol, antinflamatorios) reduce el umbral de dolor. Los ratones se vuelven más sensibleros a los estímulos nocivos. No hace falta mucho tiempo para que se produzca la sensibilización. Parece como si el organismo reprobara su uso, respondiera a la ingerencia externa.

Curiosamente sólo se habla del abuso de analgésicos en el dolor de cabeza. No me suena, por ejemplo, la expresión: "lumbago por abuso de analgésicos"...

No conozco ninguna circunstancia biológica que explique esa selectividad del abuso hacia la cabeza. Las reglas biológicas del juego del dolor son las mismas para todo el organismo. No se entiende que aparezcan problemas exclusivos para una zona como la cabeza que no pudieran afectar a otra como la región lumbar...

Los neurólogos prefieren pensar que la cabeza es un lugar especial, neurológico, con analgésicos propios, específicos. 

Los ciudadanos creen, cándidamente, que existen calmantes para el dolor de cabeza, otros para el dolor de muelas y otros para "la columna".

La llamada "neuromatriz del dolor", el conjunto de oficinas cerebrales activadas cada vez que se enciende la percepción de dolor, es la misma para cualquier región corporal. La química es la misma, así como las neuronas, los sensores de daño... Puede que la reactividad de los vasos del interior del cráneo sea singular y eso podía justificar singularidades en la migraña caso de que la teoría vascular fuera cierta, pero... no lo es.

A los neurólogos no les tiembla el pulso doctrinal para exponer sus asertos sobre origen y curso de los dolores en la zona de su influencia, la cabeza.

En la cabeza existe por un lado la migraña, enfermedad cerebral genética, noble, de pedigrí... y, por otro, la cefalea tensional, justo castigo a un individuo incapaz de gestionar sus estreses, controlar sus músculos crónicamente contraídos.

La migraña va bien si uno va al neurólogo, sigue sus consejos sobre salubridad vital y toma los fármacos prescritos. Si va mal es porque el padeciente es un mal nacido (genes), lleva una vida disoluta y... abusa de los analgésicos.

No encontrará en las publicaciones de los neurólogos sobre sus dolores (cabeza) ninguna reflexión sobre sistema de recompensa. El dolor coge brío simplemente porque se abusa de los calmantes y la automedicación.

- Cada vez tengo más ganas de fumar...

- Eso es porque abusa de los cigarros... Ya le dije que sólo encendiera los que yo le receté y no pasara de tres al día...

- También me dijo que no esperara a encender el cigarro porque si lo hacía me aumentarían las ganas de fumar...

El sistema de recompensa es inevitable. Anda por medio en la promoción de las conductas del individuo que el organismo tiene a bien o a mal solicitar. Si duele de continuo es porque el cerebro deja el botón de la alerta encendido. Si se apaga después de tomar el analgésico es porque considera que el peligro ha desaparecido. Si el dolor sigue ello indica que la evaluación de alerta sigue vigente.

- Me duele la columna a diario, a todas horas...

- ¿Ya toma los antinflamatorios que le receté?

- Por supuesto. Uno cada ocho horas... pero no me hacen nada...

- ¿?

Es sorprendente que no se aplique al "dolor de columna" la misma reflexión del abuso...

- Le duele porque abusa de los calmantes...

Definitivamente la cabeza tiene algo especial pero no es algo químico ni neuronal sino cultural. Cada región del organismo desarrolla su cultura, sus mitos, creencias, costumbres. No pida Ciencia para entender nada de lo que allí sucede. 

Sólo hay folclore...bailes regionales 

jueves, 19 de noviembre de 2009

Uso y abuso de analgésicos








El comedimiento es una condición fácil de prescribir y difícil de conseguir.


Los neurólogos recomiendan un uso precoz de analgésicos para abortar la crisis de migraña a la vez que alertan de su abuso como condición peligrosa que puede derivar en una migraña crónica (transformada).


Todos los consumos que gratifican, bien por aportar placer o eliminar el sufrimiento, tienden a dinamizarse, a desmedirse. El de analgésicos no es una excepción.


Generalmente el aumento del consumo va asociado a una merma de su efecto gratificador. El dolor parece haberle tomado la medida al analgésico y se ríe de él.


- Cada vez tengo más migrañas y los analgésicos cada vez me hacen menos efecto...


- Está abusando de los analgésicos. Debe evitarlos...


- Ustedes me recomendaron que no esperara a tomarlos...


La pérdida de eficacia de los analgésicos no tiene explicación. Ni siquiera los neurólogos se plantean reflexionar sobre su origen.


- El calmante que me mandó ya no me hace nada...


- No se preocupe. Tome este otro...


No existe una batalla entre dolor y analgésico como puede existir entre germen y antibiótico. El germen es un ser vivo que se defiende de lo que le ataca. Desarrolla resistencias, reacciona.


El dolor no es un ser vivo que se siente atacado por el calmante y trata de evitar sus zarpazos letales... No existe algo definible como resistencia al analgésico, equiparable a la resistencia al antibiótico.


- Los cigarros cada vez me hacen menos efecto. Al principio me quitaban las ganas de fumar durante un buen rato. Ahora tengo que encender uno tras otro y ya no me saben tan buenos. Fumo a lo tonto...


- Tiene que dejar de fumar.


- Ustedes me recomendaron que encendiera pronto el cigarro, que no esperara, que si lo hacía luego era más difícil calmar las ansias...


La resistencia del dolor a los calmantes se explica dentro de la dinámica del modo de actuar del sistema de recompensa, una estructura encargada de mover la voluntad del individuo hacia conductas de consumo catalogadas, acertada o erróneamente, como beneficiosas.


La disponibilidad del objeto de consumo facilita la desmedida.


El sistema de recompensa es imprescindible para desperezar al individuo y motivarlo hacia conductas necesarias, como ir a cazar comida y/o pareja, en los tiempos de la sabana. Los depredadores y competidores por las piezas a consumir ponían la debida medida a las pulsiones.


La disponibilidad de supermercados y boticas invierte la pendiente del esfuerzo y hace que la rueda del consumo vaya cogiendo velocidad cuesta abajo.


- ¿No tiene algo más fuerte? El paracetamol, la aspirina, el ibuprofeno ya no me hacen nada. Incluso parece que los triptanes empiezan a flaquear...


- Hable con su cerebro. Dígale que le quite la colecistoquinina, le reponga las "endorfinas", le apague los nociceptores silentes, reponga el chorrito de serotonina y noradrenalina sobre el asta posterior, vuelva a filtrar los estímulo que provienen de las meninges...


- Y eso, ¿cómo se hace?


- Eliminando el miedo cerebral al daño... El dolor es la expresión de ese miedo, lo mismo que el pánico es la expresión del miedo al daño en un ascensor que puede precipitarse al vacío...


- Sí, pero ¿cómo?


- Dejando de complacer al cerebro. No tomando calmantes y continuando con la actividad programada, entrando al ascensor y tratando de controlar el pánico...


- ¡Qué fácil es decirlo!


- Pues sí, pero no he sido yo quien le ha animado al consumo precoz de calmantes... No existen los calmantes ideales: los que quitan el dolor comedidamente. Todos tienen la cualidad de inducir la desmesura.


No tiene sentido considerar al dolor como un enemigo al que hay que matar a balazos. El enemigo a batir es la irracionalidad cerebral sobre miedo a sucesos necróticos en la cabeza.


- Me da lo mismo. Si el enemigo es el miedo cerebral a la necrosis ¿no hay nada para calmar ese miedo?


- Está la cosa un poco cruda pues los neurólogos alimentan ese miedo constante e inconscientemente. Por eso tienen más migrañas que nadie.


................


- ¿Por qué me duele la cabeza?


- Tiene usted una migraña. Es una enfermedad cerebral de origen genético. Tiene un cerebro hiperexcitable, inflamable... Debe descubrir lo que desencadena las crisis y evitarlo. Debe ser comedido en todo: alimentos, horas de sueño, estreses, cambios meteorológicos, hormonas, viajes... Haga ejercicio, contenga sus ardores y, sobre todo, no se automedique. Siga al pie de la letra nuestras recetas...


- Llevo una vida monacal y no me sirve de nada... No encuentro mis desencadenantes... Curiosamente tengo las crisis los fines de semana. He revisado de arriba abajo sábados y domingos para ver si doy con el desencadenante pero no lo encuentro...


- El fin de semana es el desencadenante. Tiene que evitarlo... Puede que, además esté abusando de los calmantes... Debe prescindir de ellos...





viernes, 3 de julio de 2009

Aprender a conducir(nos)




Cuando nacemos disponemos de una compleja circuitería neuronal preparada para explorar el mundo y clasificar los resultados de nuestra interacción con él como deseables-satisfactorios o repulsivos. Los alimentos no son de entrada dulces ni amargos, apetitosos o asquerosos. El recién nacido los toma y el cerebro va estableciendo conexiones entre cada uno de ellos y los circuitos que construyen la sensación placentera y/o de desagrado. Lógicamente hay una mayor probabilidad genética de que algunos alimentos (leche materna) se codifiquen como apetecibles y otros (vegetales-venenos) como amargos pero si el azar asocia una enfermedad visceral con un nuevo sabor dulce (sacarina) el cerebro lo etiquetará como rechazable ("efecto García").

Aprendemos a asociar placer y displacer a los alimentos y a las conductas. El proceso de aprendizaje incluye también la detección de claves o señales que sirven para predecir la presencia inmediata de algo deseable o repudiable.

En nuestra especie el proceso de catalogación de lo deseable y rechazable está muy influido por la imitación y la instrucción por lo que podemos promover conductas de búsqueda de agentes y estados biológicamente repudiables (fumar, consumo de productos amargos...) y rechazar otros de alto valor con incomprensibles conductas desde lo biológicamente correcto (celibato, anorexia).

El deseo de consumo y conducta se va perfilando de forma mixta con proporciones variables de consciencia e inconsciencia si bien tendemos a pensar que nuestra conducta proviene de un proceso voluntario, controlado. Nuestros sistemas de memoria se van poblando de claves y señales que anuncian acertada o erróneamente la presencia de algo que debe ser consumido o evitado. Los reflejos condicionados (clásicos y operantes), la habituación y sensibilización son mecanismos básicos neuronales de aprendizaje que intervienen en el proceso de etiquetado.

La importancia de las etiquetas-señal es tan poderosa que los animales de experimentación llegan a comerse (literalmente) dichas señales si están asociadas a comida: se comen la fuente de luz que anuncia la llegada inmediata del alimento si este no llega.

Si el cerebro "cree" que se debe fumar activará la "voluntad" del individuo de hacerlo a pesar de las náuseas de los primeros ensayos. Para conseguirlo encenderá la función "ansia" que sólo se apagará si se produce la "acción" de encender el cigarro y aspirar ávida y estúpidamente el tóxico. El tabaco produce el "placer" de la ejecución sumisa del programa motor exigido por el cerebro. No hay ninguna sensación placentera más allá de la que se genera por la obediencia a la imposición cerebral. El cerebro, complacido por la acción obediente, retira el ansia para alivio del individuo.

El consumo de analgésicos en el dolor sin daño responde a un mecanismo similar. El cerebro activa por alerta innecesaria la función dolor y fuerza a la conducta de consumo del calmante. Si se obedece se desactiva la función de consumo y, a la vez, la del dolor. El cerebro exigirá absurdamente (como con el tabaco) el consumo de analgésicos. Para ello activará las veces que juzgue necesario la función dolor.

- Sin calmantes no puedo estar. Tengo que tomármelos. De otro modo no soy persona.

- Los calmantes no quitan el dolor. Es su cerebro, que se queda tranquilo si le obedece.

- No me convence. A mi me duele...

- Los alimentos ¿quitan el hambre? ¿la calman?

- ¡Claro!

- Está equivocada. Con el hambre el cerebro le fuerza a usted a la acción de ir a por ellos y tragárselos. Si obedece le retira el programa "¡come!" hasta otro rato en que lo volverá a encender. Los alimentos no quitan el hambre. Es la obediencia al cerebro lo que la quita.

- No me lie. Sólo sé que tengo que tomarlos si quiero encontrarme medio bien...

- Su cerebro le manipula. Usted verá...

.......................................

El cerebro existe. El aprendizaje existe, los errores existen, la cultura existe, el sistema de recompensa existe, el placebo existe...


"Después de todo, Horacio, hay más cosas en el cielo y la tierra que las que sueña tu filosofía"

(Hamlet. Shakespeare)

martes, 2 de junio de 2009

Migraña transformada





Cada año, aproximadamente un 3% de los pacientes migrañosos padecen un apretón de las crisis. Se hacen más frecuentes aunque generalmente algo más débiles. El neurólogo se empeñará en saber exactamente cuántos días al mes y desde cuántos meses tiene dolor. Si este aparece más de 15 días al mes, desde hace más de 3 meses, y es usted previamente migrañoso, le comunicará que su migraña ha sufrido un proceso de "transformación".

- Ultimamente cada vez me duele más días la cabeza. No es tan intenso como antes pero es raro el día que no me duela. Estoy preocupado. Tengo que tomar calmantes aunque no me hace ninguna gracia, pero sin ellos no podría hacer una vida "normal". ¿Qué está pasando doctor?

- Tiene usted lo que llamamos una "migraña transformada". Sabemos que esto sucede a algunos migrañosos. No sabemos bien por qué se produce el acelerón pero se estudia a fondo el problema y esperamos tener pronto respuestas y soluciones. Debe dejar de tomar los calmantes. Es fundamental. Están contribuyendo a mantener el problema. Está abusando de ellos.

- Ustedes me recomendaron que los tomara precozmente, que no diera ventaja a la migraña...

...............................................

El furor clasificatorio de los Expertos Internacionales ha conseguido, tras sesudas deliberaciones, diferenciar varios tipos de dolor de cabeza crónico: (MT, CTC, CCIR, CCD y HC, es decir: Migraña Transformada, Cefalea de Tensión Crónica, Cefalea Crónica de Inicio Reciente, Cefalea Crónica Diaria y Hemicránea Continua). Todos estos grupos a su vez se pueden producir con y sin "abuso" de analgésicos.


Dibujo de Uxue Maturana

A la hora de buscar responsabilidades se barajan múltiples factores: edad, género, condición civil, obesidad, calidad del sueño, desánimo, dolor en otras localizaciones, traumatismos craneales o cervicales previos, estrés, abuso de analgésicos (excepto antiinflamatorios no esteroideos), abuso de café, bajo nivel socioeconómico...

La aplicación de las ultimísimas técnicas de rastreo cerebral ha permitido comprobar algo que se presenta como un avance que puede ser crucial para desentrañar las claves de la migraña: que si hay muchas crisis se va dejando una huella sutil en determinadas zonas cerebrales y que los pacientes con migrañas repetidas viven con un cerebro hiperexcitable, especialmente atento: la aplicación de un pulso magnético en la corteza occipital no consigue anular la capacidad de contestar correctamente a pruebas de identificación de grupos de tres letras (tal como sucede con los ciudadanos "normales" o migrañosos no transformados).

En definitiva, a veces las cosas se tuercen, va todo de mal en peor, no se sabe bien por qué, se echa la culpa al abuso de analgésicos y no se ofrecen muchas soluciones. La clave parece residir en la existencia de una condición hiperexcitable cerebral y los motivos de esa condición se atribuyen a los genes y, en este caso, a condiciones poco deseables del individuo: obesidad, tabaquismo, separación, bajo nivel socioeconómico, adicción a calmantes y café etc.

En mi opinión, la transformación migrañosa, obedece a la dinámica propia de los procesos autoalimentados, como las adicciones y las fobias . Aparece una estructura en círculo vicioso que se muestra resistente a la acción de los fármacos. La cultura migrañosa facilita el proceso.

El cambio en el comportamiento habitual de las crisis provoca a veces la preocupación por causas orgánicas (tumores...) o la desesperanza y confusión por el nuevo rumbo de los acontecimientos y la pérdida de eficacia de los fármacos. Es fundamental eliminar la incertidumbre, explicar los mecanismos cerebrales implicados, animar al abandono de los calmantes y proceder a una reinterpretación del proceso migrañoso.

En mi experiencia se consigue controlar bien la situación con el modelo propuesto en este blog aunque es necesaria la colaboración del paciente en asimilar las nuevas propuestas y actuar en consecuencia.