Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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lunes, 26 de julio de 2010

El instinto de conservación/ Survival Instinct





La condición humana contiene una condición primigenia que da sentido a todo bicho viviente: la supervivencia. 

Toda la complejidad del organismo encuentra su sentido y propósito en mantener vivos a todos los individuos celulares eficientes y fiables que acoge en su espacio-tiempo. Cualquier indicio detectado de incompetencia o egoismo celular (cáncer) activa la muerte programada (apoptosis y otras). No ha lugar a la incertidumbre.

El organismo es el resultado de un trabajado contrato social intercelular evolutivo, plasmado en los complejos procesos de expresión genética.

Mientras no se demuestre lo contrario todo puede ser inaceptable, punible. Cualquier célula puede no llegar a cumplir con su tarea y convertirse en una carga, un discapacitado... o pasarse de lista y pretender ir a su bola reproduciéndose sin medida, sin referencia a lo que la regeneración y reparación de los tejidos requiere. 

El organismo no se anda con contemplaciones. El control de calidad celular opera sin pestañear ante cualquier mínima señal molecular de discapacidad o ambición.

Hay algo que el organismo teme especialmente: la muerte violenta de sus células (necrosis). En primer lugar, porque su evitación es lo que dio lugar a la aparición de las sociedades celulares. Es la parte del contrato que debe cumplirse: evitar la muerte por agentes y estados letales, propios y ajenos, internos y externos. En segundo lugar porque un individuo celular necrótico es un agente patógeno, un saco de química corrosiva y ADN impredecible. El organismo detecta la necrosis con sensores ubicados en la membrana de las células vigilantes inmunes y neuronales y procede a desplegar la respuesta inflamatoria, un complejo y contenido proceso de eliminación de los restos necróticos y de puesta en marcha de la regeneración y reparación de los tejidos necrosados.

El organismo huele la necrosis consumada en carne ajena (a través de feromonas necróticas) y la potencial a través de todo tipo de señales sensoriales (olores, sabores, colores, formas, sonidos...).

Homo sapiens (ma non troppo) tiene, además de los instintos de conservación (señales sensoriales del peligro potencial en tiempo real), el lenguaje, la cultura, con su instinto propio: el instinto de conversación.

El lenguaje ha propiciado la locura desmedida del conocerlo y propagarlo todo a través de cualquier proceso: imaginación, iluminación, ungimiento...

El desenfreno de conocerlo todo a bajo precio, sin esfuerzo, ha generado una atmósfera cognitiva (infosfera, noosfera) de amedrentamiento cerebral, de temor a lo conocido-desconocido, a lo posible-improbable. 

Los organismos reaccionan ante el peligro de dos formas: huyendo o quedándose inmóviles. El dolor, el desánimo, la falta de energía, la rumiación negativa, la contractura son diversas formas de expresión de un cerebro amedrentado, catastrofista.

El instinto de conservación y el natural parlanchin-apostólico de los sapiens, el instinto de conversación-conversión están generando todo tipo de padecimientos de nuevo cuño. 

Son cosas de la emergencia, una propiedad misteriosa que genera enfermedades... emergentes 


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The human being has an original condition that gives meaning to every living creature: survival.






All the complexity of the organism finds its meaning and purpose in keeping alive all the efficient and reliable cellular individuals that it hosts on its space-time. Any detected sign of cellular incompetence or selfishness (cancer) activates a programmed death (apoptosis and others). No uncertainty permitted.






The organism is the result of a labored evolutionary intercellular social contract, reflected in the complex processes of genetic expression.






Until proven otherwise, everything can be unacceptable, punishable. Any cell could not be able to do its job and become a burden, a handicapped ... or be too clever and do as it pleases reproducing without measure, without paying attention to what the regeneration and tissue repair requires.






The body doesn’t fool around. The cellular quality control operates without blinking an eye on any minimal molecular signal of disability or ambition.






There is something the body fears in particular: the violent death of its cells (necrosis). First, because its avoidance is what led to the appearance of cellular societies. It’s the part of the contract that must be met: avoiding death by lethal agents and states, of its own and of others, internal and external. Secondly, because a necrotic cellular individual is a pathogen, a sack of corrosive chemistry and unpredictable DNA. The body detects necrosis with sensors located in the membrane of immune and neuronal vigilant cells and proceeds to deliver the inflammatory response, a complex process of removal of necrotic remains and regeneration and repair of necrotic tissues.






The body smells the consummated necrosis in alien flesh (through necrotic pheromones) and enhances it via all kinds of sensory signals (smells, tastes, colors, shapes, sounds...).






Homo sapiens (ma non troppo) has, apart from the conservation instincts (sensory signals of real time potential danger), language, culture, with its own instinct: the instinct of conversation.






The language has led to the excessive madness of knowing and spreading it all through any process: imagination, illumination, anointment...






The lawlessness to know everything at low prices, with no effort, has generated a cognitive atmosphere (infosphere, noosphere) of brain intimidation, of fear of the known-unknown, of the possible-improbable.






Organisms react to danger in two ways: either running away or remaining motionless. Pain, discouragement, lack of energy, negative rumination, contracture are various forms of expression of a frightened, catastrophic brain.






The instinct of conservation and the natural talkative-apostolic sapiens, the instinct of conversation-conversion are generating new sufferings of all kinds.






It’s all about emergency, a mysterious property that generates emerging diseases ...

martes, 6 de julio de 2010

Daño necrótico consumado o inminente/Consummated or inminent necrotic damage



Sé que me repito con esta cuestión pero, de cuando en cuando, es bueno recordar lo importante, lo radical, la raíz...

Una cuestión fundamental en el tema del dolor es la de diferenciarlo del término daño. Los tejidos no duelen, no segregan dolor pero pueden dañarse, alterar su integridad física. 

El daño puede ser de muchos tipos. El fundamental, el de más trascendencia es el daño violento, imprevisto, agudo, accidental. Está producido por agentes y estados incompatibles a corto plazo con la vida: temperaturas extremas, falta de oxígeno, compresiones, desgarros, gérmenes, ácidos. Las células afectadas mueren de forma peligrosa: se rompe la membrana y escapa la química interna, altamente destructiva, generadora de muerte violenta en las células sanas vecinas.

La muerte violenta se denomina necrosis y es un suceso que debe ser detectado y neutralizado inmediatamente para evitar la muerte del organismo. Células vigilantes del sistema inmune y nervioso detectan señales de necrosis y a los agentes capaces de generarla y proceden rápidamente a atajar el problema. 

El dolor y la inflamación surgen a lo largo de la evolución como respuestas del sistema nervioso e inmune a la amenaza necrótica. El dolor es una percepción compleja resultante de la activación conjunta de varias zonas cerebrales. La inflamación es una respuesta celular compleja de protección y reparación de los tejidos.

La activación del dolor e inflamación debiera ser excepcional, producirse sólo en episodios de necrosis consumada o inminente, cuando algo se desgarra, machaca, quema, congela, no recibe oxígeno o se coloniza por un germen. Fuera de ese contexto de daño violento el encendido del dolor y la inflamación genera un costo para el organismo y el individuo no justificado. Es una inversión irracional, alarmista, fóbica. El miedo somático a la necrosis está en el fondo de esos encendidos innecesarios.

Los tejidos pueden perder calidad funcional por estrés físico-químico, degradación, degeneración, envejecimiento, deformación. Generan un trabajo menos eficaz pero no contienen amenaza necrótica. Por tanto no debiera activarse la inflamación ni el dolor. 

Es frecuente la proyección cerebral de la percepción de dolor sobre zonas en las que no existe ninguna condición de amenaza necrótica. En estos casos existe el peligro de explicar-justificar el encendido doloroso por cualquier estado tisular (artrosis, osteoporosis, protrusion discal, contracturas...) "anormal" detectado en la zona dolorida.

- Tengo artrosis...

Realmente la artrosis no explica-justifica por sí sola el encendido de dolor. Son innumerables los trabajos cuyo encabezado contiene la pregunta: ¿por qué duele en la artrosis? La respuesta no está clara pero se sugiere que puede ser fundamental la contribución de las neuronas vigilantes, nociceptoras (detectoras de daño necrótico consumado o inminente). Si están en alerta, sensibilizadas, hipervigilantes... cualquier estímulo mecánico puede generar señal de peligro  e inducir el encendido cerebral de dolor sobre la zona.

El problema es el de explicar el estado hipervigilante-hipersensible, local. Para algunos (los periferalistas) se llega a esa condición de alerta por la degradación de los tejidos, por el estrés mecánico acumulado a lo largo de la vida. Para otros (los centralistas) el estado hipervigilante surge de una evaluación alarmista primaria cerebral. El miedo somático al daño necrótico promueve la sensibilización de las neuronas vigilantes... No faltan los de la síntesis: los dos factores pueden influir...

En cualquier caso parece sensato proteger las zonas vulnerables del estrés mecánico y del alarmismo injustificado. 

Para el padeciente lo que vale es la protección frente al dolor, la analgesia. Es comprensible pero...

El dolor cumple una función protectora. Si lo eliminamos dejamos a la articulación expuesta a todo tipo de peligros mecánicos...

Es difícil plantear (y convencer) cuestiones cerebrales a los padecientes de dolor proyectado sobre una zona artrósica. La mecánica es la mecánica y lo deformado, a simple vista, parece explicar el dolor pero... siempre hay un cerebro que evalúa y tiende a caer en excesos alarmistas...

Creo que no se debe dejar al cerebro suelto imaginando peligro necrótico en cualquier recoveco por el simple hecho de estar algo degradado, degenerado o envejecido.

- Es normal que duela. Son los años... 

No esté tan seguro...


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I know I repeat myself with this matter but, from time to time, it’s good to remember the important thing, the root.

A key issue in the field of pain is to differentiate it from harm. Tissues do not hurt, they do not segregate pain but can be damaged, altering their physical integrity.

There are many types of damage. The fundamental is the violent, sudden, sharp, accidental damage. It is produced by states that are, at short-term, incompatible with life: extreme temperatures, lack of oxygen, compressions, tearings, bacteria, acids. The affected cells die in a dangerous way: the membrane breaks and the chemistry from the inside escapes, which is highly destructive and generates violent death of the healthy cells around them.

This violent death is called necrosis and it has to be detected and neutralized immediately in order to prevent the organism’s death. Vigilant cells from the immune and nervous system detect necrosis signals (and the agents capable of generating it) and quickly proceed to take care of the problem.

Pain and inflammation appeared throughout evolution as the nervous and immune systems’ responses to necrotic threat. Pain is a complex perception that comes from the combined activation of several brain areas. Inflammation is a complex cellular response of protection and repair of tissues.

Activation of pain and inflammation should be exceptional, it should only occur on episodes of  accomplished or imminent necrosis, when something is torn, crushed, burned, frozen, does not receive oxygen or is colonized by a germ. Out of the context of violent injury, pain and inflammation generate an unjustified burden to the individual and its organism. It’s an irrational, alarmist, phobic investment. Somatic fear to necrosis is at the bottom of those unnecessary switch-ons.

Tissues can lose functional quality because of physical-chemical stress, degradation, degeneration, aging, deformation. They generate a less efficient work but they are not a necrotic threat. Therefore inflammation or pain should not be activated.

Cerebral projection of the perception of pain on an area where there is no necrotic threat is frequent. In these cases there is a danger to explain-justify the painful switch-on by any “abnormal” tissue pain (arthritis, osteoporosis, disc protrusion, contractures ...) found in the painful area.

- I have arthritis

Arthritis does not explain-justify on its own the switch-on of pain. There are innumerable articles whose title contains this question: why does arthritis hurt? The answer is not clear but it’s been suggested that the vigilant, nociceptive (consummated or imminent necrotic damage detectors) neurons’ contribution can be fundamental. If they are alert, sensitized, hypervigilant... any mechanical stimulation can generate a danger signal and induce the cerebral switch-on of pain on the area.

The problem is explaining the hypervigilant-hypersensitive local state. Some (peripheralists) think that this condition of alert is caused by tissue degradation, by accumulated mechanical stress throughout life. Others (centralists) think that this hypervigilant state comes from a primary alarmist brain evaluation. Somatic fear to necrotic damage increases the vigilant neurons’ awareness. And synthesis. Both factors can have influence.

In any case, it seems rational to protect vulnerable areas from mechanical stress and unjustified alarmism.

What is important for the sufferer is to be protected from pain, ergo, analgesia. It is understandable, but ...

Pain has a protective function. If we remove it, we leave the joint exposed to all kinds of mechanical dangers.

It is difficult to propose (and convince) the patients of brain issues of pain projected on an arthritic area. Mechanics are mechanics and, at first glance, seem to explain the pain but ... there is always a brain that evaluates and tends to fall into alarmist excesses.

I don’t think the brain should be left on its own, imagining necrotic danger in every nook only for being somewhat degraded, degenerated or aged.

- It’s normal that it hurts. It’s been used for a long time.

Don’t be so sure.

jueves, 11 de marzo de 2010

Apoptosis




Las células del organismo tienen el sustento y el cobijo garantizados (seguridad social) pero su vida pende de un hilo, no sólo por la presencia potencial de agentes y estados destructivos térmicos, mecánicos, químicos e  infecciosos sino por el exigente control de calidad y seguridad impuesto por el propio organismo.

Para serle concedido el permiso de residencia, para ser tolerada y tutelada cada célula debe garantizar que cumple eficazmente con su trabajo, que se reproduce sólo lo justo (control de natalidad) y que cuando lo hace las copias del material genético son correctas (eugenesia).

Ante  la mínima incertidumbre sobre deficiencias en eficacia y seguridad, se activa un programa de muerte controlada cuyo resultado es el desmantelamiento cuidadoso de la peligrosa química intracelular de la célula señalada. El programa de muerte controlada se puede poner en marcha por decisión de la propia célula al detectar la imperfección (suicidio-inmolación altruista) o por el sistema inmune si detecta señales de peligro expresadas en la membrana. 

El sistema inmune activa el programa también con visión de futuro. Los leucocitos que acuden a un foco necrótico resultarán probablemente dañados en la arriesgada tarea de remover el peligroso material de la necrosis. No se espera a ver su estado en el hospital de campaña cuando vuelven del campo de batalla. De hecho no hay hospitales ni médicos celulares. Sólo control de calidad y garantías. A los leucocitos que han contactado con la pestilencia necrótica se les presupone peligrosamente tocados y se decide que lo mejor para todos es que fallezcan (programada y controladamente) en acto de servicio. Serán autoinmolados por decisión ajena: "he ordenado que te suicides".

 Hay varios programas de muerte celular controlada. El más conocido es la apoptosis. Es un palabro griego que significa: "caída de la hoja".

Los árboles deciden desprenderse de sus hojas cuando éstas reciben más que lo que pueden dar. Desactivan los hilos del cordón umbilical y basta una ligera brisa o el propio peso de la hoja para que caigan el suelo en Otoño. La apoptosis no hace sufrir al árbol sino que lo libera de la pesada carga de aportar recursos a algo inútil.

La apoptosis celular, al igual que la caída programada de las hojas, es rentable y no provoca reacción defensiva (inflamación). El organismo se libra de individuos celulares seniles, enfermos o simplemente inciertos o innecesarios. Nadie comerá la sopa boba. Sólo hay rancho para los individuos celulares eficaces y seguros.

La muerte programada (apoptosis) está sometida a evaluación, es decir, a error. El organismo puede equivocarse (nada biológico es infalible) y generar muerte programada en tejidos sanos y aptos para el servicio. 

Al organismo se le va la mano cuando olfatea en sus individuos peligro actual, inminente o imaginado o, simplemente, ineficacia actual, inminente o imaginada. 

Cuando se olfatea necrosis (muerte violenta) se encienden inflamaciones y dolores y cuando lo preasumido es ineficacia y falta de garantía se activan los programas de la inmolación celular o del individuo. 

La apoptosis del individuo a veces sólo es transitoria y funcional. El organismo le invita a darse de baja, a enfriar motores y voluntades y sumirse en un proceso de reflexión crítica sobre el pasado-presente-futuro.

El desánimo, la adinamia, la falta de placer (anhedonia), el desinterés social expresan la voluntad del organismo de que el individuo renuncie a sí mismo, se autoinmole, desaparezca o al menos renuncie a sus proyectos y recapacite...

Hay veces que el programa de apoptosis funcional del individuo puede ser rentable. Una hibernación, un alto en el camino, puede venir bien para superar inviernos físicos y sociales y/o repasar acontecimientos adversos.

En esto el organismo también puede equivocarse e írsele la mano con el suspenso al evaluar rentabilidades.

La depresión es el equivalente a una apoptosis simulada, funcional. El individuo queda suspendido como voluntad, dinamismo y propósito siendo sometido a un proceso de rumiación analítica negativa sobre lo que ha sucedido y pudiera suceder. 

También el organismo y el individuo pueden equivocarse en las evaluaciones y darse de baja (física o funcionalmente) para la acción sin que se den las circunstancias que hacen rentable la decisión.

La decisión de encender programas defensivos o de apagado es siempre difícil y arriesgada. 

El organismo optará por encender en exceso inflamaciones, dolores, desánimos y cansancios y el individuo inacciones y reflexiones catastrofistas siempre que en el impasse esté garantizado el sustento y cobijo (cobrar el paro).  

La sociedad de la garantía nos provee cobijo y sustento en la inactividad pero ello produce la contrapartida de la pérdida de bienestar, del biensentirnos y bienevaluarnos. 

Paradójicamente la sociedad garantista promueve la percepción-evaluación de vida miserable. Puede que sea debido a que hemos eliminado la incertidumbre real y la hemos sustituido por una incertidumbre especulativa catastrofista. Hemos hipotecado el presente por una especulación catastrofista del futuro.



sábado, 9 de mayo de 2009

El Yo y el no YO (el anti YO)




La vida de cada individuo es una película en la que no está claro quién es el guionista. Como antaño, en la peli hay buenos y malos y, por supuesto, está el héroe, "el chico", el YO.

La superficie y el interior del aparato digestivo (que es una parte de la superficie interiorizada) rebosa de individuos que quieren entrar (los malos) o que viven allí aprovechando que hay abundante comida, aunque muy disputada. Al otro lado de la frontera del epitelio digestivo está el santuario interno, el mundo del YO. En el santuario no se permite la presencia de ningún individuo celular ni proteína extraña. Si lleva marca de no pertenencia, se da por sentado que va a causar problemas y el Sistema Inmune procede a su neutralización. Los de casa no llevan ninguna marca, estrellas de David o equivalentes. Se han eliminado durante el desarrollo embrionario. La cuestión del Bien y el Mal, el Maniqueismo, está claro: los de casa buenos y los de fuera malos. No hay presunción de inocencia.

Polly Matzinger cuestionó el modelo y propuso que el Bien y el Mal se expresan a través de sus obras y que, si en el barrio no hay delitos es porque lo habita buena gente, sean YO o no YO. Los transplantes serían rechazados no por foráneos sino porque el cirujano ha destruido tejido al hacer el injerto y alguien tiene que pagar por ello. Lo lógico es que los responsables de la necrosis sean esos nuevos individuos no YO que acaban de entrar al recinto. Los individuos YO llevan allí mucho tiempo residiendo y, hasta ese momento no había habido problemas.

Janeway propone que no todos los de fuera son malos pero que hay algunos clanes no YO especialmente peligrosos. Afortunadamente el genoma guarda algunas señas de su identidad, los PAMPs (Patrones Moleculares Asociados a Patógenos), que les delatan. Los malos son los no YO infecciosos. El Sistema Inmune detecta sus marcas y los neutraliza.

Mientras tanto las células del YO nacen, viven, envecejen y mueren reposada y programadamente. Las hojas de los árboles se caen en otoño (apoptosis) y las células del organismo sufren también la caída del árbol del organismo cuando toca. Sufren apoptosis.

La muerte violenta (necrosis), la inducida por gérmenes, desgarros, compresiones, corrosiones, asfixias y quemaduras, activa la bendita inflamación.

La muerte programada (apoptosis) sólo da lugar a una respetuosa, silenciosa y solemne retirada de los restos celulares. No sólo no hay inflamación sino que se produce un estado aún más interesante: el Sistema Inmune activa la antiinflamación, tan necesaria como su contraria.




Dibujo de Uxúe Maturana

Ya no se trata sólo de si son de casa o de fuera, de si se portan bien o mal. La cuestión es que no haya muerte violenta (necrosis) tal como sugiere Polly pero, además, que tengan una buena muerte apoptótica. Un cadáver celular siempre es peligroso, contiene sustancias peligrosas e inciertas y los fagocitos deben andar rápidos. La tensión entre inflamación y antiinflamación es constante en el ajetreo de nacimientos y muertes celulares. Puede surgir la desmesura en cualquier momento, tanto como inflamación excesiva ante la necrosis como antiinflamación insuficiente con la apoptosis.

El YO contiene innumerables micro-YOs (microepisodios) que nacen, se desarrollan, envejecen y mueren. Está sometido a la tensión de las fuerzas contrarias de los sucesos pro YO y los anti YO. Tampoco es fácil encontrar la medida adecuada de las respuestas preventivas. Hay excesos y defectos.

El cerebro migrañoso imagina una cabeza sensible y vulnerable, amenazada por el bombardeo de estímulos físicos y psicológicos de la vida moderna, y activa, desasosegado, los botones de las alertas de la necrosis temida. No se fía del viento, del sol, los descensos de estrógenos, los viajes ni del chocolate. Son micro-no-YOs peligrosos, casi gérmenes.

El anti YO se ha colado incluso hasta el genoma y ha vuelto sensible al cerebro, el órgano mejor protegido del organismo, encerrado en su caparazón óseo y meníngeo. Según los neurólogos el anti YO reside precisamente allí en las propias meninges, en el cuerpo de guardia de élite.

Las terminaciones nerviosas del trigémino meníngeas son las que montan el barullo y mantienen el desasosiego cerebral... según parece.

Para mí que no son las meninges sino los asesores del gabinete cerebral los que le calientan la cabeza y hacen que esté dándole al botón del peligro continuamente para mantener al YO en guardia.