| Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología. | We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology. |
lunes, 4 de abril de 2011
El efecto nocebo del placebo
viernes, 4 de marzo de 2011
Racionalizar
sábado, 1 de enero de 2011
Primum non "nocebere"
viernes, 5 de noviembre de 2010
Efecto antinocebo
2) Disolviendo la creencia errónea:
martes, 27 de julio de 2010
Placebos puros (más o menos) e impuros
domingo, 13 de junio de 2010
Curaciones milagrosas
sábado, 6 de marzo de 2010
Somatotopía
¿Dónde duele?...donde el cerebro huele...
miércoles, 17 de febrero de 2010
Abuso de analgésicos
Hay algo que no funciona en el control del dolor (en ausencia de daño) con fármacos.
Un porcentaje sustancial de padecientes de migraña ven cómo las crisis se hacen más frecuentes y responden peor a los "calmantes". El dolor crónico generalizado no se deja influir por antinflamatorios, antidepresivos, anticomiales, "relajantes musculares" ni parches de opiáceos.
Cuando el dolor aparece en el contexto de un proceso que destruye tejido, por ejemplo el cáncer, el aporte externo de morfina es eficaz y debe aplicarse sin remilgos. Los procesos inflamatorios responden también a los antinflamatorios.
El problema surge cuando el cerebro ha activado el programa dolor en ausencia de destrucción de tejido o inflamación. Es el caso de la migraña y el dolor generalizado no inflamatorio (degenerativo, fibromialgia...).
Los neurólogos recomiendan la utilización precoz de calmantes en las crisis de migraña: "apague pronto el fuego. No espere a que se extienda. Luego, es más difícil controlarlo...".
Los neurólogos sitúan el origen del dolor en las terminaciones nerviosas meningovasculares del trigémino. Allí se habría producido el incendio y desde allí se iría extendiendo hacia arriba, hacia los centros que procesan las señales "de dolor".
- Voy a ver si se me pasa. No quiero estar toda la vida tomando calmantes...
A los pacientes no les gusta tomar calmantes. Si lo hacen es porque el dolor les obliga a ello. Un calmante no tiene el atractivo de un solomillo.
- Es fundamental que corte la crisis precozmente. No espere. Entiendo que no quiera tomar medicamentos pero al final acabará consumiendo más si anda con dudas, deshojando margaritas...
El ejemplo del incendio en la migraña es falso. No hay fuego sino alerta por un posible (e improbable) fuego. El dolor no surge de las meninges sino de los centros cerebrales de evaluación de peligro. Allí es donde hay que inyectar calma, sosiego, confianza...
- Tomo el calmante como usted me dijo. Me calma algo pero el dolor vuelve en unas horas y tengo que volver a tomarlo. Llevo una racha de dolor diario. No bajo de tres calmantes al día...
- Ha abusado de los calmantes. Tiene que dejarlos. El dolor es una consecuencia del abuso.
La estructura cerebral de la migraña es la de los miedos irracionales. El cerebro presagia necrosis y activa las alertas presionando al individuo a que se someta a lo que "él" considere oportuno.
Sucedería lo mismo con el encendido del programa pánico, por ejemplo en un ascensor.
- Debe evitar los ascensores. Si entra, cuanto más espere a salir peor lo pasará.
Los famosos desencadenantes son agentes y estados irrelevantes a los que el cerebro coge miedo. Hay dos alternativas:
1) evitarlos
2) considerarlos como irrelevantes y conseguir que el cerebro los tolere.
Los neurólogos aconsejan la primera opción. Alimentan el miedo.
La opción 2 es la deseable: en la cabeza no sucede nada; mi cerebro ha criado miedos fóbicos y debo hacer algo para calmarlo, hacerle ver que el peligro necrótico es altamente improbable.
El conflicto entre un cerebro presa del miedo fóbico a la necrosis, que exige el antídoto del calmante y un individuo que no quiere consumir fármacos se resuelve a favor del primero. El paciente acaba cediendo a la presión cerebral del dolor.
Al miedo cerebral le llamamos nocebo y al efecto calmante de ese miedo, placebo.
El padeciente está sometido a las tensiones de nocebos y placebos, es decir, a las tensiones de las expectativas y creencias cerebrales sobre peligros y conjuros.
Mientras criamos cerebros miedicas no podemos pedir a la vez valor a los pacientes.
domingo, 24 de enero de 2010
La química de las palabras
En los estudios sobre placebo-nocebo se indica a los voluntarios que se les ha aplicado una crema que va a disminuir o aumentar el dolor producido por estímulos dolorosos (lasser, p.ej).
La palabra "disminuir", acoplada a la crema inerte, alivia el dolor a un porcentaje de ellos mientras que la palabra "aumentar" intensifica la sensación dolorosa.
¿Qué tiene de mágico la palabra "disminuir" para inducir una serie de cambios químicos en el complicado circuito del dolor? ¿Cómo consigue poner en danza endorfinas, serotoninas, noradrenalinas, glutamatos, sustancia P y un largo etcétera...?
¿Qué energía negativa contiene la palabra "aumentar" para hacer que la crema inerte se transforme en un activador químico de los neurotransmisores de la percepción de dolor, justo en sentido opuesto al de la palabra "disminuir"?
Basta aplicar el antagonista de las "endorfinas" (opiáceos endógenos), la naloxona, para que (en gran parte) la palabra "disminuir" pierda su eficacia.
Si a los analgésicos les quitamos las palabras, si los administramos de forma oculta, sin notificar que lo estamos haciendo, apenas hacen nada.
Las palabras modulan la química neuronal, la encienden, aceleran, estabilizan, desestabilizan, frenan y/apagan.
- No me convence. Total no hace mas que hablar. Perdí la mañana. Necesito una solución, que me manden algo para el dolor.
Homo sapiens (ma non troppo) vive entre palabras. El ronroneo verbal no tiene respiro. La química del dolor (en ausencia de daño) es la química de las palabras, de las expectativas y creencias.
- El dolor aparece porque el cerebro cree que existe peligro. En su caso creo que está equivocado.
- Y ¿cómo podemos eliminar el error?
- Con palabras, con argumentos, con información...
- ¿Así, sin más... sólo hablando?
Hay un diálogo continuo entre el cerebro y el individuo. A veces es tan rutinario que ni siquiera nos damos cuenta. En cada episodio de dolor el cerebro habla con el individuo.
Como sucede con las conversaciones "reales" puede haber acuerdo o desacuerdo entre los interlocutores.
- Usted está de acuerdo con su cerebro alarmista y le refuerza los temores. Obedece sus consejos. Apaga el ordenador, se mete a la habitación a oscuras y se toma el "calmante".
La dinámica de la conversación es la de los bulos: "dicen que..." "¡ya lo he oído!... por lo visto..." "¡no me digas...!"
El individuo debiera desbaratar la inquietud cerebral de que algo terrible (necrosis) va a suceder en la cabeza.
- Anda cerebro... apaga la alarma. Porque haya salido viento Sur no va a infectarse, quemarse, desgarrarse ni corroerse nada... No hagas caso de las habladurías...
- Preferiría que no salieras de casa y te quedaras en la cama, con el calmante... me han dicho que el viento Sur...
- Hazme caso. Estáte tranquilo. Vuelve a ponerme la química del "no hay peligro". Suelta la endorfina y la dopamina, que necesito preparar el examen...
Las habladurías son peligrosas por su poder de trastocar la química cerebral del sentido común.
- ¿No hay nada para el sentido común? Con los adelantos de hoy en día ¿cómo es que no han sacado nada para que el cerebro acierte en sus decisiones?
- La solución siempre ha estado ahí delante de nuestras narices, o mejor dicho, de nuestros ojos y oídos. El problema es que nos ponemos vendas y tapones...
La solución y la condenación es cosa de palabras, de imágenes...
- Vale... pues dígame algo que me baje la colecistoquinina y me suba la endorfina...








