Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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Mostrando entradas con la etiqueta nocebo. Mostrar todas las entradas
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lunes, 4 de abril de 2011

El efecto nocebo del placebo



El objetivo de la acción profesional es la de preservar la integridad física y funcional del organismo. El individuo residente en ese organismo comparte ese objetivo como deseo, quiere estar bien, sano y válido.

En ocasiones el individuo no se encuentra bien y el profesional detecta, de forma inapelable, contundente, objetiva, la causa del malestar o disfunción. En otras, el profesional no encuentra motivo para explicar las quejas, los síntomas... o los atribuye a hallazgos discutibles, no contundentes.

El padeciente espera que el profesional encuentre una causa y un remedio pero muchas veces el origen no queda desvelado. No importa. Siempre quedará el remedio, la terapia, el calmante, el antídoto del síntoma.

Cada profesional aplica su remedio. El mismo problema será evaluado y afrontado de un modo distinto según sea el color del cristal con el que es mirado. Habrá propuestas óseas, articulares, musculares, tendinosas, psíquicas, farmacológicas, acupuntura, homeopatía...

El padeciente no entiende de organismo. Eso es cosa del profesional.

En ausencia de causa evidente, la acción profesional no es siempre exitosa. Comienza el peregrinaje por el mercadillo de los remedios tratando de dar con aquello que consiga disolver los síntomas. El padeciente no es muy exigente ni crítico con los fundamentos de lo que prueba. Si funciona es creible. "YO sólo sé que..."

En ausencia de daño relevante el efecto aliviador de la terapia puede ser debido al placebo, la sugestión, la coherencia con las expectativas y creencias que el cerebro del padeciente atribuye al remedio. 

- He estado con el carnicero de Santa Cruz. Tenía los tendones cruzados y me los ha puesto bien. Ya no me duele...

El efecto del curanderismo no es exclusivo de los curanderos. Fármacos, agujas, manipulaciones, relajaciones, dietas... pueden disolver el síntoma por efecto placebo.

El efecto `placebo puede ser puro o impuro. En la acción placébica impura se aplica algo que genera cambios somáticos. Una manipulación, una punción, un fármaco, una sesión de relajación o meditación, una intervención quirúrgica, una estimulación magnética... producen cambios somáticos. Una cápsula vacía, un producto homeopático, una imposición de manos... son placebos puros.

El padeciente siempre bendice el éxito de lo aplicado. "Lo he visto y lo creo..." 

-El antinflamatorio ne calma... luego hay inflamación

- La relajación me alivia... luego era el estrés

- La punción o la manipulación me quita el dolor luego es cosa músculoesquelética.

La inflamación, el estrés, el disturbio músculoesquelético... quedan señalados cerebralmente como responsables de la generación de los síntomas. El sistema de recompensa etiquetará las terapias como acciones deseables y las solicitará periódicamente. Lo hará con la re-presentación del síntoma.

- La terapia me va bien pero la necesito cada vez con más frecuencia...

Para flotar en el agua no es necesario el flotador. Basta con librarse del miedo a hundirse. En ausencia de "inflotabilidad" relevante (traje de baño de plomo, un gracioso que nos empuja hacia abajo...) nos hundimos por efecto nocebo (miedo a hundirnos). El flotador es eficaz. Elimina el miedo a hundirse pero potencia la necesidad de su ayuda. Es un buen placebo pero facilita la nocebidad, el miedo a echarse a la piscina sin él.

Los placebos pueden utilizarse siempre que no se pierda de vista el efecto secundario asociado: la facilitación nocébica. Puede usarse el flotador o las pastillas para flotar pero el objetivo es el de disolver la convicción de "inflotabilidad".

La pedagogía puede ser una acción cognitiva placébica. Creemos haber cambiado las creencias en una determinada dirección pero no siempre es así. Puede que el cerebro haya procesado lo explicado en una dirección errónea y haber preparado así la nocebidad del futuro.

La Pedagogía es necesaria pues el ciudadano tiene derecho a la mejor información posible. Le corresponde el acceso a ella y el profesional debe adquirirla y difundirla, alfabetizar en Biología. Gestionar esa información para optimizar la integridad física y funcional y el bienestar es algo complicado que cada profesional y cada padeciente deben decidir.

Primum non nocebere. Los placebos, puros o impuros, no son inofensivos. Siempre llevan el nocebo bajo el brazo. 

Contra el nocebo... antinocebo. Puede que el placebo ayude en un principio pero es bueno ir retirándolo.

Se pueden utilizar flotadores o pastillas para flotar pero hay que inculcar la convicción de flotabilidad propia e ir quitando aire al patito...

viernes, 4 de marzo de 2011

Racionalizar



- Creo que he entendido. Tiene lógica. Pienso que es cierto lo que me explica... pero ¿qué hago?

Una paciente con migraña acudió a revisión. Sentada a mi lado en la consulta estaba una residente escéptica con el enfoque. 

- ¿Cómo te va?

- Bien. No he vuelto a tener migrañas. No tomo fármacos. Hay veces que siento algo de dolor pero lo controlo.

- Explícale a la doctora cómo lo consigues...

- Racionalizo. Pienso rápidamente en lo que he aprendido. Sé que no está pasando nada y me concentro en lo que estoy haciendo.

Estamos instruidos en la idea de que debe hacerse algo necesariamente para disolver el dolor. Ese algo puede ser introducir una molécula con supuestos poderes para neutralizar una supuesta química responsable del dolor, una aguja, unas hierbas, una infusión, productos homeopáticos, meditación... Algo añadido, dirigido específicamente a recuperar la normalidad.

En la consulta se explica lo básico de la neurología del dolor. Dos objetivos: disolver errores y aportar conocimiento fiable. Se ha activado la percepción de dolor sin justificación. El cerebro ha sobrevalorado la probabilidad de un suceso destructivo. No es cierto que necesariamente haya algo indebido. Basta con el error evaluativo. Falsa alarma. La aparente eficacia del calmante simplemente indica que el cerebro exigía la acción de tomarlo y que ello ha disuelto la valoración (errónea) de amenaza. Nocebo para activar la alarma y placebo para desactivarla.

- ¿Por qué duele?

- Efecto nocebo

- ¿Cómo se combate el nocebo?

- Hay dos formas: con placebo (haciendo algo) o  con la convicción de que no sucede nada.

- Ya sé que no está sucediendo nada pero a pesar de eso... duele. Al final tengo que tomar el calmante. Lo necesito.

En condiciones experimentales podemos conseguir que una crema inerte aplicada al antebrazo antes de someterlo a estímulos generadores de dolor (laser, calor...) aumente o disminuya la percepción dolorosa cambiando una palabra de la información:

- Con la crema notará menos dolor...

- Con la crema notará más dolor...

La crema es la misma. Una palabra pronunciada es un estímulo mecánico que genera un tren de ondas que capta el oído... Basta un cambio en ese tren de ondas para que el dolor aumente o disminuya. Podemos escribir la información: más... menos... En este caso la palabra genera un estímulo luminoso sutilmente diferente, suficiente para inducir un más o un menos en el dolor.

Las terapias del dolor activan expectativas previamente construidas, a golpe de experiencia propia, observación de experiencia ajena  e instrucción.

La observación de una acción analgésica por placebo facilita el placebo en carne propia.

La duración del dolor tras aplicación de estímulos nocivos varía si trucamos el reloj (una vuelta de las manecillas en 45 segundos).

Saber que lo administrado es un placebo no elimina la acción analgésica. El cerebro pide acción aun a sabiendas de que esa acción no contiene nada relevante. Placebo. Engaño. 

La pedagogía del dolor busca disolver las redes de falsas creencias que alimentan los encendidos de las falsas alarmas. Busca disolver la nocebidad, los virus informativos, culturales. Uno de esos virus es el que exige una acción terapéutica, el rito purificador, el antídoto de lo que (supuestamente) hace que duela.

El antídoto del nocebo no es el placebo sino el antinocebo, el antivirus, no otro virus de signo contrario.

- Entiendo, pero no sé cómo hacer para cambiar el chip...

- Tendrá que descubrirlo. 

Como dijo Sol del Val cada uno tiene su migraña personal y debe explorarla desde el nuevo marco interpretativo aportado por la neurobiología.

Paradójicamente, los pacientes con más migrañas y más rebeldes a los tratamientos responden mejor. Tienen el trabajo adelantado. Han probado todas las terapias y están ya desencantados. Necesitan algo nuevo, distinto, contrario a lo que hasta ese momento se les ha facilitado. 

La racionalización no tiene buena prensa. Nos olvidamos de lo emocional... Siempre hay una persona...

Una emoción es un estado en el que el organismo valora relevancia, trascendencia. El dolor es la expresión del estado emocional más poderoso del organismo: la posibilidad de la muerte celular, la necrosis. El miedo irracional se combate con racionalidad.

- Racionalizo. Pienso en lo aprendido... Sigo con mi tarea...  

sábado, 1 de enero de 2011

Primum non "nocebere"


No se sabe con seguridad quién fue el padre de la máxima Primum non nocere (ante todo no dañar) pero ha quedado consolidada como una actitud exigible a toda acción médica. Podemos y debemos actuar terapéuticamente cuando de ello se deriva un beneficio para el paciente pero también debemos considerar y minimizar todos aquellos efectos colaterales negativos que pueden derivarse de nuestra acción.

Habitualmente los profesionales consideramos y sopesamos los daños físicos y psicológicos secundarios pero no estoy seguro que se aplique la misma actitud ante los daños colaterales derivados de la información.

El cerebro construye una idea del organismo interactuando con el entorno (físico y social): su integridad, vulnerabilidad, funcionalidad, resiliencia (capacidad de afrontar las contingencias de adversidad) y resultado. Esta idea está muy influenciada por la cultura, la información sobre interior. El cerebro activará programas perceptivos, emocionales (relevancias) y motores cuyos parámetros estarán adaptados a la evaluación operante en ese momento sobre las consecuencias teóricas, probabilísticas, que puedan producirse.

El simple hecho de sentarse, levantarse, caminar, correr, coger objetos... está sometido a la máxima del primum non nocere. Si el cerebro evalúa amenaza a la integridad física en la acción solicitada por el individuo antepondrá la defensa y minimización del daño teórico, activando programas defensivos con percepción de dolor acoplada, miedo al movimiento, bloqueo articular regional. En realidad, el cerebro preferiría que el individuo decidiera renunciar a la acción...

El miedo del guardián cerebral a las acciones del individuo (primum non nocere) corresponde al efecto nocebo, la expectativa de efectos negativos, el efecto de signo contrario al placebo (expectativa de efectos positivos).

Los profesionales podemos alimentar, con la información, las expectativas negativas de efectos secundarios derivados de nuestras acciones, el efecto nocebo. Podemos producirlo. Sin embargo no parece que se esté extremando el cuidado a la hora de sopesar los efectos secundarios de la información. 

Para empezar este 2011 he pensado que no estaría de más proclamar una máxima adiccional al Primum non nocere referida al peligro subyacente en la información: ... et non nocebere.

Vivimos tiempos de disfunción informativa. Todo vale. Cualquiera puede sacarse de la manga teorías, doctrinas, orígenes y remedios de males. Se sobrevaloran los datos de imagen y se infravaloran cogniciones, creencias y expectativas. Se dictaminan degeneraciones, inflamaciones, enfermedades, disfunciones, trastornos, carencias, excesos... sin más procedimiento que un vistazo, una corazonada o una rutina interpretativa. 

- Me duele...

- No me sorprende. Tiene usted la columna hecha un desastre...

Hay que cuidar la nocividad de la práctica profesional, los efectos secundarios, el Primum non nocere. De acuerdo, pero tampoco hay que descuidar el non nocebere. 

El impacto de la nocebidad puede ser dramático.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Efecto antinocebo






Quién más, quién menos, ha oído hablar del efecto placebo. Decimos a un paciente que le damos un potente analgésico cuando en realidad le hemos dado una píldora de sacarina y, en bastantes ocasiones, el dolor cede. Hemos engañado al cerebro. Le hemos hecho creer que introducíamos un poderoso fármaco y ello ha bastado para que el cerebro haya desactivado el programa. El efecto placebo es un efecto creencia. La red neuronal cree que... Al producirse el efecto el individuo también lo cree...

En realidad al cerebro no le importa lo que suceda con el dolor. Lo que le preocupa es si los tejidos corren peligro. Si duele, es porque el cerebro ha decidido activar el programa dolor porque ha valorado amenaza, sea esta real o sólo imaginada. Si aportamos una terapia y el cerebro retira el dolor podemos deducir que el cerebro ha valorado la acción como algo que ha alejado el peligro o eliminado la necesidad de mantener la alerta con el dolor.

El efecto placebo es positivo para la sensación de bienestar del individuo e indiferente para la situación real de los tejidos. A un paciente con un infarto de miocardio podemos engañarle con suero fisiológico diciéndole que le hemos administrado un potente analgésico. El dolor puede ceder (efecto placebo) pero ello no quiere decir que la zona infartada haya mejorado. En el miocardio todo sigue igual.

El efecto engaño puede tener su contrapartida negativa. La información engañosa puede generar percepción de malestar, dolor, por ejemplo. Podemos aplicar una crema inerte al antebrazo diciendo que va a sensibilizar la piel y hacer, por tanto, que los estímulos nocivos producirán más dolor. En bastantes casos será así. El cerebro ha creído y ha adaptado los circuitos a la expectativa. Duele más.

Al efecto negativo  sobre el malestar, inducido por información engañosa de perjuicio se conoce como efecto nocebo.

El efecto nocebo hace que, aun  no sucediendo nada en una zona, pueda generarse malestar en ella a través de una creencia que atribuye amenaza.

- La humedad afecta a las articulaciones (creencia)

- Me duele la rodilla (efecto nocebo). Ha salido el día húmedo...

Hay dos maneras de contrarrestar el efecto nocebo:

1) Con un engaño de signo contrario: 

         - Me duele. Ha salido el día húmedo...

     - Tómate un antinflamatorio... (placebo impuro) o... tómate este "analgésico" (en realidad una cápsula con almidón..., es decir, un placebo puro)



2) Disolviendo la creencia errónea:

        -  Me duele. Ha salido el día húmedo...

        - Tu cerebro cree que la humedad es una amenaza para la rodilla. Está equivocado. Dile que deje de creer en esa falacia... Si lo consigues, te dejará de doler.

En muchas ocasiones la información políticamente correcta consigue insertar en la red expectativas y creencias nocébicas (por ejemplo, la de la humedad o los más de 150 desencadenantes de la migraña...). Cuando el efecto nocebo alcanza el umbral suficiente de creencia se activa el programa de alerta...

- Me duele. No tenía que haber bebido el zurito de cerveza... 

El padeciente se dispone a aplicarse el remedio.

- Tendré que tomarme el calmante (placebo impuro contra nocebo puro)

Cabría la segunda opción: 

- Me voy a tomar un zurito. Ya me han contado que si aparece la migraña es porque el cerebro...

Al disolver la creencia en la amenaza del zurito, el cerebro no activa el dolor... La padeciente ha conseguido tomarse un zurito sin que al cerebro le importe. El efecto nocebo se ha disuelto sin necesidad de aplicar un engaño placébico.

Les he contado una anécdota real, de la consulta de esta semana. La padeciente, una señora cincuentona, con migraña de muchos años que no podía evitarse echarse una minicaña de cerveza al gaznate, sistemáticamente lo pagaba con una crisis de migraña. Entendió las explicaciones y las aplicó. En un primer intento, fracasó. La migraña apareció, fiel a la provocación. Lo intentó conscientemente unos dias después y esta vez y otras siguientes no sucedió nada...

La información cría creencias nocébicas y la información (de signo contrario) puede disolverlas eliminando así el efecto nocebo.

Frente al nocebo... ¿placebo? No, gracias...

Información... Gracias...

martes, 27 de julio de 2010

Placebos puros (más o menos) e impuros



El modelo pedagógico propuesto en este blog (fisioterapia cognitivo-conductual referida a organismo) afronta el problema del dolor, en ausencia de daño necrótico potencial, corrigiendo falsas creencias sobre vulnerabilidad de los tejidos y conductas protectoras innecesarias, arraigadas y exigidas en los centros de decisión cerebrales. El objetivo del trabajo conjunto del tutor y el padeciente es el de recuperar una gestión racional de la defensa de la integridad y funcionalidad del organismo.

- Su organismo está razonablemente sano y soporta adecuadamente la actividad diaria. No son sus huesos, músculos, articulaciones, tendones ni nervios los que debe proteger sino su cerebro: está equivocado.

- ¿Vale pero cómo podemos cambiar el chip?

- A través de la pedagogía, desaprendiendo tópicos y falacias y adquiriendo unos pocos y sólidos conceptos sobre biología del sistema nociceptivo, el sistema encargado de detectar agentes y estados potencialmente nocivos y promover conductas de evitación de daño.

- ¿Sólo así... hablando...? ¿ No va a hacer nada más que explicarme...?

Los padecientes, acuciados por el dolor y enculturizados en la idea de que el sanador tiene una caja de herramientas terapéuticas que contiene diversos y variopintos bálsamos para aplicar a sus afligidos tejidos, quedan algo aturdidos y desconfiados con la propuesta de "sólo pedagogía". Preferirían una acción terapéutica tangible, además de palabras...

Realmente lo que se pretende con la propuesta pedagógica se corresponde con el efecto placebo-nocebo. Disolver el impacto negativo de las falsas creencias alarmistas y reponer el efecto positivo de la convicción de salud... pero sin engaño, educando en los principios básicos de la nocicepción.

En este caso estaríamos aplicando una acción placébica pura... más o menos...

Es inevitable que, además de la corrección cognitiva teórica pura, intervengan también elementos de expectativa, empatía, regresión a la media... No existe la posibilidad de un efecto puro cognitivo... pero se intenta no echar mano del "engaño" (más o menos consciente) de una acción terapéutica (fármaco, aguja, producto homeopático, remedios "naturales", masajes, ejercicios, meditaciones, relajaciones...).

- Lo que quiero es encontrarme bien. Me da lo mismo lo que haga con tal de que funcione...

- No debiera darle lo mismo. Sabemos cosas sobre el dolor que desconocíamos hace unas décadas y que debieran modificar radicalmente y a su favor cuanto interviene como creencia y expectativa. Los terapeutas defienden sus acciones supuestamente necesarias para reponer la normalidad de los tejidos justificándolas sin demasiada base biológica y sin un mínimo ejercicio de autocrítica y actualización de conceptos. 

Entre la verdad "verdadera" (más o menos) y la verdad "operativa" los padecientes pueden optar por la operatividad, por la eficacia... aparente. 

La eficacia (aparente) no sale gratis. El sistema de recompensa tomará nota de todo lo sucedido y fortalecerá conductas de adicción a las terapias a base de solicitarlas periódica o continuadamente a través del dolor. La cronificación está servida.

- Los medicamentos no me hacen nada...

- ¿Por qué los toma? Son tóxicos...

- No lo sé. Supongo que sin medicamentos sería aún peor...

A los padecientes les angustia no tener "un tratamiento". La pedagogía no lo es. No tiene materialidad...

No hay muchos estudios que comparen el efecto placebo puro (más o menos) con los placebos impuros (terapias). La mayoría de los trabajos hacen comparaciones entre eficacias de terapias. Puede que lo que evaluen sea la eficacia del efecto placebo (impuro) que contienen.

Independientemente de los resultados (a corto, medio y largo plazo) que obtengamos con nuestros esfuerzos      
existe un problema ético:

¿Tienen los ciudadanos derecho a ser informados de todo lo que vamos conociendo sobre biología del sufrimiento, en ausencia de daño?

¿ Tiene la obligación el profesional de adquirir esos nuevos conocimientos?

¿Puede elegir cada profesional su credo?

¿Qué o quién garantiza el label de máxima credibilidad de cuanto se dice?

¿Qué es placebo-nocebo y qué una acción reparadora real?

Yo tengo mis convicciones y principios. Si no le convencen... lo siento pero no tengo otras... 

domingo, 13 de junio de 2010

Curaciones milagrosas



Con ocasíon de la reseña de las cien mil entradas visitadas en el blog algunos ex-padecientes han dejado testimonio de su ex-condición.

La cosa tiene su miga ya que se han librado de padecer enfermedades tenidas y sostenidas como "misteriosas, emergentes e incurables" sin más arte que el de saberse sanos y entender el origen de su padecimiento.

- Está usted sana. Enhorabuena.

- Entonces... ¿por qué me duele?

- Es su cerebro. Actúa como si hubiera realmente una enfermedad pero está, evidentemente, equivocado. Ahí le duele.

 El grupo de enfermedades por error evaluativo de peligro por parte del organismo (alergias, enfermedades autoinmunes, migraña, fibromialgia...) se curan por disolución del error por parte del organismo.

La función de evaluación de peligro en los tejidos no es infalible. Podemos estar enfermos y sentirnos y creernos sanos. Ello indica que el organismo también lo cree así. Podemos estar sanos y sentirnos y creernos enfermos. Ello también indica que el organismo comparte nuestra valoración (errónea).

Los síntomas certifican la opinión (acertada o errónea) del organismo, no su estado.

Una enfermedad que se cura con pedagogía es una enfermedad por error evaluativo de la red neuronal.

Las enfermedades por disfunción evaluativa neuronal también pueden, aparentemente, curarse aplicando cualquiera de las terapias del mercadillo: fármacos, agujas, hierbas, productos homeopáticos, toxinas, cirugías... Sin embargo no se ha producido la curación ya que el error evaluativo no sólo no se ha disuelto sino que se ha amplificado y probablemente volverá a expresarse exigiendo nuevas aplicaciones de la terapia exitosa o, lo que es más probable otra novedosa...

- Me han operado en Zurich de fibromialgia y me encuentro perfectamente... Me siento curada...

He atendido a padecientes con fracaso estrepitoso. El afrontamiento del error evaluativo no ha hecho sino provocar su indignación e impulsar la búsqueda de soluciones en el mercadillo. Recuerdo un caso grave de migraña...

- ¿Cómo le va?

- Fatal... ¡claro!

- ¿Cree en lo que le explico?

- Pues la verdad es que no. Me han aconsejado la toxina botulínica.

- Le pongo en contacto con un compañero para que la aplique...

La padeciente respondió maravillosamente a la toxina. Estuvo un año libre de migrañas. Una nueva aplicación le libró de las crisis, esta vez durante un mes y a la tercera fué la vencida, la toxina perdió su virtud sanadora.

Tras estas curaciones espectaculares, milagrosas, se esconde el efecto nocebo (disfunción evaluativa de enfermedad) y el placebo (disfunción evaluativa de curación).

Existe el nocebo y placebo con engaño consciente (por parte del experimentador). Múltiples estudios de laboratorio demuestran que los síntomas pueden ponerse y quitarse a golpe de información engañosa.

Existe el nocebo y placebo por error (inconsciente) de evaluación de peligro, sin engaño. La creencia errónea de enfermedad se puede resolver sustituyéndola por una creencia (cierta) de salud o por otra errónea de aplicación de una terapia eficaz.

Las curaciones pedagógicas sólo utilizan información. No hay terapia. Ello demuestra que hay un cerebro que procesa la información y que modifica sus decisiones defensivas referidas a valorar peligro.

Las enfermedades nocébicas operan por obra de creencias erróneas de peligro. Dejan de operar por disolución placébica engañosa de esas creencias o por convicción de que, afortunadamente, la amenaza de peligro era falsa.

- Buenas tardes. Llamo de la oficina de posibles catástrofes...

- Déjeme en paz...

Curarse de enfermedades por disfunción evaluativa es, teóricamente, sencillo. Basta con que el organismo se sepa sano. El problema es cómo conseguir modificar las convicciones del cabezota cerebral, un órgano seleccionado evolutivamente para imaginar peligro allá donde la información (experiencia propia y ajena, cultura) lo señale.

Es más fácil calentar la cabezota alarmista con información alarmista que enfriarla cuando hierve...

sábado, 6 de marzo de 2010

Somatotopía



El cuerpo está representado en el cerebro. Cada zona tiene su escaño en el parlamento neuronal. Las de la  izquierda, las de la derecha y los apéndices centrales. 

Hay cuestiones locales, regionales y nacionales.

La necrosis consumada o inminente puede darse en cualquier lugar. Ninguno está exento de quemaduras, infecciones, infartos o contusiones.

La inflamación, la necesaria y protectora inflamación, se desplegará al instante para proteger y reparar la zona afectada, adaptada a las características de cada lugar para evitar mayores males de los que procura corregir.

El dolor, componente necesario de la respuesta inflamatoria, señalará al individuo dónde se ha producido el episodio necrótico e impedirá con su cualidad desagradable que los tejidos en reparación sean utilizados mientras dura la reparación de los desperfectos. 

El organismo localiza estrictamente la ubicación, extensión y duración del problema y adapta las acciones defensivas al dónde, qué, cuánto, por qué y durante cuánto del suceso.

En ocasiones la acción defensiva del organismo es insuficiente o excesiva y se precisa una ayuda eficaz externa con fármacos, escalpelo o suturas.

El daño imaginado, la evaluación probabilística de que en determinado momento y lugar pueda producirse la temida necrosis, también tiene su representación en el parlamento cerebral: el ojo izquierdo, el pie derecho, el cogote, la mandíbula izquierda, el entrecejo, el abdomen, el tórax, el pelo, las uñas, el espacio vacío donde antes había un brazo, unos dientes o un pecho...

Los neurólogos consideran como una de las señas de identidad fundamentales de la migraña el que el dolor se localice en media cabeza (hemicránea). Es un criterio diagnóstico mayor.

Media cabeza se puede entender de muchas maneras: la mitad izquierda-la mitad derecha, la mitad anterior-la mitad posterior o, ¿por qué no?, la mitad superior-la mitad inferior. Los neurólogos sólo admiten que media cabeza es, a efectos de saber si el dolor es migrañoso, mitad izquierda o derecha. No sirve otro concepto de mitad ni, por supuesto, el dolor central (entrecejo).

Sostienen los neurólogos, con empecinamiento y seguridad no justificada, que la migraña es cosa de genes. Debe tratarse de genes con querencias de izquierdas-derechas, a veces estables y fieles ("me duele siempre el lado derecho") y otras chaqueteras ("no siempre es el mismo lado"). Con menos pedigree, los genes migrañosos tienden a cebarse a veces con el cogote o con la frente (mitad posterior-mitad anterior). Sólo si además de doler el cogote hay nauseas o vómitos podrá optar al label migrañoso.

El dolor de media cara nunca será considerado como migrañoso, aunque ande por medio el trigémino ("el nervio de la cara"). El label de la migraña sólo es aplicable al trigémino de las meninges y los grandes vasos intracraneales. El dolor de la cara es, para los neurólogos, "atípico" o "neurálgico", nunca migrañoso (genético).

El efecto nocebo y placebo tienen una cualidad notable: la somatotopía: se aplica allí donde la corteza prefrontal valora amenaza o alivio. Hay zonas cerebrales especializadas en el qué de los sucesos, otras en el cuánto y cuándo y, naturalmente, otras en el dónde. La somatotopía atribuye el dónde suceden o pueden suceder acontecimientos relevantes. 

- Me preocupa el lado izquierdo de la cabeza, el cogote, la nariz, la mandíbula derecha... (piensa para sí el cerebro-evaluativo-ejecutivo)

- Me duele la cabeza (el lado izquierdo), el cogote, la nariz, la mandíbula derecha... (comprueba preocupado el destinatario).

Sostienen los neurólogos que hay genes para el dolor de cabeza, sólo para el dolor de cabeza, no para otros lugares del organismo. Van más allá todavía. Sostienen que hay genes para perturbar sólo un lado de su famoso "centro generador de migrañas", un supuesto núcleo con neuronas de fácil disparo en el que se supone está el programa responsable del dolor (de cabeza), la intolerancia sensorial y las arcadas. 

El chocolate, el viento Sur, las variaciones hormonales, el queso o cualquier otro (des)encadenante tienen la curiosa propiedad de activar sólo una mitad del generador, aquella que curiosamente, se ha desarrollado bajo la dirección de unos genes anómalos.

El principio de parsimonia, de la navaja de Occam (o Okham), sostiene que debemos preferir y buscar lo sencillo y no lo abigarrado.

El cerebro proyecta dolores, picores, hormigueos, quemazones y fríos allí donde valora amenaza necrótica, parásitos, quemaduras o congelaciones. Aprende a olfatear peligro por el Norte o Sur de la cabeza, por el Este o el Oeste, por defrente o por detrás. Tan media cabeza es la resultante de un corte sagital como horizontal o frontal... Así de simple.

Migraña proviene del griego: "hemi-cránea". Nuestra obsesión por clasificar todo en izquierda-derecha nos hace olvidar que existen otras mitades... las de arriba-abajo, las de delante-atrás... 

Sabemos que el cerebro evalúa peligro necrótico y que puede activar programas defensivos en función de sus evaluaciones, allá donde valore dicho peligro. Cualquier lugar puede ser la diana de esa evaluación. Eso explica todo de forma parsimoniosa, sencilla. 

Lo de los hemigenes, hemiestreses, hemichocolates y hemicambios hormonales es demasiado retorcido, poco parsimonioso...


¿Dónde duele?...donde el cerebro huele...

   

miércoles, 17 de febrero de 2010

Abuso de analgésicos





Hay algo que no funciona en el control del dolor (en ausencia de daño) con fármacos. 


Un porcentaje sustancial de padecientes de migraña ven cómo las crisis se hacen más frecuentes y responden peor a los "calmantes". El dolor crónico generalizado no se deja influir por antinflamatorios, antidepresivos, anticomiales, "relajantes musculares" ni parches de opiáceos. 


Cuando el dolor aparece en el contexto de un proceso que destruye tejido, por ejemplo el cáncer, el aporte externo de morfina es eficaz y debe aplicarse sin remilgos. Los procesos inflamatorios responden también a los antinflamatorios. 


El problema surge cuando el cerebro ha activado el programa dolor en ausencia de destrucción de tejido o inflamación. Es el caso de la migraña y el dolor generalizado no inflamatorio (degenerativo, fibromialgia...). 


Los neurólogos recomiendan la utilización precoz de calmantes en las crisis de migraña: "apague pronto el fuego. No espere a que se extienda. Luego, es más difícil controlarlo...".


Los neurólogos sitúan el origen del dolor en las terminaciones nerviosas meningovasculares del trigémino. Allí se habría producido el incendio y desde allí se iría extendiendo hacia arriba, hacia los centros que procesan las señales "de dolor".


- Voy a ver si se me pasa. No quiero estar toda la vida tomando calmantes...


A los pacientes no les gusta tomar calmantes. Si lo hacen es porque el dolor les obliga a ello. Un calmante no tiene el atractivo de un solomillo.


- Es fundamental que corte la crisis precozmente. No espere. Entiendo que no quiera tomar medicamentos pero al final acabará consumiendo más si anda con dudas, deshojando margaritas...


El ejemplo del incendio en la migraña es falso. No hay fuego sino alerta por un posible (e improbable) fuego. El dolor no surge de las meninges sino de los centros cerebrales de evaluación de peligro. Allí es donde hay que inyectar calma, sosiego, confianza...


- Tomo el calmante como usted me dijo. Me calma algo pero el dolor vuelve en unas horas y tengo que volver a tomarlo. Llevo una racha de dolor diario. No bajo de tres calmantes al día...


- Ha abusado de los calmantes. Tiene que dejarlos. El dolor es una consecuencia del abuso.


La estructura cerebral de la migraña es la de los miedos irracionales. El cerebro presagia necrosis y activa las alertas presionando al individuo a que se someta a lo que "él" considere oportuno. 


Sucedería lo mismo con el encendido del programa pánico, por ejemplo en un ascensor. 


- Debe evitar los ascensores. Si entra, cuanto más espere a salir peor lo pasará.


Los famosos desencadenantes son agentes y estados irrelevantes a los que el cerebro coge miedo. Hay dos alternativas:


1) evitarlos


2) considerarlos como irrelevantes y conseguir que el cerebro los tolere. 


Los neurólogos aconsejan la primera opción. Alimentan el miedo. 


La opción 2 es la deseable: en la cabeza no sucede nada; mi cerebro ha criado miedos fóbicos y debo hacer algo para calmarlo, hacerle ver que el peligro necrótico es altamente improbable. 


El conflicto entre un cerebro presa del miedo fóbico a la necrosis, que exige el antídoto del calmante y un individuo que no quiere consumir fármacos se resuelve a favor del primero. El paciente acaba cediendo a la presión cerebral del dolor. 


Al miedo cerebral le llamamos nocebo y al efecto calmante de ese miedo, placebo. 


El padeciente está sometido a las tensiones de nocebos y placebos, es decir, a las tensiones de las expectativas y creencias cerebrales sobre peligros y conjuros.


Mientras criamos cerebros miedicas no podemos pedir a la vez valor a los pacientes.

domingo, 24 de enero de 2010

La química de las palabras





En los estudios sobre placebo-nocebo se indica a los voluntarios que se les ha aplicado una crema que va a disminuir o aumentar el dolor producido por estímulos dolorosos (lasser, p.ej).


La palabra "disminuir", acoplada a la crema inerte, alivia el dolor a un porcentaje de ellos mientras que la palabra "aumentar" intensifica la sensación dolorosa.


¿Qué tiene de mágico la palabra "disminuir" para inducir una serie de cambios químicos en el complicado circuito del dolor? ¿Cómo consigue poner en danza endorfinas, serotoninas, noradrenalinas, glutamatos, sustancia P y un largo etcétera...?


¿Qué energía negativa contiene la palabra "aumentar" para hacer que la crema inerte se transforme en un activador químico de los neurotransmisores de la percepción de dolor, justo en sentido opuesto al de la palabra "disminuir"?


Basta aplicar el antagonista de las "endorfinas" (opiáceos endógenos), la naloxona, para que (en gran parte) la palabra "disminuir" pierda su eficacia.


Si a los analgésicos les quitamos las palabras, si los administramos de forma oculta, sin notificar que lo estamos haciendo, apenas hacen nada.


Las palabras modulan la química neuronal, la encienden, aceleran, estabilizan, desestabilizan, frenan y/apagan.


- No me convence. Total no hace mas que hablar. Perdí la mañana. Necesito una solución, que me manden algo para el dolor.


Homo sapiens (ma non troppo) vive entre palabras. El ronroneo verbal no tiene respiro. La química del dolor (en ausencia de daño) es la química de las palabras, de las expectativas y creencias.


- El dolor aparece porque el cerebro cree que existe peligro. En su caso creo que está equivocado.


- Y ¿cómo podemos eliminar el error?


- Con palabras, con argumentos, con información...


- ¿Así, sin más... sólo hablando?


Hay un diálogo continuo entre el cerebro y el individuo. A veces es tan rutinario que ni siquiera nos damos cuenta. En cada episodio de dolor el cerebro habla con el individuo.


Como sucede con las conversaciones "reales" puede haber acuerdo o desacuerdo entre los interlocutores.


- Usted está de acuerdo con su cerebro alarmista y le refuerza los temores. Obedece sus consejos. Apaga el ordenador, se mete a la habitación a oscuras y se toma el "calmante".


La dinámica de la conversación es la de los bulos: "dicen que..." "¡ya lo he oído!... por lo visto..." "¡no me digas...!"


El individuo debiera desbaratar la inquietud cerebral de que algo terrible (necrosis) va a suceder en la cabeza.


- Anda cerebro... apaga la alarma. Porque haya salido viento Sur no va a infectarse, quemarse, desgarrarse ni corroerse nada... No hagas caso de las habladurías...


- Preferiría que no salieras de casa y te quedaras en la cama, con el calmante... me han dicho que el viento Sur...


- Hazme caso. Estáte tranquilo. Vuelve a ponerme la química del "no hay peligro". Suelta la endorfina y la dopamina, que necesito preparar el examen...


Las habladurías son peligrosas por su poder de trastocar la química cerebral del sentido común.


- ¿No hay nada para el sentido común? Con los adelantos de hoy en día ¿cómo es que no han sacado nada para que el cerebro acierte en sus decisiones?


- La solución siempre ha estado ahí delante de nuestras narices, o mejor dicho, de nuestros ojos y oídos. El problema es que nos ponemos vendas y tapones...


La solución y la condenación es cosa de palabras, de imágenes...


- Vale... pues dígame algo que me baje la colecistoquinina y me suba la endorfina...