Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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jueves, 30 de diciembre de 2010

Descartes no era periferalista



Carlos Sarrate es un lector (migrañoso confeso) del blog, profesor de Filosofía en un Instituto. Conoce todos los contenidos del blog y de mi libro "Migraña, una pesadilla cerebral" al dedillo. De todos ellos ha hecho una lectura crítica detallada, tal como debe suceder con un filósofo. Para mí ha sido una suerte contar con una retroalimentación crítica, preguntona, reticente... filosófica. En este caso se trata de alguien que también está interesado en la Biología, la Ciencia y trata de buscar la integración de lo conocido empíricamente y de lo meditado hipotéticamente. Filósofos y neurocientíficos comparten el interés por el problema de la conciencia: ¿Cómo surgen de la materia los sentimientos, lo que percibimos? El contenido perceptivo de la conciencia que nos ocupa es el del dolor. ¿Cómo y de dónde surge? 

En reiteradas ocasiones he colgado al pobre René Descartes el San Benito de dar pie al error periferalista de situar el origen del dolor en los tejidos. Carlos me ha hecho ver que, realmente, es un error. Descartes era profundamente centralista. Dejo que sea él quien lo explique. Bienvenida sea su rectificación.

Gracias Carlos.


                 DESCARTES NO ERA PERIFERALISTA




Carlos Sarrate
Profesor de filosofía de secundaria.

Descartes no era periferalista
Lo que sigue es una cuestión técnica que no afecta al núcleo de la propuesta del dr. Goicoechea, pero puede interesar a los lectores más celosos con los conceptos teóricos.

Los profesores de filosofía de instituto solemos trabajar cada año con Descartes, en especial  en el 2º de bachillerato donde es habitual manejar las Meditaciones metafísicas (MM); a veces incluso, es obligado hacerlo puesto que son textos incluidos en la propuesta de autores para selectividad (como este curso en Cataluña).

Desde las MM, las cosas que decía el dr. Goicoechea sobre el presunto periferalismo de Descartes (el dolor se origina en la zona dolorida, se transmite, etc.) no encajaban bien. Así, de entrada, el dolor en Descartes debía ser un tipo de sensación o sentimiento que sólo puede sentir el alma, o sustancia pensante, y de ningún modo podía ser una sensación generada en el cuerpo ni tampoco en el cerebro. No me preocupé de buscar el tema pero me venían a la mente textos de las MM por los que he pasado muchas veces.

La MM 6ª razona entre otras cosas sobre ciertos orígenes de los errores. Anoto algunas cosas relevantes para la discusión:

-Primero, ¿porqué Dios tolera el engaño de las cualidades secundarias?: los colores, sonidos, olores etc. no son cosas físicas reales, aunque se basan en cualidades reales mensurables. La explicación es que las captamos porque sirven al compuesto alma/cuerpo, para "evitar lo que causa dolor y procurar lo que me comunica alguna sensación de placer". Así, no sirven a la pura res cogitans la cual ya entiende que no son cosas claras y distintas: el calor quizás no exista como tal pero se basa en alguna cualidad real del mundo (hoy se dice que es energía cinética de los átomos) pero gracias a "engañarnos" y tomarlo como real sacamos la mano del fuego y protegemos esa parte del cuerpo (res extensa) etc. ¿No estaría mal, verdad, para dos siglos antes que Darwin?

-Más tarde, el problema se agrava con el famoso ejemplo del hidrópico (tiene sed pero beber le perjudica): ahí ni tan solo se trata de un engaño útil al compuesto; la explicación habla de errores en la transmisión de los reflejos corporales: como si a mitad de la línea del telégrafo se insertan los bandidos y hacen creer que la señal viene, por ejemplo, del pie. Extrapolando al dolor, se ve que Descartes admitiría a veces una causa de dolor que no se origina donde parece doler. Y de hecho aun no hablaríamos de dolor (que será una sensación del alma), sino de una causa originada en otra parte que donde parece estar; en palabras del blog, se trataría de un daño ficticio.

-Finalmente, también tiene su interés la conclusión de Descartes de la MM 6ª: es mejor un engaño esporádico que un engaño siempre. Ese engaño aparentemente inevitable se combate combinando la información de diversos sentidos, la memoria y el entendimiento; en suma, siendo más metódico. (¿No suena a los lectores del blog esto de racionalizar la evaluación engañosa?)

Finalmente me decidí buscar el texto correspondiente a la imagen que el dr. Goicoechea siempre reproduce, la del señor con el fuego en el pie.
Corresponde a Le traité de l'homme, editada por primera vez en 1664 (pero escrita antes de 1637)

(Oeuvres Philosophiques. Tome I (1618-1637), éd. de F. Alquié, Garnier, Paris, 1963; reed. 1976, p. 405; pàg. orig. p. 142; he añadido un pequeño archivo .pdf donde se ha escaneado:
-la pág. inicial del volumen I
-la pág. inicial de l'Homme,
-la pág. donde aparece "les esprits animaux" (lo que circula por los nervios) con el comentario del editor a pie de pág.,
-y las págs. del fragmento correspondiente a la ilustración).

L'homme  es una obra anterior al Discurso del método y a MM que son obras donde encontrará el fundamento de la ciencia en el cogito -el famoso cogito ergo sum-. En L'homme ya parte de la distinción entre alma y cuerpo pero se limitará a hablar sólo del cuerpo. Lo hace diseñando un modelo de máquina a priori que permite analogías con el cuerpo real del hombre. (ver pág. inicial del texto) Así, la explicación completa no se puede tener hasta considerar la unión con el alma (y eso simplemente no lo podrá explicar nunca: explicar cómo se unen las dos sustancias es el fracaso del dualismo, y ya será la cruz de los racionalistas en su propio tiempo).



Vamos al dibujo. Parafraseo el texto (orig.142): las partículas del fuego A mueven el trozo de piel del pie B; por ese medio tiran del nervio (o hilo: filet) C que abrirán la entrada del poro d,e donde termina el nervio, así que se parece a cuando por un extremo de un cordel haces sonar la campana. Una vez abierto el conducto d,e los espíritus animales de la concavidad F entran dentro y parte van a los músculos para retirar el pie del fuego, parte a los ojos para mirar etc. aunque pueden haber muchos efectos implicados pues hay muchos nervios (...) (orig.143:) Los espíritus van por esos tubos, inflándolos un poco sin ser exprimidos, hasta los músculos, empujan éstos y tiran del cerebro de donde provienen. [aquí "espíritus animales" se ha de entender como las partes más vivas de la sangre, materiales, como humores, partículas, cosas semovientes pero no espirituales; ver p. 388, orig. 129]

Traduzco literalmente lo que sigue:
Cuando Dios unirá un alma razonadora a esta máquina, tal como pretendo explicar después, le dará su asiento principal en el cerebro, y la hará de tal naturaleza, que, según, las diversas maneras que las entradas de los poros que están en la superficie interior de ese cerebro sean abiertas por mediación de los nervios (nerfs), esa alma tendrá diversos sentimientos.
Como pasa, en primer lugar, si los pequeños hilos (filets), que componen la médula de los nervios, son tirados con una fuerza tal que se rompen y se separan de la parte en la cual están unidos, de suerte que la estructura de toda la máquina sea de alguna manera menos acabada (accomplie): el movimiento que causarán en el cerebro dará ocasión en el alma, a quien importa que el lugar de su residencia se conserve (à qui il importe que le lieu de sa demeure se conserve), de tener el sentimiento del dolor (d'avoir le sentiment de la doleur).

La cosa es clara. El dolor se siente sólo en el alma (res cogitans). El cuerpo transmite sólo movimientos de cosas físicas (partículas, "espíritus").

Alquié, el editor, señala aquí diversos problemas (p.407). El dolor es cosa del alma aunque la relación con el cuerpo es un problema que aun no se ha planteado. Además, dice, la explicación es ambigua: mecanicista por un lado (el dolor se explica por la ruptura del hilo) y finalista (el dolor se debe a que la máquina queda "moins accomplie" y el alma, siente, por ese dolor, un paso a menor perfección). Pero yo creo que el texto no admite una lectura mecanicista: en la máquina hay un crac (el daño, la lesión), y el dolor proviene de la "evaluación" del alma (es claro que hablamos de dolor con daño). Otra dificultad que señala Alquié es que una ruptura del hilo debería entrañar insensibilidad más allá de la lesión, y explicar cómo se reparan tales lesiones, a no ser que "la separación de la parte donde se unían" se entienda solamente como una especie de distensión del nervio...

En fin, repito que Descartes no podía ser periferalista en el sentido que decía Goicoechea porque quien siente no puede ser el cuerpo ni el cerebro, sino el alma. Esto no agota los textos (no pondría "el pie en el fuego", como el del dibujo, en que no haya más matices) y habría que revisar de dónde viene esa opinión que vincula periferalismo con este autor. Tampoco afecta el núcleo del argumento que va dirigido contra los periferalistas. Descartes ya lleva sus propias cruces, pero no ésta.

Otra cosa, que ahora me resulta obvia pero sobre la que sólo he ido cayendo últimamente a partir de la reflexión persistente que incita el dr.: este modelo del dolor involucra lo más difícil y peliagudo de la neurología, la teoría de la consciencia. En el último libro de Damasio (Y el cerebro creó el hombre) se alude al dolor como ya constituyente de la forma más primitiva de consciencia, el protoyó. Temo que el modelo del dolor de Goicoechea, por más biológico que se quiera, choca al final con las dificultades propias de una teoría de la consciencia biológica o no-filosófica, una teoría que no sea, en última instancia, algo cartesiana. La consciencia es hoy por hoy el misterio, the last frontier. El médico que hable de dolor con daño puede agarrarse al daño (y seguir siendo médico-como-Dios-manda), pero el que brega con el dolor sin daño al final tiene que acabar en la pura consciencia de dolor, y de ahí la vinculación con la filosofía de la representación que inaugura Descartes y todo el siglo XVII. Hay cierto paralelismo con la 1ª MM: el dolor (sin daño) sería una representación que engaña los sentidos; el dolor sin daño es como una representación de sueño ("una pesadilla cerebral"); el dolor sin daño parece un engaño de una naturaleza algo caprichosa (como el genio maligno cartesiano) y que se acepta que es así en el caso de la alergia...

Los esfuerzos por biologizar la consciencia, ponerla en perspectiva evolutiva, como hace Damasio, sólo pueden ser bien recibidos. Además, Damasio no simplifica el problema. En este autor no hay sólo el clásico vincular la mente al cerebro frente al dualismo, sino vincular el cerebro al cuerpo como un todo biológico (frente un dualismo más camuflado). Pero uno es de filosofía y me temo que esto de la consciencia va a ser mucho tiempo competencia de la fenomenología (Husserl y siguientes)... Y a pesar de eso, ¡hasta los filósofos van al médico si pierden la consciencia! Lo que no hay que abandonar es la curiosidad por saber más o ver más "claro y distinto".  

lunes, 8 de noviembre de 2010

Lourdes y Sísifo





El mito de Sísifo refleja perfectamente el esfuerzo baldío de muchos padecientes de librarse del pesado pedrusco que llevan a la espalda. Chumy Chumez mostraba en sus viñetas cómicas a los personajes cargando con una enorme losa. 

Sísifo trata de ascender inútilmente por una ladera con su piedra existencial, su destino (los "genes migrañosos"). Está convencido de que la piedra forma parte de sí mismo y que no debe abandonarla a pie de montaña y ascender ligero y libre. Ese es su error. Sísifo puede y debe dejar el pedrusco en el suelo y reiniciar sin miedo la ascensión. La piedra contiene la carga de las creencias y expectativas migrañosas. Va creciendo  según nos criamos en la cultura del miedo somático.

Lourdes ha escrito su infierno irracional migrañoso, su peregrinaje en busca de la solución mil veces prometida. Muestra su periplo por los despachos de atención primaria, especialistas y superespecialistas, públicos y privados. Tuvo el valor de hacer el corte oportuno de mangas y dejar la piedra.

- Voy a salir...

- No olvides coger la piedra...

- ¡Venga ya!...

Gracias Lourdes...


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 Cuando el Dr. Goicoechea me brindó la oportunidad de exponer y hacer llegar a todos mi experiencia con el dolor, sinceramente, me daba miedo no poder transmitir una cuestión tan personal, pero cuando empecé a escribir me di cuenta de que era evidente que no podía llegar a todos de la misma forma, pero con tal de que le resultara útil tan solo a una persona, habría merecido la pena, y me sentiría satisfecha. De esta manera, voy a intentar exponer cómo me liberé de toda la información anterior y cómo gracias a ello me libré de  la migraña crónica, aunque para ello tan solo brevemente, y  espero sin aburriros, os reseñaré mi periplo, que fue como el castigo de “Sísifo”.
Y es que los dioses habían condenado a Sísifo a empujar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso, infinitamente.

Durante doce años estudié, trabajé, y me relacionaba socialmente empujando dicha roca, a pesar del peso que suponía el dolor continuo y diario, y todas las noches que pasaba en urgencias. Y además siempre –como yo digo- en la clandestinidad, pues quién iba entender que siempre me doliera la cabeza y que no tolerara muchos estímulos. Algunos pensaban que eran excusas y otros que era psicológico. Así que decidí guardar silencio, al menos en mi ámbito laboral, donde dar a entender que puedes tener algún problema, podía significar la pérdida de confianza de clientes. ¿Cómo iban a entender que me llevara tres meses sin poder ni moverme, y al mismo tiempo llevarle bien un pleito de gran responsabilidad? De forma que intenté que nunca se enteraran, salvo compañeros de confianza que tenían que sustituirme. De forma que el dolor era casi diario, cualquier estímulo, stress, hormonas, lo disparaba. Y si alguna vez, cuando más alto había llegado- a lo mejor 15 días sin dolor- había alivio, la piedra siempre volvía a rodar intentado aplastarme a mí y todas mis “esperanzas”. Y es que tener esperanza en que algo que tiene un origen misterioso desparezca más que esperanza es una “ilusión”. Ello siempre venía refrendado por la escasa respuesta, por no decir ninguna, que siempre mostré ante todos los medicamentos. Huelga decir que, como la mayoría de los “migrañosos” crónicos los tomé de toda clase. No obstante, cuando supuestamente en mejores manos me encontraba y mejores e innovadores medicamentos me prescribían, más se cronificaba mi situación. Y digo situación porque no solo era dolor, era como un “síndrome”, un conjunto de síntomas que me impedían realizar toda actividad que no se redujera a estar tumbada a oscuras en un sofá y en silencio.

Sólo como ejemplo, decir que, en más de una ocasión me he llevado hasta tres meses continuos de migraña, sin poder salir de casa. Me han hecho todo tipo de pruebas, practicado punción lumbar en la seguridad social de mi ciudad, e incluso ingresado durante siete días en una de las mejores clínicas- si no la mejor- de España.

En estos casos, como no, el miedo a no poder estudiar, y posteriormente trabajar, aumentaba mi ansiedad por recuperarme. Cuando pasaban las peores rachas casi siempre me olvidaba y quería creer que fue una pesadilla que no iba a volver, y que por lo menos, ya dispondría de un nuevo preventivo de última generación que me ayudaría o quien sabe a lo mejor encontraba al fin “la causa”.

Sin embargo, a medida que me encontraban más supuestos desencadenantes: decían que tenía disfunción de la Articulación Temporo-Mandibular con luxación, presunta neuralgia mandibular, prolactinoma, etcétera, mi situación empeoraba hasta cronificarse. Y digo sin embargo porque a pesar de que al principio me alegraba de encontrar una o varias causas a mi dolor, lo cierto es que tras estos grandes descubrimientos todo fue a peor.  El dolor empezó a desencadenarse por supuestos factores que nunca me habían afectado, precisamente los que me habían dicho ahora que eran “la causa”: empezaba un dolor facial o pinchazos en los dientes, o se producían cambios  hormonales, por ejemplo, y seguidamente aparecía el dolor. El poder de las creencias es impresionante, como ya veréis.

Cuando estaba convencida de ser tan “defectuosa” fue cuando cayó en mis manos un libro donde se exponían, a nivel de una padeciente, los conceptos básicos de la neurobiología, de la biología del dolor. ¿Cómo es que nunca había oído hablar de ello? Me enganchó inmediatamente. Otro mérito más del Dr. Goicoechea, su capacidad de hacer metáforas y de ironizar y de exponer con sencillez complejos procesos neuronales.

Por ello, diré que la desaparición de la migraña pasó por un período de estudio y adaptación a los nuevos conceptos, algo que todos podemos hacer. Cuando cambia una ley por completo, reformándose en sus fundamentos, en mi profesión hay que volver a estudiar. Hay veces que determinadas leyes sacuden los pilares de la tradición en nuestro Derecho, sirva como ejemplo, que antes de la última reforma operada en nuestro vigente Código Penal, las personas jurídicas no podían ser responsables penalmente, y ahora son susceptibles de imposición de penas, al igual que las personas físicas, quebrantando el tradicional principio del Derecho penal de la culpabilidad y responsabilidad personal. Lo mismo sucede en este ámbito, pero los profesionales no se reciclan o prefieren no hacerlo de momento, y ello, a pesar de que no les quiten la migraña a ninguno de sus pacientes sino todo lo contrario, pues la mayoría suele ir a peor. Y es que reconozco que los conceptos expuestos en este blog suponen una gran sacudida a los pilares del conocimiento que se proclama en las Facultades de Medicina.

Propongo así las siguientes claves:

1) Estudio y conocimiento.

Lo que trato de explicar es que lo primero que me sucedió al leer el libro del Dr. Goicoechea, yo que me las daba ya de experta, fue que se me encendió la bombilla. Pero, diréis ¿por qué pasa esto? Porque un padeciente crónico es el que mejor informado está, al día, de todos los” avances sobre la migraña”, y sin embargo, no sabe nada, nunca han sido capaces los especialistas de explicarle cuál es la causa y cómo se origina la susodicha migraña. Tan solo le han medicado y le han dicho que tiene que empujar la piedra durante toda su vida, sin saber porqué. Entendí que todos los especialistas del dolor no sabían nada de dolor, valga la redundancia.
Todo lo que se explicaba en el libro sobre los desencadenantes, tenía cimientos de racionalidad. Resulta muy fácil comprender e imposible de rebatir con argumentos biológicos y médicos, por ejemplo, que el sol no puede afectar a la cabeza, tal y como se expone en el libro del Doctor.

Inmediatamente, tras concluir una primera lectura, descubrí con dichos conocimientos que era evidente que lo de antes solo me había llevado a un círculo vicioso. Por ello, si sopesamos qué nos han dado hasta ahora, y lo que se nos brinda  a través de la neurobiología, la balanza ya empieza a inclinarse.
Es cierto, que esta labor de sopesar fue inconsciente, ni tan siquiera me había dado tiempo, cuando ya había puesto en práctica los conocimientos.

2) Querer salir de la espiral con el convencimiento de habitar un organismo sano. No hay necrosis.

Como decía y ya comenté en otras ocasiones, me fui de carnavales con amigos y familia. Tenía dolor, falta de equilibrio, mareo, falta de coordinación en el habla y movimientos (para no variar). Pero me dije a mí y los de mi confianza, que pasara lo que pasara no iba a hacer lo que había hecho hasta entonces. Me iba a quedar, y dialogando también con mi cerebro, le dije: “me da igual lo que me presiones, no vas a tener pastilla ni cama.”

Dejé a mi médico de entonces, y además dejé toda la medicación (al menos tres preventivos y cuatro fármacos más y el correspondiente triptan). No voy a negar que, a pesar de que ya había empezado a conseguir logros inalcanzables antes para mí, como lo de soportar 10 horas enteras de carnaval habiendo salido con migraña, lo de dejar los preventivos me daba un poco de miedo al principio, ya que iba en contra de lo que me habían dicho durante años.


No obstante, a pesar de estar tan lejos del Dr. Goicoechea, su ayuda fue inestimable.

Así que después de asimilar los conocimientos, solo queda ponerse manos a la obra, ponerlos en práctica. Ya sabía que existían dos sistemas de defensa, el inmune y el nervioso, con sus dos componentes, congénito y adquirido. Y que si bien no podíamos modificar el componente congénito sí podía hacerlo con el adquirido; la memoria en este caso es moldeable, es plástica. Sólo tenía que introducirle otro conocimiento válido y racional; hacerle ver al cerebro que no pasaba nada cuando él veía peligro y me mandaba señales de dolor, y que haciendo exactamente lo contrario él dejaría de ver el peligro, ya que evidentemente el organismo no está siendo atacado, no hay inflamación, no hay necrosis. Por tanto, no debía hacerle caso.

Así, creo que la cuestión fundamental está en el convencimiento de habitar un organismo sano, lo cual conseguí a través del Dr. Así además, recuperas la seguridad, y comienzas a proponerte objetivos. Entiendo que sin malinterpretar ni mezclar conceptos biológicos (fisiológicos, neuronales) con psicológicos, resulta muy clarificador y eficaz tratarla como una fobia cerebral, del cerebro y no del Yo.


3) Recordar que el dolor no lo provoca la persona, y que en determinados momentos, los circuitos neuronales, pueden volver a hacer saltar la alarma.

Y así sucedió, sin más, se produjo el cambio: cambio en el conocimiento y como consecuencia en mi actuación.

 Sin embargo, puede llegar la “recaída”, que como se dice en el libro aún será más dura. A mí me llegó a los 5 meses. Y te derrumbas, porque el miedo del dolor te vuelve a contagiar a ti como persona. Y te dices: si pienso lo mismo que antes ¿por qué? Bueno, eso lo explica mejor el dr, con la memoria de los circuitos neuronales.

La cuestión es que hay que aguantar, estés haciendo lo que estés haciendo. No darle tregua: “ni una pastilla, ni acostarme”. Es más, estaba estudiando mis oposiciones para judicatura y tenía que exponerle los temas a mi preparador, con el tiempo justo, pero seguí estudiando. Aunque no estudiaba muy bien porque me apretaba, tanto el dolor como la descoordinación, para que dejara de hacerlo. Sé que suena brutal estudiar así, pero al menos hay que intentarlo ya no por el estudio, sino para hacerle ver al cerebro que por mucho que apriete no va a conseguir el despropósito de que dejes de hacer una tarea inofensiva. Así, de esta manera, no es que despareciera sin más al instante, hay que trabajar, poner racionalidad, con el convencimiento siempre de que no está pasando nada en tu cabeza y que manteniéndote firme y tranquila, pasará.  Al día siguiente ya estaba recuperada y de fin de semana. Pienso que si hubiera sucumbido en ese momento, cada vez que fuera al preparador me la habría jugado la memoria neuronal, hubiera tomado nota “cerebrín”.

Puedo decir que mi opinión es mucho más modesta, desde el ámbito científico, que la de otros asiduos del Blog, pero no desde el empírico. Por ello, entiendo que no se trata de una teoría, sino que los conceptos expuestos en este blog están probados como eficaces, pero no ya “porque el experimento haya salido bien o porque haga una mejor predicción”, sino porque desde mis mínimos conocimientos en este campo junto a los conocimientos que he ido adquiriendo leyendo a Lorimer Moseley y Butler, así como otros estudios del cerebro, creo que los conocimientos expuestos en este blog se adecuan por completo al funcionamiento del cerebro descubierto hasta el momento.

Y ya, en mi caso concreto, me han ofrecido "teorías" de todas clases durante 12 años, y créanme ninguna funcionó ni por un momento. Tan solo saber que no está sucediendo nada en tu cabeza, y que conforme a la biología del dolor, está demostrado que ninguno de los desencadenantes supuestamente migrañosos justifica un dolor de cabeza para mí fue suficiente. Evidentemente el componente emocional está siempre presente por lo que ser una persona positiva creo que ayuda, pero solo para tomar la decisión de librarte de toda la “información anterior”, para soltar las amarras.

Por ello con esta entrada os propongo una invitación a apartarnos de las prácticas y creencias que si bien alguna vez nos han aliviado, nunca nos habían quitado el dolor ni el miedo a una vida empujando una piedra que luego iba a volver a caer. Os propongo conocer el origen de vuestro dolor y que se lo contéis a vuestros allegados. Es bueno tener alguien a tu lado que te apoye. Ahora yo me indigno con todas las falacias sobre el dolor que gratuitamente se nos ofrecen. En cualquier consulta en un centro de salud, el médico suele decir: “claro,  te duele la cabeza porque tienes o vas a tener la menstruación. Y el padeciente con nuevos conocimientos podría decir: “¿Me podría ud. explicar que es lo que le está sucediendo a mi cabeza para que duela?”




Lourdes Blanca
5 de noviembre de 2010.

lunes, 1 de noviembre de 2010

El "milagro" de Lurdes



Lurdes es una ex-padeciente de migraña, fibromialgia y dolor crónico en un pie. Le conocí en un taller sobre dolor en el que intervinimos mi hija Maite (fisioterapeuta) y yo. Se me acercó al final de la exposición y solicitó una consulta conmigo y mi hija. 

Lurdes es la padeciente ideal. Desde el primer momento captó los conceptos y las propuestas para salir del atolladero. Le pedí que escribiera algo para facilitárselo a otros padecientes.

Esto es lo que escribió:



Cómo hice para darle la vuelta a la tortilla

                                                                                                         Lurdes Sacristán 
            
En primer lugar, me atrapó el mensaje claro, directo y científico. Me ayudó saber que mi cerebro y yo NO SOMOS  LO MISMO, y que él tiene opiniones propias acerca de todo lo que recibe, tanto del interior como del exterior del cuerpo y, de hecho, toma decisiones contínuamente por su cuenta, en un afán de protegernos del “hostil” mundo exterior.

            Me ayudó que se reconociera que mi dolor era REAL, FÍSICO y AUTÉNTICO. Me fascinó comprender lo que significa el dolor, su valor para mantener la integridad de nuestro organismo, conocer el sentido del daño, la implicación del cerebro en la producción del dolor y la fundamental importancia de las neuronas.

            El mensaje es muy claro: se trata de poner cordura en un cerebro que se ha vuelto paranoico y ve peligros en todas partes, así que él decide mantenernos a salvo encerradas en casa y poniendo límites cada vez más estrechos a nuestra actividad. Si no respetamos esos límites, el castigo es automático; nuestro cerebro se ha convertido en una especie de “madre” sobreprotectora, miedosa y obsesiva, que reparte castigos cada vez más duros y enloquecidos.

       Cuando tuve claras las cosas decidí tomar las riendas; lo primero fue aceptar la realidad y reconocer que mi cerebro estaba actuando peligrosamente en su afán protector. Mi cerebro estaba equivocado, y yo también. Ambos compartíamos la creencia, la convicción de que mi organismo era débil, estaba agotado, enfermo, y era ineficaz para el movimiento, por supuesto también creíamos que el dolor, cansancio, migrañas y el resto de síntomas no iban a desaparecer jamás,eso es lo que los expertos nos habían enseñado una y otra vez,

        Anteriormente, yo ya había conseguido un punto importante a mi favor, había recuperado mi autoestima adelgazando los 20 kilos que se me habían incorporado casi sin enterarme. Además de sentirme torpe y pesada, mirarse en el espejo era horrible. Un día dije basta, y empecé a responsabilizarme de comer con sensatez, alimentarme  de forma equilibrada y sana(no fue difícil) y quemar más calorías haciendo ejercicio. Lo hice de forma lenta, con un plan a medio-largo plazo que sigo llevando adelante para mantenerme en mi peso. En cuatro años adelgacé esos 20 kilos, y gracias al ejercicio continuado, mi cuerpo ha recuperado no sólo su tamaño sino también un estado físico estupendo.

         El ejercicio físico resultó ser sorprendentemente eficaz para sentirme bien, así pues, me movilicé y me concentré en mejorar mi estado de forma física. Cada día me iba sorprendiendo a medida que lentamente ganaba flexibilidad, coordinación, agilidad... Poco a poco iba reconciliándome con la imagen del espejo.

         Inicié el proceso en grupos especiales de ejercicio para gente con Fibromialgia. Continué en casa incorporando rutinas diarias, y empecé a bailar. El baile me enganchó de tal forma que aproveché el tirón para dar un paso más: buscar unas clases con una buena profesora y gente “normal”. No sabía si sería capaz de aguantar una hora y media y seguir su ritmo. Esto fue importantísimo para mejorar, aunque es verdad que la penalización que imponía mi cerebro ante tamaña “barbaridad” era dejarme fuera de combate durante el resto del fin de semana. Eso no me hizo renunciar, por el contrario vi que podía seguir las clases cada vez mejor, y eso me hizo sentir muy contenta conmigo misma.

            Salir de un grupo especial de gente con Fibromialgia y dar el salto a otro con gente “normal” me hizo mucho bien. No estoy en contra de estos grupos, es más, fueron fundamentales para ponerme en marcha, pero si no hubiera dado el salto, me habría estancado, ya que el nivel de exigencia es muy bajo; podría decirse, sin ánimo de ofender, que la mayor parte de las veces es “ejercicio de juguete”.

            Si me hubiera conformado con lo poquito que hacía y no hubiera intentado superar mis limitaciones, habría perdido la oportunidad de darle al cuerpo mayores cotas de libertad y de proporcionarme sensaciones agradables. Digamos, pues, que el baile es mi motor, mi gran motivación, y estoy convencida de que cada uno de nosotros tiene dentro “algo” a lo que agarrarse, por lo que tirar adelante.

            Es esencial tener una gran motivación personal para salir a flote, descubrir a los 44 años que la danza me encantaba y darme la oportunidad de aprender, asistir a clase y disfrutarla fue de lo más gratificante. Al principio me parecía una locura, yo, hecha un bloque congelado, sin flexibilidad y con los pies doliendo sin piedad, perdía el culo por ir a clase a bailar los sábados.

            ¿Por qué alguien que tiene los pies declarados zona catastrófica y un cuerpo castigado por la Fibromialgia se lanza a la locura de bailar, en estas condiciones? Porque me encanta. Así de sencillo. Me hace levantarme de la cama con ilusión, disfruto aprendiendo y bailando como nunca hubiera imaginado.

            He tenido la suerte de poder preguntarme a mí misma cómo me gustaría que fuera mi vida; gracias a la Fibromialgia yo estaba varada en casa, sin poder trabajar pero con tiempo y espacio para dedicarme a mí misma. Así me convertí en la prioridad Nº1 de mi lista. Decidí recuperar a Lurdes, y darle la oportunidad de ser feliz, con las pequeñas cosas, a disfrutar con mi marido, con mis amigos, con la familia, y por supuesto, conmigo misma, haciendo cosas que me hacen sentir bien, como bailar.

            No estaba dispuesta a dejarme arrebatar más cosas por la Fibromialgia y la artrosis. Una cosa tenía clarísima: el dolor estaba siempre presente, tanto si hacía ejercicio y me movía, como si estaba todo el día tirada en la cama o el sofá. Así pues, decidí moverme. Las penalizaciones no me asustaban y, de hecho, prefería ser castigada por haber hecho algo que ser castigada sin motivo.

            Cuando comencé la reprogramación neuronal y mi cerebro y yo conseguimos información de calidad y coherente de la mano de Goicoechea, lo primero que sucedió fue que tuve la convicción total de que lo que oía era absolutamente cierto, lógico y científico, y lo mejor era que  se podía llevar a cabo y yo quería hacerlo. Tomé la decisión de ir a por ello sin fisuras, y sin dar lugar a la duda . Decidí curarme, ir hacia delante sin mirar atrás .Arturo y Maite no dejaron de animarme y me sentí arropada, escuché atentamente sus mensajes, me abrí a las nuevas realidades.

            ¿Cómo? En primer lugar, tuve que reconocer toda la basura de información que nos inundaba a mí y a mi cerebro. Esto, por supuesto, significó que me sintiera bastante estúpida, pero también me produjo un inmenso alivio saber que mi cerebro sólo estaba equivocado, que no tenía ninguna avería y la situación era reversible.

            Siguiente paso:  sacar la basura a la calle. Y en su lugar, colocar todo este nuevo conocimiento. Esto me ayudó a liberarme de gran parte del miedo, eterno compañero, y a ser valiente.

        Comprendí que reafirmándome continuamente en mis nuevas convicciones (hablando de ellas, pensando en ellas, leyendo los folios de Arturo, los libros que me ha prestado...), conseguía que se instalaran rápidamente en mi cerebro y así empezaba a funcionar desde ellas y a obtener resultados alentadores, desde los primeros días. Ahora que están completamente establecidas (sigo reafirmándome), tengo una perspectiva diferente de todo: del mundo, de la vida, de mi esquema corporal, de mis capacidades físicas, de los procesos fisiológicos de mi cuerpo, de mi movilidad y de mi identidad.

            Arturo y Maite me enseñaron a andar y a moverme sin miedo, a desconectar la alarma del dolor, esto, además de ser un grandísimo alivio, me reafirmó cada día más en mis nuevas convicciones y  me abrió un mundo entero de posibilidades. Como consecuencia, aprendo a ver mi cuerpo con otros ojos,  veo en el espejo un cuerpo armonioso y perfectamente válido y capaz de moverse con soltura, sin restricciones dolorosas y sin penalizaciones. No sólo eso, también es fuerte y ligero. Instalo en mi interior la imagen del espejo y dejo marchar la vieja imagen de Lurdes enferma, pesada e incapaz.

            Me ha ayudado muchísimo la visualización, tanto para cambiar la  imagen de mi esquema corporal como para aprender nuevos movimientos; es decir, primero me imagino haciendo un movimiento de manera fluída y armoniosa, y luego simplemente lo convierto en realidad, tal y como me han enseñado.

            Mi cerebro y yo hemos hecho un pacto de colaboración, de buena fe. Los dos queremos lo mejor para Lurdes. Me siento optimista porque el futuro ha pasado de ser negro a ser lo que yo quiera. Tengo muchísimas ganas de vivir y disfrutar. Por primera vez, me siento a gusto en mi propia piel. La mujer del espejo me encanta.

            Me apena ver a personas que aprecio instaladas en el dolor, siento rabia e impotencia, muchas veces porque me gustaría ayudarlas, y no puedo. Sólo puedo contar mi proceso, transmitir esperanza e ilusión. Pero me doy de narices contra un muro infranqueable la mayor parte del tiempo.

            No soy un bicho raro, no me han lavado el cerebro, ni tengo superpoderes, tan solo he salido de la trampa, he visto una puerta y la he cruzado, he saltado al vacío pero con una inmensa red. Este conocimiento ya es suelo firme. No he querido seguir agarrada a una realidad nefasta y falsa, sí, falsa. ¿Por qué defender un sistema de creencias que te hace sufrir y no te da más que infelicidad? Por más médicos que lo proclamen como verdadero, no lo es. Es fundamental la importancia de las creencias personales acerca del mundo, de la salud, del cuerpo, de nosotros mismos. Te proponemos soltar esa realidad en la que vivías hasta ahora, y que te embarques en esta aventura de recuperar tu vida con buena información.

            Si te estás ahogando y te lanzan una cuerda, agárrate. Si está atada a una base firme, resistirá y te salvarás. Pero el esfuerzo de salir a flote necesariamente lo tendrás que hacer tú (aunque pueden empujarte otros si les dejas). Sólo necesitas saber que eres capaz de hacerlo, y sin vacilar, iniciar el ascenso. ¿Quieres salir del pantano?  Créelo, ¡puedes hacerlo!, asi que, HAZLO.





lunes, 25 de octubre de 2010

Doctor, ¡tengo miedo!



M.Sol del Val 
Psicóloga. Col. M 16624
Experta en duelo e intervención en crisis




-Dr., estoy desesperada, ¡deme algo para el miedo!.
-Ya sabe: no se mueva, no coma, no beba, no se vaya de juerga, no duerma poco ni mucho, no se disguste, no trabaje demasiado. Vive en un organismo débil, muy sensible, necesita de múltiples cuidados.
-Pero, ya hago todo eso y no desaparece, cada vez es mayor, se ha convertido en una pesadilla. Tiene que haber alguna solución.
-Ya le hemos administrado todas las terapias conocidas. No sabemos qué hacer con usted. Se ha convertido en una miedosa crónica. Algo no ha hecho bien.


La paciente abandona la consulta con el miedo a las espaldas y la mochila de la culpabilidad cargada hasta los topes. Quizás la salida de la consulta habría sido distinta si el experto hubiera comenzado por contar la historia desde el principio... 

Una fobia es un temor irracional compulsivo, algo que experimentamos en un momento determinado de nuestras vidas condicionado por numerosos factores (personalidad previa, aprendizaje, experiencias,  estilos de afrontamiento…)

Hay fobias de múltiples y variados tipos, para todos los gustos. Todas se sustentan en el temor exacerbado a que algo catastrófico ocurra. Todas comparten el componente irracional de dispararse ante estímulos aparentemente inofensivos que  no revisten peligro real para el organismo que los percibe. En ocasiones todo el cuadro fóbico florece ante la percepción consciente de un objeto, situación, persona… pero en otras ocasiones la señal de salida se produce por algo que no percibimos conscientemente. Algo que vemos como por el rabillo del ojo.

En el caso de la migraña hay multitud de estímulos, a veces conscientes y a veces no, que desencadenan y hacen que salte la alarma y el cerebro mande, al organismo en el que reside, el mensaje de que es necesario protegerse (como en el caso de una fobia). “Algo” terrible va a suceder si no hago “algo”. El organismo se ve así prisionero de una conducta que lejos de hacer que domine y controle más y mejor la situación le suma en un ritual de evitación que en  la mayoría de las ocasiones sigue los dogmas propuestos por los expertos pero que siempre lleva aparejado una lista innumerable de acciones, creencias, pensamientos y emociones que configuran la “migraña personal”.

Cada cual tiene su ritual de evitación, justificado por la negativa a enfrentarse con la situación temida y por el miedo que supone perder el control.

La evitación es un instrumento perfecto al servicio del miedo y de la perpetuación de la  fobia. No hay nada peor que evitar. El monstruo se hace cada vez más grande, los fantasmas acechan a cada paso que se da, llegando a producirse un estado de indefensión que lo acapara todo. Toda la vida gira en torno a “ello”. Todo se explica en función de “ello”, todo está condicionado a que “ello” pueda aparecer. Dejamos de decidir, de elegir, de disfrutar, todo lo miramos con las gafas de madera del miedo.

Todo lo que creemos que nos sirve para romper el hechizo y recuperar el control se convierte en una adicción. No podemos vivir sin esa bolsa repleta de cosas que tenemos la convicción de que nos ayudan: el calmante, la oscuridad, el frío en la sien, el recogimiento, la coca cola, meter los pies en agua fría, meter la cabeza debajo del grifo o bailar una sardana a la luz de la luna. El cerebro nos pide más, cada vez más. No se sacia nunca, nunca está satisfecho, nada es suficiente. Las migrañas se hacen más intensas, más frecuentes, igual que en cualquier otra fobia. El miedo irracional sobredimensionado se instala y echa raíces. Cada vez son más los estímulos evitados, cada vez son más complejos los rituales para romper la maldición. A pesar de todo nada funciona. La culpabilidad se instala en el individuo, acrecentada y nutrida por la voz de los expertos. 

Un día en una revista especializada encontré la reseña de un libro. De su mano el descubrimiento de este blog y con ello lo que me ayudó a no tener miedo, a romper el círculo fóbico-adictivo de la migraña. Desde mi experiencia y el aprendizaje inestimable que encontré con la pedagogía del Dr. Goicoechea creo que estas son algunas de las claves:

- Reprocesar la información. Cambiemos los viejos paradigmas acerca del dolor por conocimientos nuevos.
- Desensibilizar. Para ello hemos de desarmar y dejar sin poder a lo que consideramos “desencadenantes”. Comamos chocolate, bebamos vino, dejemos que el viento del sur nos de en la cara, durmamos poco o mucho, trabajemos con el ordenador, enfadémonos y, en fin, actuemos, decidamos, elijamos.
- Afrontar con coherencia. Si nuestra nueva creencia (basada en información nueva) es “nada está pasando en mi cabeza” es necesario hacérselo saber a nuestro cerebro y el único modo es ACTUAR: levantarse, debatir, apagar las alarmas, seguir el ritmo, no dejarse amedrentar y no evitar.

No es fácil, no es mágico, te hace salirte de lo establecido, produce no pertenencia a un grupo de afectados, crea al principio una sensación de estar en el trapecio sin red, es un proceso, requiere de paciencia, tesón y perseverancia pero tiene unos efectos secundarios sin parangón: te devuelve el control, te permite disfrutar de pequeñas cosas que habías abandonado hace años, disuelve el miedo.
      
-Dr, me voy más ligera, ahora entiendo todo…