| Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología. | We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology. |
martes, 25 de enero de 2011
Ser o estar... esa es la cuestión
jueves, 28 de enero de 2010
Nacidos para copiar

domingo, 6 de diciembre de 2009
Sensibilidad biológica al contexto

sábado, 5 de diciembre de 2009
Sostienen los neurólogos...
Sostienen los neurólogos que la migraña es una enfermedad cerebral orgánica, de origen genético.
El cerebro de un migrañoso, dicen, es de condición genética hiperexcitable y eso hace que se dispare un (supuesto) "generador de migrañas" escondido en las profundidades del sótano cerebral. Basta un "desencadenante" de los cientos descritos...
Sostienen los neurocientíficos que las creencias y expectativas pueden activar y mantener dolor en ausencia de daño. Las modernas técnicas de neuroimagen así lo confirman.
Dado que las expectativas y creencias son importantes, bueno sería registrárselas a los migrañosos para ver si las que operan en la red pudieran estar implicadas en el encendido de los misteriosos disparos del "generador".
Sostienen los neurólogos que disponemos de fármacos específicos para abortar una crisis de migraña.
No aportan ninguna prueba de que la migraña tenga alguna peculiaridad bioquímica que sea exclusiva de ella y no sea compartida, por ejemplo, con una ciática o un dolor de muelas.
Sostienen los neurocientíficos interesados en el efecto placebo que la administración oculta de un analgésico es muy poco efectiva.
El efecto placebo, dicen los investigadores, es un efecto creencia.
Sostienen los neurólogos que deben identificarse los desencadenantes y evitarse.
Habitualmente los pacientes no identifican desencadenantes a pesar de que los buscan con ahinco.
Sostienen los neurocientíficos que la red neuronal es plástica y que nuestras creencias y expectativas pueden ser modificadas a lo largo de toda la vida.
Puede que si existieran creencias responsables del encendido del generador, si consiguiéramos modificarlas, se acabarían los problemas.
Sostienen los neurólogos que debe tomarse el calmante precozmente ante cualquier asomo de crisis.
Es frecuente que los pacientes acaben tomando calmantes precozmente a diario porque el dolor les obliga a hacerlo para encontrar un respiro.
Sostienen los neurocientíficos que el efecto placebo activa los mismos circuitos neuronales que la morfina administrada desde fuera.
Un buen efecto placebo se consigue con un buen engaño.
Sostienen los neurólogos que si la migraña se hace diaria ello es debido al uso abusivo de analgésicos.
No queda clara, por tanto, la conveniencia de la toma sin remilgos ni demoras de los calmantes, visto lo visto...
Sostienen los neurocientíficos que la cognición (lo que damos por bien sabido) está socializada y que nuestro cerebro construye convicciones según contenidos y recomendaciones de la sociedad en la que vive.
Somos imitadores compulsivos y los mismo copiamos el hábito de fumar que el de tomar clamantes.
Entre lo sostenido y mentado por los neurólogos no hay referencia alguna a lo que los neurocientíficos nos van desvelando sobre procesos básicos cerebrales, por ejemplo, dolor...
Los neurólogos sólo hablan de genes y desencadenantes. Nada de neuronas espejo, aprendizaje social, sistema de recompensa, placebo-nocebo, copia eferente..., necrosis-apoptosis...
Los neurólogos no tienen miedo a lo que creen y predican...
Los neurólogos tienen 10 veces más migraña que la población con creencias migrañosas más tibias...
Los neurólogos creen que esto de las creencias es filosofía.
Lo sostenido por los neurólogos... tiene bemoles...
martes, 24 de noviembre de 2009
¿Dónde están los genes y los desencadenantes?

martes, 20 de octubre de 2009
El talón de Aquiles

Compartimos genes, enzimas, proteinas, neurotransmisores y neuromoduladores con todo tipo de bichos vivientes. Nuestra química es la química de cuanto se mueve y siente.
No encontraremos las causas de nuestra perra vida en unos genes que contienen la receta del sufrimiento ni en unas serotoninas desvaídas que se vienen abajo al primer contratiempo vital.
Los ratones de laboratorio preparados genéticamente para desvelar las claves del desánimo se deprimen porque son sometidos a unas condiciones de vida infraratoniles, no porque tengan unos genes de la proteína transportadora de serotonina que marcan su infeliz destino.
Las fórmulas genéticas para sobrellevar la existencia son diversas e igualmente válidas como lo son las condiciones del entorno en el que aterrizamos.
Es la interacción compleja entre ambas diversidades (genes y entornos) la que nos dará la probabilidad de sufrir o disfrutar.
Nacer con un determinado polimorfismo genético de la COMT (enzima que metaboliza la dopamina y noradrenalina) no condena a nadie (ni a su descendencia) a padecer fibromialgia.
No existe la genética del sufrimiento en ausencia de enfermedad demostrable como tampoco existe la genética del jugador de baloncesto ni del ajedrecista.
Al igual que sucede con los desdichados ratones de la Ciencia, manipulados genéticamente para hacerlos más vulnerables frente a un entorno diabólicamente estresante, los individuos nacidos con determinados patrones neuroquímicos sólo serán desgraciados si el entorno contiene los ingredientes necesarios y suficientes para esa dotación genética.
La genética supuestamente marcada para sufrir probablemente contiene también ventajas para el disfrute. Todo dependerá de lo que se cueza fuera.
Se produce un alborozo compartido entre profesionales y pacientes cuando se publica una variación genética estadísticamente significativa en grupos de sufridores que "abre una puerta a la investigación de nuevos fármacos...".
Todos los seres vivos tenemos un punto flaco, una genética que nos hace vulnerables frente a alguna condición del entorno.
Homo sapiens (ma non troppo) ha querido evitar los puntos flacos y se ha construido una guarida con grifos, frigoríficos, calefacción y aire acondicionado, a salvo de todo tipo de inclemencias y carencias. A pesar de ello coge fríos y reumas que enmohecen huesos y juntas y sus músculos no pueden con el liviano peso del alma.
Dicen los científicos que las serotoninas, dopaminas y noradrenalinas no tienen el punto debido en el genoma y que al entorno le han crecido "desencadenantes", misteriosos seres que desenmascaran esa levedad genética que se quería proteger.
Las guaridas de los sapiens (m.n.t.) se han dotado de armaritos con Prozacs, Ibuprofenos, Omeprazoles y Dogmatiles para paliar las carencias somáticas.
Sapiens (m.n.t.) está mareado, dolorido, exhausto y desanimado. Para afrontar la vida moderna hacen falta nuevas serotoninas y dopaminas. La selección natural no ha previsto nada para la sociedad del bien-estar. Realmente la selección no prevee, se limita a seleccionar entre lo que sobrevive y procrea en el entorno que toque y lo que ahora toca es un entorno garantista, no sabanas con leones.
Puede que los humanos necesitemos ese punto de adversidad necesario para madurar. Puede que hayamos esterilizado demasiado el entorno. Quizás debamos volver a poblarlo de parásitos, corrientes de aire, fríos, rasguños y coscorrones.
Puede que nuestro talón de Aquiles esté en el talonario que provee de todo...
miércoles, 15 de julio de 2009
Complejidad y simplezas

Buscamos siempre las explicaciones sencillas, claras, comprensibles, coherentes con la apariencia (y conveniencia) de las cosas. Tejemos cadenas lineales de causas y efectos. Necesitamos teorías simples en las que encajen nuestros sucesos.
Si A precede a B... A es la causa de B.
Si ha sucedido A y andaba por allí B... ha sido B el causante
Si al añadir A a B, B desaparece... A ha eliminado a B.
Si A y B forman parte de C... C es la suma de A y B y algún otro componente pendiente de ser desvelado.
No nos gusta que las cosas se muevan. Las preferimos estáticas, inamovibles, consolidadas en la posición debida: ¡para quieto! ¡siéntate bien!
Nos encanta la visión redonda de la realidad, las bolitas. Los átomos, los genes, los neurotransmisores... son bolitas, unidas por palitos, ensartados en un hilo o encajados en receptores cóncavos.
Las membranas celulares son simples paredes con cerraduras y buzones para abrir puertas y recoger la correspondencia.
Siempre debe estar un chivo expiatorio de guardia para asumir la responsabilidad de cada inconveniencia.
- El dolor es un proceso complejo. No siempre podemos encontrar un clavo en el zapato para explicar la molestia del talón...
- Explíquemelo de forma sencilla, que lo entienda...
- Sus pies son normales. El problema está en el cerebro. Cree que sus pies son vulnerables. Es como si le pusiera un zapato con un clavo para evitar que usted ande y se produzca alguna avería...
- Eso es muy complicado. ¿No me puede hacer una radiografía para ver si tengo algo donde me duele?
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Los ciudadanos están dispuestos a aceptar explicaciones que relacionan el dolor con el cerebro...sólo si el dolor es en la cabeza, por aquello de que la cabeza duele por "los nervios" y "los nervios" tienen que ver algo con el cerebro, que, a su vez, está en la cabeza. Los pies pillan muy lejos de la cabeza. Están en las antípodas. ¿Cerebro y pies? ¡Venga ya!
Las peroratas sobre cerebro y dolor se traducen libremente a afirmaciones que nunca se hacen o que, incluso, se critican:
Es difícil pelear contra la imagen de un "espolón" pinchando el talón y el argumento contundente de que hay que quitar el clavo interno para que deje de doler.
Acabo de leer unos artículos de Science que describen el movimiento incesante de las proteínas, variando su comformación entre varios estados posibles en un marco o "paisaje" de energías, a frecuencias y amplitudes variables, siempre en relación con los toques de proteínas y otras moléculas vecinas. !Así no hay quien investigue¡ Alguien tendría que decirles a las proteínas que estén quietas...
Las proteínas son entidades vivas, evolutivas, sometidas a constante variación y selección por los avatares de su interacción con la vecindad molecular. Existe la sociología molecular, la red de interacciones complejas entre las moléculas.
Genoma, transcriptoma, proteoma, metaboloma, ambientoma, memoma, interactoma, fluxoma...
La migraña no se escapa del furor de lo simple y redondo. Sostienen los neurólogos que es una enfermedad producida por uno o varios genes-bolita. Cuando los descubramos, tendremos fármacos a medida para cada paciente.
jueves, 11 de junio de 2009
Aura migrañosa
En 1944 el investigador brasileño Aristides Azevedo Pacheco Leao estaba investigando en Harvard la propagación de la actividad epiléptica en la corteza cerebral de conejos. Colocaba unos electrodos de registro a lo largo de la superficie cerebral y procedía a estimularla en un punto. Esperaba que con el estímulo se produjera una actividad eléctrica aumentada que luego se propagaría a lo largo de la red donde oportunamente había colocado los electrodos de registro. Ante su sorpresa lo que se propagó no fue una hiperactividad sino un apagón. La zona excitada, tras un chisporroteo inicial, se silenciaba y ese silencio se iba propagando a una velocidad fija por las conexiones de las neuronas vecinas. Un barrio cerebral se había ido quedando progresivamente sin luz. Al cabo de un rato esta volvía, primero por donde se había iniciado el apagón y más tarde siguiendo el camino de propagación previa de la onda de oscuridad.
Leao fue consciente de que aquello quería decir algo y se lo comunicó, excitado, al jefe quien no hizo el menor caso. El cerebro del conejo estaba a la vista y al investigador brasileño le llamó la atención que tenía un color escarlata, es decir, con sangre bien oxigenada. Eso le hizo desechar la hipótesis de que el apagón era por falta de alimento a las neuronas. Puede que Leao fuera migrañoso y el apagón y su progresión le sugirió también que podía explicar el fenómeno migrañoso del aura.
Leao era naturalista, observador curioso y libre de los hechos. Ello le permitió captar un dato, hacerse preguntas y proponer hipótesis. Los neurólogos, en cambio, estaban atrapados en el llamado pensamiento diatésico, en la explicación de todo por un mecanismo universal, de moda. En aquella época era lo circulatorio. Todo era una cuestión de vasodilatación-vasoconstrición. Los fármacos antimigrañosos eran eficaces porque imponían el calibre arterial deseado: el aura aparecía porque una arteria se constreñía y el dolor porque se dilataba. El objetivo del remedio para el dolor era claro: evitar la dilatación.
Actualmente, casi unánimamente, se admite que el apagón se produce por un calentón neuronal local. Leao conseguía el calentón toqueteando la corteza directamente. ¿Qué es lo que dispara, en la migraña, la chispa inicial causante del apagón en el barrio? Los neurólogos siguen sosteniendo la tesis de los genes, los responsables de crear un estado de hiperexcitabilidad cortical.
En la consulta utilizo una metáfora doméstica para explicar el aura: imagine una ciudad con tiendas de ultramarinos. Cada día los ciudadanos van a proveerse de alimentos y, habitualmente, los encuentran. El comerciante repone el aceite en función de los consumos habituales y, generalmente, no falta. Supongamos que se rumorea que va a subir el precio de forma notable y que ese rumor tiene éxito en un barrio. Al instante los ciudadanos harían acopio de aceite antes de que suba y se produciría un desabastecimiento que iría extendiéndose por toda la ciudad. Tras la onda de desabastecimiento vendría la onda de reposición.
La corteza cerebral migrañosa es hiperexcitable como todas las cortezas. Para ello sólo necesita cuestiones excitantes. Cuando algo relevante sucede, la corteza se excita, evalúa el suceso, responde y cuando cesa el evento se apaga. Cuando va a faltar aceite cada ciudadano se excita, va a por otra botella y recupera la calma. El problema son las expectativas y el contagio social. La red neuronal es chismosa, agorera e influenciable. Los bulos culturales pueden encontrar en cualquier momento acogida en un grupo neuronal incauto y alarmista e iniciar la propagación del rumor de la subida del precio del aceite. La onda de preocupación se extiende...como una mancha de aceite, claro. El aura está servida.
La migraña plantea el dilema de los genes (nature) y/o la crianza (culture). Es una cuestión absurda: es como plantear el dilema de si el agua es oxígeno o hidrógeno.
Los genes humanos determinan una corteza excitable, imitadora, enculturizable. Hay genes más proclives a la vigilancia y otros más a la aventura. Ninguna genética determina la aparición espontánea de auras ni dolor. Sin embargo la cultura, sus contenidos, pueden encender agrupaciones neuronales, generar excitabilidad no justificada y propagar por la red expectativas que generan un consumo de corriente superior al que las baterías neuronales pueden afrontar.
No haga caso de los bulos migrañosos. Mire lo que les pasa a los neurólogos por hacerlo...
martes, 5 de mayo de 2009
Maniqueismo

Aunque se supone que el Maniqueismo desapareció definitivamente allá por el siglo XIII sigue persistiendo en nuestro tiempo su Espíritu con muy buenas trazas, manifestándose a través de la irreprimible tendencia a clasificar seres y cosas en buenas y malas.
miércoles, 22 de abril de 2009
Los neurólogos felices
Los que ya hemos dejado de peinar canas por la calvicie, entendíamos que el tratamiento individualizado consistía en aproximarnos a la persona. Eso ya está superado. La individualización la tenemos perfectamente localizada en el genoma y para conocer al paciente bastará con pedirle su tarjeta genómica y proceder de inmediato a facilitarle su correspondiente fármaco, también individualizado.
Los neurólogos proclaman que disponen actualmente de "un amplio arsenal terapéutico" que permite contener a los espíritus migrañosos en sus celdas (estén donde estén) y poderosos y modernos (y carísimos) fármacos que atajan eficazmente el desvarío químico si el espíritu se ha escapado y anda desatado, neutralizando (no se sabe bien ni dónde ni cómo, una vez fallecida la teoría vascular) el desorden creado.
La autocomplacencia en las nuevas armas ha generado un loable espíritu bélico en las últimas décadas: Alianza Mundial contra las Cefaleas, Declaración (de guerra) de Roma sobre la migraña, Campaña Mundial contra la Migraña; "aligerando la carga", Plan de Acción en la lucha contra la Migraña...
El problema es que se disparan las nuevas armas sin descanso pero no se sabe dónde está el enemigo. Así nunca se gana una guerra.
Se investiga hasta en los libros de Harry Potter y, como se temía, se encuentra la migraña en la cabeza del mismo Harry, desencadenada por la presencia "del que no puede ser nombrado". Un sesudo estudio de los paladines de la lucha contra la migraña permite, tras denodados esfuerzos dignos de mejor causa, desenmascarar a los dolores de cabeza del pobre Harry: tras un minucioso análisis de sus características según los criterios de la Asociación Internacional para el estudio de las Cefaleas: los dolores de cabeza de Harry son migrañas. Es más, han dado con la clave: Lord Voldemort es !un desencadenante¡
El ardor guerrero de los neurólogos ha dejado heridas de guerra. El porcentaje de migraña en los neurólogos se hace dramático (34% para ellos y 59% para ellas) especialmente si se han dedicado en cuerpo y alma a combatir en primera línea a la migraña (59% y 74%).
No hay duda de que tenemos a un enemigo difícil, etéreo, escurridizo. Puede que esté infiltrado en las tropas aliadas y lo que ya nadie duda es de que controla lo fundamental: la información.
Los neurólogos exigen !más información¡ (?), más presencia y tutoría profesional y menos automedicación.
A pesar de todo se les ve felices por los congresos con su chartela colgada al cuello.
No me considero un neurólogo feliz no porque esté triste sino porque no me siento neurólogo... en esta guerra.
Juan Crisóstomo de Arriaga, el Mozart español, escribió a los 13 años una ópera: Los esclavos felices. Me ha venido a la cabeza según escribía estas líneas. Sin más.




