Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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Mostrando entradas con la etiqueta genética. Mostrar todas las entradas
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martes, 25 de enero de 2011

Ser o estar... esa es la cuestión




Estamos en la era del genoma. Todo proviene de los genes. Somos genes.

Eso dicen.

Un padeciente de migrañas es un migrañoso. Así lo dictan sus genes. Lo mismo sucede con un deprimido, un fibromiálgico...

Podemos nacer marcados por la predisposición a ser enfermos. El dolor crónico es una enfermedad. Eso empiezan a decir. 

Aborrezco el verbo ser cuando nos saca de las casillas debidas, cuando nos determina y condena a perpetuidad a la condición de enfermedad, injustificadamente.

- Nadie es un migrañoso. Padece, está con migraña.

A veces se dan varios casos de un padecimiento en la familia. 

- Somos cuatro hermanas y las cuatro tenemos fibromialgia... (en la consulta de ayer).

Este dato real, al parecer, no puede ser interpretado mas que como una condición genética. Las pacientes son fibromiálgicas... Está claro. Se han descrito varios genes potencialmente implicados en esta enfermedad. Con la fibromialgia y la migraña se nace. Al menos poseemos esa condición vulnerable que, a poco que se nos complique la vida del cuerpo y el alma con contratiempos, desvelará la condición enfermiza. Emergerá esa condición genética de predisposición a ser un enfermo de por vida.

- Es inútil rebelarse contra la condición genética. Un migrañoso essss  un migrañoso. No tiene remedio. Hay que aceptarlo incluso con humor. Hay que ser positivo. No hay que perder tiempo, dinero y esperanzas en borrar esa condición... (oído en TV a un neurólogo, líder de opinión).

Aborrezco la cultura del ser. Está muy entrometida en nuestro estar

El verbo tener es también algo ambiguo...

- Tengo migrañas o tengo fibromialgias deja la opción abierta al ser o al estar pero habitualmente se sobrentiende la condición de ser.

Un gen no es mas que una potencialidad escrita en el complejo universo del genoma que, en función de lo que  suceda allende el núcleo, en el ancho mundo del citoplasma propio y de los núcleos y citoplasmas ajenos, expresará esa potencialidad a través de recetas variables para fabricar proteínas. ¿Cuándo, cuál, cuánto, dónde? Ya se lo pedirán desde los citoplasmas, desde las membranas, desde las fronteras propias y ajenas... y ya se decidirá desde el genoma...

La cultura produce también estados aparentemente inamovibles, esenciales, formas inmutables de serrrr.

Uno es del Athletic o de la Real. No hay posibilidad de trasmutación. Ni siquiera con cirugía. Los colores mandan. Es como estar tatuado.

Las creencias generan la apariencia de ser. Tener creencias migrañosas genera alta probabilidad de padecer crisis... serrr migrañoso.

Puede haber varios casos de creencias migrañosas, fibromiálgicas, en una misma familia. Esss una familia migrañosa, fibromiálgica. Las creencias pueden actuar por contagio (copia, imitación, empatía). 

La condición de vulnerabilidad a la impregnación cultural, al mimetismo social, a la empatía, la obediencia, fidelidad a colores, ideologías... también podría ser genética.

- La migraña es una enfermedad genética. Usted ha nacido vulnerable. Su cerebro se deja influir por los contenidos alarmistas de la cultura en la que se ha desarrollado. 

La condición genética de dependencia de lo que la cultura ha marcado no se puede modificar. Uno seguirá siendo sensible a lo que sucede, se dice, al sufrimiento propio y ajeno... pero podemos intentar cambiar la referencia cultural, ofrecer un modo distinto de interpretar el origen del sufrimiento.

- La migraña es una condición precocinada en los genes. Usted tiene unos genes que contienen la enfermedad de  serrr humana. Es, además, sensible, empática... Con las culturas que están ahí fuera esperándole lo va a pasar mal. Tenga cuidado con la cultura que elija...

- ¿La cultura es genética?

Es como si lo fuera. Nacer en un entorno determinado solidifica las múltiples posibilidades de estar reduciéndolas a una sola opción: la del lugar en el que uno nace y pace.

Hay varias culturas del dolor. La mayoría de ellas ignora la responsabilidad de la cultura y la deriva hacia los genes, los estreses, las hormonas, las dietas, los vientos o cualquier otra fruslería biológica. 

Está también la cultura de la cultura del dolor. Es la que se intenta promover en este blog...

No sólo hay genes. También hay memes...

No se tatúe el cerebro...

jueves, 28 de enero de 2010

Nacidos para copiar






Homo sapiens (ma non troppo) no sería lo que es (para bien y para mal) si no fuera por su condición de copiador-imitador.


Nuestro cerebro está seleccionado para copiar-imitar. Podemos adquirir conocimiento observando las acciones ajenas, tomando nota de su éxito y fracaso.


El copiado es posible por una función extraordinaria de nuestros circuitos cerebrales: convertir los datos sensoriales de lo observado en el programa motor que lo ejecuta. Nos basta con mirar una acción motora ajena para reproducirla al instante con más o menos precisión.


La cosa no queda ahí. El lenguaje nos permite, incluso, reproducir internamente una simulación de una acción descrita y configurar un programa motor sin más referencia que las palabras.


La función de copia-imitación se produce consciente e inconscientemente y condiciona poderosamente nuestras acciones, percepciones, emociones y cogniciones.


Actuamos, sentimos, nos emocionamos y pensamos, influidos no sólo por nuestra experiencia sino también por la huella de lo observado y relatado.


Homo sapiens (m.n.t.) es chismoso y mirón. Lo cuenta y mira todo.


Homo sapiens (m.n.t.) es también rumiante. Repasa una y otra vez lo observado y relatado para extraer conocimiento.


Las habladurías del mundo externo asequible a nuestros sentidos están limitadas por lo sentido comúnmente. Los elefantes que vuelan (Dumbo) sólo existen en las películas.


Las habladurías sobre interior de organismo no están protegidas por los sentidos. No disponemos de sentido común. En vez de datos sensoriales tenemos síntomas pero no es lo mismo.


Los síntomas no tienen la fiabilidad de lo que vemos y oímos.


Si veo un árbol a mi derecha probablemente hay un árbol a mi derecha pero si me duele en la zona lumbar no quiere decir que existe un dolor generado allí, un algo anómalo que lo construye donde lo sentimos.


Los síntomas son datos aportados por el cerebro. Son el resultado de un proceso evaluativo en el que intervienen proporciones variables de realidad e imaginación, de pasado, presente y futuro.


El dolor aparece en ocasiones en el curso de una agresión física violenta a los tejidos pero en muchos casos se proyecta sobre una zona donde no hay el más mínimo incidente de daño. En estos casos el dolor surge del cerebro.


Un porcentaje elevadísimo de niños tiene dolores de tripas, de cabeza o de extremidades. Las pesquisas médicas habitual y afortunadamente no descubren nada anómalo.


A las tripas, cabezas y extremidades infantiles no les pasa nada. No es que hayan comido "porquerías", no quieran ir al cole o sus huesos estén creciendo. Es su cerebro el responsable. Está procesando todo el material acumulado por:


1- estímulos propios


2- observación de sucesos ajenos


3- relatos e interpretaciones


El cerebro infantil está en período de aprendizaje y aspira con avidez cuanto ve y oye.


Dicen los neurólogos que la migraña es una "enfermedad cerebral genética". ¡Santo Dios!


No hacen ni mención a la exposición inevitable del cerebro infantil a un universo rebosante de referencias a dolores, alarmas y remedios.


La genética tiene su lugar, naturalmente, y nos asigna unas cuantas papeletas de probabilidad sobre diversos rasgos pero la genética determina también el destino copiador-imitador de cada nuevo ser humano y de lo que se copia-imita deviene lo que luego uno se lamenta.


No hay una genética del jugador de baloncesto. Hay una genética de las tallas altas y luego está la alimentación, las canchas de baloncesto, Pau Gasol... y muchas cosas más a copiar-imitar...


No sólo replicamos ADN. También replicamos cultura.


Así nos va... Para gustos... Está todo escrito

domingo, 6 de diciembre de 2009

Sensibilidad biológica al contexto




Los fundamentalistas del "todo está en los genes" sueñan con un mundo en el que todo esté descifrado de antemano y pueda ser corregido retocando bolitas-gen o su expresión molecular final.

Todos tendremos la genética que nos plazca (dentro de un orden previamente señalado-no se sabe bien por quién-) y un arsenal de complementos moleculares para neutralizar sobrantes y reponer escaseces.

- Buenos días. Migraña.

- ¿Me deja su tarjeta genómica?

Los neurólogos de la migraña son fervientes defensores del futuro plácido que se nos viene.

Necesitan que sea verdad lo que sueñan ya que sufren como nadie el azote de los malditos y escurridizos genes que crean la condición hiperexcitable del identificado "generador de migrañas".

El gen o genes de la migraña expresan su defecto (o exceso) sobre un pequeño grupo de neuronas (el generador) capaz de activar dolor, vómitos, intolerancia sensorial, auras... justamente lo que constituye una crisis.

La evolución ha seleccionado, al parecer, o bien una genética generadora de migraña (que contiene además una conmovedora pulsión a combatirla dedicándose a la Neurología) o una deficiencia en lo que la reprime.

Los fundamentalistas de la genética migrañosa conceden cierto papelillo a factores extranucleares. Un cerebro migrañoso debe ser exquisitamente cuidadoso en la evitación de los llamados "desencadenantes", agentes y estados sustancialmente triviales, cotidianos, inevitables, pero que tienen el poder de disparar el generador, no se sabe (ni preocupa) bien cómo.

Los fundamentalistas de genética y desencadenantes buscan en los ratones las claves de lo migrañoso.

Ha habido varios alborozos precipitados a cuenta de "hallazgos" prometedores. Primero fue el eje trigéminovascular, luego los triptanes, más adelante la genética de la migraña hemipléjica familiar, recientemente los ratones con genes que facilitan la onda de depresión cortical propagada, la neuroimagen... los antagonistas del CGRP.

Puede que con tanto "hallazgo" sea difícil decidirse y la abundancia ciegue.

Hay genetistas que recuerdan la necesidad de considerar el entorno como algo importante. Ni siquiera tienen claro qué es un gen. Piensan que la imagen de la bolita compacta ensartada en un hilo es una burla a lo que ellos intentan desentrañar.

Los genetistas prudentes hablan de sensibilidad biológica (en parte, genética) al contexto.

No hay una genética del jugador de baloncesto, expresada en un centro "generador de la afición a la canasta". Hay una biología de la talla y un entorno con baloncesto.

Previsiblemente hay una biología de la vigilancia al daño, una biología de la obediencia a los tutores, una biología de la imitación... y una cultura con múltiples ingredientes.

La interacción entre Biología y entorno es algo más complejo que una o varias bolitas-gen que expresan un supuesto "generador de migraña y vocación a la Neurología" y unos desencadenantes variopintos en los que cabe de todo.

Puede que ser monje predisponga al hábito pero puede que los hábitos también produzcan monjes. Puede, incluso que las dos cosas influyan...

Yo, por si las moscas, he colgado hace tiempo el hábito...



sábado, 5 de diciembre de 2009

Sostienen los neurólogos...





Sostienen los neurólogos que la migraña es una enfermedad cerebral orgánica, de origen genético.


El cerebro de un migrañoso, dicen, es de condición genética hiperexcitable y eso hace que se dispare un (supuesto) "generador de migrañas" escondido en las profundidades del sótano cerebral. Basta un "desencadenante" de los cientos descritos...


Sostienen los neurocientíficos que las creencias y expectativas pueden activar y mantener dolor en ausencia de daño. Las modernas técnicas de neuroimagen así lo confirman.


Dado que las expectativas y creencias son importantes, bueno sería registrárselas a los migrañosos para ver si las que operan en la red pudieran estar implicadas en el encendido de los misteriosos disparos del "generador".


Sostienen los neurólogos que disponemos de fármacos específicos para abortar una crisis de migraña.


No aportan ninguna prueba de que la migraña tenga alguna peculiaridad bioquímica que sea exclusiva de ella y no sea compartida, por ejemplo, con una ciática o un dolor de muelas.


Sostienen los neurocientíficos interesados en el efecto placebo que la administración oculta de un analgésico es muy poco efectiva.


El efecto placebo, dicen los investigadores, es un efecto creencia.


Sostienen los neurólogos que deben identificarse los desencadenantes y evitarse.


Habitualmente los pacientes no identifican desencadenantes a pesar de que los buscan con ahinco.


Sostienen los neurocientíficos que la red neuronal es plástica y que nuestras creencias y expectativas pueden ser modificadas a lo largo de toda la vida.


Puede que si existieran creencias responsables del encendido del generador, si consiguiéramos modificarlas, se acabarían los problemas.


Sostienen los neurólogos que debe tomarse el calmante precozmente ante cualquier asomo de crisis.


Es frecuente que los pacientes acaben tomando calmantes precozmente a diario porque el dolor les obliga a hacerlo para encontrar un respiro.


Sostienen los neurocientíficos que el efecto placebo activa los mismos circuitos neuronales que la morfina administrada desde fuera.


Un buen efecto placebo se consigue con un buen engaño.


Sostienen los neurólogos que si la migraña se hace diaria ello es debido al uso abusivo de analgésicos.


No queda clara, por tanto, la conveniencia de la toma sin remilgos ni demoras de los calmantes, visto lo visto...


Sostienen los neurocientíficos que la cognición (lo que damos por bien sabido) está socializada y que nuestro cerebro construye convicciones según contenidos y recomendaciones de la sociedad en la que vive.


Somos imitadores compulsivos y los mismo copiamos el hábito de fumar que el de tomar clamantes.


Entre lo sostenido y mentado por los neurólogos no hay referencia alguna a lo que los neurocientíficos nos van desvelando sobre procesos básicos cerebrales, por ejemplo, dolor...


Los neurólogos sólo hablan de genes y desencadenantes. Nada de neuronas espejo, aprendizaje social, sistema de recompensa, placebo-nocebo, copia eferente..., necrosis-apoptosis...


Los neurólogos no tienen miedo a lo que creen y predican...


Los neurólogos tienen 10 veces más migraña que la población con creencias migrañosas más tibias...


Los neurólogos creen que esto de las creencias es filosofía.


Lo sostenido por los neurólogos... tiene bemoles...



martes, 24 de noviembre de 2009

¿Dónde están los genes y los desencadenantes?



La secuenciación del genoma humano desató una explosión de optimismo entre los líderes de opinión de la migraña.

Desde las certezas (no demostradas) del origen genético, todo parecía indicarles que aparecerían los malditos genes torcidos migrañosos, los responsables del encendido hipersensible del supuesto "generador de migraña".

El futuro pintaba bien en los primeros años del veintiunavo siglo. Dispondríamos de nuevos fármacos, específicos para cada individuo.

- Me deja su tarjeta genómica, por favor?

El boticario, o como se llamara al proveedor de fármacos genomizados a la carta, seleccionaría el calmante adecuado para cada desvarío genético del individuo.

Se describieron los primeros genes migrañosos en una rara, rarísima enfermedad, la "migraña hemipléjica familiar" y eso se presumía que era un buen síntoma, una primera gota que anunciaba el chaparrón de los genes responsables de la migraña común.

Cada individuo tendría su genética y su desencadenante.

De momento no podemos facilitar al ciudadano su migrañogen específico y respecto al desencadenante, tampoco parece que los ciudadanos hayan avanzado en sus pesquisas.

- Buenas... ¿Ha encontrado su desencadenante?

- No encuentro un motivo para explicar el dolor. Puedo estar tan tranquilo, incluso durmiendo, y me viene la crisis. He probado a dejar el tabaco, el cubata, anotar si el día está nublado o soleado... No encuentro al maldito desencadenante por ningún sitio.... y mira que lo he buscado...

- Tiene que encontrar su desencadenante. Es fundamental. Una vez dé con él no tiene más que evitarlo. Insisto: insista.

- ¿Cómo van ustedes con lo de los genes... No los han encontrado todavía?

- El genoma está resultando más complicado de lo que presuponíamos... Estamos en ello. Cualquier día de estos damos con el migrañogen. A partir de ahí es cosa de coser y cantar...

- ¿Han sacado algún fármaco nuevo?

- Teníamos algunas esperanzas puestas en los antagonistas del CGRP pero tampoco parece que vayamos a disponer de un arma eficaz por esa línea... Ya se nos ocurrirá algo...

He encontrado a los líderes de opinión algo alicaídos. Vendieron la piel del oso antes de cazarlo, primero con los triptanes, luego con el genoma y, siempre, con los escurridizos desencadenantes...

Sobre el cerebro, ni pío. No parecen interesarse en el nuevo marco de conocimiento que provee la Neurociencia.

- ¿Cambia algo para ustedes el panorama de la migraña a la luz de todo lo que vamos sabiendo sobre cerebro y dolor?

- Sabemos que la migraña no es un problema vascular, como les habíamos ido diciendo machaconamente desde mediados del siglo pasado. Ahora sabemos que es un asunto de neuronas. Son hiperexcitables.

- ¿Por qué son tan excitables?

- Nacen así. Se encienden sin más o con el empujoncito del desencadenante. Luego está el estrés de la vida moderna. Es demasiado para las sensibles neuronas...

...............

No espere oír a los líderes de opinión nada sobre cuestiones que han salido en las entradas de este blog. Copia eferente, percepción-acción, sistema de recompensa, nocicepción, sistema de defensa, memoria de dolor, cerebro bayesiano, detección de error, sesgo de confirmación, aprendizaje, cognición social, necrosis... placebo-nocebo...

Siguen, eso sí con algo menos de entusiasmo, esperando noticias del genoma y añadiendo nuevos desencadenantes a su ya poblada lista.

- ¿No cabría la posibilidad de que la información pudiera excitar, alarmar a esas hipersensibles neuronas?

- Eso suena a especulaciones filosóficas. Nosotros somos científicos: genes y desencadenantes, pecado original y transgresiones de la ley del recto estilo de vida.

- Pero...

- La Comunidad Científica Internacional no puede andar perdiendo el tiempo en charlatanerías...

- ¿Qué me dice de la fascinante alta incidencia de migraña entre neurólogos dedicados a generar, perdón, resolver migrañas?

- No sé de qué me está hablando usted. Insisto, somos científicos...

Veo a la migraña bien, robusta. No tiene por qué preocuparse por su futuro. Sus genes y desencadenantes están bien escondidos. No parece que vayan a encontrarlos... probablemente porque no existen...

martes, 20 de octubre de 2009

El talón de Aquiles




Compartimos genes, enzimas, proteinas, neurotransmisores y neuromoduladores con todo tipo de bichos vivientes. Nuestra química es la química de cuanto se mueve y siente.

No encontraremos las causas de nuestra perra vida en unos genes que contienen la receta del sufrimiento ni en unas serotoninas desvaídas que se vienen abajo al primer contratiempo vital.

Los ratones de laboratorio preparados genéticamente para desvelar las claves del desánimo se deprimen porque son sometidos a unas condiciones de vida infraratoniles, no porque tengan unos genes de la proteína transportadora de serotonina que marcan su infeliz destino.

Las fórmulas genéticas para sobrellevar la existencia son diversas e igualmente válidas como lo son las condiciones del entorno en el que aterrizamos.

Es la interacción compleja entre ambas diversidades (genes y entornos) la que nos dará la probabilidad de sufrir o disfrutar.

Nacer con un determinado polimorfismo genético de la COMT (enzima que metaboliza la dopamina y noradrenalina) no condena a nadie (ni a su descendencia) a padecer fibromialgia.

No existe la genética del sufrimiento en ausencia de enfermedad demostrable como tampoco existe la genética del jugador de baloncesto ni del ajedrecista.

Al igual que sucede con los desdichados ratones de la Ciencia, manipulados genéticamente para hacerlos más vulnerables frente a un entorno diabólicamente estresante, los individuos nacidos con determinados patrones neuroquímicos sólo serán desgraciados si el entorno contiene los ingredientes necesarios y suficientes para esa dotación genética.

La genética supuestamente marcada para sufrir probablemente contiene también ventajas para el disfrute. Todo dependerá de lo que se cueza fuera.

Se produce un alborozo compartido entre profesionales y pacientes cuando se publica una variación genética estadísticamente significativa en grupos de sufridores que "abre una puerta a la investigación de nuevos fármacos...".

Todos los seres vivos tenemos un punto flaco, una genética que nos hace vulnerables frente a alguna condición del entorno.

Homo sapiens (ma non troppo) ha querido evitar los puntos flacos y se ha construido una guarida con grifos, frigoríficos, calefacción y aire acondicionado, a salvo de todo tipo de inclemencias y carencias. A pesar de ello coge fríos y reumas que enmohecen huesos y juntas y sus músculos no pueden con el liviano peso del alma.

Dicen los científicos que las serotoninas, dopaminas y noradrenalinas no tienen el punto debido en el genoma y que al entorno le han crecido "desencadenantes", misteriosos seres que desenmascaran esa levedad genética que se quería proteger.

Las guaridas de los sapiens (m.n.t.) se han dotado de armaritos con Prozacs, Ibuprofenos, Omeprazoles y Dogmatiles para paliar las carencias somáticas.

Sapiens (m.n.t.) está mareado, dolorido, exhausto y desanimado. Para afrontar la vida moderna hacen falta nuevas serotoninas y dopaminas. La selección natural no ha previsto nada para la sociedad del bien-estar. Realmente la selección no prevee, se limita a seleccionar entre lo que sobrevive y procrea en el entorno que toque y lo que ahora toca es un entorno garantista, no sabanas con leones.

Puede que los humanos necesitemos ese punto de adversidad necesario para madurar. Puede que hayamos esterilizado demasiado el entorno. Quizás debamos volver a poblarlo de parásitos, corrientes de aire, fríos, rasguños y coscorrones.

Puede que nuestro talón de Aquiles esté en el talonario que provee de todo...



miércoles, 15 de julio de 2009

Complejidad y simplezas




Buscamos siempre las explicaciones sencillas, claras, comprensibles, coherentes con la apariencia (y conveniencia) de las cosas. Tejemos cadenas lineales de causas y efectos. Necesitamos teorías simples en las que encajen nuestros sucesos.

Si A precede a B... A es la causa de B.

Si ha sucedido A y andaba por allí B... ha sido B el causante

Si al añadir A a B, B desaparece... A ha eliminado a B.

Si A y B forman parte de C... C es la suma de A y B y algún otro componente pendiente de ser desvelado.

No nos gusta que las cosas se muevan. Las preferimos estáticas, inamovibles, consolidadas en la posición debida: ¡para quieto! ¡siéntate bien!

Nos encanta la visión redonda de la realidad, las bolitas. Los átomos, los genes, los neurotransmisores... son bolitas, unidas por palitos, ensartados en un hilo o encajados en receptores cóncavos.

Las membranas celulares son simples paredes con cerraduras y buzones para abrir puertas y recoger la correspondencia.

Siempre debe estar un chivo expiatorio de guardia para asumir la responsabilidad de cada inconveniencia.

Por eso a los ciudadanos no les gustan las propuestas "complicadas":

- El dolor es un proceso complejo. No siempre podemos encontrar un clavo en el zapato para explicar la molestia del talón...

- Explíquemelo de forma sencilla, que lo entienda...

- Sus pies son normales. El problema está en el cerebro. Cree que sus pies son vulnerables. Es como si le pusiera un zapato con un clavo para evitar que usted ande y se produzca alguna avería...

- Eso es muy complicado. ¿No me puede hacer una radiografía para ver si tengo algo donde me duele?

...............................

Los ciudadanos están dispuestos a aceptar explicaciones que relacionan el dolor con el cerebro...sólo si el dolor es en la cabeza, por aquello de que la cabeza duele por "los nervios" y "los nervios" tienen que ver algo con el cerebro, que, a su vez, está en la cabeza. Los pies pillan muy lejos de la cabeza. Están en las antípodas. ¿Cerebro y pies? ¡Venga ya!

Las peroratas sobre cerebro y dolor se traducen libremente a afirmaciones que nunca se hacen o que, incluso, se critican:

- Estuve con un neurólogo que me dijo "que me dolían los talones porque YO quería..." No me quiso hacer radiografías de los pies. Menos mal que el de cabecera me mandó al trauma y me encontró que tenía "espolón calcáneo". Es como un clavo que te sale dentro del talón y te pincha al apoyar el pie. Me ha dicho que igual me tienen que operar...

Es difícil pelear contra la imagen de un "espolón" pinchando el talón y el argumento contundente de que hay que quitar el clavo interno para que deje de doler.

Acabo de leer unos artículos de Science que describen el movimiento incesante de las proteínas, variando su comformación entre varios estados posibles en un marco o "paisaje" de energías, a frecuencias y amplitudes variables, siempre en relación con los toques de proteínas y otras moléculas vecinas. !Así no hay quien investigue¡ Alguien tendría que decirles a las proteínas que estén quietas...

Las proteínas son entidades vivas, evolutivas, sometidas a constante variación y selección por los avatares de su interacción con la vecindad molecular. Existe la sociología molecular, la red de interacciones complejas entre las moléculas.

Genoma, transcriptoma, proteoma, metaboloma, ambientoma, memoma, interactoma, fluxoma...

La migraña no se escapa del furor de lo simple y redondo. Sostienen los neurólogos que es una enfermedad producida por uno o varios genes-bolita. Cuando los descubramos, tendremos fármacos a medida para cada paciente.

No habrá mas que retocarle ligeramente las bolas...

jueves, 11 de junio de 2009

Aura migrañosa




En 1944 el investigador brasileño Aristides Azevedo Pacheco Leao estaba investigando en Harvard la propagación de la actividad epiléptica en la corteza cerebral de conejos. Colocaba unos electrodos de registro a lo largo de la superficie cerebral y procedía a estimularla en un punto. Esperaba que con el estímulo se produjera una actividad eléctrica aumentada que luego se propagaría a lo largo de la red donde oportunamente había colocado los electrodos de registro. Ante su sorpresa lo que se propagó no fue una hiperactividad sino un apagón. La zona excitada, tras un chisporroteo inicial, se silenciaba y ese silencio se iba propagando a una velocidad fija por las conexiones de las neuronas vecinas. Un barrio cerebral se había ido quedando progresivamente sin luz. Al cabo de un rato esta volvía, primero por donde se había iniciado el apagón y más tarde siguiendo el camino de propagación previa de la onda de oscuridad.


Leao fue consciente de que aquello quería decir algo y se lo comunicó, excitado, al jefe quien no hizo el menor caso. El cerebro del conejo estaba a la vista y al investigador brasileño le llamó la atención que tenía un color escarlata, es decir, con sangre bien oxigenada. Eso le hizo desechar la hipótesis de que el apagón era por falta de alimento a las neuronas. Puede que Leao fuera migrañoso y el apagón y su progresión le sugirió también que podía explicar el fenómeno migrañoso del aura.


Leao era naturalista, observador curioso y libre de los hechos. Ello le permitió captar un dato, hacerse preguntas y proponer hipótesis. Los neurólogos, en cambio, estaban atrapados en el llamado pensamiento diatésico, en la explicación de todo por un mecanismo universal, de moda. En aquella época era lo circulatorio. Todo era una cuestión de vasodilatación-vasoconstrición. Los fármacos antimigrañosos eran eficaces porque imponían el calibre arterial deseado: el aura aparecía porque una arteria se constreñía y el dolor porque se dilataba. El objetivo del remedio para el dolor era claro: evitar la dilatación.


Actualmente, casi unánimamente, se admite que el apagón se produce por un calentón neuronal local. Leao conseguía el calentón toqueteando la corteza directamente. ¿Qué es lo que dispara, en la migraña, la chispa inicial causante del apagón en el barrio? Los neurólogos siguen sosteniendo la tesis de los genes, los responsables de crear un estado de hiperexcitabilidad cortical.


En la consulta utilizo una metáfora doméstica para explicar el aura: imagine una ciudad con tiendas de ultramarinos. Cada día los ciudadanos van a proveerse de alimentos y, habitualmente, los encuentran. El comerciante repone el aceite en función de los consumos habituales y, generalmente, no falta. Supongamos que se rumorea que va a subir el precio de forma notable y que ese rumor tiene éxito en un barrio. Al instante los ciudadanos harían acopio de aceite antes de que suba y se produciría un desabastecimiento que iría extendiéndose por toda la ciudad. Tras la onda de desabastecimiento vendría la onda de reposición.


La corteza cerebral migrañosa es hiperexcitable como todas las cortezas. Para ello sólo necesita cuestiones excitantes. Cuando algo relevante sucede, la corteza se excita, evalúa el suceso, responde y cuando cesa el evento se apaga. Cuando va a faltar aceite cada ciudadano se excita, va a por otra botella y recupera la calma. El problema son las expectativas y el contagio social. La red neuronal es chismosa, agorera e influenciable. Los bulos culturales pueden encontrar en cualquier momento acogida en un grupo neuronal incauto y alarmista e iniciar la propagación del rumor de la subida del precio del aceite. La onda de preocupación se extiende...como una mancha de aceite, claro. El aura está servida.


La migraña plantea el dilema de los genes (nature) y/o la crianza (culture). Es una cuestión absurda: es como plantear el dilema de si el agua es oxígeno o hidrógeno.


Los genes humanos determinan una corteza excitable, imitadora, enculturizable. Hay genes más proclives a la vigilancia y otros más a la aventura. Ninguna genética determina la aparición espontánea de auras ni dolor. Sin embargo la cultura, sus contenidos, pueden encender agrupaciones neuronales, generar excitabilidad no justificada y propagar por la red expectativas que generan un consumo de corriente superior al que las baterías neuronales pueden afrontar.


No haga caso de los bulos migrañosos. Mire lo que les pasa a los neurólogos por hacerlo...

martes, 5 de mayo de 2009

Maniqueismo


Aunque se supone que el Maniqueismo desapareció definitivamente allá por el siglo XIII sigue persistiendo en nuestro tiempo su Espíritu con muy buenas trazas, manifestándose a través de la irreprimible tendencia a clasificar seres y cosas en buenas y malas. 

El dualismo no tiene remedio: lo anterior y lo posterior, arriba y abajo, luminoso y oscuro, caliente y frío y... por supuesto, lo bueno y lo malo. Aunque presumimos de estar impregnados por lo uno y su contrario ( el exitoso yin y yang) tendemos a atribuirnos una bondad sustancial como individuos y si algo no va bien recurrimos a señalar un algo ajeno que se ha colado a escondidas en nuestro cuerpo y condiciona nuestra inoperancia. 

Muchos pacientes son maniqueos, sin saberlo. Defienden la tesis de la intrusión de un algo malvado en su organismo, un algo responsable de su sufrimiento.

"Pues yo algo tengo que tener". "Usted sabrá, para eso es el médico". "Por lo menos déme algo para que no me duela, algo que me permita hacer una vida normal". 

Algo puede ser cualquier cosa. El espíritu maligno puede haberse instalado en las cervicales, la circulación, los nervios, el colesterol (el malo), descompensar la tensión arterial (hasta el extremo de conseguir que "la baja esté más alta que la alta"...), hacer que duelan los huesos (incluida la cabeza) y cosas aun más inverosímiles. 

"Tengo algo malo luego lo que hay que hacer es fácil: déme su contrario: algo bueno. Tengo un algo déme un an-alg-ésico (sin dolor)". 

Tampoco es tan complicado: Algo quiere decir dolor: lumbalgia, neuralgia. 

Ser médico es sencillo. Basta con identificar a unos pocos algos malos y recetar sus contrarios. 

En la migraña el Mal se ha colado en el Genoma. Los migrañosos vienen ya estigmatizados. El Defecto Original. 

Los Oyentes (según la terminología maniquea) deberán llevar una vida monacal, ascética, para purificar su organismo. Nada de chocolate, alcohol, tabaco, comida china, aguacates ni viajes. Sueño reglado, yoga, equilibrio, autocontrol. Ejercicio y sexo moderado. Dieta Mediterránea o mejor casi, vegetariana. Soja, mucha soja, acidos grasos omega 3, isoflavonas... nada de embutidos ni quesos curados. 

Sólo así, en contadas ocasiones, podrán alcanzar el estado puro, la ausencia de migraña. 

Mani, el fundador del Maniqueismo, allá por el siglo III, puede estar satisfecho. Su Espíritu se ha reencarnado en una Religión actualizada a los tiempos modernos: la Medicina del Bien y del Mal.     
La Medicina Maniquea Molecular se presenta disfrazada de Medicina Científica y señala las dianas de las acciones de los malos espíritus. Han vaciado los depósitos de las buenas moléculas y el mal: la inflamación, la sustancia P, la CGRP y la colecistoquinina se han hecho dueñas y señoras del tinglado interno. 

No hay que desesperarse. El futuro paradisíaco está cercano. Cuando descifremos el árbol de la vida, todo estará resuelto. Puede que volvamos a reeditar el Pecado Original, con lo de la manzana del árbol del conocimiento, pero ese es nuestro sino: tropezar en la misma piedra...

miércoles, 22 de abril de 2009

Los neurólogos felices



Los artículos sobre migraña arrancan habitualmente con un canto a los espectaculares avances de "la Ciencia" en el proceso de desentrañar la compleja tela de araña de la química migrañosa, que no puede ocultar el fastido de tener que reconocer que el problema sigue donde se dejó en el anterior cántico (o algo peor) aunque hay que ser optimistas pues se está a punto de ofrecer a la población tratamientos a la carta,
individualizados

Las cosas irían mejor si la gente tuviera otros genes, llevara una vida más reglada, no comiera chocolate ni queso curado y, sobre todo, no se automedicara y abusara de los analgésicos. También ayudaría si las mujeres arreglaran de una vez por todas sus desarreglos.


Los que ya hemos dejado de peinar canas por la calvicie, entendíamos que el tratamiento individualizado consistía en aproximarnos a la persona. Eso ya está superado. La individualización la tenemos perfectamente  localizada en el genoma y para conocer al paciente bastará con pedirle su tarjeta genómica y proceder de inmediato a facilitarle su correspondiente fármaco, también individualizado. 


Los neurólogos proclaman que disponen actualmente de "un amplio arsenal terapéutico" que permite contener a los espíritus migrañosos en sus celdas (estén donde estén) y poderosos y modernos (y carísimos) fármacos que atajan eficazmente el desvarío químico si el espíritu se ha escapado y anda desatado, neutralizando (no se sabe bien ni dónde ni cómo, una vez fallecida la teoría vascular) el desorden creado. 


La autocomplacencia en las nuevas armas ha generado un loable espíritu bélico en las últimas décadas: Alianza Mundial contra las Cefaleas, Declaración (de guerra) de Roma sobre la migraña, Campaña Mundial contra la Migraña; "aligerando la carga", Plan de Acción en la lucha contra la Migraña...


El problema es que se disparan las nuevas armas sin descanso pero no se sabe dónde está el enemigo. Así nunca se gana una guerra. 


Se investiga hasta en los libros de Harry Potter y, como se temía, se encuentra la migraña en la cabeza del mismo Harry, desencadenada por la presencia "del que no puede ser nombrado". Un sesudo estudio de los paladines de la lucha contra la migraña permite, tras denodados esfuerzos dignos de mejor causa, desenmascarar a los dolores de cabeza del pobre Harry: tras un minucioso análisis de sus características según los criterios de la Asociación Internacional para el estudio de las Cefaleas:  los dolores de cabeza de Harry son migrañas. Es más, han dado con la clave: Lord Voldemort es !un desencadenante¡


El ardor guerrero de los neurólogos ha dejado heridas de guerra. El porcentaje de migraña en los neurólogos se hace dramático (34% para ellos y 59% para ellas) especialmente si se han dedicado en cuerpo y alma a combatir en primera línea a la migraña (59% y 74%). 


No hay duda de que tenemos a un enemigo difícil, etéreo, escurridizo. Puede que esté infiltrado en las tropas aliadas y lo que ya nadie duda es de que controla lo fundamental: la información. 


Los neurólogos exigen !más información¡ (?), más presencia y tutoría profesional y menos automedicación. 


A pesar de todo se les ve felices por los congresos con su chartela colgada al cuello. 


No me considero un neurólogo feliz no porque esté triste sino porque no me siento neurólogo... en esta guerra. 


Juan Crisóstomo de Arriaga, el Mozart español, escribió a los 13 años una ópera: Los esclavos felices. Me ha venido a la cabeza según escribía estas líneas. Sin más.