miércoles 10 de febrero de 2010

¿Qué debe cambiar?




Desde que a mediados del siglo pasado Melzack y Wall expresaron eso tan manido de que el dolor tiene los tres componentes: sensorial, afectivo y evaluativo, no hay exposición que no lo repita como cuestión sustancial previa a toda consideración.


A partir de que quedan recordados Melzack y Wall cada experto deriva hacia su derrotero, hacia lo que ve desde su retina.


Unos ven la cuestión del dolor como algo originado necesariamente en una lesión tisular, bien sea de componentes de aparato locomotor (huesos, ligamentos, músculos, articulaciones) o de nervios. Los factores "centrales" serían la consecuencia, para ellos, del bombardeo reiterado del asta posterior de la médula espinal por señal nociceptiva. El problema surgiría de la periferia e iría sensibilizando "de abajo arriba" el resto de la red nociceptiva.


La lesión tisular (se supone que necrótica) sería condición necesaria y (para algunos) suficiente.


Cuando no existe el suceso inicial de lesión tisular, el dolor crónico sería remitido a cuestiones psicológicas: un individuo hipervigilante y catastrofista y episodios emocionales mal gestionados del pasado. No habría heridas de tejidos síno de personas.


En mi opinión se olvida en ambos casos el componente evaluativo.


El cerebro va construyendo una idea de peligro, una valoración del estado del organismo, de su vulnerabilidad, de la probabilidad de daño, en base a lo que se va acumulando en la biografía física, emocional y cognitiva del individuo.


Un suceso traumático, como el famoso latigazo cervical, no acontece sobre un cerebro virgen, sin ideas previas. El terreno está ya preparado y se dispara a raíz del accidente.


Los profesionales que atienden en urgencias al accidentado marcarán, en gran medida, la evolución del dolor.


La conjunción de una idea de organismo vulnerable, previa al latigazo, y el modo en que se evalúe el suceso harán que el dolor esté autolimitado o se ponga en marcha la dinámica de la cronificación.


Tanto la lesión de tejido como el modo en que es evaluada interaccionan entre sí sin que podamos deslindar con seguridad la participación de cada uno de los componentes. La atención debe considerar al sistema nociceptivo como un todo y ser respetuosa con los tejidos cuando los manipula y con la evaluación cuando habla sobre su estado.


Si se analizan las historias de dolor crónico se echa en falta la aplicación del axioma Melzack-Wall. A los pacientes se les atiende, inicialmente como tejido degenerado o accidentado, se les aplican paños físicos y si la cosa no marcha se echa mano bastante tiempo después, de las propuestas emocionales y psicológicas.


La atención al paciente con dolor, agudo y/o crónico, debe tener en mente que existen siempre los tres componentes, desde el primer al último momento.


Eso no está sucediendo así y creo que es precisamente eso lo que debe cambiar. Todos los profesionales sanitarios deben conocer y aplicar la doctrina básica del dolor. Los ciudadanos deben también conocerla o, al menos, haber oido hablar de ella.


Es necesario un proceso de alfabetización sobre biología del daño y reparación de los tejidos. Hay que devolver el protagonismo al propio organismo, recuperar el buen nombre de la inflamación, echar una mano experta sólo cuando sea necesario.


Para mi gusto faltó en el congreso de la SEFID la referencia al daño tisular necrótico y a su reparación.


La definición de la IASP hace una referencia confusa al daño tisular: "...real o potencial... o interpretado como tal daño".


La biología del dolor está referida evolutivamente al daño necrótico, consumado o inminente. Pienso que ese origen se nos olvida. Sería como olvidar que la sed surge biológicamente de estados de carencia de agua.


No es necesario que exista deshidratación para tener sed pero no está de más recordar que, biológicamente (evolutivamente), la sed procede de ella.


   

martes 9 de febrero de 2010

Cambiar o no cambiar... esa es la cuestión




Rafael Torres, presidente de la SEFID, expuso con claridad y fundamento la necesidad del cambio en la ponencia inaugural:


Neurobiología, sistema médico, sociedad y cultura. Necesidad de un cambio


El Sistema Médico no puede seguir manteniéndose al margen de la Neurobiología. El organismo está inervado, no sólo por cables que recogen las incidencias de los tejidos sino también por circuitos con programas que modulan los estados de dichos cables y la gestión del tráfico de sus señales


El modelo vigente sobre dolor necesita urgentemente una actualización, soltar el lastre de los tópicos acientíficos para sustituirlos por conocimiento biológico de calidad..


Lo lógico es que el cambio, las propuestas, vinieran desde la Neurología pero no hay motivación por el dolor entre los neurólogos. En el volumen dedicado al dolor del Handbook of Clinical Neurology el primer capítulo es: ¿Por qué no les interesa el dolor a los neurólogos?.


Han sido los fisioterapeutas los primeros en poner sus expertas manos a la obra. Butler y Moseley han liderado a través de Explain Pain el movimiento de cerebralización del abordaje del dolor. 


El dolor crónico es una cuestión de cerebro. Es el cerebro el que enciende y mantiene activo el soporte neuronal necesario para generar la percepción dolorosa. La participación de las señales tisulares no es ni necesaria ni suficiente para explicarla. 


Nadie mejor que los fisios para valorar el comportamiento dinámico del aparato locomotor, su funcionalidad. Las limitaciones estructurales y funcionales tienen una responsabilidad variable pero no serán correctamente comprendidas ni resueltas si no se contempla también la evaluación cerebral sobre su estado, su vulnerabilidad. 


El Sistema Médico ha potenciado una idea de tejidos frágiles , vulnerables, hiperexcitables, sin capacidad de reparación, necesitados de una ayuda externa correctora. Ha sobredimensionado su capacidad de solucionarlo todo con fármacos, infiltraciones, manipulaciones, masajes, estimulaciones y musculaciones.


El Sistema Médico ha potenciado la dependencia de ayuda externa a la vez que ha ignorado la importancia de la cultura, la información, la pedagogía sobre organismo.  


Las exposiciones de "expertos" en dolor contienen habitualmente errores básicos sobre los procesos neuronales que lo sustentan. Seguimos oyendo términos como receptores de dolor, vías de transmisión de la sensación dolorosa... Se sigue considerando el dolor como un estímulo y no como un programa perceptivo cerebral. 


El cerebro de sapiens (ma non troppo) está socializado. Cada profesional es responsable de una parte de esa socialización. Los profesionales de la salud configuramos programas cerebrales emocionales, perceptivos y motores a través de las expectativas y creencias que difundimos entre nosotros mismos y los padecientes. 


A finales del siglo XIX, no sin resistencia, se consolidó la necesidad de la asepsia en la práctica obstétrica para evitar las terribles epidemias de sepsis puerperal. 


Puede que sea el momento de establecer la necesidad de la asepsia informativa para frenar la epidemia de dolor crónico no explicado por daño tisular necrótico. 


Es el momento de la higiene cognitiva. Los nuevos fisios deben ponerse las pilas, tomar aliento y afrontar la responsabilidad de la actualización. 


Puede que la resistencia al cambio no esté en los ciudadanos sino en los propios compañeros...

lunes 8 de febrero de 2010

Los fisios de la SEFID





Hay varias tribus de fisios. He tenido el placer de conocer a la que ha acudido al congreso de La SEFID (Sociedad Española de Fisiología y Dolor). No he encontrado una denominación adecuada para describirlos. Me limito a describir su proceso de gestación. 


Los fisios-SEFID acaban sus estudios oficiales y salen con una mente poblada de biomecánica. De inmediato deben ponerse a trabajar. Para ello abren una modesta clínica y ponen sus manos sobre cuerpos doloridos. No tardan en comprobar que hay algo más en esos cuerpos que palpan que aparato locomotor. Les falta tiempo para matricularse en escuelas privadas de osteopatía, drenaje linfático, dolor miofascial... etc. para colmar su ansia de conocimiento y de aliviar.


Hipotecan sus fines de semana y se gastan la pasta que ganan los días laborables en acudir viernes, sábados y domingos a las clases. Viajes, hoteles, matrículas... No tienen nada equivalente a plazas de MIR o PSIR (Médicos y psicólogos ampliando estudios con sustanciosos sueldos mientras aprenden).  


Los fisios- SEFID descubren más pronto que tarde que algunos conceptos aprendidos en la Escuela Oficial y en los cursos privados de postgrado, son falsos y/o insuficientes. 


Los fisios- SEFID descubren que las neuronas existen y que además de manos tienen voz, lenguaje, información, cultura... y que el movimiento sólo es posible a través de los programas de una compleja red neuronal.


Los fisios-SEFID se interesan por la Neurobiología del dolor y descubren que algo profundo les ha tocado y les obliga a cambiar su modo de operar ante el paciente dolorido. Saben que tienen ahora una herramienta poderosa, el conocimiento de la red neuronal aplicado al movimiento pero este conocimiento les obliga a navegar contracorriente, contra las teorías y prácticas en las que se han formado al inicio de su carrera y que son las que comulgan ciudadanos y demás fisios.


El presidente de los fisios-SEFID, Rafael Torres, presenta su ponencia: Neurobiología, sistema médico, sociedad y cultura. Necesidad de un cambio. No llegamos al centenar los asistentes. El moderador, sorprendido por lo oído, califica, sin acritud, el contenido de provocativo. Los congresistas, aplaudimos con entusiasmo la proclama y el coraje de Rafael. 


Las ponencias se suceden. Hablamos en los escasos tiempos de descanso. Algo más en las inevitables copichuelas nocturnas.


Los fisios-SEFID se han pagado el viaje, el hotel y la inscripción. Han dejado de trabajar (y ganar su jornal) para estar allí. 


No soy fisio (sino neurólogo desarraigado) pero sí socio de la SEFID. Los neurólogos tienen formación de postgrado, viajes, hoteles e inscripciones en cursos, pagados. El esponsor es la Industria Farmacéutica. 


Los fisios- SEFID creen en la Neurobiología del dolor, en sus manos y en lo que dicen.


Los Neurólogos creen en lo que recetan y aplican. Lo aprenden en revistas, libros y congresos generosamente sufragados por los fabricantes de fármacos y dispositivos. 


Iré desgranando reflexiones sobre lo dicho y silenciado. 


He tenido la gran fortuna de conocer a los fisios-SEFID y espero contribuir con este blog a que consigan sus objetivos y sean conocidos y apreciados.


Ciertamente la Neurobiología del dolor es provocativa. Gestionar esa doctrina provocativa para mantenerla viva y se desarrolle en una ambiente receloso, a veces prepotente, no resultará tarea fácil.


Los que estuvimos en Valencia esperamos ansiosos el siguiente congreso en Madrid. 


Mientras llega Madrid... siempre nos quedará  Valencia... Doy las gracias a los sufridos organizadores por habernos facilitado el encuentro.

viernes 5 de febrero de 2010

Me voy de Congreso




Salgo dentro de unas horas para Valencia para asistir al I Congreso de la SEFID (Sociedad Española de Fisioterapia y Dolor).

Es un congreso de Fisioterapeutas en el que se hablará mucho de neuronas por expertos del máximo nivel.

Abre la primera jornada la ponencia de Rafael Torres, el Presidente de la SEFID con un título que define la razón de ser de esta nueva Asociación Profesional:

Qué es el dolor? Neurobiología, sistema médico, sociedad y cultura. Necesidad de un cambio

El mundo conceptual y práctico del dolor no asociado a daño necrótico necesita una profunda actualización.

Siento que los neurólogos estén al margen de esta renovación, anclados en doctrinas que siguen teniendo impronta cartesiana y empeñados en confundir Ciencia con Biología molecular y Terapia con Farmacología.

El dolor no es un producto tisular ni psicológico sino una percepción de propósito defensivo, una decisión cerebral de alertar e implicar al individuo en una acción preventiva o resolutiva de un suceso necrótico.

El individuo está implicado en la evolución del dolor. Consciente e inconscientemente toma decisiones, espera, teme, decide, cree y actúa.

La cultura del dolor surge de la información que desde diversos ámbitos, oficiales y alternativos, se vuelca en consultas y medios de comunicación. Es una cultura llena de tópicos y falacias que precisa también ser actualizada.

Es necesario abrir un período de ilustración que renueve creencias y conductas de afrontamiento.
Desde la metáfora del cerebro como un procesador de información hay que hacer ver a profesionales y ciudadanos que el contenido de esa información tiene más impacto sobre la neurobiología del dolor que la alimentación, los cambios hormonales y meteorológicos, los ajetreos mentales, los fármacos, las agujas, las energías y demás agentes y estados propuestos en el variopinto y confuso mercado de los sanadores.

Debemos automatizar la idea del dolor como el output de un complejo sistema defensivo en el que conviven músculos, huesos, articulaciones, tendones, ligamentos, fascias con neuronas, circuitos, reflejos, reflexiones, cálculo de probabilidades, enculturación, memorias...

El dolor es la expresión del miedo somático a la degradación y necrosis de sus tejidos. El movimiento está atenazado por ese miedo. La labor de los fisios es la de la recuperación de la autoestima somática, la confianza en la promoción de la acción como condición necesaria para la salud tisular y no como un riesgo.

Espero tener la oportunidad de cambiar impresiones en un foro con sensibilidades compartidas.

Daré cuenta en próximas entradas de lo hablado y callado. Cierro la oficina hasta el lunes día 8.

Que tengan ustedes el fin de semana que se merecen...




jueves 4 de febrero de 2010

Nocicepción




Descartes sigue vivo.

Su famoso dibujo sobre el dolor sigue grabado en la mente de los sapiens (m.n.t.).

El dolor se genera en los tejidos y se conduce hasta el cerebro donde se produce su transición a la consciencia.

Si nos torcemos el tobillo, se desgarra un ligamento dando salida al dolor. Los nervios lo recogen y lo llevan hasta la sede de la consciencia. Los tejidos contendrían almacenado el dolor en no se sabe bien qué reservorios y al lesionarse, se desparramaría por la zona, siendo detectado por las terminaciones nerviosas.

Las terminales nerviosas tendrían "receptores de dolor". Los nervios transportarían las señales de dolor por las vías del dolor y las conducirían hasta el centro o los centros del dolor.

Todo dolor "real" sería, por narices, periférico, generado en algún tejido dañado. Habría dolor muscular, dolor óseo, dolor articular, dolor de muelas, dolor de estómago...

En ausencia de tejido dañado, estaríamos ante un dolor "psicológico", "funcional", "somatoforme", "psicosomático"... es decir, no sería propiamente un dolor sino una especie de fantasma, algo imaginado o, incluso, en confianza, entre nosotros... falso.

Descartes estaba equivocado. Los que siguen pensando como él también están equivocados.

La mayoría de los ciudadanos y, lo que es más grave, profesionales, siguen pensando que Descartes describía algo obvio, una perogrullada.

Los neurólogos son los responsables de entender sobre procesos neuronales.

El dolor, como cualquier percepción, surge de las neuronas, no, por ejemplo, del páncreas o la vejiga urinaria.

Los neurólogos piensan, como Descartes, que el dolor surge de los tejidos y que a ellos sólo les compete ocuparse del dolor surgido de los tejidos... nerviosos. Lógico.

Cuando el dolor surge de tejidos nerviosos dañados, los neurólogos le llaman dolor "neuropático" y lo reconocen como de su competencia. "Es de lo nuestro" (cosa nostra).

Descartes, insisto, estaba equivocado. El dolor siempre surge de las neuronas luego debiera ser competencia de los neurólogos (cosa suya).

El principio cartesiano del origen del dolor está presente en las teorías oficiales de los neurólogos sobre migraña, por ejemplo.

La migraña (dicen) surge del universo trigéminovascular, de las terminaciones del trigémino desplegadas sobre la meninge y grandes vasos intracraneales. Si una come chocolate o ha discutido con el pariente, las meninges se resienten y liberan señales dolorosas que llegan hasta el cerebro. No les pregunte cómo se produce la conversión de un berrinche en dolor segregado por las terminales del trigémino. "Es un misterio". Genes... encadenantes...etc...

Realmente las terminaciones nerviosas no detectan dolor sino señales de daño consumado o inminente, es decir, peligro. Son señales de peligro.

Los nervios del peligro se denominan nociceptores: detectores de nocividad. Así los bautizó Sir Charles Sherrington a mediados del siglo XIX.

Los nervios del peligro están por todas partes pues todos los tejidos corren peligro y pueden ser dañados.

En el cerebro no hay nervios que detectan el peligro. Por eso si pinchas, comprimes o lesionas la mollera, no duele. Los neurólogos saben que esto es así y les parece lógico desde su mentalidad cartesiana. Si la cabeza duele, el dolor tiene que venir de los nervios del dolor y sólo hay en las meninges, ergo... teoría trigéminovascular...

Las neuronas del cerebro son también neuronas del peligro. Plantean hipótesis sobre cuándo, dónde y por qué existe peligro en cualquier zona o tejido del organismo.

Cuando las neuronas del peligro (de la periferia o del cerebro) detectan peligro, se genera la percepción de dolor.

A veces el peligro es real y otras es imaginado, erróneo, falsa alarma.

Hay peligros reales e imaginados pero el dolor siempre es real.

Descartes sigue vivo. Es necesario que así sea... por el bien y sosiego intelectual de muchos.

La muerte de Descartes está, de momento,... descartada


miércoles 3 de febrero de 2010

Dolor muscular





El músculo se ha convertido en el centro de todas las miradas del dolor.


Nudos, contracturas, flojeras e imbalances musculares (dicen...) son la causa de todos los males.


Necesitamos (dicen...) mejor musculación. Cierto machaque diario es imprescindible pero por otro lado también es deseable el sosiego, la recuperación.


El músculo (dicen...) debe ser mimado. Hay que estirarlo y calentarlo antes de la batalla.


Disponer de las condiciones ideales que exige el trabajo muscular no es fácil. Por eso los sensibles músculos (dicen...) se agarrotan y duelen.

Homo sapiens (ma non troppo) musculaba antaño sobre la marcha, por la sabana. Se subía a los árboles a por fruta y miel, escarbaba la tierra en busca de raíces y tubérculos y hacía footing persiguiendo la pieza que se resistía a ser cobrada o huyendo de los depredadores. Dormía a la intemperie sin almohadas ni colchones, apoyado sobre su brazo. Probablemente no estiraba ni antes ni después de sus correrías.


No sabemos cómo les iba a los músculos de
sapiens (m.n.t.) en aquellos tiempos pero por lo que se ve en las escasas manadas de cazadores "primitivos" actuales probablemente no les iba mal.


Los músculos son en realidad unos mandados. Obedecen programas configurados en diversas capas neuronales.


Hay programas reflejos y reflexivos.


Los programas reflejos ancestrales, compartidos con los demás mamíferos, consiguen una actividad muscular sostenible, económica, respetuosa con la resistencia de los tejidos (incluido el propio músculo).


Los programas reflexivos encienden y apagan la actividad muscular en función de previsiones, incertidumbres y temores.


Los músculos de ahora son menos libres. La política (el córtex prefrontal) lo enreda todo.


Los políticos, el cerebro ejecutivo, echan balones fuera. Entregan los músculos a los leones.


Alrededor del músculo se ha criado una variopinta corte de mejoradores.


El mejorador debe señalar primero aquello que está mal y será objeto de sus cuidados.


- Tienes mal los músculos.


En un pis-pas de sobeos el músculo recupera su condición. El mejorador le libra de tóxicos, restablece su circulación, lo relaja, lo estira y lo deja listo para la brega.


- ¿Es usted masajista?


- Perdone, soy Fisioterapeuta.


- Bueno... pero sabe dar masajes... ¿no?


- Cuénteme primero lo que le pasa...


- Me duele y necesito un masaje... justo aquí...


- El tema del dolor es complejo. Necesito saber más cosas, explorar, explicarle unos conceptos sobre neuronas, cerebro...


- No me cuente rollos. Yo necesito un masajista no un charlatán ni un filósofo. Me duele aquí, en este punto y necesito que lo masajee...


- Usted manda...


Sobre nocicepción muscular no sabemos lo suficiente como para construir hipótesis sólidas. La ignorancia no siempre trae de la mano la prudencia, el "sólo sé que no sé nada..." sino su contraria: la arrogancia autocomplacida.


Todo el mundo habla de músculos y dolor sin ningún titubeo.


La mano que aprieta... puntos gatillo y la mano que suaviza durezas no tiene que dar demasiadas explicaciones. Actúa y se deja de palabrería.


- Verá, el dolor... el cerebro... las neuronas...


- No me interesa la política. YO voy a lo mío... Empiece con el masaje que tengo una reunión dentro de media hora...


El músculo... ¡Dios, qué buen vasallo si hubiera buen señor! (Cantar del mioCid)

martes 2 de febrero de 2010

El cervicalazo






Tenga mucho cuidado en los semáforos en rojo. El peligro no viene por saltárselos sino porque el que viene detrás suyo tenga esa intención y se estrelle contra su coche, correctamente detenido. El topetazo posterior hará que su cuello haga un violento movimiento de flexión-extensión con consecuencias imprevisibles.


- ¿Está usted bien? ¿No le duele el cuello? Le ponemos un collarín por precaución.


- No, me encuentro bien. Gracias


-Vamos a hacerle unas radiografías. Puede que tenga un esguince cervical


El hecho de que haya recibido el golpe trasero dispara como un resorte la convicción del profesional de que el latigazo ha producido algún desgarro ligamentoso en "las cervicales". Probablemente las radiografías sean normales o, quizás, si es usted hembra, se vea una rectificación de la curva de la columna cervical (lordosis).


- Tiene usted un esguince. Le ponemos un collarín. Llévelo durante un par de semanas. Puede que note mareos y hormigueos por el brazo. Si es así acuda a su médico para que le valoren.


No parece que, en ausencia de lesiones ósteoligamentosas que desestabilicen la columna, sea buena idea inmovilizar el cuello y prevenir sobre dolores y preocupantes consecuencias neurológicas.


Todos los estudios apuntan a que evolucionan peor los cuellos collarinizados y alertados.


Generalmente debiera (una vez descartadas lesiones que lo desaconsejen):


1- Evitarse la colocación de collarín


2- Tranquilizar


3- Animar a que se movilice el cuello precoz y activamente, sin temor a consecuencias neuronales, circulatorias o de cualquier otro tipo.


No es la práctica habitual. El collarín es el collarín, un emblema, un clásico de los servicios de urgencias.


Las consecuencias de los golpes traseros en los semáforos se empiezan a gestar antes de la colisión. El cerebro de cada sapiens (m.n.t.) tiene preparado un kit evaluativo sobre posibles consecuencias de un traumatismo cervical. Las expectativas configuran un programa que se activará con la misma agilidad que la sospecha del profesional.


El tándem de la alerta profesional-ciudadano crea el caldo de cultivo necesario para que el cerebro hipocondríaco encienda la alerta roja del miedo necrótico. El collarín recuerda la supuesta condición vulnerable de las cervicales.


- No puedo quitarme el collarín. Me mareo y me duele el cuello y los hombros. A veces noto hormigueos en la mano izquierda. Llevo así ya unos meses desde el golpe.


La Resonancia no indica nada especial, el electromiograma es normal (no hay lesiones de nervios que entran y salen de "las cervicales), la rehabilitación, los "relajantes musculares" y antinflamatorios no alivian...


- Le mando a la Unidad del Dolor...


Más fármacos. Anticomiciales, opiáceos, antidepresivos...


- Cada vez estoy peor. Me dicen que no tengo nada. Ando con abogados...


- Le mando al psicólogo...


Al cabo de unos años alguien cae en la cuenta de que no le ha visto un neurólogo al padeciente...


- ¿No le ha visto nunca un neurólogo?


- No me asuste...


Al final de esta no infrecuente y lamentable historia aparecemos los neurólogos justo para certificar algo que ya era evidente:


- Es todo normal. De "lo mío" no es...


Los cervicalazos pueden destrozar una vida.


- Antes del maldito golpe en el semáforo yo estaba perfectamente y ahora no soy persona. Me dicen que no tengo nada, que es todo psicológico... que lo que busco es sacar pasta a los seguros... Me niegan la incapacidad...


Generalmente, en esta historia se ha dejado suelto al cerebro alarmista, hipocondríaco y cándido que ya tenía configurado antes del golpe el programa de alerta ante los latigazos, un programa que se reforzó en urgencias con las premoniciones y el collarín y que, una vez activado, se sometió a la espiral de las evaluaciones habituales del "no tiene nada-pues estoy fatal".


"Las cervicales"... ¡Qué peligro!

lunes 1 de febrero de 2010

Calmantes




La percepción de dolor tiene la cualidad de forzar al padeciente a una conducta de evitación, a restringir o complicar el movimiento en el aparato locomotor o a quedarse inmóvil en un cuarto oscuro en la migraña.

La cultura sapiens (ma non troppo) provee además la magia de unas moléculas que "calman" el dolor, van a un supuesto centro en el que se cocina y disuelve la compleja química de la señalización intra e intercelular que sirve de soporte a la activación del estado de alerta nociceptiva (daño necrótico).

- Me duele.

- Tómate un calmante.

Lógico

- Tengo hambre

- Pues come algo

Los macarrones, el arroz, las patatas... todos los alimentos contienen (al parecer) la química mágica que permite disolver la sensación de hambre. Es una química "calmante".

El programa que edita la percepción de hambre pretende promover la conducta del individuo que acaba metiendo algo al estómago. Una vez cumplido el requerimiento cerebral el hambre se calma.

Los sanadores aconsejan la toma precoz del calmante. Sostienen que si no es así luego cuesta más disolver el dolor.

- No espere. Tómese rápidamente el calmante.

En un porcentaje considerable de padecientes el dolor se va haciendo cada vez más frecuente, intenso y persistente y responde peor a los calmantes.

- Cada vez tengo más dolor. El efecto de los calmantes cada vez me dura menos. Cada tres o cuatro horas "tengo que" tomarme uno.

- La culpa es suya. Ha "abusado" de los calmantes. Debe dejarlos.

Un estudio reciente en ratas a las que se administra a diario paracetamol demuestra que en 30 días su sistema nociceptivo se vuelve hipersensible, genera dolor con más facilidad. La red nociceptiva aumenta la producción de unos malditos receptores de serotonina, los 5HT2A. Es como si el cerebro se agitara con los calmantes. Probablemente es lo que sucede.

Podemos engañar al sistema nociceptivo una o varias veces pero puede que en algún momento reaccione y defienda su decisión de mantener la alerta nociceptiva a pesar de los "calmantes".

Los neurólogos no se dejan impresionar por estas minucias neuronales. Siguen proclamando solemnemente que las crisis de migraña deben atajarse rápida y eficazmente no con cualquier calmantillo sino con el triptan, el supuesto antídoto específico de la migraña.

Si no se procede de este modo auguran en el futuro lesiones cerebrales, por efecto acumulado de las crisis.

Un cerebro migrañoso es un cerebro en alerta, por error en la evaluación de peligro necrótico.

Podemos calmar ese cerebro con información o podemos potenciar su alarmismo recurriendo a los "calmantes del dolor", creando una dependencia. El cerebro acabará solicitando ser calmado con el "calmante". La manera de hacerlo es activando el dolor y apretando las tuercas hasta que el padeciente pliegue su voluntad.

- No soy partidario de tomar calmantes pero no tengo más remedio que tomarlos. Muchas veces intento evitarlos pero es inútil.

En mi opinión los calmantes deben, en gran parte, su aparente prestación al efecto engaño-placebo. Si este se mantiene estable y las crisis son espaciadas, no hay mucho problema pero si aparece la espiral ello será debido a un hábito promovido por quienes siguen predicando las bondades de la analgesia en ausencia de daño.

- Tengo hambre todo el día. Los alimentos sólo me quitan el hambre un rato. Tengo que comer algo cada dos o tres horas.

-La culpa es suya. Ha abusado de los alimentos...

- Ustedes me dijeron que atajara rápidamente el hambre, comiendo algo...

Los triptanes son adictivos y caros.

- Debe comer un solomillo en un restaurante caro. Eso le quitará antes las ganas de seguir comiendo...

Está demostrado que el cerebro prefiere lo caro. El mismo "calmante" con una etiqueta que triplica el precio es más eficaz... que el marcado con el precio original...

El uso razonable de calmantes (en ausencia de daño) es equivalente al consumo razonable de tabaco o cualquier otro hábito innecesario.

- Encienda un cigarro tan pronto como sienta las ganas de fumar...

domingo 31 de enero de 2010

El dolor y la homeostasis




El término homeostasis significa estabilidad. Los seres vivos precisan condiciones estables, necesarias para su supervivencia. El interior es un medio exigente que mantiene unas condiciones constantes de temperatura, concentración de sales, agua, presión arterial, volumen intravascular, oxígeno, glucosa...

Cualquier desviación de esas condiciones constantes dispara un mecanismo de regulación cuyo objetivo es recuperar la condición perdida.

Las percepciones somáticas se acoplan a algunas de las desviaciones de la posición estable obligando al individuo a una conducta de reposición. Sed para que busque agua, hambre para comida, frío para abrigo, hambre de aire para oxígeno...

Algunos autores consideran que el dolor forma parte de la homeostasis y tendría como objeto mantener la integridad de los tejidos. En general no se hacen precisiones sobre el término daño, convirtiendo así a la percepción dolorosa en un indicador inespecífico de que algo no va bien.

En mi opinión el dolor, desde el punto de vista biológico, debe ser referido estrictamente al daño necrótico, a los episodios de destrucción violenta de tejidos. Debiera indicar que un agente o estado ha consumado (o va producir si no se anula inmediatamente) una incidencia de necrosis.

La percepción de frío, hambre, sed, cansancio y dolor probablemente cumplían una función homeostática en condiciones de vida salvaje, en entornos precarios y competidos pero en nuestra civilización han perdido totalmente esa cualidad.

La percepción somática ha perdido la condición de referencia fiable del medio interno para convertirse en muchos casos en un indicador de expectativas, creencias, dependencia, adicción, miedos, incertidumbre...

El organismo ha situado el punto de confianza que garantiza el silencio somático, el "todo está en orden" fuera de la realidad. Ya no se conforma con lo que está sucediendo sino que hace cábalas sobre lo que pudiera suceder.

El cerebro probabilístico marea la perdiz del universo de lo posible y sitúa el punto de encendido de las alarmas no ya en el daño necrótico consumado y/o inminente sino allí donde la cultura alarmista lo proclama.

Si duele no es porque se haya perdido la homeostasis tisular sino la de la confianza.

La confianza es una constante deseada. Cuando se pierde se activan percepciones somáticas varias que incitan al individuo a una conducta de evitación de lo que ha generado desconfianza y/o del auxilio terapéutico (masajes, dietas, fármacos, relajaciones, ejercicio...) considerado como conveniente.

La confianza en la integridad funcional tisular es una variable homeostática. Si se pierde el cerebro presionará al individuo a la conducta que considere exigible para recuperarla.

- ¿Ha salido algo para la confianza?. ¿No hay medicamentos antidesconfianza? Me han dicho que va bien el yoga...

- La confianza vuelve si se libra usted de la desconfianza. Sus tejidos están razonablemente sanos y aptos para el servicio.

- No estoy de acuerdo. A mí me duele y eso no me parece normal. Algo tengo que tener...

- No confía en lo que le digo. Le repito: su problema es la desconfianza...


sábado 30 de enero de 2010

Algo es algo


Theodosius Dobzhansky


El grupo de Pasquale Montagna del Instituto de Neurociencias de la Universidad de Bologna propone un modelo de migraña que tiene la virtud de considerarla como la expresión de un programa, "conducta de enfermedad", seleccionado evolutivamente por su cualidad de proteger al individuo en condiciones de adversidad interna. El programa activado en la migraña es el que también se enciende en una meningits o en una rotura arterial pericerebral.


Dijo el genetista Theodosius Dobzhansky hace ya unas cuantas décadas que "nada tiene sentido en Biología si no es a la luz de la evolución". La frase se ha convertido en un principio clásico, aceptado por todos los biólogos.

En las teorías oficiales sobre migraña brilla por su ausencia cualquier consideración evolucionista. Sostienen los neurólogos que la migraña es la expresión de una genética migrañosa, anómala, que desarrolla un cerebro hiperexcitable al que basta un empujoncillo de los obsesivos desencadenantes para desplegar toda la tortura de una crisis. No hay ningún lugar para considerar al síndrome migrañoso como un programa seleccionado evolutivamente.

La simplona propuesta oficial de los neurólogos de los genes y los desencadenantes, al carecer de sustancia evolutiva, al sentir de Dobzhansky, no sería una propuesta biológica.

El grupo de Montagna da un paso adelante, al definir la crisis como una conducta y no como un simple dolor.

Las conductas programadas por la evolución tienen un propósito defensivo: presionar al individuo a la evitación o minimización de daño en los tejidos.

A partir de aquí, de identificar la migraña como expresión del programa conducta de enfermedad, hay que contestar a la pregunta clave:

¿Por qué se activa el programa de enfermedad, si no hay enfermedad?

No hay respuesta pues ni siquiera se formula la pregunta.

Algo es algo. Bueno es que vaya apareciendo la palabra evolución y el término "conducta de enfermedad" pero no estaría de más empezar a considerar el factor cultural, un factor profundamente biológico y evolucionista que marca los encendidos, desarrollos y apagados de los programas perceptivos, emocionales y motores de homo sapiens (ma non troppo).

Cualquier propuesta sobre dolor, en ausencia de daño, que no contemple la influencia del aprendizaje (experiencia propia, observación de experiencia ajena e instrucción experta) dejará de lado el factor evolucionista más importante.

Nada de la propuesta de los neurólogos tiene sentido biológico pues no está reflexionada a la luz de la evolución.