Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

Click here to switch to the english version

Mostrando entradas con la etiqueta alodinia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alodinia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de julio de 2010

Intolerancia


Homo sapiens (ma non troppo) es una especie que ha derivado hacia la versatilidad, a la adaptación a cualquier entorno. Cuando las cosas han pintado feas o escasas ha liado los bártulos y ha salido en busca de nuevos horizontes.

El organismo sapiens ha sobrevivido a todo tipo de penurias. Ha demostrado una estimable capacidad para la tolerancia.

Bueno... eso era antes, en los tiempos de la sabana y de las minisociedades nómadas, antes de los campos de cultivo y los rebaños. 

Los sapiens (m.n.t.) actuales habitan entornos controlados, a demanda. Se han vuelto intolerantes, demandantes. Lo que antes nos hacía espabilar ahora nos hace reclamar, echar balones fuera.

- Me duele todo. Cualquier estímulo se vuelve doloroso. 

A la intolerancia doliente a todo los neurólogos le llaman alodinia. 

Hay muchos sapiens (m.n.t.) intolerantes, alodínicos.

Los doctores culpan de la alodinia al padeciente. Le consideran melindroso, quejica, subsidiario de visita al psicólogo. Sostienen que el dolorimiento universal es cosa de individuos tocados de psicopatología...

- No puede dolerle todo...

- Lo que me mandó no me hace nada...

- No puede no hacerle nada...

A los doctores les perturba la arrogancia del dolor. No cabe en su mollera la posibilidad del fracaso. La inoperancia del calmante es un test que va a misa...

Le duele todo... nada le hace nada... luego hay gato psicopatológico encerrado.

Algunos doctores anotan en sus historias un término contundente, despreciativo:  "Totalgia" (duele todo). Cualquier colega que lo lea sabe ante qué tipo de padeciente se encuentra... 

Realmente no es el padeciente el responsable del dolor universal sino su organismo hecho cerebro.

Hay un organismo real, on line, de cuerpo presente... y otro virtual, imaginado, de cuerpo ausente, intervenido, hipotecado.

Muchos sapiens habitan el organismo virtual. Es un organismo sin límites en el que puede doler todo, a todas horas. Es un organismo al que ningún remedio le parece suficiente, que le hace miedos a cuanto existe. Luces, sonidos, olores, toques, pequeñas presiones, cambios de tiempo, hormonales... todo duele...

El organismo intolerante es inhabitable. No dispone de aislamiento sensorial, de filtros que segreguen lo relevante de lo ruidoso. Todo es amenazante, doliente.

A la intolerancia somática le buscan los buscones (con perdón) genes descaminados, hábitos neuroinsanos, tóxicos ambientales, conflictos emocionales expresados por vías equivocadas, holismos, miasmas internos...

El cerebro intolerante medra en este entorno explicativo que cultiva la melindrosidad somática.

El "todo duele" desenmascara al cerebro pusilánime, medrado amedrentado.

El "todo duele" del padeciente expresa un "todo amenaza" cerebral.

El cerebro sapiens no encuentra sosiego en el organismo virtual que imagina. Por si en cualquier lugar y momento puede suceder lo temido, la necrosis, mantiene operativa la alerta nociceptiva, el estado que hace que todo duela.

- ¿Le duele todo? Es normal que así sea. Tiene usted un cerebro intolerante...

- No le tolero el comentario...

A veces el cerebro intolerante, el soñador crónico de amenazas, contagia la intolerancia al padeciente, consigue que desconfíe de todo cuanto le gustaría hacer...

- YO algo tengo que tener. Algo no funciona bien. Mi cuerpo no es normal. No soy YO.

- Le doy la razón. Usted ya no es usted. Su cerebro se ha apoderado del YO. Está bajo arresto. No lo tolera...

jueves, 10 de septiembre de 2009

La neurona sensitiva




En el esquema del modelo de Sistema Nervioso: estímulo-programa-respuesta hay tres tipos de neuronas. La primera se especializa en la detección del estímulo, la segunda contiene el programa de evaluación y la tercera ejecuta la respuesta.

Este esquema se puede aplicar a una máquina de refrescos: monedas-comprobación de cantidad correcta-liberación de la lata. Si se cumple una condición de estímulo... entonces y sólo entonces la máquina le da la lata de cocacola.

La primera neurona está capacitada para activarse si y sólo si se ha producido la condición exigida. En el caso del circuito defensivo que acaba generando dolor, esta primera neurona se dispara si y sólo si contacta con energías dañinas: temperaturas extremas, ácidos, estirones y compresiones, o destrucción consumada violenta de células (necrosis). El viento sur, los cacahuetes, el estrés, las hormonas, el sol, el desánimo, la humedad... no contienen ni generan internamente temperaturas extremas, desgarros, corrosiones ni necrosis celular por lo que en su presencia la neurona sensitiva ni se inmuta.

Las neuronas sensitivas detectoras de necrosis y energías letales son de varios tipos. Unas detectan temperaturas nocivas, otras ácidos, otras estiramentos y compresiones y otras, señales de células necrosadas. Utilizando el símil de la máquina de refrescos hay diversas ranuras para distintas monedas.

Este es el comportamiento normal de la neurona que detecta la agresión consumada o el peligro inminente. Cada refresco tiene un precio y si no se introducen las monedas exigidas la máquina no libera la lata.

La neurona sensitiva vigilante del daño tiene una propiedad fundamental: modifica su sensibilidad al disparo cada vez que se ha producido un episodio de necrosis. Si se ha golpeado contra un borde, la zona afectada permanecerá hipersensible durante un tiempo variable. Cualquier estímulo banal generará dolor. La máquina le dará el refresco con cualquier mínima cantidad y tipo de moneda. Esta situación de hipersensibilidad se conoce como alodinia. Cumple la función de proteger la zona lesionada mientras se recupera de la agresión.

En condiciones patológicas (migraña, fibromialgia,...) el dolor aparece con estímulos banales aunque la zona esté intacta. El movimiento normal: levantarse, caminar... lo dispara. La compresión mecánica leve (indolora en condiciones normales) resulta dolorosa. Existe, por tanto, alodinia facilitada, hiperexcitabilidad. La máquina le da refresco (dolor) con cualquier mínima cantidad de moneda.

¿Cómo se explica esta situación, en ausencia de destrucción violenta de células y de energías letales?

Oficialmente, no tiene explicación. Es un misterio. Se piensa que los genes, los estreses, los traumatismo físicos y afectivosa previos... encienden la alodinia pero no se dice ni se sabe cómo. Sabemos que la máquina da refrescos a precio tirado pero no se comprende el por qué, es una máquina averiada, enferma y no hay manera de diagnosticar el fallo ni encontrar la solución.

El error procede de no tener en cuenta que la sensibilidad de disparo de la neurona puede modificarse por decisiones "de arriba". La neurona sensitiva cambia el nivel de encendido automáticamente cada vez que se produce y detecta la necrosis o el contacto con energía letal pero también este estado de hiperexcitabilidad se puede activar si el cerebro decide hacerlo, de forma preventiva.

Incomprensiblemente, se sigue explicando y aplicando en los textos sobre dolor, el famoso esquema de estímulo-programa-respuesta, con dos errores básicos fundamentales:

1- El dolor es el estímulo (la máquina le pide cocacola en vez de monedas)

2- La información va en una sóla dirección, desde la primera neurona a la tercera.

La realidad es:

1- El dolor es la respuesta (la cocacola)

2- Fluye información en las dos direcciones. El nivel de disparo varía con los sucesos necróticos locales (alodinia reactiva) pero también puede hacerlo (y lo hace frecuentemente) cuando así se decide en el cerebro (alodinia proactiva, preventiva)

Los sensores de daño se encienden de forma refleja con energías letales pero a veces el cerebro evalúa peligro y los coloca en posición hipersensible por si acaso... La información de la orden cerebral viaja hasta la neurona sensitiva y circula a través de ella en dirección contraria. La neurona sensitiva es una carretera con circulación de abajo-arriba y arriba-abajo.

La doctrina oficial del dolor sigue sosteniendo la idea errónea de que la neurona sensitiva sólo admite la circulación abajo-arriba.

No es cierto. Así mal andamos.

La máquina a veces regala el refresco aunque se trate de un regalo envenenado.

martes, 30 de junio de 2009

Alodinia




En condiciones normales la aplicación de un estímulo nocivo (temperaturas extremas, pinchazos, corrosivos, ácidos, compresiones, desgarros,etc) genera dolor en la zona de aplicación. Los sensores de daño (nociceptores) repartidos por todo el organismo, detectan el estímulo y transmiten señales hasta el cerebro, donde se genera la percepción dolorosa. Si aplicamos un estímulo inofensivo: tacto suave, apoyarnos en un sofá, respirar, movernos... y aparece dolor hablamos de "alodinia" ("otro dolor").

Existe alodinia fisiológica cuando una zona ha sido dañada y está en fase activa de reparación. La alodinia, la exquisita sensibilidad dolorosa de la zona herida, impide utilizarla hasta que se haya finalizado el proceso de curación.

En ausencia de daño, de lesión o herida reciente, una zona objetivamente sana puede mostrar la misma conducta: no permite ningún estímulo, aunque sea inofensivo. Estamos ante una alodinia patológica, una hipersensibilidad protectora de una zona que no necesita ser protegida porque no le sucede nada.

En realidad se trata de un término que no aclara nada. El dolor siempre contiene alodinia, prohibición de utilizar la zona dolorida. El problema es el de aclarar el origen de esa situación: "no tocar...peligro".

En las terminaciones nerviosas de los nervios que detectan daños (nociceptores) se liberan unas sustancias (sustancia P, CGRP) que aumentan la sensibilidad de la zona, generan alodinia. ¿Cuándo se produce la liberación?

1) de forma refleja, local, cuando se produce daño violento (necrosis) como quemadura, desgarro, compresión, aplicación de ácidos, infarto etc.

2) cuando el cerebro olfatea peligro y ordena la liberación de esos mediadores (sustancia P, CGRP) en la zona bajo sospecha.

El resultado en los dos supuestos es el mismo respecto a la producción de sensibilidad exquisita: la zona protegida no puede utilizarse mientras no se autorice, es decir, mientras no se repare o hasta que no desaparezca el peligro (teórico).

Toda percepción implica una decisión cerebral y toda decisión cerebral contiene una argumentación, una evaluación de pros y contras. La alodinia, el dolor ante cualquier estímulo banal, es la consecuencia de una evaluación de amenaza y una decisión de proteger una zona. A veces la decisión está justificada y nos beneficia aunque nos incomode y otras no lo está, nos incomoda y no no nos sirve para nada.

Una paciente con migraña crónica me comentaba ayer que había visto salir a un paciente con un brazo enyesado y que sintió envidia: "al menos este tiene una causa y sabe que el dolor se pasará".

El comentario es comprensible pero no correcto. Es una suerte estar sano y disponer de la integridad de células y tejidos. A partir de esa convicción y del conocimiento del origen del dolor hay que ponerse las pilas y dedicarse a quitar miedos cerebrales. Para eso tiene que empezar uno a quitarse los miedos reconocidos.

Uno puede ponerse colorado porque hace mucho calor o por timidez. El sonrojo por timidez sería el equivalente a la alodinia. Bastan unas simples palabras para que se ponga roja la cara, para que salga del cerebro una orden que produce la liberación en las terminales nerviosas de CGRP. El color rojo está servido. La neurona responsable de ejecutar la orden cerebral es la misma que ejecuta la de encender los nociceptores (los dormidos y los de guardia) y acabar produciendo dolor. Sólo es cuestión de grado.

Todo el mundo entiende que ponerse colorado tiene un origen cerebral pero se resiste a aceptar que el dolor también tenga ese origen. El miedo y la incertidumbre son libres.

- ¿Y qué hago para no ponerme colorado...?

- Usted mismo

- No sé, no me parece normal...