| Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología. | We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology. |
lunes, 22 de noviembre de 2010
Percibir siempre es emocionante
martes, 8 de diciembre de 2009
Psicopatología somática

lunes, 23 de noviembre de 2009
En cuerpo y lenguaje

jueves, 23 de julio de 2009
Emoción somática

Emoción es sinónimo de relevancia, de estado-suceso que significa algo importante, apetitivo-positivo o aversivo-negativo. Los estados emocionales se expresan hacia el individuo como un sentimiento agradable o desagradable al que se acopla una serie de respuestas viscerales (respiración, latidos cardíacos más fuertes y acelerados, sudoración etc... ) y una incitación a una conducta motora de huída, acercamiento o bloqueo.
Ira, alegría, miedo, pánico, tristeza, sorpresa... son emociones básicas que no necesitan ser descritas pues todos las hemos sentido a lo largo de la vida.
Dolor, hambre, frío, sed, mareo, picor, nausea...son sensaciones desagradables acompañadas de respuestas viscerales que habitualmente asociamos a estados-sucesos físicos inconvenientes y que nos incitan a una conducta cuyo objetivo es la desaparición del malestar.
Para el individuo lo emocional se limita a las emociones básicas clásicas mientras que al dolor, mareo, hambre y demás los consideramos como síntomas, como señales de estados o conductas inconvenientes pero no como emociones.
En mi opinión los síntomas son estados emocionales, situaciones relevantes que solicitan una conducta del individuo. La única diferencia respecto a las emociones clásicas es que en los síntomas se trata de algo relevante interno. La emoción emerge desde el organismo y va dirigida a implicar al individuo, a contagiarle emocionalmente.
William James afirmaba que "no lloramos porque estamos tristes sino que estamos tristes porque lloramos" queriendo resaltar el papel del organismo en la generación de las emociones, desplazando al individuo, a la conciencia, a un papel receptor. Desde nuestra perspectiva como individuos parece que la afirmación de James es, al menos, discutible pero si hablamos de los "síntomas" como estados emocionales referidos al y desde el interior, tiene sentido la precisión del psicólogo americano: "no nos duele porque estamos preocupados sino que estamos preocupados porque nos duele".
El organismo hace sus propias valoraciones y construye miedos, tristezas, alegrías, inquietudes... como consecuencia del procesamiento de momentos, lugares y estados. Su tendencia anticipadora, predictiva, puede generar incertidumbre sobre sucesos relevantes (para su criterio) y dar lugar a estados emocionales internos que encienden los programas correspondientes, que contienen el recado perceptivo hacia el individuo en forma de lo que llamamos síntomas.
- Me duele la cabeza. Todos los fines de semana me sucede lo mismo. Debe ser que trabajo demasiado y se me acumula el estrés.
-¿Le gusta su trabajo?
- Pues sí. Estoy contento.
- Lo lógico es que los fines de semana estuviera contento, satisfecho, por haber cumplido con sus objetivos laborales... No entiendo por qué ni para qué surge el dolor...
- Si usted no lo entiende Doctor...
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Desde la perspectiva del organismo la cosa cambia:
- Me duele la cabeza. Todos los fines de semana me sucede lo mismo. Debe ser que trabajo demasiado y se me acumula el estrés.
- Su dedicación laboral preocupa a su cerebro que desaprueba su entusiasmo. El dolor indica que el hecho de que usted trabaje le hace sentir miedo a que pueda suceder algo en la cabeza. Ese miedo cerebral respecto a su conducta activa automáticamente el programa dolor. Indica un estado emocional cerebral de preocupación por la integridad física de su cabeza.
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Es poco probable que se encuentre con una explicación así en la consulta de un neurólogo. El componente emocional se lo atribuirán a usted. El neurólogo y sus allegados le sugerirán que trabaja demasiado y le convertirán su vivencia emocional de satisfacción por la implicación entusiasta con el trabajo en algo no recomendable, en una transgresión, en una conducta que repercute negativamente sobre su cabeza.
- Tranquilice a su cerebro. Dígale que es absurdo que esté preocupado por lo que pueda pasar en su cabeza, que trabajar a gusto y a fondo en el trabajo es neurosaludable, que no haga caso de lo que cuentan del estrés y el trabajo...
Hay que cuidar y gestionar las emociones pero no hay que descuidar los estados emocionales somáticos, los que surgen de la significación y relevancia que el cerebro da a lo que la cultura le indica sobre lo adecuado o inadecuado de nuestra conducta. La psicoterapia puede y debe dirigirse hacia el individuo cuando éste lo requiere pero también debe ir dirigida hacia el organismo. Muchas veces es el único que necesita cuidados psicológicos, modificar sus convicciones y su conducta.
miércoles, 22 de julio de 2009
Emoción inteligente
Dentro de la feroz competición de la batalla de las modas conceptuales ha hecho fortuna la sugestiva etiqueta de la "inteligencia emocional". Antes suponíamos que las emociones y los instintos eran fuerzas malvadas, demoníacas, que nos incitaban a las conductas desviadas y que sólo la "fuerza de voluntad", la racionalidad, la inteligencia, la "humanidad", podría evitar el imperio de los apetitos desordenados propios de los animales.
La batalla contra los apetitos conseguía el objetivo de no comernos un rosco a costa de no pocas zozobras mentales. Ya con perspectiva histórica, tenemos la convicción de que la lucha contra lo emocional fue poco inteligente y no sorprende que la propuesta de recolocar a las emociones en el sillón del gobierno de la inteligencia haya tenido una excelente acogida. Lo emocional vende.
La fuerza de la propuesta de lo emocional invade todos los terrenos. No es una excepción el de la salud. Una buena gestión de nuestro cuerpo exige un cierto abandono a las pulsiones emocionales y todo disturbio físico puede provenir de problemas emocionales no resueltos, no expresados, contenidos verbal y conductualmente.
Emoción es un término complicado. Si tuviera que utilizar un sólo sinónimo escogería el de relevancia. Algo nos emociona cuando posee relevancia, y algo es relevante cuando significa mucho...
Las percepciones físicas negativas son relevantes. Significan mucho. La sed, el hambre, el picor, el mareo, el dolor, el cansancio, el frío, el calor... son la expresión de un estado emocional somático que atribuye relevancia en esos momentos al agua, a la comida, a los parásitos, a las caídas, a la necrosis, a la reposición de energía, a la temperatura...
El problema es si esa emoción somática está justificada. Es evidente que un organismo de 150 kilos obsesionado (emocionado) por la apropiacion de los alimentos a mano para llevarlos a la boca no está actuando de forma inteligente. Se deja llevar del miedo somático a la falta de comida. Puede la pulsión emocional de las hambrunas teóricamente posibles y prácticamente imposibles (en nuestra civilización del "todo a cien... metros").
El dolor en ausencia de necrosis tisular, expresa el miedo somático a la destrucción teóricamente posible de tejidos, altamente improbable (si descontamos los accidentes de tráfico) en nuestra avanzada sociedad garantista.
Homo sapiens (ma non troppo) viene al mundo con el equipaje completo de lo emocional, preparado para sobrevivir en la sabana, con la tutela de los buenos consejos de los adultos de la manada. Lo emocional seguirá siempre ahí, en las capas profundas de la cebolla cerebral, independientemente de las civilizaciones que se ocupen de escolarizarle.
Los tutores iniciarán desde el primer momento una campaña sin retorno hacia la sensibilización de los apetitos y las aversiones. Todo debe ser consumido y evitado... a poder ser sin esfuerzo ni incertidumbre. El que no se encuentre bien no será por no haber hecho bien los deberes sino porque está sufriendo las consecuencias de la incompetencia ajena. Basta con que se acerque a la oficina más próxima de reclamaciones para que se le provea al instante de razón para demandar lo que eche en falta.
El organismo se ha crecido desmesuradamente en sus ancestrales emociones al calor de las proclamas culturales de "pida usted lo que quiera que tenemos derecho a tener de todo". Cualquier inconveniencia dispara la emoción y enciende uno de los muchos programas emocionales somáticos que impulsan al individuo hacia la obtención de la conducta solicitada: bocadillos, botellitas de agua, calmantes, hipnóticos, antidepresivos, fajas, collarines cervicales... Los bolsillos ya no dan para tanto complemento y necesitamos mochilas. Acabaremos llevando una maleta con ruedas para ir de viaje al bar de la esquina.
La capa última de la cebolla cerebral, la corteza prefrontal, está emocionada dando relevancia a todo tipo de nimiedades, activando compulsivamente los botones de la reclamación emocional somática, de los miedos irracionales a las diestas inadecuadas, los excesos, los defectos, los estreses, los viajes y los desgastes.
¿Inteligencia emocional? Vale, pero no nos vendría mal algo de Emoción inteligente


