Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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lunes, 22 de noviembre de 2010

Percibir siempre es emocionante


Percibimos lo que el cerebro nos proyecta como lo más relevante, emocionante, en cada momento y lugar.

No podemos decidir lo que vemos ni oimos. Sólo podemos mirar y escuchar. Una vez abiertos los ojos y los oidos el cerebro nos presenta la realidad a través del filtro de su representación, de su modelo interno.

La percepción de dolor siempre es emocionante. Nunca es una acción fría y racionalista cerebral:

- Aquí el cerebro. Hacemos saber al usuario que en este momento nuestros sistemas de memoria predictiva calculan una alta probabilidad de que suceda algo terrible en la cabeza. Hemos activado por ello la función de alerta del dolor. Debe dejar inmediatamente lo que está haciendo, meterse en el cuarto oscuro, eliminar lo comido, abstenerse de interactuar con el mundo y tomarse el calmante.

Si se activa el dolor es porque en la red hay temor a que algo suceda. Hay emoción. 

La red neuronal contiene muchas capas de procesamiento distribuidas a lo largo y ancho del organismo. 

Todos los estímulos son procesados a todos los niveles. Hay áreas que procesan "friamente" los parámetros de los estímulos: dónde, cuándo, cuánto... Otras se centran en la relevancia de lo que ya está sucediendo o pudiera suceder (memoria predictiva). Lo que percibimos contiene el producto integrado de lo que cada área aporta. 

Si no percibimos nada en la cabeza ello quiere decir que no sucede ni se prevé nada emocionante en ella. 

El componente emocional, lo que atribuye relevancia a un momento, lugar y circunstancia lo genera la red, no el individuo. 

- Le duele porque en su inconsciente hay estados emocionales, acontecimientos de su vida, que no encuentran su vía de expresión normal y lo hacen a través de síntomas físicos (somatización). Hábleme de usted, de su infancia, de sus problemas...  

Al organismo se le niegan las emociones. Se supone que lo único emocionante es lo que le sucede o pueda suceder al individuo. Se tiende a interpretar "lo emocional" como algo inmaterial, escondido en los sótanos cerebrales, generado por avatares biográficos emocionantes y que condiciona todo el ámbito de las decisiones de las áreas analíticas. 

El dolor (en ausencia de daño) no puede surgir de un razonamiento cerebral. Tienen que ser las emociones, ya sabe, los problemas, los recuerdos, el estrés... Eso se dice...

El dolor, el hambre, la sed, el picor... son percepciones homeostáticas. Contienen la emoción de que se destruya tejido, falte comida, agua o ande un parásito por la piel... No hay generalmente racionalidad en esa emoción somática sino todo lo contrario: irracionalidad, emoción injustificada, miedo, fobia.

Los padres andan siempre emocionados con lo que les pueda suceder a sus retoños. Piensan emocionadamente en sucesos teóricos.

- ¡Bájate de ahí que te vas a matar! ¡Come, bebe un poco de agua, límpiate...! ¡Toma, por desobediente! ¡Te he dicho que no quiero que...!

El cachete (dolor) contiene el miedo paterno a que la desobediencia filial traiga consecuencias. Es una acción emocionante que pretende emocionar al receptor, contagiar el miedo a lo que pueda suceder en ese momento, lugar y circunstancia. 

- Me duele. Qué emoción...

El padeciente sucumbe al miedo al sufrimiento y busca el alivio con cualquier cosa. El cerebro ha sucumbido previamente al miedo probabilístico del daño somático. El individuo puede esperar. Ahora toca proteger la cabeza.

Es una extraña propuesta la de este blog. El niño debe calmar a sus padres...

- Tiene que calmar a su cerebro. Convencerle de que no está pasando ni va a pasar nada... que no es necesario tomar tóxicos adictivos ni meterse al cuarto oscuro... que le deje continuar con lo que tenía previsto...

La percepción siempre es emoción. Busca, solicita, suplica o exige una acción del individuo...

El cerebro obliga a los órganos a actuar según sus evaluaciones. Lo hace a través de mensajes químicos emocionantes: hormonas, neurotransmisores...También pretende mover al individuo en la dirección que considera oportuno. Lo hace con la percepción, con el dolor...

Las órdenes cerebrales han modificado las condiciones químicas de la red nociceptiva. Los nociceptores meníngeos están activados, sensibles... El núcleo trigéminocervical con todas las puertas abiertas de par en par para facilitar y amplificar el tráfico de señal... el circuito tálamocortical... las amigdalas... el individuo...

- Me duele

- Estás en alerta. Así lo exige el cerebro. Tú formas parte de él...

martes, 8 de diciembre de 2009

Psicopatología somática





Habitualmente se sobrentiende que la psicopatología es patrimonio del individuo, el hombrecito etéreo que habita el robot.

El cuerpo tiene somatopatologías y el hombrecito psicopatologías.

El cuerpo es somatoanalizable, cuantificable, fotografiable, reparable, recambiable. Es sordo y mudo. No tiene emociones. Es un complejo pero frío mecanismo, un ejército de idiotas celulares, sin ideas. Sólo memoria, archivos.

El hombrecito es psicoanalizable. Habla y escucha (no siempre). Tiene sentimientos e ideas. Su inmaterialidad escamotea la posibilidad de ser cuantificado y desmenuzado.

El cuerpo contiene procesos físicoquímicos, reacciones, metabolismo. Detecta variaciones de energías medibles y les adosa respuestas reflejas.

El hombrecito tiene conductas que surgen de la reflexión. Decide. Está envuelto en energías aún no desveladas, esquivas a ser detectadas y medidas pero presentidas y ubicuas.

El cuerpo tiene enfermedades , lesiones y disfunciones por exceso y defecto. El cuerpo no se equivoca... falla. No tiene responsabilidad.

El hombrecito tiene desvaríos, miedos, angustias, desánimos, obsesiones, alucinaciones, compulsiones, adicciones, desatenciones, hipervigilancias, apatías, euforias, errores, falsas creencias...

El cuerpo no se aviene a pláticas ni recomendaciones. Pastillas, dietas y cirugía.

El hombrecito gusta de hablar, relatarse. Se deja aconsejar y reconducir con la palabra.

No se sabe bien si el cerebro es del cuerpo o del hombrecito. Para gustos e intereses...

En mi opinión el cuerpo tiene su corazoncito y su cerebrito. Es, en gran parte, inconmensurable. Tiene estados de ánimo, preocupaciones, angustias, ideas, obsesiones, desatenciones e hipervigilancias, compulsiones, apatías, euforias y creencias.

Pienso que el cuerpo y el hombrecito son la misma cosa.

Si no concedemos al cuerpo psicopatología necesitamos magnificar al hombrecito, segregarlo de vísceras y carnes.

El cerebro no deja de ser un derivado de la piel, un trocito de pellejo hipersensible a lo que sucede a su alrededor, una membrana sofisticada, capaz de extraer primera, segunda y tercera derivadas e integrarlas para memorizar y rumiar su resultado, que es volcado en la red.

Pienso que tenemos dejado de la mano de Dios al psiquismo corporal, a su psicopatología cotidiana, a su propio estrés. Dejamos que el cuerpo se gestione a sí mismo desde su psicopatología mientras registramos al hombrecito magnificado en busca de emociones mal administradas.

La migraña es la consecuencia de un cerebro fóbico adictivo que mortifica a un hombrecito habitualmente sin psicopatología. La doctrina oficial de los neurólogos, incomprensiblemente, alimenta esa psicopatología somática recomendando que se identifique desencadenantes que deben ser fóbicamente evitados mientras anima al consumo adictivo de analgésicos.

Pienso que no estaría mal una nueva especialidad: psicólogos somáticos... que, por supuesto, no es lo mismo que psicosomáticos...


lunes, 23 de noviembre de 2009

En cuerpo y lenguaje




- ¿Qué sucede, por qué están los bomberos? ¿Hay incendio en la casa?

- Están los vecinos dentro. Tienen reunión. Es sobre el arreglo del tejado. Parece que la discusión está acalorada....

- ¿Y qué pintan los bomberos...?

- Supongo que como la cosa está que arde hay peligro de que arda la casa... Vienen siempre que se toca el tema del tejado...

.................

- ¿Qué te pasa? Tienes mala cara...

- Me va a estallar la cabeza.

- ¿Por qué?

- Ando con exámenes, todo el día con el ordenador...

- ¿Y?

- Las neuronas hierven y supongo que aumenta la presión dentro de la cabeza...

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El cuerpo está representado, presentido, en el cerebro.

A través del lenguaje interiorizamos una imagen corporal. Ese lenguaje es, evidentemente, irreal, no expresa lo que está pasando. No hierve la sangre, se destroza el corazón, se nubla la mente ni se forman nudos en la garganta.

El individuo sabe que es una forma de hablar, de expresar las emociones, referidas a sucesos que afectan a su propio ámbito. El individuo sabe que es así pero no sabemos lo que piensa su organismo, la casa donde habita.

Puede que el cerebro sea más literal de lo que pensamos y dé a las palabras un significado, una expectativa absolutamente irracional, olvidando que se trata de una simple imagen, una metáfora.

Sobre cuestiones internas el cerebro es alarmista y cándido. Puede que se tome en serio todo lo que oye y lee.

- Me duele la rodilla. Anda el tiempo revuelto. Va a llover... Noto la humedad. Se me forma reuma...

- ¿Qué es eso del reuma?

- No sé, pero me afecta. Si hay humedad se me forma en la rodilla operada y lo noto... Se me inflama...

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Hay una marcada tendencia a mezclar los asuntos externos con los internos, los del individuo con los del organismo, los del edificio con los de quienes lo habitan.

- Lo emocional es importante. El cuerpo expresa las emociones

- ¡Y de qué manera...!

- Somatizamos...

- El cuerpo expresa sus propias emociones. Tiene sus valoraciones. Le preocupa lo que le puede pasar en función de los trajines del individuo. Al cerebro le importa un bledo el resultado de los exámenes. Lo que realmente le atemoriza es que las horas de ordenador traigan consecuencias necróticas. Muerte violenta.

- Suena demasiado frío y racional. Lo emocional también importa.

- Por supuesto que importa. Si no fuera por las emociones cerebrales no nos dolería la rodilla cuando sale el día húmedo ni la cabeza porque estamos estudiando con cierta inquietud. Las emociones necesitan también racionalidad. Si calentamos al cerebro con metáforas puede que actúe literalmente.

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- Desde que se resolvió el problema del tejado ya no hay discusiones ni suenan las sirenas de los bomberos. Las emociones de los vecinos influyen mucho en los sonidos de sirenas...

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- ¡Joder con el cerebro!

- Insisto. Cuide su lenguaje...

jueves, 23 de julio de 2009

Emoción somática




Emoción es sinónimo de relevancia, de estado-suceso que significa algo importante, apetitivo-positivo o aversivo-negativo. Los estados emocionales se expresan hacia el individuo como un sentimiento agradable o desagradable al que se acopla una serie de respuestas viscerales (respiración, latidos cardíacos más fuertes y acelerados, sudoración etc... ) y una incitación a una conducta motora de huída, acercamiento o bloqueo.


Ira, alegría, miedo, pánico, tristeza, sorpresa... son emociones básicas que no necesitan ser descritas pues todos las hemos sentido a lo largo de la vida.


Dolor, hambre, frío, sed, mareo, picor, nausea...son sensaciones desagradables acompañadas de respuestas viscerales que habitualmente asociamos a estados-sucesos físicos inconvenientes y que nos incitan a una conducta cuyo objetivo es la desaparición del malestar.


Para el individuo lo emocional se limita a las emociones básicas clásicas mientras que al dolor, mareo, hambre y demás los consideramos como síntomas, como señales de estados o conductas inconvenientes pero no como emociones.


En mi opinión los síntomas son estados emocionales, situaciones relevantes que solicitan una conducta del individuo. La única diferencia respecto a las emociones clásicas es que en los síntomas se trata de algo relevante interno. La emoción emerge desde el organismo y va dirigida a implicar al individuo, a contagiarle emocionalmente.


William James afirmaba que "no lloramos porque estamos tristes sino que estamos tristes porque lloramos" queriendo resaltar el papel del organismo en la generación de las emociones, desplazando al individuo, a la conciencia, a un papel receptor. Desde nuestra perspectiva como individuos parece que la afirmación de James es, al menos, discutible pero si hablamos de los "síntomas" como estados emocionales referidos al y desde el interior, tiene sentido la precisión del psicólogo americano: "no nos duele porque estamos preocupados sino que estamos preocupados porque nos duele".


El organismo hace sus propias valoraciones y construye miedos, tristezas, alegrías, inquietudes... como consecuencia del procesamiento de momentos, lugares y estados. Su tendencia anticipadora, predictiva, puede generar incertidumbre sobre sucesos relevantes (para
su criterio) y dar lugar a estados emocionales internos que encienden los programas correspondientes, que contienen el recado perceptivo hacia el individuo en forma de lo que llamamos síntomas.


- Me duele la cabeza. Todos los fines de semana me sucede lo mismo. Debe ser que trabajo demasiado y se me acumula el estrés.


-¿Le gusta su trabajo?


- Pues sí. Estoy contento.


- Lo lógico es que los fines de semana estuviera contento, satisfecho, por haber cumplido con sus objetivos laborales... No entiendo por qué ni para qué surge el dolor...


- Si usted no lo entiende Doctor...


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Desde la perspectiva del organismo la cosa cambia:


- Me duele la cabeza. Todos los fines de semana me sucede lo mismo. Debe ser que trabajo demasiado y se me acumula el estrés.


- Su dedicación laboral preocupa a su cerebro que desaprueba su entusiasmo. El dolor indica que el hecho de que usted trabaje le hace sentir miedo a que pueda suceder algo en la cabeza. Ese miedo cerebral respecto a su conducta activa automáticamente el programa dolor. Indica un estado emocional cerebral de preocupación por la integridad física de su cabeza.


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Es poco probable que se encuentre con una explicación así en la consulta de un neurólogo. El componente emocional se lo atribuirán a usted. El neurólogo y sus allegados le sugerirán que trabaja demasiado y le convertirán su vivencia emocional de satisfacción por la implicación entusiasta con el trabajo en algo no recomendable, en una transgresión, en una conducta que repercute negativamente sobre su cabeza.


- Tranquilice a su cerebro. Dígale que es absurdo que esté preocupado por lo que pueda pasar en su cabeza, que trabajar a gusto y a fondo en el trabajo es neurosaludable, que no haga caso de lo que cuentan del estrés y el trabajo...


Hay que cuidar y gestionar las emociones pero no hay que descuidar los estados emocionales somáticos, los que surgen de la significación y relevancia que el cerebro da a lo que la cultura le indica sobre lo adecuado o inadecuado de nuestra conducta. La psicoterapia puede y debe dirigirse hacia el individuo cuando éste lo requiere pero también debe ir dirigida hacia el organismo. Muchas veces es el único que necesita cuidados psicológicos, modificar sus convicciones y su conducta.

miércoles, 22 de julio de 2009

Emoción inteligente



Dentro de la feroz competición de la batalla de las modas conceptuales ha hecho fortuna la sugestiva etiqueta de la "inteligencia emocional". Antes suponíamos que las emociones y los instintos eran fuerzas malvadas, demoníacas, que nos incitaban a las conductas desviadas y que sólo la "fuerza de voluntad", la racionalidad, la inteligencia, la "humanidad", podría evitar el imperio de los apetitos desordenados propios de los animales.


La batalla contra los apetitos conseguía el objetivo de no comernos un rosco a costa de no pocas zozobras mentales. Ya con perspectiva histórica, tenemos la convicción de que la lucha contra lo emocional fue poco inteligente y no sorprende que la propuesta de recolocar a las emociones en el sillón del gobierno de la inteligencia haya tenido una excelente acogida. Lo emocional vende.


La fuerza de la propuesta de lo emocional invade todos los terrenos. No es una excepción el de la salud. Una buena gestión de nuestro cuerpo exige un cierto abandono a las pulsiones emocionales y todo disturbio físico puede provenir de problemas emocionales no resueltos, no expresados, contenidos verbal y conductualmente.


Emoción es un término complicado. Si tuviera que utilizar un sólo sinónimo escogería el de relevancia. Algo nos emociona cuando posee relevancia, y algo es relevante cuando significa mucho...


Las percepciones físicas negativas son relevantes. Significan mucho. La sed, el hambre, el picor, el mareo, el dolor, el cansancio, el frío, el calor... son la expresión de un estado emocional somático que atribuye relevancia en esos momentos al agua, a la comida, a los parásitos, a las caídas, a la necrosis, a la reposición de energía, a la temperatura...


El problema es si esa emoción somática está justificada. Es evidente que un organismo de 150 kilos obsesionado (emocionado) por la apropiacion de los alimentos a mano para llevarlos a la boca no está actuando de forma inteligente. Se deja llevar del miedo somático a la falta de comida. Puede la pulsión emocional de las hambrunas teóricamente posibles y prácticamente imposibles (en nuestra civilización del "todo a cien... metros").


El dolor en ausencia de necrosis tisular, expresa el miedo somático a la destrucción teóricamente posible de tejidos, altamente improbable (si descontamos los accidentes de tráfico) en nuestra avanzada sociedad garantista.


Homo sapiens (ma non troppo) viene al mundo con el equipaje completo de lo emocional, preparado para sobrevivir en la sabana, con la tutela de los buenos consejos de los adultos de la manada. Lo emocional seguirá siempre ahí, en las capas profundas de la cebolla cerebral, independientemente de las civilizaciones que se ocupen de escolarizarle.


Los tutores iniciarán desde el primer momento una campaña sin retorno hacia la sensibilización de los apetitos y las aversiones. Todo debe ser consumido y evitado... a poder ser sin esfuerzo ni incertidumbre. El que no se encuentre bien no será por no haber hecho bien los deberes sino porque está sufriendo las consecuencias de la incompetencia ajena. Basta con que se acerque a la oficina más próxima de reclamaciones para que se le provea al instante de razón para demandar lo que eche en falta.


El organismo se ha crecido desmesuradamente en sus ancestrales emociones al calor de las proclamas culturales de "pida usted lo que quiera que tenemos derecho a tener de todo". Cualquier inconveniencia dispara la emoción y enciende uno de los muchos programas emocionales somáticos que impulsan al individuo hacia la obtención de la conducta solicitada: bocadillos, botellitas de agua, calmantes, hipnóticos, antidepresivos, fajas, collarines cervicales... Los bolsillos ya no dan para tanto complemento y necesitamos mochilas. Acabaremos llevando una maleta con ruedas para ir de viaje al bar de la esquina.


La capa última de la cebolla cerebral, la corteza prefrontal, está emocionada dando relevancia a todo tipo de nimiedades, activando compulsivamente los botones de la reclamación emocional somática, de los miedos irracionales a las diestas inadecuadas, los excesos, los defectos, los estreses, los viajes y los desgastes.


¿Inteligencia emocional? Vale, pero no nos vendría mal algo de Emoción inteligente