Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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Mostrando entradas con la etiqueta hernia de disco. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 25 de noviembre de 2009

Discos rayados




El disco. Otra vergonzante chapuza de la evolución: algo que se hernia a poco que nos descuidemos en coger un peso indebidamente.


- Me han hecho la resonancia y me han sacado tres hernias de disco en las lumbares y dos en las cervicales. Menudo panorama tengo con esta columna...


Los discos hacen su labor. Posibilitan flexiones y giros, acercarnos a los objetos desde todas las posiciones. El cerebro selecciona el programa más económico e inofensivo para cada intento.


Con los años los discos van perdiendo calidad (agua) y eso hace que su aspecto en la resonancia no sea el que ofrece el de los niños. Es frecuente que abomben algo hacia el interior, que protruyan (protrusión discal). Las narices también protruyen, hacia fuera (protrusión nasal).


A la protrusión discal algunos exagerados le llaman hernia, aunque no lo sea.


Para hablar con propiedad, como debe ser, sólo hay hernia cuando la bolita interior del disco, el llamado núcleo pulposo, sale de la cáscara discal porque ésta se ha desgarrado e invade el interior del raquis. Puede que se produzca una inflamación, es lo lógico y deseable, y que duela (también lógico y deseable).


Cuando el disco se hernia, tras muchos años de estar silenciosamente protruido, puede comprometer a algún cable cercano, implicándole en el destrozo y, por tanto, en la inflamación (lógica y deseable). El dolor por inflamación del nervio se siente a lo largo de una banda estrecha que recorre la extremidad correspondiente. Si el disco herniado es lumbar, el cable probablemente forma parte del nervio ciático. Hablaremos en ese caso, con propiedad, de una ciática.


La región de la columna es sede habitual de dolor. Es frecuente que ese dolor se extienda hacia una extremidad. Es frecuente que la exploración de los nervios sea normal. Es frecuente que se haga una resonancia. Es frecuente que se encuentren protrusiones discales. Es frecuente que a las protrusiones se les llame, sin propiedad, hernias. Es frecuente que se considere, erróneamente, que el dolor de la extremidad sea debido a que algún cable está pinzado por la protrusión. Es frecuente que ello dé lugar, incluso, a una intervención, injustificada, para "liberar" al nervio del apretón del disco.


Es frecuente, excesivamente frecuente, la falta de rigor a la hora de utilizar términos médicos y construir teorías sobre origen del dolor.


El dolor sobre columna, extendido a una extremidad, es a veces, la consecuencia de la inflamación de un cable por el suceso de la herniación de un disco y en muchas más ocasiones, no tiene nada que ver con ello. Para explicar ese dolor hay que tener en cuenta muchos datos y muchas posibles responsabilidades. No todas corresponden a los discos intervertebrales.


El que el dolor se proyecte hacia la extremidad no es equivalente a compromiso de cable, no es una "ciática". Basta con que haya una lesión aguda local (sin compromiso de nervio) o unas condiciones de carga y trabajo inadecuadas. El cerebro no nos define con precisión la localización de los problemas internos. Cuando hay un infarto de miocardio puede doler el brazo. Eso no quiere decir que la zona infartada "pinza" un cable que anda por allí.


Muchas veces el disco que no va bien es el que contiene la grabación del dolor. Ese disco está en el cerebro y no está herniado... sino rayado, que es peor.


Para solucionar el problema de los discos cerebrales rayados hay que ocuparse, lógicamente, del cerebro, no de la columna.


Basta con levantar la aguja, limpiar los surcos y el cabezal y volver a ponerlo sobre el vinilo neuronal.

- ¿Cómo se hace eso?

- Lo hace el cerebro, pero tiene que saber que es un disco rayado. Usted puede ayudar a que lo vea así...

- Pienso yo que las hernias de disco que me han dicho que tengo dolerán también... ¿no?

- No son hernias, son protrusiones...

- No estoy de acuerdo, tengo hernias, tengo hernias, tengo hernias, tengo hernias, tengo hernias....

Lorimer Moseley publicó un estudio en el que comparaba la evolución de pacientes intervenidos de hernia de disco. A unos les enseñaba el material herniado eliminado y a otros no. Iban mejor aquellos que habían visto el material herniado.

domingo, 26 de julio de 2009

Pinzamientos




El cuerpo está lleno de nervios. Van y vienen de cada punto a la médula espinal. Su "camino" está marcado por huesos, fascias, ligamentos y músculos. Necesariamente deben atravesar articulaciones. Al andar, correr, saltar o vegetar en el sofá los comprimimos, doblamos, estiramos y torsionamos. No hay que preocuparse. El nervio está preparado para afrontar el estrés mecánico que todo ello supone. Es una estructura elástica, torsionada, forrada y almohadillada. De otro modo estaríamos en un ¡ay! continuo.

Si nos pasamos de rosca en la compresión posicional, muchos nervios "protestan" y notamos hormigueo. Basta cambiar de posición y esperar un ratillo para que el nervio se recupere, sin problemas.

La resistencia del nervio a la compresión varía de unas personas a otras y en la misma persona, según circunstancias, no sólo mecánicas locales sino también (de forma notable) del grado de alerta. El número, estado y tipo de sensores mecánicos de la membrana de las fibras nerviosas varía continuamente y lo hace en función de los contextos y de lo que el cerebro valora como relevante. Hay temporadas en las que se nos duerme todo...

A pesar de todas estas previsiones naturales, seleccionadas a lo largo de millones de años de evolución, el nervio queda, al parecer de muchos, frecuentemente pinzado, atrapado entre huesos, músculos, tendones, fascias y ligamentos. Todos ellos parecen obedecer a una fuerza misteriosa que les incita a inmovilizar al pobre e indefenso nervio y apretar con saña.

- Tengo pinzamientos

- Y eso ¿qué es?

- No lo sé muy bien. Imagino que tengo un nervio pillado entre los huesos

- ¿Y qué piensa su cerebro de eso? ¿Cómo es que lo consiente?

- Yo no pienso. Me duele

..................................

En el mundo del pinzamiento hay supuestos elementos que aprietan a conciencia con voluntad de "pinzar". Para ello necesitan de la colaboración de los músculos locales, que se contraigan del modo necesario para machacar al pobre nervio. No cabe, al parecer, una acción muscular mucho más lógica, de signo contrario: liberar al nervio de la pinza.

Los músculos se contraen a consecuencia de condiciones locales anómalas (falta de oxígeno, daño necrótico, anomalías metabólicas) o porque así lo han decidido sus superiores cuando lo consideran oportuno.

Se supone que la voluntad cerebral es la de allanar el camino a sus queridos cables, a sus fuentes de información y ejecutores de sus órdenes. No tiene sentido la orden de pinzar nervios pero sí la contraria: despinzarlos.

Hay sucesos agudos como traumatismos o hernias discales que generan estrés mecánico a un nervio, lo "pinzan". El cerebro reorganiza la nueva situación con programas motores que redistribuyen las cargas evitando la agresión a la zona herida y, por tanto, vulnerable. El objetivo es evitar las famosas pinzas. Una vez se enfría la zona dañada, se readapta el escenario a la nueva situación, actualizándose los programas motores ya sin el hándicap de una lesión reciente, y, por supuesto, sin pinza. El movimiento activo, progresivo y sin miedo favorece la programación normal de la zona.

Generalmente los cambios lentos, progresivos, los englobados dentro de la etiqueta confusa de "desgaste" o artrosis, no provocan pinzamiento (estrés mecánico) de nervios. Estos pueden estar más o menos cerca del hueso pero la cercanía o, incluso el contacto, no genera estrés (pinza). Evidentemente, se puede llegar a estados anatómicos límite por patología osteoarticular degenerativa, en los que cabe escasa adaptación al movimiento o posición mantenida y el cerebro ya no puede organizar programas de descarga pero, en general, se abusa del término "pinzamiento".

No basta con detectar en imagen una disminución del grosor de los discos para concluir rápidamente que el paciente tiene un nervio pinzado. En todo caso hay modos de comprobarlo, por ejemplo con una exploración clínica somera o con un Electromiograma.

Me temo que la palabra "pinzamiento" es una más de las del nutrido y exitoso grupo del "cajón de sastre": conjunto de cosas diversas y desordenadas (RAE)

- No es que tenga un nervio pinzado sino que el cerebro le ha "precintado" una zona. Piensa que es vulnerable y la ha eliminado de los programas. El dolor forma parte del programa. Es lo que garantiza que el precintado se respete. No eche la culpa precipitadamente a huesos que pinzan. Revise lo que piensa y decide su cerebro. No es bueno dejarlo suelto construyendo miedos e imágenes de nervios pinzados.



miércoles, 13 de mayo de 2009

Fibromialgia, cuestión de cerebro





Un porcentaje elevado de los pacientes que acuden a la consulta de un neurólogo padecen dolor de localización variable. La mayoría de ellos, afortunadamente, no tiene ninguna lesión o enfermedad demostrable pero, desgraciadamente, no podemos ofrecerles una explicación a su padecimiento ni, por lo tanto, una solución. 

      - Tengo buenas noticias. No tiene usted nada.

      - Y entonces, ¿por qué me duele?

Esa pregunta la contestamos los médicos de forma variable. De entrada, uno siente la tentación de recurrir a los mecanismos psicológicos...

       - Son los nervios, el estrés. ¿Cómo está de ánimo?

       - ¡Cómo quiere que esté con este dolor..! Cuando no me duele soy la persona más feliz y activa del mundo...

       - En realidad está usted deprimida. El dolor es un síntoma de su depresión, no al revés, como piensa usted...

Me dediqué un tiempo a hacer Electromiografía, una exploración que detecta lesiones de nervios. Muchos de los pacientes padecían lumbago y dolor cervical y el objetivo de la prueba era descartar afectación de una raíz nerviosa ("un nervio pinzado") por hernia de disco. Era evidente que no había correlación entre dolor y lesión de nervio. Los relatos de dolor invalidante podían dar un resultado normal y otros con dolor soportable y sin incidencia en la actividad laboral se acompañaban de signos electromiográficos de lesión nerviosa ("nervio pinzado"). Había, por tanto, algo más que explicaba por qué unos sufrían tanto "sin tener nada" y otros nada teniendo tanto y ese algo por entonces era para mí "lo psicológico". La diferencia la marcaba su mente.

Desgraciadamente tuve una hernia de disco L5-S1 y, tras esperar inútilmente en la cama con reposo estricto a que amainara el dolor, decidí operarme. Me extrajeron el disco herniado, mi raíz nerviosa quedó libre y yo me libré del dolor. Recuperé mi actividad física, sin limitaciones. 

Al cabo de unos años volvieron los dolores y pasé varios períodos de baja, inmovilizado por el dolor. Tomé antiinflamatorios justo el tiempo de comprobar su ineficacia y seguí la recomendación del reposo estricto hasta comprobar su efecto claramente perjudicial. Comencé a explorar el movimiento y mi mente a la vez que devoraba todos los artículos que hablaran de dolor.  Así fué cómo descubrí la inevitable, insoportable e inadvertida presencia de mi cerebro

Mi dolor, y el de los demás, no provenía de la mente sino del cerebro: yo tenía miedo a moverme por el dolor y por la avería que podía montarse en mi maltrecha columna pero ese miedo me lo había contagiado mi cerebro. 

El movimiento y el cambio de chip me sacaron de la cama y me devolvieron a la normalidad. Eso hace ya muchos años...

        - Buenos días. Tengo fibromialgia. Ya me han dicho que es una enfermedad misteriosa que no tiene curación 

        - No estoy de acuerdo. Se conoce perfectamente su origen. No es un problema reumático. A sus huesos, músculos y articulaciones no les pasa nada. No hay inflamación. El problema está en el cerebro. Procesa y aplica mala información.    

        - ¿O sea que es psicológico? 

        - En absoluto. Me ha malentendido. Es una cuestión de cerebro. Gestiona el organismo y autoriza o prohibe nuestra actividad. A usted no sólo no le autoriza el movimiento sino que se lo penaliza. Vive usted en un cuerpo sano regido por un cerebro sano pero equivocado. Evalúa erróneamente, a la baja, el estado de su organismo. 

La reacción a esta afirmación es de dos tipos. Más o menos el 50% se indigna silenciosamente y no vuelve por la consulta. Puedo imaginar los comentarios con sus allegados... El otro 50% lo entiende o, al menos, lo respeta y se presta a aprender conceptos básicos sobre neuronas y cerebro y a afrontar el problema de un modo radicalmente distinto. Algunas se curan. Consiguen que su cerebro no sólo autorice sino que promueva el movimiento. 

           - La fibromialgia es una cuestión de cerebro. Su cerebro le ha metido en esto y sólo su cerebro le puede sacar de ahí. 

           - No me convence

           - Usted misma... 

Desconozco cuál ha sido su reacción al leer este post. Puede que, incluso, sea una paciente con fibromialgia. He expresado mis convicciones y mis propuestas. El éxito de la etiqueta "fibromialgia" aplicada a un cuadro de dolor generalizado y cansancio que afecta básicamente a las mujeres, ha conseguido dos logros fundamentales: 

      1-  Certificar la realidad del sufrimiento relatado por las pacientes y protegerlas del etiquetado insufrible de "dolor psicológico"

      2- Descartar el origen "reumático" y situarlo en la red neuronal. De ahí se deriva la propuesta de cambiar el nombre de fibromialgia por el de "Síndrome de Sensibilidad Central". Es un confuso nombre. La metáfora de la informática lo traduce a: "El cerebro procesa mal la información". Amplifica los estímulos. Está misteriosamente en estado de alerta, "como si" hubiera enfermedad. Es una enfermedad en una no enfermedad...

No espere que los responsables de los contenidos de la información que, al parecer, procesa mal el cerebro fibromiálgico, revisen esos contenidos. Andan buscando serotoninas, sustancia P, polimorfismos de la COMT, y otras moléculas sospechosas para reprimirlas o reponerlas. Eso se completa con rascar el pasado físico y emocional para inculpar a abusos que han dejado su huella... El modelo biopsicosocial impone su reinado. El abordaje multidisciplinar es la herramienta. Más recursos, más reconocimiento de enfermedad biomédica, como las demás. 

                Más información... De acuerdo...pero ¿Cuál?