Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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viernes, 22 de enero de 2010

Plasticidad




Las conexiones interneuronales tienen un grado de fijeza variable. Hay ligaduras fijas, inamovibles, mientras que otras pueden ser eliminadas o establecidas según el curso de los acontecimientos y, sobre todo, la forma en que son evaluados.

La propiedad de las conexiones de nacer, fortalecerse, debilitarse y/o morir se conoce como
plasticidad.

El cerebro es plástico. Hasta que fallecemos sigue buscando la conectividad más rentable para la supervivencia física y social,
según su sistema de creencias y valores.

Las creencias sobre integridad tisular (pasada, presente y futura), sobre los riesgos que las acciones del individuo crearon, crean o pudieran crear, guían el proceso de reafirmar redes de conexiones o deshacerlas para ser reemplazadas por otras de signo contrario.

La cronificación del dolor indica que hay establecida una conectividad que mantiene, contra todo viento y marea de lógica, un programa defensivo de alerta continuada que tiene al individuo en un ay! y le impide desarrollar una actividad normal.

Los tejidos de las zonas doloridas están aptos para el servicio. La acción solicitada generalmente no supone ninguna amenaza para su integridad. La inactividad, sin embargo, implica un fortalecimiento de la conectividad que mantiene la proyección injustificada del dolor sobre la atormentada consciencia del individuo.

El encendido hipocondríaco cerebral del programa dolor-cansancio-desánimo sólo genera mortificación, degradación celular por desuso e, incluso, empobrecimiento de las ramificaciones neuronales. El bosque neuronal de determinadas zonas cerebrales acaba ofreciendo un aspecto raquítico con árboles (neuronas) de escasas ramas y hojas. Los árboles están vivos pero algo falta en el terreno del que se nutren o no disponen de la necesaria iluminación.

El bosque neuronal retomaría un aspecto normal si desapareciera el miedo a la necrosis, la convicción de que la acción del individuo no implica amenaza ni fracaso.

A la conectividad neuronal no le falta materia prima. No hay desabastecimiento de serotoninas, dopamina, noradrenalina ni endorfinas. Tampoco hay virus ni tóxicos que hayan generado daño. Nada impide la puesta en marcha de una conectividad normalizada que no sólo permita sino que incluso promueva la acción.

Falta convicción, garantías, confianza.

La conectividad cerebral está agarrotada por virus informativos, culturales.

No disponemos de sistemas de antivirus en el mercado. Sólo tenemos información, datos... El cerebro los utilizará en la medida que:

1- considere que sus creencias actuales son falsas (virus)

2- la nueva información sea válida

Si el cerebro detecta virus y dispone de nueva información validada por su red evaluativa se dedicará a desactivar conexiones defensivas y reabrir las que incitan al individuo a moverse sin temor. Aplicará los antivirus correspondientes reabriendo el flujo de señal por la red de programas perceptivos, emocionales y motores que soportan la cotidianeidad de un individuo gestionado por un cerebro con sentido común.

No sabemos cómo hacer para que el proceso tenga éxito. Sólo podemos presentarlo, conseguir que se entienda, crea y aplique. El individuo no manda, no puede retocar sus conexiones, pero, a través de la escucha, lectura, reflexión, imaginación, decisión... puede ir arañando votos en el parlamento neuronal, inclinando finalmente la balanza hacia opciones cerebrales más permisivas.

Puede que, en muchas ocasiones, estemos dando el voto a las opciones que prometen mucho pero que en el fondo no hacen sino mantener un estado represivo.

domingo, 28 de junio de 2009

Complejidad neuronal





Muchos neuroterapeutas reducen la complejidad de la actividad neuronal a cuestiones bioquímicas simples. El cerebro es visto, a veces, como una glándula endocrina que segrega unas pocas hormonas: serotonina, dopamina, noradrenalina y algunas otras de menos relevancia. El desánimo es la consecuencia de un bajón de serotonina, el desvarío sigue a la hiperactividad de dopamina y la ansiedad al exceso de adrenalina. Basta hacer una corrección externa de la producción de estas hormonas, bajando las que están altas y subiendo las que están bajas, para devolver el sosiego,la cordura y las ganas al padeciente.

Otras veces se aplica la fórmula de culpar todo a las arterias, a sus calibres, que no dejan de contraerse y dilatarse, obligando al terapeuta a corregir esos despropósitos vasculares dilatando lo estrecho y estrechando lo dilatado.

Los avances en el conocimiento de los llamados "canales iónicos" (artilugios-proteínas- que transforman estados y agentes externos e internos en pequeñas corrientes en un punto de la membrana neuronal), elementos que determinan la excitabilidad neuronal, han permitido disponer de reguladores de dichos canales. Los padecimientos surgen de excesos de actividad de algunos canales y los remedios vienen, lógicamente, de templar con fármacos que bloquean esa hiperactividad indeseable.

Para redondear las culpas están los genes que muestran innumerables mutaciones responsables de casi todo.

La migraña, por ejemplo, se ha explicado a lo largo del tiempo como una perturbación de serotonina, del calibre arterial y, actualmente, de los canales iónicos... y los genes, por supuesto.

No nos olvidemos del individuo a quien siempre se suponen desviaciones de una imposible línea de buena conducta.

El mundo de las explicaciones de los neuroterapeutas exigiría para ser válido unas neuronas que no existen, organizadas en un modelo de red neuronal que tampoco existe.

La neurona de los neuroterapeutas se limita a recibir estímulos, sumarlos y restarlos y producir una salida si el resultado supera una cifra, el umbral. Más o menos es lo que sucede en una máquina de cocacola. Ello exige una neurona estática que se limita a esperar a que lleguen las monedas y las señales de las teclas para empezar a operar y "decidir" si suelta o no el refresco.

Sin salirnos del modelo de la máquina de cocacola, la neurona real hace algo más que sumar y restar: tiene estados variables de decisión (los precios suben y bajan constantemente), está conectada con otras máquinas que también expresan sus estados (precios), tiende a respetar un mínimo y máximo (día, semana o mes) de suelta de cocacolas (integrando sus decisiones con los consumos de otras máquinas) y, además de con los precios, intenta disuadir del consumo aplicando, por ejemplo, corrientes eléctricas cada vez que se aprieta el botón.

No basta con pedir cocacola poniendo unas monedas. La máquina tiene que estar dispuesta a concederla con esas monedas. Por supuesto que el precio no figura en ningún lugar. El ciudadano comienza a echar las monedas y en un momento no siempre predecible (aunque aparecen pautas) sale la cocacola.

Las neuronas son complejas, variables, impredecibles, inexcrutables. Cambian constantemente los umbrales y la población de canales iónicos. Los calibres de las arterias que las nutren se adaptan estrictamente a los requerimientos de la actividad neuronal, al igual que la cantidad de gasolina que entra al carburador depende de lo que pisemos el acelerador.

La plasticidad es la propiedad que contiene esa facultad de cambiar para adaptarse a una realidad que no cesa de variar. Se van conocienco nuevos mecanismos básicos que permiten acercarnos a la complejidad neuronal: sensibilización, habituación, facilitación y depresión sináptica a corto, medio y largo plazo, escalado sináptico, metaplasticidad, homeostasis sináptica.

Cada cambio impuesto externamente por los neuroterapeutas induce un reseteo complicado de la red. Si el psicofármaco es poderoso puede inducir una nueva situación que puede resultar beneficiosa para el individuo pero no siempre sucede así, especialmente en lo que se refiere al medio y largo plazo.

La neurona suma, resta, calcula derivadas de primero, segundo y tercer grado, integra, modifica su estado de resonancia para amplificar lo que en ese momento decide sea resonado, escucha a otras neuronas que a su vez han hecho las mismas tareas, se somete a las decisiones jerárquicas que en ese momento operan en la red (la autoridad en la red cambia constantemente en función de los contextos).

Los neuroterapeutas viven en lo que los teóricos de la ciencia postnormal Sivio Funtowick y Jerry Raxetz denominan la "falsa certidumbre" o la ignorancia de la ignorancia.

El modelo neuronal vigente de los neuroterapeutas es peligrosamente claro y operativo. Ello hace que los colectivos de neuroterapeutas gocen de excelente salud. Quizás no podamos decir lo mismo del colectivo de sus padecientes.

miércoles, 1 de abril de 2009

Genética y migraña


Cuando los gemelos tenían dos años, pregunté a su hermano mayor cómo los distinguía. "Oh, es fácil. El que muerde es George..." (Freeman J. Dyson)

Sostienen los neurólogos, sin dejar ningún resquicio a la duda, que la migraña es una enfermedad cerebral de origen genético.

El cerebro migrañoso es, al parecer, singular: sólo en la cabeza, habría una variación química inducida por unos genes supuestamente defectuosos. Esta singularidad química no afectaría al resto del organismo: la cabeza sería un santuario muy especial. Incluso podríamos afinar más: en muchos casos la genética repercutiría sólo sobre media cabeza, dado que la crisis migrañosa compromete con frecuencia sólo a una mitad ("hemi-crania"..."migraña").

Los neurólogos han dado por supuesto que esto es así pero cuando se ha intentado comprobar se ha visto que la suposición no es correcta: no hay ninguna química neuronal exclusiva de la cabeza, vinculada al sistema de defensa (sistema nociceptivo).

Evidentemente no estoy negando la influencia de los genes. Andan siempre por medio en todo lo que nos afecta pero lo hacen siempre en estrecha integración con lo que sucede "allí fuera", al otro lado del núcleo celular. La expresión de lo genético es más compleja de lo que les gustaría a los neurólogos.

Una familia de migrañosos tiene más probabilidad de criar retoños migrañosos pero criar es un verbo complejo. En la transmisión de rasgos en una familia intervienen otros factores extragenéticos. En nuestra especie, con un período de aprendizaje tutelado, el más importante es la transmisión de información a través de la observación-imitación y la instrucción.

Es más verosímil pensar que los genes favorecedores de migraña actuaran a través de la transmisión de estilos conductuales muy generales. Podrían facilitar, por ejemplo, una personalidad más atenta a la evitación de daño y/o más obediente a los contenidos de la crianza.

Los individuos pueden ser más o menos obedientes por genética pero el problema es a qué y si las órdenes o recomendaciones son más o menos afortunadas y aquí entra el papel de la cultura, lo que vemos y lo que nos cuentan.

Puede haber individuos más sensibles genéticamente a las infecciones pero eso no anula la importancia de la higiene.

La imagen del genoma como una sarta de bolitas, una para cada rasgo... es falsa. Cada gen interviene en muchos rasgos y en cada rasgo influyen muchos genes.

Los circuitos neuronales humanos están muy determinados genéticamente... para contactar con el mundo y retocar las conexiones. No dejarán de hacerlo a lo largo de toda la vida. Algo que influye extraordinariamente en este proceso de retoque de conexiones (plasticidad) es la información, adquirida por experiencia propia, observación de la ajena o por instrucción.

Genes sí pero crianza (experiencia y cultura), también.