Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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domingo, 25 de octubre de 2009

Hay regiones en las que el sufrimiento se enquista de forma irracional. El "Síndrome del dolor regional complejo"





Un organismo pluricelular es como una sociedad: una República de células tal como lo define Jesús Mosterín.


La república celular tiene regiones (o como se las quiera llamar), lugares delimitados por fronteras más o menos nítidas. El brazo, la pierna, media cabeza, la boca, el ano, la vulva, las muelas, el epicóndilo, el ojo, la cadera, las tripas... o todo el cuerpo como una única y homogénea región.


Con frecuencia el cerebro se obstina en aplicar el estado de excepción a una o varias de esas regiones y decreta la alerta nociceptiva, un estado de sensibilización en el que cualquier estímulo es sospechoso y amenazante y descarga la penalización del dolor.


En los niños se produce con cierta frecuencia la migración del estado de alerta nociceptiva desde las tripas ("dolor abdominal recurrente") a la cabeza ("migraña") pasando por una o varias extremidades ("dolor de extremidad recurrente"). Nada sucede en las tripas, cabeza ni extremidad pero la red neuronal impone, de forma recurrente o tras cualquier indicio de sospecha, el estado de excepción, por temor a un suceso de destrucción violenta (necrosis).


Muchas veces el dolor abdominal y los vómitos suceden en lunes. Las transiciones, los cambios, siempre facilitan los errores de la red en los temperamentos sensibles a la evitación de daños. El hecho de que justamente el niño esté tan pichi el fin de semana y comente que le duele la cabeza precisamente cuando tiene que ir al colegio, despierta la sospecha de que lo que sucede es muy sencillo: el niño no quiere ir al cole y dice que le duele aunque no le duela.


- Déjate de bobadas y date prisa que no llegamos...


- De verdad, me duele mucho la tripa. No tengo ganas de desayunar...


- Tómate el Cola Cao...


Generalmente la escena acaba con una llamada del cole a los padres, diciendo que el niño no está bien, que ha vomitado y parece estar enfermo.


En mi época, muchos de estos niños acababan en quirófano con el diagnóstico de "apendicitis crónica".


- Ha ido todo muy bien. Tenía el apéndice inflamado.


Cuando se hizo obligatorio el análisis de las piezas quirúrgicas, el resultado invariablemente era: "apéndice normal".


Muchos niños dejaban de tener dolores de tripas al quitarles el apéndice normal. Por cierto, parece que le han buscado al apéndice una función: la de servir de reservorio de la flora intestinal normal en caso de infección. Sería una especie de refugio en tiempos de guerra en el que se pone a recaudo la flora buena hasta que cesen las hostilidades contra los malos bichos.


Después de un traumatismo, no necesariamente severo, el cerebro activa el programa de alerta en una extremidad y lo mantiene activo aun cuando ya hayan curado las lesiones necróticas. Un brazo puede convertirse a perpetuidad en un objeto insufrible, frío o caliente, hinchado, dolorido, inútil, odioso. Cualquier estímulo táctil o motor desencadena el dolor. El problema puede reproducirse, incluso, en el brazo sano.


A esta situación se le denominó "Distrofia simpática refleja" echando la culpa, como sucede con frecuencia, al sistema autónomo. Más adelante se vio que el problema era más complejo y, tras sesudas reuniones de los expertos se rebautizó el drama como "Síndrome de dolor regional complejo", dando a entender que afectaba a una región y que el tema era complejo, lo cual parece bastante atinado.


El dolor regional complejo se ceba en cualquier zona corporal. Los médicos le ponen una etiqueta y le buscan causas y remedios. Cada especialista propondrá de buena fe los suyos. La red neuronal, como siempre, queda exenta de responsabilidades. En su lugar es el individuo el que carga con las culpas.


- Tengo al niño que me tiene harta. Le ha dado por decir que le duelen las tripas para no ir al cole. El muy puñetero llega hasta a vomitar...


- Al mío le pasaba lo mismo hasta que le descubrieron que era el apendi. Lo tenía inflamado. Desde que le operaron no ha vuelto a quejarse. ¿Por qué no le llevas a un cirujano?


- Algo tendré que hacer. Así no podemos seguir...


- Chica, por probar...


Hay regiones, o como se les quiera llamar, en las que se enquista el sufrimiento irracional porque el cerebro exagera la nota defensiva y no da carpetazo al episodio...

4 comentarios:

Jesús Castro Rodríguez dijo...

Hola Arturo. Sobre del dolor de barriga me coge bien preparado por padre de tres (en breve de cuatro) y por psicologo de unos cuantos mas. Como dices los cambios puede que expliquen el dolor, así que el dolor el niño lo tiene. Y el problema siempre, es que se hace a continuación. Si los padres reaccionan con alarma, con miedo y angustia, y los niños son especialistas en captar eso, pues la cosa va a evolucionar hacia muchísimo peor. Si los padres reaccionan con tranquilidad, le dan una palmadita en la espalda y lo mandan al colegio, es poco probable que vaya a peor. Cuando no hay un daño orgánico siempre se trata de esto.
Así que los padres no solo dotan de significado y valor al mundo exterior, sino tambien al interior.
Un saludo.

Arturo Goicoechea dijo...

Jesús: a padre de criaturas, todos con sus tripas correspondientes, te gano: tengo cinco.

Creo que hasta el quinto pensaba, porque sucedía habitualmente en lunes, que eran tretas de niños pero la verdad es que los pobres tenían carica de enfermos y acababan vomitando.

Es evidente que el niño actúa mirando de reojo a los padres antes de tomar decisiones.

Les damos genes, pero también ejemplo.

Saludos

Jesús Castro Rodríguez dijo...

Pues si, me ganas, y no piensa empatarte ni de broma, aquí se acabó, DEFINITIVAMENTE el producir sapiens (ma non tropo) jajaja.
Los niños no vienen al mundo sabiendo de que va, así que una forma estupenda de saberlo es observar las reacciones de sus vínculos de apego, así que las cosas se "marcan" emocionalmente con esto, y con la experiencia propia, las cosas que le van pasando. Esto por supuesto, también incluye las cosas que "estan dentro" tanto de un modo concreto, como abstracto (le identidad, quien soy). Ese "valor" emocional hace que un dolor X (y el dolor tienen un componente emocional enorme) empeore y sea importante e incapacitante, o no (a falta de daño orgánico).
La película de esta historia podría ser: manifiesto que me duele la barriga-mis padres se preocupan-yo me preocupo también-me duele mas-se preocupan mas-no voy al colegio (que bien) y no voy porque este dolor me lo ha impedido, así que siempre que lo tenga, me va a impedir ir al colegio.
Una alternativa: manifiesto que me duele la barriga-me dicen que eso no es nada que venga al colegio-pues ya no me duele tanto-voy al colegio con el dolor-se me pasa al poco rato.
El decir que no le duele es un error, el utilizar la fuerza también, el tratar de que pase dando potingues lo mismo....
Tranquilidad, y mucho sentido común. Yo recuerdo que a mi me dolia, pero porque me obligaban a desayunar nada mas levantarme y me sentaba como un tiro...

Arturo Goicoechea dijo...

Jesús: comparto la descripción de la secuencia y la receta.

Muchas veces la obsesión por cuidar y aliviar a los hijos facilita el camino a los dolores del futuro.