Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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martes, 20 de octubre de 2009

El talón de Aquiles




Compartimos genes, enzimas, proteinas, neurotransmisores y neuromoduladores con todo tipo de bichos vivientes. Nuestra química es la química de cuanto se mueve y siente.

No encontraremos las causas de nuestra perra vida en unos genes que contienen la receta del sufrimiento ni en unas serotoninas desvaídas que se vienen abajo al primer contratiempo vital.

Los ratones de laboratorio preparados genéticamente para desvelar las claves del desánimo se deprimen porque son sometidos a unas condiciones de vida infraratoniles, no porque tengan unos genes de la proteína transportadora de serotonina que marcan su infeliz destino.

Las fórmulas genéticas para sobrellevar la existencia son diversas e igualmente válidas como lo son las condiciones del entorno en el que aterrizamos.

Es la interacción compleja entre ambas diversidades (genes y entornos) la que nos dará la probabilidad de sufrir o disfrutar.

Nacer con un determinado polimorfismo genético de la COMT (enzima que metaboliza la dopamina y noradrenalina) no condena a nadie (ni a su descendencia) a padecer fibromialgia.

No existe la genética del sufrimiento en ausencia de enfermedad demostrable como tampoco existe la genética del jugador de baloncesto ni del ajedrecista.

Al igual que sucede con los desdichados ratones de la Ciencia, manipulados genéticamente para hacerlos más vulnerables frente a un entorno diabólicamente estresante, los individuos nacidos con determinados patrones neuroquímicos sólo serán desgraciados si el entorno contiene los ingredientes necesarios y suficientes para esa dotación genética.

La genética supuestamente marcada para sufrir probablemente contiene también ventajas para el disfrute. Todo dependerá de lo que se cueza fuera.

Se produce un alborozo compartido entre profesionales y pacientes cuando se publica una variación genética estadísticamente significativa en grupos de sufridores que "abre una puerta a la investigación de nuevos fármacos...".

Todos los seres vivos tenemos un punto flaco, una genética que nos hace vulnerables frente a alguna condición del entorno.

Homo sapiens (ma non troppo) ha querido evitar los puntos flacos y se ha construido una guarida con grifos, frigoríficos, calefacción y aire acondicionado, a salvo de todo tipo de inclemencias y carencias. A pesar de ello coge fríos y reumas que enmohecen huesos y juntas y sus músculos no pueden con el liviano peso del alma.

Dicen los científicos que las serotoninas, dopaminas y noradrenalinas no tienen el punto debido en el genoma y que al entorno le han crecido "desencadenantes", misteriosos seres que desenmascaran esa levedad genética que se quería proteger.

Las guaridas de los sapiens (m.n.t.) se han dotado de armaritos con Prozacs, Ibuprofenos, Omeprazoles y Dogmatiles para paliar las carencias somáticas.

Sapiens (m.n.t.) está mareado, dolorido, exhausto y desanimado. Para afrontar la vida moderna hacen falta nuevas serotoninas y dopaminas. La selección natural no ha previsto nada para la sociedad del bien-estar. Realmente la selección no prevee, se limita a seleccionar entre lo que sobrevive y procrea en el entorno que toque y lo que ahora toca es un entorno garantista, no sabanas con leones.

Puede que los humanos necesitemos ese punto de adversidad necesario para madurar. Puede que hayamos esterilizado demasiado el entorno. Quizás debamos volver a poblarlo de parásitos, corrientes de aire, fríos, rasguños y coscorrones.

Puede que nuestro talón de Aquiles esté en el talonario que provee de todo...