Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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jueves, 23 de abril de 2009

Semmelweis



En la sala 1ª de obstetricia del Gran Hospital General de Viena, a mediados del siglo XIX, la mortalidad por fiebre puerperal era del 10% mientras que en el mismo Hospital, en la sala 2ª era del 4%. Intrigado por esta diferencia, Ignaz Semmelweis examinó escrupulosamente todos los detalles de la atención profesional, condiciones ambientales y singularidades de pacientes. Llegó a la conclusión de que los estudiantes de Medicina transportaban "partículas de cadáver" en sus manos desde la sala de autopsias a la de partos. Tomó una serie de medidas higiénicas y consiguió normalizar la mortalidad. 


En aquella época no se conocía la existencia de microrganismos y prevalecía la teoría de los miasmas: efluvios pútridos provenientes de la descomposición de materia orgánica que eran transportados por el aire. 


Semmelweiss intentó con valor pero sin éxito convencer al Jefe de Sala de su tesis, debidamente apoyada en cifras. Fué expulsado del Hospital. 


Otros médicos ya habían sacado las mismas conclusiones y aplicaban normas higiénicas (lavado de manos e instrumental) a la práctica médica con buenos resultados pero el sector más arrogante de la profesión despreció de forma miserable las recomendaciones y llegó a prohibir los lavados preventivos. 


Semmelweis murió en un asilo de sepsis, tras haberse provocado voluntariamente una herida con un bisturí infectado para probar su tesis (según algunas versiones), o tras recibir una paliza de sus "cuidadores", según otros. 


Cuando era yo estudiante de Medicina oí hablar por primera vez de este atormentado médico húngaro. Fué en clase de obstetricia. El profesor Del Sol hizo un relato emocionado de los sucesos del Hospital de Viena. Me causó un gran impacto. Aprendí dos cosas fundamentales: una, el doble filo de nuestra profesión: podemos salvar vidas y acabar con ellas y otra: la arrogancia corporativa que rechaza sólo con argumentos de autoridad lo que otros compañeros de menos pedigrí ha descubierto con no pocos esfuerzos e intentan comunicarlo. 


Hay mucha investigación sobre dolor en este momento. Nuestro conocimiento se ha extendido considerablemente. Hemos aprendido muchas cosas. Una de ellas es que las expectativas y creencias son importantes. 


Semmelweis intentó evitar la transmisión de muerte por las manos de los estudiantes. Pasteur le dió la razón años más tarde al demostrar la existencia de microrganismos. La teoría de los miasmas se vino abajo siendo sustituida por la teoría de los gérmenes. 


Los que intentamos llamar la atención sobre la trascendencia de la cultura en la percepción de enfermedad nos encontramos con la misma actitud de algunos compañeros. 


Los médicos generamos y transmitimos información y la red neuronal es un caldo de cultivo ideal para la colonización y desarrollo de doctrinas que difundimos en la consulta y a través de los medios de comunicación. 


Puede que no se estén tomando las debidas precauciones con la información. 


La teoría de los genes y los desencadenantes en la migraña no tiene más consistencia que la de los miasmas, a pesar de su éxito. 


La teoría cultural sí la tiene, a pesar de su fracaso.     

2 comentarios:

Luisa Espina dijo...

Arturo: esta entrada me da argumentos para lo que pensé sobre los médicos "felices". Creo que esa no es la palabra, sino "conformistas".

Por otro lado, del tuyo, no están los "infelices" (como bien lo aclaras), sino los inconformes, y como lo demuestras en esta entrada, esos son los que logran avances, pero como a los "conformistas" (que son mayoría) les da pereza, o miedo, o susto "corporativo", se empeñan en mantener lo que supuestamente ya está bien "construidito". ¿Para qué complicarlo todo con nuevas ideas?

Arturo Goicoechea dijo...

Para bien y para mal la Medicina brota de la Gran Industria Sanitaria. Es difícil separar información, conocimiento, de publicidad y engaño, más o menos consciente.

Esta Gran Industria crea etiquetas diagnósticas y contrata a expertos que las difunden por todo el mundo.

Hay campos de la Medicina que han aumentado nuestra expectativa de vida y bienestar pero hay otros, el del dolor no explicado es uno de ellos, en los que la Gran Industria no sólo no soluciona sino que crea problemas por las expectativas y creencias que produce. Saludos