Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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lunes, 28 de junio de 2010

"El dolor crónico es una enfermedad cerebral crónica"




Poco a poco va abriéndose paso la idea de que el dolor crónico, no asociado a destrucción de tejido, es una cuestión cerebral, algo que procede de un determinado procesamiento de la evaluación de amenaza y no de las perturbaciones que se dan por supuestas en el lugar donde el cerebro proyecta el dolor.

"Pain is in the brain" (el dolor está en el cerebro)

"Tissue is not the issue" (el tejido no es la cuestión)

Cada día son más concluyentes las pruebas a favor de una profunda perturbación bioquímica, funcional e, incluso, estructural, en el cerebro de los padecientes crónicos de dolor, independientemente de su etiquetación (fibromialgia, dolor "lumbar" crónico, vulvodinia, dolor de cabeza...).

Empiezan a sonar alarmas sobre las consecuencias que puede tener el padecer crónicamente dolor, no en los tejidos donde se siente sino en las zonas cerebrales que lo generan.

La comprobación objetiva de las perturbaciones cerebrales obliga a afrontar el problema con más rigor, con más agresividad en el empeño de disolver el círculo vicioso del dolor crónico.

Hasta aquí los hechos: si usted es un padeciente de dolor crónico su cerebro está sometido a una sobrecarga del mismo modo que las arterias sufren si se someten a un régimen de presión más alto.

Cuestiones...

¿Cómo se llega a la situación de cronificación? 

¿Es condición necesaria la existencia de una enfermedad previa (traumatismo, infección) que genere un flujo de señal de daño en tejidos, responsable de inducir una sensibilización "central" que queda fija aun a pesar de que los tejidos han quedado debidamente reparados...?

¿El cerebro se resiente de tanto dolor o es el estado de alerta sostenido el responsable?

¿Qué importancia le damos a la genética, al estado de ánimo, al estilo de vida?

¿Podemos, realmente, hacer algo con fármacos, fisioterapia, relajaciones, meditaciones... para librar al cerebro del desasosiego de sus neuronas?

¿No estaremos empeorando aún más las cosas al informar sobre las consecuencias sin ofrecer ninguna solución?

Hay algo que me preocupa cuando leo los informes de los líderes de opinión en Neurociencia sobre el tema que nos ocupa: la escasa atención dada a la cultura, a la propia información.

Da la sensación que el problema surge de la nada. Un buen día uno tiene un accidente (un latigazo cervical, por ejemplo), una infección, un contratiempo emocional... y el cerebro se lía de mala manera con las señales que le llegan de los tejidos o de sus oficinas emocionales, límbicas.

No se entra a analizar la función evaluativa. Ya sabemos que el dolor es una experiencia desagradable que trastoca emocionalmente el pasado, presente y futuro del padeciente pero se deja de lado el componente evaluativo, la narración, el significado: la atribución de enfermedad a los tejidos supuestamente responsables.

Mientras no se lleve a cabo una campaña seria de higiene cognitiva, de alfabetización de ciudadanos y profesionales en biología del dolor, una campaña de derribo del chabolismo médico... no estaremos haciendo nada útil sino todo lo contrario: sensibilizar aún más un cerebro ya excesivamente sensibilizado...  

La enfermedad cerebral crónica del dolor es un estado de sensibilización crónica de alerta al daño, a la enfermedad...

No veo cómo podemos desalertar el cerebro alertándole de que corre peligro pues está tocado de enfermedad de tanto construir dolor...

Se debería cambiar el aviso: 

Las expectativas y creencias sobre enfermedad acaban enfermando el cerebro, por desasosiego crónico somático... Es fundamental combatir la idea de enfermedad en un organismo razonablemente sano...

No parece que sea esto lo que promueven las Asociaciones de Padecientes ni los expertos...