Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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martes, 8 de junio de 2010

Automedicalización




Los primates "avanzados" disponemos de oficinas cerebrales adicionales que monitorizan el interior y nos proyectan percepciones referidas a sus estados. Nuestra biología es más vigilante y sensible respecto a la enfermedad. Estamos más informados, lo cual no equivale a mejor.

Nuestra idea de organismo incluye una especulación sobre órganos y tejidos internos. Especulamos sobre huesos, músculos, articulaciones, colesteroles, circulaciones, estreses, defensas, digestiones... todo ello gracias a que tenemos una red neuronal más compleja que ha facilitado la aparición de la cultura y su transmisión a través del lenguaje.

El organismo trabaja en función no sólo de lo que sucede sino también de lo que se especula. Nuestros programas perceptivos, emocionales y motores están influidos por cómo están evaluados nuestros tejidos. Si nos disponemos a ponernos de pie el cerebro activará un programa que contempla la idea vigente sobre estado del aparato locomotor. La rigidez y dolorimiento de la acción no indicará necesariamente cómo está el sistema musculoesquelético sino más bien lo que el cerebro opina sobre él, su vulnerabilidad... el peligro que introduce la ejecución de la acción en curso.

"No me puedo mover por el dolor" en muchas ocasiones es en realidad "es peligroso ese movimiento que vas a hacer". El dolor indica en ese caso una desaprobación cerebral, un miedo a las consecuencias.

El cerebro chequea el organismo, diagnostica, hace pronósticos, aconseja, prohibe, recela... Tiene vocación de médico.

No estamos instruidos en ser conscientes de la presencia constante de ese médico exclusivo que juzga cada una de nuestras acciones. Dejamos que condicione nuestros propósitos. Atribuimos los síntomas a nuestra condición física y pasamos por alto al cerebro-doctor.

El cerebro-doctor no tiene estudios reglados. Se ha doctorado observando y escuchando a pie de calle, en corrillos de mercados y ambulatorios, en la tele, internet... De cuando en cuando chequea sus diagnósticos con el doctor titulado.

Hay diagnósticos de consenso entre médicos y padecientes muy exitosos: la columna, desgastes, la circulación, los nervios, el estrés, los años, el haber cogido pesos en el pasado, catarros mal curados, los cambios de tiempo...

Nunca me ha sucedido que el padeciente impute a su cerebro doctor:

- Es mi cerebro-doctor. No me deja ni respirar. Quiere que me comporte como un enfermo, como si me fuera a romper con cada acción... No quiere que me levante, que ande, que salga con los amigos... Estoy harto. Si pudiera cambiar de médico...

No nos está permitida la elección libre de médico. Tenemos el que tenemos. Lo mismo pasa con la piel, el aparato digestivo, los músculos, los huesos, pulmones, sistema inmune... 

Sin embargo el cerebro-doctor puede evolucionar, modificar su conocimiento, ampliarlo, actualizarlo... reconocer errores, restituir la percepción de salud cuando uno está razonablemente sano...

Un organismo sano atendido por un cerebro-doctor equivocado, alarmista, convencido de la condición enfermiza y degenerada del interior es mala cosa. Convierte la residencia del YO en el recinto corporal en una mortificación continua. 

Un consejo. Vigile su cerebro-doctor. No se fíe de sus diagnósticos. Los síntomas son engañosos. Parecen darle la razón pero en muchas ocasiones desenmascaran sus despropósitos...

- No tiene usted nada. Es su cerebro-doctor...

- No estoy de acuerdo. YO algo tengo que tener...

-Insisto. No haga caso a su médico... está equivocado...

Extraño médico este que llevamos en la mollera que se empeña en que nos sintamos siempre enfermos sin estarlo... y extraños padecientes los que se niegan a cuestionarlo...

- Exigimos el reconocimiento de enfermedad...

1 comentario:

pecado dijo...

No me queda otra que darle toda la razón.No soy médico pero tengo vademecum, imagine la irresponsabilidad de mi cerebro-doctor.
Este artículo logro mi reflexión.