Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

Click here to switch to the english version

martes, 29 de septiembre de 2009

No todos los caminos conducen al dolor




La evolución seleccionó los programas "dolor" e "inflamación" para afrontar situaciones de destrucción violenta de células (necrosis), es decir, situaciones excepcionales en las que un agente o estado mecánico, térmico o químico supera la resistencia de los tejidos. Las células necrosadas son un peligro ya que vierten potentes tóxicos y debe procederse urgentemente a neutralizarlas y retirarlas. El dolor y la inflamación están al servicio de esa vital tarea.

Ni los tiempos ni contratiempos contienen la más mínima posibilidad de quemar, corroer ni machacar las células (externas o internas) por lo que activar la inflamación y/o el dolor es una torpeza biológica, un despilfarro intolerable de recursos. Sería como llamar a la policía y bomberos por cualquier trivialidad doméstica o callejera.

Tanto el sistema inmune como la red neuronal disponen efectivos celulares que detectan sensiblemente el más mínimo incidente capaz de generar necrosis. Los deslizamientos de los músculos, la carga mecánica osteoarticular, los roces, la actividad mental, la luz, sonido y olores, las alertas, desánimos y frustraciones, los reposos después del ajetreo, las variaciones hormonales, las conjunciones astrales y los males de ojo no justifican la catalogación de "alerta roja ni amarilla".

La promoción del "detecte y elimine los desencadenantes" (alimentos, estreses y "desórdenes" varios) no hace sino promover el alarmismo cerebral. Justificar y difundir ese alarmismo hace que los neurólogos padezcan, lógicamente, el más alto índice de migrañas de la población.

El alarmismo injustificado proviene de la cultura, de la tendencia de los sapiens (m.n.t.) a "ver" el futuro con superpoderes, con superconocimientos y revelaciones. No hay ningún soporte científico para esos miedos.

El cerebro pica alguno o varios de los anzuelos del alarmismo y enciende el dolor sin pedir permiso al usuario. Este se limita a constatar que después del "desencadenante" viene la "dolorosa" y no puede evitar caer en la falacia clásica del : post hoc ergo propter hoc: después de... luego a causa de...
Si duele después de algo es porque ese algo ha sido el causante.

Yo sólo sé que... Pues a mí me afecta... No soporto los días claros ni el viento Sur...

El usuario no es consciente de que debajo de esa aparente lógica hay una falacia alarmista y un cerebro cándido y entregado.

Deshacer falacias debiera resultar fácil pero el cerebro sapiens (m.n.t.) es cabezota y soberbio y se resiste a dar su brazo a torcer.

Si el cerebro cabezota cuenta con el respaldo y obstinación del usuario y de la "comunidad científica internacional" apaga y vámonos...

Todos los caminos conducen o conducían a Roma. Es cierto pero ese es precisamente el problema...


2 comentarios:

Jesús Castro Rodríguez dijo...

Me sigue sorprendiendo el increible paralelismo en las conclusiones y hasta en los procesos. En el caso por ejemplo del juego patológico la premisa "científica" es que el jugador sufre un impulso de juego que no puede controlar, así que se define como trastorno de control de impulsos. Esto se acepta porque así se refiere su experiencia el usuario del servicio de salud mental. Por supuesto, en tanto en cuanto se apoya y se acepta esta explicación, se agrava aún mas el problema ya que "curiosamente" también, el usuario pasa a ser automáticamente un enfermo crónico que solo se puede tratar con cuidados paliativos ¿te suena a algo?.
Un saludo.

Arturo Goicoechea dijo...

Jesús: pienso que el organismo tiene su psicopatología propia proyectada sobre la incertidumbre de los sucesos internos. La estructura de la disfunción evaluativa y de la toma de decisión cerebral sobre interior reproduce esquemas psicopatológicos del individuo.

La disfunción correctora del profesional, efectivamente, cierra el círculo vicioso.
Saludos