Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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miércoles, 6 de mayo de 2009

Desvelado el origen de la migraña. Localizan el "generador" en el troncoencéfalo

                                       El generador de la migraña sorprendido en plena faena




La génesis de la migraña ha sido un misterio. El mismísimo Zeus padecía violentos dolores que obligaron a que Vulcano le diera un hachazo en la cabeza surgiendo así la diosa Pallas Athenea, la diosa de la Sabiduría.

 Hipócrates era migrañoso, y firme creyente en la teoría de la posesión por espíritus de mala baba. Hacer agujeros en la cabeza y provocar sangrías parecía una sensata recomendación, aun cuando eso le costara la vida, según dicen las malas lenguas, a la migrañosa y pacificadora Isabel de Valois, la mujer de Felipe II. Mucho antes, en el siglo II a.c. la recomendación de abrir la cabeza a un alto militar de la Dinastía Han le costó también la vida, pero esta vez al médico Huá To, ya que el paciente mandó que le cortaran la cabeza por desacuerdo con tan razonable consejo.


Galeno había captado la singular tendencia del dolor de cabeza a afectar sólo un lado y le bautizó como Hemicrania (media cabeza). De aquí surgió, con el tiempo, el término migraña. Galeno buscaba en las disecciones de animales las causas de los males y al comprobar que existía una membrana meníngea entre ambos hemisferios ( hoz cerebral) dedujo con lógica aplastante que la barrera meníngea impedía el paso del dolor de uno a otro lado. 


No hubo muchas novedades sobre orígenes hasta los años treinta del siglo pasado cuando Harold Wolf vió que la arteria de la sien doliente latía con fuerza durante la crisis y dedujo también con lógica aplastante que el dolor se originaba en las arterias, que serían especialmente proclives a contraerse y dilatarse. 


La Teoría Vascular tuvo mucho predicamento (y aún lo conserva) pero desde hace unos pocos años se ha pensado que, dado que las arterias tienen alrededor cablecitos del trigémino, puede que fueran ellos los que indujeran los cambios violentos del calibre arterial. También la propuesta parecía razonable y se sustituyó la Teoría Vascular por la Neurovascular o, con más precisión, la Trigéminovascular. 


Algún aguafiestas sugirió que, a lo mejor, los cablecitos del trigémino recibían órdenes y, tras vencerse algunas inercias, se avino a aceptar que estas órdenes procederían de algún lugar. 


La irrupción de las modernas tecnologías de Imagen, en plena efervescencia localizacionista, han permitido, por fin, solucionar el insondable misterio de la generación de la migraña:


La migraña se genera...en un generador de migrañas. Se le ha localizado en el troncoencéfalo (la zona de transición de la médula espinal al cerebro) 


Una vez localizado el lugar de la generación sólo queda identificar la molécula generadora. Eso es un problema menor.


Puede que recuerde un dispositivo de alarma disponible en los trenes, con una palanca que podía ser activada por cualquier pasajero que lo considerara conveniente. Inmediatamente se detendría el tren con las consiguientes inconveniencias e indagaciones: 


                           - ¿Qué sucede?
                           - Ha sido la palanca. Se ha bajado
                           - Las palancas no se bajan solas. Algo habrá desencadenado el descenso
                           - Puede que haya sido algún brazo (desencadenante)
                           - Los brazos no se mueven solos. Tiene que haber algo que genere el        
                             movimiento.
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                            - Hemos identificado el problema. Tenemos al generador. Lo han 
                              localizado en la médula espinal, en el cuello. Por lo visto si se activa
                              el generador el brazo se acerca a la palanca y tira de ella con fuerza
                              hacia abajo.  
                           - Es un avance pero...¿qué genera la generación de la orden de tirar
                             para abajo?
                           - Sigue siendo un misterio. Por lo visto hay médulas que nacen así y
                             cuando ven la palanca y según en qué circunstancias, no pueden evitar
                             tirar de ella.
                           - ¿Los genes?
                           -  Eso parece claro. Tenemos algunos sospechosos pero parece que
                              influyen también las circunstancias, los desencadenantes. 


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Puede que a estas alturas se le haya ocurrido una idea, también de lógica aplastante: ¿no será que el generador sea el individuo que decide tirar de la palanca porque ha apreciado peligro? 


Un consejo. No se moleste en proponer su idea. Tómeselo con calma. El tren volverá a andar y llegará a su destino aunque con varias horas de retraso.


El retraso, lógicamente, se ha generado por un problema del generador de retrasos. 

8 comentarios:

Victoria Mena dijo...

Doctor, no dé ideas, que acabarán buscando la fotografía, la imagen en colorines del individuo.

Me he reido mucho con su entrada de hoy.

pacotraver dijo...

Has explicado perfectamente el dilema de quien decide tirar de la palanca es decir el dilema mente-cerebro. ¿Es la serotonina quien tira de la palanca o la voluntad? ¡Ah, Schopenhauer!

Arturo Goicoechea dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Arturo Goicoechea dijo...

Tengo entendido que Schopenhauer, anticipándose a Freud,situaba (como muchos) la voluntad en los genitales: "hago lo que me sale de los..."

Creo que entre la serotonina y la mente hay muchos componentes y funciones intermedias (los llamados correlatos neuronales de la conciencia) sobre los que se puede reflexionar cuando intentamos analizar nuestras percepciones, emociones y acciones

Arturo Goicoechea dijo...

Victoria: aunque la entrada le haya parecido cómica reproduce literalmente lo que los neurólogos aportan como reflexiones serias e incontestables sobre la generación de la migraña. No hay forma de rebatir la teoría de la generación en un generador aunque probablemente queda sin explicar la generación de la orden del generador, que, como ya habrá deducido, procede de un generador de órdenes.

Arturo Goicoechea dijo...

Paco, después del comentario desenfadado sobre la genitalidad de la voluntad he estado dándole vueltas a lo de la serotonina y me he acordado de un artículo reciente de Science donde hablan del papel de la serotonina como artífice necesario y suficiente para pasar del fenotipo conductual de la langosta (insecto) como individuo (es absolutamente hosco y pendenciero con sus congéneres)al de gregario en la conducta de sociedad-plaga. O sea que, en efecto, tal como indicas, la serotonina puede cambiar la conducta de forma sustancial.

Leyre dijo...

Me ha encantado la explicación porque me veo tan reflejada..yo no dejaba de tirar de esas malditas palancas..y tuve que ir desactivando todas las alarmas que saltaban a cualquier hora! Yo animo a todos a intentarlo de verdad..con ganas y un par de..La lucha fue dura y constante y cada batalla era un reto..pero mereció la pena!gracias..

Arturo Goicoechea dijo...

Leyre comenta algo sustancial: la solución viene de la mano de un afrontamiento activo y obstinado desde la convicción. Muchos pacientes esperan efectos milagrosos e inmediatos. Creen en efectos externos del terapeuta, rituales del tipo que sean. No basta. Hace falta entender, creer y ponerse las pilas para conseguir que el cerebro tolere lo que debe ser tolerado.