Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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martes, 26 de mayo de 2009

¡Levántate, sal de la cama y anda!







Ya hemos comentado el problema de la fibromialgia: el cerebro activa el programa: "quédate en cama; no merece la pena que te esfuerces; tus huesos, músculos y articulaciones son frágiles y el movimiento puede perjudicarte". El dolor, cansancio, desánimo y la evaluación pesimista presionan para que la paciente se conduzca como una enferma aunque esté sana. Ante esta extorsión cerebral la paciente puede "decidir" quedarse en casa, obedeciendo a su cerebro o salir y defender sus propósitos aun a riesgo de provocar la ira cerebral y pagarlo con más dolor al detener la actividad. 

La invitación a la quietud es un recurso defensivo ancestral que busca minimizar riesgos y despilfarros de energía cuando el organismo tiene problemas o el entorno no ofrece garantías de éxito. 

Existe el programa contrario: "¡pero qué haces en la cama!" "¡Sal de ahí inmediatamente y camina!" Si el cerebro cree que quedarse quieto es una temeridad, aplica también la extorsión y genera la imperiosa necesidad de mover las piernas o, casi mejor, salir del lecho. Si se obedece, desaparece la presión. 

Los neurólogos han puesto nombre a esta situación: "Sìndrome de piernas inquietas". Existen las correspondientes asociaciones de pacientes y se "están produciendo avances considerables en el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad". 

Como no podía ser de otra manera, se piensa que hay un transfondo genético importante, se tienen fundadas sospechas de que hay una molécula que no hace bien los deberes, en este caso la dopamina, se han obtenido éxitos espectaculares con la administración de fármacos que suplen su déficit y se recomienda un estilo de vida higiénico-saludable. 

¿Qué piensa el cerebro de todo esto? ¿Qué piensan los neurólogos sobre lo que piensa el cerebro?¿Qué puede haber llevado al cerebro a temer el merecido reposo nocturno?

¿Por qué a veces el cerebro tiene miedo a que nos movamos y otras a que estemos quietos?

En ocasiones el cerebro aplica los dos miedos aunque sean contradictorios: ¡Muévete!... y... ¡pero qué haces, pensando en moverte! En la fibromialgia no es rara esa situación de locos: recibir castigo tanto si te quedas quieto como si pretendes caminar un poco...

No tengo respuestas para todas esas preguntas pero estoy convencido de que el cerebro tiene razones para activar programas y que esas razones proceden de su instinto defensivo. En mi opinión es fundamental explicar a los pacientes que en todo este embrollo no hay una enfermedad sino un cerebro asustado y confuso que exige, sin motivo, que nos movamos o que nos quedemos quietos. 

Los localizacionistas ya han descubierto la zona cerebral que construye el deseo incontenible de movernos: está en el córtex parietal posterior inferior. Un interesantísimo artículo de Science: Movement Intention After Parietal Cortex Stimulation in Humans. Science: 324, 811 (2009) firmado por Michel Desmurguet demuestra que estimulando esta zona parietal se consigue promover el deseo incontenible de movernos e, incluso, la convicción de que nos hemos movido aunque no se haya contraído ninguna fibra muscular. Paradójicamente, la estimulación de la corteza premotora frontal consigue el movimiento pero no su percepción. 

La voluntad de movernos o quedarnos quietos no es patrimonio exclusivo del YO.

 

6 comentarios:

arturo goicoechea dijo...

Respecto al debate abierto sobre la autoría de nuestras acciones (cerebro o el YO consciente) viene a cuento una reflexión de Borges: "Yo creo que lo mejor es que el escritor intervenga lo menos posible en su obra...el escritor es un amanuense... de algo que ignora y que en su Mitología se llamaba Musa".

pacotraver dijo...

Creo que el cerebro tiene una actividad intrinseca que es independiente de los inputs perceptivos y del aprendizaje. Eso que tu llamas alarmismo en el cerebro existe y puede medirse con las tecnicas de inhibición prepulso, algun dia escribiré sobre eso.

arturo goicoechea dijo...

Hay respuestas prefijadas defensivas, de sobresalto, que se activan ante determinados estímulos. Aparecen pronto en la evolución y están conservados. Los niveles de procesamiento superiores, en general, controlan a la baja el disparo ante estímulos pero la cultura alarmista sensibiliza aun más si cabe la tendencia intrínseca que tú comentas al alarmismo. La cultura debiera poner sensatez, mesura, comedimiento pero en muchos casos hace lo contrario.

Ana di Zacco dijo...

Quisiera plantear algo que aparentemente queda fuera de la neurología, pero que, dado que todas las "piezas del engranaje" están vinculadas entre sí, quizá tanto pueda plantearse a un neurólogo tan especial como tú:
Esta teoría de las alarmas y el dolor ¿podría tener según tú aplicación en las alarmas y dolores de otro tipo menos tangible? Por ejemplo, las personas agresivas que van por el mundo "atacando" (como un gato cuando da zarpazos cuando tú ibas a acariciarle) ¿no es también porque se les activan alarmas innecesarias? O al contrario, las personas que son susceptibles (p.e. con las palabras), ¿no sería también porque ese mecanismo de las alarmas se extiende no sólo a lo tangible? Lo pregunto porque ahí también hay dolores, aunque no sean daños. Aunque te dediques al sufrimiento más del cuerpo, me atrevo a preguntártelo puesto que, al fín y al cabo, también hay una acción del "cableado" en la actitud, algo que dice "alármate" o "no te alarmes", y digo yo que debe ser el cerebro. También te pregunto esto movida por tu idea de que mente=cerebro (ergo, los neurólogos también sois un poco psicólogos y viceversa, o deberían)
Saludos y sigo felicitándote por este extraordinario blog, y por tu altruista divulgación.

Arturo Goicoechea dijo...

Ana: estoy convencido de que es así. No hay una frontera que blinda los trasvases de lo psíquico a lo físico y viceversa. Yo no tengo experiencia en el afrontamiento de problemas psicológicos, de relación entre individuos. No los rehuyo y si alguien me pide ayuda por un tema de desánimo o angustia me implico, pues me interesa todo lo que se refiere al ser humano. Lo que sucede es que tengo menos experiencia y tengo mucho respeto a lo que no conozco, pero sí, creo que, en el fondo, se dan los mismos problemas.

El altruismo al que te refieres es puro egoísmo. Disfruto dando salida en el blog a lo que pueda cocerse dentro de mi cerebro. De otro modo me lo perdería...

Arturo Goicoechea dijo...

El "síndrome de piernas inquietas" no es mas que la expresión de una incitación cerebral a salir de la cama. Podríamos hablar de muchos síndromes de inquietud equivalentes: "Síndrome de la mano inquieta" que se alivia si encendemos un cigarro. Cada uno puede imaginar lo que quiera...