Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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sábado, 6 de junio de 2009

A vueltas con el mareo



Estamos acostumbrados a percibir el mundo (incluído nuestro propio cuerpo como parte de ese mundo) como algo estable, ordenado, con sus objetos bien diferenciados, algunos quietos y otros moviéndose, a una distancia y movilidad controlada (en velocidad y dirección). 

Podemos navegar por una calle muy poblada por ciudadanos que se desplazan con prisa sin que colisionemos con ellos. Sutilmente anticipamos la intención de la dirección del otro y hacemos una leve corrección en dirección contraria. El otro, a su vez, capta nuestra intención y refuerza su decisión previa de desviarse de forma correcta, complementaria. 

En raras ocasiones aparece el extraño fenómeno de elegir la corrección en la dirección equivocada amplificando el error: "uno mismo" y "el otro a esquivar" nos empeñamos en actuar en espejo, provocando una situación cómica potencialmente irresoluble, con un desplazamiento erróneo in crescendo.

Cada vez que movemos los ojos, el cuerpo o la cabeza, se provoca un desplazamiento del mundo en la retina en dirección contraria y se activa un reflejo ocular que arrastra los ojos en la misma dirección. La vista y los receptores de aceleración y gravedad del oído aportan datos a diversos centros neuronales que permiten, junto a los registros de memoria de movimientos previos en esos mismos entornos, construir una hipótesis probabilística de dónde está nuestro cuerpo en el espacio, con una garantía aceptable de no caída. 

Todo este barullo de procesos se realiza sin que nosotros tengamos ninguna constancia. No sentimos nada mientras navegamos por el mundo (habitación, renglones de un libro, calle, supermercado...) hasta que un mal día percibimos una extraña, confusa y preocupante sensación de falta de garantía de estabilidad. Sentimos mareo.

El mareo expresa la incertidumbre cerebral respecto a las garantías de estabilidad. El cerebro no las tiene todas consigo. No es necesario que suceda nada. Es como un presagio, un pálpito, una corazonada (bueno, una cerebrada), un mal augurio. 

El cerebro nos mezcla el pasado, presente y futuro y nos lo presenta como si sólo existiera el momento actual. Con su extraordinaria capacidad de simular la realidad nos hace creer que está sucediendo, o está a punto de hacerlo, lo que él construye como posibilidad-probabilidad temida. 

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             - ¡Bájate de ahí que te vas a caer y te vas a matar! ¡Agárrate bien! ¡Mira bien dónde pisas! 

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Los angustiados padres observan preocupados a sus niños y desearían, a veces, que se estuvieran quietos para poder recuperar ellos el sosiego. Si dispusieran de un mando a distancia que indujera en el niño la sensación de mareo, apretarían el botón: 

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               - ¿Qué te pasa? ¿Por qué no sigues jugando?

               - Estoy mareado. No sé qué me pasa... 

               - Siéntate un poco y descansa...

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Si la preocupación procede del cerebro de la criatura el diálogo sería algo distinto:

               - ¿Qué te pasa? 

               - No sé. Estoy mareado

               - Tienes mala cara... ¡Vamos a urgencias!

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Es muy raro que detrás del mareo haya un cerebro lesionado. Generalmente sólo hay un cerebro preocupado, inseguro... alarmado

El paciente con mareo acude a buscar explicaciones y soluciones donde su médico de cabecera. No es fácil explicar y solucionar en unos pocos minutos el tema del mareo. Habitualmente no se da una explicación, probablemente porque no se dispone de ella, y se soluciona el espinoso tema de "la solución" con un producto imprescindible (para el médico y para el paciente): Dogmatil. Es el equivalente a la aspirina en el dolor. 

Afortunadamente, dispongo de tiempo y (eso creo) de respuestas sobre el origen del mareo. Con calma, intento explicar el complejo tema de la percepción, la integración de datos sensoriales con los archivos cerebrales, el cálculo de probabilidades, el alarmismo cerebral... 

La cara del paciente expresa un cúmulo de vivencias, comprensibles pero desesperantes. Muchas veces estoy tentado a cambiar de actitud y dejarme de complicaciones pedagógicas...

             - No se preocupe. Son los nervios, quizás el oído, o, a lo mejor, las cervicales. No, no creo que tenga nada en la cabeza. Va a tomar Dogmatil... Le pido unas placas del cuello y consulta al Otorrino. 

             - El Dogmatil no me hace nada. Ya me lo dió el médico de cabecera y el Otorrino me ha dicho que no es del oído...

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Las veces que se ha tambaleado mi vocación de neurólogo probablemente ha sido cuando he comprobado mi icompetencia y/o impotencia para conseguir contentar a los pacientes con mareo.

        - No deje que el mundo le dé vueltas; dé usted vueltas por el mundo... En libertad, sin cargos... Está usted sano. 

        - No me convence. Pediré una segunda opinión...  

7 comentarios:

pacotraver dijo...

Los teoricos de la comunicación dicen que las explicaciones que se le ofrecen al paciente tienen que aportarle algo nuevo pero al mismo tiempo no alejarse demasiado de su concepción del mundo para que sean aceptadas o simplmente consideradas como explicaciones razonables. Tus pacientes mareados reaccionan igual que si les dijeras: su problema es que usted quiere desmayarse para ser pasivo y femenino.
Prueba con eso y verás.
Lo que tu les planteas está demasaido alejado de su visión de las cosas., creo yo.
la vurdad por si misma no cura, ¿no damos anovulatorios para engañar al ovario?

Victoria Mena dijo...

Se ve que nos ha tocado la guardia de hoy ...

Yo lo que capto, y creo que no me equivoco, es la retranca del doctor Goicoechea construyendo diálogos.

Arturo Goicoechea dijo...

Paco: el problema es la falta de explicaciones en muchos casos y la falsedad de las ofrecidas en otros. El acto médico se reduce a una receta y una etiqueta (migraña, cefalea tensional, "no se sabe", depresión, ansiedad, "cervicales", contracturas, desgastes...). Los pacientes que yo veo han hecho ya la tournée de las consultas y vienen medicados, con antiinflamatorios, antidepresivos, antiepilépticos etc. Mi labor es la de quitar fármacos y poner información. Estoy de acuerdo en que no todo el mundo tiene la cabeza amueblada para recibir esas informaciones pero creo que debo intentarlo en todos los casos y lo seguiré haciendo así, aun siendo consciente de que un porcentaje de los pacientes saldrán decepcionados o indignados de la consulta.

No veo ninguna razón para dejar con vida a todo tipo de especulaciones que se tejen en torno al mareo.

Existe una teoría evolutiva sobre los síncopes que sostiene la ventaja adaptativa de desmayarse cuando un grupo humano atacaba a otro. Se aproximaría a la estrategia de "hacerse el muerto" que emplean algunos animales cuando ya les ha cogido el depredador.

La explicación habitual de la "bajada de tensión" tranquiliza por un lado pues protege de otras alternativas interpretativas de más calado patológico pero no deja de ser una explicación falsa y que cultiva la incertidumbre cerebral frente a los escenarios.

No veo ningún problema en dar la explicación biológica de la reacción de lucha-huida ("fi-fli") que, por cierto, la saqué de un artículo de Engel, el Psiquiatra que acuñó el concepto de modelo Biopsicosocial...

Cristina dijo...

El decir a los pacientes que los mareos son psicosomáticos o la consecuencia de un trastorno ansioso-depresivo también suele estar alejado de su visión de las cosas (cuando el paciente no siente depresión ni ansiedad) y, sin embargo, la mayoría acabamos "probando" con la medicación "psiquiátrica" al no encontrar solución con ninguna terapia. Porque al final acabamos dudando de todo y de todos, incluso de nuestra propia capacidad para evaluar por nosotros mismos nuestro estado emocional, dudamos de nuestra percepción de la realidad.

La idea de que detrás de un mareo, por lo general, hay un cerebro preocupado, inseguro y alarmado, explicada al paciente de forma sencilla y con ejemplos, como hace Arturo, es muy fácil de entender y asumir porque es una "explicación" con su lógica y sus fundamentos biológicos, neurológicos, e incluso psicológicos. Así que no estoy de acuerdo Paco con tu afirmación de que "la verdad por sí misma no cura". No te voy a decir que no haya vuelto a tener mareos desde que llegó a mí esta información, pero sí te aseguro que ha cambiado mi actitud ante los mismos y que se ha reducido considerablemente mi preocupación y mi miedo a realizar actividades cotidianas, con lo cual me siento muchísimo mejor. Por tanto, yo creo que la información (si es buena y se explica bien) sí cura por sí misma. Además, Arturo, te puedes dar por satisfecho con haber ayudado a algún que otro paciente (aunque te gustaría poder ayudarnos a todos), porque el miedo a los mareos paraliza la vida cotidiana y el saber que, gracias a tus explicaciones, algunos estamos consiguiendo volver a ella tiene que ser muy gratificante.

arturo goicoechea dijo...

He tenido la suerte y desgracia de ser en esta historia del dolor y los mareos médico y paciente. Mi mente oscilaba entre la angustia de padecer una enfermedad física seria o una incapacidad psicológica de controlar mi ansiedad. Cuando pude disponer para mí de una explicación neuronal que disolvía el deshojar la margarita entre lo físico y lo psíquico para dejarlo en un exceso alarmista de mi cerebro culturizado comenzó mi proceso de liberación, de recuperación de una certeza de estar sano, por supuesto con sus altibajos.

A veces me mareo o me duele la zona lumbar pero tengo capacidad para reaccionar y el problema se disuelve rápidamente. Basta una reflexión convencida de que probablemente estoy sano y que no es mas que una falsa alarma más, un eco de mis anteriores angustias de probable enfermedad o desajuste psicológico para recuperar la normalidad perceptiva.

No tengo ninguna duda de la importancia de contar con una explicación interior bien trabada y automatizada que nos proteja de la tendencia instintiva, irracional, de ver posibles enfermedades propias ante cualquier incidencia de enfermedades ajenas o informaciones sobre la fragilidad de nuestro organismo por culpa de nuestra genética, insano estilo de vida o adversidades psiquico-físicas del pasado.

Entiendo a Cristina porque me recuerda mis épocas de padeciente sano desconcertado y, sí, es muy gratificante para mí el poder transmitir mis conclusiones y ver que son recogidas como una vía de solución.

Anónimo dijo...

me he sentido muy cerca de estos relatos y tambien consolada. Mis mareos que para el medico, traumatologo, otorrino, han sido tension, ansiedad .. y que nadie ha resuelto se han ido transformando en otras molestias como perdida de vision y dolor enla parte posterior del cuello .. no se ..ya paso de ir al medico a contarle mas historias ..otras gafas y a correr.. creo que soy yo la que voy cambiando los sintomas, o no, y estoy fatal y me estoy muriendo poco a poco. ¿que me estara pasando?

Arturo Goicoechea dijo...

Todos los relatos de este blog se refieren a casos en los que se supone se han descartado lesiones con las exploraciones oportunas. Sólo en esos casos es lícito plantear el origen de los síntomas en un cerebro alarmado y confuso.

El mareo es un síntoma muy frecuente, muy incómodo, preocupante e invalidante y, en general, recibe escasa comprensión por parte de los profesionales. las explicaciones habituales de oído, cervicales y nervios no tienen ningún fundamento. El origen real está en un cerebro que construye la estabilidad corporal con incertidumbre-alarma y traslada esa incertidumbre al individuo en forma de mareo e inestabilidad. El caso más claro de lo que quiero explicar sucede cuando estamos en una altura y se activa el mecanismo de alarma.

No hace falta estar en una altura para que se activen los síntomas si se da esa situación de alerta sobre equilibrio, pero, insisto, todo esto sólo debe considerarse si se ha descartado previamente la existencia de una causa orgánica.