Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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jueves, 25 de junio de 2009

Cervicales







La función del cuello es facilitar que los ojos palpen a distancia los objetos. Los ojos se mueven con libertad y precisión en el interior de las órbitas pero necesitamos ampliar el campo de observación con el movimiento de la cabeza sobre el cuello y el de las propias vértebras cervicales entre sí.


A veces los objetos de interés están quietos y el sistema ojos-cabeza-cuello debe ofrecer estabilidad y fijeza, y otras se mueven rápida e irregularmente exigiendo al conjunto ajustes vivos y precisos para no perder detalle.


Somos una especie visual y damos por supuesto que la evolución habrá ido seleccionando aquellos individuos que, al menos durante su época fértil, hayan demostrado una habilidad suficiente para leer adecuadamente con los ojos el mundo (incluyendo a sus congéneres). Ello exige, además, una capacidad de la estructura cráneo-cervical para soportar el estrés de la exploración visual continuada. La cabeza no pesa gran cosa, apenas 2 kilos, por lo que las vértebras cervicales no tienen que soportar una carga excesiva. No parece, por tanto, que la evolución hubiera de tener demasiados problemas para conseguir el objetivo del seguimiento visual sin poner en peligro la integridad de las vértebras del cuello.


No sabemos nada sobre quejas cervicales de Homo sapiens (ma non troppo) hasta que se descubrieron los rayos X. Suponemos que nuestros antepasados también se mareaban y sufrían dolor en cuello y cogote pero probablemente no culpaban a su columna. Cuando pudimos "echar los rayos" al interior, todas las sospechas empezaron a recaer sobre la columna. Las radiografías afloraron columnas torcidas, rectificadas, desgastadas, deformadas y decalcificadas. El cuello se mostró como el peor enemigo de la cabeza (y de los ojos). No sólo había perdido movilidad sino que estrangulaba las arterias que ascendían hacia el cerebro comprometiendo su "riego".


El cuello, fiel aliado de ojos y cabeza durante millones de años de lucha por la supervivencia, se ha convertido en una zona vulnerable, frágil, deformada, avejentada prematuramente, que ya no sirve para mirar ávidamente y con precisión el mundo.


Al parecer, no hay muchos motivos para sentirse orgullosos de nuestra cervicalidad actual. Apenas podemos mirar al cielo ni girar la cabeza por el mareo. Con el movimiento nuestras deformadas vértebras comprimen las delicadas arterias que atraviesan complicados desfiladeros y las neuronas no pueden trabajar porque no les llega "riego". Los discos están herniados, los nervios pinzados y los músculos contraídos por el apretón del estrés.


El "ejército de salvación cervical" se ha puesto en marcha: fisios, osteópatas, quiroprácticos, masajistas, energizadores, acupunturistas, homeópatas, fármacoterapeutas, herboristeros, maestros de yoga, gurus, curanderos... todos ellos hablan de "las cervicales", de su lamentable estado y de la bondad de sus remedios.


- Tengo cervicales...


- Todo el mundo las tiene. Sin ellas no podríamos observar adecuadamente el mundo. Forman parte del aparato visual.


- Bueno, no sé a qué se refiere. Me duelen las cervicales y me mareo. Me han explicado que tengo mucho desgaste y que la sangre no llega bien a la cabeza.


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El cerebro está hecho un lío con lo de "las cervicales". Ya no se atreve a mirar, a palpar el mundo. Ha renunciado a activar el exquisito juego de movimientos de cabeza-cuello, sus infinitas combinaciones perfectamente ajustadas al movimiento de objetos y ojos y ahora mira con temor con el rabillo del ojo o girando todo el cuerpo sobre la pelvis. Mantiene el programa de alerta con la contracción preventiva de los músculos del cuello, con el umbral de dolor bajo, con la incertidumbre de la caída in mente...Toda previsión es poca.


El Homo sapiens (ma non troppo) moderno tiene su tendón de Aquiles en el cuello. Quién lo iba a decir...



No hay que alarmarse. ¡Siempre nos quedarán los collarines!

8 comentarios:

Cristina dijo...

Gracias por las entradas de los últimos días, todo lo que escribes sobre movimiento y columna vertebral me ayuda a ir eliminando falsas creencias. Yo estoy feliz desde que mi cuello vuelve a ser móvil, y eso que me habían dicho que con la rectificación cervical que tengo mi movilidad iba a ser sólo de un 60%...

arturo goicoechea dijo...

En las mujeres el cuello se rectifica con suma facilidad por su mayor laxitud ligamentosa. No tiene ninguna importancia y, generalmente expresa una alerta cerebral sobre cuello, la mayoría de las veces, no justificada.

Internos dijo...

Cada vez mejor, creo que es buen exponente para combatir la iatrogenia informativa.

Saludos!

Arturo Goicoechea dijo...

Si hay un lugar, en este momento, en el que es necesario combatir la información dañina (iatrogenia) es precisamente el cuello. Por poner un ejemplo:hay verdaderos dramas de dolor e invalidez desencadenados por colisiones irrelevantes en las que surge el odioso concepto del "esguince cervical" con su inseparable y perjudicial collarín. Le dedicaré una entrada especial.

El problema que tiene la lucha contra el "cervicalismo" es que hay un colectivo muy amplio y variopinto de predicadores y remediadores en el que, desgraciadamente, no faltan médicos, quienes, en definitiva, fueron los que gestaron la criatura de "las cervicales".

Anónimo dijo...

En Noviembre hará cuatro años que tengo dolores de cabeza diarios que alternan entre los ojos, las sienes, la parte alta de la cabeza, el entrecejo, etc.
Después de haberme hecho distintas pruebas y de acudir a varios médicos y fisios parece que se inclinan a pensar que debido a un esguince cervical del año 2001 han comenzado las cefaleas; dicen que la musculatura profunda está atrofiada y que la superficial trabaja más de lo que debiera en un trabajo que no le compete.
La verdad, no sé; lo que sí sé es que tengo 28 años y los dolores persisten y que cada vez más la vida se va reduciendo a menos actividades .

maimai dijo...

Anónimo, si me permites igual te puedo aportar mi granito de arena como fisio.
Desconozco exactamente el tipo de lesión que sufriste en el accidente pero lo que sí te puedo decir es que un dolor de 4 años de duración no está cumpliendo ninguna función. Me explico: es como si te compraras un coche con una alarma que suena todos los días, esa alarma es defectuosa, y ha perdido la función de avisarte de un posible robo.
Con el dolor pasa lo mismo: si la alarma (dolor) se queda sonando cuando el peligro ya ha pasado o la lesión que había se ha curado, hay que empezar a pensar que los mecanismos que la activan están errando.
En este caso el cerebro, que es el encargado de activar y modular esa alarma, está sobreprotegiendo el cuello mediante dos mecanismos: el dolor (para que no te muevas o no pongas en peligro el cuello o la cabeza) y una activación muscular anómala, donde los músculos están al servicio de la protección cervical en vez del movimiento.

Recuperar el movimiento normal del cuello suele ser un punto importante. Para ello es importante sustituir la idea de "zona frágil que hay que proteger" por la de "zona sana hiperprotegida que hay que utlizar con normalidad".

Como todo, es un proceso que puede costar más o menos, según la persona, pero que es indispensable para una recuperación completa.

Un saludo y ánimos!

Arturo Goicoechea dijo...

Anonimo: en mi opinión, el problema del dolor crónico reside en el cerebro y no donde lo estamos sintiendo.

Aunque usted sienta el dolor sobre el cuello ello no quiere decir que, necesariamente, haya allí algún problema. La mayoría de las veces a la columna no le sucede nada que justifique el encendido del dolor pero el cerebro puede mantener una etiqueta de zona frágil, vulnerable y activar el dolor facilitando un círculo vicioso.

En estos casos no hay que trabajar exclusivamente sobre la columna, sobre el modo en que se mueve o trabaja. Es esencial modificar también la representación cerebral de la misma, la idea que el cerebro aplica sobre integridad física.

Hoy en día hay una corriente de Fisioterapeutas que, afortunadamente, están cambiando sus esquemas y hacen un excelente trabajo en la complicada cuestión del dolor.

En este blog se exponen los fundamentos teóricos de la generación neuronal del dolor. Es conveniente completar el trabajo teórico con la ayuda de un fisioterapeuta versado en la línea moderna de la Biología del dolor.

Saludos

Arturo Goicoechea dijo...

maimai: nada que añadir a lo que sugieres. Tiene más valor viniendo de una fisio. Cambiar ideas de músculos y esqueletos por neuronas que piensan y evalúan no es fácil y es fundamental que seais los fisios los que tomeis la responsabilidad.

Saludos