Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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domingo, 28 de junio de 2009

Complejidad neuronal





Muchos neuroterapeutas reducen la complejidad de la actividad neuronal a cuestiones bioquímicas simples. El cerebro es visto, a veces, como una glándula endocrina que segrega unas pocas hormonas: serotonina, dopamina, noradrenalina y algunas otras de menos relevancia. El desánimo es la consecuencia de un bajón de serotonina, el desvarío sigue a la hiperactividad de dopamina y la ansiedad al exceso de adrenalina. Basta hacer una corrección externa de la producción de estas hormonas, bajando las que están altas y subiendo las que están bajas, para devolver el sosiego,la cordura y las ganas al padeciente.

Otras veces se aplica la fórmula de culpar todo a las arterias, a sus calibres, que no dejan de contraerse y dilatarse, obligando al terapeuta a corregir esos despropósitos vasculares dilatando lo estrecho y estrechando lo dilatado.

Los avances en el conocimiento de los llamados "canales iónicos" (artilugios-proteínas- que transforman estados y agentes externos e internos en pequeñas corrientes en un punto de la membrana neuronal), elementos que determinan la excitabilidad neuronal, han permitido disponer de reguladores de dichos canales. Los padecimientos surgen de excesos de actividad de algunos canales y los remedios vienen, lógicamente, de templar con fármacos que bloquean esa hiperactividad indeseable.

Para redondear las culpas están los genes que muestran innumerables mutaciones responsables de casi todo.

La migraña, por ejemplo, se ha explicado a lo largo del tiempo como una perturbación de serotonina, del calibre arterial y, actualmente, de los canales iónicos... y los genes, por supuesto.

No nos olvidemos del individuo a quien siempre se suponen desviaciones de una imposible línea de buena conducta.

El mundo de las explicaciones de los neuroterapeutas exigiría para ser válido unas neuronas que no existen, organizadas en un modelo de red neuronal que tampoco existe.

La neurona de los neuroterapeutas se limita a recibir estímulos, sumarlos y restarlos y producir una salida si el resultado supera una cifra, el umbral. Más o menos es lo que sucede en una máquina de cocacola. Ello exige una neurona estática que se limita a esperar a que lleguen las monedas y las señales de las teclas para empezar a operar y "decidir" si suelta o no el refresco.

Sin salirnos del modelo de la máquina de cocacola, la neurona real hace algo más que sumar y restar: tiene estados variables de decisión (los precios suben y bajan constantemente), está conectada con otras máquinas que también expresan sus estados (precios), tiende a respetar un mínimo y máximo (día, semana o mes) de suelta de cocacolas (integrando sus decisiones con los consumos de otras máquinas) y, además de con los precios, intenta disuadir del consumo aplicando, por ejemplo, corrientes eléctricas cada vez que se aprieta el botón.

No basta con pedir cocacola poniendo unas monedas. La máquina tiene que estar dispuesta a concederla con esas monedas. Por supuesto que el precio no figura en ningún lugar. El ciudadano comienza a echar las monedas y en un momento no siempre predecible (aunque aparecen pautas) sale la cocacola.

Las neuronas son complejas, variables, impredecibles, inexcrutables. Cambian constantemente los umbrales y la población de canales iónicos. Los calibres de las arterias que las nutren se adaptan estrictamente a los requerimientos de la actividad neuronal, al igual que la cantidad de gasolina que entra al carburador depende de lo que pisemos el acelerador.

La plasticidad es la propiedad que contiene esa facultad de cambiar para adaptarse a una realidad que no cesa de variar. Se van conocienco nuevos mecanismos básicos que permiten acercarnos a la complejidad neuronal: sensibilización, habituación, facilitación y depresión sináptica a corto, medio y largo plazo, escalado sináptico, metaplasticidad, homeostasis sináptica.

Cada cambio impuesto externamente por los neuroterapeutas induce un reseteo complicado de la red. Si el psicofármaco es poderoso puede inducir una nueva situación que puede resultar beneficiosa para el individuo pero no siempre sucede así, especialmente en lo que se refiere al medio y largo plazo.

La neurona suma, resta, calcula derivadas de primero, segundo y tercer grado, integra, modifica su estado de resonancia para amplificar lo que en ese momento decide sea resonado, escucha a otras neuronas que a su vez han hecho las mismas tareas, se somete a las decisiones jerárquicas que en ese momento operan en la red (la autoridad en la red cambia constantemente en función de los contextos).

Los neuroterapeutas viven en lo que los teóricos de la ciencia postnormal Sivio Funtowick y Jerry Raxetz denominan la "falsa certidumbre" o la ignorancia de la ignorancia.

El modelo neuronal vigente de los neuroterapeutas es peligrosamente claro y operativo. Ello hace que los colectivos de neuroterapeutas gocen de excelente salud. Quizás no podamos decir lo mismo del colectivo de sus padecientes.