Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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martes, 26 de enero de 2010

El conmutador del peligro necrótico. Neuronas ON, neuronas OFF





El dolor es algo de quita y pon. Viene y va. Se enciende y se apaga en función de la evaluación de peligro-calma. Una compleja red de centros cerebrales se activa o desactiva para proyectar la percepción dolorosa si se detecta u olfatea necrosis.

Existe en los sótanos cerebrales un grupo de neuronas que se encargan de facilitar la generación y tráfico de señales de peligro (nociceptivas), las
"neuronas ON", y otro que genera el estado opuesto: impide que las señales de peligro lleguen a los centros cerebrales responsables de la percepción de sufrimiento, las "neuronas OFF".

Especialmente cuando sentimos dolor, nos gustaría tener un mando a distancia para apretar el OFF. Un chorretón de opiáceos se encargaría, al momento, de eliminar el flujo de señal nociceptiva hacia los centros del sufrimiento. Sólo habría información. Las señales de peligro podrían ser analizadas fríamente en el cerebro, desprovistas de relevancia emocional.

En las unidades de dolor insertan dispositivos de bombeo de morfina para ser activados a demanda por el paciente cuando el dolor aprieta. Es el equivalente a las neuronas OFF.

El cerebro activa el ON cuando quiere disponer de información nociceptiva amplificada, sensible, en estados en los que se ha consumado el daño necrótico o se teme (con más o menos fundamento, que pueda producirse). La posición ON hace que estímulos habitualmente inocuos generen señal de peligro que fluye sin filtros hacia las áreas cerebrales del dolor.

Cuando dormimos, luchamos, huimos, defecamos, masticamos... se activa el OFF para proteger la acción.

No es que el sueño quite el dolor. Sucede que el cerebro amortigua el sufrimiento para proteger el estado del sueño, necesario para procesar la información debidamente. Cuando lo considere oportuno el cerebro quitará el OFF y repondrá el ON.

- A veces el dolor me despierta. Yo estoy dormido... no estoy pensando que me va a doler...

Si uno duerme es porque el cerebro le ha desconectado. Si quiere tenerlo despierto vuelve a conectarlo al mundo con los recados que considere oportunos:

- ¡Despierta! La cabeza está en peligro...

- Me duele la cabeza

- ¡Me lo temía!

La valoración de amenaza a las cuatro de la madrugada hace que el cerebro quite el OFF y reponga el ON.

El dolor no nace de esas neuronas ON sino del cerebro. El encendido ON sensibiliza las señales de peligro. Alimenta la sospecha de alarma. Disminuye el umbral del dolor. Anula filtros y amplifica.

- Si muevo la cabeza algo se mueve dentro como si... Es horrible. Todo duele: los ruidos, las luces, los olores...

Las neuronas ON y OFF no se encienden y apagan solas. Están sometidas al ámbito de las decisiones cerebrales o al de los sucesos, en tiempo real.

El cerebro evalúa calmas y tempestades, predice y/o constata el peligro y en función de ello aviva el sentido del daño o lo adormece.

En el dolor crónico el encendido está automatizado, acoplado a momentos, lugares, acciones... No sucede nada pero el cerebro actúa como si el organismo fuera vulnerable, frágil... y las acciones y propósitos del individuo inasumibles por su peligrosidad.

- Necesitamos un mando a distancia para regular a demanda el dolor.

- Ya lo tiene: su voluntad, la decisión de tomar calmantes, meterse al cuarto oscuro... Usted intenta calmar el dolor. En realidad tiene que conseguir calmar a su cerebro. Eliminar su temor irracional al daño necrótico. Tiene que hablarle... No utilice el engaño de los bálsamos milagrosos. Si no cuela, su cerebro ya no le hará caso. Los calmantes no le calmarán y su cerebro le exigirá con un apretón de dolor que vaya a urgencias a que le pongan algo "en la vena".

- Eso es muy difícil. No sé cómo hacerlo...

- No busque remedios complicados. Es sencillo. Hay miedo en el organismo. Probablemente el miedo es injustificado y debe restablecerse la calma. Con argumentos, con palabras... no con engaños "calmantes"...

El conmutador del dolor en ausencia de daño está en la corteza prefrontal, el lugar donde se toman decisiones apoyadas en la información sobre peligros, el lugar donde reside el impacto de la enculturación. El trabajo debe hacerse allí, eliminando falacias, augurios, presagios, supersticiones y sustituyéndolas por información sobre la biología del sentido del daño necrótico y del sentido del peligro de que tal cosa suceda.

- Si no lo veo no lo creo

- A veces es así pero en este caso es: Si no lo creo no lo veo... Al menos así lo creo y veo yo.

8 comentarios:

Roi dijo...

Si no lo creo, no lo veo: otra frase genial!
Si alguien se anima, se podrían recopilar unas cuantas perlas del Dr. Goicoechea en forma de aforismos o sentencias. Enhorabuena por el blog (y por el libro, estamos en ello)
Un saludo.

Arturo Goicoechea dijo...

Roi: casi todo lo que uno dice ya se ha dicho con anterioridad. Hubo un tiempo que creía que la frase era mía pero basta con entrar a Google para comprobar que la propiedad intelectual es ficticia.

Gracias, de todos modos, por los halagos y la visita al blog.

Saludos

Roi dijo...

Bien, apreciemos entonces lo correctísimamente integrada que está la frase en el hilo del post!

Un saludo.

María dijo...

"Eliminar su temor irracional al daño necrótico": esta frase acaba de definir mi situación desde hace años.
Pero yo no puedo más, no puedo... aunque suene exagerado no puedo con una migraña diaria, estoy cansada, agotada, hastiada...
Soy mujer, menopáusica desde los 38, ahora tengo casi 48 y he ido empeorando con los años. El Maxalt es diario, la combinación de calmantes también, y por muy duro que suene me metería una caja de lo que fuera y desaparecer, si no lo hago es por que tengo un hijo de 13 años. He probado todo, me han dado de todo y vivo con una sentencia de dolor diario a cuestas.
Mis migrañas son crónicas, mis cefaleas tensionales, hago meditación, relajación y reiki y las tres cosas me vienen de lujo... a nivel emocional y espiritual, pero no a nivel físico.
Dr. Goicoechea, no exagero lo más mínimo, vivo con el miedo al dolor, al único dolor que no soporto, al único dolor que me invalida, al único dolor que me roba días de mi vida.
El blog es magnífico a pesar de que me siga doliendo la cabeza.
Un abrazo y gracias.

Arturo Goicoechea dijo...

María: la migraña es un producto que combina el miedo cerebral (irracional)al daño necrótico y su miedo al sufrimiento que deriva en el consumo de todo aquello que su cerebro exige para desactivar su miedo.

Los fármacos no actúan químicamente sobre la red neuronal que genera el dolor. El cerebro activa el dolor para conseguir su antídoto del miedo a que algo suceda en el interior de la cabeza. Ese antídoto son los "calmantes".

El Dr. Lainez, experto en migrañas, publicó el caso de un paciente torturado a diario por el tipo más horrendo de dolor de cabeza que uno `pueda imaginar. Habían probado de todo y nada funcionaba. Decidieron darle un placebo y... ¡funcionó!.

Más adelante le confesaron que era un placebo. "Me da lo mismo. Dénmelo. Sin él no puedo vivir..."

Saludos y gracias por su tremendo testimonio

elena dijo...

María: Me he sentido muy identificada por tu comentario, tenemos una historia parecida. Tambien yo tuve muy pronto la menopaussa y después aparecío una migraña diaria que me ha hecho muy dificil la vida en estos últimos años, he tomado todo lo que me han mandado, preventivos y calmantes, sin ningún resultado, o quizá peor, y necesitaba cada vez más pastillas.

Ahora, gracias a la labor del Dr. Goicoechea estoy mejor, ya no tomo calmantes,el dolor casi ha desaparecido, alguna vez tengo alguna pequeña recaida, pero vuelvo a trabajar en ello, y es lo que mejor me está funcionando.

Un saludo y gracias Dr. por su interés y perseverancia en divulgar todo este conocimiento.

Arturo Goicoechea dijo...

Elena: gracias por dar testimonio de tu evolución. Es importante que haya quien dé una oportunidad a estos planteamientos y persevere.

Saludos

María dijo...

Pero qué debo hacer? Lo que relata Elena me anima pero cómo se hace? Cómo??