Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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martes, 22 de septiembre de 2009

Sensibilización central





Hay una tendencia a agrupar los síndromes de dolor no explicados por daño físico constatable (migraña, fibromialgia, dolor crónico "osteoarticular"...) bajo la etiqueta de síndromes de sensibilización central. La propuesta se fundamenta en que en todos ellos se constata que la red neuronal procesa los estímulos cotidianos banales e inofensivos como "dolorosos".


En la sensibilización central existiría un "mal procesamiento de la información".


El origen de este procesamiento sensible, anómalo, se situaría en un supuesto bombardeo de los sensores periféricos por todo tipo de estímulos.


Cuando hay un traumatismo físico como el sobredimensionado "síndrome de latigazo cervical", la persistencia de dolor (una vez reparado el "esguince") se atribuye a un supuesto estado sensible en el asta posterior de la médula espinal, lugar donde se produce el primer relevo de señal nociceptiva. La segunda neurona sensitiva estaría sensibilizada por los flujos previos de señales de daño (supuesto).


En la fibromialgia valdría para explicar el estado hipersensible cualquier trauma físico o psicológico del pasado.


En la migraña, la manga ancha es aún mayor si cabe: alimentos, luces, olores, estreses, hambres, sueños y pequeñas transgresiones crean el estado hipersensible de unos nociceptores miedicas y asustadizos por culpa de una genética alarmista.


En la artrosis, cualquier roce articular, contractura sostenida, cambio de tiempo...


Para dar un toque "científico" al argumento se trae a colación el mecanismo del "wind up" (dar cuerda). Se trata de un conocido proceso de sensibilización en el que el flujo intenso de señales de daño violento a través de un tipo de fibras (fibras C) facilita la transmisión en la médula creando una conversión anómala que genera falsa señal de daño ante cualquier estímulo banal.


Traducido a términos sencillos quiere decir que si generamos una agresión física en una zona, cualquier estímulo produce dolor.... mientras se repara la lesión. La red protege así el proceso de regeneración. Una vez concluido el trabajo, se vuelve a las condiciones habituales de "tejido reparado, puede volver a utilizarse sin miedo".


El problema es que el cerebro no retira la alerta y sigue aplicando un programa protector hipersensible. Según la explicación al uso, porque desde la médula (la periferia) se le mete miedo con falsas señales. Muchas veces ni siquiera hay una agresión previa pero se supone que ha habido "wind up", así, sin más.


En la "sensibilización central" de verdad (cerebral) no hay que buscar agresiones físicas o psicológicas previas para justificar el estado sensible. No son necesarias falsas señales medulares. La responsabilidad recae en una evaluación miedosa, alarmista, en el propio cerebro. La médula y las fibras C hacen lo que se les ordena.


No se trata, por tanto, de un mal procesamiento de estímulos, por el impacto del bombardeo antiguo de señales, sino de un procesamiento correcto de mala información que mantiene abierto el estado de alarma.


El asta posterior de la médula está sensible. Toda la red lo está. La responsabilidad está más arriba, en los centros de evaluación de peligro. La sensibilización no se produce de la periferia al centro (periferalismo) sino del centro a la periferia.


El alarmismo justificado es cosa de la periferia (están muriendo células) y el injustificado central (desde que se produjo la lesión el cerebro le tiene miedo a todo...)


En ocasiones mandan los hechos (agresión física actual) y en otros la forma en que son evaluados (alarmismo central).

lunes, 21 de septiembre de 2009

El cerebro hipocondríaco.




La red neuronal está organizada en capas, desde la periferia (el mundo externo) hasta el centro (el cerebro), una central que sólo conoce la realidad "de oídas", a través de los mensajes que llegan por los sentidos.


Las neuronsas de la periferia contactan directamente con estirones, compresiones y temperaturas extremas. Sufren en su membrana el impacto de estados y agentes dañinos, destructivos. Testifican la muerte celular violenta próxima.


Las neuronas de las capas centrales sólo tienen noticias de los sucesos. Se alegran y sufren por empatía. Son solidarias con la muerte ajena.


Las neuronas de la periferia lanzan en ocasiones angustiadas señales de muerte violenta inminente o consumada. Estas señales dejan el mensaje en todas las capas de procesamiento intercaladas entre el mundo y el cerebro. Cada capa activa su respuesta de una forma integrada, colaborando en el programa defensivo centralizado en el cerebro, cuyo objetivo es minimizar la destrucción y reparar los destrozos.


La última capa de la cebolla neuronal es el YO, la conciencia. Las señales le llegan en forma de dolor, una percepción desagradable, imperiosa, que le presiona a una conducta protectora.


El dolor es un mensaje, una notificación del sistema. Nos obliga a compartir la pena de la destrucción violenta de nuestras células y a colaborar en la respuesta defensiva.


El cerebro es responsable de que no se produzca destrucción celular violenta. Organiza las acciones del individuo de tal forma que se minimice la probabilidad de la necrosis.


La forma más eficaz de conseguirlo es activar el programa que utiliza para notificar los sucesos violentos. Obligar al individuo a actuar como si ya se estuvieran produciendo.


Los pacientes describen el dolor como si... Como si les estiraran, comprimieran, quemaran o pincharan... El cerebro ha activado el mismo programa que notifica los desgarros, compresiones, quemaduras y pinchazos reales. No hay modo de saber si sucede algo o no por las características del dolor. Sólo hay un programa para generar la percepción dolor. Se activa tanto si están destruyéndose células como si se trata de una previsión alarmista injustificada cerebral.


El cerebro sufre con la incertidumbre, con hipótesis y presentimientos. Guarda memoria de sucesos propios y ajenos y prevenciones de los expertos sobre tiempos revueltos, desánimos, estreses, excesos, defectos, alimentos, genes y hormonas.


Al cerebro de sapiens (ma non troppo) lo han vuelto hipocondríaco entre todos: los familiares, los expertos, los amigos y la pescatera.


El cerebro alimenta su hipocondria con las noticias. Se traga todos los bulos. Es cándido y sensible. Se preocupa por todo lo que pueda suceder a las células. También es cándido con los remedios: calmantes, agujas, ensalmos, meditaciones, hierbas, aromas y cirugías...


Todo puede valer para alarmar y todo puede valer también para calmar. Falsos venenos y falsos antídotos.


Lo único verdadero es el dolor, el programa activado por falsas creencias de amenaza.




sábado, 19 de septiembre de 2009

Memoria de futuro




Como propietarios y usuarios de nuestro cuerpo nos hacemos una vaga y esquemática idea de sus componentes. Interiorizamos el fuelle torácico, la bomba cardíaca, los conductos circulatorios, el filtro renal, la protección cutánea, los sentidos, "las defensas"... 


Curiosamente no disponemos de ninguna representación simple, interiorizada de la red neuronal, de su trabajo. Nos sentimos sintiendo y ese sentimiento de sentir lo atribuimos a esa cosa indefinible, llena de presencia, que llamamos YO pero no le acoplamos la convicción sobreentendida de una actividad necesaria de cachivaches electrónicos e informáticos, circuitos y programas. 


Los padecientes nunca piensan que detrás de un síntoma hay una estructura neuronal. Huesos desgastados, articulaciones inflamadas, músculos exhaustos, tendones montados, ánimos desbordados, temperamentos desasosegados, energías poco amistosas, espíritus, karmas... cualquier cosa menos neuronas haciendo su trabajo.


Una vez que el padeciente ha completado el relato de los síntomas le hago mi pregunta favorita: "¿a qué lo achaca"? 


Nadie piensa en las neuronas como responsables. Sólo nos acordamos de ellas cuando se nos olvida dónde hemos dejado las llaves o el nombre del vecino. Parece que la única tarea encomendada fuera la de almacenar los datos y facilitarlos cuando los necesitamos. 


Realmente la reflexión es correcta: la memoria es la función primordial de las neuronas. Son células que han demostrado una especial cualificación para construirla. Sin embargo la memoria sirve para algo más que para recordar fechas, recados y nombres. Está presente en cada uno de nuestras acciones, emociones, reflexiones y percepciones. 


Vemos, oímos, nos movemos, nos emocionamos y sentimos dolor, mareo, cansancio o vértigo porque las neuronas desarrollaron la capacidad de memorizar. 


La función de la memoria no es recordar sino predecir, anticipar. 


La memoria del sistema inmune graba el dato de unas proteínas sospechosas y les atribuye peligrosidad. Basta que contacten con las mucosas de la frontera nasal, ocular, bronquial, para que se dispare la inflamación y los programas picor, estornudo y tos. El sistema inmune recuerda que esas proteínas son sospechosas y actúa pensando en un futuro teórico de destrucción si se les permitiera entrar. 


Las proteínas sospechosas pueden pertenecer al gato o a los ácaros y no a peligrosos gérmenes. La memoria inmune ha errado en la predicción. Es una mala memoria. Recuerda muy bien pero se equivoca en la evaluación del futuro. Es una memoria alérgica.


La memoria neuronal puede ser también un desastre. Mal aconsejada por los expertos puede atribuir al chocolate, el viento Sur o los cacahuetes una peligrosidad absurda y construye una predicción alarmista que queda perfectamente memorizada. Cada vez que sale Sur o se comete el desliz del cacahuete la pésima (por absurda) memoria neuronal recuerda que tiene que activar las alarmas y lo hace. 


La mala memoria está detrás de muchos dolores. Es una memoria que recuerda perfectamente una predicción errónea sobre peligrosidad. 


      - Tiene usted mala memoria. Por eso le duelen los "huesos" y "la cabeza". Tendría que olvidar... 

viernes, 18 de septiembre de 2009

No sólo genes y "nervios"






Tendemos a considerar al dolor como la consecuencia o bien de una alteración física o de un ambiente psicológico inadecuado.


La alteración física puede ser demostrable: una quemadura, un traumatismo, una infección... o darse por supuesta aunque aún no se haya dado con ella. 


Los neurólogos clasifican el dolor de cabeza, la cefalea, en primaria (sin lesión demostrable) y secundaria (con lesión). Dentro de la cefalea primaria, diferencian un grupo al que atribuyen un supuesto origen físico, sutil, genético, aún no desvelado y otro al que se denomina "tensional" al que se le niega la condición noble de la sutileza genética y se le supone un origen "nervioso", psicológico.


La migraña es un dolor legitimado por el neurólogo. Se le suponen unos genes responsables. Es una enfermedad con una neurobiología defectuosa o inadecuada para el estrépito de los tiempos actuales, llenos de luces, ruidos, olores, radiaciones, excesos, defectos, estreses y cabritos ubicuos.


La cefalea "tensional" no tiene el sello noble de los genes y desenmascara una personalidad frágil, vulnerable, quejosa, inoportuna, criticable, antipática, con menos derecho a la compasión. 


Homo sapiens (ma non troppo) tiene además de genes y nervios algo más, algo sustancial que le diferencia de las demás especies, si no cualitativa, sí cuantitativamente: ideas sobre su interior


Disponemos de conocimiento sobre ese mundo opaco interno. Estamos condenados a imaginarlo, consciente e inconscientemente.


Hay ideas razonables, útiles, informativas, liberadoras, "progres"...


Hay ideas irracionales, inútiles, conformativas, alienantes, "tradicionales"...


Las ideas no son inofensivas, inertes, cerradas, inamovibles. 


Las ideas son seres vivos. Germinan, se desarrollan, interelacionan, se agrupan, se copian, se replican, operan, se difunden. 


El éxito de las ideas no garantiza su veracidad. Puede que lo irracional venda más fácil que lo sensato. 


Los genes y los "nervios" son inevitables. Los sucesos internos y el modo en que los sentimos están influidos por ellos. Las ideas, las expectativas, las creencias... también son inevitables y también influyen en cómo sentimos el interior. 


Por si ya lo ha olvidado, le recuerdo "el fascinante hecho estadístico sin explicación..."


Los neurólogos tienen un alto porcentaje de migrañas, especialmente si se dedican a combatirlas. 


Los neurólogos tienen genes, "nervios"... y también ideas. Son los que tienen más ideas sobre la migraña... 

jueves, 17 de septiembre de 2009

Migraña, una enfermedad profesional



En 2003, Randolph Evans y otros publicaron en la revista Neurology un artículo sobre prevalencia de migraña entre neurólogos, segregando también a los que se dedicaban preferentemente a los dolores de cabeza. Los resultados fueron realmente espectaculares: más del 50% de los neurólogos eran migrañosos y más del 75% padecían esa maldita condición si se dedicaban a combatirla con especial dedicación. Los autores confesaban que "no disponían de ninguna explicación para ese hecho estadístico fascinante". Descartaron que hubieran elegido ser neurólogos y dedicarse a tratar migrañas porque las padecían. La secuencia era la contraria: padecían migrañas tras dedicarse a tratarlas.

Estos resultados debieran haber llamado la atención del colectivo de neurólogos pero no fué así. Sólo Oliver Sacks escribió un comentario para confesarse migrañoso desde su infancia y que él había decidido estudiar Neurología por la fascinación que le producían sus extraordinarios síntomas visuales del aura migrañosa.

En Marzo de este año Randolph Evans ha publicado un trabajo en Medical Clinics Of North America en el que recoge diversos aspectos sobre migraña y, en el apartado de "famosos con migraña", cita, entre otros, a Freud, comentando que no le sorprende su migraña dado que era también neurólogo y eso le daba muchas probabilidades de contraerla. Randolph, a continuación, se confiesa también migrañoso y, consultando su página, podemos verificar que también es famoso ("superdoctor") .

Entre nosotros, David Ezpeleta, cualificado neurólogo con especial dedicación al dolor de cabeza, en un entretenido libro sobre diversas anécdotas curiosas sobre migraña, se confiesa también migrañoso (de fin de semana) y cita el trabajo de Randolph. Para David la abultada cifra puede explicarse porque los neurólogos consultados probablemente tenían dolores "tensionales" y los declaraban fraudulentamente como migrañosos.

Para los neurólogos la migraña es una enfermedad cerebral de origen genético. Las crisis surgen porque el cerebro es, de fábrica, hiperexcitable y por la presencia de los famosos desencadenantes.

En el sorprendente caso de los neurólogos migrañosos cabe preguntarse si la genética migrañosa contiene una pulsión escondida hacia la neurología o si el hecho de ser neurólogo es un desencadenante, como el chocolate, el viento sur o el dormir poco o demasiado.

Cabe también preguntarse si la migraña es contagiosa. Si así fuera, los pacientes contagiarían al neurólogo. Cuantos más pacientes vistos, más riesgo (tal como parece sugerir el trabajo).

Las cifras, en todo caso, sugieren que la migraña es una enfermedad profesional y, caso de ser así, tenemos gato encerrado, algo que se nos escapa y que no parece preocupar a nadie.

La otra alternativa es despreciar-ignorar los datos por resultar perturbadores. Eso es lo que parece haber sucedido.

A los pacientes migrañosos no parece preocuparles que les atienda un neurólogo migrañoso, sino todo lo contrario. Aunque los tratamientos aplicados sean iguales, están más reconfortados y satisfechos cuando les ha visitado un neurólogo tocado por la migraña.

Cuando comento esta singular circunstancia estadística en la consulta les animo a que le busquen una explicación.

Si es usted visitante de este blog, le supongo ya con la respuesta a punto.

..... ¿la solución?.... se admiten sugerencias......


miércoles, 16 de septiembre de 2009

Medicina y antibiología





Mantener la integridad del organismo es complicado. Múltiples agentes y estados externos e internos pueden destruir células y tejidos de forma violenta (necrosis).

No estaríamos aquí si no fuera por la inflamación, por la bendita y benefactora inflamación.

..."La evolución nos ha proporcionado la inflamación, una formidable aliada en la constante batalla contra la infección, el cáncer y el daño a los tejidos. Es una respuesta primordial que nos protege de las lesiones y repara los tejidos dañados, permitiendo la recuperación de su cometido fisiológico..." (D. Gilroy, T. Lawrence. Investigadores del University College de Londres)

Probablemente la respuesta inflamatoria sea la acción con un entramado de moléculas-señal más complejo del organismo. Estas moléculas se encargan de controlar una cadena de reacciones químicas especialmente peligrosas cuyos objetivos son:

- reclutar en el foco de lesión células defensivas

- prevenir y/o combatir la infección

- proteger el tejido sano vecino

- neutralizar células necróticas (altamente tóxicas)

- retirar cadáveres

- iniciar y promover la recomposición de la estructura dañada

- eliminar (matar controladamente) las células implicadas en la respuesta

- controlar la propia inflamación para minimizar los daños colaterales

- desactivar la respuesta inflamatoria a medida que se controla el peligro

La complejidad de la respuesta inflamatoria está determinada tanto por su encendido como por su apagado. Las mismas moléculas que intervienen en el disparo inicial participan en su silenciamiento. Las cautelas del programa inflamatorio son extremas. Contiene todo tipo de controles que garantizan el ajuste a la dimensión real de la lesión y a la peculiaridad de cada tejido con el objetivo de preservar en lo posible la integridad tisular en el fragor de la batalla.

La inflamación se antinflama ella solita con exquisito cuidado. Ni un leucocito de más ni de menos. Los sucesos internos son sagrados, de una extrema delicadeza.

La inflamación produce dolor, hinchazón y calor. Esto no gusta al personal y los médicos se apresuran a tapar las apariencias. Bolsas de hielo, vendajes compresivos, antinflamatorios...

La pobre inflamación carga con todas las culpas:

¿Algo duele? La maldita inflamación...

¿Algo se hincha? La maldita inflamación...

¿Sube la temperatura? La maldita inflamación...

Más hielo, más vendajes y más antis...

La inflamación produce también rubor o debiera producirlo por tanto despropósito

- Te has puesto colorado... Ponte hielo y tómate un antinflamatorio...

martes, 15 de septiembre de 2009

¡Qué País!



Una paciente me trajo ayer a la consulta el suplemento de salud de El País (12-9-9) y el País semanal de la misma fecha. Contenían dos entrevistas sobre dolor que no me resisto a comentar.


En el País de los tópicos

En la página de salud se recoge una conversación con Jesús Castillo Obeso, neurólogo coordinador del grupo de neurología de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria. Los tópicos sobre dolor de cabeza no se toman ningún respiro: el dolor de cabeza "normal" que todo el mundo ha tenido tras fatiga, nervios, trabajo... y que se quita fácilmente con un analgésico (invitación a la fármacoafición). La tensión muscular como explicación... (el bótox como posible solución si se enreda el problema)...

Frente a la normalidad y resolución simple del dolor tensional aparece el más complicado de la migraña. Por si alguien albergara falsas esperanzas se afirma tajantemente que la migraña "no se cura"... pero que los neurólogos pueden ayudar a aliviarla y controlarla. Cita la elevada incidencia en la población y el ensañamiento con las mujeres pero silencia (quizás porque lo ignore) la especial tasa de migraña en los neurólogos que se dedican a tratarla ("un hecho estadístico fascinante para el que no tenemos explicación...")

Se da por sentado que la migraña está provocada habitualmente por "problemas vasculares" (doctrina desacreditada actualmente), que en el 60% de los casos hay "un componente hereditario", que se debe utilizar precozmente un triptan para garantizar un buen efecto, que no se abuse de la automedicación, que no se modifiquen las costumbres en el fin de semana... (?)...que los cambios de presión atmosférica pueden desencadenar crisis... (¿cómo?)...

Los tópicos políticamente correctos están convenientemente blindados frente a cualquier referencia a la participación cerebral en el desaguisado migrañoso. La neurofisiología del dolor, al parecer, no es aplicable al dolor de cabeza, que, goza de un status especial, no demostrado, debidamente adaptado a la justificación de las terapias que cada cual ofrece (vasoconstrictores, botox, antidepresivos, agujas, productos homeopáticos, relajaciones, aromaterapia, prótesis de descarga dental, intervenciones, estimuladores magnéticos, diademas...)


En el País de las Neuromaravillas

(Entrevista a Carlos Belmonte. Director del Instituto de Neurociencias de Alicante)

El titular de la entrevista sobrecoge: "Leeremos y manipularemos el cerebro como queramos...".

Afortunadamente parece que las intenciones serán buenas: todo será para conseguir anular cualquier atisbo de sufrimiento y desánimo.

El profesor Belmonte precisa que el futuro ya ha llegado y está entre nosotros aunque, incomprensiblemente, no lo veamos y utilicemos: "El 95% del dolor es controlable". El que haya gente dolorida es debido a resistencias culturales concretadas en una absurda reticencia a utilizar la morfina a demanda.

La dedicación del investigador a los receptores de membrana que transforman (transducen) diversas energías en señales eléctricas hace que cometa el error periferalista de situar el origen del dolor en la periferia y ofrecer la solución de interrumpir su viaje hasta el cerebro.

Su optimismo desbordante libera, sin pestañear, la afirmación de que hoy podemos administrar a un deprimido un bloqueante de la recaptación de serotonina (Prozac, por ejemplo) y, al día siguente (sic), estará como una rosa...

El investigador no oculta que existirán algunos problemas. Por ejemplo ¿podremos tener a todo el mundo contento? Eso puede causar problemas con el sistema de recompensa que se desensibilizará y creará una plácida atmósfera de indolencia y eso no puede ser, claro...

Podremos modificar la toma de decisión, el temperamento... La manipulación no tendrá más límites que aquellos que se deriven de unas comprensibles cautelas éticas.

No tengo dudas de que el cerebro es manipulable. Nuestra genética lo ha seleccionado así y la historia lo confirma. Homo sapiens (ma non troppo) está siendo manipulado desde el momento de su nacimiento... por la información con sus dosis necesarias de alarmismo presente y triunfalismo futuro.

Podemos alisar la piel y siliconear los pechos. La superficie cutánea está a nuestro alcance. De ahí a alisar las circunvoluciones cerebrales y rellenar los vacíos de los surcos no hay mas que un insignificante paso para la Ciencia. No en vano el Sistema Nervioso comparte con la piel el mismo origen embrionario.



lunes, 14 de septiembre de 2009

Estímulos y dolores


La ley de Weber-Fechner pretende establecer matemáticamente una correlación entre la intensidad de los estímulos y la de las percepciones que evocan.

Gustav Fechner estaba interesado , además de la Psicofísica, en la Metafísica y con su ley quería demostrar que mente y cuerpo eran expresiones de una sola "sustancia" y que por tanto podía establecerse una relación cuantificable y precisa entre los estímulos (materia) y su percepción (mente).

Aunque la ley supuso un hito en el nacimiento y despegue de la Psicofísica su vigencia está bastante cuestionada cuando intentamos aplicarla a condiciones naturales. Los estímulos (las señales) vienen siempre envueltos en ruido y el sujeto cambia su estado receptor (criterio) en función de múltiples factores.

Las convicciones de Fechner de identificar materia y mente están fuertemente arraigadas en los padecientes de dolor: si hay dolor se deduce que hay estímulo y la intensidad de ambos está correlacionada.

- Si me duele, algo tengo

- Si duele mucho, ese algo es intenso

- Si no se quita con el calmante es que hay gato encerrado

- Para eliminar un dolor intenso hace falta un analgésico potente y, en vena.

Estas reflexiones puede que sean válidas en las situaciones de dolor agudo, en las que existe un proceso activo de destrucción de tejido: el dolor informa sobre las características del estímulo: su ubicación, intensidad y persistencia.

En el dolor crónico, generalmente no hay estímulo. Nada tira, pinza, comprime, desgarra, quema ni corroe. La ecuación de Weber-Fechner no es aplicable.

En el dolor en ausencia de estímulo (migraña, fibromialgia...) hay que buscar la correlación con lo que el cerebro está evaluando como amenaza, con sus creencias.

Podríamos tratar de buscar ecuaciones entre la fuerza expresiva de una película y las emociones que despierta en el espectador. El dolor tiene la propiedad garantizada de la fuerza expresiva. El cerebro es un realizador magistral. Nos mete de lleno en la pantalla. Vive tanto la ficción que llega a creérsela y contagiarnos. Nos contagia sus emociones.

La única manera de dejar de sufrir en el cine es alejarnos de la pantalla, saber, decirnos que sólo es una película.

Algunos pacientes entienden y aceptan que esto es así y consiguen que su cerebro les deje tranquilos.

Otros siguen en la butaca, atrapados por la pantalla... por la película...





domingo, 13 de septiembre de 2009

El sentido de la necrosis




El dolor es una
percepción que informa de la existencia de necrosis (muerte celular violenta), consumada, inminente o imaginada y que incita a una conducta de minimización del daño.

La sirena de un sistema de alarma contiene la percepción de un sonido desagradable que informa de la existencia de un hecho violento, consumado, inminente o imaginado y que incita a una conducta de minimización del daño.

Hay dolores y aullidos de sirena por consumación o inminencia de hechos violentos y también hay falsas alarmas. El dolor y la sirena son siempre reales pero no contienen la certeza del hecho violento. Se limitan a expresar una posibilidad con probabilidad variable. Obligan a evaluar el suceso de su activación (comprobar si hay necrosis -robo).

La protección frente a la necrosis no se limita a señalar hechos consumados y/o inminentes sino que activa la alarma cuando olfatea peligro. Continuamente valora la probabilidad de necrosis futura y alerta al individuo cuando contempla esa posibilidad.

La valoración de peligro no se produce en las neuronas sensitivas sino en los sistemas de memoria-predicción, en los que se guarda y procesa toda la información sobre peligrosidad.

Como resultado de ese procesamiento se activa la alerta probabilística de necrosis. Ello implica la proyección de la percepción dolorosa sobre la zona bajo sospecha presionando al individuo a una conducta acorde con el estado de amenaza.

Tal como afirman David Buttler y Lorimer Moseley en su excelente libro: Explain Pain:

Todo dolor es siempre una respuesta normal a lo que el cerebro considera una amenaza

En presencia de necrosis inminente o consumada, las neuronas del sentido de la necrosis marcan el comportamiento del dolor. En ausencia de necrosis es el cerebro el que lleva el compás.

Las neuronas del sentido de la necrosis no se equivocan (si están sanas). Las neuronas de los centros de evaluación de amenaza necrótica sí y estrepitosamente.

El problema no reside en que se equivoquen. Equivocarse es el sino del cerebro. El problema (y gordo) es cuando no se detecta el error y el sistema de prevención de necrosis se empeña en mantener su convicción de amenaza.

Existe un extenso apartado de dolor por error evaluativo cerebral. No parece que ni siquiera se contemple la existencia del problema por parte de médicos y "alternativos" (la alternativa consiste en decir que no son los Reyes sino Papá Noel).

El sentido de la necrosis debe complementarse con un buen trabajo de los sistemas de memoria-predicción.

No debiera resultar tan complicado. Sólo es cuestión de... sentido común y buena información.



sábado, 12 de septiembre de 2009

Periferalismo: el dolor nace donde se siente





El cerebro consigue que nos creamos lo que nos proyecta en la consciencia, como si la realidad fuera lo que nos parece.

El dolor de cabeza ("por dentro") hace pensar que alguna estructura interna lo está generando.

Si el dolor es pulsátil (se acompasa con el latido), es lógico localizar el origen en la arteria que late.

Si la arteria está dilatada y la observamos prominente en el lado donde asienta el dolor con latido es comprensible que concluyamos que el dolor proviene de una "inflamación" de esa arteria.

Si un investigador mide el calibre de esa arteria, lo compara con la intensidad del dolor y comprueba que existe una correlación directa, es lógico concluir que efectivamente el dolor nace de esa arteria.

Si se administra un fármaco ergótico que anula la dilatación arterial y el dolor amaina, también es razonable pensar que el fármaco ha eliminado el dolor por estrechar la arteria dilatada.

Si experimentalmente se comprueba que la estimulación cerebral es indolora y que las únicas estructuras internas que generan dolor son las meninges y los grandes vasos intracraneales, es comprensible que se sostenga la teoría meningovascular de la migraña.

La insensibilidad del cerebro a los estímulos permite concluir (como así se hizo) que el cerebro no está implicado en la génesis del dolor.

Si con medios modernos se comprueba que los sensores meníngeos están hipersensibles en la migraña todo invita a proclamar que tenemos localizado el problema:

La migraña es debida a un estado hiperexcitable de los sensores de daño ubicados en las meninges y que pertenecen a las terminaciones nerviosas de las neuronas nociceptivas del nervio trigémino: la teoría trigéminovascular de la migraña.

La teoría trigéminovascular no aclara por qué los sensores del trigémino se vuelven hiperexcitables. Aquí viene al pelo echar la culpa a los genes (los sensores son anómalos de nacimiento) y a los famosos desencadenantes (cualquier circunstancia vital).

Sin embargo no se explica cómo los desencadenantes desencadenan la crisis...

Nuevas técnicas de investigación y el reconsiderar un descubrimiento de mediados del siglo pasado de un fenómeno eléctrico de la corteza cerebral denominado "onda de depresión cortical propagada" (cortical spreading depression) (al que, en su momento, no se le prestó la atención debida), permiten entonar un moderado ¡eureka!:

Los desencadenantes calientan la cabeza, la excitan, y desencadenan la "onda de depresión cortical propagada". Esta onda enciende los sensores meníngeos y por eso duele.

Si apagamos pronto los sensores, con la toma inmediata del calmante al primer síntoma, solucionamos el problema. Si nos rezagamos, las señales de los sensores hipersensibles bombardean el núcleo del trigémino, luego el tálamo y finalmente toda la red del dolor. En esas circunstancias ya nada podemos hacer...

Todo parece ahora más claro y ya se preparan nuevos fármacos que controlarán ("modularán") la activación de la maldita onda esa. Atacaremos el verdadero origen de la crisis: la hiperxitabilidad de la corteza cerebral.

¿Que por qué se genera esa onda? Está claro: los genes y el estilo de vida...

El paciente migrañoso es un mal nacido (genes), no se cuida (estilo de vida) y la sociedad moderna genera demasiados estímulos y tóxicos ambientales.

Se sigue sosteniendo que el dolor proviene del encendido de los sensores. El papel de la corteza es hiperexcitarse por su condición genética hiperexcitable y por los desencadenantes. Ello da lugar (no se explica cómo) a la activación de los sensores que son los que generan el dolor.

Es una afirmación equivalente a la de empecinarse en situar en la retina el origen de las alucinaciones visuales. Una hiperxcitabilidad previa de la corteza cerebral excitaría los receptores de la retina y en la misma retina se formarían las imágenes que vemos cuando alucinamos.

Si eso fuera cierto, la solución sería fácil: ponerse una venda en los ojos...

La obsesión periferalista tiene una venda puesta. No puede ver más allá de su obcecación...