Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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domingo, 22 de marzo de 2009

Nuestro talón de Aquiles


Todas las especies disponen de una capacidad que les permite sobrevivir y un punto débil que las hace vulnerables. Los "humanes" (término propuesto por nuestro gran pensador Jesús Mosterín) sobrevivimos gracias a la cultura pero padecemos física y psicológicamente por culpa de ella. Los países nórdicos disfrutan de una sociedad avanzada, garantista, culta, pero arrojan las cifras más altas de desánimo y dolor crónico. 

Nacemos precipitadamente sin completar nuestra preparación para sobrevivir. Nos cortan el cordón umbilical biológico pero nos conectan el cordón sensorial, especialmente visual, a la gran Madre Cultural. Nuestro cerebro está seleccionado para absorber obsesiva y ávidamente todo lo que observa. La red neuronal se hace con un conjunto provisional de creencias locales que parecen explicar de forma consistente todo lo que sucede. 

Las creencias son necesarias para iniciar el camino pero deben evolucionar, disolverse, para dejar espacio al conocimiento.

Si levantáramos la tapa de los sesos de un migrañoso en plena crisis para observar la sesera y si las creencias tuvieran presencia detectable las veríamos en plena actividad, activando el teclado del sistema informático cerebral, encendiendo con gesto preocupado los programas de alerta.    

Un migrañoso es un creyente en la migraña. La migraña lo explica todo: el dolor, los vómitos, la intolerancia sensorial... Sin embargo se trata de un universo virtual. No sucede nada anormal en la cabeza. Sólo que toca ese día ajetreo migrañoso. Simulacro cerebral de tragedia. Ejercicio preventivo por si las moscas. 

La fe migrañosa sobrevive al amparo del desconocimiento biológico, del misterio, de las promesas de futuras terapias. Exige, como todo sistema de creencias que se precie, una conducta adecuada, un "estilo de vida" saludable, una moralidad estricta, abstenerse del sol, del chocolate, del tabaco, el alcohol, el viento sur...

Los predicadores de la fe migrañosa, los humanes neurólogos dedicados a la prédica y lucha sobre y contra la migraña la padecen con una frecuencia considerablemente superior a la de los humanes no neurólogos (R. Evans. The prevalence of migraine in neurologists. Neurology 11 Nov 2003). Tienen una fe mayor en lo que predican y su sesera está poblada de creencias migrañosas. Amenazan y advierten pero reconfortan con promesas de fármacos a la carta, previa presentación de la tarjeta genómica individual, el paraíso del futuro sin dolor...