Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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lunes, 17 de enero de 2011

Lo inconsciente


El organismo es un complejo universo del que apenas sabemos nada. A nadie se le ocurre pensar que conoce o tiene noticia de lo que hace su páncreas o su hígado en cada momento ni pretende darles órdenes o dialogar con ellos. Se da por sentado que la actividad celular de los órganos es opaca para el individuo, inaccesible.

Las neuronas son también células y desarrollan su trabajo sin pedir permiso al individuo, como sus parientes de la piel o del hígado. El trajín celular es inconsciente. Sin embargo el individuo reside en el organismo con la ficción de que lleva el timón de la voluntad, que conoce perfectamente su interior y que los procesos mentales son de su competencia como si no fueran somáticos, celulares. La consciencia no deja de ser una función más del organismo. A través del circuito córticotalámico el cerebro segrega ese universo misterioso de lo que percibimos, ese fundido complejo de todo cuanto sucedió, sucede y potencialmente suceda en la interacción histórica del individuo con su entorno físico y social.

La función de la consciencia es la de promover la navegación del organismo por el entorno de forma eficaz y segura. El cerebro evalúa objetivos, costos, beneficios, riesgos y probabilidades  y selecciona aquellas conductas que deben ser promovidas.

Las propuestas cerebrales se sustancian en forma de incitación a la acción, al movimiento con propósito: levantarse, caminar, detenerse, mirar, escuchar, tocar, comer, beber, coger, evitar, acercarse, descansar, pensar, hablar, callar, pensar...

El individuo actúa con la convicción de que su ir y venir surge de sí mismo, de su voluntad, de la consciencia pero no es así. Nos limitamos a proyectar desde ese ámbito incomprensible de sentirnos soberanos una especie de deseo de alcanzar objetivos y el cerebro selecciona los programas que considera adecuados, incluidos aquellos que obstaculizan o penalizan la intención del YO. 

Uno puede decidir levantarse pero el cerebro selecciona la programación motora que considera oportuna. Puede activar un programa defensivo, disuasorio (mejor no te levantes, que tienes mal la columna...) bloqueando la articularidad vertebral, sensibilizando la generación y tráfico de señal mecánica nociva, proyectando anticipadamente la percepción de dolor... El individuo sólo sabe que al intentar levantarse le duele y cree que el dolor sólo puede ser la consecuencia de una perturbación allá donde lo siente. Puede que así sea pero también puede que el dolor sólo exprese la valoración de amenaza que el cerebro acopla a la intención de ponerse de pie. Esa evaluación es inconsciente, previa a la intención del individuo.

Es importante conocer los entresijos de la generación inconsciente de lo que percibimos. Conviene que seamos conscientes de lo inconsciente. Con el conocimiento podemos conseguir que lo inconsciente cambie de intención, evalúe de otra manera las consecuencias de nuestras acciones. Sabiendo que nuestra columna puede aguantar perfectamente la acción de ponernos de pie, que las protrusiones discales que nos han detectado en la Resonancia son irrelevantes, el cerebro modifcará los programas.

La digestión es una actividad inconsciente pero buscar alimentos, cocinarlos, dosificarlos, seleccionarlos, masticar, tragar... son acciones conscientes, necesarias. Ahí es donde el individuo dispone, al menos en apariencia, de un ámbito de decisión que debe aprovechar.

Podemos buscar información, reflexionar, imaginar, escuchar, atender, apreciar, despreciar, forzar la motivación, resistir... Es la ventana consciente que nos permite aportar algo a lo inconsciente con la esperanza de que cambie a nuestro favor. 

El conocimiento consciente de los procesos neuronales inconscientes de los que surge el dolor es fundamental para proteger la racionalidad de lo inconsciente.

Know pain, no pain... 

9 comentarios:

Lurdes Sacristán dijo...

Mgnífica entrada, gracias Arturo, un abrazo

Elefante dijo...

Doctor, le dejo un enlace, que tal vez ya conozca, que seguro le resulta interesante.

http://www.howtocopewithpain.org/blog/3634/best-information-about-brain-re-training-treatments/

NEURIWOMAN dijo...

Desde la filosofía de la mente esto me lleva a retomar el tema del homúnculo. El otro aspecto del razonamiento del homúnculo en el que es posible atribuir a la mente diversas propiedades tales como una «reflexión interna».

Y una vez más también me lleva a no creer en el libre albedrío, en el sentido de que nuestra conducta, nuestra fuerza o nuestro dolor en cada momento estan condicionados por el coctel de sustancias y hormonas que pululan por nuestro organismo.

¿Cree que podemos realizar esa reflexión interna en nuestro cerebro, a pesar de la automatización de los diferentes programas preprogramados que ya tiene por la filogenia de la especie y el posterior aprendizaje del individuo a nuevas situaciones?

Carlos dijo...

...Y en la misma lógica que tu texto, el modelo que propones es una búsqueda de insight, de llevar a la consciència lo que se opera de modo inconsciente. Es ampliar la consciencia arañando su espacio originalmente tan limitado. El modelo, creo, es tan de búsqueda de insight, que, en su forma más pura (para puro dolor sin daño alguno), no requeriría de placebos ni de su equivalente en el mundo de la fisio, las manipulaciones, ni siquiera intentar hablar con el cerebro recomendándole piadosamente que se corrija. Bastaría saber qué pasa. La consciència que soy x me permite darle la vuelta a ese x que soy, conocer lo que me sucede; soy el que era x... pero soy el que ya no lo es. (Vale, me reprimo porque si no me vienen a cuento fórmulas filosóficas aun peores: desde Hegel el juego de la dialéctica siempre ha consistido en cambiar la sustancia de las cosas a base de conocer la sustancia de las cosas). Freud es un caso de esa misma estrategia de ampliación racionalista de la consciencia. Este blog también, desde otro frente. Hay comprensión biológica, pero no terapia biológica sino humanista, el cambio por la comprensión... En la cochina realidad, hecha de mil enganches con el mundo, con entender no siempre es suficiente: la consciencia requiere muletas, calzadores, engañillos, la pluma de Dumbo, zanahorias, toda suerte de artilugios para que se haga cargo que "ya está en otra cosa"...
Saludos

Fisiograna dijo...

El "mundo del insconciente" se ha visto, sobre todo desde algunas teorias psicológicas, como el lugar donde reside lo mas inherente y esencial de cada uno y era un camino necesario para conocerte a ti mismo al recorrer el camino desde lo insconciente a lo consciente. Hoy sabemos que la mayoria de nuestros comportamientos responden a respuestas programadas desde el insconciente....pero también sabemos de la multitud de sesgos que existen en este almacenaje insconsciente, y prefiero pensar que ellos no expresan mi identidad sino que, al contrario, la revisten de incertidumbre: prejuicios, miedos, conductas de evitación, amplificación de la relevancia de aquellas conductas que nos producen placer, y como no, respuestas maladaptativas de dolor en ausencia de daño.
Es un terreno muy interesante y lleno de incertidumbre: ¿hasta que punto se puede fiar uno de su intuición? ¿cómo valorar los sesgos que tenemos? ¿existe un modelo "verdadero o puro" que sea referencia para identificar estos sesgos? ¿Como saber si aquello que he hecho consciente era una respuesta programada "no recomendable" o si por el contrario, debo seguir haciéndola?
Afortunadamente, ya existen modelos e instrumentos de evaluación que nos pueden ayudar a identificar falsas creencias y conductas maladaptativas en lo que respecta al dolor, sesgos construidos por el aprendizaje sobre todo.
Creo que el camino esta en controlar estos sesgos programados, haciéndolos conscientes. Quiza la medida para evaluarlos sea la experiencia de una vida saludable y en equilibrio.

arturo goicoechea dijo...

NEURIWOMAN: de acuerdo en que el libre albedrío no es tan libre como quisiéramos, pero entiendo que lo que vamos construyendo paso a paso lo hacemos desde ese estado que fenomenológicamente llamamos libertad. Otra cosa es que luego nos vayamos acotando esa libertad en base a lo que vamos sedimentando en el aprendizaje.

También opino que percibimos la función de ser ibres y que aunque no sepamos muy bien lo que eso significa, sentimos la presencia de la voluntad. El homúnculo es un nombre inadecuado para definir la representación interna cerebral de la realidad.

Yo no dudo de que todo sucede "como si" fuéramos libres. Al fin y al cabo todo sucede "como si". El dolor, en ausencia de daño, también es un "como si". A través de la adquisición del conocimiento y de la decisión más o menos libre de aplicarlo podemos desactivarlo.

Saludos

arturo goicoechea dijo...

Carlos: eso que planteas es el ideal del propósito pedagógico. Desgraciada o afortunadamente no conseguimos imponer la racionalidad consciente pura. Saber no siempre basta y tenemos que acoplar amuletos, terapias, remedios... pero pienso que la ventan disponible para intervenir es aceptable. Disponer del mando a distancia para gestionar desde el YO al cerebro sería espantoso.

Saludos

arturo goicoechea dijo...

fisiograna: nunca tendremos seguridades. La posibilidad del sesgo, del autoengaño más o menos consciente... A través del método científico podemos tener acceso, si no al conocimiento de la verdad pura, sí al de la falsedad. Podemos librar lastre y andar más ligeros buscando preguntas y respuestas.

arturo goicoechea dijo...

elefantew: muchas gracias por el enlace. No lo conocía. Es realmente interesante, tanto más si tenemos en cuenta que lo lleva un Psiquiatra. Eso demuestra que se puede llegar al universo de la biología del dolor desde muchos puntos de partida.

Saludos