Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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jueves, 8 de julio de 2010

Percibir dolor



El dolor es algo percibido, recibido en el espacio-tiempo de la consciencia como una vivencia desagradable que evoca un estado de amenaza e incita a prestar atención y protección a la zona dolorida.

Percibir no es sinónimo de detectar. El dolor no se detecta. Se percibe. Los tejidos no segregan dolor sino señales moleculares de cuanto les sucede. Las señales son evaluadas, interpretadas, dotadas de significación y en función de ese proceso evaluativo surge hacia el espacio-tiempo de la consciencia la vivencia dolorosa.

Los tejidos no generan, detectan ni perciben dolor. La columna no duele. Las neuronas que la vigilan no detectan ni perciben dolor.

El cerebro genera la cualidad dolorosa y la proyecta hacia el individuo.

El individuo es quien detecta, recibe el dolor.

La percepción es una acción-decisión cerebral surgida de una evaluación de amenaza.

- ¿Qué está pasando en mi cabeza para que duela tanto?

Es la reflexión habitual. El padeciente repasa sus acciones en busca de algo que haya dado lugar a una necesaria perturbación, algo que "haya sentado mal a la cabeza", un desencadenante. El dolor es la expresión de un malestar celular inducido por estados y agentes "inconvenientes".

En ocasiones es así. Darse con un mazo en la cabeza genera una inconveniencia celular en la zona afecta. El cerebro activa la función dolor para expresar emocionalmente la relevancia negativa del suceso.

Habitualmente nada de lo anterior sucede por lo que el enfoque no es adecuado. Nada está sentando mal a la cabeza. No hay amenaza para las células... pero el cerebro olfatea peligro...

- ¿Por qué pensará el cerebro que mi cabeza está en peligro?

Esta sería la reflexión correcta. La proyección de dolor sobre una zona certifica que el cerebro teme por la integridad de sus células y que incita al individuo a protegerla. 

El cerebro apercibe al individuo con la percepción dolorosa de que existe peligro potencial.

El individuo no debe perder tiempo en registrar sus acciones para ver qué ha podido hacer que haya generado la supuesta inconveniencia de las células. A las células no les pasa nada. Todo está en orden.

El individuo debe sentir el fastidio de un encendido absurdo, irracional, de una alarma... producto de un proceso evaluativo cerebral hipersensible, hipocondríaco, que ve peligro en estados y agentes absolutamente irrelevantes.

La percepción es un estado de opinión cerebral que trata de contagiar al individuo, captar su atención, interesarle en una vivencia.

- Has comido chocolate. Temo por lo que pueda suceder en la cabeza...

- ¿Qué puede suceder... y por qué en la cabeza y no en el pie izquierdo?

- Siempre que comes chocolate te duele la cabeza... luego algo hay que hace que no le siente bien... 

- Siempre que como chocolate tienes miedo a que suceda algo en la cabeza... Hay algo que hace que le tengas miedo...

La percepción invita a una reflexión-decisión del individuo. Abre un diálogo entre cerebro-individuo... De ese diálogo sólo percibimos un ronroneo casiverbal confuso, acoplado a la vivencia dolorosa.

Es fundamental entender el dolor (en ausencia de daño) como un proceso evaluativo cerebral erróneo que da lugar a una alarma infundada, absurda. El miedo cerebral al daño necrótico posible, imaginado no debe encontrarse con el aliado del miedo del padeciente al dolor. Son miedos complementarios. Todos los miedos son comprensibles pero debe exigírseles racionalidad.

- Tengo miedo a que comas esos hongos que tanto te gustan pues pudieran ser venenosos... 

- No tengas miedo. Son Boletus edulis... Deja mis tripas en paz...

.............

- No me hiciste caso y te comiste los Boletus... 

- No me hiciste caso tú. Te dije que dejaras mis tripas en paz...

El individuo acaba cogiendo miedo al miedo de su cerebro...

- No sé qué hacer para calmar mi cerebro. Me ha cogido unos miedos absurdos. No puedo comer Boletus...
Me encantan pero me cuestan una buena sesión de retortijones...

- No sé qué hacer para que no coma Boletus... Son peligrosos... Por si acaso les digo a las tripas que lo eliminen...