Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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domingo, 2 de mayo de 2010

Prestar atención...




- Te duele porque piensas que te va doler. No pienses en el dolor. Concéntrate en otra cosa. Distráete. No le hagas caso al dolor...

El dolor compite con las tareas que tenemos programadas. Queremos hacer un trabajo con el ordenador, salir a cenar, ir al monte o relajarnos pero el dolor está ahí reclamando nuestra atención, pidiéndonos, exigiéndonos, que renunciemos a lo proyectado y nos ocupemos de él.

Toda percepción tiene un propósito. La función de la percepción dolor es la de centrar la atención del individuo en una zona y adoptar una conducta defensiva, protectora: apagar el ordenador, renunciar a la cena o a la excursión y centrar las cavilaciones en el mensaje dolor, en explorar conductas que lo disuelvan.

Si los ruidos y las luces molestan el dolor exige y consigue que se haga silencio y oscuridad. Si tras tomar el calmante el dolor amaina el cerebro lo exigirá en sucesivas ocasiones. El individuo sacará sus conclusiones sobre qué conducta es la más adecuada para encontrar un cierto alivio.

La pelea entre el cerebro con su programa de alerta encendido y el individuo con sus planes  se resuelve generalmente con la victoria del alarmismo, del miedo al daño por parte del cerebro y del miedo al dolor por parte del padeciente.

En ocasiones parece que hemos conseguido una victoria centrándonos en la tarea, dirigiendo los recursos de atención hacia nuestros objetivos, pero, tan pronto como acabamos, reaparece el dolor, con nuevos bríos, disparado como un resorte.

Despreciar, desatender las percepciones proyectadas por el cerebro, no es una buena idea. Podemos no hacer caso, hacer como que no oímos el teléfono, pero este seguirá sonando, cada vez con más insistencia si no lo cogemos y nos interesamos por el motivo.

- En este momento no puedo atenderle pues estoy ocupado... Llame más tarde...

Puede que la estratagema resulte y durante un rato podamos centrarnos en nuestra actividad pero, una vez concluida, volverá a sonar la llamada, dolerá, esta vez con más fuerza.

Lo correcto es atender la llamada

- Dígame... Qué sucede?

- La cabeza está en peligro. Deberías olvidarte del examen y meterte al cuarto oscuro con la mente centrada en lo que pueda suceder... Ahora lo importante es la seguridad...

- ¡Anda ya! En la cabeza no pasa ni va a pasar nada. Me tienes harto... Te guste o no, voy a seguir con mi actividad...

Los pacientes que adoptan esta estrategia de afrontamiento activo, de atender la llamada y despreciar el alarmismo cerebral, consiguen resultados variables. No basta con decir que no pasa nada. Hay que estar convencido de que realmente es así. Uno debe confiar en la seguridad de los aviones o en su flotabilidad cuando se echa al agua en una piscina.

- Tengo que convencerme de que no nos vamos a caer al mar... los aviones son seguros... si nos caemos al mar probablemente flote y vendrán rápido a rescatarnos... tengo que mantener la calma... creo que sobreviviré... hay que ser positivo...el avión se ha inclinado...¿qué ha sido eso?... parece que ya está otra vez recto...

Una batalla de este tipo está condenada al fracaso

- Intenté hacerle caso. Traté de pensar que no sucedía nada en la cabeza... Al final tuve que tomar el calmante.

A corto plazo, lo mejor es obedecer al cerebro. Meterse al cuarto oscuro y tomar el calmante precozmente. Es lo que recomiendan los expertos. Si les hacemos caso estaremos hipotecando el futuro.

Suspender el viaje en avión evita el sufrimiento pero empeora el problema. Ningún psicólogo le hará esa recomendación.

El dolor en ausencia de daño necrótico consumado o inminente es la consecuencia de un miedo fóbico, irracional, del cerebro. Someterse al miedo fóbico no es una buena idea. Lo consolida.

No es fácil controlar los miedos, sobre todo cuando no podemos saber a ciencia cierta, lo que está pasando.

Es fundamental, necesario (aunque, a veces resulte insuficiente), que estemos convencidos de que no está sucediendo nada, que estamos ante un peligro imaginado, altamente improbable...

- Pudiera producirse un terremoto en Vitoria. Deja todo y corre al refugio...

El corte de mangas es necesario...