Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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jueves, 11 de marzo de 2010

Apoptosis




Las células del organismo tienen el sustento y el cobijo garantizados (seguridad social) pero su vida pende de un hilo, no sólo por la presencia potencial de agentes y estados destructivos térmicos, mecánicos, químicos e  infecciosos sino por el exigente control de calidad y seguridad impuesto por el propio organismo.

Para serle concedido el permiso de residencia, para ser tolerada y tutelada cada célula debe garantizar que cumple eficazmente con su trabajo, que se reproduce sólo lo justo (control de natalidad) y que cuando lo hace las copias del material genético son correctas (eugenesia).

Ante  la mínima incertidumbre sobre deficiencias en eficacia y seguridad, se activa un programa de muerte controlada cuyo resultado es el desmantelamiento cuidadoso de la peligrosa química intracelular de la célula señalada. El programa de muerte controlada se puede poner en marcha por decisión de la propia célula al detectar la imperfección (suicidio-inmolación altruista) o por el sistema inmune si detecta señales de peligro expresadas en la membrana. 

El sistema inmune activa el programa también con visión de futuro. Los leucocitos que acuden a un foco necrótico resultarán probablemente dañados en la arriesgada tarea de remover el peligroso material de la necrosis. No se espera a ver su estado en el hospital de campaña cuando vuelven del campo de batalla. De hecho no hay hospitales ni médicos celulares. Sólo control de calidad y garantías. A los leucocitos que han contactado con la pestilencia necrótica se les presupone peligrosamente tocados y se decide que lo mejor para todos es que fallezcan (programada y controladamente) en acto de servicio. Serán autoinmolados por decisión ajena: "he ordenado que te suicides".

 Hay varios programas de muerte celular controlada. El más conocido es la apoptosis. Es un palabro griego que significa: "caída de la hoja".

Los árboles deciden desprenderse de sus hojas cuando éstas reciben más que lo que pueden dar. Desactivan los hilos del cordón umbilical y basta una ligera brisa o el propio peso de la hoja para que caigan el suelo en Otoño. La apoptosis no hace sufrir al árbol sino que lo libera de la pesada carga de aportar recursos a algo inútil.

La apoptosis celular, al igual que la caída programada de las hojas, es rentable y no provoca reacción defensiva (inflamación). El organismo se libra de individuos celulares seniles, enfermos o simplemente inciertos o innecesarios. Nadie comerá la sopa boba. Sólo hay rancho para los individuos celulares eficaces y seguros.

La muerte programada (apoptosis) está sometida a evaluación, es decir, a error. El organismo puede equivocarse (nada biológico es infalible) y generar muerte programada en tejidos sanos y aptos para el servicio. 

Al organismo se le va la mano cuando olfatea en sus individuos peligro actual, inminente o imaginado o, simplemente, ineficacia actual, inminente o imaginada. 

Cuando se olfatea necrosis (muerte violenta) se encienden inflamaciones y dolores y cuando lo preasumido es ineficacia y falta de garantía se activan los programas de la inmolación celular o del individuo. 

La apoptosis del individuo a veces sólo es transitoria y funcional. El organismo le invita a darse de baja, a enfriar motores y voluntades y sumirse en un proceso de reflexión crítica sobre el pasado-presente-futuro.

El desánimo, la adinamia, la falta de placer (anhedonia), el desinterés social expresan la voluntad del organismo de que el individuo renuncie a sí mismo, se autoinmole, desaparezca o al menos renuncie a sus proyectos y recapacite...

Hay veces que el programa de apoptosis funcional del individuo puede ser rentable. Una hibernación, un alto en el camino, puede venir bien para superar inviernos físicos y sociales y/o repasar acontecimientos adversos.

En esto el organismo también puede equivocarse e írsele la mano con el suspenso al evaluar rentabilidades.

La depresión es el equivalente a una apoptosis simulada, funcional. El individuo queda suspendido como voluntad, dinamismo y propósito siendo sometido a un proceso de rumiación analítica negativa sobre lo que ha sucedido y pudiera suceder. 

También el organismo y el individuo pueden equivocarse en las evaluaciones y darse de baja (física o funcionalmente) para la acción sin que se den las circunstancias que hacen rentable la decisión.

La decisión de encender programas defensivos o de apagado es siempre difícil y arriesgada. 

El organismo optará por encender en exceso inflamaciones, dolores, desánimos y cansancios y el individuo inacciones y reflexiones catastrofistas siempre que en el impasse esté garantizado el sustento y cobijo (cobrar el paro).  

La sociedad de la garantía nos provee cobijo y sustento en la inactividad pero ello produce la contrapartida de la pérdida de bienestar, del biensentirnos y bienevaluarnos. 

Paradójicamente la sociedad garantista promueve la percepción-evaluación de vida miserable. Puede que sea debido a que hemos eliminado la incertidumbre real y la hemos sustituido por una incertidumbre especulativa catastrofista. Hemos hipotecado el presente por una especulación catastrofista del futuro.



10 comentarios:

NeuroChema dijo...

Fantástica descripción de la apoptosis, Arturo. Nunca antes la habías tocado el tema con esa profundidad por otra parte "liviana"; me encanta ese ramalazo ortodoxo que aún conservas. Y volvemos de nuevo a las maleficencias de nuestra sociedad garantista; a ver si este vocero que tienes te permite empezar también a tratar esa "red neuronal global".

Arturo Goicoechea dijo...

Neurochema: me tengo por un obsesivo ortodoxo de la biología, de lo que conocemos de ella y de su aplicación a los problemas que plantean los padecientes con el fin de resolverlos.

Creo que heterodoxos son los que no acaban de actualizar sus teorías y prácticas a lo que esforzados compañeros nos cuentan sobre las claves biológicas de cuanto sucede en el organismo.

No he entendido muy bien lo del vocero y la "red neuronal global"

Saludos

emejota dijo...

Magnífica entrada Arturo. Mi natural curiosidad y una mente empeñada en fabricar analogías me ha hecho disfrutar enormemente. La palabra - apoptosis - es una de mis favoritas, por razones que puedes imaginar y que has expuesto a la perfección. ¿Por qué habría de llamar a mi blog otoño casi invierno? Es una forma de apuntar a los finales, a los cambios necesarios y naturales para dejar sitio a los nuevos brotes. Un abrazo.

Agustín Morales dijo...

Arturo, le leo cada día, y cada día aprendo. Sigo viendo un paralelismo enorme entre depresión en ausencia de problemas físicos, y dolor en ausencia de daño necrótico. Creo que una tiene la llave de la otra. En ambos existe una evaluación catastrofista y en ambos el organismo actua en función de esta evaluación. Si la evaluación es de posible daño necrótico, genera dolor; si lo es de daño para la integridad de la persona genera los síntomas típicos de la depresión. En el caso de la depresión casi todo el mundo estaría de acuerdo en que la vida de hoy contribuye a ella. En el caso del dolor (en ausencia de daño) la gente no parece muy dispuesta a admitir que la cultura y la sociedad tienen algo que ver. Para mi la razón está clara: experimentamos cada día dolores "justificados" (pej un pisotón en un pie) y homo sapiens (m.n.t) generaliza: "Todo dolor debe tener una causa física" . Incluso el deprimido también se ve afectado por estas generalizaciones: puesto que todo el mundo ha tenido períodos de desgana, cansancio etc... directamente causada por algun hecho puntual de la vida; el que padece depresión se ve muy a menudo abordado con frases como "espabila de una vez", "venga ya está bien, ¿hasta cuando vas a seguir así?" o similares. El efecto es el mismo que el de decirle a alguien que su dolor es inventado y que lo elimine. No sirve. Sin embargo la pedagogía de saber como funciona el programa dolor o el programa depresión sí que sirve.

También tengo mi teoría de por qué a unas personas les sirve la pedagogía y a otras no. Es decir de por qué unas se curan con pedagogía y otras se quedan padeciendo dolor o depresión. La razón es que las personas necesitan integrar esta nueva información en una "historia" (un cuento). Da igual que la historia sea real o no, con tal de que sea creible para el paciente. El paciente tiene que "ver" que la nueva idea concuerda con algo que ya tenía en mente. Pongamos que al paciente le gustan los coches, entonces la cosa puede ser así.... "el airbag ha saltado por error, pero el coche está intacto, no tiene usted que llevarlo a un taller, ni declararlo siniestro total, tan solo debe arreglar la parte electrónica que hizo que el airbag saltará sin que hubiera colisión"... La historia le es familiar. El paciente no solo la entiende sino que la integra en una historia. Sus pupilas se dilatan por un momento. El paciente comienza a curarse.

arturo goicoechea dijo...

Emejota: veo que hay más encantados por la palabra apoptosis por el mundo. Es imposible entender las vidas sin reflexionar sobre las muertes. Hay muchas maneras de vivir y desvivir y morir, acabar para dejar, como dices, sitio a lo nuevo... Me ha encantado tu comentario.

Un abrazo

arturo goicoechea dijo...

Agustín: me alegra saber que andas por ahí entre los lectores pues aprecio tus reflexiones testimoniales como padeciente que analiza constructivamente el problema.

Estoy de acuerdo contigo en que se necesita una narración que englobe la perspectiva del paciente con lo expuesto por el "pedagogo" pero hay que tener cuidado con la analogía-puente pues puede ser vir para reforzar errores evaluativos.

Efectivamente las correlaciones entre depresión y dolor, en ausencia de condiciones objetivas que justifiquen su encendido, es notable.

Saludos

Juan dijo...

Qué interesante Dr.

Cómo se sale de ese estado depresivo de inacción si precisamente la persona se siente sin fuerzas?

Gracias

arturo goicoechea dijo...

Juan: efectivamente la papeleta no es fácil. El individuo tiene que sacar "fuerzas de flaqueza". Mi idea es que el cerebro construye una narración sobre la interacción del individuo (como organismo y como yo) con su entorno. Esta narración contiene una evaluación sobre previsiones de éxito o rentabilidad en los propósitos y en caso de que la previsión sea negativa se activan los programas que incitan al paciente a desistir a hibernar, a darse de baja, a bajar estimas propias y/o ajenas. La sociedad garantista, que procura siempre sustento y cobijo físico permite la supervivencia en esas condiciones haciendo que "la realidad" pierda su factor de estímulo para la búsqueda de la subsistencia.

la depresión es un mecanismo evolutivo útil para entornos de precariedad-adversidad pero se ha vuelto una trampa en la sociedad actual.

La esperanza de que aparezca "una solución" (farmacológica o de otro tipo) contribuye a cronificar el estado, así como las teorías que pretenden explicarlo todo por anomalías genéticas o de neurotransmisores (serotoninas, etc...)

LOURDES dijo...

Dr. eS Impresionante; nunca me había planteado así la depresión. Como siempre tenía entendido, tal y como nos explican las doctrinas oficiales, que era una cuestión de anomalía de neurotransmisores. No la sufro pero lo ha explicado de una manera tan comprensible, para mí, "lógica" , que si quienes la padecen pudieran tener acceso a este tipo de información, otro gallo cantaría.

Cada día dr. estoy más "contagiada". Si antes de esto ya mi marido me decía que tenía que haber elegido otra carrera-medicina...- ahora ya ni le cuento.

El consejo acerca de que los que están a nuestro alrededor sean partícipes de la biología del dolor da un gran resultado. Es dificil a veces solo -en contra de todos: médicos, familiares contagiados también por esas doctrinas..etc- hacer frente al dolor habiendo optado prescindir de las doctrinas oficiales, y decirle a tu familia que dejas toda la medicación.
Mi marido está leyendo el libro; él es de ciencias- aunque veo que no tiene nada que ver- y anda igual de fascinado que yo. Es más él desde pequeñín ha tenido migrañas, nunca cronificada, y actualmente muy esporádicas y se le van enseguida. Ahora está absorbiendo conceptos biológicos que no sólo hace que me ayude a mí en determinaos momentos sino a él mismo.

A todos nos hace falta conocer la biología del dolor para aplicarla a múltiples facetas.

Yo con lo que más he disfrutado ha sido con las neuronas espejo y la copia eferente; es impresionante.

Gracias Dr.

Juan dijo...

Gracias Dr. se va aclarando.

Me hizo acordar de la indefensión aprendida (learned helplessness)

http://es.wikipedia.org/wiki/Indefensión_aprendida