Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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domingo, 7 de marzo de 2010

Temor y temeridad



La red neuronal nociceptiva está seleccionada para detectar agentes y estados capaces de destruir violentamente los tejidos: temperaturas extremas, ácidos, energía mecánica (desgarros, compresiones...). Un sistema defensivo que se limitara a detectar tejidos dañados y a repararlos no garantiza la supervivencia. El daño debe ser evaluado a distancia en tiempo y espacio para, a poder ser, evitarlo.

El componente fundamental de la nocicepción (detección de nocividad) es, por ello, el sentido del peligro, el conocimiento de cualquier información que pueda alertarnos hacia un daño posible-probable.

El cerebro ma-non-tróppico de Homo sapiens ha evolucionado seleccionando recursos que acumulan, generación tras generación, conocimiento sobre peligro. No hay nada que no esté informado por alguno de los múltiples expertos como potencialmente nocivo. El peligro potencial nos acecha en todas nuestras esquinas cotidianas. Es un peligro indetectable por los sentidos. Penetra en las entrañas y hace su labor nociva silenciosamente hasta que empiezan a notarse sus efectos en forma de múltiples combinaciones de síntomas a los que se agrupa, por los mismos expertos que nos sensibilizan al peligro, en síndromes a los que van poniendo etiquetas de identificación (migraña, cefalea tensional, fibromialgia, fatiga crónica, colon irritable...).

Si la etiqueta del síndrome (agrupación de síntomas) tiene éxito asistimos al nacimiento de "una nueva enfermedad". A la nueva enfermedad se le buscan orígenes y remedios y sus padecientes se agrupan siguiendo una tendencia biológica ancestral de agregarse si las cosas pintan mal.

Evaluar el peligro no es fácil. Hay dos actitudes posibles: 

- Todo puede ser peligroso y debemos estar atentos, hipervigilantes y ver fatalidades en cualquier momento y lugar (catastrofismo)... o...

- ¡Bah, bobadas! 

Hay organismos temerosos, catastrofistas, evitadores extremos de todo aquello que pueda resultar dañino, perjudicial. atentos a la información experta sobre lo peligroso.

Hay organismos temerarios, pasotas, osados, tocados por el gusanillo de la exploración, por el gusto a lo novedoso y potencialmente peligroso.

El individuo desconoce si su organismo es temeroso o temerario. Lo sabrá cuando afloren síntomas, en ausencia de daño relevante demostrable. 

- No tiene usted nada. Es todo normal...

- Pues a mí, me duele y estoy agotado...

- Es su cerebro. Actúa como si estuviera el organismo enfermo...

- Se equivoca usted conmigo doctor. No soy de esos que...

El individuo puede ser el más aguerrido y temerario del barrio pero su cerebro puede estar alarmado precisamente por ese temperamento del usuario y asfixiarlo con síntomas de alerta. 

Es bueno que el individuo sea desobediente cuando su cerebro es catastrofista. A pesar del dolor, intentará seguir una vida normal, cumplir con sus objetivos, abnegadamente.

Si el cerebro catastrofista cuenta con el apoyo de un usuario de su mismo temple no hay mucho que hacer.

El individuo "temerario" saldrá probablemente del síndrome si le hacemos ver que vive en un organismo gestionado por un cerebro alarmista equivocado, criado en una cultura hipocondríaca. Aceptará la explicación con alivio y recuperará las dosis perdidas de actividad durante el reinado del "síndrome".

El individuo "temeroso" despreciará la tesis del cerebro alarmista equivocado, la buena nueva de que habita un organismo sano y permanecerá en el pozo de la enfermedad misteriosa que no tiene curación, reclamando terapias y subsidios.

- No tiene usted nada. Enhorabuena

- Quizás le resulte extraño pero me da usted una mala noticia. Envidio a la gente con cáncer. Al menos ellos saben lo que tienen y les ponen tratamientos...


7 comentarios:

Victor dijo...

Hola Arturo, podría mandarte mi crónica sobre las jornadas de fisio en la cefalea? Es un texto y como comentaría quizás se un poco largo...

Te lo puedo pasar y haces lo que consideres con él...

Saludos

P.D: cómo se te puede mandar un correo?

arturo goicoechea dijo...

Victor: puedes mandarlo, si quieres, al correo: arturo.goicoechea@gmail.com o poner un enlace en comentarios.

cari dijo...

Hola Arturo, no hay comentarios a esta entrada que a mí me resulta reveladora y releo cada vez.
Me enlisto entre los Temerarios: cuando me diagnosticaron fibromialgia, bajé las persianas del consultorio que me aburría, para dedicarme a reciclar casas antiguas con mis manos, que me hacía feliz.
Por lo que, lejos de darle crédito al dolor, le hice frente haciendo duros trabajos físicos.
El dolor fue apretando cada vez más, hasta que hace mas de un año decidí ponerme en manos expertas en fibromialgia que con sus medicaciones le pusieron el moño a la pesadilla.
Es un error pensar que mi cerebro y su conducta de enfermedad realmente intentan cuidarme -de manera cuestionable, estamos de acuerdo- de una forma demasiado apasionada y temeraria de trabajar y cuidar mi cuerpo? Porque es que realmente era demasiado.. De mi familia no herede temores a enfermedades,pero sí una cultura de trabajo demasiado dura y auto exigente. Gracias, siempre.

Arturo Goicoechea dijo...

Cari: el dolor no debiera activarse para cualificar temperamentos, hábitos... sino si en ese momento los tejidos están amenazados por un estado o agente necrotizante. Los juicios sobre exceso de actividad o implicación en tareas físicas no debieran ser penalizados con el látigo del dolor. Tampoco debemos dar por bueno un juicio que evalúa nuestra actividad física como excesiva o inconveniente. El cuerpo humano está seleccionado para entornos precarios, adversos que exigen abnegación física. Eso es bueno para la salud, incluida la de las neuronas...

Saludos

cari dijo...

Gracias Arturo, me lo dejas bien claro.
El trabajo es ahora convencer a mi cerebro y a mi Yo de que todo está en orden a pesar de que duele.
Mi Yo lo ha entendido intelectualmente. El blog y la información sobre Cerebro y dolor que me enviaste han borrado la idea de enfermedad: de mi mente.
Pero cuánta razón tienes acerca de la memoria emocional de dolor.
Volver a armar la vida desde todos los frentes con confianza en el poder personal es ahora una tarea dura y extra, después de que el concepto de enfermedad horrible hechó raíces haciéndola detonar.
Pero lo voy haciendo con la base de tu información.
Gracias y un abrazo desde Argentina.

Arturo Goicoechea dijo...

Cari: es más fácil armar el miedo que desarmarlo pero está al alcance de tu mano una vez que has entendido el proceso. Estoy convencido de que lo conseguirás pero pon la carne justa en el asador. Deja que vaya cambiando sin agobios ni prisas.

Saludos

cari dijo...

Gracias por tu ánimo y confianza Arturo, le vienen bien a mi autoestima alicaída.
Que sea como dices, entonces, sin prisas pero sin pausas. Más saludos.