Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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lunes, 8 de marzo de 2010

La prensa sensacionalista cerebral (el tálamo)



Todos los caminos de los sentidos (menos el olfato) van al tálamo. Desde allí la información sigue ruta hasta los centros de procesamiento. 

El tálamo es una estructura en forma de huevo, alojada en el sótano del cerebro. Según los libros, es una "estación de relevo sensorial", un lugar donde se depositan los mensajes y desde el que se distribuyen a su destino. Para los libros y quienes los leen el tálamo no pinta gran cosa. 

La realidad es bien distinta. 

En primer lugar, no existen neuronas puramente sensitivas y puramente motoras. Hemos clasificado las neuronas en aferentes, sensitivas (llevan información sobre lo que está sucediendo) y eferentes, motoras (llevan órdenes sobre lo que debe responderse a lo que sucede). En el principio de la existencia de las neuronas sólo había una que hacía las dos labores: detectar y responder. La evolución va añadiendo a lo que hay sin suprimirlo del todo. La red neuronal es un conjunto de capas de procesamiento-respuesta. El organismo debe actuar de forma coordinada y para eso es fundamental que cada componente informe de sus intenciones al resto no vaya a ser que nos descoyuntemos en cada intento.

Al tálamo le llega información de abajo-arriba, no sólo de lo que sucede sino también de lo que se ha respondido en las capas inferiores. Además de lo que sucede y lo que se ha decidido en las bajuras, al tálamo le llega información de arriba-abajo sobre lo que se ha decidido hacer en cada oficina cerebral, en base a la información recibida (respuesta) y/o en base a predicciones. 

La información sobre lo que está sucediendo en ese momento y lugar, según señales visuales, tactiles, gustativas, auditivas... no llega al diez por ciento de la información que llega a los núcleos talámicos.  El resto es información sobre evaluaciones de los distintos centros de procesamiento.

El tálamo integra la información de lo que sucede y lo que se opina y gestiona la relevancia de los sucesos, dirigiendo la atención hacia un aspecto de la realidad o hacia lo que se opina anticipadamente sobre ella.

La percepción es un proceso evaluativo, una interpretación de las confusas y débiles señales del entorno (interno y externo). Cada oficina cerebral analiza los garabatos sensoriales y emite continuamente su valoración de lo que probablemente hay. Todos los informes pasan al tálamo. El diálogo entre una zona de la corteza cerebral y otra vecina no es directo. Pasa primero por el tálamo. No hay conexiones córtico-corticales. Siempre son córtico-tálamo-corticales. 

Las señales nociceptivas (información sobre nocividad potencial) y las irrelevantes (tactiles) se pueden encontrar con un tálamo vigilante, atento y sensible a todo lo que suceda en un lugar o indiferente pues hay cosas más importantes. 

El dolor en una zona puede ser debido a un suceso que bombardea al tálamo con señales de destrucción de sus tejidos o a un cerebro que lo bombardea con augurios e incertidumbres. Tan dolor es uno como otro. El tálamo abre y cierra filtros y amplificadores, tanto de los flujos de señal periférica como los de las especulaciones. 

El cerebro imaginativo, anticipativo colisiona con el mundo real. A veces la fuerza de lo imaginado domina el contenido de lo percibido y podemos ver personas y oir músicas inexistentes. Para ello no es necesario estar majara. Basta con que haya problemas serios de visión o audición. Los sentidos borrosos por enfermedad no pueden neutralizar el proceso imaginativo y surgen las alucinaciones. Son el resultado de un cerebro imaginativo normal y unos sentidos deficitarios.

El cerebro catastrofista, hipocondríaco, fóbico, construye hipótesis emocionadas (relevantes) sobre supuestos e inminentes daños y consigue desbordar el control de las señales periféricas que no cuentan nada sobre supuestos daños. El tálamo prioriza el temor central y abre los filtros a cualquier indicio periférico que corrobore lo temido. El círculo vicioso está servido. Todos los estímulos pueden ser sospechosos. El dolor se alimenta de miedo fóbico. El sistema se retroalimenta positivamente, resuena. El dolor va en aumento hasta alcanzar el nivel de saturación. 

Las publicaciones sobre dolor hablan hasta el aburrimiento del asta posterior, el lugar de la médula espinal donde se produce el primer relevo de señal nociceptiva. Al parecer allí se decide todo. El asta posterior es la madre de todos los dolores erróneos. Sus errores decidirán el futuro. Aguas arriba (o abajo, según se mire) todo es ya secundario, unos toques emocionales, cognitivos, añadidos al dolor ya construído en el asta posterior. 

El tálamo es el consejo de redacción del periódico perceptivo. Allí se decide letra a letra lo que se publica en la pantalla de la consciencia. La mayoría de las noticias son probabilísticas: "pudiera pinzarse un nervio, rozar una vértebra, inflamarse un... etc. El individuo, el lector del periódico perceptivo no sabe si lo publicado es real o simple ficción. Nadie le ha explicado que el periódico es un mix de sucesos reales e imaginados.

El tálamo es el corazón de la red neuronal, el lugar donde se cocinan los ingredientes aportados por los sentidos. A veces la materia prima es fresca, recién recolectada. Otras se echa mano del congelador, de la comida prefabricada... Al individuo todo le sabe rico... si tiene hambre.

3 comentarios:

oceano_mar dijo...

Brillante entrada. Muy agradecido por ampliarnos información de lo que ocurre de troncoencéfalo hacia arriba a nosotros-los-periféricos. Le seguimos leyendo diariamente con suma atención.

Una pregunta, ¿es tan cierto eso de que es tan real lo real como lo imaginado? ¿no existen verdades objetivas? ¿existen entonces tantas "realidades" como cerebros hay?

Un abrazo!

arturo goicoechea dijo...

Oceano mar: el cerebro no es mas que un universo en el que se va representando históricamente forma en la que se evalúa la interacción de un organismo humano con un entorno adaptado a sus necesidades. Esta narración cerebral autobiográfica está influida por una cultura bastante homogénea (aunque todos los colectivos luchan por establecer la diferencia identitaria, territorial).

El resultado, de individuo a individuo, de colectivo a colectivo es bastante predecible o impredecible, según se quieran ver las similitudes o las diferencias.

La imaginación es necesaria para poder interpretar las confusas y débiles señales de la realidad pero lo percibido no tiene más remedio que ajustarse a lo más probable.

El problema surge en el interior, un universo descrito más en términos de incertidumbres, imaginaciones alarmadas, que de hechos consumados o inminentes.

oceano_mar dijo...

luego la realidad es parte de lo que hay fuera y parte de lo que hay dentro. Parte captado por los sensores y otro parte contenidos evaluativos.

Esto me resulta plausible. Me llama la atención sin embargo el epíteto "débil" que aplica a las señales del exterior.

Pregunto para ver si he entendido bien ¿Son las señales del exterior las que se amoldan a los contenidos especulativos en la conformación de la percepción? Según esto, lo probable [de alguna manera, lo imaginado] ¿es el corpus principal de toda percepción más que lo sensorial?

En este sentido, entiendo que en términos prácticos, no habría que hacer diferencia diferencia entre realidad e imaginación, pues sería parte del mismo entramado.

Me parece algo nihilista, pero me seduce la idea. No creo que lo haga de igual manera a los positivistas acérrimos, si es que aún quedan.

Muchas gracias por su tiempo, doctor.