Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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miércoles, 22 de diciembre de 2010

La suerte


Tenemos suerte cuando nos sucede algo teóricamente posible pero altamente improbable. 

Hay buena y mala suerte.

Siempre hay alguien tocado por la suerte y tenemos noticia de ello. Hoy sortean la lotería de Navidad. Ni a usted ni a mí nos va a tocar el Gordo pero nos bombardearán con reportajes de los afortunados abriendo botellas de champán. No es mi caso, pero muchos de ustedes habrán comprado algún décimo. Puede que incluso hayan hecho cola en algún acreditado establecimiento, convencidos de que en él la probabilidad es mayor que en un desierto bar contiguo en el que también tienen lotería.

La posibilidad teórica, aun cuando lleve aparejada una baja, muy baja probabilidad, mueve conductas... irracionales.

Con toda seguridad alguien tendrá hoy meningitis o una hemorragia meníngea. Resultará desgraciado en el sorteo pero previsiblemente no seremos ni usted ni yo aun cuando no sería extraño que alguno de ustedes tuviera una crisis migrañosa., una alerta ante la posibilidad de que, realmente, sucediera lo temido.

El cerebro no puede sustraerse al mandato de la posibilidad improbable y presiona al individuo a comprar décimos o meterse al cuarto oscuro, vomitar y tomarse un "calmante". Le puede la ilusión del premio y el miedo al castigo letal (muerte violenta celular, necrosis). 

- ¿Y si toca, qué? Deme también un décimo a mí...

Con toda seguridad hoy habrá víctimas mortales en la carretera pero probablemente no seremos ni usted ni yo una de ellas. 

Imagine un coche emocional, capaz de atribuir relevancias posibles (probables o improbables) a cada desplazamiento. El miedo al accidente podría activar un dispositivo disuasorio que forzaría al usuario (no me atrevo a llamarle conductor) a suspender el viaje... Digamos que el usuario sufriría una migraña "vehicular", desencadenada por su intención de ir a trabajar o de vacaciones. Sería un coche genéticamente "hiperexcitable", incapaz de contener sus miedos letales...

El coche emocional dispondría de sistemas de memoria que graban accidentes propios y ajenos y procesaría información de expertos en accidentes que atribuyen probabilidades de colisión a mil y un desencadenantes (cambios de tiempo, estados hormonales, estrés del usuario (no me atrevo a llamarle conductor), deseo de viajar, alimentación...

Realmente al coche emocional lo que le preocupa es su propia integridad, no los planes del usuario... por muy importantes que puedan ser...

El cerebro es una estructura emocional. Atribuye relevancias a estados y agentes, lugares, momentos y circunstancias. Genera ilusiones y temores. Imagina y a veces su imaginación proyecta percepciones que contienen sueños, pesadillas, manteniendo despierto al individuo o mientras duerme...

La ilusión del Gordo se resuelve dejando de comprar décimos...

Las ganas de fumar se eliminan radicalmente dejando de encender cigarros...

Las crisis de migraña se resuelven eliminando todos los rituales de evitación del dolor, incluidos los fármacos.

- Siempre compro algún décimo. Lo normal...

- Después de comer me gusta encender un cigarrillo...

- Algún día me duele la cabeza... lo normal... me tomo un calmante y se me pasa...

Que tengamos la Navidad que nos merecemos. Probablemente no hemos hecho lo suficiente para que nos toque el Gordo ni para que el cerebro active las alarmas meníngeas... 

Conformémonos con lo normal, lo razonable, lo previsible.

¡Déjese de décimos, cigarros y calmantes! 

¡Razonable Navidad! 

jueves, 28 de octubre de 2010

"Algo terrible va a suceder si no hago algo"



Una crisis de migraña contiene la estructura de las fobias. El cerebro activa la alerta por previsión de un suceso nocivo en la cabeza y fuerza con sus programas perceptivos (dolor, intolerancia sensorial y digestiva) a una conducta defensiva por parte del individuo. 

"Algo terrible va a suceder..."

La previsión, la alarma, no tiene sentido. Es una posibilidad teórica de la red neuronal, "un ejército de idiotas celulares" que procesa ciegamente datos y genera salidas que activan programas emocionales, perceptivos y conductuales. 

Homo sapiens (ma non troppo) es una especie imaginativa. Habita un mundo virtual. Especula sobre los sucesos. Anticipa. Sabe que todo lo terrible es posible. Sabe que existen las enfermedades, la muerte, el sufrimiento. Ha visto, desde niño, sufrir a sus congéneres, quejarse de dolores...

Homo sapiens (m.n.t.) es una especie empática, imitativa. Comparte emociones. Reproduce en sus circuitos percepciones, emociones y acciones ajenas cuando las observa y/o rememora...

Homo sapiens (m.n.t.) es una especie escolarizada, advertida, alertada, informada de los sucesos terribles posibles... (¡bájate de ahí que te puedes caer, partirte la crisma, abrirte la cabeza, matarte..!)...

El cerebro humano toma nota de cuanto sucede, observa y escucha y lo somete a consideración, a la luz de la consciencia y en los sótanos subconscientes. Todo influye en todo (mientras no se demuestre lo contrario) a la hora de buscar asociaciones. Todo puede contener la propiedad oculta del perjuicio.

Homo sapiens (m.n.t.) desconfía de sí mismo, de todas sus rutinas, de todo cuanto le rodea. Sus tutores tampoco se fían y refuerzan con sus advertencias las tesis alarmistas...

No sorprende que el cerebro de los sapiens (m.n.t.) cultive miedos irracionales, fobias, desde su más tierna infancia.

"... si no hago algo"

El miedo exige una acción liberadora. Huir, prepararse para luchar, refugiarse, quedarse bloqueado...  

El miedo a los sucesos internos activa la respuesta purificadora, el recelo a probar comida, potencialmente tóxica, irracionalmente tóxica, o incluso a eliminarla con el vómito. La acción solicitada por el miedo en la migraña es la inacción, la suspensión de los programas del individuo, el ordenador, el viaje, la cena de Navidad... El cerebro convierte el exterior en algo hostil. Convierte en dolor luces, sonidos y olores.

Los expertos han instruido al cerebro a solicitar el plus de la terapia, el apoyo solidario de los cuidadores, el "calmante", el paño frío apretando las sienes, la aspirina, el ibuprofeno, la triptanita, "algo en vena"...

El miedo es desconfiado e insaciable y solicita cada vez más acciones calmantes, más dosis y novedad de fármacos...

El padeciente migrañoso está atrapado en la estructura del miedo irracional con su exigencia de rituales que lo sosieguen. Una y otra vez, con o sin circunstancias desencadenantes, saltan los programas de consideración irracional de la amenaza (nocebo) exigiendo el ritual tranquilizador (placebo). 

Los expertos alimentan el miedo a todo menos a sí mismos. Es más, cultivan el miedo a su ausencia. Adoctrinan a los ciudadanos en la necesidad de su presencia experta, especializada.

- Mándeme al especialista...

El especialista oficia con sus diagnósticos cerrando el círculo de la desesperanza:

- Es usted un migrañoso. La migraña es una enfermedad cerebral crónica. Tiene que cuidarse. De otro modo podría hasta tener infartos cerebrales en el futuro... 

- Me deja usted muy preocupada...

- No se preocupe. Tenemos "calmantes"...

Es una fórmula extraña: avivar el fuego antes de proceder a apagarlo, calentar el agua del vaso antes de echar el hielo...

Al cerebro sólo se le calma desactivando el miedo irracional, educándole en la racionalidad, situando los peligros allá donde realmente están...

- La migraña surge de un cerebro hipocondríaco, alarmista, fóbico, adicto a las terapias y rituales... 

- Ya, pero... ¿qué hago cuando me duele...? ¿Cruzo los dedos?

- Un corte de mangas a sus programas alarmistas... Es lo más contundente.

martes, 15 de diciembre de 2009

Al final, tuve que tomar...





-Intenté hacer lo que usted dice. Me dije y le dije a mi cerebro: "tranquilo, no pasa nada..." pero cada vez el dolor era más fuerte y al final tuve que tomar el calmante.


Cuando el cerebro ha encendido el programa del dolor se inicia un tira y afloja con el individuo.


Toda percepción es una decisión cerebral que contiene un propósito. El objetivo cerebral del dolor es proteger una zona evaluada como amenazada. Para ello necesita que el individuo deje de lado sus propósitos inmediatos y se conduzca de acuerdo a lo que el cerebro, en cada caso, considere como conveniente.


En el caso de la migraña la conducta que el cerebro exige habitualmente es la de retirarse a un lugar silencioso y oscuro, desconectar, no probar bocado o incluso eliminar lo ya comido... y tomarse "el calmante".


El individuo tiene otros planes más interesantes pero teme el dolor, la intolerancia sensorial y las náuseas y su objetivo es controlar la crisis lo antes posible.


"Voy a ver qué pasa. Voy a probar... : "cerebro, no pasa nada ahí dentro, no me voy a tomar el calmante... déjame en paz... cerebro no pasa nada ahí dentro, no me voy a tomar el calmante... cerebro, no..."


El resultado del tira y afloja es variable.


- Al final, tuve que ...


La estructura del tira y afloja es la de la adicción.


- Intenté no encender un cigarro, tal como usted me dijo, que le dijera a mi cerebro que no hay ningún motivo para meter humo tóxico a los pulmones, que no tiene sentido que me lo exija aumentando las ganas de fumar pero al final tuve que fumar...


Hay dos modos de curar las ganas de fumar. La inmediata es encender un cigarro... tras otro. De ese modo nos libramos del agobio de no hacerlo. La definitiva es negándonos a la presión cerebral, utilizando argumentos de peso.


Una crisis de migraña contiene la estructura de la fobia, el miedo irracional del cerebro a que suceda algo terrible en la cabeza, y de la adicción, la presión hacia una conducta, un consumo exigido por el cerebro para neutralizar el miedo fóbico.


Dicen los neurólogos que hay que evitar desencadenantes, tomarse precozmente el calmante y retirarse al cuarto oscuro. Es lo contrario a lo recomendable para una conducta fóbico-adictiva.


Dicen los neurólogos, cuando la migraña va mal, que se ha cronificado (transformado) y que ello es debido a que uno ha abusado de los calmantes. Por tanto, debe evitarlos. En esos casos crónicos sí consideran la estructura fóbico-adictiva y exigen al paciente lo que, en mi opinión, debiera haber sido recomendado desde el principio.


Para los pacientes los calmantes son "medicamentos" y no "drogas". Cuesta que acepten, a veces, la estructura de la adicción y de la exigencia irracional, fóbica, a protegerse de un supuesto peligro. Ven a la migraña como una enfermedad que da derecho a tener un tratamiento.


No sirve de nada "decir al cerebro..." si no se han construido previamente un mínimo de convicciones y se han derribado las contrarias...


- No tuvo que... lo hizo. Es comprensible, pero no deja de ser una decisión suya


- A usted le quisiera ver en mi pellejo... Fácil es decirlo...

lunes, 6 de julio de 2009

Dolor




Los problemas del dolor empiezan con la definición consensuada por la IASP (International Association for the Study of Pain):

"Dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada a daño tisular actual o potencial o descrita en términos de dicho daño"

Cualquier experiencia sensorial y emocional desagradable encaja en esta (in)definición.

Dado que es manifiestamente mejorable, es lícito proponer otras. Esta es la mía:

"El dolor es una percepción asociada a daño necrótico consumado, inminente o imaginado y que incita al individuo a una conducta de evitación"

Evolutivamente aparece la percepción de dolor asociada a los sucesos consumados de destrucción violenta de tejido (necrosis) o al contacto con los agentes y estados capaces de producirla (necrosis inminente). La cualidad perceptiva del dolor fuerza a una conducta de evitación: de alejamiento si el agente necrotizante es externo o de quietud si el problema es interno.

El objetivo de toda percepción es la promoción de una conducta. Si esta es obedecida la percepción se debilita. El hambre, la sed, el mareo, el cansancio y el picor ceden y/o desaparecen tras comer, beber, agarrarnos, descansar y rascarnos. La desobediencia a la propuesta conductual de la percepción la intensifica.

El dolor se alivia si se elimina el agente o estado causante del daño necrótico y se respetan las limitaciones impuestas por el proceso de reparación tisular. Las terapias analgésicas consiguen su eficacia distrayendo la atención con otros sucesos o saboteando la transmisión de señal nociceptiva del foco necrótico activo o en reparación, es decir, engañando al cerebro a la baja sobre el estado de la lesión.

En el daño necrótico imaginado el dolor cumple la función de eliminar conductas que aumenten la probabilidad de dicho daño... desde la perspectiva del organismo. El dolor no aparece por la presencia actual de un agente o estado necrotizante sino por una evaluación probabilística de que se pueda dar esa situación. En la mayoría de los casos la activación de la percepción de dolor no está justificada y se trataría de encendidos irracionales, disfuncionales, fóbicos.

El miedo cerebral irracional, fóbico, imaginado, a la necrosis, fuerza al individuo a conductas de evitación también irracionales. Las terapias analgésicas consiguen su eficacia si apaciguan el temor cerebral al daño necrótico probabilístico, es decir, respetando las conductas de evitación exigidas por el programa.

El daño necrótico imaginado responde a la estructura de una alucinación nociceptiva. Perceptivamente emula los estados necróticos consumados o inminentes y consigue del individuo una conducta defensiva como si realmente se estuviera dando una situación de destrucción tisular.

La información experta habitualmente alimenta la estructura fóbica y/o alucinatoria del dolor por daño imaginado y las terapias refuerzan las conductas de evitación del daño imaginario contribuyendo así a consolidar la creencia en dicho daño.

El dolor por daño imaginado surge de una disfunción evaluativa de peligro y reproduce en la red neuronal el mismo problema generado por la disfunción evaluativa del Sistema Inmune en la alergia o las enfermedades autoinmunes.

La disfunción evaluativa neuronal debe ser considerada como un problema físico. La cultura favorece la disfunción pero la responsabilidad no debe descargarse de entrada sobre el individuo (receptor) sino sobre la comunidad de expertos que la nutre (emisores).

La terapia de supresión de falsas creencias y conductas inadecuadas debe orientarse hacia la propia cultura (oficial y alternativa) del dolor.

Es urgente una campaña de actualización neurofisiológica sobre dolor en profesionales y ciudadanos desde el conocimiento aportado por la Neurociencia moderna.

domingo, 5 de julio de 2009

Decidir


La vida está marcada por la intencionalidad, por la decisión. La realidad se nos muestra habitualmente envuelta en incertidumbre y, a través del aprendizaje como especie y como individuos, vamos construyendo árboles de decisiones con acierto variable.

La decisión define más ámbitos de los que suponemos. De hecho hay siempre una resolución, no sólo en lo que hacemos, sino también en lo que sentimos, en emociones y percepciones. Vemos árboles, casas y personas porque el cerebro ha decidido que así sea, tras recibir unas señales procedentes de la retina e interpretarlas aplicando el cálculo de probabilidades.

Cuando sentimos dolor es porque el cerebro decide que suframos, nos encontremos afligidos por esa desagradable sensación, que prestemos atención a la zona dolorida y nos conduzcamos de forma protectora.

Si tomamos un calmante y el dolor sigue es porque el cerebro decide mantener el programa esperando a una acción más enérgica. Si acudimos a Urgencias a que nos apliquen "algo en vena" y el dolor cesa es porque el cerebro decide retirarlo tras quedarse conforme con la terapia.

Cada segundo está repleto de decisiones y cada decisión está alimentada por expectativas y creencias. Estas decisiones se expresan a través de variaciones en la liberación de mensajeros químicos. Serotonina, noradrenalina, dopamina, glutamato, opiáceos, colecistoquinina, GABA, sustancia P, CGRP, NO, prostaglandinas... bailan sus cifras al son de las decisiones.

El dolor no se produce por descenso y ascensos de moléculas sino que estas suben y bajan porque el programa contiene esas oscilaciones. El cerebro crea partituras que deben ser ejecutadas. Cada crisis de migraña es una "obra" archivada que se ejecuta por las moléculas cuando se incluye en el programa de ese día. Tiende a repetirse una y otra vez sin variación porque así lo marcan las notas impresas en el pentagrama.

La partitura de la migraña no está en los genes, como sostienen los neurólogos sino en la cultura y la cultura es un caldo de cultivo de decisiones ajenas disfrazadas de decisiones propias.

Una migraña es, evidentemente, una decisión cerebral errónea. Obedecer una decisión errónea por parte del individuo es también una decisión errónea.

La migraña es un despropósito, un cúmulo de errores, de decisiones fóbicas irracionales que exigen, absurdamente, conductas de evitación (calmantes, meterse al cuarto oscuro, vomitar...).

Para los neurólogos los errores se producen en los genes y en la conducta del individuo y no hay lugar para los errores de decisión de encender y/o apagar programas. No existen las decisiones neuronales, al parecer.

Es urgente que se empiece a considerar un apartado de la patología: el de las decisiones erróneas. Así podremos empezar a abrir caminos al apartado de las soluciones: el de la corrección de los errores en las decisiones. Para ello tenemos que empezar a derribar las doctrinas erróneas...
- De acuerdo pero ¿quién nos garantiza que son erróneas?

viernes, 12 de junio de 2009

La migraña se resiste



Para los que no hemos tenido migrañas es difícil imaginar el infierno de la crisis. El cerebro está actuando desde la perspectiva de un episodio inminente de muerte celular violenta en la cabeza y expresa, a través del dolor, la intolerancia sensorial y los vómitos, su preocupación primero, la angustia más tarde y finalmente el pánico. De sus circuitos ha surgido la previsión de peligro y se han encendido las alarmas. El individuo se ve envuelto en el programa y debe deshojar la margarita de sus decisiones, sometido a la presión del miedo al sufrimiento de anteriores episodios. 


Hay dos estrategias básicas frente a la crisis: 1) someterse a las exigencias del programa, compartiendo el pánico cerebral, aunque desde la perspectiva del individuo, o 2) enfrentarse. 


El cerebro teme la muerte celular y exige una conducta defensiva al individuo. Esa conducta consiste en suspender la actividad en curso, desconectar con el mundo, eliminar lo comido y tomarse el catalogado como protector o antídoto, el "calmante". Esa es la propuesta cerebral. Si no se ejecuta, el programa gana intensidad hasta alcanzar un zenit, variable para cada individuo. Si el "calmante" está catalogado como altamente eficaz, la toma precoz abortará la crisis y la demora hará especialmente insufrible el episodio para el individuo. Es comprensible la decisión de tomar el calmante desde la perspectiva a corto plazo de evitar en ese momento el sufrimiento. Sin embargo el episodio quedará recogido como una experiencia que ha validado y reforzado los augurios que lo iniciaron. El medio y largo plazo queda hipotecado: la migraña (la fobia a la necrosis y la adicción al "calmante") gana. Somos humanos.


El cerebro no es una persona, otro YO, que reside en la cabeza y maneja los programas desde una personalidad hipocondríaca irredenta. En ocasiones las entradas del blog dan esa impresión por buscar claridad pedagógica. Estamos hablando de una red de memoria-predicción que contiene una atribución de probabilidades a cada instante y lugar y que si toca un día (con o sin desencadenante) olfatear peligro, activa automáticamente el programa de alerta. La red tiene tendencia biológica a sobrevalorar los peligros pero, sin el empujón de la cultura migrañosa, probablemente alcanzaría un nivel aceptable de racionalidad y existirían menos migrañosos. 


Podemos desarmar los contenidos de esa cultura y sustituirlos por conocimiento. Desde ese conocimiento podemos tratar de influir en las probabilidades que la red concede a que la cabeza sufra episodios de necrosis. La herramienta es la convicción de que dentro de la cabeza no sucede nada. No hay aumentos de presión, las arterias no están inflamadas, no hay paroxismos neuronales, toxinas, deficiencias ni excesos. No va a estallar ningún vaso. Sólo miedo virando al pánico. Es como si... Una simple posibilidad teórica de que se infecten las meninges o estalle una arteria pero altamente improbable. Se trata de una fobia interna, una superstición, un pálpito cerebral, una corazonada neuronal. Si se deja llevar del miedo ha perdido la batalla. Sólo le queda obedecer el ritual de los conjuros terapéuticos y la aceptación del escenario que el programa le exige. 


Imagine una "crisis" de comprar un décimo de lotería en Navidad. Es lo contrario de una fobia: un deseo irracional respecto a un hipotético e improbable suceso gozoso (pongamos medio millón de euros). Sólo hay dos maneras de solucionar el problema: 1) compra todos los décimos que le ofrecen (décimopatía crónica diaria) o 2) los rechaza todos valorando la probabilidad real (casi nula) de que consiga la pasta gansa. Si compra los décimos accederá a una pequeña ilusión de hacerse millonario pero, sobre todo, se habrá librado de la angustia-pánico de no comprarlos, imaginando la escena de todo el barrio abriendo champán y usted sin el décimo. Si decide "echarle valor" y abstenerse, debe olvidarse del sorteo. De otro modo pasaría unos días atroces pensando en la posibilidad perdida del gordo. 


El "calmante" es el décimo de lotería. Si no se toma (compra) aparece el sufrimiento, la presión cerebral hacia una conducta inadmisible. El cerebro activa premios y recompensas para encarrilar nuestra conducta. El dolor penaliza lo que estamos haciendo o lo que dejamos de hacer y la recompensa cerebral por nuestra conducta en la crisis es retirarnos el castigo. Para ello tenemos que contentarle, calmarle, o cambiar sus chips del pánico. 




                                Un "calmante" muy eficaz esconde un cerebro muy asustado.  

martes, 2 de junio de 2009

Migraña transformada





Cada año, aproximadamente un 3% de los pacientes migrañosos padecen un apretón de las crisis. Se hacen más frecuentes aunque generalmente algo más débiles. El neurólogo se empeñará en saber exactamente cuántos días al mes y desde cuántos meses tiene dolor. Si este aparece más de 15 días al mes, desde hace más de 3 meses, y es usted previamente migrañoso, le comunicará que su migraña ha sufrido un proceso de "transformación".

- Ultimamente cada vez me duele más días la cabeza. No es tan intenso como antes pero es raro el día que no me duela. Estoy preocupado. Tengo que tomar calmantes aunque no me hace ninguna gracia, pero sin ellos no podría hacer una vida "normal". ¿Qué está pasando doctor?

- Tiene usted lo que llamamos una "migraña transformada". Sabemos que esto sucede a algunos migrañosos. No sabemos bien por qué se produce el acelerón pero se estudia a fondo el problema y esperamos tener pronto respuestas y soluciones. Debe dejar de tomar los calmantes. Es fundamental. Están contribuyendo a mantener el problema. Está abusando de ellos.

- Ustedes me recomendaron que los tomara precozmente, que no diera ventaja a la migraña...

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El furor clasificatorio de los Expertos Internacionales ha conseguido, tras sesudas deliberaciones, diferenciar varios tipos de dolor de cabeza crónico: (MT, CTC, CCIR, CCD y HC, es decir: Migraña Transformada, Cefalea de Tensión Crónica, Cefalea Crónica de Inicio Reciente, Cefalea Crónica Diaria y Hemicránea Continua). Todos estos grupos a su vez se pueden producir con y sin "abuso" de analgésicos.


Dibujo de Uxue Maturana

A la hora de buscar responsabilidades se barajan múltiples factores: edad, género, condición civil, obesidad, calidad del sueño, desánimo, dolor en otras localizaciones, traumatismos craneales o cervicales previos, estrés, abuso de analgésicos (excepto antiinflamatorios no esteroideos), abuso de café, bajo nivel socioeconómico...

La aplicación de las ultimísimas técnicas de rastreo cerebral ha permitido comprobar algo que se presenta como un avance que puede ser crucial para desentrañar las claves de la migraña: que si hay muchas crisis se va dejando una huella sutil en determinadas zonas cerebrales y que los pacientes con migrañas repetidas viven con un cerebro hiperexcitable, especialmente atento: la aplicación de un pulso magnético en la corteza occipital no consigue anular la capacidad de contestar correctamente a pruebas de identificación de grupos de tres letras (tal como sucede con los ciudadanos "normales" o migrañosos no transformados).

En definitiva, a veces las cosas se tuercen, va todo de mal en peor, no se sabe bien por qué, se echa la culpa al abuso de analgésicos y no se ofrecen muchas soluciones. La clave parece residir en la existencia de una condición hiperexcitable cerebral y los motivos de esa condición se atribuyen a los genes y, en este caso, a condiciones poco deseables del individuo: obesidad, tabaquismo, separación, bajo nivel socioeconómico, adicción a calmantes y café etc.

En mi opinión, la transformación migrañosa, obedece a la dinámica propia de los procesos autoalimentados, como las adicciones y las fobias . Aparece una estructura en círculo vicioso que se muestra resistente a la acción de los fármacos. La cultura migrañosa facilita el proceso.

El cambio en el comportamiento habitual de las crisis provoca a veces la preocupación por causas orgánicas (tumores...) o la desesperanza y confusión por el nuevo rumbo de los acontecimientos y la pérdida de eficacia de los fármacos. Es fundamental eliminar la incertidumbre, explicar los mecanismos cerebrales implicados, animar al abandono de los calmantes y proceder a una reinterpretación del proceso migrañoso.

En mi experiencia se consigue controlar bien la situación con el modelo propuesto en este blog aunque es necesaria la colaboración del paciente en asimilar las nuevas propuestas y actuar en consecuencia.

viernes, 29 de mayo de 2009

Malentendidos (II)




Si se acepta que el dolor (en ausencia de daño) está producido por una valoración errónea, innecesaria, de peligro por parte del cerebro, la solución es sencilla: "dígale a su cerebro que le deje tranquilo, que tiene mucho que hacer..." 


La mayoría de los pacientes aseguran que han captado la idea pero puede que muchos se muestren escépticos sobre su utilidad.


         - O sea, que tengo que pensar que no me está doliendo y así el dolor se irá...


         - En absoluto. Eso, con toda probabilidad, hará que el dolor aumente. Si alguien intenta comunicarse con usted porque tiene que darle una noticia importante, insistirá con las llamadas. El teléfono no parará de sonar, cada vez con más fuerza...


          - Si no lo cojo, no hago caso, se cansará de llamar, supongo. 


          - No creo que pueda usted aislarse del sonido y seguir con lo que estaba haciendo como si tal cosa... El cerebro es incansable con sus obsesiones y temores. Si adopta esa estrategia lo tiene crudo... 


          - ¿Qué debo hacer entonces?


          - Atienda la llamada y trate de averiguar el motivo. Además se trata de una llamada que usted temía porque se ha producido en otras ocasiones y no ha traído mas que sufrimiento...


          - Algo así como...Dime cerebro ¿qué sucede?


          - No está mal. Dado que es una llamada con contenido preocupante sería más correcto decir: ¿Qué te preocupa? ¿Qué temes que pueda suceder en la cabeza (o los pies o la columna según los casos)...? 


          - Y ¿qué puede preocuparle al cerebro?


          - Que pueda suceder algo terrible...necrosis, destrucción violenta de células y tejidos...


          - ¿Por qué va a pensar el cerebro algo así...?


          - Es su función. Construir hipótesis sobre sucesos terribles, valorar las posibilidades sin bajar nunca la guardia y avisar cuando existe alguna probabilidad. Se cura en salud... Un vigilante de seguridad debe dedicarse a valorar hipótesis de sucesos terribles. Tiene que estar obsesionado con ello. El problema surge de que es sumamente difícil dosificar las emociones, sobre todo la del miedo. Está muy facilitado por la evolución. Si no fuera así probablemente no existiríamos. 


          - Bien, ya he cogido el teléfono y me he interesado por los motivos. Trato de tranquilizar al cerebro: no pasa nada, no va a suceder nada terrible en la cabeza... pero el dolor sigue ahí, cada vez con más violencia. Trato de calmarme, según usted sin un calmante (difícil me lo pone...).


          - El miedo es contagioso pero sólo si se comparten las convicciones. Si alguien le dice que su casa se va a caer en cualquier momento y que debe hacer algo urgentemente, se lo puede tomar en serio o no prestarle ninguna atención: sí o no (todo o nada). Las medias tintas, la incertidumbre, no sirven. Me temo que el cerebro le mete el miedo en el cuerpo con el dolor. Aunque usted se diga: no está pasando nada, todo esto es un despropósito... si no se corresponde con una convicción profunda de que realmente es así, no sirve de nada. 


          - Tengo que estar convencido de que mi casa (la cabeza) no se va a caer... 


          - Exactamente. Las convicciones tienen que estar construidas de antemano. No es buena idea dejarlas para el momento en que su cerebro le transmite su inquietud. A veces los pacientes confunden las convicciones con los rezos. Creen que repitiendo una frase, como una letanía o un mantra: "no pasa nada, no me va a doler, no pasa nada, no me va a doler..." se va a solucionar todo. Al comprobar que no funciona se reafirman en la idea previa de que han perdido el tiempo haciendo caso de estas ridículas propuestas y se lanzan a por el calmante, que lo tienen cerca, por si acaso. 


          - ¿Cómo se construye una convicción...?


          - En este caso tiene que ocuparse primero en derribar la convicción contraria. Derribar y reedificar... El problema es que nadie quiere derribar algo suyo que aprecia... Tenga claras las ideas... interiorice la realidad interna...aprenda un mínimo de Biología neuronal... Inmunícese contra la información basura... 


          - Lo veo muy difícil así sin calmante... Para eso hay que tener mucha fuerza mental 


          - Siempre estamos aprendiendo. Si no hay riesgo no avanzamos...


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Algunos pacientes actúan como si una convicción pudiera construirse simplemente con un enunciado: "voy a procurar tener un viaje tranquilo":  
 "el avión no va a caer al mar, conseguiremos aterrizar y saldré vivo de esta... puede que caigamos pero lo más probable es que esté allí un barco y nos recoja justo antes de que se hunda... voy a tranquilizarme... ya sólo faltan 3 horas para llegar... estoy tranquilo... estoy tranquilo... no voy a tomarme el valium... parece que esto se mueve mucho... ¿qué ha sido ese ruido?... la azafata va a la cabina del comandante..."
- ¿Qué tal el viaje?
- Fatal. Le hice caso a un imbécil que me dijo que me convenciera de que no iba a suceder nada, que no me tomara el Valium, que los aviones son seguros, pero no ha funcionado. Ya sabía yo... La próxima vez me tomo 50 mg de Valium y así podré soportarlo algo mejor. Ha sido horrible. La culpa es mía por hacer caso...

miércoles, 22 de abril de 2009

¿Por qué no se ponen de acuerdo y me dicen lo que debo hacer?














Soy consciente de que los contenidos de este blog no sólo son distintos a los de las propuestas oficiales de los neurólogos sino que están confrontados a ellas.


Una paciente (Lulú) ha relatado con crudeza su infierno migrañoso en los comentarios. Ha seguido las indicaciones y terapias habituales pero nada ha detenido la espiral del sufrimiento. Al contestarle y tratar de orientar su conducta creo que lo más expeditivo es aconsejarle que haga lo contrario de lo que ha hecho hasta ahora (por indicación de sus neurólogos). Una afirmación tan gruesa necesita aclaraciones. De otro modo no pasa de ser un comentario de mal gusto. Utilizaré dos metáforas para justificar mi receta:


La estructura de la migraña es, para mí, una estructura fóbica. El cerebro plantea una posibilidad teórica de un suceso destructivo en la cabeza y activa las alarmas expresadas por dolor, intolerancia a estímulos, náuseas y auras. La probabilidad de que realmente suceda lo que la red ha evaluado es, prácticamente nula. Si el paciente enfoca su estrategia a librarse del sufrimiento hará todo aquello que aplaque el dolor. Aparentemente habrá sido una buena idea meterse en la habitación, apagar las luces, pedir clemencia a los familiares, tomarse el calmante y tratar de quedarse dormido.


En una crisis fóbica esta estrategia estaría absolutamente contraindicada. Imagine una sencilla fobia en un ascensor: Su cerebro ha evaluado peligro de muerte (teóricamente posible pero altamente improbable) y activa el programa "salga huyendo". La víctima nota acelerado el corazón, suspirosa la respiración, el nudo en el pecho, la sensación inminente de que algo va a explotar... En ese momento sale del ascensor y comprueba que ya se encuentra mejor. Su conclusión lógica sería que lo que debe hacer es evitar el desencadenante famoso, en este caso el ascensor.  Si no puede evitar utilizar el ascensor y si no supiera (este punto es fundamental) que todo el barullo es una absurda fobia acudiría al Cardiólogo a por ayuda. Este preguntaría por los desencadenantes y el paciente sugeriría que cree que son los ascensores. El especialista le diría que tiene una enfermedad genética, con su nombre correspondiente, le daría unos comprimidos y le recomendaría evitar los ascensores.


Mi recomendación sería: no haga caso: a su corazón no le pasa nada y los ascensores  son seguros pero su cerebro, por lo que me dice, les tiene miedo. Debe tranquilizarle y entrar con confianza. No tiene sentido que tenga que subir 20 pisos andando. No se tome ninguna pastilla. Utilice el sentido común.


La crisis migrañosa es una fobia referida al interior. Como no podemos interpretar con seguridad lo que no vemos, quedamos atrapados por lo que el cerebro especula.


La estructura de la migraña corresponde por otro lado a la de una adicción. Escojo, para explicarme, un ejemplo frecuente: fumar.


El cerebro se impregna de la costumbre social de encender un cigarro. Si lo han hecho tus padres, las probabilidades de imitarles en el futuro aumentan (¿sólo genes? no lo creo) Cualquier día uno enciende el primer cigarro. ¿Por qué ese día y no antes o después? No lo sé. Ese fue el día en que sucedió. Estaba la propuesta cerebral a punto de caramelo. 

Con el tiempo uno nota un desasosiego que se quita con un ritual motor complicado: sacar un pitillo, encenderlo, aspirar el humo, echarlo, golpearlo para eliminar la ceniza, apagarlo en el cenicero, ofrecer un cigarro a los demás. Es un ritual muy poderoso.


Imaginemos también que usted sólo nota el desasosiego y que le recomiendan que "va muy bien" encender el cigarro. Lo hace y un buen día comprueba que, efectivamente, le devuelve a la normalidad... durante un rato.


Acude al especialista y le pregunta por los desencadenantes. ¿"Lo nota más en cafeterías, cuando está de tertulia... "? Usted cae en la cuenta de que efectivamente es así y el médico le dice que padece una enfermedad X  y que debe evitar las cafeterías y las tertulias y refugiarse en una Iglesia donde, efectivamente, comprueba que se le pasa el desasosiego. Por supuesto si no anda bien la cosa le recetará unos cigarros que van muy bien para el desasosiego (la enfermedad X). Le recomendará que no espere y que encienda uno tan pronto como note la inquietud.


Yo le recomendaría que no haga caso: que el desasosiego tiene un origen cultural, se aprende, y que encender un cigarro no es una buena idea.


Aunque le cueste creerlo, el cerebro activa el programa para que tome un analgésico. 


En la migraña existe una estructura fóbica y adictiva. Lo que recomiendan los neurólogos, si yo estoy en lo cierto, no es correcto. En mi modesta opinión, debe hacer justamente lo contrario. 


Usted pregunta si Madrid está al Norte o al Sur. Unos le dicen que al Norte y otros (los menos) le diremos que al Sur. El problema es dónde está usted situado, pues eso de estar al Norte o al Sur, como ya dijo Einstein... es relativo.