Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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lunes, 9 de mayo de 2011

Pedagogía y síndrome de latigazo cervical


No abundan los trabajos que analizan el impacto de la pedagogía en Neurofisiología del dolor en su evolución. Afortunadamente algunos hay. 


Me resulta especialmente grato comprobar que son los Fisioterapeutas quienes más interés están demostrando en reconceptualizar su práctica clínica a la luz de la Neurociencia. 

Tanto para profesionales como para padecientes puede parecer increíble, inaceptable, pretencioso, pretender disolver el dolor crónico cervical sobrevenido tras un incidente de "latigazo cervical" con un par de sesiones pedagógicas de 30 minutos y un folleto cuando, previamente, han fallado fármacos y manualidades diversas.

Un fisioterapeuta versado en neurofisiología del dolor y con habilidades expositivas explica cuestiones neuronales básicas sin "hacer" nada más. Pedagogía pura y dura. No pone las manos encima. Sólo explica, quita miedos, anima a la acción confiada. Utiliza su cerebro para ayudar al cerebro del padeciente, sumido en un círculo viciado por los miedos infundados: miedo al daño, miedo al movimiento, miedo al dolor, miedo a la cronificación, miedo a la incapacidad...

A la pedagogía se le niega el pan y la sal. El profesional es alguien que "hace". No basta la palabra. Recetas, masajes, relajaciones... son necesarias. Dan sentido y justificación a la consulta.

Al padeciente se le niega también inteligencia, capacidad para entender esas cuestiones "tan complicadas", cuestiones que, muchas veces, el profesional que deniega la capacidad ni siquiera se las ha planteado y, desgraciadamente, desconoce o, incluso, desprecia.

La evidencia de la importancia de creencias, miedos y expectativas en el comportamiento del dolor es abrumadora pero se supone que el padeciente va mal porque es él quien construye innecesariamente alarmismos, "catastrofiza". El padeciente se automedica, se autoexplica y se autoatemoriza. El profesional es ajeno a ese proceso. El "cervicalismo" es un constructo ciudadano, algo que el colectivo de padecientes hipocondríacos y deprimidos ha desarrollado en torno a los traumatismos con resultado de flexo-extensión brusca cervical ("latigazo"). Es el padeciente el que suplica que le pongan un collarín cervical y le prohiban mover el cuello unas semanas...

Dos clases de 30 minutos... un folleto... neuronas...

Eso es todo. Ahí es nada.