Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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viernes, 1 de octubre de 2010

Memoria (y olvido) del dolor



Recordar, retener información sobre lo sucedido, es una condición necesaria para sobrevivir. Todos los seres vivos tienen memoria. El mismo estímulo no produce la misma respuesta si se vuelve a aplicar. A veces la reexposición genera una respuesta más viva (sensibilización), y otras lo contrario, indiferencia (habituación).

Si un estímulo irrelevante como el sonido de una campana precede repetidamente a otro significativo como la comida acaba generando una respuesta (reflejo condicionado simple).

Las conductas también se activan o bloquean influidas por la memoria. Si lo que hacemos se sigue repetidamente de una recompensa repetiremos la acción para gratificarnos o la evitaremos para evitar el castigo (condicionamiento operante). A veces la recompensa es el levantamiento del castigo y actuaremos del modo que nos libera de la pena. No hay mayor placer que ese...

La información, las creencias y expectativas, condicionan las respuestas a los estímulos y las conductas. Lo que se dice y cree de la realidad nos influye (condicionamiento cognitivo). Creer es una forma de recordar.

Las memorias neuronales no son rígidas, inamovibles. Están abiertas al cambio, en función de lo que sucede o se cree a lo largo del tiempo... Si no sucede nada relevante aparece la función del olvido, la pérdida de relevancia.

Recordar y olvidar son funciones-decisiones fundamentales. Podríamos recordarlo todo por si acaso  pero acabaríamos bloqueados, bombardeados por la huella aún viva de lo que sucedió a lo largo de toda la vida. Las neuronas procesan continuamente los datos (memoria autobiográfica) para actualizarlos. Actualizar quiere decir reforzar la memoria de lo considerado relevante y eliminar lo considerado irrelevante. Al final lo que recordamos tiene poco que ver con lo sucedido. La memoria y el olvido lo han dejado irreconocible aunque el individuo no sea consciente del engaño: "lo recuerdo como si fuera ayer..."

El dolor también está influído por la memoria. Los sucesos relevantes, propios y ajenos, y lo que se dice, dijo y pensó de ellos, se someten al proceso inevitable del etiquetado de la relevancia, de la memoria-olvido

Las neuronas retienen huellas del pasado suficientes para reactivar dolores pasados (propios y ajenos) y re-presentarlos en la consciencia como si  algo nocivo estuviera sucediendo en ese momento-lugar-circunstancia.

Las memorias-olvidos del dolor son memorias emocionales, llevan el sello de la relevancia, y tienden a reactivarse con cualquier rememoración. Puede ser una fecha, un olor, un suceso ajeno, un lugar...

Los padecientes no tienen en cuenta la posibilidad de que el dolor actual sea sólo eso, un recuerdo de un suceso o una expectativa del pasado, actualizado por cualquier estímulo irrelevante que reactiva lo registrado emocionalmente en la red.

- Tenemos que conseguir que su cerebro olvide, quite relevancias pasadas, presentes y futuras...

- ¿Quiere decir que tengo que olvidarme del dolor, no pensar en él...?

- En absoluto. Tiene que esforzarse en pensar activamente en él tratando de descubrir las irrelevancias. Nada sucede, lo sucedido en el pasado ya debiera ser irrelevante y nada justifica los temores de lo que puede suceder en el futuro...Las memorias emocionales no deben ser evitadas sino procesadas activamente para quitarles hierro, relevancia actual...

No resulta fácil para los padecientes retirar la relevancia a lo retenido en la memoria. 

- YO lo que sé es que antes del accidente no me dolía y desde entonces tengo todos los días dolor... Algo hay ahí, ¡YO que sé! un nervio o un tendón cogido... YO no soy médico...

Los profesionales debemos registrar las memorias, las relevancias reales e imaginadas de los sucesos (propios y ajenos).

El problema del dolor crónico es un problema de memorias vivas que debieran estar muertas. El cerebro de los padecientes de dolor crónico recuerda lo que no debe y no olvida lo que debiera ser olvidado...

El dolor crónico es una narración cerebral errónea, una crónica equivocada a la hora de atribuir relevancias. La memoria autobiográfica somática, la versión que el organismo se da a sí mismo de su vulnerabilidad, mantiene activada la función de aviso al individuo (dolor) para que se conduzca de forma coherente con lo evaluado. Si se piensa que algo debe ser protegido y atendido, o, simplemente recordado, aparecerá el dolor para conseguir la conducta defensiva necesaria.

 Recuerde... olvide...


Quite relevancia a lo que no la tiene...

jueves, 21 de enero de 2010

Memorias del dolor





La red neuronal trabaja de memoria. Cada conexión retiene huellas de sus activaciones y cada estímulo produce una respuesta en la red que está influida por respuestas previas.


Hay muchos tipos de memoria, en función de su cometido y su soporte físico.


Hay memorias conscientes, que podemos sacar a la superficie cuando las solicitamos (a veces se bloquean y se quedan "en la punta de la lengua") y otras operan sin darnos cuenta.


Hay memorias de lo reciente y otras de lo pasado. También hay memorias del futuro, predicciones apoyadas en los datos disponibles.


Hay memorias estables y memorias inestables (se retocan y evolucionan continuamente haciendo poco fiable la veracidad de su contenido).


El cerebro utiliza el sistema de memorias para emular la realidad, simularla internamente apoyada en constataciones y predicciones probabilísticas.


El dolor también está memorizado, sometido a las condiciones del sistema de memorias.


Hay memorias de contenido verídico y otras de contenido falso. El dolor siempre es verídico para quien lo padece. No hay error posible: si duele, duele.


Lo que no siempre es cierto es lo que se concluye a partir de la constatación de que duele: el luego...


Si duele la cabeza puede que algo suceda alli pero no podemos asegurarlo. Sólo podemos constatar que nos duele, que se ha editado la percepción dolorosa y que ello implica que el cerebro ha evaluado amenaza, apoyado en memorias de pasado, datos del presente y previsiones de futuro.


La cronificación del dolor, su repetición en tiempos, lugares y acciones determinados depende casi siempre del encendido de contenidos memorizados referidos a tiempos, lugares y acciones.


Los sucesos del pasado, emocionales o físicos, dejan una huella variable que incluye siempre una valoración sobre su relevancia. Puede que el cerebro no cierre los expedientes, olvide, retire la trascendencia y decida mantener viva la memoria de lo sucedido. Viva quiere decir que evoluciona, se alimenta, crece...


Los sucesos traumáticos (físicos o psíquicos), las enfermedades, lesiones... todo aquello que pudiera afectar teórica o prácticamente) a la integridad del organismo debieran ser archivados, olvidados cuando pierden relevancia.


Lo importante de la memoria es el significado.


El dolor tiene una narración interiorizada, una interpretación. La narración está apoyada en el sistema de memorias y muchas veces es una narración errónea, sesgada por el catastrofismo.


La solución viene por la reconstrucción de los hechos tratando de generar un contenido de memoria, una relevancia, que se corresponda lo más posible con lo que sucede donde duele... que es, en muchos casos... nada amenazante.


El cerebro defiende sus memorias, no las disuelve así como así. Eso explica el fracaso y éxito de las terapias. Cuando se acoplan a lo memorizado (esperado, exigido) suena la flauta.


Recuerde... tiene que olvidar. Tiene que cerrar expedientes que ya no llevan a ningún sitio... mas que a la cronificación estéril y mortificante, al dolor sin daño.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Ya es Navidad en el cerebro de Homo sapiens (ma non troppo)




Homo sapiens (m.n.t.) es un animal sin presente. Su cerebro emulador invade el espacio-tiempo y desborda desde el antes y el después el aquí y el ahora.

El cerebro de los sapiens (m.n.t.) es pre y postvisor. Sabe que la clave para sobrevivir reside en tener buena memoria del pasado, por supuesto, pero también del futuro, de lo que pudiera suceder. Sabe, por ejemplo, por experiencia ajena y consejo de expertos que las cervicales son frágiles y sensibles, que tienden a contracturas y pinzamientos. Sabe que si te dan por detrás en un semáforo estás perdido.

El cerebro sapiens (m.n.t.) está siempre a punto de caramelo. Tiene los síndromes preparados para ser activados por el temido desencadenante, el azote de la especie.

- ¿Y ese collarín?

- Me han dado en un semáforo. Por "lo visto" tengo un esguince cervical. Tengo que llevarlo un par de semanas. Cuando me lo quito veo las estrellas. Me duele a rabiar y me mareo.

- Conozco a uno que también tuvo un esguince cervical como tú, hace ya cinco años. Todavía anda con médicos, en la unidad del dolor, con el psicólogo... Le dicen que no tiene nada...

Puede que el zarandeo del semáforo no haya producido ningún desgarro interno pero sapiens (m.n.t.) no es de los que necesita que sucedan las cosas para sentirlas. Si su cerebro tenía ya dispuesto el síndrome del latigazo cervical basta con que se produzca el latigazo para que se dispare el programa del síndrome. Tiempo es vida. En supervivencia cuentan los milisegundos.

Sapiens (m.n.t.) va tan rápido que a veces se anticipa a los acontecimientos... Los pre-siente.

Una vez recibido el golpetazo con el consiguiente vaivén cefálico, el cerebro sapiens no pierde tiempo y empieza a recordar posibles futuros. El collarín ayuda a mantener la memoria del suceso y de sus consecuencias.

- No se lo quite en un mes. Tome estos antinflamatorios, relajantes musculares y dogmatil por si se marea. No use el ordenador y procure sentarse bien , con la espalda recta...

El cerebro del sapiens sanador (m.n.t.) tiene también el síndrome a punto de caramelo, dispuesto a dispararse como un resorte, tan pronto como le llegue la noticia del suceso, el desencadenante.

- El del box 4 es un accidentado. Le han dado en un semáforo estando parado. Parece que está bien.

- Ponle un collarín y le lleváis a rayos... Tendrá un esguince...
......................

- Tiene un esguince cervical. No se quite el collarín... en un par de semanas.

.....................

Los semáforos desencadenan verdaderos dramas cervicales, no tanto por los destrozos que ocasionan en el cuello como por lo que el cerebro del paciente y sanador imaginan sobre ellos.

La víctima está condenada a vivir con un cuello desarticulado y dolorido, gestionado por un cerebro que no acaba de dar carpetazo al pasado ni al futuro.


Ya están las estrellas y los abetos con sus luces por los hiper... "A Belén pastorés... a Belén chiquitós..."


Ya es Navidad... aunque estemos en Noviembre...




domingo, 15 de noviembre de 2009

¡Que no recaiga!




Lo difícil no es tener éxito sino mantenerlo una vez se ha alcanzado.

- Estuve bien una temporada... pero otra vez estoy como antes...

El dolor, no asociado a daño necrótico, tiene cierta tendencia a desvanecerse cuando le atizamos con una terapia o un cambio de hábitos para reaparecer al cabo de una temporada con nuevos bríos.

El cerebro gusta de reeditar el pasado y el futuro, reponer antiguos modos de evaluar la realidad... aunque fueran erróneos.

La memoria es una función muy disputada entre contrarios.

Cada contenido de memoria es el resultado de la activación de una asamblea de conexiones que se disparan al unísono ante la llegada de un estímulo, externo o interno, real o imaginado, presente o futuro.

Hay más de una respuesta posible para cada lugar y momento y los circuitos neuronales se ven envueltos en una especie de subasta del quién da más, quién se lleva el gato al agua.

El ganador se queda con todo y despliega su resultado en la red, saliendo fortificado con cada éxito. El circuito derrotado no se disuelve sino que permanece atento a la espera de nuevas alianzas que le garanticen un mínimo número de encendidos.

Los cuchicheos y conjuras neuronales no cesan. Pasado, presente y futuro son repasados desde todas las ópticas posibles con y sin el individuo.

La incertidumbre, el recelo, los fantasmas del pasado y del futuro recomponen alianzas sinápticas venidas a menos y las devuelven al teatro de operaciones.

El dolor, como las ganas de fumar, no dejan de ser la consecuencia de un colectivo de conexiones sinápticas que antaño compadreaban de cine hasta que la terapia desbarató los lazos.

Algunos pacientes se vienen abajo cuando tras unos meses de bonanza reaparece, rebrota el síntoma.

- Llevaba cuatro meses y pico sin fumar pero tuve que encender un cigarro y me he puesto otra vez en el paquete diario... ¿No hay nada para no tener ganas de fumar?

- Hay dos soluciones. Una a corto plazo: encender un cigarro. Otra, más definitiva: dejar de fumar...

- Y esto de las ganas de fumar ¿de qué viene? No me parece normal... ¿No se puede hacer nada más? Así, sin más... ¿sólo hablando?

- Es un hábito, una memoria que se ha recompuesto e impone su visión absurda de las cosas... Tendrá que intervenir usted y recomponer el sentido común... El tabaco es un tóxico y su cerebro un pichón.

El sistema neuroinmune nos protege de gérmenes, cánceres, chichones, quemaduras y desgarros pero a veces lo hace a base de pre-verlos donde no hay o habrá (en ese lugar y momento).

- ¿No hay nada para el sentido común? Con todos los adelantos de hoy en día. Oí en saber vivir...

- Conocimiento, experiencia...

- ¡Pues vaya...!

martes, 3 de noviembre de 2009

Recuerdos dolorosos




La memoria es una propiedad fundamental de la vida. Si no recuerdas nada estás perdido.

Las neuronas se organizan en circuitos cuya función es construir memoria de cuanto acontece en momentos y lugares, en presencia de todo tipo de señales que alertan sobre la ocurrencia potencial de algo relevante.
Un componente fundamental de la memoria es el olvido. No tiene sentido retenerlo todo. Hay que seleccionar, separar el trigo de la paja.

Hay varios tipos de memoria, cada uno con una aplicación distinta. La mayoría de ellas opera inconscientemente, de espaldas a la voluntad y percatación del individuo.
Los programas motores, las expectativas y creencias, el impacto emocional de los sucesos pasados y futuros, las percepciones... están memorizadas.

El dolor, en ausencia de daño, está memorizado. Una crisis de migraña está programada y se edita una y otra vez, generalmente con el mismo formato, aun cuando no esté sucediendo nada. Simplemente es un programa perceptivo construido sobre un suceso nocivo imaginado. Cuando el cerebro cree que es oportuno encender la alarma, en ese momento-lugar, tras ese desencadenante, lo hace, reeditando el programa previamente configurado.

Los programas contienen también memorizado el guión exigido al individuo, su conducta. Si no se cumple ese guión, el cerebro aprieta las tuercas hasta que lo consigue. Si está memorizada la exigencia de tomar un calmante o meterse en la habitación con las luces apagadas, el dolor se intensifica si no se obedece.

Lo sucesos nocivos, necróticos (desgarros, compresiones, infecciones, corrosiones...) no tienen guión previo. Los parámetros del dolor son coherentes con la localización, intensidad y persistencia del foco necrótico. El cerebro memoriza el episodio para rumiarlo y extraer conclusiones de cara al futuro. A veces, aun cuando la lesión esté reparada, mantiene activo el programa perceptivo y el dolor sigue ahí en el lugar de los sucesos pasados, alimentando la idea de que no se ha reparado bien.

Gran parte de la memoria se refiere a lo que pudiera suceder. El cerebro memoriza su previsión de futuro y construye programas sobre sucesos imaginados.

La memoria de futuro se apoya sobre convicciones de vulnerabilidad de los tejidos, sobre miedo al daño con nuestras acciones.

Si no modificamos la idea memorizada de vulnerabilidad estamos perdidos. La tozuda memoria de lo que pudiera suceder enciende una y otra vez el programa del miedo, el dolor recordado.

El premio nobel Gerald Edelman habla del presente recordado.

El dolor está memorizado y se mantiene vivo el recuerdo por expectativas y creencias. Creemos en el viento sur y en el chocolate, en los nervios pinzados y superficies articulares rugosas como causa directa del dolor.

El sol se asoma en el horizonte tras "oir" cantar al gallo. No sorprende que el gallo piense que es él quien tira del astro con su kikiriki. Le pierde su memoria y su soberbia.

Al individuo con dolor crónico le pierde la memoria y el miedo al dolor y al daño.

- Olvída que te duele y te dejará de doler...

No haga ni caso es una de tantas falacias sobre dolor. Generalmente produce el efecto contrario: el dolor aprieta un poco más, ofendido por la reflexión del individuo.

- Recuerda que no sucede nada donde duele, olvida esa convicción de vulnerabilidad y, si lo consigues, es probable que la cosa cambie.

- Le hice caso. Pensé que no tenía nada, como usted me dijo, no tomé el calmante y el dolor fué insoportable. Tuve que ir a urgencias a que me pusieran algo en vena... Necesito tomar los calmantes. Sin tomar nada, sólo con palabras es imposible

- Veo que su cerebro tiene buena memoria... Tendríamos que hacer algo para que olvide pero no es fácil. Todos recordamos lo que nos interesa... El miedo refuerza la memoria. Los sucesos temidos son sucesos recordados aun cuando nunca hayan sucedido.


- ¿No han sacado nada para el olvido?

- Pues no. Ahora dicen que hay fármacos para potenciar la memoria. Puede que sea verdad pero no estoy seguro de que sea una buena idea. Hay memorias que debieran disolverse. La del dolor sin daño es una de ellas.

- Desde que me dio eso para la memoria me duele más...

Los pacientes con Alzheimer van olvidando el futuro y por ello van disolviéndose sus dolores recordados... Ya no se quejan a no ser que se hagan daño...

martes, 14 de julio de 2009

¿Falta de concentración?




- Ultimamente no me concentro. Se me olvida todo. He perdido mucha memoria.

- Por ejemplo...

- Sin ir más lejos... el mes pasado... Lo recuerdo perfectamente... Había ido con mi cuñada...

Los relatos sobre "pérdida de memoria y falta de concentración" sorprenden por su precisión. Los olvidos son recordados con todo detalle. Todas las circunstancias del marco en el que se producen son referidos sin titubeos, como si se estuviera produciendo el lapsus en ese momento. La rememoración minuciosa del olvido, sorprendentemente, aumenta la zozobra y la convicción de que la memoria no anda bien.

- Recuerda usted muy bien los olvidos, señora...

- No me los puedo quitar de la cabeza. Todos los días tengo alguno. Ayer mismo...

Es difícil hacerles ver que su relato es una exhibición de buena memoria y mejor concentración... en la retención de episodios de olvido.

- No me parece normal. Antes no se me olvidaba nada. Lo tenía todo en mi cabeza y sacaba las tareas sin problemas. Ahora no me concentro. Comienzo con una cuestión y se me va la cabeza...

- ¿A dónde?

- No lo sé pero tengo que esforzarme para mantener la atención en lo que estoy haciendo.

La mente es una facultad muy disputada. Dispone de menos recursos de los que pensamos y los concentra en una sola tarea. Los ámbitos de relevancia pelean entre sí para hacerse con la atención.

A veces lo que preocupa es la calidad de la mente y esta no hace mas que mirarse al espejo tratando de captar arrugas y defectos. Mientras tanto, la casa sin barrer.

Si lo que le preocupa a la mente es su calidad, fijará obsesivamente su foco atencional en la detección de olvidos y en la capacidad de concentrarse en una tarea imposible: trabajar en el ordenador vigilando angustiadamente por si se producen fallos. Es como tratar de dar un concierto pendiente de lo que hacen los dedos. El pianista cometerá cada vez más fallos, que recordará perfectamente.

- Ya no recuerdo las partituras. No me concentro en la ejecución. De repente me quedo en blanco. Ayer mismo... en un pasaje que nunca me había dado problemas, no sabía...

- Olvídese de las manos y piense en música. Usted no toca el piano. Es su cerebro. Deje que sea él el que dé el concierto.

La obsesión por los resultados, la incertidumbre sobre nuestro organismo, desvía nuestra atención del contenido de las tareas a una inspección angustiada sobre la calidad del rendimiento. Nos concentramos en captar nuestros fallos. Perdemos automatismo. Sustituimos a nuestro cerebro para hacernos cargo de cuestiones para las que no estamos capacitados.

- Se me olvidó bajarme del autobús en mi parada.

- ¿En qué iba pensando?

- No me acuerdo. Se me olvida todo, ya le he dicho...

Cuando surge la desconfianza en la capacidad, se reorganizan los focos de atención. El cerebro se concentra en contabilizar fallos y deja de facilitar recursos para las tareas que nos interesan. Vemos la botella medio vacía. El problema deriva de una excesiva concentración en la función de vigilancia y retención de olvidos.

Demasiada concentración y memoria.

- Tiene que concentrarse menos. Olvídese de sus olvidos y recordará normalmente, es decir, sólo lo justo para poder trabajar. Lo ideal es librarse de todo lo irrelevante. Contabilizar minuciosamente su rendimiento intelectual es irrelevante. Sabemos que su capacidad es normal. Confíe.

- No me convence... Yo antes recordaba todo y no se me iba el santo al cielo o al infierno...

- Tiene razón. Su memoria ha empeorado. Ha perdido confianza. Sin ella no chuta.

- ¿No me puede dar nada para la confianza?

- Hay cuestiones que se escapan a la química...

domingo, 12 de abril de 2009

Incertidumbre


El cerebro es un órgano seleccionado para minimizar la sorpresa. Cada neurona, cada circuito, realiza un trabajo continuo de integración de datos cuyo objetivo es el de construir hipótesis (abducir) sobre el futuro a corto, medio  y largo plazo. 

Repasamos obsesivamente el pasado para intentar dar con las claves del futuro (memoria de futuro). Calculamos posibilidades y probabilidades teóricas de las que surgen decisiones más o menos racionales. 

La obsesión por minimizar la incertidumbre nos ha traído evolutivamente hasta la civilización actual, un entorno garantista en el que tenemos asegurados sustento, cobijo y amparo social. A pesar de ello, la pulsión biológica de optimizar certezas nos empuja obsesivamente a un consumismo irracional por su sobredimensionamiento.   

Una vez conseguidas las certezas externas, el instinto garantista se centra en minimizar sorpresas en el interior. El cerebro desteje y teje la historia teórica de nuestras entrañas tratando de conseguir unas mínimas certezas sobre su salud. 

La incertidumbre interna es un hueso duro de roer. Los sentidos internos no se proyectan directamente sobre la consciencia. No vemos, oímos, degustamos, palpamos ni olemos el interior. Es un universo silencioso, opaco. 

El silencio interno es un indicador de que todo va bien pero sabemos que puede tratarse de una calma engañosa. Los contratiempos propios y ajenos y las prédicas agoreras de los expertos crean un caldo de cultivo cada vez más inclinado hacia las previsiones pesimistas. 

El cerebro es un órgano alarmista, fácilmente emocionable y sugestionable. Si  el desasosiego neuronal alcanza el umbral se disparan las alarmas y los programas de alerta. Estalla la tormenta migrañosa. 

La civilización ha resuelto la incertidumbre externa pero ha propiciado a la vez el sobredimensionamiento de la interna: el dolor, un programa seleccionado para activarse excepcionalmente, con ocasión de episodios consumados o inminentes de muerte celular violenta, se activa ahora por la incertidumbre generada por una tableta de chocolate o unas tenues ráfagas de viento Sur. 

                         El hambre se ceba con los obesos y el dolor con los sanos. 


                                     La incertidumbre no mata pero engorda y hace sufrir.