| Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología. | We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology. |
martes, 14 de septiembre de 2010
Proceso a la información / Process to information
viernes, 23 de julio de 2010
La "mala circulación"
viernes, 29 de enero de 2010
Programas
Para los temas que nos ocupan en este blog es útil considerar a la red neuronal como un complejo sistema informático biológico conectado a una red que emite información de fiabilidad incierta.
La red neuronal contiene programas. Responde a los estímulos, lugares y momentos con percepciones, acciones y emociones previamente configuradas.
La percepción de hambre, calor, frío, cansancio, desánimo, dolor, angustia, pánico, aburrimiento, alegría... está programada, configurada ya antes de contactar con el entorno.
Cada percepción tiene una amplia gama de matices que se van perfilando a golpe de procesamiento de información y experiencia. Los expertos llevan descritos ya más de un centenar de tipos de dolor de cabeza, en función de su localización, cualidad, intensidad, modo de aparición, persistencia, frecuencia y supuesto desencadenante.
Podría haber también expertos clasificadores de tipos de calor, aburrimiento, picor, hambre o cualquier otra percepción pero no les ha dado por ahí...
Los programas se han ido configurando genéticamente a golpe de evolución. Han sido seleccionados por la sencilla razón de que han demostrado su utilidad para sobrevivir.
Cada programa perceptivo consigue o, al menos, pretende, una conducta del individuo con un propósito, aversivo o apetitivo. Conseguir comida sin ser comido.
El programa dolor tiene la virtud de obligarnos a atender una zona potencialmente dañada y a protegerla evitando su utilización.
Cuando la amenaza es externa el dolor se acopla a un programa motor de evitación, de apartar la mano del pincho y de la cazuela demasiado caliente.
Si el peligro es interno el programa dolor promueve la inmovilidad, la suspensión de los propósitos del individuo a favor de los intereses de la seguridad de los tejidos.
Lo fundamental de los programas es el encendido. El cuándo, cuánto y dónde de su puesta en acción.
Hay dos tipos de dolor de cabeza y de cualquier otra zona:
1- El dolor con encendido justificado.
2- El dolor no justificado
El dolor justificado se ha disparado porque la red ha detectado un estado-agente con capacidad destructiva.
El dolor no justificado se pone en marcha por previsión de peligro, por miedo somático a que en un lugar, momento, acción (o, simplemente, propósito) se destruya tejido.
El dolor, justificado o no, se edita en las mismas zonas cerebrales, al igual que un dispositivo de seguridad que ha saltado, justificada o injustificadamente, lo hace activando el mismo programa de alerta.
El profesional debe establecer en cada caso si el programa dolor está debidamente justificado por un episodio de necrosis (destrucción violenta de tejidos) o, en su ausencia, obedece a una evaluación alarmista cerebral que atribuye absurdamente a todo tipo de contingencias internas y externas una peligrosidad que no tienen.
- Me duele
- No tiene nada. Es todo normal.
- ¿Entonces...?
Aquí el profesional y el paciente debieran sacar la conclusión correcta:
- Si no hay nada, es que el cerebro gestiona de forma alarmista, supersticiosa, la seguridad del organismo.
- Vale. Me quedo tranquilo. Ya me ocuparé de que mi cerebro recupere la confianza.
Habitualmente la conclusión que derivan del "me duele-es todo normal" es:
- Serán los nervios, el estrés, anda el tiempo revuelto o una de las múltiples opciones que la cultura ofrece como "causas" del dolor...
o...
- Tiene desgaste, contracturas, "hernias de disco", tensión alta, osteoporosis o cualquier otra etiqueta "diagnóstica" de las muchas que la cultura de los sanadores ofrece para gustos de consumidores y proveedores...
Hay una tercera y peligrosa opción: la de las enfermedades misteriosas, emergentes, derivadas, según se propone, del tumulto de la vida moderna con su ajetreo, contaminación, escaso ejercicio y comida basura que perturba de forma global el organismo ( psiconeuroinmunoendocrinosocioambientobromoergonomiofascioartroosteopatías).
Las enfermedades emergentes se dotan como primera instancia de una etiqueta diagnóstica y se lanzan al ruedo de la lucha por el label de enfermedad biológica. De otro modo se les cuelga el San Benito del origen psicológico.
Existe un voluminoso apartado de síndromes, con y sin etiqueta, que son debidos a encendido injustificado de programas defensivos.
No debiera resultar tan complicado hacérselo saber a profesionales y ciudadanos que la red informática neuronal comete errores de evaluación de peligro y que pueden y deben ser detectados y corregidos.
Nada hace pensar que vayan a ir por ahí los tiros. No interesa a casi nadie. Es más productivo para todos mantener el status actual.
Los pacientes, acuciados por el sufrimiento y adoctrinados por la cultura siguen confiando en que se demuestre que están enfermos "realmente" y que se descubra la terapia que les devuelva la salud perdida. Mientras, los expertos de lo emergente sostienen que "no hay curación".
- Está usted sano. Enhorabuena. Espero que su cerebro lo crea y le deje llevar una vida normal... ¡Suerte!
jueves, 10 de diciembre de 2009
Cerebro hipocondríaco y cultura de enfermedad
Los seres vivos odian, temen, la muerte. Por eso no le pierden ojo.
Para evitar la muerte hay que verla a distancia pero hay muertes invisibles que sólo se ven cuando ya las tenemos dentro. De ahí que el cerebro desconfíe de lo desconocido. No se fía de nada y hace caso a todo aquél que señala algo como peligroso.
Piensa mal y sobrevivirás...
El cerebro, como todo agente defensivo que se precie, es hipocondríaco. Todo es potencialmente peligroso mientras no se demuestre lo contrario. Un vigilante de un hiper no debe fiarse de las apariencias y debe desconfiar de todos los ciudadanos. Los cacos no suelen ponerse un antifaz ni un pañuelo en la boca para facilitar su identificación. Intentan lo contrario: aparentar bonhomía.
Homo sapiens (ma non troppo) tiene el planeta hecho unos zorros con todos los vertidos del consumo desmesurado. Puede que lo que tocamos, comemos y respiramos esté sembrado de muerte invisible, de tóxicos y malos bichos.
Homo sapiens (m.n.t.) no sólo vierte en la atmósfera tóxicos y malos bichos. También segrega información alarmista, degradable (falsable) y no degradable. La no degradable es como los tóxicos, algunos virus y las bolsas de plástico. Se acumula en la biosfera y el cerebro la aspira ávidamente para engordar su natural hipocondríaco. Una vez fijada en la grasilla neuronal, cuesta deshacerse de ella.
La información alarmista está a veces bien fundada y muchos sapiens (m.n.t.) la desprecian olímpicamente, permitiendo así irresponsablemente que sus entrañas estén tocadas por letalidad anticipada.
Otras veces las alarmas son falsas y pueden encubrir incluso intenciones de mercado, fácil mercado, el del miedo a la muerte.
¿Cómo saber cuándo la información es fiable y debe fijarse a la grasa cerebral para convertirse en no degradable (convicciones) y cuándo debe eliminarse sin contemplaciones?
No lo sé. Solo sé que el cerebro es hipocondríaco y que hay mucha información alarmista que el cerebro aspira ávidamente y la fija para defenderla después a capa y espada.
¿Qué dice la Ciencia? La Ciencia es una cortesana que hace carantoñas al que le invita a una copa. Tiene datos para todos, para sancionar en su nombre una afirmación y su contraria.
El cerebro hipocondríaco tiene un mando a distancia para encender programas de "peligro de muerte". Cuando olfatea peligro, por mor de alguna información alarmista (fundada o no) aprieta los botones que proyectan hacia el individuo la percepción de enfermedad.
A partir del encendido de los programas de "sentirse enfermo", amenazado de muerte incierta más o menos probable, el individuo se incorpora al gabinete de crisis y participa activamente en los esfuerzos por desvelar la enfermedad a la vez que se comporta como un enfermo, obligado por el programa "enfermedad" que tiene la virtud de incitar-obligar al paciente a conducirse como un enfermo.
No sé si temer más a la enfermedad invisible o a mi cerebro hipocondríaco. Probablemente sea temerario reírse de las dos condiciones.
Sólo sé que el cerebro es hipocondríaco y que estamos perdiendo el respeto a criar y difundir información alarmista, con unos cuantos sellos de label científico que puede que el tiempo los valide o invalide cuando ya sea demasiado tarde.
¡Ay si hubiera hecho caso antes!
¡Ay, por qué les haría caso!
Insisto. El cerebro es hipocondríaco y hay mucha información alarmista que campa a sus anchas vendiendo la piel del oso antes de cazarlo. El problema es saber dónde está la verdad. Yo no lo sé aun cuando tengo mis corazonadas-cerebradas...
domingo, 1 de noviembre de 2009
El cerebro es muy complejo. Me convence más...

Con las explicaciones sobre el papel de la red neuronal en la gestión de los programas de dolor, cansancio y desánimo pasa lo que con las comidas. Si vamos a un restaurante pensando en comida tradicional y el chef nos sirve un plato de apariencia exótica y sabor inusual puede que nos comamos los ingredientes más o menos conocidos y apreciados y dejemos el resto esparcido por el plato... tratando de disimular...
viernes, 23 de octubre de 2009
La información no tiene quien la informe

Considero que los llamados síndromes sin explicación médica en el que se engloban muchos padecimientos, algunos con etiqueta (migraña, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, síndrome de sensibilidad química múltiple, colon irritable, vulvodinia, cistitis intersticial...) y otros sin ella, son secundarios a una disfunción cerebral que yo denomino disfunción cerebral evaluativa y que equiparo a la disfunción evaluativa inmune, responsable de las alergias y enfermedades autoinmunes.
miércoles, 13 de mayo de 2009
Fibromialgia, cuestión de cerebro


