Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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martes, 14 de septiembre de 2010

Proceso a la información / Process to information

Es inevitable, en esta época informática que vivimos, la metáfora del cerebro como procesador de información.

- El cerebro es como un ordenador. Procesa la información.

Hay padecimientos (migraña, fibromialgia) caracterizados por dolor crónico o repetitivo en los que no se encuentra ninguna alteración que explique debidamente los síntomas. Al padeciente se le facilitan etiquetas diagnósticas, oscuras hipótesis sobre su origen e insuficiente alivio con los remedios. 

Los expertos acaban encontrando alteraciones moleculares que apuntan a que algo indebido sucede en la red neuronal y echan mano de la metáfora...

- El cerebro procesa mal la información. Convierte los estímulos banales en dolorosos... Todo se vuelve dolor.

Si uno se interesa por la información en sí, sobre su calidad, los expertos lamentan...

- Hay poca información. Debiéramos organizar campañas de sensibilización... explicar con claridad las oscuridades del problema...

- Le informo: la migraña... la fibromialgia... son enfermedades de origen misterioso... no tienen curación...

Los padecientes sienten alivio por disponer de una etiqueta... para sumirse más adelante en la desesperanza al comprobar que la información les condena a residir en un organismo regido por un cerebro patológico, enfermo, que convierte lo cotidiano en un infierno.

- Su cerebro procesa mal la información. Es hiperexcitable, sensible... Los genes, las emociones, el estrés... lo han hecho así...

Los padecientes no hacen preguntas sobre la información. No la cuestionan. Los expertos tampoco, claro. Son ellos los padres de la criatura.

Quizás alguna mente desvariada pudiera recelar de cuanto se dice...

- ¿No podría darse el caso de que el problema estuviera en la información... no sé... perdone... no me interprete mal... que no fuera... digamos... buena?

- Nuestra información es científica. Desde la Ciencia, sabemos que no sabemos nada pero estamos identificando moléculas que no dan la talla...

- Se me ocurre pensar que... bueno... pensando en los ordenadores... que los cerebros tuvieran... virus. Un cerebro es como un ordenador... conectado a una red en la que circula libremente la información...

- Bueno... eso sucede en las películas. En el cerebro real sólo hay moléculas: serotonina, dopamina, noradrenalina, endorfinas, endocannabinoides, glutamato, genes... por supuesto... No hay chips ni circuitos ni cosas por el estilo. No somos robots... 

- ¿Debo fiarme entonces de su información como experto?

- Es la mejor de las posibles... 

¿Realmente es el cerebro responsable? ¿Procesa pésimamente la mejor de las informaciones posibles... o... quizás... es sólo una idea... pudiera darse el caso de que procesara excelentemente una pésima información... la peor de las posibles...?

¿No habría que abrir un proceso a la información en vez de al procesamiento?

- ¿Sugiere que somos los expertos el problema... que... habría que procesarnos?

- Era sólo una hipótesis... 


***



The metaphor of the brain as an information processor, in this computer era we live in, is inevitable.

- The brain is like a computer. It processes information.

There are sufferings (migraine, fibromyalgia) characterized by chronic or repetitive pain in which no alterations that explain properly the symptoms are found. The sufferer is given diagnostic labels, obscure hypotheses about its origin and insufficient relief remedies.

Experts have just found molecular alterations that suggest that something wrong happens in the neural network and use the metaphor.

- The brain processes information wrong. Turns banal stimuli into painful. Everything becomes pain.

If someone is interested in the information itself, in its quality, the experts say ...

- There is not much information. We should organize sensitization campaigns, explain clearly the obscurities of the problem.

- I inform you: migraine, fibromyalgia... are diseases with a mysterious origin, they have no cure ...

The sufferers feel relieved when they’re given a label, to later plunge into despair when they realize that the information condemns them to live in a body governed by a pathological brain, sick, making daily life a living hell.

- Your brain processes information wrong. It’s hyper-excitable, sensitive. Genes, emotions, stress... have made it that way.

The sufferers don’t ask about information. Neither do experts, of course. They are “the parents of the child”.

Perhaps some rambling mind could be skeptical about this.

- Couldn’t it be that the problem is in the information? I don’t know... Sorry, don’t misunderstand me... but couldn’t it be that the information is not... let’s say... good?

- Our information is scientific. From science, we know that we know nothing but we are identifying molecules that don’t measure up.

- It occurs to me that, well... thinking about computers... that brains have... viruses. A brain is like a computer, connected to a network in which information flows freely.

- Well... that happens in movies. In the real brain there are only molecules: serotonin, dopamine, norepinephrine, endorphins, endocannabinoids, glutamate, genes... of course, there are no chips or circuits. We are not robots.

- Should I confide then in your information as an expert?

- It is the best possible one.

Is the brain really the responsible one? Does it process badly the best possible information? Or maybe, this is just an idea... could it be that it processes excellently the worst possible information?

- Are you suggesting that we are the experts the problem? That we should be processed?

- It was just a hypothesis ...

viernes, 23 de julio de 2010

La "mala circulación"



Los individuos celulares del organismo necesitan para sobrevivir un servicio que les provea de alimento y elimine sus desperdicios.

Una red de tuberías se encarga de que los alimentos lleguen a todos los rincones y de que las basuras sean recogidas y eliminadas.

Es sabido que tenemos arterias, arteriolas, capilares, vénulas y venas por todas partes como también es sabido que las casas tienen conducciones de agua y alcantarillado.

A este conjunto de tuberías se le conoce como "la circulación". Como todo en esta vida, "la circulación" puede ser buena y mala.

Hay muchos padecientes que se quejan de su "circulación".

- Tengo "mala circulación"...

- Y eso... ¿qué es?

- Usted sabrá, que es el médico...

Pues no, no sé qué es eso de la "mala circulación". Tampoco sé qué querría decir tener "mala respiración" o "mala digestión"...

El problema de la circulación puede aparecer en piernas, brazos y cabeza (aquí le llaman, curiosamente, riego) pero no en tórax ni abdomen. No he oído nunca quejarse a alguien de tener mala circulación en las tripas o en el pecho.

En las piernas la "mala circulación", sea lo que sea lo que se entiende con ello, produce todo tipo de quejas: hormigueos, cansancio, dolorimiento, frío, calor, desasosiego en reposo...

En brazos, la circulación deficiente produce hormigueos (en dura competición con "las cervicales"), frialdad...

En la cabeza la falta de riego da lugar, según se dice, a olvidos, mareo, falta de concentración...

Hay una oferta generosa de remedios para activar "la circulación". A pesar de ello cuesta conseguir el mínimo circulatorio.

Los padecientes con "mala circulación" son enviados a los especialistas de "la circulación", los cirujanos vasculares o angiólogos, quienes habitualmente dictaminan que "de la circulación no es" y los remiten al "de cabecera" quien, en vista de que "no es de la circulación", reenvia el problema en muchas ocasiones al neurólogo.

Nosotros comprobamos que en las piernas los cables funcionan (los reflejos, la fuerza, la sensibilidad...) y dictaminamos que "de los nervios tampoco".

La respiración, la digestión, la circulación... grandes cuestiones somáticas...

¿Y la información? ¿No es acaso una importante función somática?

Sí, lo es, sin duda. Hay buena información somática y mala.

- Tiene usted "mala información"...

No existen remedios en el mercado para la "mala información". No hay fármacos, hierbas, infusiones, productos homeopáticos, agujeos, masajes ni cirugías...

- Vale, pues deme algo para "la información"...

- Le explico... las neuronas, el cerebro...

- No me sirve. YO necesito algo que me solucione los dolores...

No sé qué carajo es eso de la "mala circulación" ni lo de la "mala digestión" pero sí tengo claro lo que es la "mala información". Está detrás de muchos padecimientos confusamente etiquetados.

- Tiene usted "mala información"... Le explico...

- Le escucho, doctor, infórmeme...

viernes, 29 de enero de 2010

Programas




Para los temas que nos ocupan en este blog es útil considerar a la red neuronal como un complejo sistema informático biológico conectado a una red que emite información de fiabilidad incierta.


La red neuronal contiene programas. Responde a los estímulos, lugares y momentos con percepciones, acciones y emociones previamente configuradas.


La percepción de hambre, calor, frío, cansancio, desánimo, dolor, angustia, pánico, aburrimiento, alegría... está programada, configurada ya antes de contactar con el entorno.


Cada percepción tiene una amplia gama de matices que se van perfilando a golpe de procesamiento de información y experiencia. Los expertos llevan descritos ya más de un centenar de tipos de dolor de cabeza, en función de su localización, cualidad, intensidad, modo de aparición, persistencia, frecuencia y supuesto desencadenante.


Podría haber también expertos clasificadores de tipos de calor, aburrimiento, picor, hambre o cualquier otra percepción pero no les ha dado por ahí...


Los programas se han ido configurando genéticamente a golpe de evolución. Han sido seleccionados por la sencilla razón de que han demostrado su utilidad para sobrevivir.


Cada programa perceptivo consigue o, al menos, pretende, una conducta del individuo con un propósito, aversivo o apetitivo. Conseguir comida sin ser comido.


El programa dolor tiene la virtud de obligarnos a atender una zona potencialmente dañada y a protegerla evitando su utilización.


Cuando la amenaza es externa el dolor se acopla a un programa motor de evitación, de apartar la mano del pincho y de la cazuela demasiado caliente.


Si el peligro es interno el programa dolor promueve la inmovilidad, la suspensión de los propósitos del individuo a favor de los intereses de la seguridad de los tejidos.


Lo fundamental de los programas es el encendido. El cuándo, cuánto y dónde de su puesta en acción.


Hay dos tipos de dolor de cabeza y de cualquier otra zona:


1- El dolor con encendido justificado.


2- El dolor no justificado


El dolor justificado se ha disparado porque la red ha detectado un estado-agente con capacidad destructiva.


El dolor no justificado se pone en marcha por previsión de peligro, por miedo somático a que en un lugar, momento, acción (o, simplemente, propósito) se destruya tejido.


El dolor, justificado o no, se edita en las mismas zonas cerebrales, al igual que un dispositivo de seguridad que ha saltado, justificada o injustificadamente, lo hace activando el mismo programa de alerta.


El profesional debe establecer en cada caso si el programa dolor está debidamente justificado por un episodio de necrosis (destrucción violenta de tejidos) o, en su ausencia, obedece a una evaluación alarmista cerebral que atribuye absurdamente a todo tipo de contingencias internas y externas una peligrosidad que no tienen.


- Me duele


- No tiene nada. Es todo normal.


- ¿Entonces...?


Aquí el profesional y el paciente debieran sacar la conclusión correcta:


- Si no hay nada, es que el cerebro gestiona de forma alarmista, supersticiosa, la seguridad del organismo.


- Vale. Me quedo tranquilo. Ya me ocuparé de que mi cerebro recupere la confianza.


Habitualmente la conclusión que derivan del "me duele-es todo normal" es:


- Serán los nervios, el estrés, anda el tiempo revuelto o una de las múltiples opciones que la cultura ofrece como "causas" del dolor...


o...


- Tiene desgaste, contracturas, "hernias de disco", tensión alta, osteoporosis o cualquier otra etiqueta "diagnóstica" de las muchas que la cultura de los sanadores ofrece para gustos de consumidores y proveedores...


Hay una tercera y peligrosa opción: la de las enfermedades misteriosas, emergentes, derivadas, según se propone, del tumulto de la vida moderna con su ajetreo, contaminación, escaso ejercicio y comida basura que perturba de forma global el organismo (
psiconeuroinmunoendocrinosocioambientobromoergonomiofascioartroosteopatías).


Las enfermedades emergentes se dotan como primera instancia de una etiqueta diagnóstica y se lanzan al ruedo de la lucha por el label de enfermedad biológica. De otro modo se les cuelga el San Benito del origen psicológico.


Existe un voluminoso apartado de síndromes, con y sin etiqueta, que son debidos a encendido injustificado de programas defensivos.


No debiera resultar tan complicado hacérselo saber a profesionales y ciudadanos que la red informática neuronal comete errores de evaluación de peligro y que pueden y deben ser detectados y corregidos.


Nada hace pensar que vayan a ir por ahí los tiros. No interesa a casi nadie. Es más productivo para todos mantener el status actual.


Los pacientes, acuciados por el sufrimiento y adoctrinados por la cultura siguen confiando en que se demuestre que están enfermos "realmente" y que se descubra la terapia que les devuelva la salud perdida. Mientras, los expertos de lo emergente sostienen que "no hay curación".


- Está usted sano. Enhorabuena. Espero que su cerebro lo crea y le deje llevar una vida normal... ¡Suerte!

jueves, 10 de diciembre de 2009

Cerebro hipocondríaco y cultura de enfermedad






Los seres vivos odian, temen, la muerte. Por eso no le pierden ojo.


Para evitar la muerte hay que verla a distancia pero hay muertes invisibles que sólo se ven cuando ya las tenemos dentro. De ahí que el cerebro desconfíe de lo desconocido. No se fía de nada y hace caso a todo aquél que señala algo como peligroso.


Piensa mal y sobrevivirás...


El cerebro, como todo agente defensivo que se precie, es hipocondríaco. Todo es potencialmente peligroso mientras no se demuestre lo contrario. Un vigilante de un hiper no debe fiarse de las apariencias y debe desconfiar de todos los ciudadanos. Los cacos no suelen ponerse un antifaz ni un pañuelo en la boca para facilitar su identificación. Intentan lo contrario: aparentar bonhomía.


Homo sapiens (ma non troppo) tiene el planeta hecho unos zorros con todos los vertidos del consumo desmesurado. Puede que lo que tocamos, comemos y respiramos esté sembrado de muerte invisible, de tóxicos y malos bichos.


Homo sapiens (m.n.t.) no sólo vierte en la atmósfera tóxicos y malos bichos. También segrega información alarmista, degradable (falsable) y no degradable. La no degradable es como los tóxicos, algunos virus y las bolsas de plástico. Se acumula en la biosfera y el cerebro la aspira ávidamente para engordar su natural hipocondríaco. Una vez fijada en la grasilla neuronal, cuesta deshacerse de ella.


La información alarmista está a veces bien fundada y muchos sapiens (m.n.t.) la desprecian olímpicamente, permitiendo así irresponsablemente que sus entrañas estén tocadas por letalidad anticipada.


Otras veces las alarmas son falsas y pueden encubrir incluso intenciones de mercado, fácil mercado, el del miedo a la muerte.


¿Cómo saber cuándo la información es fiable y debe fijarse a la grasa cerebral para convertirse en no degradable (convicciones) y cuándo debe eliminarse sin contemplaciones?


No lo sé. Solo sé que el cerebro es hipocondríaco y que hay mucha información alarmista que el cerebro aspira ávidamente y la fija para defenderla después a capa y espada.


¿Qué dice la Ciencia? La Ciencia es una cortesana que hace carantoñas al que le invita a una copa. Tiene datos para todos, para sancionar en su nombre una afirmación y su contraria.


El cerebro hipocondríaco tiene un mando a distancia para encender programas de "peligro de muerte". Cuando olfatea peligro, por mor de alguna información alarmista (fundada o no) aprieta los botones que proyectan hacia el individuo la percepción de enfermedad.


A partir del encendido de los programas de "sentirse enfermo", amenazado de muerte incierta más o menos probable, el individuo se incorpora al gabinete de crisis y participa activamente en los esfuerzos por desvelar la enfermedad a la vez que se comporta como un enfermo, obligado por el programa "enfermedad" que tiene la virtud de incitar-obligar al paciente a conducirse como un enfermo.


No sé si temer más a la enfermedad invisible o a mi cerebro hipocondríaco. Probablemente sea temerario reírse de las dos condiciones.


Sólo sé que el cerebro es hipocondríaco y que estamos perdiendo el respeto a criar y difundir información alarmista, con unos cuantos sellos de label científico que puede que el tiempo los valide o invalide cuando ya sea demasiado tarde.


¡Ay si hubiera hecho caso antes!


¡Ay, por qué les haría caso!


Insisto. El cerebro es hipocondríaco y hay mucha información alarmista que campa a sus anchas vendiendo la piel del oso antes de cazarlo. El problema es saber dónde está la verdad. Yo no lo sé aun cuando tengo mis corazonadas-cerebradas...

Lo más alarmante, en cualquier caso, es la falta de información sobre el carácter hipocondríaco de nuestro cerebro y el alarmismo de una información que nadie parece querer contener.

domingo, 1 de noviembre de 2009

El cerebro es muy complejo. Me convence más...




Con las explicaciones sobre el papel de la red neuronal en la gestión de los programas de dolor, cansancio y desánimo pasa lo que con las comidas. Si vamos a un restaurante pensando en comida tradicional y el chef nos sirve un plato de apariencia exótica y sabor inusual puede que nos comamos los ingredientes más o menos conocidos y apreciados y dejemos el resto esparcido por el plato... tratando de disimular...

Los pacientes esperan explicaciones coherentes con sus expectativas y al encontrarse con ideas "raras", reculan, cierran la boca y no hay forma de que la abran para probar bocado.

- No me ha convencido. Es muy complicado.

El cerebro tiene el sanbenito exclusivo de órgano complejo e inaccesible. No apetece probarlo.

El resto del organismo y su interacción con el entorno se entiende bien: huesos descalcificados, articulaciones rugosas, músculos cansados, serotoninas, genes, hormonas, infecciones mal curadas, tóxicos ambientales, dietas, defensas, males de ojo, meridianos energéticos, la homeopatía, emociones mal gestionadas, fármacos, hierbas, el diafragma, vértebras montadas, nudos, tendones cogidos, nervios pinzados, vientos y humedades, cuartos menguantes, conjunciones astrales...

Eso se entiende bien. Duelen aunque no dañen... curiosa propiedad, al parecer, no necesitada de más explicaciones que la de su enunciación.

- Me duele pero es que ha salido viento Sur...

Ningún problema. Todo explicado. Sin complicaciones.

La cultura sapiens (ma non troppo) sobre organismo y sus vulnerabilidades contiene un curioso conjunto de dogmas a la carta. Una vez seleccionados por el infalible mecanismo de su simplicidad y aparente utilidad se defienden contra viento y marea como si de los colores de un club de fútbol se tratara.

- "Soy d'er Beti manque pierda"

- "Soy de los cambios de tiempo manque duelan"

Francis Crick estableció en 1970 el "Dogma Central de la Biología": la información sólo va del ADN al ARN y a la proteína. Todo está en el genoma. Allí está el "libro de la vida"...

Al Dogma Central le han encontrado grietas y no parece tan sólido como presumía Crick. Probablemente es falso (eso dicen cada vez más voces autorizadas).

Los dogmas de la Ciencia duran poco, cada vez menos. Como para fiarse...

Los dogmas culturales disfrutan de una salud sobrenatural. Nada prevalece contra ellos. Parecen fortalecerse con el paso de los milenios... Dan más seguridad.

- Lo dijeron ya los babilonios que son los que realmente sabían...

- ¿Dolor y cerebro? ¿Pero qué me dice? Usted no se ha enterado. Son los genes...

Hay un interesante número de la revista Annals Of the New York Academy of Science 1178, 6-28 (2009). Describe el comportamiento de una colonia de bacterias en condiciones inciertas como un organismo pluricelular, con información, procesamiento, cognición y toma de decisión. La conducta de la colonia no es explicable por el genoma sino por la información que emerge de la interacción de los miembros de la colonia con el entorno y entre ellos mismos. El genoma no contiene, prefijadas, las respuestas.

Los genes no sirven para explicar por sí mismos la conducta de una colonia en una placa de Petri de un laboratorio pero, por lo que se dice, sí para dejar todo meridianamente claro respecto a la conducta de sapiens (m.n.t.).

La genética bacteriana incluye mecanismos de interacción con el entorno que permiten aprender a aprender.

Por lo visto Homo sapiens sapiens no necesita aprender a aprender porque sabe que saben todo sus tutores favoritos. Dicen los más "científicos" que se va sabiendo que son los genes los que se lo saben ya todo y toman las decisiones correctas, si son los adecuados. Ya prometen tiendas genómicas donde podremos actualizar nuestra tarjeta adaptándola a las nuevas maravillas de la ingeniería genética... Todo el genoma a rebosar de genes exclusivos, sabiondos.

Las bacterias nos van a ganar la partida porque saben que no saben y se dejan aprender.

A nosotros se nos está olvidando aprender... y que para eso hay que estudiar, equivocarse y corregir. Aprender a desaprender lo aprendido, lo señalado por los dogmas de la cultura.

P.D.
Hay un extraño caso de supervivencia de un dogma aparentemente científico pero posiblemente cultural: el Dogma-til. Afloró allá por 1960 y sigue más vivo que nunca a pesar de la competencia de fármacos más fundamentados, sustentado por un axioma inamovible para el clínico:

Mareo = Dogma-til




viernes, 23 de octubre de 2009

La información no tiene quien la informe



Considero que los llamados
síndromes sin explicación médica en el que se engloban muchos padecimientos, algunos con etiqueta (migraña, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, síndrome de sensibilidad química múltiple, colon irritable, vulvodinia, cistitis intersticial...) y otros sin ella, son secundarios a una disfunción cerebral que yo denomino disfunción cerebral evaluativa y que equiparo a la disfunción evaluativa inmune, responsable de las alergias y enfermedades autoinmunes.

Las neuronas aparecen evolutivamente después que el sistema inmune pero comparten función y mensajería con él, actuando de forma absolutamente integrada.

"Las defensas" pueden estar excesivamente altas o excesivamente bajas.

Si pensamos exclusivamente en el sistema inmune como responsable de "la defensa" deduciremos que, en el primer caso (defensas altas), nos estamos refiriendo al problema de la alergia y las enfermedades autoinmunes y en el segundo el de las inmunodeficiencias (congénitas y adquiridas).

Probablemente no caemos en la cuenta, porque nadie nos lo ha hecho saber, que la red neuronal también participa en "la defensa", generando, al igual que su antecesor, el sistema inmune, estados defensivos altos o bajos.

Las defensas neuronales bajas se producen cuando la red neuronal del sentido del daño, las neuronas nociceptivas, quedan dañadas por diversas enfermedades (polineuropatías de fibra fina). Los estímulos nocivos no son detectados y los tejidos sufren todo tipo de agresiones sin que el individuo sienta dolor y, por tanto pueda defenderse. Serían estados equivalentes a la inmunodeficiencia adquirida. El equivalente congénito sería la ausencia congénita de dolor una entidad en la que fallan los factores de crecimiento necesarios para dotar al organismo de las neuronas del sentido del daño. La ausencia congénita de dolor impide el sufrimiento pero genera todo tipo de lesiones y mutilaciones por déficit de la función defensiva neuronal.

Los neurólogos no han construído la idea de una red neuronal nociceptiva (detectadora de daño) en estado de alerta excesiva, equivalente a la que genera la alergia y las enfermedades autoinmunes pero existen esos estados y son tan frecuentes y problemáticos como sus equivalentes inmunes.

El estado de "defensas excesivamente sensibles" puede implicar a la red inmune y/o a la neuronal. Su génesis no es bien conocida en los detalles pero sobreviene en el curso del proceso de aprendizaje que ambos sistemas desarrollan a lo largo y ancho de la vida, tratando de detectar señales que permitan detectar con antelación el agente o estado amenazante.

A todos nos han explicado en Biología el sistema inmune con sus dos brazos, el congénito y el adquirido (aprendido) pero no se nos explica que existe también el sistema defensivo neuronal con sus dos componentes; congénito y adquirido y que este segundo puede dar lugar a todo tipo de problemas, equivalentes a la alergia y enfermedades autoinmunes.

Creo que gran parte de las controversias se disolverían si tenemos en cuenta este hecho biológico básico: la existencia de una red neuronal defensiva que aprende a ver peligro y que actúa cuando cree que algo está amenazado.

Al no disponer de esa idea básica aparece, por un lado, el confuso mundo de "lo psicológico", "lo funcional", las somatizaciones y demás y por el otro el de las teorías que buscan exclusivamente en lo neuroinmunoendocrinológico o infeccioso-postinfeccioso los orígenes de la enfermedad, como reacción (comprensible) al empeño (infundado) de culpar a la psicología y ánimos del paciente todo el síndrome.

El aprendizaje del sistema inmune adquirido está condicionado por la experiencia adquirida con el contacto del organismo con bacterias, virus, hongos, parásitos y las lesiones que producen. Se genera así la cognición del sistema inmune, el conocimiento que determina la supervivencia (sensibilización) o eliminación de los clones de células inmunes responsables.

El aprendizaje del sistema defensivo neuronal asienta sobre experiencias adquiridas con estímulos térmicos, mecánicos, químicos y las lesiones que han generado. Se genera así la cognición neuronal, el conocimiento que la red defensiva neuronal aplicará para encender programas de alerta (p.ej. dolor).

El aprendizaje inmune no se beneficia, que sepamos, de lo que les sucede a otros individuos. Cada uno desarrolla su aprendizaje en solitario.

La red neuronal puede recoger señales del daño ajeno a través de todo tipo de sensores (se ha descrito recientemente la participación de las neuronas olfativas) y así construir cognición nociceptiva socializada sin tener que experimentar en propias carnes.

La información experta a través del lenguaje contribuye a generar cognición nociceptiva neuronal y alimenta los encendidos y/o apagados de la red. Todo ello se produce de forma inconsciente y sin necesidad de una autorización o un parecer favorable del individuo. Una vez construida una probabilidad de daño, la red opera y activa los programas correspondientes. A partir de ahí entra el individuo haciéndose preguntas y encontrando las respuestas que la red informativa facilita.

La información es lo que da sentido a las neuronas. No es posible entender el organismo y sus disfunciones sin considerarla. Los pacientes dudan de que "sólo hablando" podamos hacer nada o que la información sola pueda ocasionar todo el drama de la fibromialgia y síndrome de fatiga crónica. Es comprensible pero es un error que trae serias consecuencias.

Lo verdaderamente lamentable es la falta de concienciación e información en torno a esta fundamental cuestión biológica.

La información no tiene quien hable de ella aunque corren ríos de tinta emocionada,airada y desesperada sobre sus dramáticas consecuencias...

miércoles, 13 de mayo de 2009

Fibromialgia, cuestión de cerebro





Un porcentaje elevado de los pacientes que acuden a la consulta de un neurólogo padecen dolor de localización variable. La mayoría de ellos, afortunadamente, no tiene ninguna lesión o enfermedad demostrable pero, desgraciadamente, no podemos ofrecerles una explicación a su padecimiento ni, por lo tanto, una solución. 

      - Tengo buenas noticias. No tiene usted nada.

      - Y entonces, ¿por qué me duele?

Esa pregunta la contestamos los médicos de forma variable. De entrada, uno siente la tentación de recurrir a los mecanismos psicológicos...

       - Son los nervios, el estrés. ¿Cómo está de ánimo?

       - ¡Cómo quiere que esté con este dolor..! Cuando no me duele soy la persona más feliz y activa del mundo...

       - En realidad está usted deprimida. El dolor es un síntoma de su depresión, no al revés, como piensa usted...

Me dediqué un tiempo a hacer Electromiografía, una exploración que detecta lesiones de nervios. Muchos de los pacientes padecían lumbago y dolor cervical y el objetivo de la prueba era descartar afectación de una raíz nerviosa ("un nervio pinzado") por hernia de disco. Era evidente que no había correlación entre dolor y lesión de nervio. Los relatos de dolor invalidante podían dar un resultado normal y otros con dolor soportable y sin incidencia en la actividad laboral se acompañaban de signos electromiográficos de lesión nerviosa ("nervio pinzado"). Había, por tanto, algo más que explicaba por qué unos sufrían tanto "sin tener nada" y otros nada teniendo tanto y ese algo por entonces era para mí "lo psicológico". La diferencia la marcaba su mente.

Desgraciadamente tuve una hernia de disco L5-S1 y, tras esperar inútilmente en la cama con reposo estricto a que amainara el dolor, decidí operarme. Me extrajeron el disco herniado, mi raíz nerviosa quedó libre y yo me libré del dolor. Recuperé mi actividad física, sin limitaciones. 

Al cabo de unos años volvieron los dolores y pasé varios períodos de baja, inmovilizado por el dolor. Tomé antiinflamatorios justo el tiempo de comprobar su ineficacia y seguí la recomendación del reposo estricto hasta comprobar su efecto claramente perjudicial. Comencé a explorar el movimiento y mi mente a la vez que devoraba todos los artículos que hablaran de dolor.  Así fué cómo descubrí la inevitable, insoportable e inadvertida presencia de mi cerebro

Mi dolor, y el de los demás, no provenía de la mente sino del cerebro: yo tenía miedo a moverme por el dolor y por la avería que podía montarse en mi maltrecha columna pero ese miedo me lo había contagiado mi cerebro. 

El movimiento y el cambio de chip me sacaron de la cama y me devolvieron a la normalidad. Eso hace ya muchos años...

        - Buenos días. Tengo fibromialgia. Ya me han dicho que es una enfermedad misteriosa que no tiene curación 

        - No estoy de acuerdo. Se conoce perfectamente su origen. No es un problema reumático. A sus huesos, músculos y articulaciones no les pasa nada. No hay inflamación. El problema está en el cerebro. Procesa y aplica mala información.    

        - ¿O sea que es psicológico? 

        - En absoluto. Me ha malentendido. Es una cuestión de cerebro. Gestiona el organismo y autoriza o prohibe nuestra actividad. A usted no sólo no le autoriza el movimiento sino que se lo penaliza. Vive usted en un cuerpo sano regido por un cerebro sano pero equivocado. Evalúa erróneamente, a la baja, el estado de su organismo. 

La reacción a esta afirmación es de dos tipos. Más o menos el 50% se indigna silenciosamente y no vuelve por la consulta. Puedo imaginar los comentarios con sus allegados... El otro 50% lo entiende o, al menos, lo respeta y se presta a aprender conceptos básicos sobre neuronas y cerebro y a afrontar el problema de un modo radicalmente distinto. Algunas se curan. Consiguen que su cerebro no sólo autorice sino que promueva el movimiento. 

           - La fibromialgia es una cuestión de cerebro. Su cerebro le ha metido en esto y sólo su cerebro le puede sacar de ahí. 

           - No me convence

           - Usted misma... 

Desconozco cuál ha sido su reacción al leer este post. Puede que, incluso, sea una paciente con fibromialgia. He expresado mis convicciones y mis propuestas. El éxito de la etiqueta "fibromialgia" aplicada a un cuadro de dolor generalizado y cansancio que afecta básicamente a las mujeres, ha conseguido dos logros fundamentales: 

      1-  Certificar la realidad del sufrimiento relatado por las pacientes y protegerlas del etiquetado insufrible de "dolor psicológico"

      2- Descartar el origen "reumático" y situarlo en la red neuronal. De ahí se deriva la propuesta de cambiar el nombre de fibromialgia por el de "Síndrome de Sensibilidad Central". Es un confuso nombre. La metáfora de la informática lo traduce a: "El cerebro procesa mal la información". Amplifica los estímulos. Está misteriosamente en estado de alerta, "como si" hubiera enfermedad. Es una enfermedad en una no enfermedad...

No espere que los responsables de los contenidos de la información que, al parecer, procesa mal el cerebro fibromiálgico, revisen esos contenidos. Andan buscando serotoninas, sustancia P, polimorfismos de la COMT, y otras moléculas sospechosas para reprimirlas o reponerlas. Eso se completa con rascar el pasado físico y emocional para inculpar a abusos que han dejado su huella... El modelo biopsicosocial impone su reinado. El abordaje multidisciplinar es la herramienta. Más recursos, más reconocimiento de enfermedad biomédica, como las demás. 

                Más información... De acuerdo...pero ¿Cuál?