Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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jueves, 30 de diciembre de 2010

Descartes no era periferalista



Carlos Sarrate es un lector (migrañoso confeso) del blog, profesor de Filosofía en un Instituto. Conoce todos los contenidos del blog y de mi libro "Migraña, una pesadilla cerebral" al dedillo. De todos ellos ha hecho una lectura crítica detallada, tal como debe suceder con un filósofo. Para mí ha sido una suerte contar con una retroalimentación crítica, preguntona, reticente... filosófica. En este caso se trata de alguien que también está interesado en la Biología, la Ciencia y trata de buscar la integración de lo conocido empíricamente y de lo meditado hipotéticamente. Filósofos y neurocientíficos comparten el interés por el problema de la conciencia: ¿Cómo surgen de la materia los sentimientos, lo que percibimos? El contenido perceptivo de la conciencia que nos ocupa es el del dolor. ¿Cómo y de dónde surge? 

En reiteradas ocasiones he colgado al pobre René Descartes el San Benito de dar pie al error periferalista de situar el origen del dolor en los tejidos. Carlos me ha hecho ver que, realmente, es un error. Descartes era profundamente centralista. Dejo que sea él quien lo explique. Bienvenida sea su rectificación.

Gracias Carlos.


                 DESCARTES NO ERA PERIFERALISTA




Carlos Sarrate
Profesor de filosofía de secundaria.

Descartes no era periferalista
Lo que sigue es una cuestión técnica que no afecta al núcleo de la propuesta del dr. Goicoechea, pero puede interesar a los lectores más celosos con los conceptos teóricos.

Los profesores de filosofía de instituto solemos trabajar cada año con Descartes, en especial  en el 2º de bachillerato donde es habitual manejar las Meditaciones metafísicas (MM); a veces incluso, es obligado hacerlo puesto que son textos incluidos en la propuesta de autores para selectividad (como este curso en Cataluña).

Desde las MM, las cosas que decía el dr. Goicoechea sobre el presunto periferalismo de Descartes (el dolor se origina en la zona dolorida, se transmite, etc.) no encajaban bien. Así, de entrada, el dolor en Descartes debía ser un tipo de sensación o sentimiento que sólo puede sentir el alma, o sustancia pensante, y de ningún modo podía ser una sensación generada en el cuerpo ni tampoco en el cerebro. No me preocupé de buscar el tema pero me venían a la mente textos de las MM por los que he pasado muchas veces.

La MM 6ª razona entre otras cosas sobre ciertos orígenes de los errores. Anoto algunas cosas relevantes para la discusión:

-Primero, ¿porqué Dios tolera el engaño de las cualidades secundarias?: los colores, sonidos, olores etc. no son cosas físicas reales, aunque se basan en cualidades reales mensurables. La explicación es que las captamos porque sirven al compuesto alma/cuerpo, para "evitar lo que causa dolor y procurar lo que me comunica alguna sensación de placer". Así, no sirven a la pura res cogitans la cual ya entiende que no son cosas claras y distintas: el calor quizás no exista como tal pero se basa en alguna cualidad real del mundo (hoy se dice que es energía cinética de los átomos) pero gracias a "engañarnos" y tomarlo como real sacamos la mano del fuego y protegemos esa parte del cuerpo (res extensa) etc. ¿No estaría mal, verdad, para dos siglos antes que Darwin?

-Más tarde, el problema se agrava con el famoso ejemplo del hidrópico (tiene sed pero beber le perjudica): ahí ni tan solo se trata de un engaño útil al compuesto; la explicación habla de errores en la transmisión de los reflejos corporales: como si a mitad de la línea del telégrafo se insertan los bandidos y hacen creer que la señal viene, por ejemplo, del pie. Extrapolando al dolor, se ve que Descartes admitiría a veces una causa de dolor que no se origina donde parece doler. Y de hecho aun no hablaríamos de dolor (que será una sensación del alma), sino de una causa originada en otra parte que donde parece estar; en palabras del blog, se trataría de un daño ficticio.

-Finalmente, también tiene su interés la conclusión de Descartes de la MM 6ª: es mejor un engaño esporádico que un engaño siempre. Ese engaño aparentemente inevitable se combate combinando la información de diversos sentidos, la memoria y el entendimiento; en suma, siendo más metódico. (¿No suena a los lectores del blog esto de racionalizar la evaluación engañosa?)

Finalmente me decidí buscar el texto correspondiente a la imagen que el dr. Goicoechea siempre reproduce, la del señor con el fuego en el pie.
Corresponde a Le traité de l'homme, editada por primera vez en 1664 (pero escrita antes de 1637)

(Oeuvres Philosophiques. Tome I (1618-1637), éd. de F. Alquié, Garnier, Paris, 1963; reed. 1976, p. 405; pàg. orig. p. 142; he añadido un pequeño archivo .pdf donde se ha escaneado:
-la pág. inicial del volumen I
-la pág. inicial de l'Homme,
-la pág. donde aparece "les esprits animaux" (lo que circula por los nervios) con el comentario del editor a pie de pág.,
-y las págs. del fragmento correspondiente a la ilustración).

L'homme  es una obra anterior al Discurso del método y a MM que son obras donde encontrará el fundamento de la ciencia en el cogito -el famoso cogito ergo sum-. En L'homme ya parte de la distinción entre alma y cuerpo pero se limitará a hablar sólo del cuerpo. Lo hace diseñando un modelo de máquina a priori que permite analogías con el cuerpo real del hombre. (ver pág. inicial del texto) Así, la explicación completa no se puede tener hasta considerar la unión con el alma (y eso simplemente no lo podrá explicar nunca: explicar cómo se unen las dos sustancias es el fracaso del dualismo, y ya será la cruz de los racionalistas en su propio tiempo).



Vamos al dibujo. Parafraseo el texto (orig.142): las partículas del fuego A mueven el trozo de piel del pie B; por ese medio tiran del nervio (o hilo: filet) C que abrirán la entrada del poro d,e donde termina el nervio, así que se parece a cuando por un extremo de un cordel haces sonar la campana. Una vez abierto el conducto d,e los espíritus animales de la concavidad F entran dentro y parte van a los músculos para retirar el pie del fuego, parte a los ojos para mirar etc. aunque pueden haber muchos efectos implicados pues hay muchos nervios (...) (orig.143:) Los espíritus van por esos tubos, inflándolos un poco sin ser exprimidos, hasta los músculos, empujan éstos y tiran del cerebro de donde provienen. [aquí "espíritus animales" se ha de entender como las partes más vivas de la sangre, materiales, como humores, partículas, cosas semovientes pero no espirituales; ver p. 388, orig. 129]

Traduzco literalmente lo que sigue:
Cuando Dios unirá un alma razonadora a esta máquina, tal como pretendo explicar después, le dará su asiento principal en el cerebro, y la hará de tal naturaleza, que, según, las diversas maneras que las entradas de los poros que están en la superficie interior de ese cerebro sean abiertas por mediación de los nervios (nerfs), esa alma tendrá diversos sentimientos.
Como pasa, en primer lugar, si los pequeños hilos (filets), que componen la médula de los nervios, son tirados con una fuerza tal que se rompen y se separan de la parte en la cual están unidos, de suerte que la estructura de toda la máquina sea de alguna manera menos acabada (accomplie): el movimiento que causarán en el cerebro dará ocasión en el alma, a quien importa que el lugar de su residencia se conserve (à qui il importe que le lieu de sa demeure se conserve), de tener el sentimiento del dolor (d'avoir le sentiment de la doleur).

La cosa es clara. El dolor se siente sólo en el alma (res cogitans). El cuerpo transmite sólo movimientos de cosas físicas (partículas, "espíritus").

Alquié, el editor, señala aquí diversos problemas (p.407). El dolor es cosa del alma aunque la relación con el cuerpo es un problema que aun no se ha planteado. Además, dice, la explicación es ambigua: mecanicista por un lado (el dolor se explica por la ruptura del hilo) y finalista (el dolor se debe a que la máquina queda "moins accomplie" y el alma, siente, por ese dolor, un paso a menor perfección). Pero yo creo que el texto no admite una lectura mecanicista: en la máquina hay un crac (el daño, la lesión), y el dolor proviene de la "evaluación" del alma (es claro que hablamos de dolor con daño). Otra dificultad que señala Alquié es que una ruptura del hilo debería entrañar insensibilidad más allá de la lesión, y explicar cómo se reparan tales lesiones, a no ser que "la separación de la parte donde se unían" se entienda solamente como una especie de distensión del nervio...

En fin, repito que Descartes no podía ser periferalista en el sentido que decía Goicoechea porque quien siente no puede ser el cuerpo ni el cerebro, sino el alma. Esto no agota los textos (no pondría "el pie en el fuego", como el del dibujo, en que no haya más matices) y habría que revisar de dónde viene esa opinión que vincula periferalismo con este autor. Tampoco afecta el núcleo del argumento que va dirigido contra los periferalistas. Descartes ya lleva sus propias cruces, pero no ésta.

Otra cosa, que ahora me resulta obvia pero sobre la que sólo he ido cayendo últimamente a partir de la reflexión persistente que incita el dr.: este modelo del dolor involucra lo más difícil y peliagudo de la neurología, la teoría de la consciencia. En el último libro de Damasio (Y el cerebro creó el hombre) se alude al dolor como ya constituyente de la forma más primitiva de consciencia, el protoyó. Temo que el modelo del dolor de Goicoechea, por más biológico que se quiera, choca al final con las dificultades propias de una teoría de la consciencia biológica o no-filosófica, una teoría que no sea, en última instancia, algo cartesiana. La consciencia es hoy por hoy el misterio, the last frontier. El médico que hable de dolor con daño puede agarrarse al daño (y seguir siendo médico-como-Dios-manda), pero el que brega con el dolor sin daño al final tiene que acabar en la pura consciencia de dolor, y de ahí la vinculación con la filosofía de la representación que inaugura Descartes y todo el siglo XVII. Hay cierto paralelismo con la 1ª MM: el dolor (sin daño) sería una representación que engaña los sentidos; el dolor sin daño es como una representación de sueño ("una pesadilla cerebral"); el dolor sin daño parece un engaño de una naturaleza algo caprichosa (como el genio maligno cartesiano) y que se acepta que es así en el caso de la alergia...

Los esfuerzos por biologizar la consciencia, ponerla en perspectiva evolutiva, como hace Damasio, sólo pueden ser bien recibidos. Además, Damasio no simplifica el problema. En este autor no hay sólo el clásico vincular la mente al cerebro frente al dualismo, sino vincular el cerebro al cuerpo como un todo biológico (frente un dualismo más camuflado). Pero uno es de filosofía y me temo que esto de la consciencia va a ser mucho tiempo competencia de la fenomenología (Husserl y siguientes)... Y a pesar de eso, ¡hasta los filósofos van al médico si pierden la consciencia! Lo que no hay que abandonar es la curiosidad por saber más o ver más "claro y distinto".  

miércoles, 23 de junio de 2010

El sentido (descartesiano) del dolor

                                                                           Una vez más... Descartes...

Aristóteles estableció el sinsentido de los cinco sentidos: tacto, gusto, olfato, vista y oído. Lo del dolor no encajaba bien en esa clasificación. Luego vino Descartes con su famoso dibujo del niño quemándose el pie. A todo el mundo le vino bien la sugerencia descartesiana de que el dolor surge de los tejidos afligidos y se conduce hasta el cerebro, donde se hace consciente (sufriente).

Para los amigos de Descartes existe el sentido del dolor, una red de neuronas que lo detectan allá donde se produce y vuelcan en la red la información sobre el suceso doloroso para que se organicen las respuestas defensivas correspondientes.

- ¡Dolor en el pie!

- Recibido, gracias. Ordenamos a los músculos que lo aparten del fuego...

El sentido del dolor requiere sensores del dolor. El sentido de la vista requiere sensores de la luz, el del oído sensores del sonido, el del olfato sensores de olores y el del gusto de sabores. El exterior rezuma colores, sabores, olores y sonidos y los sentidos los detectan. El cuerpo genera sensaciones al contactar con el perimundo corporal y el sentido del tacto las detecta.

A veces las sensaciones son dolorosas y el sentido del dolor las detecta. Otras veces las sensaciones son placenteras y el sentido del placer también las detecta. A veces la sensación es cosquillosa. No pasa nada, el sentido de las cosquillas la detecta. También hay sensores de lo picajoso. Los sensores (receptores) del dolor, del placer, de las cosquillas y del picor está para eso... para captar lo doloroso, lo placentero, lo cosquilloso y lo picajoso...

Podemos provocar lo doloroso nosotros mismos aplicándonos estímulos dolorosos a la zona elegida, lo placentero aplicando estímulos placenteros en la zona... y lo cosquilloso y picajoso aplicando estímulos cosquillosos y picajosos.

Si queremos evitar el dolor podemos hacer muchas cosas. Todas ellas tienen como objetivo adormecer el sentido del dolor, los sensores, o bien sabotear las señales de dolor según son conducidas al cerebro. Si conseguimos bloquear la comunicación o al menos atenuarla impediremos que el dolor aflore a la consciencia. Ojos que no ven corazón que no siente... Podríamos también diseñar remedios contra lo placentero, lo cosquilloso, lo picajoso, contra los sabores y olores desagradables, contra fríos y bochornos. Si no los tenemos es porque no tienen sentido de mercado.

El escaparate de los remedios ofrece fármacos, bisturís, corrientes, ultrasonidos, hielos, calores, magnetismos, agujas, productos homeopáticos, botox, masajes... Todos contienen la virtud de impedir que se generen señales dolorosas o accedan a la conciencia. Cada propuesta incluye una explicación más o menos sesuda sobre el fundamento de su virtud antidolorosa.

Los científicos han descubierto ya los sensores de dolor. Son proteínas que se retuercen cuando sienten el dolor de los tejidos. Ese retorcimiento doloroso abre unos canales y los iones aprovechan el retortijón para colarse en el interior de la neurona sensora. El movimiento de carga eléctrica a través del canal retorcido por el dolor es una corriente eléctrica, la señal del dolor.

Hay fármacos (presentes y futuros) que impiden el retorcimiento de la proteína sensible al dolor. De este modo, aunque el dolor esté allí, la proteína sensora no se retuerce y no hay señal de dolor. Los tejidos pueden producir todo el dolor que quieran. Los sensores están congelados, rígidos, dormidos. Podemos correr, saltar, vivir, sin temor. Aunque machaquemos los tejidos dolorosos no sufriremos ese dolor pues no lo sentiremos gracias a que hemos tapado los oidos y los ojos.

- No se preocupe por lo que pueda estar sucediendo a su alrededor. Le hemos vendado los ojos y taponado los oídos...

- Me encuentro mucho mejor...

...............

Si todo esto le parece bien, lógico... es usted un descartesiano, como debe ser... Los recipientes del Premio Principe de Asturias son descartesianos. Los concedientes del Premio también lo son.

Los padecientes de dolor probablemente también son descartesianos. La escuela del dolor es descartesiana. Las unidades del dolor son descartesianas. Todo el mundo es descartesiano. Necesitamos a Descartes. Lo tenemos incorporado en la red. Es como un fantasma que mueve los hilos de nuestras reflexiones...

El problema es que Descartes y los descartesianos están equivocados. Debiéramos descartarnos de Descartes. Pedir nuevas cartas para la siguiente mano... y desear que nos llegue algo distinto pero no es fácil pues la baraja también es descartesiana...

lunes, 21 de junio de 2010

Mi columna



Bien sea porque dejamos de andarnos por las ramas y pusimos los pies en la incierta tierra de la sabana o porque surgimos de los pantanos, el caso es que nos dio por andar a dos patas con manos libres.

De esto ya hace unos pocos millones de años. Dicen que la vocación bípeda nos ha pasado la factura del dolor lumbar. Homo sapiens (ma non troppo) es un bípedo, luego está condenado a padecer "de la columna". Eso dicen...

Me confieso bípedo y ex-padeciente de la columna.

De esto hará ya unos 25 años. Llevaba tiempo con dolor lumbar ronroneante. Jugábamos un partidillo de fútbol. Recibí un buen balón en el área. Amagué hacia la derecha y colé con mi izquierda un tiro raso y colocado en la portería (contraria). En ese momento sentí junto a la incomparable alegría del gol un dolor mosqueante por la pierna responsable.

- Tienes una hernia discal L5-S1. Haz reposo y tómate antinflamatorios...

Aquello iba de mal en peor. Apareció el hormigueo y desapareció mi reflejo aquíleo.

- Hay que operar.

Me operé y recuperé la normalidad... durante unos pocos años. Me gustaba la jardinería. Cogía pesos, utilizaba la azada, andaba mucho en coche, estaba mucho tiempo sentado en la consulta. Mala vida para una columna bípeda y operada...

Volvió el dolor. Cada poco algo se agarraba a la zona lumbar y me llevaba a la cama. Un mes de baja desesperante, inmóvil. Poco a poco conseguía volver a caminar, entrar y salir penosamente del coche, levantarme de la silla para explorar a los pacientes.. El ciclo se repetía una y otra vez...

- Tienes mucha fibrosis. Probablemente la columna estará inestable. Quizás tendríamos que colocar unos hierros...

Así pasaron unos años, sin horizonte... Imaginaba unas vértebras inestables que se desplazaban con el peso y comprimían una raíz sensible, inflamada... No sé muy bien por qué pero me dio por explorar el movimiento a la vez que me proyectaba, sin muchos argumentos, la confianza en que nada pasaría. Pronto vi que la mezcla funcionaba: movimiento y confianza.

Recompuse mi idea de interior raquídeo. Busqué información sobre dolor, inflamación, reparación de tejidos, neuronas, circuitos. No había gran cosa al principio pero poco a poco iba cogiendo fuste la convicción de que el problema no estaba en la columna sino en la narración que el cerebro había construido sobre ella. Lo importante no era sólo la columna, suficientemente reparada tras la hernia y la laminectomía, sino también el expediente cerebral del trote recibido.

Abandoné mi condición sedente y doliente y recuperé el bipedalismo tranquilo, articulado. Dejé de obsesionarme sobre cómo me sentaba, qué coche me convenía, qué pesos podía coger...

Ya no me ocupa ni preocupa el bipedalismo. Me bastan los músculos que tengo. Sigo sin reflejo aquíleo. No quiero saber cómo está el interior. Me fío y me basta.

Hay veces que siento punzadas, dolores sordos, irradiaciones...

- Tranquilo. Aquello ya pasó. No empecemos otra vez...

Sé que si pudiera traspasar mis convicciones a los padecientes muchos de ellos se librarían del dolor. Lo intento y, a veces, lo consigo. No es fácil pero es sencillo...

- El dolor de columna no está en la columna. Es el cerebro. El dolor es un relato, una historia que el cerebro ronronea continuamente para conseguir la inmovilidad. Es un freno que activa cada vez que quieres arrancar...

- Me han hecho resonancia. Me han dicho...

Lo malo no es lo que dicen sino lo que callan.

El cerebro siempre se va de rositas: la culpa del dolor es de la columna... Descartes...

domingo, 20 de junio de 2010

Test lingüístico del dolor a Linda Watkins (Premio Príncipe de Asturias 2010)




Este año el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica ha recaído en los doctores David Julius, Baruch Minke y Linda Watkins por sus trabajos en los mecanismos moleculares de la generación y tráfico de señal nociceptiva. Bienvenidas sean sus aportaciones y los premios a los que son justamente merecedores.

Ello no quita, sin embargo, para criticar, una vez más, el trasfondo de profundo y exclusivista periferalismo que subyace en sus escritos, periferalismo que, en opinión de algunos, sigue siendo un obstáculo para avanzar en la resolución de uno de los problemas más sangrantes de nuestra cultura: la escandalosa estadística del dolor crónico en ausencia de daño relevante en los tejidos.

Hay un modo infalible de detectar el periferalismo en los trabajos sobre dolor: aplicar un análisis lingüístico a las publicaciones de los investigadores.

En Nature Neuroscience Reviews (Enero 2009) Erin Milligan y Linda Watkins publican un trabajo: Pathological and protective roles of glia in chronic pain. He aplicado el test lingüístico y rezuma léxico periferalista: 

 "moduladores del dolor", "neuronas transmisoras del dolor", "señal de dolor (5)", "regulación del dolor", "regulación del dolor", "el dolor es una señal de amenaza para el cuerpo...", "tanto el dolor agudo como el crónico surgen del tejido dañado o inflamado...", "via del dolor" (6), "neuronas de proyección de dolor" (5), "transmisión del dolor", "fibras del dolor", "mensajes de dolor", "regiones espinales de modulación del dolor",

Junto a esta profusión de incorrecciones conceptuales básicas sobre neurofisiología del dolor coexiste una ausencia absoluta de referencias a la modulación central, cortical, cognitiva, cultural de la generación  y tráfico de señal nociceptiva y de la proyección de la posible percepción de dolor desde el cerebro a la conciencia sin necesidad de ninguna perturbación periférica previa.

Los trabajos de la doctora Watkins se centran en mecanismos moleculares nociceptivos y el propósito es dar con fármacos que puedan neutralizar el estado de hiperalerta glial en el sistema nervioso central, inducido por daño neuronal o administración previa de opiáceos. 

Ya hay disponibles algunos fármacos, en fase de aprobaciones y validaciones clínicas, dirigidos a calmar el desasosiego glial. 

Lo que hasta ahora ha fracasado para calmar el dolor crónico: calmar las "neuronas del dolor" con opiáceos, antidepresivos y antiepilépticos... va a encontrar, según el equipo de la doctora Watkins, un relevo prometedor: calmar la "glia del dolor", calentada por "señales de dolor" periféricas y centrales o por la administración de morfina...

El tiempo dirá...

Mientras tanto los centralistas seguimos librando una batalla distinta contra el dolor, en varios frentes. Uno de ellos el del lenguaje, el léxico.

Para Linda Watkins el dolor es (o al menos se refiere a él como si lo fuera...) un estímulo generado en los tejidos, detectado por receptores de dolor y transmitido, convertido en señal electroquímica, hasta el cerebro por vías específicas. Es decir, Descartes. Es decir, está profundamente equivocada.


A Farmaindustria le viene bien este modelo cartesiano y también le vienen bien las novedades sobre moléculas y células implicadas en el complejo proceso perceptivo del dolor. Abren nuevas expectativas en el atascado mundo de las soluciones moleculares al dolor sin daño necrótico ("nociceptivo").


A los padecientes les vendría bien que fuera cierto que con la toma de un fármaco recuperaran un mínimo sosiego para poder revivir. 


Todos con Descartes... pero Descartes estaba equivocado... 


Sinceramente, tengo mis dudas sobre las prometedoras nuevas vias. Pasar el marrón del dolor de las neuronas a la glia no creo que solucione el problema. Relevar con las citoquinas a la serotonina y los canales ionicos tampoco. 


Sostenían Melzack, Wall y Cassey que el dolor es una percepción compleja sensorial, emocional y evaluativa. Eso fue ya a mediados del siglo pasado. Todavía andamos empeñados en lo sensorial, aplicando lupas moleculares cada vez más potentes. Mientras los padecientes sueñan con nuevas moléculas, sus neuronas de la percepción, un complejo producto evaluativo cerebral, campan a sus anchas, cronificando errores interpretativos probabilísticos.


Me temo que los premios de la "Ciencia" están reservados a periferalistas. 


¿Por qué será?


¿Qui prodest? (¿a quién beneficia?)


sábado, 5 de junio de 2010

Prensa de organismo



El dolor es, mal que les pese a los cartesianos (oficiales y alternativos, conscientes e inconscientes), un producto neuronal. Surge del procesamiento integrado de información sobre organismo efectuado en múltiples oficinas cerebrales y se proyecta sobre esa misteriosa pantalla denominada consciencia para alertar al individuo de que algo amenazante está sucediendo o pudiera suceder e incitarle con apremio variable a actuar en consecuencia. 

Cada punto del organismo está expuesto a sucesos nocivos violentos (mecánicos, térmicos, químicos, biológicos) con resultado de víctimas celulares (necrosis). Allí están los nocireporteros neuronales para detectarlos y comunicarlos a "la redacción" donde se valorará la relevancia de lo notificado y se decidirá si se debe informar al individuo (YO). 

El individuo está conectado, lo quiera o no, a la emisión del programa nociceptivo cerebral de 24 horas, día y noche. Habitualmente el programa no emite ninguna noticia: todo bien... El interior es un espacio protegido de forma redundante hasta el aburrimiento. La evolución ha seleccionado un entorno-hábitat para las células con todas las garantías posibles. Todo es constante: oxígeno, sales, acidez, temperatura, glucosa. No es necesario  dar partes meteorológicos sobre una "atmósfera" inmutable, predecible, sin nubes, vientos, anticiclones ni borrascas.

A Homo sapiens (ma non troppo) le hartó el tedio de lo predecible y se dió en imaginar la realidad. Construyó mundos posibles en su imaginación, más emocionantes e inciertos. 

La prensa de organismo comenzó a incluir noticias de lo imaginado, lo posible, lo deseado y lo temido. Dejó de ser un periódico con todas las hojas en blanco para convertirse en un universo rebosante de noticias sobre sucesos posibles. 

El periódico de posibles noticias estaría condenado al fracaso si el lector-receptor supiera que se trataba de eso, de posibles sucesos:  "puede que hoy tengas una meningitis, se te rompa una arteria, no llegue oxígeno al corazón, te caigas y te fractures la cadera... " te recuerdo que tu madre murió de Alzheimer, tienes alto el colesterol y cualquier día tienes una trombosis..." Nadie prestaría atención a un periódico agorero.

La prensa de organismo consiguió el efecto mágico de presentar lo imaginado, lo posible, como si realmente estuviera sucediendo y sin que el lector-receptor pudiera ser consciente del engaño.

- YO sólo sé que me duele. Eso no es normal. Dicen que no tengo nada. YO algo tengo que tener...

Entre los lectores surgieron los expertos en desvelar el interior. Fueron construyendo hipótesis sobre disturbios y desarreglos de humores, meridianos, energías, hormonas, serotoninas y endorfinas y les señalaron causas en genes, alimentaciones, estreses, cambios meteorológicos, traumas infantiles...

La prensa de organismo hizo pronto el Agosto publicando constantemente noticias sobre sucesos imaginados... El lector-receptor de dolores, cansancios, desánimos, pruritos y apreturas intestinales relataba sus noticias a los expertos y estos prodigaban explicaciones sobre disturbios y consejos sobre remedios.

Llegó un momento en el que la prensa llegó a creerse las noticias del mundo imaginado y... en esas andamos. Se ha cerrado el círculo o, mejor dicho, no ha acabado de cerrarse... pues es una espiral.

- Me duele todo a todas horas...

- No tiene usted nada. Imagina que le duele...

Los expertos piensan que los lectores se inventan las noticias con fines inconfesables o para expresar en términos físicos lo que no se atreven a confesar en términos afectivos...

- Estará usted deprimida... los nervios... No puede dolerle todo, siempre...

Mientras tanto la prensa de organismo aumenta su tirada. El filón de las noticias sobre posibles sucesos, presentados como hechos consumados no tiene límite.

Les recuerdo lo que sostiene Rodolfo Llinás, nuestro admirado neurofisiólogo: "el cerebro sueña la realidad..." pero la presenta al cándido y atribulado lector-receptor como si fuera real...

- Su cerebro sueña un organismo enfermo, desgastado, artrósico, desvitalizado, desenergizado...

- ¿No hay nada para despertar al cerebro, para que ponga los pies en el suelo de lo real y se deje de confundirnos a los lectores...?

- Información, conocimiento, biología... racionalidad... sentido común... desvelar la chapuza... 

La mejor noticia sobre organismo es ninguna, la hoja en blanco... El organismo siempre tratará de presentar noticias sobre posibles sucesos. Si el lector les presta atención está perdido. 


- Haga como YO. Mire con fastidio y tedio los titulares y vuelva a lo suyo... De ese modo la prensa de organismo acabará volviendo a la hoja en blanco de cada día