| Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología. | We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology. |
martes, 14 de diciembre de 2010
El cerebro no procesa el dolor
jueves, 15 de julio de 2010
Los cerebros
lunes, 8 de marzo de 2010
La prensa sensacionalista cerebral (el tálamo)
martes, 10 de noviembre de 2009
La falacia de las neuronas aferentes y eferentes
Las neuronas que detectan estímulos y los conducen hacia arriba serían aferentes ("que llegan"). Las que distribuyen las órdenes a ejecutar serían eferentes ("que salen").
Convincente, claro y sencillo. Inputs y outputs... Cada cosa en su sitio. Desconfíe de lo cristalino. Puede ser falso.
Las neuronas,como toda célula que se precie, detectan y responden. En su membrana se producen entradas y salidas. Todas las neuronas son aferentes y eferentes.
Los primeros seres vivos con neuronas sólo disponían de una para las tres tareas: detectar, pensárselo y responder. Como sucede con la evolución, las novedades se añaden a lo existente pero no lo suplantan. Esas primeras neuronas polivalentes, generalistas, autosuficientes, holísticas, sistémicas... siguen siéndolo, como todas las que se van sumando, aunque la presión de las especialización les capacita a unas más para afinar la detección, a otras para integrar lo detectado y, finalmente a las de la azotea a memorizar y rumiar sobre lo grabado (pasado, presente y futuro) para finalmente responder con señales que serán detectadas por las neuronas especializadas en transmitir órdenes.
La llamada neurona sensitiva , neurona aferente o "primera" neurona, tanto lleva (como su nombre indica) como trae (como su nombre ignora). Es aferente y eferente: las señales vienen y van por la misma carretera (axón), estableciéndose un complicado tráfico con continuos parones y variaciones de velocidad.
Según los neurotutores de lo cristalino, la información que recoge la "primera" neurona (sensitiva, aferente) es transmitida, sin procesarse ni pensarse a una "segunda" neurona (motora, eferente) que dispara la orden a un músculo. El clásico reflejo de la rodilla responde a dicho esquema: la "primera" neurona recoge el estímulo de estiramiento del músculo, lo conduce hasta la médula, donde está la "segunda" neurona que se limita a actuar como un resorte obligando al músculo estirado a que se contraiga.
La realidad es que la información de la primera sigue pero lleva no sólo datos sobre lo detectado sino también sobre lo pensado y ordenado, sobre todo el procesamiento y trabajo de la injustamente infravalorada neurona "aferente". De este modo todas las neuronas de las capas "superiores" saben lo que sucede y lo que se ha respondido. Reciben una copia de lo decidido. Así pueden conocer anticipadamente lo que va a suceder... si no se decide otra cosa de signo contrario. Eso es cuestión de lo que suceda y en qué contexto.
Subiendo y subiendo llegamos hasta el tálamo, un centro con forma de huevo, situado en la profundidad de cada hemisferio, al que llegan los datos sobre estímulos y órdenes decididas pero que para los neurotutores cristalinos es una simple "estación de relevo sensorial". Algo así como una estación donde se cambia de tren para proseguir con el transporte de mensajes procedentes de los sentidos.
Realmente el tálamo es un complejo centro en el que se integran todas las informaciones de todas las capas. El tálamo es informado no sólo de lo que ha sucedido y detectado por los sentidos sino también de lo que se ha decidido y en función de ello libera señales que "ordenan" respuestas a todos los niveles, según sucesos, contextos y aprendizajes (condicionamientos...).
A esa simple "estación de relevo sensorial" también llegan señales que transportan información sobre predicciones de las neuronas pensantes, intelectuales, de las aristocráticas seis capas del neocortex y del más plebeyo allocortex de tres capas.
El tálamo, por tanto, regula los tráficos informativos tanto de las neuronas sensoriales, que miran sólo al ombligo de lo inmediato, del on line, del aquí y ahora de su pequeño campo receptor, y ordenan respuestas egoístas también dirigidas al mismo lugar y momento, como de las neuronas especulativas, las que van más allá de la inmediatez y piensan en futuros de mediano y largo alcance (además de respetar, claro está, las apreturas de lo relevante del allí y ahora).
El tálamo no distingue entre lo que entra y sale. Entran salidas y salen llegadas.
Cada acción motora (eferencia) lleva consigo una información sobre los efectos sensoriales que va a producir. Toda la red neuronal sabe lo que suele sucede cada vez que una neurona responde. No hay secretos. La red trabaja de memoria. La orden motora pasa una copia de lo ordenado al llamado cerebro "sensitivo". Es la (espero que ya conocida) copia eferente. El cerebro "sensitivo" sabe así que en un pis-pas va a recibir información de algo que ya conoce. Se limita entonces a comparar y comprobar que lo que sucede es, precisamente, lo que se le ha informado que va a suceder. Si coinciden las previsiones con los efectos es que es el YO el que ha generado esa acción y no hay nada relevante que lo interfiera. Todo en orden.
Podemos mover ojos, cabeza, cuello... sin que en la pantalla se mueva nada. La red sabe todo lo que sucede de antemano y puede corregir los efectos para que el YO navegue por el mundo con la sensación de que ese mundo y el cuerpo son estables, cada uno en su sitio, bien diferenciados.
Si empuja usted un ojo con un dedo, el mundo se mueve, ya que el cerebro no sabe interpretar ese suceso artificial y lo atribuye a un movimiento del mundo. El sujeto verá doble. Si se deja el ojo desviado continuamente (por ejemplo por una parálisis de un músculo ocular) el cerebro acabará eliminando una de las dos imágenes para permitir la navegación del YO. Ordenará que se desconsidere la información proveniente de un ojo, fuera de su sitio.
El cerebro cuida la función del YO, elimina obstáculos y barreras, recorta y añade aquí y allá. Es su inevitable tendencia a clarificarlo todo, aun a riesgo de generar errores y falsedades.
Eso puede ser bueno... o rematadamente malo...
sábado, 25 de julio de 2009
Es como si...




