Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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sábado, 11 de abril de 2009

Deducciones, inducciones y abducciones


Tal como sugería Von Helmholtz la percepción es un proceso que surge de inferencias inconscientes, es decir, conclusiones extraidas tras procesar el conocimiento para después aplicarlas a un momento, lugar y objetivo concreto. 

Si nos duele la cabeza siempre que sale un día luminoso, hemos tomado alcohol o estamos contrariados (o contentos...), sacamos la conclusión (inferimos) que el sol, el estado de ánimo o el alcohol han causado el dolor. Esta conclusión la ha construido el cerebro en sus ratos libres (mientras el individuo duerme o la mente vaga libremente) y la propone como sugerencia aplicada a buscar una causa al efecto del dolor y las náuseas. 

Puede que a esta inferencia le llamemos deducción lógica y es seguro que para quien sostiene la convicción de la culpa del sol, el alcohol o la contrariedad resulte difícil dar su brazo a torcer... pero realmente las inferencias cerebrales en el mundo de la migraña no son deducciones. Ni siquiera son inducciones sino meras hipótesis... es decir, abducciones

Charles Sanders Peirce (1839-1914) fué un filósofo-científico americano que se dedicó a reflexionar sobre la construcción del conocimiento y estableció tres tipos de inferencia: deducción, inducción y abducción. Puso un ejemplo clarificador para diferenciarlos: 

  Deducción:   

               Todas las alubias de esta bolsa son blancas
               Estas alubias son de esta bolsa...luego:
               Estas alubias son blancas

  Inducción: 

              Estas alubias blancas son de esta bolsa
              Todas son blancas...luego:
              Todas las alubias de esta bolsa son blancas

  Abducción:

              Todas las alubias de esa bolsa son blancas
               Estas alubias son blancas...luego:
               Estas alubias son de esa bolsa

Está claro que la conclusión de la deducción es inapelablemente correcta. La de la inducción es probablemente correcta y la de la abducción es, simplemente, una hipótesis que deberá ser explorada adquiriendo más información. 

La clave de la corrección de las inferencias reside en la veracidad de la afirmación general: 
          
             todos los... son...

Si la afirmación solemne no es correcta nos meteremos en problemas. Un ejemplo:

          Deducción:

              Todas las aves vuelan
              El avestruz es un ave 
              El avestruz vuela

La observación atenta del avestruz plantea una cuestión abierta: 

      ¿Por qué no vuela el avestruz?
      
             ¿Está enfermo
             ¿No tiene ganas?
             ¿No le dejan?

           Inducción: 
             
              El avestruz es un ave
              Ningún avestruz vuela
              Las aves no vuelan

Debe revisarse la idea errónea de atribuir la capacidad de volar a las aves.

           Abducción: 

              Todas las aves vuelan
              Estos avestruces no vuelan
              Los avestruces no son aves

No hay que dejarse llevar por el engañoso nombre del ave-struz 

Las inferencias cerebrales habitualmente son abducciones (hipótesis). Están influídas por la cultura, que, tiende a atribuir a la creencia la categoría de premisa mayor universal: todos los...son y eso nos mete en todo tipo de líos interpretativos y demandantes. Los neurólogos tienden a hacer afirmaciones solemnes con aspecto de verdad universal, al referirse a la migraña. Por ejemplo: La migraña es una enfermedad cerebral genética. El cerebro pica el anzuelo y, a partir de ahí exige, con sus inferencias, una determinada conducta al individuo. 

La solución a todos estos embrollos es simple: No todas las aves vuelan: No todas las migrañas son enfermedades cerebrales genéticas. De hecho la inmensa mayoría no lo son. Existe una migraña que corresponde a la afirmación universal de los neurólogos: se llama Migraña hemipléjica familiar. Llevo 36 años ejerciendo de neurólogo viendo cientos de migrañas al año. No he visto ningún caso de esa enfermedad. 

La inmensa mayoría de las migrañas no son enfermedades cerebrales genéticas. La cultura es un poderoso activador del encendido innecesario de las alarmas. Sobre estas premisas todo se simplifica y se hace diáfano. Ya sabe: el cerebro abduce constantemente. Eso le obliga a ser cauto, es decir, no ser incauto y explorar nueva información, hacerse con un buen puñado de premisas científicas para librarse de las culturales y del mercado que las sostiene.


jueves, 9 de abril de 2009

Inferencia inconsciente



Nos pasamos la vida infiriendo, sacando conclusiones que son las que guian nuestra conducta. 

Inferir es utilizar los datos disponibles sobre la realidad y extraer la conclusión que nos parece más probable. Generalmente las decisiones contienen una cuota variable de incertidumbre y debemos arriesgar optando por una conclusión-decisión a la hora de actuar. 

Los sentidos nos aportan datos parciales y confusos. Un olor, un ruido, algo que se ha movido... puede ser un peligroso depredador y, aunque podríamos aproximarnos a la fuente de los estímulos para mejorar la información, puede que ello nos costara la vida y decidimos, por si las moscas, concluir que existe una posibilidad de que haya por allí un león que quiere comernos y que es mejor alejarse y guarecerse. Hemos inferido que hay un posible león (con probabilidad incierta de acierto en la evaluación). 

El cerebro es un órgano protector (en teoría) y debe tomar decisiones de evitación constantemente. La supervivencia exige conocer todas aquellas señales que pudieran anticipar el peligro: una seta venenosa contiene señales que permiten a los expertos identificar el peligro. Ante la duda es mejor ser cauto, pensar mal y abstenerse. Una rama puede ser una serpiente es una inferencia más útil que la contraria: una serpiente puede ser una rama. 

Cuando se activa la alerta migrañosa, el cerebro ha inferido que la cabeza corre peligro y ha tomado la decisión de forzar una conducta defensiva preventiva por parte del individuo. El dolor, la búsqueda del refugio, la intolerancia a estímulos y las nauseas no son sino la expresión de los programas que sirven para mantenernos vivos en circunstancias amenazantes. 

En la migraña el cerebro ha tomado la rama ( el desencadenante) por una serpiente y ha conseguido que el individuo actúe como si hubiera serpiente. 

Percibir es, como afirmaba Von Helmholtz, interpretar, inferir. Todo lo que percibimos es una inferencia inicialmente inconsciente (cerebral) pero una vez proyectada a la consciencia, la percepción atrapa al individuo consciente y le obliga a participar en esa inferencia.

Si el individuo sabe que la serpiente es realmente una rama, puede desbaratar la conclusión inicial cerebral y desactivar los programas de huída. 

Desgraciadamente la doctrina oficial sobre migraña potencia el error cerebral de inferencia y el individuo inconscientemente amplifica los temores cerebrales. 

La espiral de la crisis no se detiene hasta que no se hayan despejado las dudas sobre peligro. 

Generalmente el cerebro no se queda tranquilo hasta que se haya cumplido todo el ritual defensivo (meterse al cuarto oscuro, vomitar y tomarse los calmantes). Sólo entonces empieza a retirar la alarma y autoriza al individuo a volver a la normalidad. 


Hermann Von Helmholtz


Hermann Ludwig Ferdinand Von Helmholtz (Postdam, Alemania 1821-1894), médico, fisiólogo, físico, matemático y filósofo, ha sido uno de los grandes sabios del siglo XIX. Inventor del oftalmoscopio, luchador incansable contra la teoría imperante en su tiempo de la "fuerza vital" o "espíritu animal" (misteriosa energía no ligada a la materia que haría moverse a los músculos), midió la velocidad de conducción del impulso nervioso, estableciendo así que el proceso de contracción del músculo estaba gobernado por fuerzas físico-químicas, no sobrenaturales. 

Se interesó especialmente por la fisiología de los sentidos y defendió la teoría de la inferencia inconsciente, según la cual las sensaciones (el impacto de la realidad sobre los receptores de los sentidos) no permiten la identificación de los objetos sino que sólo sirven como señales o trazos que el cerebro utiliza para sacar conclusiones a través de procesos inconscientes activos en los que aplica herramientas lógicas (inferencias o conclusiones). 

La inferencia inconsciente fué un concepto avanzado para su tiempo que quedó relegado en el olvido pero que es absolutamente coherente con la moderna visión de la percepción. 

Von Helmholtz representa un modelo de investigador desgraciadamente en desuso, con conocimientos e intereses en diversas disciplinas que buscan la explicación material de los complejos procesos neuronales con algo más que moléculas. 

La Biología molecular ha desplazado a la Neurofisiología como generador de teorías y aplicaciones en Neurología. Creo que es una situación que empobrece y distorsiona la reflexión de los neurólogos sobre padecimientos como la migraña en los que se buscan exclusiva y obsesivamente las claves químicas, supuestamente alteradas.