Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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Mostrando entradas con la etiqueta El Yo. Mostrar todas las entradas
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domingo, 25 de julio de 2010

¿Dolemos porque estamos preocupados o estamos preocupados porque dolemos?



William James suscitó una vez más la inagotable cuestión del huevo y la gallina al hacerse la pregunta: "¿lloramos porque estamos tristes o estamos tristes porque lloramos"?

El niño William había sufrido un desmayo viendo cómo recogían sangre en un cubo en la matanza de un cerdo y ese suceso le había sorprendido. Algo en su organismo se había revuelto ante la visión de la sangre y aunque el pequeño William no era consciente de ese rechazo y estaba interesado en observarlo todo, su organismo impuso la ley del estado emocional de miedo, activó la reacción de huída y como el niño no huyó la sangre quedó estancada en las extremidades inferiores provocando la caída tensional y la pérdida de conciencia. 

La cuestión del huevo y la gallina en los estados emocionales sigue viva: ¿primero el organismo se emociona, sentimos ese estado emocional somático y procedemos a evaluarlo para dar curso a una respuesta... o primero está la evaluación reflexiva y luego aparece la expresión emocional somática de lo que hemos estado barruntando? 

Considerando el dolor como la expresión de un estado emocional somático de temor a la necrosis proyectado hacia la consciencia podemos parafrasear la frase de James:

¿ "Dolemos porque estamos preocupados o estamos preocupados porque dolemos" ?  

Hay algo en la pregunta que no funciona. Es el verbo:   "dolemos"...

Sólo suena correcto si lo sustituimos por "nos duele"...

En el lenguaje real los padecientes sostienen:

- No me duele (ello, lo que sea) porque esté (YO) preocupado. Estoy preocupado (YO) porque (ello, lo que sea) me duele.

Poniendo lágrimas en vez de dolor quedaría:

- No me llora (ello, lo que sea) porque esté (YO) triste. Estoy triste (YO) porque (ello, lo que sea) me llora.

Las lágrimas y el dolor son acciones somáticas que pueden ser inducidas por estímulos adecuados como la cebolla o un golpe y también lo son cuando expresan un estado evaluativo somático respecto a determinados contextos.

En la cuestión del huevo y la gallina subyace, como siempre, el dualismo, la inevitable sensación de estar constituidos por dos componentes, el somático (físico) y el sintiente (psíquico).

El organismo es uno aunque contenga muchas capas evolutivas, filogenéticas,  neuronales, integradas. 

Integrar no quiere decir compartir objetivos y evaluaciones. En el organismo cohabitan varios sistemas evaluativos. Cada uno va a lo suyo y está sometido a una jerarquía continuamente variable, según contextos y aprendizaje.

La red neuronal forma parte del organismo. Su conectividad está fuertemente condicionada al aprendizaje y éste lo está respecto a la cultura en la que se produce.

"Duelo (mi organismo me activa la percepción de dolor) porque mi organismo evalúa peligro necrótico..."

Para mis convicciones sobre biología del dolor me suena bien. Al padeciente... para todos los gustos...

- YO no soy el que se pone el dolor... Me duele... Me preocupa porque me hace sufrir y me hace pensar en que algo tiene que haber que lo explique...

- No confunda YO con ELLO, su organismo. YO es sólo un estado funcional de la consciencia y la consciencia ... bueno...la consciencia es un misterio... neuronal... perdón... del organismo... y su historia como especie y como individuo... social...

- ¿?

- ¿?...

jueves, 15 de julio de 2010

Los cerebros


Me gusta confundir a los residentes con preguntas aparentemente absurdas..

- ¿Cuántos cerebros tenemos?

El residente intuye que la pregunta tiene trampa y bloquea cualquier intento de respuesta.

- ¿ ?

Hay quien gusta de considerar que tenemos dos cerebros: el izquierdo y el derecho. También pudiera ser el cerebro de la cabeza y el de las tripas (cerebro intestinal).

La sugerencia del cerebro uno y trino ha hecho fortuna: el cerebro reptiliano, el de los primeros mamíferos y el de los modernos... formando capas de cebolla según íbamos evolucionando.

Realmente la respuesta correcta es: 

- Depende...

"Dios (y el diablo) está en los detalles..."

Lo importante es que existen, ante un momento, lugar y circunstancia, múltiples ofertas de decisión en la red neuronal. Nuestros múltiples "cerebros": el de izquierdas, el de derechas, el emocional, el analítico, el intuitivo, el reflexivo, el reflejo, el automático, el consciente, el del pasado, el del futuro, el del presente, el egoísta, el altruista, el de corto plazo, el de medio y largo, el miedica, el osado... proponen y aparece una salida (output) o respuesta con la apariencia engañosa de que hay un ámbito final de consideración en el que se escoge lo más adecuado. 

- YO...

Todo lo que percibimos está influido por el procesamiento aparentemente caótico de todas y cada una de las capas neuronales.

El dolor no es una excepción. En cada punto de espacio-tiempo de percepción dolorosa confluyen todas las sugerencias de múltiples ámbitos de decisión.

La complejidad no gusta. Preferimos "las cuentas claras" y dejamos las espesuras para el chocolate.

- El dolor es un estímulo que se produce donde duele... Los nervios lo detectan y conducen hasta la superficie del cerebro donde está la consciencia. Una vez ha llegado allí, lo sentimos.

Según esta propuesta, aparentemente clara y defendible, el programa de televisión se genera en las cámaras del estudio... o... en la pantalla del televisor. 

Lo que vemos en la pantalla es, siempre, la retransmisión, en tiempo real, de lo que está sucediendo.

Duele sobre la zona lumbar... luego se está produciendo dolor allí. Las cámaras neuronales lo recogen y lo retransmiten hasta la pantalla de la consciencia del padeciente.

En el dolor, para los partidarios de las cuentas claras, el cerebro sólo existe como objeto pasivo cuya única misión es la de facilitar el paso a la consciencia del sufrimiento generado en los tejidos.

"El tálamo es una estación de relevo sensorial..."

El tálamo es una estructura ovoide alojada en el centro de cada cerebro (izquierdo y derecho). A él confluyen los flujos de información de los sentidos en su viaje a los cerebros (reptiliano, protomamífero, neomamífero, analítico, emocional, automático, prospectivo, realista, imaginativo...). Estos flujos de información apenas llegan a cubrir un diez por ciento de las entradas talámicas. Sólo un 10% de la función talámica pudiera corresponder a la sencilla y clara descripción de la razón de existir del tálamo:

"El tálamo es una estación de relevo sensorial"

"Las señales de dolor llegan al tálamo y de allí parten al cerebro..."

En realidad el tálamo es una estación de integración de todos los flujos de información, horizontales y verticales, de dentro afuera, de fuera adentro, de la periferia al centro, del centro a la periferia, de un barrio del centro a otro...

En el tálamo se integra ante cada estímulo la función "depende":

- Recibido. Puede que, pero como, recuerdo, creo, temo, me gustaría, prefiero, me han dicho, necesito, en este momento...

Las "señales de dolor" pueden encontrarse con un tálamo abierto, facilitador del tráfico hacia el "centro del dolor" cerebral, es decir, como una "simple estación de relevo sensorial" o con un tálamo distraído, cerrado, más atento a lo que se dice en el bullicio reflexivo de las esferas (bajas, medias y altas). 

"El tálamo es una estación de relevo especulativo. Allí llegan copias de las decisiones tomadas en todas y cada una de las capas y se pasa la información a todas ellas para que la decisión final de cada punto del espacio-tiempo de la decisión esté integrado y cada punto del organismo no tire cada uno para un lado".

El chocolate espeso del dolor no interesa. Apetece más el agua clara...

- No sé...YO sólo sé que me duele. Necesito algo que me alivie, al menos...   

sábado, 3 de julio de 2010

Movimiento ¿voluntario?



Aparentemente nos movemos a golpe de voluntad. Nos ponemos de pie, nos sentamos, andamos, corremos, saltamos... porque lo decidimos así. Los músculos que ejecutan nuestras decisiones se limitan a obedecer nuestros propósitos.

En condiciones normales el movimiento debe ser indoloro. Los músculos desplazan segmentos rígidos sobre superficies articulares bien pulidas y lubricadas. Nada roza, comprime, desgarra ni pinza. Los músculos están suficientemente abastecidos de energía para contraerse y relajados una vez cumplida la tarea. 

Si el dolor aparece es que algo va mal, los tejidos no soportan la acción decidida. Nuestro propósito motor afecta algún componente dañado, vulnerable. Los músculos nos obedecen pero su contracción genera problemas, riesgos, daño. Eso parece...

Realmente no pintamos gran cosa en el movimiento. Nos limitamos a seleccionar y exponer deseos: "quiero levantarme, andar, tumbarme, estar sentado ante el ordenador, coger un libro..." El cerebro toma nota de nuestro deseo, valora pros y contras y decide qué hacer, qué programa motor activar, después de evaluar el beneficio y coste de lo que le pedimos. Si ve peligro protegerá la zona implicada en la acción.

La evaluación y toma de decisión motora es compleja. La escala de valores que sopesa el cerebro tiene como referencia no sólo el objetivo del individuo, la ganancia, sino también la repercusión potencial que la acción pueda tener sobre la integridad de los tejidos.

La escala de valores que guía la decisión cerebral entra muchas veces en conflicto con la que promueve los deseos motores del individuo. 

- Me voy a levantar...

- Con esa columna mejor estarías en la cama

- Tengo que levantarme...

- Te bloqueo la zona lumbar y activo la alerta por si hay problemas.

- Me duele

- Me lo temía...

El individuo no escoge el programa motor que le pone en pie. Eso es cuestión del cerebro. Básicamente hay dos programas: el confiado y el desconfiado. Si duele es que está activado el desconfiado, el alarmista.

Las decisiones cerebrales sobre selección de programas motores pueden ser erróneas pero el cerebro debe saber que se ha equivocado.

- Me voy a levantar

- Con esa columna mejor estarías en la cama

- A la columna no le pasa nada

- Te recuerdo que tienes dos protrusiones discales, artrosis...

- Ya sabemos que eso no supone ninguna amenaza. Relájate. No tengas miedo. Pon el programa confiado.

- Vale

- No me ha dolido. ¿Ves?

- Lo reconozco. Estaba equivocado. Lo tendré en cuenta para otra vez...

 No decidimos si se activa el programa confiado o el desconfiado pero podemos influir en la decisión cerebral . A través del conocimiento podemos proyectar nuestras convicciones al ámbito de las decisiones cerebrales. Podemos representar el movimiento confiado y después solicitarlo. 

El movimiento contiene reflejos, condicionamientos, hábitos, temores conscientes e inconscientes... Aprendemos a movernos. El modo de hacerlo estará fuertemente condicionado por la evaluación, el cálculo de coste-beneficio que el cerebro aplica a cada una de nuestras solicitudes motoras. 

El individuo propone y el cerebro dispone...

Podemos invertir los término: el cerebro propone y el individuo dispone... dentro de ciertos límites.

La jerarquía entre cerebro e individuo es cambiante, plástica. El error debe ser detectado y corregido. El experto puede ser responsable de la generación de errores pero también puede y debe ayudar a detectarlos y corregirlos.

El individuo debe confiar en que sus deseos motores deben ser atendidos sin miedo y el cerebro debe activar programas confiados, económicos para optimizar el coste-beneficio.

El cerebro debe poner buena voluntad, colaborar con las solicitudes del individuo. Al fin y al cabo no pide nada del otro mundo: levantarse, sentarse, andar, jugar, bailar, hacer deporte... dormir... 

- ¿Qué haces ahí en la cama? 

- Tengo mal la columna. Me da miedo que me duela...

- Excusas... No te preocupes. La columna está segura. Te pongo el programa confiado. No creo que sientas dolor...

- ¡Es verdad! ¡No ha dolido!

sábado, 5 de junio de 2010

Prensa de organismo



El dolor es, mal que les pese a los cartesianos (oficiales y alternativos, conscientes e inconscientes), un producto neuronal. Surge del procesamiento integrado de información sobre organismo efectuado en múltiples oficinas cerebrales y se proyecta sobre esa misteriosa pantalla denominada consciencia para alertar al individuo de que algo amenazante está sucediendo o pudiera suceder e incitarle con apremio variable a actuar en consecuencia. 

Cada punto del organismo está expuesto a sucesos nocivos violentos (mecánicos, térmicos, químicos, biológicos) con resultado de víctimas celulares (necrosis). Allí están los nocireporteros neuronales para detectarlos y comunicarlos a "la redacción" donde se valorará la relevancia de lo notificado y se decidirá si se debe informar al individuo (YO). 

El individuo está conectado, lo quiera o no, a la emisión del programa nociceptivo cerebral de 24 horas, día y noche. Habitualmente el programa no emite ninguna noticia: todo bien... El interior es un espacio protegido de forma redundante hasta el aburrimiento. La evolución ha seleccionado un entorno-hábitat para las células con todas las garantías posibles. Todo es constante: oxígeno, sales, acidez, temperatura, glucosa. No es necesario  dar partes meteorológicos sobre una "atmósfera" inmutable, predecible, sin nubes, vientos, anticiclones ni borrascas.

A Homo sapiens (ma non troppo) le hartó el tedio de lo predecible y se dió en imaginar la realidad. Construyó mundos posibles en su imaginación, más emocionantes e inciertos. 

La prensa de organismo comenzó a incluir noticias de lo imaginado, lo posible, lo deseado y lo temido. Dejó de ser un periódico con todas las hojas en blanco para convertirse en un universo rebosante de noticias sobre sucesos posibles. 

El periódico de posibles noticias estaría condenado al fracaso si el lector-receptor supiera que se trataba de eso, de posibles sucesos:  "puede que hoy tengas una meningitis, se te rompa una arteria, no llegue oxígeno al corazón, te caigas y te fractures la cadera... " te recuerdo que tu madre murió de Alzheimer, tienes alto el colesterol y cualquier día tienes una trombosis..." Nadie prestaría atención a un periódico agorero.

La prensa de organismo consiguió el efecto mágico de presentar lo imaginado, lo posible, como si realmente estuviera sucediendo y sin que el lector-receptor pudiera ser consciente del engaño.

- YO sólo sé que me duele. Eso no es normal. Dicen que no tengo nada. YO algo tengo que tener...

Entre los lectores surgieron los expertos en desvelar el interior. Fueron construyendo hipótesis sobre disturbios y desarreglos de humores, meridianos, energías, hormonas, serotoninas y endorfinas y les señalaron causas en genes, alimentaciones, estreses, cambios meteorológicos, traumas infantiles...

La prensa de organismo hizo pronto el Agosto publicando constantemente noticias sobre sucesos imaginados... El lector-receptor de dolores, cansancios, desánimos, pruritos y apreturas intestinales relataba sus noticias a los expertos y estos prodigaban explicaciones sobre disturbios y consejos sobre remedios.

Llegó un momento en el que la prensa llegó a creerse las noticias del mundo imaginado y... en esas andamos. Se ha cerrado el círculo o, mejor dicho, no ha acabado de cerrarse... pues es una espiral.

- Me duele todo a todas horas...

- No tiene usted nada. Imagina que le duele...

Los expertos piensan que los lectores se inventan las noticias con fines inconfesables o para expresar en términos físicos lo que no se atreven a confesar en términos afectivos...

- Estará usted deprimida... los nervios... No puede dolerle todo, siempre...

Mientras tanto la prensa de organismo aumenta su tirada. El filón de las noticias sobre posibles sucesos, presentados como hechos consumados no tiene límite.

Les recuerdo lo que sostiene Rodolfo Llinás, nuestro admirado neurofisiólogo: "el cerebro sueña la realidad..." pero la presenta al cándido y atribulado lector-receptor como si fuera real...

- Su cerebro sueña un organismo enfermo, desgastado, artrósico, desvitalizado, desenergizado...

- ¿No hay nada para despertar al cerebro, para que ponga los pies en el suelo de lo real y se deje de confundirnos a los lectores...?

- Información, conocimiento, biología... racionalidad... sentido común... desvelar la chapuza... 

La mejor noticia sobre organismo es ninguna, la hoja en blanco... El organismo siempre tratará de presentar noticias sobre posibles sucesos. Si el lector les presta atención está perdido. 


- Haga como YO. Mire con fastidio y tedio los titulares y vuelva a lo suyo... De ese modo la prensa de organismo acabará volviendo a la hoja en blanco de cada día

jueves, 1 de octubre de 2009

Cámara, ¡acción!




"En el principio fue la acción", recordaba oportunamente Goethe.

Homo sapiens (ma non troppo) se gusta oyéndose hablar y considera que todo proviene del verbo, de la palabra: "en el principio fue el verbo...". Las palabras, según quien las diga, parecen estar dotadas de la facultad mágica de crear.

Desde el punto de vista evolutivo, todo se entiende mejor dando la razón a Goethe. El movimiento con un propósito es una característica básica de los seres vivos.

El paramecio es un protozoo, un ser vivo unicelular. Vive en charcas y se mueve de aquí para allá con el propósito de encontrar comida y evitar obstáculos. Su membrana está poblada de cilios que generan el movimiento. Cuando colisiona con algo, unos sensores mecánicos detectan el encontronazo y generan un programa motor que pone la marcha atrás, da un pequeño giro y reemprende la marcha. Si el golpe se recibe por la parte posterior, un tipo distinto de sensor mecánico dispara, lógicamente, un programa distinto.

Los biólogos consideran que el paramecio es una neurona acuática. Tiene todos los componentes característicos de las neuronas: sensores, un programilla y una respuesta motora.

Las neuronas de los seres vivos pluricelulares sólo se mueven cuando nacen y tienen que buscar su destino, su puesto de trabajo, su área de influencia. Una vez instaladas sólo se produce movimiento en las terminaciones, en los puntos de conexión con otras neuronas (sinapsis). Incesantemente crean y destruyen conexiones. De este modo podemos adaptarnos a las cambiantes condiciones del medio.

En las Facultades de Medicina se sigue enseñando a los futuros neurólogos que existen neuronas sensitivas, neuronas pensantes y neuronas motoras: neuronas que captan estímulos, neuronas que reflexionan sobre ellos y deciden qué órdenes dar a otras neuronas, que finalmente dicen a los músculos lo que tienen que hacer.

En las Facultades de Medicina se sigue diciendo a los futuros neurólogos que lo que percibimos en la pantalla de la conciencia es lo que nuestras cámaras captan del interior y exterior. Las imágenes y sonidos se captan por ojos y oídos y se proyectan a la pantalla del YO espectador.

No sorprende que los neurólogos sigan pensando que el dolor se construye en los tejidos doloridos, es captado por las neuronas sensitivas y se conduce hasta el cerebro donde las neuronas pensantes decidirán qué hacer con él. Una vez tomada la decisión se prepara un paquetito para el YO con un mix de una sensación dolorosa con un toque emocional de sufrimiento a la vez que se activa un programilla conductual de quedarse quieto en cama o slir huyendo.

Toda percepción es una acción. Es el resultado final del procesamiento neuronal. Es lo que aparece en la pantalla del YO con el propósito de forzarle a una conducta. La percepción es la acción imaginada, iniciada. La acción está contenida por un resorte. Sólo falta oir el pistoletazo de salida para que se ejecute.

La percepción de picor es ¡ráscate!, la de hambre, ¡busca comida!... y la de dolor: ¡huye! o ¡no te muevas!

Hay percepciones adecuadas: contienen sabias propuestas de acción: eliminar un parásito de la piel al rascarse, llenar los depósitos de energía tras unos días sin probar bocado o huir del fuego o quedarse quieto cuando algo no va bien dentro.

Es más frecuente que el cerebro alarmista, marca sapiens (m.n.t.), construya percepciones irracionales, erróneas, con propuestas absurdas y peligrosas: rascar violentamente una piel normal, comer sin parar o quedarse bloqueado.

El cerebro alarmista quiere individuos rascadores, comilones, temerosos del movimiento.

El cerebro alarmista se reconforta con la oferta de los bálsamos para todo: ungüentos, bocadillos y calmantes y acaba cogiendo gusto a los remedios. Prefiere que haya cremas por la piel, comida en el estómago y calmantes. Para que eso sea así no hay otro modo que proyectar a la conciencia del YO las percepciones-acciones correspondientes: picor, hambre y dolor.

- Doctor, ¿por qué tengo tanto picor, hambre y/o dolor?

- Supongo que su cerebro quiere que se rasque, que coma o se tome un calmante. Pregúntele por los motivos.

- Bien, pero... ¿le obedezco o qué hago?

- Si le obedece está perdido.

- Tengo que tomarme el calmante.

- No necesariamente. No pasa nada si no se rasca, come o renuncia al calmante.

- ¡Qué fácil es decirlo!

No es fácil, a veces, hacer entrar en razones al cerebro alarmista. Es imposible si, además, le damos la razón y participamos de su alarmismo...

Cámara... ¡Acción!...

No haga ni caso. Usted a lo suyo...

miércoles, 8 de julio de 2009

El YO del organismo




A lo largo del blog aparece en muchas ocasiones una separación (pedagógica) entre organismo ("lo biológico") e individuo (el YO, "lo psicológico"). Es evidente que se trata de una separación intencionada cuyo objetivo es ayudar a comprender el funcionamiento del organismo en un contexto especial: la presencia de "síntomas en ausencia de enfermedad".

Los padecientes sanos se sienten enfermos pero el médico no encuentra enfermedad.

- Su organismo está sano

- YO me siento fatal. No puedo con mi alma

A la hora de orientar responsabilidades las sospechas pueden volverse hacia el organismo o hacia el paciente:

- Tiene que haber algo. Ustedes sabrán. YO no soy médico. Esto no puede ser normal

- Todas las pruebas son normales. Puede que sean SUS nervios

Para el paciente falla su organismo, su soporte físico, y, probablemente también, ese médico . Para el doctor, la máquina está razonablemente sana y lo que falla es el conductor, el usuario... el USTED.

El conflicto entre YOs-USTEDes está servido:

- YO creo que se equivoca

- YO creo que quien se equivoca es USTED

En mi opinión los dos YOs están en lo cierto y equivocados a la vez.

La razón de ser de la red neuronal es la de promover el movimiento en una dirección acertada. El organismo evalúa anticipadamente la realidad, predice el entorno tratando de minimizar la incertidumbre y cuando aparece algo relevante (apetitivo o aversivo) proyecta su evaluación hacia el individuo a la vez que prepara los programas motores que ejecutarán lo solicitado... si el individuo se aviene a ello.

La relevancia surge de la integración de lo posible y lo probable. Cuando conducimos es posible que nos matemos pero no es probable que suceda lo temido. En un balcón es posible que nos precipitemos al vacío pero no es probable.

Es posible que suceda algo terrible en el interior de la cabeza pero no es probable. El organismo ronronea continuamente posibilidades y probabilidades. Cada lugar y momento, cada acción, cada proyecto del individuo activa el registro específico de lo posible-probable para ese contexto.

El espacio-tiempo puede ser durmiendo en la cama por la noche un día cualquiera...

- No soy YO la que me produzco el dolor. Hay veces que me despierto ya con el dolor. Cuando estoy durmiendo no estoy pensando en nada...

- Eso es que no descansa bien. Los músculos no se relajan debidamente y, al estar contraidos toda la noche, producen dolor.

- Será algo así. YO que sé. El caso es que me duele... pero ¿por qué no se relajan los músculos si yo no tengo problemas? No estoy estresada...

- Siempre estamos estresados. Le voy a recetar unos relajantes musculares...

El cerebro es una red probabilística: posible...probable...posible...probable... Si la ecuación posible + probable supera el umbral del temor del organismo de ese momento y lugar, se enciende la emoción-motivación somática y aunque el YO esté dormido, o, precisamente por eso, se le despierta con el recado perceptivo correspondiente:

- Otra vez el dolor... Estos relajantes no me hacen nada...no son mis músculos...tiene que haber algo... no soy YO.

El YO estaba tan ricamente dormido por decisión compartida suya y de su cerebro (que dió las órdenes oportunas para que se produjera la desactivación de la función consciente) y el cerebro, movido por su cálculo de posibilidades-probabilidades, activó la función YO para que el individuo diera relevancia a sucesos posibles-probables en la cabeza y se moviera, hiciera algo, volviera a la consulta.

El YO es una función de organismo. El YO busca alimentos, los prepara, los mastica, los traga y elimina lo que el organismo desprecia. Una vez dentro, los alimentos deben ser procesados, analizados, pensados, discriminados... El YO anda por ahí a lo suyo. Acaba de tomarse una estupenda cerveza fría en la barra. El cerebro aplica su código de posibilidad-probabilidad y se activa la función lucha-huída ("el Fi-Flí") para abandonar el escenario. Se deriva la sangre de aparato digestivo y piel hacia los músculos de las extremidades, se acelara la frecuencia cardíaca, la respiración se hace más profunda, se activa la producción de sudor...se proyecta a YO la percepción de huida...

- ¿Qué te pasa? Estás pálido...

- No me encuentro bien...No me habrá sentado bien la cerveza... Me voy al baño...

............................

(En urgencias)

- Está todo bien. Se ha desmayado. Habrá sido un "corte de digestión". Puede que fuera la cerveza fría...


miércoles, 24 de junio de 2009

¡A mover el esqueleto!



Las neuronas aparecen en la evolución de los seres vivos pluricelulares junto a la capacidad de desplazarse activamente por el mundo. Las plantas seleccionaron la estrategia de apalancarse en el suelo, extraer de él agua y minerales y defenderse con corazas, espinas , venenos y "fármacos" y, por ello, carecen de neuronas. Entre los animales, los herbívoros se conforman con comer hierba (una prolongación del suelo), un alimento de baja calidad, y, en cierta manera, son semi-árboles. Pasan quietos la mayor parte del tiempo, rumiando una comida de difícil digestión, tienen pieles gruesas y cuernos. Sólo se mueven para recorrer el pastizal o huir (en manada) del depredador. Los carnívoros derivaron hacia la comida de calidad y cambiaron unas cuantas asas intestinales, necesarias para procesar la hierba, por unas pocas circunvoluciones de más, imprescindibles para explorar el mundo, dar con alimentos de calidad y defenderse de otros carnívoros.



Homo sapiens (ma non troppo) es un omnívoro, come de todo, pero no come hierba. En los tiempos duros de la sabana, valían los tubérculos, los insectos y la carroña junto a esquisiteces ocasionales como la fruta, la miel o pequeñas aves y mamíferos. Más adelante apareció la caza organizada, colectiva, de grandes piezas de carne y, por fin el cultivo de todo, la comida a pie de la guarida. Así, sin darnos cuenta hemos acabado en una estrategia quasi-vegetal: nos apalancamos en nuestras casas y extendemos raíces que llegan hasta el super. Con el mando a distancia de la tele exploramos el mundo e "interactuamos" socialmente. Ya no necesitamos las neuronas para buscar comida y defendernos de los depredadores sino para conseguir dinero y aprecio social.


No necesitamos mover el esqueleto para sobrevivir. En su lugar movemos la mente. Resolvemos las cuestiones, o las complicamos aun más, imaginando la realidad, rumiando y amasando confusamente el pasado, presente y futuro.


A muchos les sobrevive la tendencia ancestral del movimiento y dedican su tiempo libre a correr, saltar, agazaparse, danzar, escudriñar, huir, perseguir, lanzar objetos, explorar. Los viajes, el baile y los deportes calman las pulsiones atávicas de los tiempos de la sabana.


Otros muchos se dejan llevar por los nuevos tiempos del garantismo físico y social, de la comida, cobijo y amparo social disponibles sin gran esfuerzo y permanecen encamados, evitando el movimiento.


La inmovilidad no es solicitada ni deseada. Se sienten doloridos y agotados, sin energía ni ganas. Quisieran sentirse bien para explorar el mundo pero su organismo no parece estar para esas alegrías.


- Me duelen los huesos, doctor.


- Los huesos no duelen


- Pues serán las articulaciones


- Tienen buen aspecto en las radiografías. Son un prodigio de la evolución. No las infravalore.


- No sé...pues serán los músculos...


- Los músculos, si tienen comida y oxígeno y no les pide que trabajen por encima de sus posibilidades, tampoco se quejan


- Entonces serán los dichosos nervios


- El dolor es una queja física. No mezcle los asuntos


- Pues entonces no sé qué pueda ser...


- Es su cerebro. Está desocupado. Ya no necesita organizar el movimiento para sobrevivir y ahora le preocupan las enfermedades, los desgastes. Ha criado miedos. Tiene incluso miedo al movimiento. prefiere verle siempre en casa, en la guarida. Enciende el programa de "como si...estuviera enferma" y así no corre riesgos


- No soy de esas que se queda en casa porque quiere. Si me encontrara bien saldría pitando a la calle a comerme el mundo, pero no me encuentro bien.


- No le estoy juzgando a usted sino a su cerebro. Tiene que hablar con él y quitarle de la cabeza ese miedo a que se descoyunten sus huesos, rocen sus articulaciones, se pincen los nervios, se vengan abajo sus músculos o pille extrañas y misteriosas enfermedades, ocultas y agazapadas en el exterior.


- No le entiendo. Mi cerebro y YO ¿no somos lo mismo?


- ¡Y un jamón!


- Usted me dirá...

martes, 9 de junio de 2009

Estrés y dolor






Cuando el fisiólogo vienés Hans Selye inventó en 1950 la palabra estrés no era consciente de la importancia de su descubrimiento. El mundo necesitaba ese término. No sabemos cómo podían arreglarse los seres humanos, pacientes y profesionales, sin saber que gran parte de sus tribulaciones físicas y psicológicas eran debidas a que tenían "estrés".  De repente se hizo la luz. Todo encontró su razón de ser. 

Homo sapiens (ma non troppo) necesita las palabras. Su instinto de dar con las causas de cuanto sucede le lleva a construir nuevas palabras, etiquetas que dan cierta apariencia de que se ha identificado y localizado el problema.  Hasta 1950 los sapiens padecían misteriosos padecimientos para los que no se encontraba una explicación convincente y, sobre todo, no se disponía de una palabra satisfactoria. Había algún agente o estado insano que perturbaba el normal funcionamiento del organismo y se expresaba a través de múltiples síntomas y trastornos de apariencia física. Todo el mundo tenía en la punta de la lengua la palabra que describiría esa situación pero no acababa de aflorar. Selye dejó caer, sin darle mayor importancia, el sonido mágico de su nueva palabra: ¡estrés!.

Todo el mundo asintió alborozado. ¡Esa era la palabra! Estaba allí delante de todos y ninguno la veía. ¡Cómo podían haber sido tan ciegos! Desde entonces sentirse mal a pesar de estar bien dejó de ser un problema.

                 - Me duele todo. He estado en el médico. Me ha dicho que es todo normal pero que tengo estrés y , claro, por eso me duele.

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La reacción de los pacientes a la sugerencia de que el sufrimiento es debido al estrés es variable. Si los síntomas coinciden (cosa nada difícil) con una situación complicada en lo personal, la propuesta de que el estrés les está creando problemas les parece razonable y, en cierto modo, les tranquiliza, pues prefieren tener sólo estrés y no estrés y además, por ejemplo, un tumor en la cabeza. Si el paciente se registra y no reconoce en su vida actual conflictos o ajetreos personales puede que no le convenza la tesis del doctor y manifieste su disconformidad.

              - Yo no tengo estrés. Me va todo razonablemente bien. Todos tenemos nuestros problemas pero precisamente ahora es cuando mejor me encuentro. Si esto me hubiera sucedido hace unos años quizás le hubiera dado la razón pero precisamente ahora...

              - A veces los problemas quedan mal resueltos y dejan heridas internas abiertas que se expresan a través de síntomas físicos. Le mando al psicólogo.

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¿Qué es el estrés? 

Depende para quién. 

El estrés es una forma de valorar los sucesos: del pasado, del presente y del futuro. A uno le puede estresar, perturbar, alterar, la lluvia y a otro el que no caiga una gota. Cada individuo atribuye a la realidad (real o imaginada) una relevancia, un potencial de amenaza, una incertidumbre. Ello obliga a disponer estrategias de afrontamiento para paliar el impacto negativo de lo que se teme que suceda, haya sucedido o vaya a suceder. El proceso de evaluación lleva aparejada una apreciación de nuestra capacidad de resolver el teórico embrollo así como una aproximación a lo que a los demás pueda parecerles lo que vayamos a hacer. 

Hay una cuestión previa a todas estas especulaciones sobre el estrés. ¿Estamos hablando del cerebro o de nuestro YO? ¿El dolor es la consecuencia del estrés cerebral, de cómo evalúa nuestro pasado-presente-futuro o de cómo lo valoramos nosotros? El individuo consta de dos partes: de la piel hacia fuera y de la piel hacia dentro. Los síntomas físicos expresan una evaluación negativa, pesimista o incierta sobre sucesos piel-adentro. No habría que mezclar la subida del Euribor o el fracaso escolar del niño con la probabilidad de que se infecten las meninges. 

El cerebro tiende a considerar una relación posible de todo con todo. Busca causas obsesiva y compulsivamente. Cualquier propuesta autorizada de relación de causa efecto la da por potencialmente válida. Ello hace que valide el temor al chocolate, el queso curado, la comida china o el viento sur. El cerebro se estresa cada vez que el insensato paciente migrañoso cede a la tentación de comer unos bombones o beberse un cubata. El estrés se apodera de los cicuitos defensivos. Se activan las alarmas y las defensas. 

              - ¡Ha comido chocolate. Ha bebido un cubata! Alerta roja. Estrés!

              - Por un día... No creo que me duela...Mañana lo sabré

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El cerebro se ha estresado por el capricho del niño, por su temerosa conducta.

El YO se ha estresado con el programa defensivo migrañoso que se ha encendido innecesariamente por una nimiedad como comerse un bombón o echarse un trago. 

El estrés puede ser bueno, razonable, necesario, protector, adaptativo... o malo, innecesario, irracional, perturbador, alienante. 

La cuestión radica en una correcta evaluación de la relevancia de las cosas. Ese es el problema: 

¿Evaluamos racionalmente el interior, el mundo invisible de piel-adentro?

¿Evalúan los profesionales racionalmente el estado de nuestro organismo, el impacto de nuestra conducta? 

Hay buenos y malos estreses. La racionalidad marca la diferencia. 

No hay que estresar a nuestro hipersensible cerebro con lo del estrés. Bastante tiene con lo del chocolate y los otros miles de desencadenantes...