| Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología. | We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology. |
domingo, 25 de julio de 2010
¿Dolemos porque estamos preocupados o estamos preocupados porque dolemos?
jueves, 15 de julio de 2010
Los cerebros
sábado, 3 de julio de 2010
Movimiento ¿voluntario?
sábado, 5 de junio de 2010
Prensa de organismo
- Haga como YO. Mire con fastidio y tedio los titulares y vuelva a lo suyo... De ese modo la prensa de organismo acabará volviendo a la hoja en blanco de cada día
jueves, 1 de octubre de 2009
Cámara, ¡acción!
"En el principio fue la acción", recordaba oportunamente Goethe.
Homo sapiens (ma non troppo) se gusta oyéndose hablar y considera que todo proviene del verbo, de la palabra: "en el principio fue el verbo...". Las palabras, según quien las diga, parecen estar dotadas de la facultad mágica de crear.
Desde el punto de vista evolutivo, todo se entiende mejor dando la razón a Goethe. El movimiento con un propósito es una característica básica de los seres vivos.
El paramecio es un protozoo, un ser vivo unicelular. Vive en charcas y se mueve de aquí para allá con el propósito de encontrar comida y evitar obstáculos. Su membrana está poblada de cilios que generan el movimiento. Cuando colisiona con algo, unos sensores mecánicos detectan el encontronazo y generan un programa motor que pone la marcha atrás, da un pequeño giro y reemprende la marcha. Si el golpe se recibe por la parte posterior, un tipo distinto de sensor mecánico dispara, lógicamente, un programa distinto.
Los biólogos consideran que el paramecio es una neurona acuática. Tiene todos los componentes característicos de las neuronas: sensores, un programilla y una respuesta motora.
Las neuronas de los seres vivos pluricelulares sólo se mueven cuando nacen y tienen que buscar su destino, su puesto de trabajo, su área de influencia. Una vez instaladas sólo se produce movimiento en las terminaciones, en los puntos de conexión con otras neuronas (sinapsis). Incesantemente crean y destruyen conexiones. De este modo podemos adaptarnos a las cambiantes condiciones del medio.
En las Facultades de Medicina se sigue enseñando a los futuros neurólogos que existen neuronas sensitivas, neuronas pensantes y neuronas motoras: neuronas que captan estímulos, neuronas que reflexionan sobre ellos y deciden qué órdenes dar a otras neuronas, que finalmente dicen a los músculos lo que tienen que hacer.
En las Facultades de Medicina se sigue diciendo a los futuros neurólogos que lo que percibimos en la pantalla de la conciencia es lo que nuestras cámaras captan del interior y exterior. Las imágenes y sonidos se captan por ojos y oídos y se proyectan a la pantalla del YO espectador.
No sorprende que los neurólogos sigan pensando que el dolor se construye en los tejidos doloridos, es captado por las neuronas sensitivas y se conduce hasta el cerebro donde las neuronas pensantes decidirán qué hacer con él. Una vez tomada la decisión se prepara un paquetito para el YO con un mix de una sensación dolorosa con un toque emocional de sufrimiento a la vez que se activa un programilla conductual de quedarse quieto en cama o slir huyendo.
Toda percepción es una acción. Es el resultado final del procesamiento neuronal. Es lo que aparece en la pantalla del YO con el propósito de forzarle a una conducta. La percepción es la acción imaginada, iniciada. La acción está contenida por un resorte. Sólo falta oir el pistoletazo de salida para que se ejecute.
La percepción de picor es ¡ráscate!, la de hambre, ¡busca comida!... y la de dolor: ¡huye! o ¡no te muevas!
Hay percepciones adecuadas: contienen sabias propuestas de acción: eliminar un parásito de la piel al rascarse, llenar los depósitos de energía tras unos días sin probar bocado o huir del fuego o quedarse quieto cuando algo no va bien dentro.
Es más frecuente que el cerebro alarmista, marca sapiens (m.n.t.), construya percepciones irracionales, erróneas, con propuestas absurdas y peligrosas: rascar violentamente una piel normal, comer sin parar o quedarse bloqueado.
El cerebro alarmista quiere individuos rascadores, comilones, temerosos del movimiento.
El cerebro alarmista se reconforta con la oferta de los bálsamos para todo: ungüentos, bocadillos y calmantes y acaba cogiendo gusto a los remedios. Prefiere que haya cremas por la piel, comida en el estómago y calmantes. Para que eso sea así no hay otro modo que proyectar a la conciencia del YO las percepciones-acciones correspondientes: picor, hambre y dolor.
- Doctor, ¿por qué tengo tanto picor, hambre y/o dolor?
- Supongo que su cerebro quiere que se rasque, que coma o se tome un calmante. Pregúntele por los motivos.
- Bien, pero... ¿le obedezco o qué hago?
- Si le obedece está perdido.
- Tengo que tomarme el calmante.
- No necesariamente. No pasa nada si no se rasca, come o renuncia al calmante.
- ¡Qué fácil es decirlo!
No es fácil, a veces, hacer entrar en razones al cerebro alarmista. Es imposible si, además, le damos la razón y participamos de su alarmismo...
Cámara... ¡Acción!...
No haga ni caso. Usted a lo suyo...
miércoles, 8 de julio de 2009
El YO del organismo

miércoles, 24 de junio de 2009
¡A mover el esqueleto!
Homo sapiens (ma non troppo) es un omnívoro, come de todo, pero no come hierba. En los tiempos duros de la sabana, valían los tubérculos, los insectos y la carroña junto a esquisiteces ocasionales como la fruta, la miel o pequeñas aves y mamíferos. Más adelante apareció la caza organizada, colectiva, de grandes piezas de carne y, por fin el cultivo de todo, la comida a pie de la guarida. Así, sin darnos cuenta hemos acabado en una estrategia quasi-vegetal: nos apalancamos en nuestras casas y extendemos raíces que llegan hasta el super. Con el mando a distancia de la tele exploramos el mundo e "interactuamos" socialmente. Ya no necesitamos las neuronas para buscar comida y defendernos de los depredadores sino para conseguir dinero y aprecio social.
No necesitamos mover el esqueleto para sobrevivir. En su lugar movemos la mente. Resolvemos las cuestiones, o las complicamos aun más, imaginando la realidad, rumiando y amasando confusamente el pasado, presente y futuro.
A muchos les sobrevive la tendencia ancestral del movimiento y dedican su tiempo libre a correr, saltar, agazaparse, danzar, escudriñar, huir, perseguir, lanzar objetos, explorar. Los viajes, el baile y los deportes calman las pulsiones atávicas de los tiempos de la sabana.
Otros muchos se dejan llevar por los nuevos tiempos del garantismo físico y social, de la comida, cobijo y amparo social disponibles sin gran esfuerzo y permanecen encamados, evitando el movimiento.
La inmovilidad no es solicitada ni deseada. Se sienten doloridos y agotados, sin energía ni ganas. Quisieran sentirse bien para explorar el mundo pero su organismo no parece estar para esas alegrías.
- Me duelen los huesos, doctor.
- Los huesos no duelen
- Pues serán las articulaciones
- Tienen buen aspecto en las radiografías. Son un prodigio de la evolución. No las infravalore.
- No sé...pues serán los músculos...
- Los músculos, si tienen comida y oxígeno y no les pide que trabajen por encima de sus posibilidades, tampoco se quejan
- Entonces serán los dichosos nervios
- El dolor es una queja física. No mezcle los asuntos
- Pues entonces no sé qué pueda ser...
- Es su cerebro. Está desocupado. Ya no necesita organizar el movimiento para sobrevivir y ahora le preocupan las enfermedades, los desgastes. Ha criado miedos. Tiene incluso miedo al movimiento. prefiere verle siempre en casa, en la guarida. Enciende el programa de "como si...estuviera enferma" y así no corre riesgos
- No soy de esas que se queda en casa porque quiere. Si me encontrara bien saldría pitando a la calle a comerme el mundo, pero no me encuentro bien.
- No le estoy juzgando a usted sino a su cerebro. Tiene que hablar con él y quitarle de la cabeza ese miedo a que se descoyunten sus huesos, rocen sus articulaciones, se pincen los nervios, se vengan abajo sus músculos o pille extrañas y misteriosas enfermedades, ocultas y agazapadas en el exterior.
- No le entiendo. Mi cerebro y YO ¿no somos lo mismo?
- ¡Y un jamón!
- Usted me dirá...
martes, 9 de junio de 2009
Estrés y dolor





