Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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jueves, 20 de enero de 2011

Fin de episodio



Un episodio es algo que se inicia en un momento, lugar y circunstancia, contiene una determinada relevancia y termina. El cerebro ordena la realidad en episodios, sucesos enmarcados en el tiempo y en el espacio y que significan algo. 

En el organismo existe una compleja rutina de procesos exquisitamente controlados. De cuando en cuando sucede algo imprevisto. Ese algo puede ser un suceso nocivo: una infección, un desgarro, falta de oxígeno... Hay muerte celular, necrosis. Se disparan las alarmas, se movilizan los recursos defensivos. La zona se inflama: duele,  está caliente, tumefacta, rubicunda y fuera de servicio. Todo sucede con rapidez. Cada segundo cuenta. El despliegue contiene mecanismos de retroalimentación positiva, de pescadilla que se muerde la cola y engorda. Lo prioritario es acabar con el estado o agente causante de la necrosis. Las células necróticas son altamente tóxicas y necrotizantes. Hay que acabar también con ellas. Una vez controlado el peligro necrotizante viene la reparación. Hay que recuperar lo dañado. No siempre queda perfecto pero los remiendos son eficaces, suficientes. 

El dolor protege el proceso de reparación. Una vez que ha finalizado, el dolor se convierte en un obstáculo. Los tejidos necesitan la actividad para recuperar la condición normal y para ello el cerebro debe retirar la percepción de dolor, autorizar y promover la reutilización, no penalizarla. El peligro ha pasado. Debe volver la normalidad. Fin de episodio.

Hay muchos episodios necróticos que disparan con normalidad la reacción de fase aguda (inflamación) pero que dejan la alarma puesta. El cerebro no concede el visto bueno a la reparación y sigue penalizando la utilización. El dolor sigue allí indefinidamente convertido en problema. La zona queda requisada funcionalmente, con incapacidad absoluta. No hay episodio. Hubo un comienzo pero no se concede el final.

- Tengo una hernia de disco...

Hubo un momento en que en un lugar (el disco) se produjo un desgarro y el núcleo pulposo se hernió invadiendo el espacio ocupado por una raíz nerviosa. Saltaron las alarmas. Dolió, se bloquearon las articulaciones, se activaron programas motores protectores, alternativos... pero en unos días o semanas se reorganizó el lugar, se retiraron los restos necróticos, se remendó el roto y se dejó listo para el movimiento, necesario para recuperar la función y la arquitectura. Puede que el cerebro no lo vió así. No recuperó la confianza y sigue negando el final del episodio, la licencia de uso con garantías.

- Bueno, usted tuvo un episodio de hernia discal, pero ya está reparado, concluido. Debe moverse sin miedo.  La recuperación de la estructura y función no es posible sin el movimiento. Los programas defensivos de fase aguda deben apagarse. Su cerebro debe saber que el perder un punto articular entre dos vértebras no supone el fin. Su cerebro debe promover la normalidad. De otro modo la zona lumbar se va a convertir en un círculo vicioso absurdo.

- Ya, pero me duele, estoy bloqueado, rígido, no puedo hacer nada.

- Está usted todavía en fase aguda, como si acabara de desgarrarse el disco. Eso ya está enfriado, reparado. Si no hay otra vez actividad, propósitos, confianza... nunca volverá a la normalidad. Debe dar el carpetazo.

La gestión de los procesos defensivos por parte del sistema inmune y nervioso contiene el peligro de una mala regulación. Un episodio agudo se convierte en crónico, no necesariamente porque haya dejado secuelas sino porque no se ha dado por finalizado cuando debiera darse. 

El dolor crónico es muchas veces una respuesta de alerta disparada justificadamente por un suceso necrótico agudo que el miedo mantiene injustificadamente activada. No hay vulnerabilidad física sino simple y llanamente miedo a la vuelta a la normalidad. El cerebro no se fía de las reparaciones. Ni siquiera sabe que existen. 

- No has vuelto a coger el coche...

- Tengo un accidente

- Ya, pero eso fue hace unos años y lo mandaste al garaje a repararlo...

Los ciudadanos siguen utilizando el presente para relatar el pasado real y el futuro imaginado, temido.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Reparación de tejidos y dolor



Todos conocemos la evolución de una herida superficial. Una vez eliminado el agente o estado destructivo y en ausencia de infección, sentimos dolor espontáneamente sólo en su inicio. Después, si la dejamos en paz, la zona inflamada es indolora. En unos días podremos comenzar a utilizarla normalmente a medida que los signos inflamatorios (hinchazón, calor, enrojecimiento) van atenuándose. La inflamación  ha dejado paso a las fases de proliferación celular y remodelación de tejido cuyo objetivo es el de recuperar la función evitando riesgos.

El dolor sólo tiene sentido biológico (celular) en la fase inicial de reparación de la destrucción violenta de los tejidos. Las células destruidas liberan señales que activan las respuestas defensivas características de la inflamación. Entre ellas la sensibilización de las terminales de los nociceptores, las neuronas encargadas de detectar nocividad, muerte celular violenta, es decir, necrosis (consumada o inminente).

La reparación de tejidos dañados incluye siempre tres fases solapadas, necesarias: inflamación, proliferación y remodelación. Cada una de ellas prepara la siguiente a la vez que se autodifumina. La inflamación se autodesinflama mientras ha disparado la proliferación celular regenerativa y la proliferación celular se autoapaga dando paso a la remodelación del tejido reparado.

Si todo va bien, no tiene por qué doler más allá de unas horas si dejamos en reposo la zona inflamada.

Un infarto de miocardio duele al principio para dar la voz de alarma y para limitar la actividad mientras se dan los pasos para eliminar restos celulares y organizar un tejido provisional mínimamente resistente. 

El dolor tiene sentido sólo cuando algo está destruyendo o acaba de destruir tejidos. La percepción de frío sólo tiene sentido cuando la temperatura está baja, la de hambre cuando necesitamos reponer energía, la de sed cuando falta agua...

Existe el frío, calor, hambre y sed crónicos, innecesarios, disfuncionales. Sostienen el mercado de las prendas de abrigo, helados, aire acondicionado, abanicos, restaurantes, refrescos. Sorprendentemente, no hay terapias (fármacos, agujas, homeopatía, "remedios naturales"...) para aliviarlos.

El dolor crónico tiene un status especial aun cuando nada lo justifique. Cualquier incidencia aguda, física o psíquica, con o sin resultado de daño celular violento, puede dejar abierto el programa cerebral que lo proyecta a la conciencia. No hay inflamación, el daño está ya reparándose, puede que se esté ya incluso en la fase final de la remodelación, en la que viene bien la actividad normal, el estrés mecánico necesario pero el dolor sigue ahí como un disco rayado, orbitando sobre el individuo.

A los padecientes la persistencia del dolor les sugiere que hay algo activo allá donde duele. Los profesionales comparten la opinión y aplican sus terapias para desinflamar tejidos no inflamados (previsiblemente ya remodelados), reorganizar equilibrios y humores desestabilizados, recolocar tabas óseas y relajar músculos contracturados. Si todo falla siempre podrá desdecirse uno de lo dicho y convertir el lugar dolorido (hasta ese momento supuestamente inflamado) en lugar curado desviando el problema al limbo de "lo psicológico".

- Hemos estado dos días sin calefacción, durante la helada. Ya no he vuelto a salir del frío. Me han dicho que es crónico. Dicen que la temperatura de la casa es normal pero YO sigo sintiendo frío...

El problema de las heridas internas es que no las vemos. Sólo podemos imaginarlas... en base a lo que nos han enseñado a imaginar...

- YO sólo sé que me duele...

- ¿Qué imagina?

- YO no imagino nada... me duele...

No existe la no imaginación. Es inútil negar lo innegable. Puede que no seamos conscientes de lo imaginado. Puede que esté automatizado y sea puro ronroneo, ruido... pero no es bueno acostumbrarse a dar por sentado algo, por aparentemente obvio...

- No me parece normal que me duela la columna. La tengo que tener mal, necesariamente...

- Puede que esté usted equivocado. Puede que sean sólo imaginaciones suyas, perdón, de su cerebro...

- ¡Nada de eso! YO no imagino nada. Tengo la columna mal, lo suficientemente mal como para explicar el dolor...

Dolor no es igual a daño. Dolor no es igual a daño. DOLOR NO ES IGUAL A DAÑO...

Dolor es igual a evaluación cerebral de amenaza... a veces correcta, a veces equivocada. 

Los tejidos dañados se reparan. Se inflaman, se desinflaman, acuden brigadas de células a proteger, reparar y remodelar el daño, recuperar en lo posible la función. Puede que el resultado no sea siempre óptimo pero el dolor habitualmente no indica la calidad de la reparación sino cómo imagina (teme) el cerebro que puede haber quedado aquello y qué peligro tiene el que el individuo quiera utilizarlo como si nada hubiera pasado...

La Evolución es un proceso chapucero. Se apaña con lo que hay y no siempre acierta en cada individuo con la medida de sus recursos y con los tiempos que le toca convivir. Es lenta, demasiado lenta... pero hay algo más chapucero aún que la Evolución biológica: la Evolución cultural. También tiene que apañarse con lo que hay... con lo que dicen los expertos... 


Puede que sea demasiado rápida en adaptarse a los tiempos cambiantes... a la oferta y la demanda...

jueves, 9 de diciembre de 2010

El derecho a la inflamación



Muestro en la consulta la imagen de unos bomberos apagando un fuego y pregunto al padeciente: 

- ¿Qué es la inflamación: el fuego o los bomberos?

La respuesta es, invariablemente: ¡el fuego!

Inflamar es encender fuego, producir llama. Un tejido inflamado está caliente y colorado, además de dolorido y abultado. Los bomberos desinflaman, apagan el fuego... luego son antinflamatorios... Elemental...

- Pues no. La inflamación son los bomberos... agentes que pretenden evitar la extensión del fuego.

Las palabras, cuando no son adecuadas, juegan malas pasadas. El término inflamación es absolutamente inadecuado, perturbador, patológico. Debiera eliminarse.

La inflamación es una respuesta defensiva que protege los tejidos sanos de algo destructivo cercano y repara lo dañado. 


La idea de que la inflamación es un fuego destructivo que debe ser contenido con antinflamatorios está muy extendida. 

La aplicación compulsiva y apremiante de hielo desenmascara  el error de considerar la inflamación como algo destructivo que debe ser combatido.

Ciertamente los bomberos causan destrozos en su furor combativo contra las llamas pero a nadie se le ocurre llamar a la policía en un incendio para denunciar a unos señores que destruyen puertas y ponen todo hecho un asco con el agua.

Puede darse el caso de una actuación desmedida de los bomberos. Pueden destrozar el salón para apagar una cortina con un borde ardiendo. 

Puede suceder, incluso, que los bomberos inunden la casa cada vez que tratamos de encender la chimenea.

Existen bomberos desmedidos que matan moscas a cañonazos o que no permiten los buenos fuegos. Existen inflamaciones desmedidas e innecesarias pero los bomberos no prenden fuego, lo apagan. Son agentes inflamantes... "Inflamación", ¡maldita palabra! Así no hay quien se entienda...

El dolor forma parte del estado inflamatorio: tumor, rubor, calor y dolor...

Las brigadas antisíntoma tratan de evitar hinchazones, rojeces, calores y dolores. Dan por sentado que los bomberos son siempre desmedidos e innecesarios, aunque haya incendio.

El organismo necesita la respuesta inflamatoria (bomberos) rápida y contundente para apagar cualquier fuego necrotizante, destructor  y también necesita tomar la medida a la propia respuesta. No hay inflamación sin antinflamación. Tendría el mismo sentido dar inflamatorios que antinflamatorios.

- Va a tomar estos inflamatorios para que se cure todo antes. Subirá la temperatura, se hinchará, le dolerá y se pondrá como un tomate...

Hay algunos que sostienen que la inflamación era necesaria en los viejos tiempos de la sabana cuando sobrevivir llevaba consigo heridas cotidianas. En la vida muelle que llevamos ahora la inflamación es desmedida, inadecuada, y debe ser contenida, como sucede con la presión arterial alta... Puede ser pero primero habrá que tomar la medida a la inflamación de cada uno para ver si es excesiva.

- Me han dicho que tengo la inflamación alta. Ando con antinflamatorios...

Los tejidos de los embriones no se inflaman cuando se destruyen. Se regeneran. Se producen nuevas células. Con el desarrollo y maduración celular los tejidos pierden poder regenerante y recurren a la inflamación para recomponerse. No es lo mismo pero las reparaciones no quedan del todo mal: con poca estética y con la función algo mermada pero sirven...

Mientras no se demuestre lo contrario, la inflamación es oportuna y mesurada. Debe respetarse. Si uno tiene un inflamarse patológico debe contenerse el furor inflamatorio, la alergia y la hiperergia... con ayuda antinflamatoria...

Hay una obsesión por descalificar la autogestión del organismo. Todo lo hace mal. Todo está disregulado, se pasa o se queda corto... Los sistemas defensivos, neuronal e inmune, son incompetentes y necesitan la corrección del profesional que de un vistazo o, por simple corazonada, presiente que todo está inflamado, mal inflamado, excesivamente inflamado...

Los padecientes se sienten inflamados. Están doloridos luego hay inflamación... 

- Hay sirenas de bomberos luego hay bomberos. Hay bomberos luego hay fuego... Los cambios de tiempo deben incendiar la casa pues suena la sirena...

- ¿Dice usted que los bomberos son la inflamación, los incendiarios...?

- Así es. ¡Maldito fuego, benditos bomberos! ¡Bendita inflamación a pesar del maldito nombre! 

domingo, 18 de julio de 2010

Reparación de tejidos


La vida de nuestros ancestros era dura, arriesgada. Previsiblemente los arañazos, mordeduras, contusiones, desgarros, estaban a la orden del día. El organismo debía emplearse a fondo para reparar heridas complicadas. 

Los embriones de los mamíferos reparan las heridas perfectamente, sin cicatriz. El embrión regenera los tejidos sin dejar rastro del suceso. Los años van mermando la capacidad regenerativa y tienden a dejar en la zona herida la huella de la cicatriz, un tejido fibroso poco estético que restringe la movilidad articular y altera la función del órgano afectado.

El organismo adulto repara de forma chapucera las heridas, con mucha inflamación y mala reposición celular.

La reparación de una herida pasa por tres fases: inflamación, proliferación y maduración

Donde se produce la agresión hay muchas bajas celulares. Un número ingente de células han muerto de forma violenta, necrótica. Una célula necrótica es un peligro para el organismo pues libera todo tipo de tóxicos. La inflamación es la respuesta defensiva necesaria que elimina cadáveres necróticos y gérmenes que previsiblemente se han incorporado a darse el gran festín.

La inflamación es cosa de un par de días. Una vez eliminado el peligro debe regenerarse, en lo posible, el tejido perdido. Una compleja cascada de factores de crecimiento dinamiza la reposición celular y la formación de tejido de cicatrización, fibroso. Hay factores pro y anti. Fuerzas que promueven y otras que contienen. La fase de proliferación lleva unas semanas para dar paso a la última de maduración en la que, de forma lenta (meses) y definitiva se modela la zona dentro de sus posibilidades.

Uno desearía que sus heridas cicatrizaran como las del embrión pero no es posible. La reparación de los tejidos del adulto contiene el riesgo de generar una cicatriz con defectos estéticos y funcionales.

Hay una tendencia simplista a reducir el problema de la reparación a la inflamación. Si la lesión se inflama en exceso aquello producirá cicatriz. De ahí el empeño en frenar la respuesta inflamatoria con todo tipo de medios (compresiones, hielo, antinflamatorios...).

Realmente la reparación correcta no depende tanto de la inflamación (protección frente a la necrosis) como de la siguiente fase: proliferación, respuesta de la matriz extracelular, del tejido fibroso... Poco sabemos acerca de lo que podemos hacer para conducir esta fase por los cauces debidos. Quizás un mejor conocimiento de la compleja interacción de los factores de crecimiento pudiera permitirnos en el futuro evitar los problemas de la cicatrización excesiva o chapucera. 

Las cicatrices internas y externas pueden crear serios problemas con su tendencia a contraerse y estrangular todo lo que pillen en su interior. Asas intestinales, córnea, pulmones, piel, nervios que intentan reconectarse... 

Cuando algo duele y ha habido lesión violenta previa existe la posibilidad de que el dolor surja de los efectos de una cicatrización que estrangula tejido normal. Cólicos intestinales por bridas fibrosas que obstruyen asas...

La cicatrización excesiva e inoportuna no es la regla sino más bien la excepción. 

Los procesos degenerativos no son equiparables a los procesos de reparación de tejidos necrosados. No hay inflamación, proliferación ni maduración. No hay riesgo de estrangulamiento de tejidos.

Se tiende al abuso. Cuando algo duele se dice que está inflamado y pinza nervios. Probablemente no es así y haya que buscar otros motivos al encendido de la percepción de dolor.   

Se dice que las heridas de hogaño ya no son las de antaño, que el organismo sigue curando con el furor de los viejos tiempos, un furor que ya no tiene sentido con el tipo de heridas producidas en nuestra civilización y que, por ello, es prudente y razonable templar el furor reparativo con hielos y antinflamatorios.

Mientras no se demuestre lo contrario, se sostiene, hay desmesura y chapucería en las reparaciones. Se justifica, por tanto, la antinflamación y la antiproliferación, el patrón del embrión...

Puede que el futuro nos depare alguna maravilla de reparación guiada pero, hoy por hoy, no parece que nuestros gestos de hielos, vendajes compresivos y antinflamatorios consigan gran cosa. 

- Desde que me dí el golpe me ha quedado un dolor terrible en la zona. Tendré algún tendón o nervio cogido.

En la zona de los tendones y nervios cogidos la mayoría de las veces no se muestra ningún rastro de la herida. El organismo ha reparado brillantemente la herida. No se le hace justicia...

- Esto está perfecto. Es una maravilla de reparación...

- Pues a mi me duele... ahí, donde me dí el golpe

- Ahí le duele...

jueves, 10 de junio de 2010

Nociceptores y algoceptores durmientes



Las neuronas nociceptoras está especializadas en la detección de estímulos capaces de generar muerte celular violenta (necrosis): temperaturas extremas, estímulos mecánicos, falta de oxígeno, ácidos... La membrana de sus terminales está sembrada de proteínas-sensoras que generan una señal eléctrica al contacto con los agentes y estados nocivos.

Hay neuronas nociceptoras térmicas, mecánicas, químicas y polimodales (varios tipos de estímulos).Todas ellas responden a su correspondiente estímulo.

En proporción variable, según los tejidos, existe un tipo de nociceptor que, paradójicamente, no responde a los estímulos peligrosos. No se inmuta con calores, fríos ni pellizcos. Está "dormido", silencioso. Sólo le despierta de su sueño la inflamación, es decir, cuando el organismo ha respondido a la amenaza.

El individuo puede generar en su actividad encendido de nociceptores "despiertos". Si los nociceptores durmientes siguen dormidos, la red neuronal del peligro puede deducir que dicha actividad no genera destrucción, daño. Previsiblemente, no habrá dolor o, si aparece, será asumible, tolerable.

Si se produce una incidencia de daño, se libera la mensajería química de la agresión que dispara la respuesta inflamatoria. Los nociceptores durmientes saldrán de su sopor y el flujo de señal nociceptiva se verá sensiblemente aumentado.

"Los nociceptores durmientes se han despertado, algo pasa allí... actívese la función dolor"

El nociceptor durmiente es, por tanto, un notario de integridad tisular, de normalidad, a pesar de brincos, estirones y compresiones. Si no hay señal de nociceptor dormido es que los tejidos aguantan el trote que les da el individuo.

Lo contrario, la presencia de señal de nociceptor "despertado", no garantiza que haya problemas. Sucede lo mismo que con la inflamación:

"No hay inflamación, luego no hay necrosis"... Cierto

"Hay inflamación luego... puede que haya necrosis... o no, Puede tratarse de una falsa alarma"

La alarma infundada inmune (alérgica) genera inflamación en tejidos sanos, en los que no hay ninguna amenaza.

La alarma infundada neuronal (¿para cuándo un término?) genera el encendido de la población de sensores de la necrosis potencial. Puede que ello implique a la población de nociceptores durmientes.

"¡Peligro, peligro!"

Toda la red nociceptiva se pone las pilas: se facilita la generación de señal ante cualquier estímulo, se facilita su tráfico en las estaciones de procesamiento y se abre la salida a la consciencia en forma de dolor.

Todos los estímulos se vuelven potencialmente sospechosos de generar daño. Los tejidos son protegidos de las intenciones del individuo como si fueran extremadamente frágiles, vulnerables... como si estuvieran necrosados...

- Si muevo la cabeza es como si...

La nocicepción duerme para permitir el ajetreo del individuo pero despierta si este comete errores necrotizantes o, simplemente, el cerebro especulativo, cándido y alarmista, olfatea peligro y presiona el botón de la alerta aunque se trate de una minucia (cualquiera de los encadenantes...)

- A veces me despierta el dolor... YO estaba dormido luego...

Uno no se despierta a sí mismo. Es despertado por el cerebro. El individuo (receptor de dolor, algoceptor) y los nociceptores (receptores de daño) durmientes serán despertados y alertados para participar en la previsión hipocondríaca cerebral de que algo terrible (necrosis) puede suceder...

La pescadilla que se muerde la cola y engorda está servida...

Tal como sugirió Avicena en el siglo X... la migraña no es una cuestión de "adormecimiento" cerebral sino de "exaltación"

El algoceptor (el receptor de dolor, es decir, el individuo) durmiente, se mosquea si es sacado del sueño por el apremio cerebral del estímulo doloroso. Algo pasa...

Duele...luego... vaya usted a saber... Probablemente es una falsa alarma... Mi cerebro lleva así desde la infancia... No me deja dormir tranquilo...


La migraña es una "tormenta neuronal", la tormenta perfecta, una tormenta terrible, aterradora... pero en un vaso de agua... 


No olvide que el cerebro hace cine y lo proyecta sobre la pantalla tridimensional de la conciencia. Es un cine increíblemente realista en su apariencia. A veces es cine documental, testigo de lo real, pero las más de las veces, y cuanto más espectaculares sean las escenas, es más probable que se trate de cine ficción...

viernes, 15 de enero de 2010

Regulación




Tendemos a clasificar la realidad en buena o mala y, además, para siempre. No nos gusta lo brumoso ni lo cambiante.

Los procesos biológicos no son ni buenos ni malos. Están ahí integrados en un equilibrio complejo y frágil que se rompe constantemente dando lugar a respuestas defensivas y de reparación.

La inflamación es buena pero peligrosa, luego, potencialmente mala.

Se dispara tan pronto como el organismo detecta necrosis o incluso si considera que va a producirse porque se ha detectado una señal de un agente capaz de producirla.

Cuando hay destrozo celular (necrosis) es imperiosa la reacción inflamatoria. De otro modo las células necróticas acaban con nosotros.

La condición peligrosa, ofensiva, de la respuesta inflamatoria ha hecho que la evolución haya seleccionado mecanismos de contención, mecanismos antinflamatorios.

No hay inflamación sin antinflamatorios.

La acción inflamatoria y su contraria se despliegan a golpe de señales emitidas por las células implicadas. En el primer momento la respuesta inflamatoria es aguda, autoalimentada en espiral, por las señales de la necrosis. La contención incluye sofisticados mecanismos cuyo objetivo es el de no echar más leña al fuego, es decir, no producir más necrosis, bajas de células propias sanas.

Es difícil prever cómo van a ir las cosas en cada episodio, si el vigor inflamatorio inicial va a ser bien regulado o va a resultar peor el remedio que la enfermedad. Influyen muchos factores y todo puede suceder. En cada caso el profesional debe evaluar la situación y proceder para echar (si se precisa) una mano reguladora, generalmente antinflamatoria.

No entiendo bien la antinflamación preventiva:

- Se te va a inflamar. Tómate este antinflamatorio o "ponte hielo".

Realmente, desde el punto de vista biológico, la explicación debiera ser:

- Se te va a inflamar. Es normal. No te preocupes, el organismo te pondrá la antinflamación que precise la evolución de la lesión. La inflamación es necesaria para reparar los tejidos.

La expectativa de que la inflamación es negativa, peligrosa y descontrolada genera un estado neuronal vigilante cuya importancia es difícil cuantificar. Puede que el proceso de regulación se vea obstruido por la expectativa de alerta. No conocemos lo suficiente sobre psiconeuroinmunología como para hacer afirmaciones tajantes. Sólo sabemos que ese universo psiconeuroinmunológico existe e interviene.

Es evidente que el organismo no evalúa siempre bien y, por tanto, puede regular mal. El miedo a la inflamación puede estar justificado en algunos casos, pero si contabilizamos todas las prescripciones antinflamatorias preventivas efectuadas habitualmente por los profesionales, puede que muchas de ellas no estén justificadas.

Yo tengo miedo a mis inflamaciones alérgicas primaverales pero no a las producidas por ejemplo por mi odontólogo cuando me puso los implantes. Se me puso la cara como un mapa y las encías tenían un aspecto suculento. Parecía que aquello iba a reventar. Dolía y estaba inflamado, lógicamente. No tomé ningún analgésico-antinflamatorio y se resolvió satisfactoriamente.

Puede que nos falte la referencia de la evolución natural de los procesos inflamatorios, sin antinflamación externa y sin alarma. Nos falta esa referencia en muchos procesos pues es difícil quedarse con las manos quietas cuando tenemos delante un proceso necrótico con su respuesta inflamatoria-antinflamatoria correspondiente, con una apariencia aparatosa.

Cuando dispusimos de antibióticos nos dedicamos a evitar la infección de forma preventiva:

- Toma este antibiótico. Se va a infectar

Costó convencer a los profesionales de que la aplicación preventiva de antibióticos debía limitarse a condiciones concretas.

En fin, son decisiones personales en cada caso.

El organismo, el paciente y el profesional deben acertar en la regulación... de sí mismos... sin perder de vista que las apariencias engañan...



jueves, 14 de enero de 2010

Integridad tisular y bienestar





- ¿Qué tal ahora?


- Me siento mejor. La cosa funciona.


Las acciones terapéuticas buscan a veces la neutralización de los síntomas sin reparar en el fondo del problema que los produce.


- El antitérmico ha funcionado. Ha bajado la fiebre. Estoy mejor...


Sentirse mejor no es equivalente a estar mejor. Bajar la temperatura no implica ninguna ayuda al organismo. La fiebre es una respuesta defensiva que echa una manita en la tarea de eliminar gérmenes.


La inflamación produce dolor e hinchazón. Eliminar el dolor y reducir la hinchazón no quiere decir que estamos ayudando a reparar la zona lesionada.


La aplicación de frío en una lesión puede que enfríe los síntomas pero no está demostrado que favorezca el proceso de reparación del tejido lesionado. Hay estudios para todos los gustos. Tiendo a concluir que si hay investigadores que no encuentran beneficio en una práctica terapéutica es que esa práctica es ineficaz o el beneficio es mínimo.


Los procesos biológicos son tremendamente complejos. El flujo informativo de señales es apabullante y sólo parcialmente conocido. No hay moléculas buenas y malas ni células destructivas. Los neutrófilos, los primeros en llegar a la zona lesionada son células agresivas que disponen de medios químicos tóxicos que emplean en librarnos de gérmenes y células dañadas. Una acción terapéutica que disminuya su número, no necesariamente es beneficiosa.


La inflamación tiene mala prensa porque se identifica con los síntomas y nos empeñamos en eliminarlos, negándole la esencia defensiva.


El organismo ha seleccionado mecanismos de contención de la peligrosa respuesta inflamatoria. Esos mecanismos se ponen en marcha desde el primer momento. Puede que el equilibrio entre el ímpetu defensivo y su contención no sea el adecuado en ocasiones pero ello podría suceder en cualquiera de las direcciones. Lo mismo podría haber una inflamación excesiva que insuficiente.


- Tome este medicamento. Es un inflamatorio. A veces el organismo se queda corto y no nos defiende bien.


Muchos pocesos se desarrollan sin que salte la alarma del dolor. Hay infartos de miocardio indoloros.


- Va a tomar estas pastillas que reducen el umbral del dolor. Así si vuelve a tener problemas con las coronarias conseguiremos que tenga dolor y podemos ayudarle.


Hay dolores e inflamaciones sin daño y daño sin dolor ni inflamación.


Hay un abuso en dar por sentado que donde duele hay inflamación. Hay abuso en la utilización de antinflamatorios. Hay abuso en definir a la inflamación como una enemiga de los tejidos.


La inflamación es peligrosa, sin duda. Las respuestas defensivas siempre lo son. El organismo actúa "sabiendo" que es así.


Muchas veces la labor del terapeuta debiera ser la de asistir atento a la evolución del proceso evitando la tentación de intervenir, por principio.


- ¿No me manda nada? ¿No me pone "un tratamiento"?


Los pacientes favorecen el intervencionismo del profesional y este se deja llevar, en ocasiones de la necesidad de dejar constancia de su razón de ser, aplicando algún remedio.


Puede que los años me hayan vuelto escéptico. Depende respecto a qué. Creo en algunos remedios y no en otros. Creo, sobre todo, que la biología es compleja y que nos atribuimos un conocimiento que no tenemos y entramos a corregir sin fundamento, precipitadamente, validando lo que hacemos si conseguimos que el paciente se siente mejor.


Ojos que no ven, corazón que no siente...


Tenemos derecho a buscar el bienestar pero no debemos deducir que si lo conseguimos hemos mejorado por ello la situación de los tejidos lesionados.


Podemos decidir reducir la percepción de la realidad pero ello no quiere decir que la hemos modificado.

lunes, 11 de enero de 2010

Necrosis, inflamación, dolor




En el principio de la evolución de los sistemas de defensa de los organismos pluricelulares aparece la necrosis, la muerte violenta de cualquiera de sus individuos, un hecho que no sólo destruye a las células afectadas sino que pone en peligro a todo el organismo ya que la célula necrótica es un agente tóxico que mata violentamente a sus vecinas, estableciéndose así una reacción en cadena letal.

El suceso necrótico libera señales que son detectadas sensiblemente por las células vigilantes, poniéndose en marcha una respuesta defensiva cuyo objetivo es neutralizar y retirar los peligrosos restos celulares necróticos.

La respuesta defensiva frente a la necrosis es la inflamación. Sin ella, no habríamos sobrevivido. Cualquier mínimo incidente necrótico (herida, magullamiento, desgarro, infección, quemadura, congelación) resultaría letal. La respuesta inflamatoria lo impide.

Una buena metáfora de la necrosis es el fuego en un escenario de materiales altamente combustibles. Una cerilla, una colilla, una chispa pueden destruir un bosque.

Afortunadamente los tejidos biológicos son altamente inflamables: se inflaman (defienden) rápidamente.

La inflamación es el servicio de extinción de incendios, los bomberos... no el fuego, como nos han hecho creer los sanadores.

El dolor es la expresión del organismo hacia el individuo, hacia su consciencia, de que se ha producido un suceso necrótico en ese lugar y momento (o se valora esa posibilidad).

Siempre que hay necrosis hay inflamación y dolor.

Un tejido inflamado está caliente, hinchado, enrojecido y genera dolor. Está hipersensible. La zona no puede ser utilizada mientras se repara.

- Tienes inflamado. Toma este antinflamatorio... ponte hielo... comprime... inmoviliza...

Aplicar antinflamatorios a un tejido inflamado no tiene sentido biológico. Sería como llamar a la policía porque hay unos señores echando agua a nuestra casa, aunque se esté quemando.

No siempre que se produce inflamación hay necrosis. El organismo responde cuando cree que hay peligro necrótico y no espera a intervenir a que se consume la destrucción. La alergia es una inflamación sin necrosis. Unas moléculas que ha soltado el gato en el aire hacen que el Sistema Inmune valore ese aire como peligroso y active la defensa inflamatoria.

La respuesta inflamatoria alérgica debe ser combatida. Está justificado llamar a la policía porque hay unos señores bomberos que nos llenan la casa de agua cada vez que vamos a encender la chimenea o un pitillo, en nuestra casa.

No siempre que hay dolor hay inflamación. El dolor puede ser activado cuando el cerebro valora peligro necrótico. No se acompaña de hinchazón, enrojecimiento ni calor. Se ha encendido sólo la alarma. Se han desplegado los efectivos pero no proceden a neutralizar nada, a echar agua. Sólo hay peligro de incendio, una probabilidad.

El cerebro puede activar la alarma cuando hace frío, calor, luminosidad, viento, humedad el individuo ha bebido un sorbito de champán, no ha descansado debidamente, tiene hambre, preocupaciones, desánimos o se va de viaje. Sucede lo mismo que en la alergia. Lo que suelta el gato no tiene poder necrótico (no son gérmenes) ni las condiciones meteorológicas van a generar destrucción violenta en el interior de la cabeza.

Homo sapiens (ma non troppo) imagina el peligro más allá de lo razonable y activa el dolor por múltiples motivos irrelevantes, inofensivos.

Basta con observar una situación de necrosis ajena para que el cerebro del observador active las zonas que generan dolor, aunque no con la intensidad suficiente para que el observador sienta dolor. Hay individuos muy empáticos que sí llegan a sentir dolor cuando ven una escena de agresión necrótica en un semejante.

El dolor se ha socializado. El cerebro sapiens imagina necrosis allá donde le han enseñado a verla, no por mensajes directos (el viento sur necrosa la cabeza) sino a través de la ambigüedad del lenguaje y de la cultura.

- Me afectan los cambios de tiempo.

- ¿Cómo lo sabes?

- Me duelen las articulaciones.

El dolor no permite sacar más conclusión de que el cerebro teme algo.

- Los cambios de tiempo no afectan las articulaciones. El tiempo en ellas es estable, indiferente a lo que suceda fuera. Es el cerebro que considera que corren peligro y expresa con el dolor su temor

- No, no... a mí me duele...
Recuerde: dolor no es equivalente a inflamación y, menos aún, a necrosis. La mayoría de las veces donde duele no sucede ni va a suceder (en ese momento) nada.

Siga con sus planes...

sábado, 17 de octubre de 2009

Chapuzas a domicilio


Hay una cultura muy extendida que niega al organismo la capacidad de reparar las lesiones debidamente.

Una vez que se pierde la delicada estructura interna a consecuencia de un desgarro, fractura o compresión, pensamos que lo más probable es que la maldita inflamación deje la zona hecha un asco con un amasijo informe de tejido fibroso en el que nervios, tendones y músculos quedan atrapados, anudados y pinzados.

Es lógico, por tanto, que al intentar reanudar la actividad de la zona previamente mortificada aparezca el dolor. El movimiento tira, pinza y comprime tejidos "en carne viva" a los que se les supone un estado irreversible de hipersensibilidad.

Para evitar la chapuza es fundamental apagar rápidamente el fuego inflamatorio con bolsas de hielo y antinflamatorios, inmovilizar el lugar con compresiones, vendajes y collarines y meter el miedo al movimiento en la mente del individuo. Aún así, no podemos evitar siempre el desaguisado.

El dolor es el indicador fiable de lo que allí dentro sucede. No lo podemos ver pero sí imaginar y es lo que hacemos... imaginar lo peor, lo que temíamos... las carnes vivas, los tendones montados y los nervios cogidos...

Eso es lo que nos han enseñado a pensar que sucede...

El tema del dolor crónico inexplicable es sencillo: basta con dar la vuelta a la tortilla. Lo que sucede, realmente, es justo lo contrario de lo que nos han enseñado a imaginar.

El organismo repara exquisitamente bien las lesiones.

La inflamación debe ser bendecida y respetada (salvo excesos ocasionales).

El movimiento no debe ser requisado y se debe sacar el miedo de la mente.

Los tejidos vuelven a recuperar la estructura inicial y el cerebro va adaptando progresivamente los programas motores, en función de la evolución de la zona lesionada.

La fibrosis es un buen remiendo para suplir la imposibilidad de reproducir tejidos nobles y no tiene por qué atrapar, asfixiar ni impedir nada.

El dolor sería, efectivamente, un buen indicador del estado de la reparación de la lesión si, y sólo si, elimináramos previamente ese mundo imaginativo que paraliza al cerebro con el miedo a las carnes vivas, fibrosis y tendones y nervios cogidos y montados...

Recuerde el axioma básico del dolor:

El dolor es siempre una respuesta normal a lo que el cerebro considera una situación de amenaza.

Confíe en el servicio de mantenimiento y reparación del organismo. Ha superado las exigentes pruebas de la selección natural.

Mantenga un saludable escepticismo sobre los mensajes que alimentan la teoría de la chapucería interna y la eficacia de la acción experta.