Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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Mostrando entradas con la etiqueta desencadenantes. Mostrar todas las entradas
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jueves, 24 de marzo de 2011

Kindling



Tendemos a buscar en un suceso una causa, allí y entonces. Todo es por algo. Si algo duele queremos dar, en ese lugar y momento preciso, con aquello que lo ocasiona, la condición causal que, necesariamente, está operando allí y entonces. Algo enciende el fuego. Puede haber condiciones favorables (sequedad, viento, alta temperatura...) pero necesitamos una colilla y unas hierbas secas, una pequeña brasa de la barbacoa. En condiciones normales la colilla y la brasa no incendian el bosque. Se necesita el estado de peligrosidad de incendio.

La red neuronal enciende y apaga programas, en función de las necesidades. Los estímulos nocivos encienden el programa perceptivo del dolor. Un estímulo suficientemente nocivo enciende proporcionalmente dolor... pero a veces estímulos irrelevantes o incluso sin estímulo se ha encendido el sufrimiento, la crisis. Ha habido incendio sin colilla ni brasa de barbacoa. Ni siquiera había condiciones sensibilizantes: viento, alta temperatura, sequía...

Hacia los 80 tuve conocimiento de un término para mí desconocido: kindling. Siento una atracción irrefrenable por lo que desconozco. A veces la incursión en lo novedoso no me lleva a ninguna parte pero esta vez no fué así. El kindling era una cuestión interesante, característica de la red neuronal. Rompía esquemas oficiales y abría nuevas perspectivas.

Podemos aplicar un estímulo subumbral y no obtener, lógicamente, ninguna respuesta pero si repetimos ese estímulo de forma impredecible (arrítmica) , especialmente si ello sucede en el mismo escenario y con el sujeto convenientemente estresado acaba produciéndose una respuesta tras la aplicación de un estímulo que en condiciones normales pasa desapercibido. No acaba ahí la cuestión. Si seguimos aplicando el estímulo llega un momento en que la respuesta se genera espontáneamente, sin estímulo. Se ha producido el kindling, la facilitación de encendido de la respuesta, el incendio con colilla primero y más tarde el incendio espontáneo sin colilla.

La red neuronal tiende a facilitar sus encendidos en cuestiones trascendentes. La destrucción de tejidos y el desarraigo en el grupo son cuestiones trascendentes. Si duele o andamos desanimados buscamos la causa. No siempre encontramos al pirómano intencionado, un episodio de necrosis (una infección, un desgarro, una quemadura...) o un suceso o estado deprimente. A veces sólo hay colillas, pequeños contratiempos, posturas mantenidas... cosas que normalmente no encienden el desánimo ni el dolor. Cada vez aparecen con más frecuencia, saltan "a la menor" y finalmente aparecen sin más... Kindling habemus. 

El conocimiento de la existencia del kindling nos libera de la obsesión de buscar siempre una causa suficiente a todo. La red neuronal anda hipersensible, mosqueada. Enciende programas por su condición anticipatoria. Primero con estímulos subumbrales y más adelante por chispazo espontáneo.

En la migraña se da con frecuencia el kindling. Los neurólogos hablan de migraña transformada. El padeciente tiene crisis de cuando en cuando pero de un tiempo a esta parte las crisis se hacen más frecuentes e incontrolables. Sostienen los neurólogos que ello es debido al abuso de analgésicos. Todo puede influir pero en el fondo está la condición propia de la red, su tendencia al calentón anticipatorio, a encenderse sin más. Basta el estrés de la alerta, la expectativa, la repetición impredecible de estímulos y escenarios para que acabe encendiéndose el fuego, sin colillas ni hierbas secas...

Sucede lo mismo con el desánimo y la euforia. Las oscilaciones habituales según nos vayan las cosas se facilitan y las pequeñas contrariedades disparan bajones y subidones reactivos. Empieza a afectarnos todo. Nos venimos abajo por minucias y acabamos melancólicos sin saber por qué...

La red neuronal es así y es importante tenerlo en cuenta. De otro modo nos pasamos la vida buscando sin éxito estímulos suficientes. En estos casos es necesario inyectar realidad a la red, conocimiento, responsabilidad, afrontamiento sin parches externos, desensibilización, sosiego... La tendencia al kindling irá reduciéndose hasta que, sin saber tampoco por qué, hemos dejado de padecer dolores y desánimos. La red ha vuelto a la condición normal, a la proporción entre estímulo y respuesta.

El kindling no es bueno ni malo. Existe y facilita el aprendizaje. El problema está en los contenidos. Facilita errores y aciertos, capacidades e incapacidades. Nos permite desvelar la realidad con trazos mínimos de estímulo o anticiparla, tenerla presente, estar en guardia...

- Cada vez duele más... ya los analgésicos no me hacen nada...

- Es el kindling. Su cerebro ha perdido la medida de la realidad. Anda a su aire, caótico, encendiendo sin ton ni son las alarmas...

- ¿No hay nada contra eso?

- Bueno, en la epilepsia también hay kindling y damos fármacos que lo suavizan. También se utilizan en la migraña y en el trastorno bipolar. Son "neuromoduladores".

El kindling está ahí para amargarnos o endulzarnos la vida, para paladearla o aborrecerla... para aprender a catar vinos o productos químicos ambientales (Sensibilidad química múltiple).

Para neuromodular no hay como dejar que la realidad y no la imaginación guíe los encendidos de la red. De otro modo el cerebro se lía a generar encendidos con mínimos estímulos en cervicales, lumbares, cabezas y almas...

viernes, 7 de enero de 2011

El trigémino



Al dolor hay que buscarle un origen. "Duele por algo". Necesitamos conocer el motivo para evitarlo.

Si queremos provocar experimentalmente dolor podremos generarlo fácilmente aplicando los estímulos adecuados: aquellos que  activan los nociceptores: neuronas cuya función es la de detectar peligro, nocividad: temperaturas extremas, estirones, compresiones, inflamación, necrosis consumada, ácidos, falta de oxígeno... circunstancias extremas incompatibles con la supervivencia de las células y la integridad de los tejidos. 

Si se quiere dar por bien explicado el origen del dolor hay que identificar una de estas circunstancias excepcionales amenazantes citadas. Si duele la cabeza debiéramos encontrar variaciones mecánicas, térmicas, químicas, biológicas (inflamaciones) que comprometen los tejidos cefálicos (externos e internos). 

Los neurólogos facilitan una extensa lista de "desencadenantes" de la migraña. Todo muy cotidiano e inevitable. Todo absolutamente inofensivo, incapaz de activar ningún nociceptor. Un contratiempo, una copita de champán, un poco de chocolate, el descenso de estrógenos, el ir y venir de viaje, el estrés, el relajo... Los desencadenantes no tienen ninguna propiedad activadora de nociceptores. 

Si duele se debiera exigir que algo nocivo tiene que haber activado los nociceptores. La lista de desencadenantes debiera rechazarse. Incumple la condición necesaria. Si vemos un objeto alguna luz reflejada sobre él tiene que haber activado los fotoreceptores retinianos. Sin luz no vemos el objeto aun cuando esté delante de nuestras narices. A nadie se le ocurre sugerir una lista de desencadenantes donde todo quepa (dietas, estreses, hormonas...) para explicar la visión de luces reflejadas... en la oscuridad.

Los neurólogos saben que es así. Por ello matizan que los desencadenantes generan el dolor porque los nociceptores no son normales. Están (o son) hipersensibles. Lo inofensivo les ofende. Han salido así. Cosa de genes. La cabeza migrañosa estaría vigilada por una población de nociceptores anómalos, que salta con minucias propias de cualquier estado o actividad rutinaria. Sólo en la cabeza. Al resto del organismo se le niega la condición de hiperexcitabilidad. Sus genes hacen siempre las cosas bien. 

- No sé qué sucede en mi casa. Continuamente está saltando la alarma... A todas horas, en el momento menos previsto... pero sólo cuando entro a mi despacho...

- Tiene usted un sistema hipersensible. Hay casas que vienen así de fábrica... Tendrá que acostumbrarse. Evite utilizar el despacho si ve que cada vez que va a entrar suena la sirena... Parece que su casa piensa que usted la va a desvalijar, destruir... No le reconoce como residente fiable. Actúa como si fuera un peligro...

Los nociceptores de la cabeza son neuronas vigilantes de nocividad que pertenecen al nervio trigémino. En ausencia de sucesos nocivos su activación delata que son de condición hiperexcitable... migrañosa.

El trigémino aglutina las fibras de los nociceptores que provienen del interior de la cabeza, y de piel y mucosas de la cara, lugares en los que habitualmente no ha sucedido nada amenazante cuando salta la migraña. 

Los neurólogos han pensado que los nociceptores responsables estaban ubicados en arterias y meninges, en el interior del cráneo. Los han dado por inflamados ("meningitis estéril"), sin motivo justificado culpando a los genes. 

Los neurólogos habían olvidado los músculos. Realmente el cráneo no tiene mucha complejidad muscular. No movemos el cuero cabelludo ni las orejas. Fruncimos las cejas con el asombro pero no parece que la propuesta de la contracción muscular sostenida de la musculatura craneal dé para mucho.  

Donde sí hay ajetreo de músculos es en cuello, cara, ojos y mandíbulas. Miramos, apretamos los dientes, expresamos emociones con el lenguaje de la musculatura facial. Puede que los músculos faciales no estén para soportar el trote de la vida moderna que exige mucha cara...

¡Qué decir de "las cervicales"!

A la migraña le han salido varias propuestas musculares, tantas como músculos hay por el barrio cérvicofacial. Se han descubierto varios zulos de señal nociceptiva muscular. Parece que la vida moderna los genera. De ellos surgen flujos de señal de daño recogiendo los mensajes de peligro de músculos sometidos a condiciones más allá de los límites de lo mecánica y metabólicamente asumible. 

Es sabido que el cerebro no precisa con el dolor la localización del problema cuando este se ubica en la profundidad. El foco de daño puede generar dolor proyectado en lugares alejados. Es bien conocido que el infarto de miocardio produce dolor sentido, además de en el pecho, en brazo y/o cuello y mandíbula.   

La vigilancia de la parte alta del cuello y el macizo facial está a cargo de los nociceptores del trigémino. Puede que las señales de un posible foco de daño musculoesquelético cérvicofacial proyecten el dolor sobre la cabeza confundiendo las pesquisas sobre el origen de la migraña.

Puede...

Bótox, manipulaciones cervicales, desinserciones, infiltraciones, punciones secas...

No es mi terreno. Ya nos irán diciendo...

Puede que haya zulos musculoesqueléticos de daño. Me cuesta creer que eso basta para explicar todo el despropósito cerebral de la migraña. Puede que funcionen como desencadenantes... Suficientes para disparar los generadores centrales de unos circuitos hiperexcitables, hiperexcitados... por condición genética o por obra de una vida atormentada física y psicológicamente... las emociones... la contaminación... las hormonas...

Veremos u oiremos lo que da de sí este 2011...

Lo trigeminal se va a seguir llevando... Lo músculoesquelético, miofascial, holístico... también. 

Espero que lo cerebral vaya abriéndose camino...   

martes, 4 de enero de 2011

Que no recaiga...



Son días estos de expresarse buenos deseos. Cumpliendo con el tópico navideño me permito también formular el mío a los padecientes: ¡que no recaigan!, que no vuelvan a las andadas de los despropósitos cerebrales, a los dolores injustificados.

Por Navidad todo cambia, todo se remueve, las emociones se aflojan y liberan. 

El cerebro también se deja influir por el ambiente y puede reavivar antiguos estados del pasado. Ya se ha dicho que en la red nunca se tira nada de lo aprendido. La navidad puede ser una buena ocasión para revisar el camarote y encontrar cachibaches nostálgicos.

Varios ex-padecientes se han visto sorprendidos por la reedición navideña de sus migrañas. Un clásico. Las transiciones agitan las aguas de la incertidumbre, inestabilizan la conectividad, replantean viejos y nuevos esquemas, reavivan dudas, reponen pasados.

Al cerebro no le gusta dar por zanjado definitivamente nada. Le gusta rememorar, reprocesar, reconsiderar, dar una oportunidad a cualquier propuesta. En Navidad se juega más al absurdo probabilístico de la lotería (del Estado). En Navidad somos algo más ilusos, más vulnerables. También el cerebro.

No es el champán, los atracones, los ruidos, las luces ni el ajetreo. Es la Navidad, el fin y comienzo de año... los Reyes, los reencuentros y desencuentros... la memoria del pasado y la del futuro...

La Navidad pasa y vuelve la no-Navidad. Si se ha colado de rondón una migraña inesperada, sorpresiva, no hay que venirse abajo. Era Navidad. Pronto vendrán los días no navideños, más razonables y sosegados.

Yo dejé de fumar una Navidad, hace ya más de diez años. Los propósitos infructuosos de librarme del absurdo tabaquil funcionaron un día de Año Nuevo. Me encontré con la grata sorpresa de que el tabaco me había dejado. Hasta hoy. El cerebro reconsideró pros y contras y decidió dejarme tranquilo, quitar gas al rito motor complejo de sacar un cigarro, encenderlo, aspirar el humo, echarlo, sacudir la ceniza... 

Los hábitos son rituales motores sinsentido, acciones que el cerebro reclama sin que sepamos bien por qué. Las percepciones son, muchas veces, hábitos, propuestas de rituales motores complejos: suspender la actividad, meterse al cuarto oscuro, tomarse un analgésico, vomitar... Todo eso lo consigue el cerebro activando la alerta de nocividad en la cabeza. A eso los sapiens (m.n.t.) le llaman migraña. Dicen que los cerebros migrañosos contienen malos espíritus criados por malos genes que gustan de exigir el ritual motor migrañoso por cualquier banalidad. Dicen los neurólogos que deben atenderse los caprichos del cerebro migrañoso con prontitud para no desatar la cólera, la furia.

Navidad, Navidad, emotiva e impredecible Navidad.

A la lista creciente de desencadenantes habría que añadir la de la Navidad. Fines de semana, viajes... Navidad. Migraña navideña. 

La migraña navideña se controlaría, según los neurólogos, evitando el desencadenante, la Navidad, pero no es posible. No queda más remedio que plantar cara al cerebro navideño y volverlo al estado razonable.

Ya queda poco. Pronto será no Navidad...

¡Que no recaiga!       

jueves, 25 de noviembre de 2010

Recelo



La red neuronal es de natural recelosa. Todo puede resultar nocivo y no siempre a la nocividad se le ve el plumero. Lo relevante está, en muchas ocasiones, integrado, oculto, en una pasta densa de irrelevancia. La señal está mezclada siempre con ruido, la mena con la ganga, el grano con la paja.

Al cerebro de los sapiens (ma non troppo) le gusta procesarlo todo, rumiarlo una y otra vez para dar con alguna clave, una regularidad, que permita destapar relevancias ocultas. 

- Apunte en un diario los días que tiene dolor de cabeza, cuándo, dónde y cuánto... junto a lo que come, lo que hace, lo que piensa... Así podemos descubrir lo que le afecta. 

El cerebro no necesita los diarios del individuo consciente. Sus sistemas de memoria retienen todo cuanto rodea a los eventos significativos para rumiarlo. El cerebro es un enorme diario que anota minuciosamente los sucesos del pasado, presente y futuro.

Cuando sucede algo aversivo todo cuanto rodea al evento queda tocado por la sospecha y es investigado bajo la premisa de que mientras no se demuestre lo contrario todo puede ser responsable. La inocencia hay que demostrarla. La culpabilidad potencial se da por sabida.

El proceso de desvelar culpas está tutelado por los expertos. Cada uno tiene su tesis y empeño en buscarlas en un coto determinado.

- Me duele.

- Es el estrés... 

- Sinusitis

- Necesita gafas

- La articulación témporomandibular

- Las cervicales

- Los puntos gatillo

- La alimentación

- La contaminación

- La vesícula...

Antaño se consideraba que la migraña era cosa de la  vesícula, de sus bilis. Migraña biliar. El padeciente echaba las bilis y hasta los hígados y eso hacía pensar que podía haber piedras en la vesícula...

- Hay que operar...

Los dientes tuvieron también su protagonismo

- Pueden ser los dientes. Los quitamos y vemos...

- Me sigue doliendo

- Pues no, no son los dientes...

En las mujeres el recelo caía sobre sus hormonas

- Los ovarios. Pueden ser los ovarios. Puede que tenga quistes...

Los ovarios acostumbran a tener quistes en diversas fases de evolución...

- Efectivamente, su ovario tenía quistes. Le hemos quitado un buen trozo, el que tenía los quistes más gordos...

 En plena efervescencia del origen vascular ("cefalea vascular") una arteria temporal prominente sobre la sien invitaba a la intervención.

- Tiene la arteria inflamada. Hay que extirparla.

Los niños iniciaban su curriculum de dolor sin daño muchas veces por las tripas. Una y otra vez aparecía el temido sonsonete...

- Me duele la tripa... Voy a vomitar...

El misterio lo desvelaba muchas veces un cirujano vidente 

- Va a ser el apéndice. Hay que operar.

.........

- Ya no ha vuelto a quejarse.

- Tenía apendicitis crónica. El apéndice estaba rojo, inflamado.

Antaño los apéndices se tiraban... hasta que se ordenó su análisis anatomopatológico que, en estos casos invariablemente decía

Apéndice normal.

Ya no hay apendicitis crónica... con lo que fue en su tiempo...

Hay modas, preferencias, empeños, cabezonerías

Ahora la cosa está disputada. El pastel de las causas está muy repartido. El organismo y quien lo habita está bajo sospecha. El individuo se ha vuelto receloso

- YO algo tengo que tener o hacer mal o tuve o hice mal...

La migraña es una enfermedad cerebral congénita, de por vida, sostienen los neurólogos.

- Es usted un migrañoso. No malgaste los empeños en negarlo. Asúmalo, renuncie a la buena vida y acepte la mala, la de las privaciones. Aquí le doy la lista de lo que debe evitar tomar y hacer y lo que no debe dejar de hacer y tomar...

Recele... hágame caso. Aproveche su condición sapiens (m.n.t.) y recele de los receladores...

viernes, 8 de octubre de 2010

Migraña de fin de semana



La migraña aparece cuando el cerebro valora amenaza en la cabeza. Si lo hace en los fines de semana es porque justamente es entonces cuando cree que la cabeza corre peligro.

Hay muchos padecientes que sufren el despropósito cerebral migrañoso en fines de semana.

Los migrañosos de fin de semana se hacen preguntas buscando respuesta-solución...

- Puede que sea porque duermo demasiado... pero... ¡no!, el dolor me despierta en la madrugada del sábado... Al principio pensé que la cena y el trago del viernes, el exceso de tabaco... pero... tampoco... seguía todo igual aun cuando anduviera formal. El estrés acumulado durante la semana... No acabo de entenderlo...

Es inevitable hacerse preguntas pero tampoco hay que obsesionarse en hacerse con respuestas contundentes, lógicas. El universo de las decisiones cerebrales se nos escapa. Sólo sabemos lo que se decide, pero no los motivos, que, pueden ser, por otra parte peregrinos... neuronales...

En primer lugar hay que saber que el cerebro no es uno sino vario. Tenemos muchos ámbitos de decisión, estados de opinión que compiten entre ellos con resultado variable según los momentos, lugares y circunstancias. Habría que considerar que uno tiene "cerebros"... Estaría el cerebro que promueve la actividad laboral y mantiene la implicación del individuo en sus tareas. Por otro lado andaría el cerebro alarmista con sus propias evaluaciones catastrofistas. Existe el cerebro biológico y el social...

En las transiciones (por ejemplo laboral a festivo) el cerebro anda más atento y hay más probabilidad de error. Los cambios (meteorológicos, hormonales, ritmo de actividad...) sensibilizan... promueven la alerta.

La actividad generalmente es analgésica, siempre que el cerebro la bendiga. Al cesar aparece el dolor si lo ejecutado contiene algún valor potencialmente amenazante (según expectativas y creencias). 

El fin de semana es un desencadenante tan absurdo como el chocolate, el queso curado, el viento Sur o las alcachofas. Nos podemos pasar la vida preguntándonos por el por qué...

- ¿Que por qué los fines de semana? No lo sé. Es cuando el cerebro vigilante valora peligro. ¿Que por qué de madrugada? Habrá sido el "cerebro de noche" el que ha activado la alarma aprovechando que el cerebro laboral estaba de fin de semana...

No hay que esperar respuestas racionales. No siempre las hay. En la migraña lo que priva es la irracionalidad.

Está muy extendida la recomendación de hacer registros de las crisis para dar con las claves del origen. Generalmente no aportan nada mas que confusión... salvo en los fines de semana. Confirman lo que uno ya sabía: "tengo migraña los fines de semana..."

- Trabaja demasiado y además le gusta su trabajo. Tiene estrés. Se acumula en la semana y se desborda los sábados... Tiene que trabajar menos y rebajar su entusiasmo con lo que hace...

Ni caso. 

lunes, 13 de septiembre de 2010

¡Todos con migraña! / Everyone has migraines!



Ayer fué el Dia Mundial Contra la Migraña.

La migraña va bien. Dicen los expertos que ha subido dos puntos de incidencia en la población.

Tenemos avances prometedores pero falta información, marketing. Fondos sin fondo...

- Hay que concienciar, sensibilizar a la población...

Lógicamente los más sensibilizados en el tema de la migraña son los neurólogos. La migraña es un síndrome de sensibilización central. Hay estudios que lo confirman. Los más sensibilizados, los neurólogos, padecen casi diez veces más migraña que la población "normal" (insuficientemente sensibilizada). 


Tiene lógica. Si sensibilizamos debidamente a la población poco sensibilizada (normal) habremos conseguido acercar la incidencia a la de los neurólogos. Es un objetivo ambicioso pero no imposible: más del 50% de la población, migrañosa. Todo un reto.

En los avances hay novedades en genes referidos a enzimas diversos que no metabolizan bien las moléculas malas (histamina, glutamato...). La migraña, siguen sosteniendo los expertos, es cosa de mal nacidos...

Una vez adquirida la condición congénita de migrañoso sólo queda apartarse levemente del camino que mandan los mil y un cánones del recto vivir, los terribles encadenantes migrañosos. Hay que evitar el queso curado, el chocolate, los cambios meteorológicos y hormonales, los estreses, la radiación electromagnética, los chupitos, las canas al aire...

¿Qué hacer si uno es un mal nacido y tiende a la vida disoluta?

Por supuesto, ponerse en manos y boca de un experto.

¿Cuál? Usted mismo. Tenemos de todo. Si no le gustan los primeros no se preocupe. Hay otros. El que funcione es el que vale.

No siempre las cosas van bien con los expertos... para el padeciente. La migraña se fortalece. Se hace más frecuente, intensa y rebelde a sus propuestas.

Los expertos lamentan que con esa tropa no hay mucho que hacer. No les consultan suficiente y toman los calmantes a su aire. Son drogadictos en potencia (los genes otra vez) y no saben afrontar el dolor sin el calmante.

- Tiene que tomar el calmante al primer indicio de dolor. No espere...

- Eso hago pero ya no me hace nada...

- Ha abusado del calmante. Se ha automedicado...

- Me lo recetó usted...

- Ya. Pero le advertí que no abusara...

Los sindicatos de padecientes exigen ser considerados como enfermos.

La Patronal asiente:

- La migraña es una enfermedad cerebral crónica.

La propuesta de este recóndito blog ya se sabe:

- La migraña surge de un organismo sano por una mala gestión de un cerebro equivocado.

El migrañoso no nace. Se hace. Aprende. Imita.  

La migraña es un síndrome de conversión. Hay creencias por medio.

La solución es la reconversión, el descreimiento de lo creido. La desensibilización. La tolerancia a los encadenantes. La buena vida. El descuido. 

- Ahora como chocolate y tomo vino y ya no me da la migraña. ¡Creible!

Ya le advertí:

De lo que se cree se cría...


***




Yesterday was the World Day Against Migraine.

Migraine is doing well. Experts say that it has risen two points of incidence in the population.

We have promising developments but there is a lack of information, marketing.

- We need to educate, sensitize the population.

Obviously the most sensitive on the topic of migraine are neurologists. Migraine is a syndrome of central sensitization. There are investigations that confirm it. The most sensitive, the neurologists, suffer migraine almost ten times more than the "normal" population (under-sensitized).


It makes sense. If we properly sensitize the under-sensitized population (normal) we manage to bring the incidence of the neurologists closer to theirs. It is ambitious, but not impossible: over 50% of the population has migraines. A real challenge.

In the development on information about genes related to various enzymes that don’t metabolize bad molecules well (histamine, glutamate ...) there are some novelties. Migraine, experts still argue, is there since we are born.

Once acquired that migraine is congenital, the only thing we have left is to follow the thousands of canons of things we have to avoid, the terrible triggers of migraine. We must avoid aged cheese, chocolate, weather changes and hormonal stresses, electromagnetic radiation, alcohol shots,...

What should we do? Of course, ask an expert.

Which one? You pick it yourself. We have lots of kinds. If you don’t like the first one, don’t worry. We have some others too. The one that works will be the right one.

Things do not always go well... for the sufferer. Migraine strengthens. It becomes more frequent, intense and rebellious to its proposals.

Experts say that there is not much left to do with this troop. They are not consulted enough and take painkillers the way they want. They are drug addicts in power (the genes again) and don’t know how to deal with the pain without the sedative.

- You have to take the painkiller at the first sign of pain. Don’t wait.

- I do, but it doesn’t work anymore.

- You have taken too many painkillers. You’ve self-medicated.

- You prescribed it.

- Yes, but I warned you not to have too many.

Sufferer unions demand to be considered ill.

The Patronal agrees:

- Migraine is a chronic brain disease.

You already know the purpose of this hidden blog:

- Migraine emerges from a healthy body by mismanagement of a mistaken brain.

The person with migraine isn’t born like that. It becomes like that. That person learns, imitates.  

Migraine is a syndrome of conversion. There are beliefs underneath.

The solution is the reconversion, the disbelief of the believed. Desensitization. Tolerance to triggers. Good life. Carelessness.

- Now I drink wine and eat chocolate and they no longer give me migraines. Credible!

I already warned you:

From what we believe, we create

viernes, 30 de julio de 2010

Irrelevancias


La razón de ser de las neuronas es la de atribuir relevancia a cuanto sucedió, sucede o pudiera suceder. Clasifican la realidad pasada, presente y futura en fútil o trascendente, relevante.

La relevancia no viene indicada, señalizada. Hay que extraer de los sucesos las marcas, las señales que permiten identificar a lo que contiene consecuencias.

Los sapiens (ma non troppo) son buscadores empedernidos de marcas de relevancia. Las ven por todas partes. Presienten. Atribuyen trascendencia a cuanto les rodea. Todo puede contener información. 

La obsesión por la relevancia ha dejado vacío el universo de lo irrelevante. La realidad no tiene desperdicio.

Sapiens (m.n.t.) presta ojos y oídos a cuanto se dice de lo que es relevante. Por si acaso niega la condición de irrelevancia a cuanto le rodea.

- Me han dicho...

- Investigadores de la Universidad...

- Descubren un gen...

- Hay unas pulseras...

- Mi horóscopo...

Realmente lo relevante es aquello que es tenido como tal aun cuando no lo sea.

- Tiene migraña. Sus genes... el chocolate... el estrés... las variaciones hormonales... las meteorológicas...

Todo eso debiera tener marcado el sello de lo irrelevante pero la oficialidad neurológica está empeñada en atribuirle relevancia, capacidad de desencadenar la tormenta neuronal migrañosa.

 La furia etiquetadora de relevancias ha dado ya con varios cientos de agentes y estados migraño-relevantes. Los neurólogos los llaman desencadenantes. Se les ve encantados con su aportación.

Realmente los estados y agentes relevantes respecto a la nocividad aguda son pocos y bien conocidos. Sólo aquellos que destruyen en unos pocos segundos nuestras células: temperaturas extremas, desgarros, compresiones, ácidos, falta de oxígeno...

El cerebro de las relevancias hace acopio cándido de los cotilleos del peligro, de la inconveniencia y aplica un régimen severo al padeciente. Lo encadena al diabólico temor a todo cuanto hizo, hace o piensa hacer. Lo encadena a los des-encadenantes.

Llenar la mollera de irrelevancias es fácil, dado el natural cándido y asustadizo de la red neuronal sapiens (m.n.t.). Eliminar la irrelevancia es más complicado.

- Tengo dos "hernias de disco", artrosis, una pierna más larga que la otra...

- ¿Y qué?

A los padecientes les abruma la relevancia de lo irrelevante. La idea catastrofista de organismo degradado y vulnerable impone un régimen severo de restricciones y penalizaciones.

Lurdes es una ex-padeciente de migrañas, fibromialgias, fatigas y otras miserias físicas virtuales que acertó a ver la irrelevancia en lo que tenía por relevante y soltó el lastre de la "información" catastrofista. Le pedí que escribiera algo sobre su proceso de liberación, que mostrara la receta, la fórmula. 

- "...Coge toda la información que tengas, métela en una bolsa de basura y sácala a la calle..."

Descreer en lo irrelevante presentado como crucial es necesario aunque podemos fracasar en el empeño por más voluntad que pongamos.

No hay que hacer fuerzas para eliminar irrelevancias. Al cerebro no le van las apreturas, las exigencias. Son contraproducentes.

- Qué, ¿cómo va de cerebro?

La deposición cerebral es tan necesaria como la intestinal.

Homo sapiens (m.n.t.) cambió asas intestinales por circunvoluciones cerebrales. Neuronas y tripas reciben material para procesar, para segregar lo útil de lo fútil. Si no se libra uno de las irrelevancias queda atrapado en su mundo 

- Esta vida es una mierda...

Como dice mi amigo Ramón: 

"El hombre... somos idiotas"

martes, 22 de junio de 2010

Cambios



Hay especies que aborrecen los cambios. Colonizan un entorno paradisíaco, se pegan a una roca, se protegen con pinchos y venenos y viven plácidamente abriendo orificios por donde entran y salen comida y desperdicios.

Homo sapiens (ma non troppo) no es una de estas especies... desde el asunto de Eva con la manzanita. Desde el traspiés tuvo que buscarse la vida yendo y viniendo de acá para allá buscando sustento y cobijo, con los depredadores pisándole los talones.

De aquella pulsión biológica al nomadismo queda ahora la versión culturizada del turismo. El caso es no parar.

El organismo del prototipo sapiens está especialmente adaptado a los cambios de entorno. La cultura completa el equipamiento con todo tipo de añadidos (calzado, gorras, abrigos, gafas, calefacciones, aire acondicionado, abanicos, refrescos...).

Algo ha pasado sin embargo en estos últimos milenios que le ha vuelto sensible a los cambios.

- Me duele la rodilla. Va a cambiar el tiempo...

Vientos, humedades, soles luminosos, brumas, fríos y calores resultan insoportables. Lo que afecta, sobre todo son las transiciones bruscas. Sapiens necesita estirar, calentar, recibir las novedades a cámara lenta, con prólogos, saludos de cortesía, andar en la paja antes de ir al grano...

Ante los cambios caben dos opciones: concederles relevancia, valor... o negársela.

Cada cambio relevante obliga a un reseteo de los programas. Si la relevancia es por peligro potencial los circuitos de alerta nociceptiva se encienden facilitando la generación y tráfico de información alarmista por la red. El cerebro aprieta el botón de las sensibilidades y acaba apareciendo el dolor allá donde se teme se produzcan las consecuencias.

Es difícil imaginar por dónde entran las humedades y viajan, sin secarse ni mojarse, hasta las mojadas articulaciones activando allá unos supuestos receptores de nocividad, no descritos, que se activan por esa humedad concreta. Lo mismo sucede con los vientos y las temperaturas. No se conocen resquicios cutáneos por donde puedan colarse.

En realidad el interior del organismo sapiens es marino. Las células habitan un medio salino similar al del interior de los peces. Pusimos los pies en tierra pero nos trajimos el mar.

Queda el asunto de la presión atmosférica. Salvo en las cavidades aéreas comunicadas por trompas (Eustaquio) o conductos anfractuosos (senos paranasales) las variaciones de presión se producen homogéneamente y no generan ningún estímulo. Si los cambios de presión son bruscos (ascensiones y descensos en avión o coche) y la comunicación entre las cavidades aéreas no es normal pueden aparecer gradientes de presión que ejercen un estímulo mecánico suficiente como para activar los nociceptores mecánicos y doler.

Hay trabajos que buscan correlaciones entre dolor y cambios de tiempo y las encuentran. También existen correlaciones entre estornudos y primavera...

- La primavera me afecta, me toca las narices.

El aire primaveral contiene polen que confunde a sistemas inmunes vigilantes y bisoños y hace que las mucosas se inflamen. Mi sistema inmune es uno de esos:

- Noto que las plantas han soltado el polen. Mis narices lo detectan. Tengo hipersensibilidad al polen.

Los someliers detectan el año y procedencia de los vinos mirándolos, oliéndolos y degustándolos... pero basta añadir un colorante al blanco para confundirles. Somos una especie muy visual. Eso lo saben los ventrílocuos. Se nos va el seso por los ojos.

Notar los cambios de tiempo a través del dolor quiere decir que el cerebro les atribuye relevancia como generadores de daño potencial y lo comunica al individuo con el mensaje perceptivo correspondiente.

- Usted dirá lo que quiera pero YO (mis rodillas) sé (saben) cuándo va a llover...

- Le creo. Mis narices saben cuándo hay polen... pero no son sus rodillas ni mis narices las responsables sino su cerebro y mis linfocitos. Se dedican a evaluar peligros y, a veces, se equivocan dando relevancia a lo que no la tiene...

Hay poco estudiado sobre esta cuestión y lo publicado no analiza la influencia de la cultura (creencias y expectativas).

Un estudio reciente sobre dolor de cabeza y móviles que manipulaba la información concluía que lo importante en el experimento no era la radiación que aplicaban sino lo que informaban sobre lo que se hacía, el cuándo y dónde decían que activaban el campo electromagnético, no su aplicación real.

A todos los seres vivos les afectan los cambios. Tienen que organizarse en función de lo que traen y quitan. Al sapiens moderno no debieran afectarle los cambios. Los supermercados y las casas siguen abiertos y los depredadores (el fisco) sólo afectan al bolsillo.


Homo sapiens (m.n.t.) ha desarrollado una notable adaptación a los nuevos tiempos, la creencia en lo que es mayoritariamente creído. Habita la realidad institucional. Su idea de organismo ya no se ajusta a lo que hay o sucede sino a lo que se da como socialmente creíble.


Homo sapiens (m.n.t.) ha construido un superorganismo, la cultura, que le ha domesticado. La cultura impone las decisiones somáticas, lo que políticamente es correcto como temido. El cerebro traga, calla y proyecta percepciones en su YO.