Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Confieso que he sufrido



Llevaba ya un tiempo con lumbago pero ello no me impedía seguir con mis actividades. Un mal día, jugando al futbol, tuve la certeza de que había sufrido una hernia de disco. Hice reposo en cama pero aquello iba de mal en peor y me aconsejaron operarme. Así lo hice. Me extrajeron un voluminoso disco extruido. Todo bien... durante unos 5 años. Después todo fue de mal en peor, con períodos de baja prolongados, inmovilizado en cama. De esto hace ya unos 20 años. 

El movimiento estaba muy limitado por el dolor y la rigidez. Entrar y salir del coche, sentarme, girarme, meter el pie en el calcetín cada mañana era complicado y penoso.

Así durante varios años, con bajas de uno o dos meses al año, recluido en cama. El Scanner mostraba cambios postquirúrgicos, fibrosis y cambios degenerativos. El neurocirujano daba por sentado que mi columna estaría inestable y hablaba de "poner unos hierros"...

Fue entonces cuando descubrí que mi enemigo era el reposo y que el movimiento me sacaría de esa situación. Era evidente que cualquier intento activaba el dolor sobre la columna. Pensaba que habría alguna raíz nerviosa "pinzada", músculos contracturados, artrosis, fibrosis... condiciones suficientes para justificar el dolor. Todavía tenía a Descartes en la mente y daba por sentado que el dolor surgía de donde lo sentía, de la columna. 

A través de movimientos simples en diversas posiciones y quitando el miedo, convenciéndome de que nada sucedería, conseguí cada día recuperar algo de movilidad en las articulaciones. A la vez me dediqué a buscar información sobre dolor, depresión, ansiedad, neurofisiología... Una cuestión me llevaba a otra... necrosis, apoptosis, inflamación, reparación de tejidos... evolución... percepción, copia eferente, sistemas de recompensa, hipervigilancia, neuronas espejo... memoria de dolor... nocicepción... cultura...

Sin darme cuenta cambié el chip. Dejé de ser cartesiano. Descubrí que el dolor no provenía de la columna sino de mi cerebro. Cada movimiento estaba evaluado y programado por el cerebro. YO sólo podía expresar mi deseo de levantarme y el cerebro se encargaba de lo demás. Si mi voluntad de girar, flexionarme o ponerme de pie era valorada como amenazante se activaba un programa defensivo-disuasorio. Si el cerebro no valoraba amenaza podía conseguir el propósito con un programa adecuado, articulado, sin reticencias.

Al principio necesitaba algún ritual. Me sentaba en una silla de la cocina en hiperlordosis y estiraba la cabeza hacia el techo como si ello permitiera despinzar algún nervio. En unos segundos sentía que la zona lumbar se relajaba. Otras veces no era suficiente y tenía que tumbarme y hacer una serie de movimientos para liberar las articulaciones lumbares, caderas... De cuando en cuando reaparecían, en grado menor, limitaciones de antaño, calambres, latigazos, rigidez... Extremaba el cuidado al coger pesos evitando flexionar la columna, me sentaba estirado forzando la curvadura lumbar (lordosis)... Había días mejores y peores , pero ya nunca estuve de baja. Con los años todo se ha ido disolviendo. Me siento como me da la gana, cojo los pesos sin pensar en cómo lo debo hacer, me he olvidado de "las buenas posturas" y hago una vida normal, sin restricciones.

Hace unos diez años empecé a dar forma a todos estos cambios en mis convicciones y conocimientos y pasé a la acción con los padecientes de migraña. Hasta entonces les contaba lo que me habían enseñado a contar (genes y desencadenantes), recetaba lo que me habían enseñado a recetar (ergóticos, antidepresivos, betabloqueantes...). Cuando llegaron los triptanes y los anticomiciales ya era un descreído convicto y había sustituido fármacos por pláticas, terapia por pedagogía... Luego vino la Fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica (encefalitis miálgica). Leí un artículo de Simon Wessely sobre terapia cognitiva y descubrí la trascendencia de la información, creencias y expectativas y las reacciones airadas de las comunidades de padecientes...

Más adelante vino la teoría de la información, señales, ruidos, procesamiento, Bayes, redes neuronales.

Justo un poco antes de publicar mi primer libro: Jaqueca, análisis neurobiológico de un dolor irracional (2004), leí un artículo de un tal Lorimer Moseley y más adelante, ya metido en toda la vorágine de la neurobiopedagogía, su libro Explain pain. El libro de Moseley me liberó de la carga de sentirme un predicador solitario en el desierto y, ya recientemente, la aparición de la SEFID (Sociedad Española de Fisioterapia y Dolor) me permitió sentirme miembro de un grupo de fisioterapeutas (incluidos mi hija y mi yerno) con un buen cuerpo de convicciones compartidas, absolutamente apasionados por la biología del dolor, por tejidos y neuronas.

Realmente lo pasé mal en los años "de la columna". No había horizonte. Sólo dolor, rigidez, miedo, desesperación, incapacidad... "Los años del cerebro" me han liberado de ese infierno.

Y en esas andamos, tratando de trasladar convicciones y afrontamientos a otros padecientes, con desigual fortuna.

- No me convence... Dice que el dolor no existe... que está en tu mente... que duele porque piensas que te va a doler... que es psicológico... pero me han detectado en la Resonancia varias hernias de disco, artrosis, osteoporosis, pinzamientos, el fisio me ha dicho que tengo muchas contracturas, el estrés... voy a la escuela de espalda... 

En lo que se cria se cree y de lo que se cree se crea. Al menos es así para muchos dolores... "de columna"...



lunes, 22 de febrero de 2010

Cronificación



El dolor forma parte de la respuesta defensiva que el organismo activa para proteger y/o reparar una zona amenazada, vulnerable. Tan pronto como desaparece la amenaza debiera inactivarse el programa defensivo y recuperarse la plena funcionalidad (indolora). 

Habitualmente es así. El dolor de una contusión, una fractura, una infección o una quemadura cede cuando la zona necrosada pierde actividad y recupera fiabilidad ante la acción. 

En muchos casos la lesión se repara debidamente pero el programa dolor sigue activo negando la utilización de la zona. 

Ni siquiera es necesaria una lesión aguda inicial. Con frecuencia el programa dolor se enciende espontáneamente, sin nada que lo justifique, permaneciendo encendido indefinidamente.

¿Por qué?... Para gustos...

Están los impenitentes de la responsabilidad de los genes ("genes para todo"), los que parecen negar al organismo la capacidad de curar debidamente las lesiones ("tendones y nervios cogidos"), los que cargan las tintas en los factores psicológicos y emocionales ("son los nervios"), los que se autodefinen como garantes de las explicaciones científicas y sostienen las tesis de la sensibilización central por bombardeo previo del asta posterior con señales nociceptivas ("periferalistas-todo es química") y los holísticos ("conjuntos arbitrarios de un poco de cualquier cosa"). 

Ninguna de estas tendencias al uso contempla la responsabilidad de la gestión evaluativa del cerebro, la toma de decisión de encender, mantener y apagar programas en función de cómo se valora el peligro, la vulnerabilidad, es decir, las expectativas y creencias cerebrales sobre la zona defendida.

Menos aún, las propuestas sobre cronificación, contemplan el papel de la cultura, de la instrucción experta, el modo en que el cerebro ha aprendido a defender el interior procesando información a través de la observación-imitación y el lenguaje. 

El Congreso fundacional de la SEFID sirvió para lanzar la nueva vía de explicación y afrontamiento del dolor: la vía cognitivo-conductual, la que aborda las falsas creencias y conductas inadecuadas sobre estructura y función de los tejidos. Los psicólogos se han encargado de detectar y corregir las creencias y afrontamientos inadecuados del individuo dolorido dando por válidas las creencias y afrontamientos que los colegas físicos del "equipo multidisciplinar" proponen. Sus terapias cognitivo-conductuales han puesto el punto de mira en los pacientes y han tratado de ayudarle a sobrellevar el sufrimiento. 

Los "neo"fisioterapeutas ponen el acento en las falsas creencias y afrontamientos indebidos sobre movimiento desde la perspectiva de organismo. La fisioterapia cognitivo-conductual pone en la camilla de exploración al cerebro gestor del movimiento, el que debiera autorizarlo y promoverlo pero lo desautoriza, desincentiva y penaliza. 

Los fisios "con cerebro" han recuperado la pregunta clásica del "¿a qué lo achaca?" y se interesan por lo que el paciente (y su cerebro) opina sobre su cuerpo, sobre su esquema corporal. Quieren saber lo que le han dicho otros profesionales. Reconstruyen la historia, el proceso de generación de una idea de vulnerabilidad tisular. 

La nueva vía mira más allá del corto plazo, de la ficción engañosa del "me encuentro mucho mejor" después del masaje, la "reposición" de vértebras o cualquier otra práctica de efecto inmediato. El placebo anda detrás de lo espectacular.

El dolor se cronifica porque también están cronificadas las falsas creencias y remedios que lo sustentan. 

Espero que el Congreso de la SEFID en Valencia haya sido el revulsivo que necesita esta incipiente Fisioterapia para hacerse con el respeto de colegas y ciudadanos. 

domingo, 21 de febrero de 2010

Respuesta de enfermedad


Los primates "avanzados" disponemos de un plus cerebral especializado en proyectar al individuo la percepción de que algo no va bien en el interior, de que estamos enfermos. La percepción de enfermedad invita al individuo a comportarse como un enfermo, es decir, quedarse inmóvil en el refugio y darse de baja de todo tipo de actividades.

El programa "siéntete enfermo" combina cansancio, dolorimiento, desánimo, desinterés, visión negativa de la realidad, repaso crítico de la conducta...

Los tejidos enfermos, necróticos, generan señales que son captadas por células del sistema inmune y terminales del nervio vago. Las noticias del suceso necrótico llegan al cerebro por la sangre y por el circuito neuronal provocando el encendido del programa que nos hace sentirnos y comportarnos como enfermos.

El programa de sentirse enfermo no necesita la enfermedad para activarse. Si introducimos en el organismo de un ratón sano las señales de enfermedad provenientes de un colega de jaula enfermo, el cerebro del sano encenderá el programa tan pronto como reciba la información errónea, engañosa. 

El cerebro de Homo sapiens (ma non troppo) va aún más allá: basta con que piense que puede haber enfermedad para que se active el programa (no la enfermedad, claro). 

Podemos sentirnos griposos: doloridos, cansados, abúlicos, desanimados porque nuestro cerebro aplica el cálculo de probabilidades y decide que actuemos, por si acaso, como si hubiera enfermedad.

En los tiempos que corren es fácil que el cerebro, bombardeado por la información alarmista que está condenado a procesar, acabe construyendo una idea de enfermedad posible-probable. 

Puede que el cerebro sapiens sea hipocondríaco (todos los cerebros lo son) y tienda al encendido alarmista injustificado pero para eso tenemos a los expertos, los que saben cuándo hay y no hay enfermedad. Los expertos compensan la tendencia enfermadora del cerebro con mensajes tranquilizadores que ponen la alarma en el sitio razonable... ¿o no?

Pues va a ser que no.

Los expertos etiquetan el encendido innecesario y alarmista del cerebro sapiens como enfermedad misteriosa, emergente, psicosomática, somatizante, funcional, holísticosistémica, cósmica o vaya usted a saber... aumentando aún más si cabe la incertidumbre y angustia somática. 

El Congreso de la SEFID acabó con una ponencia sobre dolor visceral en la que se habló del nervio vago, las citoquinas (mensajeros de enfermedad), del reflejo inflamatorio-antinflamatorio vagal y se proponían actuaciones de manipulación visceral que habían mostrado un poder analgésico. Confieso que no entendí la relación de lo expuesto sobre el nervio vago y la respuesta de enfermedad con las propuestas de manipulación visceral. 

Hice algún comentario para insistir en la importancia de lo expuesto como base fisiológica y la relación que la respuesta de enfermedad tenía con la fibromialgia. Como colofón a mi inoportuna serie de intervenciones en el Congreso se me contestó (con cierto fastidio) con referencias (otra vez) a la Resonancia Magnética Funcional y a sus colorines. ¿?

El tema de la gestión cerebral de interior es importante y está bastante desatendido. El mundo del dolor ha pivotado en exceso sobre estímulos externos y "músculoesqueléticos". Era oportuna la ponencia sobre visceralidad pero no acabé de captar el hilo argumental del ponente. Al menos se habló del nervio vago, de las citoquinas y del programa respuesta de enfermedad. 

Aplicando la definición de la IASP sobre dolor podríamos proponer que: 

La percepción de enfermedad es una experiencia sensorial desagradable debida a enfermedad real o potencial o vivida como tal enfermedad. 

Basta con que el cerebro evalúe enfermedad como probabilidad para que el desgraciado usuario residente en ese organismo lo viva como enfermo. 

Lo terrible es que el padeciente del encendido erróneo del programa reclama la enfermedad real. Está convencido de padecerla... Mal asunto...

martes, 16 de febrero de 2010

Las creencias de los neurólogos



El I congreso de la SEFID (Sociedad Española de Fisioterapia y Dolor) proclamó por boca de su presidente la necesidad de un cambio radical en nuestras concepciones, aptitudes y actitudes respecto al dolor. El cambio debiera sustentarse sobre el transvase del conocimiento adquirido en las últimas décadas en neurobiología del dolor.

Las intervenciones de las fisios y psicólogas eran coherentes con este propósito. Había referencias continuas a la importancia de las creencias, miedos, afrontamientos de evitación, pasividad... la necesidad de una estrecha y activa colaboración pedagógica entre paciente y terapeuta. 

Por fin parecía que Melzack y Wall conseguían plasmar en la práctica su clásica y desatendida afirmación de que el dolor es una percepción compleja en la que se funden componentes sensoriales, emocionales y evaluativos.

El dolor lumbar crónico, en ausencia de daño, por ejemplo, surgiría no ya de desgastes y pinzamientos sino de creencias erróneas cocinadas en el cerebro al amparo de la cultura oficial de los expertos que siguen anclados en la falsa idea de que el dolor se genera donde lo sentimos. 

Lo que valdría para la columna lumbar también sería extensible para "las cervicales", los pies, el tórax, los codos... Cualquier rincón del organismo podría ser objeto de una evaluación errónea de peligro por parte del cerebro y ello haría que unos tejidos aptos para el uso quedarían hipotecados por la valoración cerebral alarmista: ¡no usar, peligro de necrosis!

¿Y la cabeza? ¿Por qué duele la cabeza? 

Preguntemos a los neurólogos, que son los que saben de eso...

El neurólogo fue desgranando el sonsonete previsible de nuevas etiquetas y propuestas de tratamiento queriendo vender la moto de que se había avanzado considerablemente en el atascado mundo de la cefalea.

Todo iría bien, se lamentaba impotente, si los padecientes no anduvieran a su bola con los calmantes y ordenaran sus desordenados hábitos de vida y sus conflictos laborales, económicos y desafectivos. 

En la cronificación de la cefalea los neurólogos ven abuso de analgésicos, automedicación, obesidad (como nuevo y sustancioso aporte), estrés, mucho estrés, músculos contraidos... y poco más. 

¿Qué pasa con las creencias? Quizás la cabeza tiene un status especial... No duele por lo que pensamos de ella, por lo que nos han enseñado a pensar sobre lo que la perturba, sobre la meteorología, las hormonas, el estrés (mucho estrés), los alimentos, los viajes, el dormir mucho o poco...

Los neurólogos no creen en las creencias. Son científicos y sus ojos se van tras las moléculas y los músculos. Todo es química.  

La migraña es una cefalea noble, genética. Tiene el label de enfermedad. Dispone ya de neuroimagen, con su punto de hemosiderina en la sustancia gris periacueductal. Bastará con afinar un poco lo que vamos sabiendo sobre genes para ofrecer las maravillas de la farmacogenómica.

Lo que no es migraña es "tensional", "de los nervios", la consecuencia de una mala gestión vital por parte del individuo. Puede que los psicólogos y fisios puedan aportar algo con sus psicoterapias y masajes...

El neurólogo debiera haber aportado reflexiones neuronales, abrir las mentes de los congresistas a cuestiones de calado. Percepción, sistema de recompensa, copia eferente, placebo, nocebo, adicción, cerebro bayesiano, toma de decisión, imaginación, empatía, enculturación, cognición social, conducta de evitación, modulación descendente, bidireccionalidad... Había donde escoger. Sobre todo debiera haber participado del espíritu del cambio que definía el propósito del I Congreso. 

Desaprovechó una estupenda oportunidad de hacerse preguntas con su conocido caso de dolor regional complejo que cedió con placebo y así sigue al cabo de dos años en los que el expaciente se toma sus tres pastillas de nada, para sorpresa del ponente, quien soltó el tópico erróneo de que el placebo, ya se sabe, generalmente dura poco... 

No creo que los neurólogos crean en las creencias. Eso les convierte en unos incrédulos en lo que debieran creer y unos creyentes en lo que va siendo cada vez más evidente debe dejar de ser creido.

Era curioso escuchar a los fisios hablar de creencias y al neurólogo de músculos contracturados...   



  

lunes, 15 de febrero de 2010

Los aguafiestas



La Neuroimagen arrasa en Neurociencia. No hay nada más impactante que anunciar a los cuatro vientos la localización del lugar donde se producen las percepciones, emociones, decisiones, memorias, acciones o cualquier producto neuronal. 

La comunidad de neurocientíficos está encandilada con esta nueva tecnología que permite, extrayendo datos de consumo de oxígeno por las neuronas, mostrar a todo color las zonas del cerebro que han participado en la tarea encomendada a los sujetos del experimento. 

La Neurociencia del dolor no ha sido ajena a este entusiasmo. Ha mostrado también las correspondientes imágenes coloreadas de diversas zonas, a las que se imputa la generación de esa maldita (o bendita, según los casos)  "experiencia emocional desagradable asociada a daño tisular real o potencial o vivida como tal daño" (IASP) que llamamos dolor. 

Para los pacientes ha significado la prueba objetiva de que cuando ellos dicen que duele, es que duele. Las fotos de colores no mienten. Para los científicos los colorines demuestran que el dolor surge de la actividad cerebral. La tesis de que el cerebro no pinta nada en el dolor y que todo se cuece en los tejidos ha quedado (o debiera quedar) obsoleta.

El dolor tiene identificados los pabellones cerebrales en los que se fabrica. En cada pabellón se monta uno de los componentes: el sensorial por aquí, el emocional por allá y el evaluativo por acullá. El conjunto de los pabellones se denomina "neuromatriz del dolor". 

La neuromatriz del dolor se activa cuando imaginamos u observamos escenas de dolor (empatía). Existe también la neuromatriz de la analgesia, la responsable del efecto de los opiáceos externos e internos que se activa también con el efecto placebo.

La Resonancia Magnética Funcional ha permitido a los neurólogos localizar el "generador de migraña", en troncoencéfalo para la migraña clásica y en hipotálamo para la cefalea en racimos.

El bombazo de la neuroimagen va a permitir...

Hay aguafiestas que piensan que todo esto no son mas que fuegos de artificio, que se está vendiendo la piel del oso anticipadamente, que la actividad neuronal es más compleja de lo que se presume, que no sabemos bien qué es lo que saca los colores a las neuronas...

Hay quien considera que la neuroimagen es la Frenología del siglo XXI. Los frenólogos eran capaces de localizar la actividad cerebral palpando la superficie craneal: "por sus relieves los conoceréis..." La imposición de manos sobre el cráneo permitía cualificar y cuantificar a los sapiens (m.n.t.). 

Al Congreso de la SEFID acudió un aguafiestas. Nada menos que Giandomenico Ianetti, un experto en registrar la actividad neuronal con electrodos, algo siempre más fiable que los colorines.

Ianetti sacó los colores a los colores de la neuroimagen y demostró, paciente y contundentemente, que la cacareada neuromatriz del dolor no es tal. Más bien corresponde a algo más inespecífico: la relevancia.

Los colores de la neuromatriz indican que el cerebro atribuye relevancia al momento, lugar, estado o agente. No dice nada sobre el contenido de lo considerado como relevante. La actividad cerebral específica referida al procesamiento de las señales nociceptivas provenientes de los tejidos estimulados, prácticamente es inapreciable. 

La propuesta de Ianetti encaja con lo que define en esencia al cerebro: la evaluación, la atribución de relevancia a lo que sucede o pudiera suceder y la preparación anticipada de programas para evitar y/o minimizar efectos nocivos.

No puedo ocultar mi simpatía por los aguafiestas. Alguien tiene que templar el triunfalismo excluyente de los vendedores precipitados de solución para todo.  

domingo, 14 de febrero de 2010

Fisioterapia cognitivo-conductual



La idea que nos hacemos de los fisios es la de unos profesionales de la manipulación del aparato locomotor. Con masajes, musculación y recolocación de vértebras malalineadas recomponen, aunque sea transitoriamente, lo que el estrés, las malas posturas, las sobrecargas y la inactividad han descompuesto. 

Las manos de los fisios tienen el poder de palpar bultos, contracturas, descoloques y ¡"ahí, ahí me duele"! y hacer que todo recupere una mejor condición. 

En el congreso de la SEFID hubo varias ponencias de ilustres fisios británicas. Sorprendentemente hablaban del cerebro, de terapia cognitivo-conductual, del lenguaje... de falsas creencias, de miedos, de afrontamientos pasivos inadecuados. 

- Creo que me he equivocado. Yo venía a que me quite el dolor... las contracturas... pero lleva un rato largo hablando y aún no me ha puesto las manos encima... ¿No será usted psicóloga?

- En cierto sentido... sí. Soy psicóloga del organismo. El organismo tiene psicopatología y necesita los cuidados del psicólogo somático, físico. 

- Si no le importa, preferiría que comenzara con los masajes y se dejara de mensajes...

Realmente los fisios son los psicólogos del organismo. Analizan sus falsas creencias sobre huesos, articulaciones y músculos y tratan de corregirlas. Hacen terapia cognitiva somática. También analizan la forma de conducirnos respecto a posturas y movimiento luego también hacen terapia conductual... somática.

Algunos fisios son conscientes de su condición de psicólogos somáticos y dedican sus esfuerzos a la pedagogía, al derribo de las falsas creencias y a la promoción de una motricidad más fisiológica, más económica y respetuosa con los tejidos.

Otros fisios siguen pensando que ellos no son psicólogos y no pierden el tiempo con charlatanerías. Les basta con poner las manos sobre el padeciente para dar con las claves del dolor.

- Tienes esto muy duro...

- Ya no podía más. Necesito el masaje un par de veces al mes, por lo menos...

El silencio sólo se interrumpe por el sonido de las tabas vertebrales...

- Tenías unas vértebras fuera de su sitio. Ya las he recolocado.

- Ya he oído... Me siento mucho mejor. A ver lo que dura...

El mundo del dolor está poblado de falsas creencias, de miedos injustificados, de conductas inadecuadas, temerosas, de evitación del dolor.

El organismo del padeciente crónico está gestionado por un cerebro fóbico, adictivo, obsesivo, angustiado, catastrofista, con baja estima del estado de huesos, juntas y carnes, preocupado por las intenciones del insensato usuario que se empeña en trabajar con el ordenador, comer lo que le viene en gana y tener siempre la cabeza ocupada con sus cosas...

El cerebro que gestiona el dolor para proteger la integridad de los tejidos lo tiene activado siempre para conseguir el mínimo de movimiento. El cerebro del dolorido es un cerebro con miedo irracional a que rocen las articulaciones, se salgan de su sitio las vértebras, se pincen los nervios o se contracturen los músculos. El dolor es el indicador de ese miedo. Informa de la condición psicopatológica del cerebro. 

El padeciente de dolor crónico, no asociado a daño relevante, necesita disolver el miedo irracional de su cerebro. Debe acudir a un buen fisio, uno que disuelva ese miedo con pedagogía y consejos.

- Usted habita un cuerpo razonablemente sano. Puede y debe moverse sin miedo. Su cerebro tiene un síndrome ansiosodepresivo. Eso hace que su vida en su cuerpo resulte insoportable. Tenemos que hacer algo...

Me sentí bien oyendo a las fisios británicas hablando de la terapia cognitivoconductual, de creencias, de miedos... del lenguaje, de la voz del fisio... la palabra.

Mal que les pese a los fisios "prácticos" ellos también comunican aunque no hablen. Quien calla otorga. El silencio refuerza lo que ya está grabado en los archivos de las memorias del dolor, las memorias del miedo al movimiento.

Los fisios y los padecientes tienen cerebro. Negarlo es un error.






sábado, 13 de febrero de 2010

Daño necrótico y alerta nociceptiva




Las células pueden morir de forma violenta, por temperaturas extremas, estímulos mecánicos (desgarros, compresiones), ácidos, cáusticos, falta de oxígeno o gérmenes. La muerte violenta se denomina necrosis y es el suceso más temido y controlado del organismo. Una célula necrótica pierde la integridad de su membrana vertiendo productos altamente tóxicos que desencadenarían la muerte necrótica en cadena. Podemos utilizar la metáfora del fuego.


Hay fuegos incontrolados, (incendios) y fuegos controlados como el de un fogón, un alto horno o una chimenea doméstica. El fuego no controlado se extiende convirtiendo todo lo que pilla en fuego. La necrosis no controlada se extiende convirtiendo todo lo que pilla en necrosis.


Cada rincón del organismo dispone de un sensible sistema de detección de la necrosis. Células vigilantes del sistema inmune y nervioso están dotadas de receptores que captan señales necróticas y ponen en marcha la respuesta inflamatoria cuyo objetivo es doble: proteger las células vecinas sanas neutralizando y retirando los restos necróticos y promover la reparación del tejido dañado. La inflamación es la respuesta a un fuego no controlado: lo apaga y activa la reconstrucción de lo destruído.


El dolor forma parte de la respuesta inflamatoria. Notifica al individuo que hay problemas en una zona y le obliga a respetar el proceso de reparación evitando su utilización mientras persisten los trabajos de reconstrucción. La inflamación es necesaria pero puede ser peligrosa si se produce con excesiva violencia. Cada órgano dispone de mecanismos propios que ajustan la respuesta inflamatoria para protegerse de los posibles excesos. No hay inflamación sin antiinflamación. Las dos están reguladas al detalle por un complejo sistema de señales.


Parte de la antinflamación corre a cargo de los llamados opiáceos endógenos (equivalentes a la morfina). Podemos frenar la inflamación con fármacos. El resultado lógico será que se reducirá la hinchazón y el dolor (y, teóricamente frenando también la reparación tisular). La aplicación de antinflamatorios y opiáceos es eficaz porque el tejido está rebosante de receptores. Los opiáceos son eficaces por ello en el dolor asociado a destrucción de tejidos, como fracturas, intervenciones o cáncer. Su administración parece justificada para evitar el sufrimiento improductivo. 


La alerta nociceptiva es un estado de vigilancia sensible por evaluación de posible daño necrótico. Tanto el sistema inmune como nervioso construyen continuamente previsiones de peligro de necrosis y activan programas defensivos preventivos cuyo objetivo es evitar el suceso necrótico.La alerta nociceptiva neuronal se expresa por la activación del programa dolor proyectado sobre la zona juzgada como amenazada.


En la alerta nociceptiva los opiáceos endógenos están a la baja, lógicamente, pues se trata de captar sensiblemente cualquier agresión. Por ello la aplicación externa de morfina es menos eficaz e, incluso, puede inducir una reacción proalgésica por parte del sistema nociceptivo, liberándose por ejemplo, colecistoquinina.


En el congreso de la SEFID se nos vendió la moto de las excelencias de la aplicación local de morfina allí donde doliera. Los fisios no tendrían mas que requerir los servicios del morfinólogo para poder hacer su trabajo, que, según parecía, se limitaba a mover pasivamente extremidades. No se hicieron distinciones entre dolor asociado a necrosis-inflamación y dolor en ausencia de necrosis-inflamación. Al parecer da lo mismo. La morfina puede con todo. Expresé mis objecciones y se me contestó que podría aportar "cinco evidencias científicas" de lo que sostenía y no sólo "impresiones personales" como era mi caso. 


No quiero abrumar con erudición. Habitualmente no hago citas de artículos pues no quiero que el blog se convierta en una "casa de citas" pero no quiero dejar vivo el comentario del ponente. Así que doy sólo tres: 


1) Involvement of cholecystoquinin in the opioid tolerance induced by dipirone (metamizol) into the periaqueductal gray matter of rats. V.Tortorici. Pain. 112 (2004) 113-120
2) Involvement of local cholecystoquinin in the tolerance induced by morphine microinjections into the periaqueductal gray of rats V. Tortorici. Pain 102 (2003) 9-16
3) Antiopioid peptides. Handbook of biologically active peptides. Y. Wang. (2006)


La aplicación triunfalista e indiscriminada de analgesia induce estados del sistema nociceptivo de peligrosas consecuencias para el futuro, en forma de hiperalgesia, cronificación del dolor y muerte por complicaciones digestivas, renales y sobredosis. No se debe aplicar la misma filosofía al dolor necrótico que al dolor por evaluación catastrofista de necrosis... sin necrosis. 


Los antibióticos generan resistencia por parte de los gérmenes y los opiáceos, especialmente si no hay necrosis, generan resistencia por parte del sistema nociceptivo, empeñado en sostener el dolor como alerta hacia el individuo.  

martes, 9 de febrero de 2010

Cambiar o no cambiar... esa es la cuestión




Rafael Torres, presidente de la SEFID, expuso con claridad y fundamento la necesidad del cambio en la ponencia inaugural:


Neurobiología, sistema médico, sociedad y cultura. Necesidad de un cambio


El Sistema Médico no puede seguir manteniéndose al margen de la Neurobiología. El organismo está inervado, no sólo por cables que recogen las incidencias de los tejidos sino también por circuitos con programas que modulan los estados de dichos cables y la gestión del tráfico de sus señales


El modelo vigente sobre dolor necesita urgentemente una actualización, soltar el lastre de los tópicos acientíficos para sustituirlos por conocimiento biológico de calidad..


Lo lógico es que el cambio, las propuestas, vinieran desde la Neurología pero no hay motivación por el dolor entre los neurólogos. En el volumen dedicado al dolor del Handbook of Clinical Neurology el primer capítulo es: ¿Por qué no les interesa el dolor a los neurólogos?.


Han sido los fisioterapeutas los primeros en poner sus expertas manos a la obra. Butler y Moseley han liderado a través de Explain Pain el movimiento de cerebralización del abordaje del dolor. 


El dolor crónico es una cuestión de cerebro. Es el cerebro el que enciende y mantiene activo el soporte neuronal necesario para generar la percepción dolorosa. La participación de las señales tisulares no es ni necesaria ni suficiente para explicarla. 


Nadie mejor que los fisios para valorar el comportamiento dinámico del aparato locomotor, su funcionalidad. Las limitaciones estructurales y funcionales tienen una responsabilidad variable pero no serán correctamente comprendidas ni resueltas si no se contempla también la evaluación cerebral sobre su estado, su vulnerabilidad. 


El Sistema Médico ha potenciado una idea de tejidos frágiles , vulnerables, hiperexcitables, sin capacidad de reparación, necesitados de una ayuda externa correctora. Ha sobredimensionado su capacidad de solucionarlo todo con fármacos, infiltraciones, manipulaciones, masajes, estimulaciones y musculaciones.


El Sistema Médico ha potenciado la dependencia de ayuda externa a la vez que ha ignorado la importancia de la cultura, la información, la pedagogía sobre organismo.  


Las exposiciones de "expertos" en dolor contienen habitualmente errores básicos sobre los procesos neuronales que lo sustentan. Seguimos oyendo términos como receptores de dolor, vías de transmisión de la sensación dolorosa... Se sigue considerando el dolor como un estímulo y no como un programa perceptivo cerebral. 


El cerebro de sapiens (ma non troppo) está socializado. Cada profesional es responsable de una parte de esa socialización. Los profesionales de la salud configuramos programas cerebrales emocionales, perceptivos y motores a través de las expectativas y creencias que difundimos entre nosotros mismos y los padecientes. 


A finales del siglo XIX, no sin resistencia, se consolidó la necesidad de la asepsia en la práctica obstétrica para evitar las terribles epidemias de sepsis puerperal. 


Puede que sea el momento de establecer la necesidad de la asepsia informativa para frenar la epidemia de dolor crónico no explicado por daño tisular necrótico. 


Es el momento de la higiene cognitiva. Los nuevos fisios deben ponerse las pilas, tomar aliento y afrontar la responsabilidad de la actualización. 


Puede que la resistencia al cambio no esté en los ciudadanos sino en los propios compañeros...

lunes, 8 de febrero de 2010

Los fisios de la SEFID





Hay varias tribus de fisios. He tenido el placer de conocer a la que ha acudido al congreso de La SEFID (Sociedad Española de Fisiología y Dolor). No he encontrado una denominación adecuada para describirlos. Me limito a describir su proceso de gestación. 


Los fisios-SEFID acaban sus estudios oficiales y salen con una mente poblada de biomecánica. De inmediato deben ponerse a trabajar. Para ello abren una modesta clínica y ponen sus manos sobre cuerpos doloridos. No tardan en comprobar que hay algo más en esos cuerpos que palpan que aparato locomotor. Les falta tiempo para matricularse en escuelas privadas de osteopatía, drenaje linfático, dolor miofascial... etc. para colmar su ansia de conocimiento y de aliviar.


Hipotecan sus fines de semana y se gastan la pasta que ganan los días laborables en acudir viernes, sábados y domingos a las clases. Viajes, hoteles, matrículas... No tienen nada equivalente a plazas de MIR o PSIR (Médicos y psicólogos ampliando estudios con sustanciosos sueldos mientras aprenden).  


Los fisios- SEFID descubren más pronto que tarde que algunos conceptos aprendidos en la Escuela Oficial y en los cursos privados de postgrado, son falsos y/o insuficientes. 


Los fisios- SEFID descubren que las neuronas existen y que además de manos tienen voz, lenguaje, información, cultura... y que el movimiento sólo es posible a través de los programas de una compleja red neuronal.


Los fisios-SEFID se interesan por la Neurobiología del dolor y descubren que algo profundo les ha tocado y les obliga a cambiar su modo de operar ante el paciente dolorido. Saben que tienen ahora una herramienta poderosa, el conocimiento de la red neuronal aplicado al movimiento pero este conocimiento les obliga a navegar contracorriente, contra las teorías y prácticas en las que se han formado al inicio de su carrera y que son las que comulgan ciudadanos y demás fisios.


El presidente de los fisios-SEFID, Rafael Torres, presenta su ponencia: Neurobiología, sistema médico, sociedad y cultura. Necesidad de un cambio. No llegamos al centenar los asistentes. El moderador, sorprendido por lo oído, califica, sin acritud, el contenido de provocativo. Los congresistas, aplaudimos con entusiasmo la proclama y el coraje de Rafael. 


Las ponencias se suceden. Hablamos en los escasos tiempos de descanso. Algo más en las inevitables copichuelas nocturnas.


Los fisios-SEFID se han pagado el viaje, el hotel y la inscripción. Han dejado de trabajar (y ganar su jornal) para estar allí. 


No soy fisio (sino neurólogo desarraigado) pero sí socio de la SEFID. Los neurólogos tienen formación de postgrado, viajes, hoteles e inscripciones en cursos, pagados. El esponsor es la Industria Farmacéutica. 


Los fisios- SEFID creen en la Neurobiología del dolor, en sus manos y en lo que dicen.


Los Neurólogos creen en lo que recetan y aplican. Lo aprenden en revistas, libros y congresos generosamente sufragados por los fabricantes de fármacos y dispositivos. 


Iré desgranando reflexiones sobre lo dicho y silenciado. 


He tenido la gran fortuna de conocer a los fisios-SEFID y espero contribuir con este blog a que consigan sus objetivos y sean conocidos y apreciados.


Ciertamente la Neurobiología del dolor es provocativa. Gestionar esa doctrina provocativa para mantenerla viva y se desarrolle en una ambiente receloso, a veces prepotente, no resultará tarea fácil.


Los que estuvimos en Valencia esperamos ansiosos el siguiente congreso en Madrid. 


Mientras llega Madrid... siempre nos quedará  Valencia... Doy las gracias a los sufridos organizadores por habernos facilitado el encuentro.