Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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jueves, 14 de octubre de 2010

Homeostasis y dolor


La homeostasis es un término que define la propiedad de constancia de unas determinadas condiciones, necesarias para la supervivencia de las células. 

En el exterior pueden darse todo tipo de variaciones (dentro de unos límites) sin que el entorno interno (medio interno) se modifique. Las células necesitan un hábitat constante, con temperatura, oxígeno, alimento, acidez, concentración de sales... constante. Constantes vitales.

Un complejo sistema de regulación mantiene las constantes en la raya de la cifra obligada. Si hay desviación hacia arriba o abajo el organismo activa procesos que las devuelven al nivel debido. Los sensores detectan sensiblemente las desviaciones y activan las respuestas de corrección.

El individuo está implicado en esas conductas correctoras. Su colaboración es necesaria para asegurar que todo en el interior se ajusta a las condiciones exigidas por la vida. Si falta agua o sal los riñones tratarán de ahorrarla pero el organismo presionará al individuo para que desee buscarlas. 

- Tengo sed. Necesito beber agua. Tengo hambre de sal. Necesito comerla.

- Siento frío. Necesito buscar abrigo...

El organismo expresa sus necesidades a través de percepciones homeostáticas, vivencias que impulsan a centrar la atención, los objetivos, en la corrección de una constante en peligro.

La falta de agua, sales, oxígeno, los excesos y defectos térmicos y acidez llevan a la muerte violenta celular, a la necrosis. El hambre de comida, de aire, de sal, la sed, el frío, el calor... y, también el dolor nos obligan a ocuparnos de mantener las constantes, la integridad física de las células.

El dolor nos alerta de estirones, compresiones, fríos, calores, falta de oxígeno en el músculo. A veces lo hace cuando ya no hay remedio, tras hechos de necrosis consumada. Otras, cuando rozamos los límites. El dolor nos obliga a activar conductas de evitación, de alejamiento de los estados peligrosos. En los hechos consumados nos obliga a respetar la reparación de los tejidos destruidos.

Las percepciones homeostáticas (frío, calor, hambres, sed...) están reguladas por el llamado sistema de aversión (castigo)-recompensa. Genera propuestas de conducta, ganas, motivos, emociones que incitan al individuo a explorar el entorno y obtener lo requerido (comida, sal, agua, cobijo). 

El organismo no espera a que aparezca el estado de necesidad. Prefiere la seguridad, el aprovechar las ocasiones si están ahí...

- Me muero de hambre, de sed, necesito respirar hondo, estoy congelado, me duele...

No necesariamente se da una situación que justifique la activación de esos mensajes angustiados del organismo. En el interior puede andar todo razonablemente bien. Sin embargo el organismo activa el temor a lo posible, al futuro...

- No coma tanto. No beba tanta agua, controle la respiración, no tome tantos "calmantes"...

En ocasiones los puntos de equilibrio, de mantenimiento de las constantes, la seguridad, se coloca fuera de lo razonable. Ya no manda la realidad sino la virtualidad, el miedo...

Las percepciones homeostáticas se instalan, con frecuencia, crónicamente, paradójicamente, en la consciencia de un individuo, obligándole a conducirse como si el organismo estuviera siempre amenazado por falta de comida, agua, sal, oxígeno, cobijo o estuviera expuesto a agresiones mecánicas o biológicas internas continuas... cuando, en realidad sucede lo contrario. Sobran kilos, aguas, sales, oxígenos (hiperventilación) y faltan compresiones, pinzamientos, contracturas...

Los expertos debieran ayudar a contener los miedos que alimentan el error de mantener siempre activadas las percepciones homeostáticas pero, incomprensiblemente, contribuyen a avivarlo...

- Tiene usted una columna como una abuela de 80 años...

La cultura ha trastocado el delicado proceso de la homeostasis, del equilibrio, de las constantes. Ha condenado a muchos padecientes a residir en un organismo temeroso, desconfiado, que prefiere activar todas las alertas como estrategia de garantía de que no faltará de nada.

Para que nada faltE, no importa que sobren... hambres, sed, frío, calor... dolor... 


miércoles, 13 de octubre de 2010

Bandas de permisividad



Uno no puede hacer lo que quiere. El organismo pone límites. Nos concede una banda de permisividad en la que podemos desarrollar nuestros planes como individuos conscientes. Si nos movemos en esa banda el organismo nos hace sentirnos más o menos bien, animosos, indoloros y optimistas. Si estamos fuera de ella por cualquiera de los extremos el organismo proyecta su reprobación en forma de malestar, presionándonos hacia una determinada conducta cuyo objetivo es volver a las condiciones autorizadas, a la banda permitida.

Las bandas tienen unos límites definidos genéticamente. Son límites fijos, inamovibles. Marcan el universo de la supervivencia de los tejidos. Los sensores de daño necrótico (consumado e inminente) están ahí para detectar la desviación e informar a los centros que contienen los programas defensivos, las respuestas de evitación-reparación.

Dentro de la banda impuesta por la genética cada organismo establece por aprendizaje (experiencia propia y ajena, instrucción experta) otra que varía a lo largo del tiempo según lugares, momentos y circunstancias. Esta banda de permisividad aprendida, adquirida, tiene como objeto evitar la exposición a estados y agentes considerados como amenazantes. Los límites se marcan en función de creencias y expectativas... del organismo. 

La banda congénita de permisividad, la que pone los límites al aquí y ahora de la nocividad real, puede estrecharse, no por lo que está sucediendo sino por lo que se valora como riesgo, como probabilidad. El organismo marca unos límites de intolerancia que pueden llegar a juntarse penalizando cualquier propósito del individuo. 

Fuera de lo permitido sólo hay desánimo, dolorimiento, cansancio, pesimismo, rumiación, catastrofismo, vulnerabilidad, indefensión. El individuo queda atrapado en un recinto mínimo de subsistencia en el que no cabe ningún propósito. El organismo ha impuesto el estado de intolerancia total, el toque de queda.

Los programas defensivos se activan sin motivo, por puro temor a los sucesos. La irracionalidad, la fobia impone su ley. Todo es sospechoso y debe evitarse. El individuo es peligroso. Prohibido moverse. El pasado debió evitarse. Ya no tiene remedio. Ha dejado heridas, tendones montados, inflamaciones, nervios pinzados, contracturas, emociones... El futuro no tiene sentido en esas condiciones. No existe.

El individuo vuelve los ojos a los expertos. Se siente y sabe enfermo, indefenso y solicita el diagnóstico y el remedio prometidos.

- No tiene usted nada. Es todo normal... Le mando al Psiquiatra...

El organismo intolerante campa a sus anchas. Nadie parece querer imputarle nada. No existe aprendizaje, responsabilidad, errores no detectados ni corregidos. Sólo genes de vulnerabilidad o intolerancia (hiperexcitabilidad) y sucesos que debieron ser evitados.

- No tiene usted nada. Es todo normal pero su organismo actúa como si hubiera enfermedad...

- No estoy de acuerdo. Sé que estoy enfermo. Me siento enfermo. No puedo con mi cuerpo ni con mi alma... Póngame un diagnóstico y un tratamiento... Tengo mi derecho...

- Insisto. No hay enfermedad pero su cerebro le obliga a sentirse enfermo para que actúe como tal...

Los padecientes residentes en organismos intolerantes, de banda estrecha, acaban consiguiendo diagnóstico, colectivo solidario de afectados, promesas y respaldo de los expertos que respaldan la tesis de enfermedad.

La banda de permisividad se cierra definitivamente. No se tolera ninguna propuesta que no sea la de enfermedad. 

El organismo intolerante ha conseguido su objetivo: la convicción y conducta de enfermedad.  


viernes, 8 de octubre de 2010

Migraña de fin de semana



La migraña aparece cuando el cerebro valora amenaza en la cabeza. Si lo hace en los fines de semana es porque justamente es entonces cuando cree que la cabeza corre peligro.

Hay muchos padecientes que sufren el despropósito cerebral migrañoso en fines de semana.

Los migrañosos de fin de semana se hacen preguntas buscando respuesta-solución...

- Puede que sea porque duermo demasiado... pero... ¡no!, el dolor me despierta en la madrugada del sábado... Al principio pensé que la cena y el trago del viernes, el exceso de tabaco... pero... tampoco... seguía todo igual aun cuando anduviera formal. El estrés acumulado durante la semana... No acabo de entenderlo...

Es inevitable hacerse preguntas pero tampoco hay que obsesionarse en hacerse con respuestas contundentes, lógicas. El universo de las decisiones cerebrales se nos escapa. Sólo sabemos lo que se decide, pero no los motivos, que, pueden ser, por otra parte peregrinos... neuronales...

En primer lugar hay que saber que el cerebro no es uno sino vario. Tenemos muchos ámbitos de decisión, estados de opinión que compiten entre ellos con resultado variable según los momentos, lugares y circunstancias. Habría que considerar que uno tiene "cerebros"... Estaría el cerebro que promueve la actividad laboral y mantiene la implicación del individuo en sus tareas. Por otro lado andaría el cerebro alarmista con sus propias evaluaciones catastrofistas. Existe el cerebro biológico y el social...

En las transiciones (por ejemplo laboral a festivo) el cerebro anda más atento y hay más probabilidad de error. Los cambios (meteorológicos, hormonales, ritmo de actividad...) sensibilizan... promueven la alerta.

La actividad generalmente es analgésica, siempre que el cerebro la bendiga. Al cesar aparece el dolor si lo ejecutado contiene algún valor potencialmente amenazante (según expectativas y creencias). 

El fin de semana es un desencadenante tan absurdo como el chocolate, el queso curado, el viento Sur o las alcachofas. Nos podemos pasar la vida preguntándonos por el por qué...

- ¿Que por qué los fines de semana? No lo sé. Es cuando el cerebro vigilante valora peligro. ¿Que por qué de madrugada? Habrá sido el "cerebro de noche" el que ha activado la alarma aprovechando que el cerebro laboral estaba de fin de semana...

No hay que esperar respuestas racionales. No siempre las hay. En la migraña lo que priva es la irracionalidad.

Está muy extendida la recomendación de hacer registros de las crisis para dar con las claves del origen. Generalmente no aportan nada mas que confusión... salvo en los fines de semana. Confirman lo que uno ya sabía: "tengo migraña los fines de semana..."

- Trabaja demasiado y además le gusta su trabajo. Tiene estrés. Se acumula en la semana y se desborda los sábados... Tiene que trabajar menos y rebajar su entusiasmo con lo que hace...

Ni caso. 

jueves, 7 de octubre de 2010

Detección de error



Sobrevivir es incierto. El peligro acecha y para seguir vivos debemos aprender a detectar el mayor número de señales que nos permitan desenmascararlo, anticiparlo.

Hay señales válidas y otras no hacen mas que confundirnos, alarmarnos innecesariamente. 

La Evolución ha seleccionado muchas de estas señales. Olores, sabores, colores, moléculas, sonidos, formas... que contienen la propiedad de alertar y generar conductas de evitación.

El código del peligro seleccionado evolutivamente está inscrito en el genoma y nos confiere una cierta Inmunidad (Inmunidad congénita). 

La Inmunidad congénita opera a través de estirpes celulares del Sistema Inmune ("las defensas") y del Sistema Nervioso dedicadas a la detección de las señales físicoquímicas codificadas como indicadoras de peligro en el genoma. Las células vigilantes (nociceptores) despliegan en sus membranas los sensores-receptores correspondientes. 

Cada vez que aparece la señal se detecta y se pone en marcha la repuesta defensiva. No hay incertidumbre. Todo lo detectado es peligroso a ciencia (evolutiva) cierta.

El código genético no contiene toda la información del peligro. Hay estados y agentes nocivos no catalogados. Somos vulnerables y sólo tras contactar con ellos sabremos que nos han causado daño. Tras el incidente habremos conseguido, por experiencia, el conocimiento necesario para evitar una nueva incidencia de nocividad. Habremos desarrollado Inmunidad adquirida (aprendida). 

Con cada incidencia de daño el Sistema Neuroinmune de defensa tratará de identificar y memorizará las señales de identidad del agente o estado responsable. No hay ninguna garantía de acierto en la codificación. Pueden registrase falsas señales de alerta.

La Inmunidad adquirida no es infalible. Nos alerta y defiende a veces innecesariamente, equivocadamente. 

No pasa nada. Equivocarse es biológico. La red nociceptiva Inmune y Neuronal puede reconocer el error y descatalogar la falsa señal... aunque no siempre es así. Puede también mantener su convicción y reforzarla con cada incidencia. 

 Es importante disponer de un buen catálogo de señales de nocividad pero también es importante que lo catalogado tenga una nocividad cierta, que se reconozcan y subsanen los errores de catalogación.

Hay dos posibles estrategias de aprendizaje de lo peligroso:

1) Todo puede ser una señal de peligro. Considérese todo como señal útil mientras no se demuestre lo contrario.  

2) Hay mucha señal errónea. Acéptese el riesgo de la exposición incierta a lo desconocido. Considérese todo como inofensivo hasta que no se demuestre lo contrario. 

Las dos estrategias tienen sus ventajas e inconvenientes.

Hay organismos de los dos tipos. Recelosos y exploradores. Evitadores de lo incierto y buscadores de novedad. Puede que genéticamente vengamos ya marcados por una de las dos tendencias.

El mundo de los padecimientos sin daño demostrado corresponde a organismos recelosos, con un Sistema de defensa Neuroinmune hiperalertado, hipersensible. Alergias, enfermedades autoinmunes, migraña, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, sensibilidad química múltiple, colon irritable...

Una genética vigilante en un entorno peligroso puede generar un aprendizaje sesgado hacia la estrategia de evitarlo todo innecesariamente. Ello sólo es posible si no se detecta-reconoce el error cada vez que se produce...

El cerebro defensivo puede estar equivocado. No pasa nada... no pasaría nada... si pudiera reconocerlo y diera su brazo a torcer... cambiara el chip...

- No tiene usted nada. Es el cerebro que está equivocado y no lo sabe o no quiere reconocerlo...

- El equivocado es usted. YO tengo una enfermedad misteriosa, emergente...


Los científicos andan interesados en detectar errores... genéticos. Esperan completar el catálogo genómico del sufrimiento, "el libro de la mala vida". Luego sólo será cuestión de ingeniería genética.


- Le hemos detectado varios errores en varios genes. Por eso le duele...


- ¿No hay tratamiento?


- Un poco de paciencia. Andamos en ello...

miércoles, 6 de octubre de 2010

Dolor neuronal




- Dolor neuronal... ¿qué es eso?

- Un dolor que surge de las neuronas, de su actividad. Todos los dolores son neuronales...

- A mí lo que me duelen son los huesos y los músculos...

- Sólo las neuronas duelen, generan dolor...

Los neurocirujanos saben que el cerebro no duele. Puedes atravesarlo con un catéter, pincharlo, pellizcarlo, comprimirlo, estirarlo...   sin que el paciente (despierto) sienta dolor. De este hecho conocido surgió la afirmación de que el cerebro no tiene nada que ver con la aparición del dolor. 

Es una conclusión peregrina. El departamento de multas por infracciones de tráfico no tiene nada que ver con ellas porque no es el que las paga. Las multas, al parecer, se generan en el propio conductor. El departamento se limita a darse por enterado de las multas que el propio conductor se ha impuesto.

En pleno auge de información sobre cerebro es sorprendente que no se haya avanzado nada en la divulgación de los conceptos básicos sobre origen neuronal del dolor.

Efecto placebo-nocebo, empatía, percepción, atención, sistema de recompensa, nocicepción, memoria, imaginación, predicción, error evaluativo, detección de error, toma de decisión, cultura, socialización, imitación, neuronas espejo, copia eferente...

- No me suena...

- Son cuestiones básicas que todo el mundo (profesionales y padecientes) debieran conocer o, al menos, haber oído hablar de ellas.

Los sucesos se producen en huesos, músculos, articulaciones, cráneos, meninges... pero el dolor es generado siempre en neuronas. No hay, necesariamente, correlación entre sucesos y dolor.

- Me duele...

- No tiene nada. Sus neuronas están equivocadas... Es un dolor neuronal.

- ¿Psicológico?

- No, neuronal.

................

- Me he hecho un esguince. Tengo dolor en el tobillo...

- Es un dolor neuronal. El cerebro proyecta la percepción de dolor sobre el espacio donde usted tiene el tobillo, debido a que le ha llegado información sobre destrucción de células, precisamente allí... 

martes, 5 de octubre de 2010

Cerebros hipersensibles



Hay varios padecimientos (fibromialgia, migraña...) caracterizados por la presencia de dolor en ausencia de daño relevante en los tejidos. La tendencia actual es a considerarlos como resultado de un cerebro hipersensible

La hipersensibilidad cerebral es un estado patológico capaz de convertir la vida en un organismo razonablemente sano en un infierno.

Un cerebro hipersensible es un cerebro insensato, un cerebro sin sentido común.

Los expertos sostienen que  se llega a ese desgraciado estado por ser la red neuronal de condición genética hipersensible y por exposición a sucesos traumáticos físicos y psicológicos.

El padeciente que habita un organismo regido por un cerebro hipersensible está condenado a sufrir sin sentido a poco que se tuerzan las cosas de la vida... de los tejidos y del propio individuo. Una infección, un traumatismo, una separación, un entorno contaminado... puede bastar para instaurar un modo hipersensible cerebral.

Para los expertos todos los caminos de la contrariedad (física y psicológica) llevan al pozo del dolor crónico si uno ha nacido marcado por la condición neuronal hipersensible.

La condición de hipersensibilidad se genera (según los expertos) en la periferia, en las neuronas vigilantes, los testigos del horror. 

Los sensores de daño quedan, al parecer, impactados por lo sensado y sufren una especie de estrés postraumático emocional que les impide pasar página a los sucesos.

El sistema de seguridad del banco queda impactado por el atraco y mantiene la alarma encendida a perpetuidad, incapaz de olvidar el suceso. Los sensores siguen generando señales de robo a perpetuidad, irremediablemente. Han salido así de fábrica. Sólo sirven para un episodio. Como alguien entre a robar hay que cerrar la oficina pues los sensores se han vuelto sensibles, desconfiados y señalan a cualquier ciudadano como ladrón, impactados por el hecho de que quien robó fue, precisamente, un ciudadano...

En una crisis de migraña, los nociceptores meníngeos comienzan a disparar señal de peligro después de un día soleado, así, sin más... El cerebro se deja llevar por los mensajes y activa todos los programas defensivos a mano...

En la fibromialgia, más de lo mismo... esta vez en el hipersensible aparato musculoesquelético...

Ojos, oídos, narices, paladares, piel, músculos, fascias, articulaciones... todos se han vuelto hipersensibles, intolerantes...

Al parecer de los expertos el cerebro es un mandado, un órgano pasivo que se limita a trasladar a la conciencia los miedos de las neuronas vigilantes...

Se descubre un receptor de dolor... abre la puerta a la investigación de nuevos fármacos...

Hay que devolver la calma a los tejidos, a los sentidos... a la periferia. De otro modo el cerebro no dejará de darle al ON del dolor... 

Eso dicen...

lunes, 4 de octubre de 2010

Razones para sufrir




Homo sapiens (ma non troppo) no es una especie feliz. Gran parte del colectivo lleva una vida miserable. Cumplimos con el objetivo de sobrevivir como individuos y como especie, nos hemos hecho los dueños del planeta en tierra, mar y aire pero hay algo que no marcha. 

Dolor, cansancio, desánimo, insommio, desasosiego, hipersensibilización, desmotivación, falta de concentración...

Los expertos se desviven por dar con las claves del sinvivir. Viven de ello...

A los expertos les sobran razones para explicar el sufrimiento:

Ante todo, los genes (los tiempos mandan). Luego, el medio ambiente (siguen mandando los tiempos...), la mala vida (un clásico), la alimentación, el estrés, el colesterol, el descreimiento...

El organismo de los sapiens (m.n.t.) es una chapuza, física, psíquica y espiritualmente. Es algo degradado y degradante, algo que convierte en miseria cuanto le conforma y rodea.

Los expertos andan ocupados en preocuparnos. Lo ven difícil con esos genes y esa mala vida que nos damos  pero creen que algo se puede hacer con la ayuda de sus consejos y sus remedios... siempre que los sigamos al pie de la letra.

 Analgésicos-antinflamatorios, antidepresivos, antiepilépticos, parches de morfina, hipnóticos...

- Sigo igual...

Relajación, psicoterapia, risoterapia, meditación...

- Igual...

Acupuntura, homeopatía, osteopatía, dietas, remedios naturales...

- Nada...

Ejercicio aeróbico, masajes, natación...

- Me canso y me aburro y luego me duele más...

Los expertos no entienden que todo siga igual y desconfían del padeciente. Huele a somatización, a psicosomático, a "funcional", a mala gestión personal, a poco aguante...

- Me considero una persona normal. El día que me encuentro medio bien me como el mundo...

El experto no traga. Sabe que el padeciente se engaña o, incluso, trata de engañar... justificarse...

- Tiene que poner más de su parte...

De cuando en cuando se proclaman motivos para la esperanza: "descubren un nuevo gen...", "identificado un virus...", "se reconoce como enfermedad..."

Los expertos desconfían de todo y de todos menos de sí mismos...

- Se están produciendo avances espectaculares...

El avance espectacular en las cifras de sufrimiento no enfría su entusiasmo. No hay lugar para el bochorno... Los sapiens (m.n.t.) lo ponen cada vez más difícil con su genética degradada y su conducta degradante pero la Ciencia puede... podrá con todo.

Hay algo que se nos escapa. Los genes, el medioambiente, las dietas, el estrés... vale... pero ¿qué me dice de la cultura... la información...?

- Estoy de acuerdo. Necesitamos más información, más concienciación, asociaciones, congresos, días mundiales, manifestaciones, derechos, más fondos sin fondo... más cultura de enfermedad..., saber que estamos enfermos, reconocerlo, reclamarlo, sobrellevarlo con dignidad...

- Déjelo...


viernes, 1 de octubre de 2010

Memoria (y olvido) del dolor



Recordar, retener información sobre lo sucedido, es una condición necesaria para sobrevivir. Todos los seres vivos tienen memoria. El mismo estímulo no produce la misma respuesta si se vuelve a aplicar. A veces la reexposición genera una respuesta más viva (sensibilización), y otras lo contrario, indiferencia (habituación).

Si un estímulo irrelevante como el sonido de una campana precede repetidamente a otro significativo como la comida acaba generando una respuesta (reflejo condicionado simple).

Las conductas también se activan o bloquean influidas por la memoria. Si lo que hacemos se sigue repetidamente de una recompensa repetiremos la acción para gratificarnos o la evitaremos para evitar el castigo (condicionamiento operante). A veces la recompensa es el levantamiento del castigo y actuaremos del modo que nos libera de la pena. No hay mayor placer que ese...

La información, las creencias y expectativas, condicionan las respuestas a los estímulos y las conductas. Lo que se dice y cree de la realidad nos influye (condicionamiento cognitivo). Creer es una forma de recordar.

Las memorias neuronales no son rígidas, inamovibles. Están abiertas al cambio, en función de lo que sucede o se cree a lo largo del tiempo... Si no sucede nada relevante aparece la función del olvido, la pérdida de relevancia.

Recordar y olvidar son funciones-decisiones fundamentales. Podríamos recordarlo todo por si acaso  pero acabaríamos bloqueados, bombardeados por la huella aún viva de lo que sucedió a lo largo de toda la vida. Las neuronas procesan continuamente los datos (memoria autobiográfica) para actualizarlos. Actualizar quiere decir reforzar la memoria de lo considerado relevante y eliminar lo considerado irrelevante. Al final lo que recordamos tiene poco que ver con lo sucedido. La memoria y el olvido lo han dejado irreconocible aunque el individuo no sea consciente del engaño: "lo recuerdo como si fuera ayer..."

El dolor también está influído por la memoria. Los sucesos relevantes, propios y ajenos, y lo que se dice, dijo y pensó de ellos, se someten al proceso inevitable del etiquetado de la relevancia, de la memoria-olvido

Las neuronas retienen huellas del pasado suficientes para reactivar dolores pasados (propios y ajenos) y re-presentarlos en la consciencia como si  algo nocivo estuviera sucediendo en ese momento-lugar-circunstancia.

Las memorias-olvidos del dolor son memorias emocionales, llevan el sello de la relevancia, y tienden a reactivarse con cualquier rememoración. Puede ser una fecha, un olor, un suceso ajeno, un lugar...

Los padecientes no tienen en cuenta la posibilidad de que el dolor actual sea sólo eso, un recuerdo de un suceso o una expectativa del pasado, actualizado por cualquier estímulo irrelevante que reactiva lo registrado emocionalmente en la red.

- Tenemos que conseguir que su cerebro olvide, quite relevancias pasadas, presentes y futuras...

- ¿Quiere decir que tengo que olvidarme del dolor, no pensar en él...?

- En absoluto. Tiene que esforzarse en pensar activamente en él tratando de descubrir las irrelevancias. Nada sucede, lo sucedido en el pasado ya debiera ser irrelevante y nada justifica los temores de lo que puede suceder en el futuro...Las memorias emocionales no deben ser evitadas sino procesadas activamente para quitarles hierro, relevancia actual...

No resulta fácil para los padecientes retirar la relevancia a lo retenido en la memoria. 

- YO lo que sé es que antes del accidente no me dolía y desde entonces tengo todos los días dolor... Algo hay ahí, ¡YO que sé! un nervio o un tendón cogido... YO no soy médico...

Los profesionales debemos registrar las memorias, las relevancias reales e imaginadas de los sucesos (propios y ajenos).

El problema del dolor crónico es un problema de memorias vivas que debieran estar muertas. El cerebro de los padecientes de dolor crónico recuerda lo que no debe y no olvida lo que debiera ser olvidado...

El dolor crónico es una narración cerebral errónea, una crónica equivocada a la hora de atribuir relevancias. La memoria autobiográfica somática, la versión que el organismo se da a sí mismo de su vulnerabilidad, mantiene activada la función de aviso al individuo (dolor) para que se conduzca de forma coherente con lo evaluado. Si se piensa que algo debe ser protegido y atendido, o, simplemente recordado, aparecerá el dolor para conseguir la conducta defensiva necesaria.

 Recuerde... olvide...


Quite relevancia a lo que no la tiene...

jueves, 30 de septiembre de 2010

Condenados a creer





Conocemos poco. No importa. Creemos.

Suplimos las carencias con creencias. Nuestros genes contienen la pulsión biológica a crearlas y creerlas

Nuestras percepciones, emociones y acciones están sustentadas en una mezcla de hechos e hipótesis. El cerebro integra datos sensoriales y credos en la batidora córticotalámica, el circuito en el que se funden experiencias pasadas, presentes y futuras, propias y ajenas, reales y soñadas...

El cerebro del bebé sapiens (ma non troppo) transforma lo que ve, oye, palpa, huele y degusta en imágenes, representaciones neuronales de una teoría de la realidad, una historia autoverosímil, creída por ser única y exclusiva, aun cuando esté tejida con grandes dosis de fantasía, de relleno.

El relato somático necesariamente incluye secuencias de copiar-pegar lo ajeno, lo que sucede a otros, generalmente cercanos. 

El niño sapiens copia y pega todo, tanto el trigo como la paja, las señales y el ruido. Las criaturas de otras especies sólo copian-pegan lo útil, lo que da beneficio o perjuicio inmediato, aquí, ahora y en esta circunstancia-entorno. 

El `procesamiento de las señales con tanto ruido no sería posible sin la ayuda del tutor, el que va diciendo qué es señal y qué ruido, qué debe ser imitado o rechazado... a la vez que va haciendo aquello que le viene en gana aun cuando sea contrario a lo que dice que debe ser hecho o rechazado.

La caja negra somática va siendo imaginada con dichos y hechos, con conocimiento, emoción, y creencia (temor-esperanza).

La Ciencia, la Cultura y el Mercado van colonizando los circuitos narrativos encargados de procesar todo el material con actualizaciones continuas, aprovechando que el individuo está desatento, pensando en Babia (default mode) o actuando con el automático. 

Al final del día el circuito córticotalámico corta selectivamente la conexión con el mundo real y actualiza sin el incordio del YO la narración somática (pasada, presente y futura, propia y ajena...) los dichos y los hechos.

El cuerpo queda así convertido en personaje central de nuestra historia interminable, en sujeto-objeto, narrador-oyente.

- Erase una vez... soy esta vez... seré algún día... Me dijeron... me han dicho... me dirán... Creía... creo... creeré...

El circuito córticotalámico selecciona de lo imaginado-sentido lo relevante en cada momento-lugar y circunstancia y lo pega en una película creible que es proyectada en la pantalla perceptiva.

- YO lo que único que sé...

El individuo se deja llevar de la certeza de lo que percibe atribuyéndole la certeza de lo que sucede. 

- YO sólo sé que me duele aquí y ahora porque... YO sólo sé que hago esto o lo otro y duele menos o más...

YO está condenado a creerse su propia historia

El profesional pide al padeciente que le cuente su historia...

- Me duele todo, mucho y siempre...

- No puede ser. Es una historia increíble. No me la creo...

La historia real del dolor omnipresente no tiene por qué tener acoplada necesariamente una historia real de daño relevante. Es una historia real, está escrita en los circuitos, en clave de conexiones neuronales reverberantes, incansables, parlanchinas pero es la historia real de un cuerpo virtual, imaginado.

- Creo que usted se inventa el dolor...

El profesional confunde el relato de la historia con la realidad y no se cree lo imaginado...

- He soñado que se quemaba la casa...

- No puede haber soñado eso. Su casa no se ha quemado...

Se ha dicho que la vida es sueño. Lo dijo Calderón de la Barca y lo dice Rodolfo Llinás, eminente Neurofisiólogo...

- Mi cerebro sueña que tengo los huesos... Me duele todo...

- Le creo. Vamos a ver cómo están sus huesos... A ver si hay algo de real en el sueño...

...........

- Sus huesos están bien. Hay artrosis, osteoporosis, escoliosis... pero eso no justifica la alarma. El dolor se irá si su cerebro acepta, deja de creer-temer...

O bien...

- Tenía usted razón. Tiene los huesos de pena. Artrosis, osteoporosis, escoliosis... No me extraña que le duela todo, siempre, mucho...

El tutor es quien, una vez más, dice lo que es cierto o no lo es.

Estamos condenados a creer, a veces sólo a nosotros mismos y otras al tutor.


No está claro quién es el juez. A veces el tutor y otras nosotros mismos. 


Sorprendentemente, podemos autocondenarnos aun cuando seamos inocentes...


- No tiene usted nada. Inocente...


- No estoy de acuerdo. YO algo tengo que tener...


Claro que, también puede suceder:


- No tiene usted nada y...

miércoles, 29 de septiembre de 2010

El diario cerebral



A Homo sapiens (ma non troppo) no le gustan los huecos. Siente horror al vacío. No admite preguntas sin respuesta aunque sí respuestas sin pregunta.

El cerebro rellena con cualquier chapuza de explicación aquello que desconoce. Fabula, sueña, especula... Todo menos quedarse atascado en la nada.

Asistimos a los sucesos y les buscamos siempre orígenes, causas. 

Los sensores de materia-energía recogen datos sutiles de todas sus variaciones para tejer una teoría de lo que está sucediendo ahí fuera como significado, relevancia, afección.

Muchos sucesos se quedan huérfanos de explicación. Se producen sin dar señales detectables. El individuo siente y padece pero desconoce la causa, lo culpable.

No pasa nada. Los sapiens (m.n.t.) somos equipo, sociedad y tenemos gente para todo. Tenemos individuos investidos del poder de conocer y explicarlo todo. Son los sabios, los expertos, los letrados de lo indetectable.

El individuo sapiens (m.n.t.), mal que bien, acaba entendiendo el mundo sensible, sensorizado, el exterior. Otra cosa son las entrañas, el interior... De él sólo tiene noticias a través de la pantalla de la percepción, un lugar en el que el cerebro expresa sus evaluaciones. No hay mejor noticia que ninguna. "Sin novedad".

A veces la cosa se tuerce: 

- Me he levantado con dolor de cabeza...

El exterior de la cabeza no muestra ninguna señal que explique la molestia y, rápidamente, aparecen las propuestas sobre la causa... 

- Habré dormido mal. Fumé demasiado. Ando estresado con los exámenes, va a cambiar el tiempo...

Todo vale para tapar el hueco de la pregunta. Los expertos se han ocupado de facilitar un muestrario de rellenos. Todos ellos señalan al individuo como responsable. Bien sea por su constitución, su temperamento, sus humores, su fecha de nacimiento, sus hábitos, el entorno en el que reside... el individuo es quien crea las condiciones que contrarían y perturban la paz somática, el paraíso interno, las constantes vitales...

Los expertos consultados dictaminan con rara facilidad el origen del sufrimiento.

- Es el estrés. Las cervicales. Las zanahorias. Malas energías. Algún virus. Las defensas... 

El padeciente asiente y se reconforta al recibir explicaciones que le ayudan a controlar el dolor a golpe de buena conducta y unos calmantes...

El vacío queda rellenado. El cerebro procesará el material explicativo rellenante y si queda validado exigirá a su YO que ande fino con lo que es su obligación: nada de cubatas, zanahorias, ordenador ni malos rollos con la pareja... Si YO no cumple aparece el dolor para recordar cuál es el buen camino.

Para los expertos la cabeza es un sitio delicado, vulnerable, frágil, sensible. Cualquier desvarío físico, químico, emocional, energético, astral... puede perturbar el interior... YO debe extremar los cuidados.

En realidad la cabeza es recia, robusta, resistente. Hay piel, hueso (caparazón), cuero (meninge), líquido y una barrera (barrera hematoencefálica) exigente entre lo que circula por la sangre y lo que hay en el espacio perineuronal. Las moléculas de la sangre necesitan visado para entrar al recinto de las neuronas.

Si hay un lugar aislado del mundanal ruido ese es la cabeza. Debiera ser un lugar aburrido en el que nada noticiable sucede. De hecho es así. Apenas hay variaciones... pero los expertos son como los periodistas. Necesitan noticias y consiguen que las haya. 

El cerebro periodista publica noticias sobre sucesos posibles, probables, improbables e imposibles pero lo hace a través del lenguaje perceptivo:

- La cabeza corre peligro. Métase al cuarto oscuro. Vomite, tómese el calmante y no salga de ahí hasta que se le autorice...

El padeciente obedece. No tiene alternativa. Desconoce lo que sucede. Sólo tiene la certeza de lo percibido, el apercibimiento de su cerebro a una conducta protectora. 

El periódico cerebral perceptivo apercibidor debiera especificar si la noticia se refiere a posibilidades, probabilidades altas o bajas o a imposibles pero no lo hace. Se limita a alertar, asustar, intimidar.

- YO ya no leo la prensa. No dice mas que insensateces, imposibles... Me duele menos...    

martes, 28 de septiembre de 2010

La caja negra




-YO sólo sé que si ... duermo poco, como chocolate, sale viento Sur, estoy nervioso... me duele la cabeza.

Entre las circunstancias (desencadenantes, estímulos) y el dolor (respuesta) se supone que existe un lugar oculto, oscuro, inaccesible, en el que se cuece la decisión de activar la alarma.

Al padeciente le han instruído en el YO sólo sé y el lo que YO necesito. Hay que ir a lo práctico, ser resolutivo y dejarse de elucubraciones. Lo que suceda en el lugar de las decisiones, lo que allí se considere, es irrelevante porque no nos conduce a nada. Si duele hay que identificar el desencadenante para evitarlo y si no lo identificamos nos centramos en disolver el dolor con restauradores de la calma: una buena molécula para neutralizar a la mala, una aguja para restaurar energías, relajación, control emocional... Los calmantes son una especie de policía que acude al barullo y pone orden con su presencia. El séptimo de caballería de las películas de indios y vaqueros.

Desencadenantes y calmantes. Lo demás sobra.

El problema surge cuando no conseguimos identificar los desencadenantes y los calmantes no calman. El dolor, el malo de la película, va ganando y nada hace pensar que vayan a  cambiar las tornas. La película, en contra de lo que debiera suceder, acaba mal.

El padeciente trata de ver alguna lógica en ese mundo kafkiano de dolor sin desencadenantes ni calmantes.

- No hago nada para que me duela pero...  ¿No hay nada para que se me quite el dolor?

La OMS proclamó hace ya unos años el derecho del ciudadano a no tener dolor...

- Exijo que me quite usted el dolor... Estamos en el siglo XXI... Tengo mis derechos...

- El problema del dolor es complejo. A mediados del siglo XX se proclamó la idea básica y cierta de que el dolor es una percepción que contiene además de una cualidad sensorial torturadora, una relevancia emocional, una trascendencia y una significación, un propósito, una razón de ser. El dolor tiene su miga, su arquitectura, su circuitería, su memoria de pasado, presente y futuro. Entre las circunstancias y usted está el cerebro, algo muy complejo pero abordable.

El padeciente imagina el cerebro como algo sometido a sus deseos y necesidades.

- O sea que le tengo que decir al cerebro que no me duela...

El cerebro no es un mayordomo solícito que hace sugerencias para ser consideradas por el señorito YO.
Tiene sus razones y emociones. Propone y, a veces, dispone. Si propone y el YO no obedece, aprieta las tuercas y consigue lo propuesto.

Los tiempos de la caja negra, del cerebro oscuro y misterioso, han pasado. Sabemos mucho. Sabemos que lo que creíamos era cierto no lo es. Conocemos mejor nuestra ignorancia y nuestras hipótesis son más certeras por el simple hecho de que nos hemos librado de tópicos y falacias. Sabemos que para disolver el dolor debemos disolver la angustia cerebral, el miedo al daño. Sabemos que el miedo del padeciente al dolor alimenta el miedo cerebral al daño. Sabemos que entre el cerebro y su YO se puede organizar un bucle de retroalimentación que dinamiza hasta la saturación la proyección de dolor. Sabemos que debemos dejar de buscar desencadenantes y calmantes (causas y remedios externos) para registrar el interior de la cabeza, la caja negra, el cerebro.

- ¿Por qué me hace esto mi cerebro?

- Supongo que cree que es lo mejor para garantizar la integridad física. Tiene miedo. Es como un niño asustado. Tiene que ayudar a calmarlo.

-  Los calmantes ya no me hacen nada...

- Debe reeducarlo. Calmarlo con engaños, caramelos, besitos... ya no sirve. Pide más. No sabe, en realidad, lo que quiere... Tiene que aprender a valerse por sí mismo sin pedir continuamente socorro... La gestión del dolor es complicada. El cerebro resuelve la incertidumbre apretando sin parar el botón rojo. Ayúdele a madurar...

- Lo veo negro, difícil, imposible...

La caja negra es negra porque llevamos la venda puesta. Hay que quitársela. Al principio no se ve demasiado pero luego uno se acostumbra a la penumbra cerebral y puede empezar a moverse, con cuidado y con tropezones... por la caja negra sin miedo a desencadenantes y sin necesidad de calmadores...