Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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lunes, 28 de febrero de 2011

Dolores primarios y secundarios



Los clasificadores distinguen entre dolores primarios y secundarios. Estos últimos surgen a consecuencia de un daño en el lugar donde sentimos dolor y los primeros aparecen sin que podamos detectar nada relevante allí donde duele.

Hay dolores de cabeza primarios (migraña, cefalea tensional...) y secundarios (tumor, hemorragia, chichón...).

Al dolor primario se le suponen orígenes, aun cuando no sean tangibles. La migraña, dicen, brota de unos genes que construyen generadores hipersensibles cerebrales de migrañas. La cefalea tensional la generan estados de ansiedad, nervios que contraen excesivamente músculos. El dolor primario es, en realidad, secundario. El dolor viene de algo. Eso lo sostienen siempre los padecientes.

Los dolores "de columna" no está claro que puedan ser primarios, sin causa tangible. Si duele se da por sabido que uno tiene mal las lumbares o las cervicales. Manda la mecánica, las cargas, el esfuerzo físico, las posturas, los desgastes, los años. El "dolor de huesos", según se mire, es primario o secundario. 

- Me duelen los huesos...

La afirmación se sostiene por sí misma. Podría ser un dolor primario, derivado de la condición propia de los huesos que es la de doler por sí mismos.

- Los huesos no duelen...

Si quiere uno perder la confianza del padeciente no tiene mas que hacer esa sorprendente afirmación. Sin embargo es así. Los huesos no duelen. El dolor puede surgir de sucesos dañinos en huesos; sucesos que generan señales neuronales que llegan a las áreas cerebrales capacitadas para proyectar la percepción de dolor en la pantalla consciente del individuo. El "dolor de huesos" sería, por tanto, siempre secundario.

- Cuando cambia el tiempo lo notan mis huesos...

El tiempo es a los huesos lo que los nervios a la cabeza. El dolor de cabeza primario sería secundario a los agobios y el primario de la osamenta sería secundario a fríos y humedades.

Algo parecido sucede con el desánimo. La depresión puede ser primaria, sin motivo aparente, o secundaria a un suceso deprimente. Los psiquiatras prefieren llamar endógeno a lo primario y exógeno a lo secundario.

Nunca he entendido la diferencia entre endógeno-exógeno ni entre primario-secundario. Lo percibido siempre es la consecuencia de un complejo proceso evaluativo cerebral. Siempre hay una decisión de la red.

- Tengo un dolor primario, sin motivo. Dicen que es el cerebro, que tendrá sus motivos para encenderlo pero no los conozco. La resonancia es normal. Realmente no hay ningún motivo. El cerebro está equivocado.

- Efectivamente. El dolor primario es un dolor secundario a una valoración errónea cerebral.

Hay personas primarias y secundarias. Una persona primaria es aquella que podemos ver sin que haya una persona. Si hacemos una foto allí donde la vemos, no sale. Una persona secundaria es aquella que vemos por la sencilla razón de que, realmente, hay una persona. Sale en la foto.

- ¿Una alucinación?

- Así es.

Hay dolores primarios, en ausencia de estados y agentes que activan la red de nociceptores. Los sentimos pero en el lugar de la dolencia no hay nada relevante, nocivo.

- ¿Una alucinación?

- Técnicamente es una alucinación pero no lo vaya diciendo por ahí...

El dolor sin daño, el hambre sin desnutrición, el frío sin baja temperatura, la soledad en medio de la multitud... son primarios. No se da la condición objetiva necesaria y suficiente para ser explicados y comprendidos.

No me gusta la clasificación de lo primario-secundario, endógeno-exógeno. Prefiero distinguir entre percepciones-decisiones acertadas, productivas y erróneas-improductivas.

Hay dolores, desánimos, fríos, hambres, mareos, cansancios innecesarios, invalidantes, estériles, patológicos por puro error. Son secundarios a una evaluación errónea de relevancia-probabilidad, es decir... primarios, según sostienen los clasificadores.

Hay dolores, desánimos, fríos, calores, hambres, cansancios... necesarios, convenientes para orientar la conducta del individuo en una dirección correcta. Secundarios, exógenos, justificados...

El contenido de lo percibido no garantiza su objetividad. Siempre podrá no haber personas donde las vemos. Siempre podrá ser la resonancia normal allá donde sentimos dolor.

- Hay un señor amenazante en el salón.

- Vamos a ver... No hay nadie. Es un señor primario...

- ¿Qué hago? ¿Qué le digo para que se marche?

- No preste atención a algo que no existe. Si lo hace está perdido.

Las cuentas corrientes tienen a veces números rojos. los clasificadores distinguen entre números rojos primarios, aquellos que aparecen sin que uno encuentre el motivo, y otros que surgen tras un gasto suntuoso.

Los números rojos expresan el balance entre lo que entra y sale a lo largo del tiempo. El gasto corriente, el goteo, basta para que salte la alarma, sin habernos comido un rosco esos días.

El cerebro administra nuestra cuenta. No necesita que falte dinero. Si considera que no debemos gastarlo nos bloquea la cuenta, sin más explicaciones.

- Ando desanimado. No lo entiendo. Me va todo bien...

- Me duele todo, siempre y no me encuentran nada...

Lo primario es así... Homo sapiens (ma non troppo) es, quizás, una especie más primaria de lo que pensamos...
  

viernes, 25 de febrero de 2011

La decisión de doler



El dolor es la expresión perceptiva de una valoración de amenaza a la integridad de los tejidos por parte del cerebro. Una red compleja de módulos cerebrales interconectados ("matriz del dolor") integra sus memorias y aplica sus predicciones a cada momento, lugar y circunstancia. 

La "matriz del dolor" recibe datos en tiempo real de lo que está sucediendo en el organismo, datos que llegan al tálamo, la puerta de entrada sensorial a las áreas de procesamiento. El tálamo filtra los flujos sensoriales, bloquea su tráfico o lo facilita, distribuyéndolo a las distintas áreas e integrando las evaluaciones en un incesante y bullicioso debate.

Gran parte del debate córticotalámico es imaginativo, probabilístico. Los sucesos de daño en los tejidos son, generalmente, puntuales y autolimitados y el dolor se activa más bien por la carga de las evaluaciones probabilísticas que por los flujos de señal nociceptiva (daño actual en los tejidos).

Si el individuo imagina dolor o se provoca experimentalmente la expectativa de que aparezca, se activa la "neuromatriz del dolor" sin que el individuo lo perciba. Imaginar que duele no genera dolor e imaginar que no está doliendo cuando duele tampoco lo elimina. La imaginación se limita a facilitar la preparación del programa, disponerlo. Sucede lo mismo con la imaginación del movimiento. Imaginar acciones activa las áreas motoras que las ejecutan. 

Los programas motores, perceptivos y emocionales, activados por la representación imaginada, necesitan mayor fuerza de excitación para generar acción, percepción y afecto. La ejecución de esos programas, es una toma de decisión que atribuye a lo imaginado una carga de probabilidad que desborda el terreno del universo imaginativo e invade el ámbito de lo real.

Puedo imaginar que compro un décimo de lotería y que me va a tocar pero el debate interno se inclinará hacia la decisión de comprarlo o no. Todo está preparado para decir: "dame un décimo". El programa motor está en "la punta de la lengua".

El ámbito de lo imaginado, la disposición a sentir y actuar fluctúa respecto a contenidos y evaluación de probabilidades. El debate subconsciente viene y va. En cualquier momento supera el umbral de relevancia y se proyecta a la conciencia la percepción de dolor o se consolida como acción ejecutada, decidida.

El cerebro no pasa a la conciencia del individuo todo el proceso evaluativo, probabilístico. El ronroneo mental accesible al individuo es una pequeña parte, seleccionada, del complicado e incesante trabajo de análisis córticotalámico.

- Me está empezando a doler...

- Voy a encender un cigarro...

- Voy a tomar el calmante...

El "sistema de recompensa" inyecta motivación, ganas, hacia una conducta previamente seleccionada. La dopamina aviva la fuerza de la conectividad especulativa, imaginada y precipita la decisión de convertir lo pensado en una decisión de ejecutarlo.

El individuo no participa en la "decisión de doler" pero puede proyectar la convicción de que nada sucede ni va a suceder. No sirve de nada pronunciar palabras: "voy a pensar que no tengo nada" que, en el fondo no se creen. Mandan las convicciones no los rezos.

En cada episodio de dolor, en ausencia de daño relevante, se libra un debate probabilístico sobre daño imaginado. Generalmente los contenidos están automatizados y son predecibles. El cerebro y el individuo se repiten invariablemente las mismas reflexiones. El proceso se estaciona, se cronifica. Sólo la novedad puede sacar la aguja del disco rallado.

- Si no tomo la pastilla el dolor no cede

El circuito evaluativo está esperando la ejecución de la acción terapéutica...

- Si no enciendo el cigarro las ganas de fumar van a más

El sistema de recompensa aprieta las tuercas de la espera angustiada a la acción liberadora del cigarrillo...

Nos dicen que hay una química del dolor y una química de la analgesia. Evidentemente hay química en todo pero el dolor no es, en ausencia de daño, algo que podamos resolver con una simple molécula a no ser que esa molécula apague la conciencia (anestesia general).

El dolor surge de la entraña de un proceso evaluativo alimentado muchas veces por información alarmista, errónea. Podemos intervenir sobre ese proceso con pedagogía, aportando conocimiento. Las decisiones necesariamente se verán influidas por esos nuevos flujos evaluativos y muchos estados imaginativos de antaño  habrán perdido la fuerza necesaria para encender o mantener en la conciencia la percepción de dolor.

El sistema de recompensa está fuertemente condicionado en nuestra especie por la imitación y la instrucción (adoctrinamiento).

El dolor, en ausencia de daño, desvela un estado de dependencia de la cultura evaluativa del dolor.

Atendí a una paciente migrañosa y utilicé en las explicaciones el concepto de colonización cultural cerebral.

Le veo con frecuencia por el Hospital...

- ¿Cómo vas?

- Bien. Ya no tengo colonizaciones...

miércoles, 23 de febrero de 2011

Hiperalgesia



- Tengo el dolor alto. Me duele todo, siempre.

El dolor es una percepción que debiera emerger sólo ante situaciones de daño que exijan una conducta protectora de la integridad de los tejidos. Sólo hay que abrir el paraguas cuando llueve. Llevar siempre un paraguas abierto por si llueve no es una buena idea.

- Tengo siempre la tensión arterial alta.

La hipertensión sólo se justifica cuando nos encontramos en una situación que exige un régimen de flujo sanguíneo que garantice la llegada de sangre a los tejidos para afrontar determinadas situaciones. Las jirafas son hipertensas. De otro modo no llegaría la sangre a la cabeza. 

La hipertensión arterial sostenida acaba dañando las arterias. Es importante controlarla con fármacos y estilos saludables de vida.

Dicen ahora que el dolor continuado, crónico, acaba dañando el cerebro y que, al igual que sucede con la tensión arterial, debe controlarse con fármacos y estilos de vida saludables.

Hay un problema con esta propuesta: el consumo crónico de analgésicos es una importante causa de mortalidad. Un analgésico es un tóxico adictivo.

- Controle su dolor. No abuse de los analgésicos. Consulte a su médico.

- Ya le he consultado. Me dice que tome siempre precozmente el analgésico.

Se considera (erróneamente) que el dolor surge de los tejidos y que cuando llega al cerebro genera alguna perturbación, un estrés neuronal, que acaba encogiendo la corteza. 

- Tengo hambre. Siempre. Comería cualquier cosa.

- Coma algo. No espere. El hambre acaba creando problemas de salud.

Los alimentos son eficaces para controlar el hambre a corto plazo pero preparan más hambre futura. Lo que afecta a la salud no es sentir siempre hambre sino estar siempre comiendo, obedecer el requerimiento cerebral.

- Deme algo para no tener hambre. No quiero estar comiendo todo el día. Engordo. La comida tiene efectos secundarios.

La función del hambre es incitar al individuo a buscar y tragar comida. La función del dolor es la de incitarle a quedarse quieto.

- Me duele.

- No se mueva.

- Necesito moverme. Deme algo para que no me duela y pueda moverme.

Otras veces el cerebro utiliza el dolor para evitar que el individuo se quede quieto.

- No puedo parar en la cama. Necesito mover las piernas o incluso levantarme y caminar. 

- Levántese.

- Necesito estar en la cama para dormir. Deme algo para que no me duela y pueda estar quieto.

- Tiene usted el "síndrome de las piernas inquietas".

El síndrome de las piernas inquietas es uno de los muchos síndromes de inquietud y desasosiego cerebral. A las piernas no les pasa nada. No hay problemas de circulación ni de otro tipo. Es el cerebro que expresa su inquietud en el escenario del descanso nocturno y prefiere, vaya a saber usted por qué, que el individuo siga despierto, explorando el mundo, alerta. 

- Estoy triste sin saber por qué.

- Haga algo interesante y placentero.

- No tengo ganas. Deme algo para las ganas.

El cerebro es un peligro para el individuo. No siempre acierta en sus evaluaciones. El miedo ancestral al daño y al fracaso hace que nos proteja en exceso o lo vea todo negro, sin motivo. Nos obliga a llevar siempre el paraguas abierto por el temor a que nos mojemos con la lluvia o a que nos quedemos, desganados, en casa. 

Hay que saber que existe la patología de las decisiones cerebrales, la política del exceso preventivo. El individuo debe saber que la gestión de los programas del organismo está en manos de un sistema que puede cometer graves errores de estrategia.

- Me preocupa mi cerebro. Me aburre con sus alarmismos y sus previsiones catastrofistas.

- No le haga caso. Confíe en la situación real de sus tejidos. No abra el paraguas. Hace un día espléndido. No hay ninguna nube. La predicción para toda esta semana es de "buen tiempo".

- ¿No me puede dar algo contra el catastrofismo cerebral?

- Cordura. Confianza. Racionalidad. Conocimiento.

- No me sirve. Me refería a alguna terapia...

El catastrofismo y pesimismo cerebral genera un régimen de actividad neuronal que si se mantiene de forma crónica puede acabar generando adelgazamiento cortical y engorde amigdalar. El tedio apaga la neurogénesis de hipocampo. Las neuronas necesitan ambiente, buen rollo.

Hay veces que lo único que necesitamos es espabilar...

- Deme algo para el espabilamiento... Con todos los adelantos que hay hoy en día ¿no han sacado nada...?

- No.  

martes, 22 de febrero de 2011

Controle la imaginación



El cerebro recibe información del mundo (externo e interno) a través de una extensa red de sensores físicoquímicos. Con los datos aportados, la interacción continuada con la realidad y su impacto (en carnes propias y ajenas) y lo que dicen de ella sabios e iluminados, construye una teoría sobre lo que sucede en pasado, presente y futuro y su relevancia.

La información disponible en tiempo real es parcial, fragmentaria, envuelta en considerable ruido de fondo. El cerebro debe rellenar huecos y resolver incertidumbres con la imaginación. Sueña, emula la realidad, la representa en la pizarra de sus circuitos. Con el individuo apagado, con ojos cerrados y músculos desactivados, el sueño cerebral no tiene amarras, límites. Al abrir los ojos y reactivar el movimiento lo imaginado por el cerebro debe sujetarse a lo que los sentidos imponen.

El cerebro dispone de libros a los que les faltan capítulos, capítulos a los que les faltan hojas, hojas a las que les faltan párrafos, párrafos a los que les faltan palabras y palabras a las que les faltan letras, algunas de ellas algo confusas. Eso es lo que hay y con eso tiene que sacar conclusiones sobre el posible-probable libro completo que alguien escribió. Los restos no se pueden borrar. El relato debe respetarlos. Imaginación controlada y constreñida por las exigencias del guión sensorial.

El proceso imaginativo cerebral es inevitable. Fluye sin descanso. Imaginar es una actividad fisiológica neuronal tan necesaria como cualquier otra del organismo (respiración, filtrado renal, digestión...). No siempre el proceso imaginativo está conectado, supeditado a lo que los sentidos aportan. Si no estamos concentrados atentamente en una tarea, las áreas imaginativas se activan y trabajan repasando una vez más la biografía propia y ajena, el futuro, los "qué dirán" los demás. Es el llamado "modo por defecto" o pensar en Babia o en las musarañas. Nos permite actuar con el automático a la vez que la mente vagabundea por la realidad virtual, por la probabilidad incierta, por la vuelta al pasado y al futuro.

Imaginar el exterior es relativamente seguro. Los sentidos nos protegen de los desvaríos. El interior es otra cosa. Es un espacio protegido en el que todo debe estar controlado, regulado dentro de estrechas bandas de variación (homeostasis) pero el cerebro está bombardeado por información sobre posibles sucesos y debe aplicarse a fondo para calcular probabilidades de que pueda suceder lo que se dice que sucede.

La imaginación cerebral sobre interior ya no está controlada, limitada por los datos de sensores, sino alimentada por el cálculo de probabilidades, por las expectativas. El cerebro reescribe libros nunca escritos, respetando ya no restos de letras, palabras, párrafos y capítulos sino dichos, creencias, mitos, falacias, teorías... El procesamiento se dedica a segregar lo creible de lo increible, con un poderoso sesgo a dar por probable lo temible. La posibilidad teórica y los credos imponen su ley. A pesar de que todo en el interior seguirá un curso suficiente, predecible y controlable, el cerebro puede dejarse arrastrar por el miedo e imagina todo tipo de sucesos terroríficos internos.

El proceso imaginativo cerebral desbocado, autoalimentado, puede desbordar los límites y traspasar el umbral de la consciencia aparentando realidad. Basta dar un leve empujón de actividad a las áreas imaginativas para que pasen de ser una tenue y fugaz sombra de la realidad a contener sustancia perceptiva, consciencia, apariencia de realidad.

- Me ha empezado a doler la cabeza.

Al aflorar el dolor a la consciencia el cerebro recibe la información de que así ha sido. Ello otorga carta de credibilidad a lo imaginado. Duele, luego algo (lo temido) está sucediendo.

Cerebro e individuo entran en una espiral de acuerdo en que algo está pasando. El Sistema de creencias sigue inyectando más fuerza a las conexiones neuronales que construían el mundo virtual y han traspasado el límite. 

- El dolor va a más... Es insoportable.

Algo interno debe estar pasando. Algo nocivo se ha colado al interior. Naúseas para eliminarlo. 

- Voy a vomitar.

Hay que apagar al individuo pero mantenerlo despierto, alerta, disponible, con los sentidos hipersensibles a cualquier estímulo externo. Nada de interacción social.

- Me voy a la habitación. No me habléis, no encendáis luces... Tengo migraña.

Controle la imaginación. Sea consciente de su existencia. Controle las expectativas y creencias, el cálculo de probabilidades, su escolarización. 

Nada sucede en la cabeza. Son imaginaciones del cerebro. Por eso duele tan terriblemente, sin límite. 

lunes, 21 de febrero de 2011

Y el dolor se hizo crónico




Crónico. Terrible palabra. Condena. Indefensión. Desesperanza. Invalidez. Incomprensión. Impotencia.

¿Qué hay tras la cronicidad?

¿Por qué el dolor agudo, justificado cuando apareció acoplado a una lesión, no desaparece si ya la lesión ha sido reparada, enfriada?  

Desde la doctrina (errónea pero vigente) de que el dolor surge allí donde lo sentimos, en tejidos de algún modo necesariamente mortificados, la cronificación sólo puede entenderse por la existencia de un resto de daño que sigue manteniendo activa la secreción de dolor. En ausencia de dicho foco, sólo queda una posible hipótesis: los "factores psicológicos" (depresión, catastrofismo, sensiblería, rentismo...) y un confuso terreno psiconeuroinmunoendocrinológico favorable. Perdón, por supuesto, también los genes...

La moderna investigación sobre neuronas y dolor ha demostrado que no es necesaria ni suficiente la existencia de un supuesto foco de lesión persistente allí donde duele. Se ha visto que en los centros neuronales que procesan las señales de los tejidos el procesamiento se realiza de un modo hipersensible. Basta un estímulo táctil o de presión suave para que las señales generadas induzcan en esos centros hipersensibles una respuesta inadecuada, como si hubiéramos aplicado estímulos realmente nocivos. Ello hace que al cerebro de la consciencia le llegue información exagerada, falsa. La doctrina (errónea pero vigente) atribuye al cerebro un papel pasivo. Se limita a recibir los dolores y a amplificarlos o atenuarlos según las circunstancias. Sigue considerando que el problema brota y se organiza en el "foco de dolor". El cerebro recibe mala información: señales de daño sin que haya daño o, influido por daños pasados, está enredado en un procesamiento anormal de las señales somáticas cotidianas, normales.

Al cerebro del dolor crónico le han encontrado ya varias singularidades tanto en neuroimagen como en registro de potenciales o cuantificación de neurotransmisores. El cerebro del dolor crónico no es normal. Se entiende que esas anormalidades son consecuencia del impacto continuado del dolor. El dolor acaba dañando el cerebro. Es necesario, por tanto, ganar la batalla de la analgesia con nuevos fármacos. De otro modo se pierde materia gris frontal y engordan las amigdalas.

El dolor crónico, se dice, es una enfermedad y se combate, lógicamente, con analgesia. El dolor crónico lumbar surge de una columna degenerada pero acaba degenerando el cerebro.

El dolor, sostenemos algunos, es la consecuencia de una valoración de amenaza (acertada o errónea) por parte del cerebro. El dolor crónico, seguimos sosteniendo algunos, es la consecuencia de una valoración errónea crónica de amenaza. Es un error crónico no detectado como error y que se alimenta a sí mismo. Si no se disuelve el error no conseguiremos la analgesia.

Los padecientes piensan que si algo o alguien les quitara el dolor se sentirían razonablemente sanos. Es complicado hacerles ver que no se sentirán bien (sin dolor) si no conquistan previamente la convicción de salud.

- Su organismo está razonablemente sano pero está gestionado por un cerebro equivocado... Se ha cronificado el error...

- Quíteme el dolor y me convenceré...

- Convénzase y se irá el dolor.

El dolor es una consecuencia, para unos de un foco activo de daño... para otros de un cerebro enfermo... para otros de un cerebro equivocado...  Para algunos el dolor sigue siendo una causa, algo que surge previo al cerebro. En todo caso el cerebro tiene la enfermedad de amplificarlo pero nunca de generarlo. El cerebro es víctima, como lo es el individuo que es quien lo siente y padece.

Los padecientes crónicos reciben aninflamatorios aunque no haya inflamación, opiáceos aun cuando no haya consenso sobre su indicación, antidepresivos y antiepilépticos. No se consigue con ello gran cosa en analgesia.

- Tiene usted dolor crónico. Considérese un enfermo. Sobrellévelo. Asúmalo.

Es el último gesto que cierra el círculo de la indefensión. La convicción certificada de enfermedad.

- El dolor ya ha dañado el cerebro. Ya nada podemos hacer... Mire: este es un cerebro normal. Compárelo con el de alguien con dolor crónico... por ejemplo, usted...

sábado, 19 de febrero de 2011

Cante orondo en las ondas




Onda Cero. Julia Otero entrevista a Carlos Belmonte, un prestigioso investigador de
sensores de daño (receptores situados en las terminales de las neuronas encargadas de detectar estados y agentes potencialmente dañinos).

"...El 95% de los dolores son controlables. El que no se esté consiguiendo es por culpa de varios tabúes sobre utilización de morfina..."

Para el neurocientífico prácticamente todos los dolores surgen de estados de lesión de tejidos y debieran remitir con un buen uso de la morfina. Si no lo hacen es porque no hemos superado tabúes por influencia de la cultura judeocristiana, una cultura que recomendaba, comprensiblemente, resignación sublimada porque no disponía de las herramientas actuales. Creo que ya los babilonios, varios milenios antes de Cristo, utilizaban el opio...

"...el 10% de la población padece
dolores articulares... ¿Quién no ha tenido a partir de cierta edad dolor de espalda?..."

Belmonte respira periferalismo. Sitúa el origen del dolor allí donde se siente, en este caso en columna, rodillas o caderas. Da por sentado que los receptores, en los que es reconocido experto, lo detectan e informan sobre su presencia al cerebro, donde el dolor se hace consciente... Aplicando morfina bloqueamos el flujo de información dolorosa procedente de articulaciones envejecidas y desgastadas. El que sufre "estúpidamente" es porque él o su médico tiene prejuicios trasnochados judeocristianos sobre utilización de morfina.

"...el dolor crónico, el llamado dolor neuropático, se produce porque el
sistema del dolor (?) funciona mal... produce un dolor que no es real (??), en el sentido de que no tiene una lesión detrás... (???) "

El investigador identifica dolor crónico con neuropático (????), insiste en la existencia de un "sistema del dolor", afirma que en estos casos el dolor no es real porque no hay lesión. ¿Qué hacemos con las articulaciones desgastadas, la causa más frecuente de dolor crónico, según los periferalistas? ¿Es un dolor neuropático? No entiendo nada...

En fin...sigamos...

...pregunta Julia "eso de que el dolor es subjetivo, ¿qué quiere decir?... porque los médicos a veces insisten en eso"

..."quiere decir poco, quiere decir que no entendemos lo que está pasando..."

Confieso mi incapacidad para entender también lo que quiere decir el sabio en sensores con esta respuesta... No quiero pensar que sugiere que los médicos no entendemos...

Deduzco por el contexto que, para él, el dolor siempre está producido por una lesión, por estímulos "dolorosos" que generan señales dolorosas... luego siempre es objetivo, siempre hay señales nerviosas dolorosas que ascienden hacia la corteza. Las variaciones de la sensación entre individuos se producirían por esos toques emocionales y cognitivos que tiene costumbre acoplar el cerebro. Retoques finales, ropaje, maquillaje...

"...para un neurocientífico, decir que el dolor es subjetivo, no quiere decir gran cosa..."

Decir que el dolor es subjetivo es como afirmar que la nieve es blanca. Una obviedad. La conciencia es un universo privado, absolutamente subjetivo, objetivo en su subjetividad. Lo que vemos, oimos, olemos... es siempre subjetivo. Eso no quiere decir que no existan estímulos periféricos pero no necesariamente son los que imponen su ley. Ni siquiera son necesarios. Tampoco son suficientes. Me temo que entrevistadora y entrevistado atribuyen, arbitrariamente, al término subjetivo el significado de "psicológico, irreal, imaginario..."

Como colofón, una vez "aclarado", precisado y solucionado con morfina a tutiplé el complejo mundo del dolor, pasan a entonar a dúo el inevitable cante orondo de
los espectaculares avances de la neurociencia:

"...podremos borrar recuerdos con una inyección... (ya no necesitaremos psicólogos... apostilla Julia...)..."

" tendremos demasiado poder. Ello planteará problemas éticos..."

"...una señora nos ha llamado para contarnos que tiene un dolor en el trigémino... que debe ser espantoso... es tremendo que exista todavía ese 5% de casos en los que todavía no podemos hacer nada por aliviar el dolor..."


Flaco favor el de esta entrevista. Rebosa conceptos erróneos y confusión en los términos, hace girar al cerebro subjetivo alrededor de la tierra firme, objetiva, de la lesión, promueve el uso confiado y exitoso de la morfina en terrenos donde está demostrada su ineficacia y su poder de generar más dolor del que dicen quitar.

La morfina ha prestado y seguirá prestando valiosos servicios en el alivio del dolor asociado a daño necrótico pero su uso está cuestionado, cuando no desaconsejado, en dolor crónico.

- Buenos días... vengo a que me quite el dolor... He oído en Onda Cero que estoy haciendo el tonto...

Por esta vez... Julia en la Onda... cero.

viernes, 18 de febrero de 2011

El primer cerebro del día



Ya he comentado que existen innumerables cerebros, adaptados a cada momento, lugar y circunstancia. Cada cerebro es un estado de conectividad que se despliega sincronizando los disparos de una población de puntos de unión neuronal (sinapsis).

Al cerebro de la noche, el de los sueños, le sigue el cerebro del arranque, el que evalúa la situación del organismo de cara a iniciar un nuevo día.

Después de estar horizontales y apagados en una superficie exigua de la que casi nunca nos caemos, el cerebro del despertar nos enciende las luces de la consciencia, abre el paso a las señales sensoriales y a los flujos cognitivos, a las memorias fundidas de pasado-presente-futuro y nos sirve el desayuno perceptivo:

Hambre y ganas de orinar...

Hay un cerebro diligente que quiere conectarnos con el mundo, con la posición bípeda, con el trabajo, el café con leche y las tostadas. Compite con el cerebro remolón que nos invita a seguir durmiendo, en la horizontal... El cerebro remolón proyecta sueño, cansancio, pesimismo. Por la inercia de la horizontalidad impone la interpretación de que el mundo se mueve cuando tratamos de incorporarnos y nos fuerza a quedarnos en cama, inmóviles, desconcertados por el vértigo.

El cerebro de la transición del claustro nocturno quieto y horizontal de la cama al vertical y movido del día, con articulaciones que rozan, vértebras que pinzan nervios, músculos que no han descansado a pesar de estar desconectados, todavía con la resaca del catastrofismo de lo soñado sirve al atribulado individuo recién encendido cansancio, dolor, rigidez, pesimismo rumiante...

- Me despierto terriblemente cansada, dolorida, rígida, sin fuerzas para afrontar el día. No descanso bien. Puede que el colchón no sea el adecuado. Uso una almohada especial para las cervicales pero a pesar de eso...

- El cerebro...

- YO no pienso estando dormida. No soy YO...

- El cerebro de la transición...

Los cambios, las transiciones, son momentos sensibles en los que los cerebros proyectan más recados perceptivos de alerta, catastrofistas. Da lo mismo que cambie el tiempo, las hormonas, el año, dias laborables a festivos, el puesto de trabajo, la horizontalidad a la verticalidad, la quietud al movimiento... 


El momento del encendido de los motores de la nave corporal son complicados, no porque no haya energía en los músculos, las articulaciones tengan óxido nocturno, se hayan apretado las vértebras y comprimido los nervios. Es, simplemente, el conflicto de intereses entre los cerebros que promueven la acción y los que la penalizan y desaconsejan, el que muestra el resultado del debate al individuo, bien en forma de animosidad asintomática en el paso de lo nocturno a lo diurno o con todo el desayuno del pesimismo servido... 

Hay que comenzar a trabajar los programas cerebrales desde el primer momento del día. Tan pronto como los cerebros nos encienden comienza nuestra tarea: proyectar racionalidad y empuje a la red que nos gestiona. El primer cerebro del día es fundamental. Si no sabemos que está ahí proyectando sus miedos nos dejaremos llevar por la apariencia de que esos miedos están fundados.

El cerebro que nos amanece prepara al cerebro que nos debiera apagar de noche. Teme ese lugar plano e inmóvil en el que sufren huesos, juntas y no descansan los músculos y sale uno molido.

- No consigo dormir... y necesito descansar...

Los cerebros diurnos y nocturnos, los de encendernos y apagarnos, construyen alianzas interpretativas circulares, pescadillas que se me comen la cola y engordan en vez de desaparecer...

El cerebro del arranque prefiere que sigamos en la cama y el que apaga nuestras luces quiere que sigamos con ellas encendidas y nos levantemos y movamos (síndrome de las piernas inquietas...) 

Los cerebros del desasosiego hacen turnos y amargan el día y la noche, la vigilia y el sueño, la horizontalidad y la verticalidad, la quietud y el movimiento. No dejan respiro, momentos, lugares ni circunstancias...

- Es una enfermedad misteriosa, sin solución... Dicen que son los nervios, los años, las penosidades pasadas...

El primer cerebro del día necesitaría un buen revolcón de realidad, de apremio...

¡El lobooooooooo!

jueves, 17 de febrero de 2011

Sistema Nervioso congénito y adquirido



Nacemos con circuitos y programas ya conformados en la red neuronal. Determinados estímulos darán lugar a respuestas reflejas, predecibles, obligadas. Un estímulo inofensivo táctil aplicado cerca de los labios generará en el recién nacido una acción de chupeteo. La manita se cerrará sobre el dedo de la madre. Un estímulo ofensivo producirá una retirada enérgica de la zona ofendida. 

El recién nacido dispone de un Sistema Nervioso Congénito, programado. Los circuitos que lo forman seguirán siempre activos. No se eliminan con el desarrollo. No evolucionan ni se modifican. Los estímulos y las respuestas quedan enlazados a perpetuidad, inmutables.

Sin embargo a medida que avanza el desarrollo el niño va dejando de responder de forma predecible. Los mismos estímulos que antaño producían siempre las mismas respuestas generan en cada individuo una respuesta variable. Estímulos antes irrelevantes se vuelven significativos y lo que antes parecía apetitivo o aversivo evoca indiferencia.

Las respuestas congénitas, reflejas, tienen una arquitectura neuronal de complejidad variable, de una o varias capas de procesamiento. Los centros que integran estímulo y respuesta pueden estar localizados en la médula espinal, en el troncoencéfalo (zona de unión entre médula y cerebro), cerebro profundo o circuito córticotalámico. Entre todos los niveles existe una interacción jerarquizada. Mandan las circunstancias, el suceso y su contexto. En general las capas superiores, las más complejas, controlan el carácter reflejo, sensible, de las respuestas de las capas inferiores. El control es, básicamente, inhibitorio. Los instintos se moderan.

El Sistema Nervioso contiene los circuitos de arquitectura cerrada, congénita y una extensa red de conexiones esbozadas, pendientes de sintonizar con más precisión, de analizar los significados de la realidad desde una perspectiva más compleja, con más factores de consideración y, sobre todo, a distancia en tiempo y espacio. Un estímulo o conjunto de estímulos puede significar muchas cosas. Nada, algo, bastante, mucho. Depende de muchas circunstancias. La trascendencia de las acciones y sucesos contiene mucha incertidumbre. Hay que aprender a separar el grano de la paja. Para ello hay que entrenar no sólo la interpretación de los datos sensoriales de cada momento sino especialmente la memorización de relevancias pasadas y futuras, las posibilidades teóricas de probabilidad variable. 

La red neuronal de arquitectura abierta, pendiente, plástica, aprende del contacto con la realidad. Reorganiza continuamente su conectividad. Teje y desteje. Sensibiliza y adormece. Quita y pone relevancias. Ensaya. Se equivoca. Reconoce errores o se obceca en ellos.

El cerebro no es inteligente por diseño. Es un sistema capacitado para aprender, adquirir, evaluar. Los aprendizajes generan resultados variables. De ellos depende el curso de nuestras vidas. El Sistema Nervioso Adquirido (aprendido) puede dar sentido a nuestra existencia o convertirla en un infierno irracional.

El aprendizaje neuronal necesita experiencia, colisionar con la realidad apetitiva y aversiva pero también aprende de la observación de sucesos en carnes ajenas y de lo que se dice saberse de lo oculto. Tenemos modelos y tutores.

Los sucesos, los modelos y las doctrinas marcan el curso del aprendizaje. Según nos vayan las cosas de lo propio y ajeno, según los momentos y las circunstancias, según la disponibilidad y actitud de cuidadores y el juicio y opinión de nuestros tutores los circuitos con conectividad adquirida atribuirán trascendencia o la negarán a cuanto sucedió, sucede, vaya a suceder o se cree pueda hacerlo.

La conectividad del Sistema Nervioso Adquirido está culturizada, embebida en creencias, dichos, tópicos, expectativas, modelos. Las respuestas están configuradas en base a lo que el proceso de aprendizaje tutelado ha generado. Nos conducimos en base a creencias predecibles, conocidas, aquellas que induce la cultura en la que somos criados.

El Sistema Nervioso Congénito responde a la nocividad universal: temperaturas extremas, energía mecánica por encima de la resistencia del tejido, condiciones metabólicas letales (falta de oxígeno, acidez), gérmenes... y se muestra indiferente a todo estado o agente que no contiene esa nocividad universal. 

El Sistema Nervioso Adquirido complementa la capacidad congénita de sentir el daño consumado o inminente. Presiente el peligro. Está alertado ante un conjunto extenso de señales que permiten visualizar el peligro oculto.

El Sistema Nervioso Congénito es inteligente. Siempre acierta. Nos aleja de la nocividad real pero no presiente el peligro. Sólo lo siente. Los presentimientos son cosa del Sistema Nervioso Adquirido. 

Los síntomas: el dolor, cansancio, mareo, distermia, picor, hambre, sed, soledad, tristeza, desánimo, angustia... brotan, son proyectados en ocasiones a la consciencia por impulso de la conectividad congénita, por impacto de lo universal, de agentes y estados generadores de adversidad y/o carencia objetivamente insoportable. Otras veces surgen de la conectividad adquirida, aprendida, del cerebro imaginativo que ha aprendido a presentir la relevancia desde la óptica incierta de las creencias y expectativas. Los síntomas son los mismos. El dolor es dolor, la soledad es soledad pero la significación es distinta si ha surgido por impulso de la conectividad congénita, universal o de la conectividad adquirida.

Donde falla la sensibilidad congénita puede acertar la presensibilidad adquirida y donde esta presiente amenaza quizás mejor nos hubiera ido con la indiferencia de los circuitos congénitos. 

Se acepta que existe un Sistema Inmune congénito y otro adquirido. Sorprendentemenete no se contempla el Sistema Nervioso Adquirido.

Hay inflamaciones activadas por el sistema inmune congénito y otras por el adquirido. Hay errores por defecto desde el congénito y errores por exceso desde el adquirido.

Hay dolores y otras percepciones somáticas sintomáticas proyectados a la consciencia por impulso de la conectividad congénita y hay también dolores y otras percepciones somáticas proyectados a la misma consciencia con la misma cualidad perceptiva desde la conectividad adquirida, aprendida. Hay errores congénitos por defecto y hay errores adquiridos por exceso.

A los errores en la toma de decisión de la red adquirida se les busca atenuantes en los genes, en supuestas deficiencias de neurotransmisores, en chapuzas reparativas de antiguas heridas de tejidos y corazones. No se analiza el proceso de escolarización.

El Sistema Nervioso Adquirido existe. Está siempre ahí aprendiendo y desaprendiendo. 


Aprenda a presentirlo y sentirlo. No baje la guardia de la detección de sus errores. 


No se fíe de los modelos ni de los tutores. Exija rigor. Aprenda. Vaya inyectando inteligencia en la red. No cae del cielo. 


Esfuércese.     

martes, 15 de febrero de 2011

Salvar el músculo...


Desde la perspectiva de que el dolor proviene siempre de allí donde se siente y que si duele tras la actividad, estamos cansados aun sin habernos esforzado, dormimos poco y mal y no recuperamos energía ni reposo muscular, es lógico que concluyamos que el dolor generalizado es cosa "músculoesquelética". Sólo queda palpar los músculos para desenmascarar y objetivar el cuerpo del delito. Si palpamos músculos y obtenemos 11 puntos dolorosos la cosa está clara: es fibromialgia.

Son los músculos. Para los padecientes está claro. No dan la talla. Están doloridos, desfondados, sin energía, sensibles, inflamados. Hay que recuperarlos con ejercicio pero con extrema delicadeza, sin excesos. 

¿Cómo empezó todo?

- A raíz de un accidente, un idiota que nos dio por detrás en un semáforo en rojo. 

- Era una época de mucho estrés...

- La columna. Artrosis...

- Así sin más...

Los expertos buscan y describen sutiles variaciones químicas en músculos y terminales nerviosas de los nociceptores (las neuronas vigilantes del daño). Allí hay tomate. Donde duele hay pruebas evidentes de anormalidad.

Hay evidencias también de que el sistema nervioso está hipersensible. Cierto, pero ello es debido al bombardeo al que es sometido desde los focos de dolor muscular. Es fundamental identificar y silenciar los zulos de señal nociceptiva, lugares ocultos de los que surge el escape del dolor que ceba la red neuronal y la mantiene en vilo. 

Masajes, relajaciones, ejercicio suave y progresivo, punciones en puntos miofasciales, toxina botulínica, desinserciones, operaciones... Todo aquello que apague el fuego continuo muscular será beneficioso.

Fundamental la lucha con el estrés. Nada de estrés. Contractura músculos. Nada de dolor. El dolor estresa. Prohibido.

Necesario también el sueño conciliador, reparador. Prohibido el insommio.

Al músculo hay que tratarlo con todo mimo. Alimentarlo sin tóxicos. Dieta sana. 

Actitud positiva ante todo. Abnegación. Entereza. Conciencia de enfermedad. Esperanza. Optimismo. Incluso orgullo si hace falta. 

Fármacos. Agujas. Homeopatía. No curan pero alivian.

El ánimo alto, aunque caigan chuzos de punta. Nada de deprimirse. Antidepresivos si hace falta. 

¡Todos con el músculo! Necesita apoyo, mimos, aliento.

Las fibras musculares son células hiperexcitables por derecho propio. Si el ambiente no es el adecuado se contraen creando círculos viciosos. Si la tarea no es la adecuada sufren la sobrecarga, el maltrato. Hay músculos "cenicienta". Son los que cargan con todo. Las tareas de la modernidad no son las más adecuadas. El ordenador... Las cervicales de los sapiens (ma non troppo) no se sabe para qué están seleccionadas pro no para esta maldita vida moderna. ¡Qué decir de las lumbares! ¡Por qué no seremos cuadrúpedos! El bipedismo nos ha pasado una factura excesiva. Manos libres con pulgar oponente, sí, está bien... pero qué me dice del lumbago...

Urge proteger el músculo desde la infancia. Hay niños con fibromialgia. Vida músculosaludable. Ya tenemos las propuestas cardiosaludables. El corazón es también un músculo. Hagamos lo mismo con los demás. Estiramientos. Una hora antes de cada partido y otra hora después. Los chavales tienen que adquirir hábitos adecuados.

No hay duda. Es la hora del músculo. Lo necesitamos fuerte, energético, relajado, reposado...

- ¿Cerebro, dice?

La década del cerebro ya ha pasado. Nos ha dejado un montón de fármacos nuevos, caros, alarma social por el Alzheimer y el Parkinson, promesas... y más sufrimiento. Más dolor, más desánimo, más cansancio, más insommio.

- ¿Neuronas? ¿Son células?

Cuando en el embrión aparecen las primeras neuronas, contactan con las fibras musculares y ya nada será igual para ellas. Recibirán órdenes. 

El músculo es un mandado. Sí, el cerebro es el que manda.

Fibromialgia, ¿cuestión de músculo? ¿cuestión de cerebro?

Usted misma...

lunes, 14 de febrero de 2011

Musculo y cerebro


                              Jacqueline Du Pré




Dolor muscular, dolor musculoesquelético, contracturas, puntos miofasciales, sobrecargas, distensiones... son términos usados y abusados sobre los que, más bien, conocemos poco.

El músculo se lleva la palma de las culpas del dolor crónico. Basta provocar dolor con la palpación profunda para concluir que hemos dado con la clave: el dolor sale de este músculo.

Realmente el dolor nunca sale de ningún músculo ni de ningún otro tejido. Del músculo sale información, señales que deben ser interpretadas. Estas señales pueden ser de sufrimiento (hay destrucción de fibras o insuficiente provisión de energía), de agotamiento (esfuerzo mecánico por encima de las posibilidades) o de sensibilización (vigilancia). También puede haber un poco de todo. Las señales llegan a las redes distribuidas centrales que procesan diversos aspectos de las acciones en curso o previstas y de allí surge la percepción de dolor y los programas motores que dicen qué músculos se contraen y relajan.

- Tienes contractura.

Los estudiosos no se ponen de acuerdo sobre el significado de un músculo contraído. 

Para unos es un músculo con problemas. No hace mas que generar problemas en círculo vicioso. La contractura es el resultado de unas malas condiciones metabólicas previas por sobrecarga y la contractura empeora dichas condiciones. El músculo contraído es el responsable. 

Para otros el músculo afecto, responsable, está callado, inactivo y el contraído es el contrario, su antagonista. La contractura y el dolor son respuestas adaptativas, protectoras. 

A veces el origen está en otro lugar. El músculo aparentemente responsable no pinta nada.

A veces el músculo está rígido pero no contraído.

Los fisios palpan los tejidos para sacar sus conclusiones. Contracturas, puntos gatillo, zonas hipomóviles, maniobras dolorosas... observan también los movimientos para detectar patrones, palpan, hablan...

A veces todo empezó con una incidencia de daño en tejidos, un accidente, un "tirón", un desgarro, una "sobrecarga". Otras no hay ningún suceso previo. Quizás algo emocional...

Cuando algo interno no muscular sucede, los músculos ejecutan los programas motores adaptados a su misión defensiva. Cuando ese algo es muscular en origen los programas tratan de proteger su integridad mientras se repara. 

A veces no hay daño ni sobrecarga muscular. Sólo previsión alarmista de posible daño. Los músculos obedecen y se contraen siguiendo el guion cerebral de la alerta nociceptiva, del catastrofismo. Puede que la alerta rezume un plus de acetilcolina en la placa motora, un plus de CGRP y sustancia P en los nociceptores musculares, quizás también bradikinina, prostaglandinas. Ello puede aumentar la señal nociceptiva. La alerta abre los pasos de señal en asta posterior, tálamocorteza... otro maldito círculo vicioso...

Es una cuestión de huevos o gallinas pero el gallinero lleva tiempo funcionando y probablemente ya no tenga sentido hacerse la pregunta. Siempre habrá huevos y gallinas.

Me viene a la cabeza mi profe de violoncello. Era una excelente fisioterapeuta aun cuando no era consciente de ello. No paraba de tocar, palpar, hablar. Otras veces cogía el violoncello y tocaba. Yo a mirar atentamente (neuronas espejo). 

- Suelta. Más. Siente el peso inerte del brazo. Utiliza todo el cuerpo. Sin esfuerzo... No está relajado... ¡Ahora!... Piensa que estás untando una rebanada de pan con mantequilla... Fíjate en mi hombro...

De todo ello surgía mejor sonido, incluso música de cuando en cuando...

Sabemos poco de dolor y músculo. Tenemos hipótesis. No sabemos si son correctas. 

Sabemos que el dolor es una decisión cerebral. Todo lo que percibimos es una decisión cerebral.

Sabemos que existen puntos miofasciales y que pueden estar cebando innecesariamente el círculo vicioso. 

¿Músculo o cerebro? No tiene sentido. Las neuronas existen porque existe el movimiento y viceversa. Nocicepción, percepción, cognición, emoción, acción. Son distintas caras de un único proceso: la toma de decisión.

El cerebro expresa sus decisiones a través del dolor y la programación motora. Puede haber músculos en apuros. Trabajo mal pagado, en malas condiciones. También puede haber un cerebro alarmista, mal gestor de buenos recursos musculares.

Los fisios también toman decisiones. ¿Músculo? ¿cerebro?

Recuerdo a mi profe de violoncello...