Se puede tener un cáncer y encontrarse bien o estar sometido a un sufrimiento e invalidez considerables sin que los médicos encuentren pruebas de enfermedad. La Medicina no ofrece respuestas aceptables para esta última situación y recurre arbitrariamente a negar la realidad del sufrimiento, haciendo aún más insufrible el calvario de los pacientes. Este blog intenta aportar desde el conocimiento de la red neuronal un poco de luz a este confuso apartado de la patología.

We may have cancer and feel good, or be submitted to substantial disability and suffering without doctors finding any evidence of disease. Medicine gives no acceptable answers to the last situation and arbitrarily appeals to denying the reality of suffering, making the calvary of patients even more unbearable. This blog tries to contribute with the knowledge of the neuronal network, giving a little light to this confusing section of pathology.

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martes, 30 de noviembre de 2010

Daño imaginado



El organismo de los Homo sapiens (ma non troppo) está gestionado por un cerebro socializado, instruido en la cultura a la que pertenece. Gran parte de sus decisiones surgirán, irremediablemente, de lo que esta cultura dicte. Los programas de la red están dispuestos genéticamente para activarse tanto por sucesos como por expectativas y creencias. Si no fuera así no seríamos humanos. El desarrollo de la neocorteza en nuestra especie encuentra sólo su sentido evolutivo en la capacidad de aprender representando la realidad imaginativamente sin necesidad de sufrirla, rumiando lo aprendido (en teoría y práctica) para extraer conocimiento y evitar daño real en los ensayos teóricos, simulados.

No es posible imaginar nada de cuanto nos ha marcado como especie sin tener presente esa función imaginativa tan humana.

Imaginar no nos garantiza nada. Es un laboratorio en el que se procesa la incertidumbre, se repasa el pasado y presente para anticipar el futuro, propio y ajeno. En ese laboratorio de simulación de lo real todo es posible. El cerebro puede aplicar la apariencia a todo tipo de sucesos...

- Es como si me explotara la cabeza... como si tuviera las arterias inflamadas... como si me arrancaran los ojos...

La función imaginativa es tan real como la respiración, la digestión o el filtrado renal pero a los sapiens (m.n.t.) no nos gusta que se nos recuerde que lo percibido puede provenir de lo imaginado.

- YO no imagino nada. Me duele.

La reticencia aparece especialmente cuando valoramos cuestiones somáticas. ¡Por Dios! la percepción de dolor no puede surgir en ningún caso de lo imaginado. Necesariamente debe seguir a una perturbación física somática o a una inconveniencia psicológica.

Imaginar es una función neuronal, es decir, somática. No es una función etérea, irrelevante. 

Dime qué imaginas y te diré de qué padeces...

Imaginar la realidad no la genera mágicamente. Unicamente le atribuye una posibilidad-probabilidad.

Imaginar que el avión puede caerse al mar no lo hace caer pero el viaje imaginado como peligroso activará la percepción de peligro, como si... estuviéramos cayendo al mar...  

La red neuronal imagina a todos los niveles, en todas sus capas, desde los circuitos más elementales a los más complejos. 

Es sencillo deducir si algo es debido a la imaginación...

Duele... No tienes nada... luego el dolor es debido a que el cerebro imagina...

Ha saltado la alarma. No hay ladrones luego el sistema ha imaginado posible-probable robo...

Los expertos no consideran la imaginación neuronal como una fuente de sufrimiento. Todo puede ser: las arterias, las venas, la dieta, los vientos, el estrés, las hormonas (femeninas), la radiación electromagnética, el descontrol sociopsiconeuroinmunoendocrinosteomioarticular. Todo es plausible...

- ¿Dice usted que puede doler porque el cerebro imagina daños?

- Sí

- ¿Así sin más? 

- Y sin menos...

Deberíamos controlar la imaginación, evitar sus desvaríos... pero para ello es necesario que los expertos comiencen a tomársela en serio. Los cerebros no imaginan lo que quieren sino lo que pueden. Se limitan a rumiar lo presentado como posible por los instructores.

No me imagino a los expertos aceptando de buenas a primeras la trascendencia de la función imaginativa neuronal...

- No me extraña que le duela. Tiene usted la columna hecha un asco...

- YA decía YO... No eran imaginaciones mías... 

lunes, 29 de noviembre de 2010

Decidir una acción


Tomar decisiones es la actividad fundamental de los seres vivos. Cada momento, lugar y contexto contiene una incertidumbre variable que exige una acción adecuada.

Generalmente todo transcurre según el guión previsto y funcionamos con el automático pero en el momento menos pensado surge el contratiempo y debemos analizarlo, darle un significado y optar por una respuesta.

Cada organismo atribuye una probabilidad distinta a lo teóricamente posible. Aun cuando no esté sucediendo nada ni vaya a suceder, cada cerebro considerará el mismo momento, lugar y contexto de un modo distinto, no por diferencias objetivas sino porque interpreta la realidad potencial de modo diferente. 

El cuerpo virtual puede imponer su ley sobre el cuerpo real. Lo imaginado puede desbordar los límites de los sucesos. Para el cerebro defensivo el peligro imaginado debe ser considerado y atendido. 

La percepción contiene las cualidades necesarias para transmitir por sí misma los requerimientos cerebrales.

Picor.... =  ¡ráscate!

Hambre... =  ¡come!

Mareo... =   ¡agárrate!

Cansancio... =  ¡descansa!

El cerebro no nos transmite su incertidumbre en forma de comunicados verbales nítidos. Sólo hay percepción y un ronroneo mental confuso. Al individuo puede llegarle el síntoma en cualquier momento, lugar y circunstancia de su mundo, de sus objetivos y tareas.

- Estando tan tranquilo... empezó a dolerme la cabeza...

El dolor contiene la incitación a la acción defensiva, a la suspensión de lo programado en nombre de la certeza, de la seguridad.

Los padres también aplican, como el cerebro, la ley de lo imaginado...

- ¡Bájate de ahí que te puedes matar!

No es posible proyectar el temor paterno en forma de una percepción infantil. No hay un mando a distancia con un teclado perceptivo. Si lo hubiera, accionarían la tecla "mareo" y el niño sentiría en ese momento, lugar y circunstancia "mareo"

- ¿Qué te pasa?

- Estoy mareado...

La memoria humana es una memoria contextual, probabilística. Cada escenario contiene un estímulo, un dato, que permite reconstruir, rememorar, todas las sospechas. Basta una fecha, una actividad, algo comido o bebido, el tiempo, un viaje... para reconstruir toda la arquitectura de conexiones que dan lugar a la percepción.

El individuo es apercibido con la percepción a atender el miedo cerebral. Si no lo hace el síntoma será cada vez más apremiante hasta que el individuo "decida" doblegarse, actuar según lo exige el programa.

La percepción que surge del organismo virtual no tiene los límites de la realidad. El dolor por daño imaginado acostumbra a ser intenso, frecuente y persistente. El surgido de un hecho real tiene la contención de lo limitado del suceso. Un chichón duele vivamente en el momento del impacto pero el dolor amaina rápidamente y nos respeta mientras no toquemos la zona lesionada.

La percepción de dolor es una acción cerebral, producto del miedo somático que pretende una acción del individuo de efecto calmante.

Cualquier acción puede resultar analgésica si consigue disolver la incertidumbre cerebral. El cerebro tiene ya catalogadas las acciones que eliminan su desasosiego. Hasta que se ejecuten el programa seguirá activo hasta completarse.

El dolor, en ausencia de daño, tiene la condición del berrinche, el pataleo por conseguir algo, aquí y ahora.

Ceder, en estas condiciones, es un error, muchas veces comprensible. La victoria del momento, el sosiego, hipoteca el medio y largo plazo.

El cerebro propone y dispone perceptivamente y el individuo debe decidir argumentadamente que nada de lo propuesto tiene sentido.

El diálogo cerebro-individuo existe. Es inevitable. El miedo cerebral al daño y el del individuo al dolor generan una espiral, una pescadilla que se muerde la cola y engorda...

El cerebro ha decidido... El individuo debe decidir...

viernes, 26 de noviembre de 2010

Estímulo respuesta



Dicen (y Descartes tiene algo que ver con ello) que el Sistema Nervioso está constituido por circuitos que construyen respuestas a los estímulos. La secuencia sería: una neurona sensorial detecta el estímulo, lo conduce a un centro donde se analiza y de allí surge una orden que viaja por una neurona motora hasta los músculos...

En el principio de todo habría un estímulo, luego un análisis de su relevancia y finalmente una respuesta. 

- ¿Por qué me duele?

- Tiene que haber necesariamente algún estímulo, alguna condición que produce dolor donde usted lo siente. Su neurona sensorial del dolor lo detecta, lo conduce a los centros donde se analizan los dolores y allí se decide qué respuesta es la adecuada: apartar la mano del fuego, no apoyar un pie torcido, meterse a un cuarto oscuro y suplicar que le dejen en paz...

Parecería fundamental, por tanto, encontrar el estímulo doloroso, aquello que mortifica los tejidos...

- Es como si la cabeza fuera a explotar...

Algo inconveniente, quizás un aumento de presión en la caldera de la cabeza, debe haber creado la condición generadora de dolor. El dolor surgiría de las células incomodadas. Es su modo de protestar. Cada célula incomodada pondría su gotita de dolor. Muchas gotitas harían una gota grande hasta formarse verdaderos chaparrones. Los padecientes pre-sentirían a veces que va a llover, nubarrones en los tejidos...

- Noto que me va a doler ya unas horas antes...

- Tiene usted pródromos...

- ¿Es grave?

- Son avisos, barruntos, síntomas que ya anuncian que algo no funciona debidamente y que acabará, tras acumularse, generando dolor. 

El dolor sería así, en muchas ocasiones, la consecuencia de la condensación del vapor de dolor (pródromos)... Las neuronas del dolor notarían esos conatos de inconveniencia, los vapores...

Don Santiago Ramón y Cajal no estudió las neuronas del dolor sino las olfativas y visuales. Estaban formadas por un conjunto de ramitas (dendritas) incrustadas en los tejidos como las raíces de un árbol (dendron). Las ramitas iban (siguiendo una flecha) al cuerpo de la neurona. En el cuerpo neuronal se procesaban todos los estímulos recogidos por cada una de las ramitas, se hacían las cuentas y las reflexiones y de allí salía un tronco (axon) por el que viajaba (siguiendo la flecha) la orden o respuesta correspondiente. 

Cajal estudió también las neuronas que conducían la orden motora desde la médula espinal a los músculos y vió que se ajustaban al mismo patrón: un conjunto de ramitas que recogían microórdenes procedentes de muchos orígenes, un cuerpo neuronal que las recogía y analizaba y un canal único de salida (axon) que conducía la orden a los músculos ejecutores.

La supuesta neurona sensorial del dolor no se parece en nada a lo que Cajal describió como patrón neuronal típico. No tiene ramitas que van a un cuerpo del que sale un axón. El axón sale directamente de las ramitas de los tejidos y llega hasta la médula donde le espera el primer centro de análisis de datos (asta posterior) pero también se podría sostener que el axón surge de ramitas del asta posterior y va hasta los tejidos siguiendo una flecha de dirección contraria. La neurona del dolor es un axón que acaba en dos escobillas de ramitas, una en los tejidos y otra en la médula. De ese axón sale una conexión perpendicular que va al cuerpo, donde no parece que se produzca ningún análisis de datos.

¿Dónde buscamos el estímulo doloroso? en la escobilla de ramitas de los tejidos, donde duele... o en la escobilla de la médula (asta posterior)?

Todo el mundo se empeña en dar por sentado que todo empieza en un algo que genera dolor donde duele por lo que centran en exclusiva las pesquisas en las ramitas de los tejidos que, por definición y por perogrullada siempre estarán alertas, sensibilizadas...

Algo tiene el error de Descartes de situar el dolor allá donde duele que hace que prevalezca contra vientos y mareas.

Vamos a ver...

1) No existen neuronas que detecten dolores. Sé que me repito pero los de Descartes son muy pesados... Sólo hay neuronas que detectan variaciones de energía (mecánica, térmica, química...)

2) Las neuronas que detectan esas variaciones son bidireccionales. Conducen señales de fuera a dentro y de dentro afuera. Conducen información de lo que sucede (de abajo-arriba) y de lo que se piensa en las alturas (arriba-abajo).

3) Los neurotransmisores que se liberan en las ramitas nerviosas de los tejidos, la CGRP y la sustancia P, y que producen una sensibilización, una facilitación de señal de peligro, pueden liberarse tanto por los sucesos (mecánicos, térmicos, químicos) como por las reflexiones de los centros.

Quiere decirse con todo ello que deberíamos librarnos del esquema: estímulo-reflexión-respuesta y sustituirlo por toma de decisión. El dolor surge de una decisión de la red neuronal, tras una valoración de amenaza. La valoración es probabilística y el porcentaje de probabilidad valorado puede ser correcto o erróneo. Hay dolores acertados: expresan amenaza real, ya consumada o inminente y hay dolores erróneos, alarmistas, irracionales: expresan una amenaza teórica altamente improbable.

Por la red fluye información en todas direcciones, en serie, en paralelo, en línea, en círculos. Los circuitos especulativos construyen hipótesis de las que salen órdenes hacia el individuo, es decir, dolor, y hacia las neuronas que detectan peligro real en los tejidos, los nociceptores (detectores de nocividad).

De todo este barullo circuiteril sólo parece interesar ver lo que pasa en los tejidos, en la escobilla de ramitas incrustada en piel, músculos, huesos, articulaciones, meninges... 

Cuando duele siempre se encuentra que las ramitas del dolor están activadas, sensibilizadas bañadas en su propia secreción de sustancia P y CGRP y así se respalda la idea de que ya tenemos identificado el origen del dolor y que sólo falta dar con los fármacos ad hoc.

No hace falta que uno se pille la mano con una puerta para que se activen las neuronas del dolor. Basta con que el cerebro valore amenaza en esa mano. Todas las neuronas del dolor, desde la mano hasta las que la representan en el cerebro estarán en alerta roja...

Duele, luego se ha decidido activar el programa dolor en la red. Habrá que investigar por qué. Sucesos y temores... fundados e infundados  

jueves, 25 de noviembre de 2010

Recelo



La red neuronal es de natural recelosa. Todo puede resultar nocivo y no siempre a la nocividad se le ve el plumero. Lo relevante está, en muchas ocasiones, integrado, oculto, en una pasta densa de irrelevancia. La señal está mezclada siempre con ruido, la mena con la ganga, el grano con la paja.

Al cerebro de los sapiens (ma non troppo) le gusta procesarlo todo, rumiarlo una y otra vez para dar con alguna clave, una regularidad, que permita destapar relevancias ocultas. 

- Apunte en un diario los días que tiene dolor de cabeza, cuándo, dónde y cuánto... junto a lo que come, lo que hace, lo que piensa... Así podemos descubrir lo que le afecta. 

El cerebro no necesita los diarios del individuo consciente. Sus sistemas de memoria retienen todo cuanto rodea a los eventos significativos para rumiarlo. El cerebro es un enorme diario que anota minuciosamente los sucesos del pasado, presente y futuro.

Cuando sucede algo aversivo todo cuanto rodea al evento queda tocado por la sospecha y es investigado bajo la premisa de que mientras no se demuestre lo contrario todo puede ser responsable. La inocencia hay que demostrarla. La culpabilidad potencial se da por sabida.

El proceso de desvelar culpas está tutelado por los expertos. Cada uno tiene su tesis y empeño en buscarlas en un coto determinado.

- Me duele.

- Es el estrés... 

- Sinusitis

- Necesita gafas

- La articulación témporomandibular

- Las cervicales

- Los puntos gatillo

- La alimentación

- La contaminación

- La vesícula...

Antaño se consideraba que la migraña era cosa de la  vesícula, de sus bilis. Migraña biliar. El padeciente echaba las bilis y hasta los hígados y eso hacía pensar que podía haber piedras en la vesícula...

- Hay que operar...

Los dientes tuvieron también su protagonismo

- Pueden ser los dientes. Los quitamos y vemos...

- Me sigue doliendo

- Pues no, no son los dientes...

En las mujeres el recelo caía sobre sus hormonas

- Los ovarios. Pueden ser los ovarios. Puede que tenga quistes...

Los ovarios acostumbran a tener quistes en diversas fases de evolución...

- Efectivamente, su ovario tenía quistes. Le hemos quitado un buen trozo, el que tenía los quistes más gordos...

 En plena efervescencia del origen vascular ("cefalea vascular") una arteria temporal prominente sobre la sien invitaba a la intervención.

- Tiene la arteria inflamada. Hay que extirparla.

Los niños iniciaban su curriculum de dolor sin daño muchas veces por las tripas. Una y otra vez aparecía el temido sonsonete...

- Me duele la tripa... Voy a vomitar...

El misterio lo desvelaba muchas veces un cirujano vidente 

- Va a ser el apéndice. Hay que operar.

.........

- Ya no ha vuelto a quejarse.

- Tenía apendicitis crónica. El apéndice estaba rojo, inflamado.

Antaño los apéndices se tiraban... hasta que se ordenó su análisis anatomopatológico que, en estos casos invariablemente decía

Apéndice normal.

Ya no hay apendicitis crónica... con lo que fue en su tiempo...

Hay modas, preferencias, empeños, cabezonerías

Ahora la cosa está disputada. El pastel de las causas está muy repartido. El organismo y quien lo habita está bajo sospecha. El individuo se ha vuelto receloso

- YO algo tengo que tener o hacer mal o tuve o hice mal...

La migraña es una enfermedad cerebral congénita, de por vida, sostienen los neurólogos.

- Es usted un migrañoso. No malgaste los empeños en negarlo. Asúmalo, renuncie a la buena vida y acepte la mala, la de las privaciones. Aquí le doy la lista de lo que debe evitar tomar y hacer y lo que no debe dejar de hacer y tomar...

Recele... hágame caso. Aproveche su condición sapiens (m.n.t.) y recele de los receladores...

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Relevancias






Homo sapiens (ma non troppo) tiene mucha cabeza, demasiada. Con nueve meses alcanza el límite para poder salir del vientre materno. La criatura aún no está acabada pero tiene que salir ya de fábrica y continuar el desarrollo al otro lado del canal de parto. Las conexiones neuronales están sin concretar, siguen naciendo neuronas, creciendo el cerebro, pero ya en contacto con el mundo externo, su incertidumbre, su barullo y sin una idea congénita clara de qué hay que hacer, salvo pedir auxilio. 

El cerebro del niño sapiens (m.n.t.) no distingue lo que es relevante y no. Su genética ha generado una red con una conectividad asombrosa. Miles de millones de neuronas con miles de conexiones para cada una de ellas. No  es posible prefijar con exactitud las conexiones concretas útiles, relevantes, para afrontar un mundo enormemente diverso y cambiante. Nacemos sin una idea genética clara de qué estímulos debemos atender o desatender y qué respuestas son las más adecuadas. No todo está definitivamente prefijado. Sólo hay grandes líneas generales. Espera un complicado y largo período de aprendizaje en el que se harán los ajustes necesarios para establecer conexiones que permitan segregar lo apetitivo de lo aversivo. 

Los sapiens (m.n.t.) estamos condenados por dictado genético de un desarrollismo neuronal excesivo a la ignorancia de partida, a la incertidumbre, a la metedura de pata, al ensayo-error. 

Para suerte o desgracia la criatura prematura se encuentra con todo un ejército de cuidadores que se precipita a procurar todo tipo de atenciones, vigilancias y correcciones para que su enorme, excesivo cerebro pueda ir dando con las claves del bien y del mal, del acierto y desacierto. Lo que los genes no han podido encarrilar, marcar con claridad, queda en manos de los congéneres expertos, sapiens  (m.n.t.) que ya han andado el camino y lo dejan señalado (y vallado) para que la criatura ande por donde debe andar.

El cerebro del niño sapiens no es una tabla rasa, un lienzo en blanco. Ya hay trazos pintados, un esbozo general de lo sustancial, una paleta y unos pinceles y unos profes de dibujo que muestran sus cuadros acabados y dicen al aprendiz cómo debe pintar los suyos.

El cerebro sapiens (m.n.t.) tiene muchos programas. Algunos son programas programados, acabados y otros son programas para programar.

El dolor está programado. Hay programas con encendido prefijado, reflejo, inevitable, rígido, inamovible a lo largo del tiempo. Cada vez que metamos la mano al fuego, haya desgarros o compresiones, en definitiva,  muerte violenta de células (necrosis) se activarán las áreas cerebrales responsables de la percepción dolorosa. También hay programas que tienen pendiente el mecanismo de encendido: el cuándo, cuánto, dónde, el ante qué, por qué ... y quién lo dice...

Los programas pendientes de decidir las condiciones de encendido tienden a confiar y desconfiar de todo. Analizan las relaciones posibles entre todo lo que sucede. Todo puede ser una causa de cualquier efecto. Si no fuera por los tutores tendríamos que probarlo todo para conocer su condición. Es un ejercicio demasiado arriesgado. Los tutores hacen posible eliminar la prueba general y nos indican en qué podemos confiar y desconfiar.

La relevancia queda así en manos de lo que los tutores señalen. La genética cerebral humana así lo ha establecido. Es pura biología.

Los tutores no se ponen de acuerdo. La oferta de relevancias es variopinta y contradictoria. El cerebro debe seleccionar, decidir, eliminar o aprobar las sugerencias o ir probándolo todo hasta que suene la flauta del acierto... aparente.

El programa dolor se activará, en ausencia de daño relevante, en presencia de aquello que una oferta cultural concreta ha conseguido etiquetar como relevante para justificar, al menos preventivamente, su encendido.

- Me duele cuando sale viento Sur...

- Su cerebro atribuye relevancia al viento Sur...

- Cuando me duele la cabeza, me como un caramelo y se me pasa...

- Su cerebro atribuye relevancia al caramelo...

Las informaciones políticamente correctas sobre relevancias consideran irrelevante a la información como señaladora cerebral de relevancias. No hay problema en cargar responsabilidades a genes, zanahorias, discusiones, insommios, ayunos o ventoleras... 

- ¿La información, dice?

- Eso es. Somos sapiens (m.n.t.) ¡Qué le vamos a hacer!

martes, 23 de noviembre de 2010

Habituación


Casi nada de lo que sucede es relevante. La red de sensores del organismo detecta todo tipo de estímulos pero sólo una pequeña proporción de ellos son considerados como significativos y acaban activando percepción consciente. 

Siempre es relevante la novedad... hasta que no se demuestre lo contrario. Los estímulos imprevistos justifican el enfoque atencional, la mirada, la escucha, la palpación por si contienen significado, aportan algo atractivo o peligroso.

También es relevante la variación en la intensidad de lo mismo.

La red neuronal está atenta a las variaciones, las considera, a la vez que se desentiende de todo lo monótono. Segrega la señal novedosa del fondo ruidoso de lo conocido y etiquetado de irrelevante, indiferente

Los sensores de las neuronas dejan de generar señal ante la persistencia de un estímulo aburrido, sin novedad, variación... ni relevancia (efecto detectable). Los sensores se habitúan, se aburren, se duermen.

La habituación es un mecanismo neuronal básico. Permite evitar despilfarro atencional y energético.

Hay habituación sensorial, periférica. Dejamos de oler, oir algo al permanecer estáticos en el mismo ambiente.

También hay habituación cognitiva. Desconectamos de ideas evaluadas como irrelevantes, conocidas, repetitivas. Oimos y vemos sin escuchar ni mirar.

Las ideas novedosas, disonantes, merecen la atención y la respuesta. Pueden abrirnos la escucha y la mirada o todo lo contrario, provocar el rechazo activo o habituarnos a ellas, convertirlas en ruido indiferente.

El problema surge cuando los estímulos relevantes coinciden en tiempo-espacio con otros irrelevantes. Las neuronas los asocian, ven complicidad, relación y clasifican lo previo y próximo irrelevante como relevante por el simple hecho de la coincidencia. El estímulo banal que, por azar o necesidad, actúa un poco antes que el relevante carga con el sanbenito de la responsabilidad. Eso explica por qué los perros de Paulov salivan cuando han oido una campana (estímulo irrelevante) que indica que se acerca la comida (estímulo relevante). De este modo, la irrelevancia adquiere notoriedad por el simple hecho de acoplarse a lo significativo.

Los sistemas de memoria guardan en sus catálogos mucha irrelevancia etiquetada de relevancia prestada. Todo es significativo hasta que no se muestre o demuestre lo contrario. Todos los estímulos, todas las ideas deben ser contempladas. Todo puede ser válido. ¡Quién sabe!

La relevancia la atribuye la realidad, el efecto detectable, positivo o negativo, o lo que se piensa de ella. Una creencia firme produce el mismo efecto que una realidad operativa. Las creencias convierten para bien y para mal los estímulos irrelevantes en relevantes. 

Es bueno para el perro saber que la campana anuncia comida. La campana goza de la acreditación robada de un buen estímulo salivatorio pero no es cierto. Si dejamos de traer comida las glándulas salivares dejan de salivar con su sonido. Las neuronas lo devuelven al fondo ruidoso de lo irrelevante. Se habitúan.

Las creencias mantienen inamovible la relevancia de lo irrelevante por un mecanismo conocido como esperanza. Hace que la campana siga provocando la salivación aun en ausencia continuada de comida. 

El cerebro de los sapiens puede estirar hasta el infinito el tiempo hábil para que aparezcan los efectos. Probablemente ello nos ha ayudado a sobrevivir a golpe de esperar tozudamente en que algo relevante, al fin, aparezca pero también puede condenarmos a la dependencia estéril y desesperante de lo irrelevante.

Parece que no sólo los sensores se habituan sino que también la monotonía tiene que ver con la neurogénesis, el nacimiento de nuevas neuronas, tanto en la médula espinal (asta posterior), como en el hipocampo. 

¿Dónde está la relevancia? ¿Quién la etiqueta?



 

lunes, 22 de noviembre de 2010

Percibir siempre es emocionante


Percibimos lo que el cerebro nos proyecta como lo más relevante, emocionante, en cada momento y lugar.

No podemos decidir lo que vemos ni oimos. Sólo podemos mirar y escuchar. Una vez abiertos los ojos y los oidos el cerebro nos presenta la realidad a través del filtro de su representación, de su modelo interno.

La percepción de dolor siempre es emocionante. Nunca es una acción fría y racionalista cerebral:

- Aquí el cerebro. Hacemos saber al usuario que en este momento nuestros sistemas de memoria predictiva calculan una alta probabilidad de que suceda algo terrible en la cabeza. Hemos activado por ello la función de alerta del dolor. Debe dejar inmediatamente lo que está haciendo, meterse en el cuarto oscuro, eliminar lo comido, abstenerse de interactuar con el mundo y tomarse el calmante.

Si se activa el dolor es porque en la red hay temor a que algo suceda. Hay emoción. 

La red neuronal contiene muchas capas de procesamiento distribuidas a lo largo y ancho del organismo. 

Todos los estímulos son procesados a todos los niveles. Hay áreas que procesan "friamente" los parámetros de los estímulos: dónde, cuándo, cuánto... Otras se centran en la relevancia de lo que ya está sucediendo o pudiera suceder (memoria predictiva). Lo que percibimos contiene el producto integrado de lo que cada área aporta. 

Si no percibimos nada en la cabeza ello quiere decir que no sucede ni se prevé nada emocionante en ella. 

El componente emocional, lo que atribuye relevancia a un momento, lugar y circunstancia lo genera la red, no el individuo. 

- Le duele porque en su inconsciente hay estados emocionales, acontecimientos de su vida, que no encuentran su vía de expresión normal y lo hacen a través de síntomas físicos (somatización). Hábleme de usted, de su infancia, de sus problemas...  

Al organismo se le niegan las emociones. Se supone que lo único emocionante es lo que le sucede o pueda suceder al individuo. Se tiende a interpretar "lo emocional" como algo inmaterial, escondido en los sótanos cerebrales, generado por avatares biográficos emocionantes y que condiciona todo el ámbito de las decisiones de las áreas analíticas. 

El dolor (en ausencia de daño) no puede surgir de un razonamiento cerebral. Tienen que ser las emociones, ya sabe, los problemas, los recuerdos, el estrés... Eso se dice...

El dolor, el hambre, la sed, el picor... son percepciones homeostáticas. Contienen la emoción de que se destruya tejido, falte comida, agua o ande un parásito por la piel... No hay generalmente racionalidad en esa emoción somática sino todo lo contrario: irracionalidad, emoción injustificada, miedo, fobia.

Los padres andan siempre emocionados con lo que les pueda suceder a sus retoños. Piensan emocionadamente en sucesos teóricos.

- ¡Bájate de ahí que te vas a matar! ¡Come, bebe un poco de agua, límpiate...! ¡Toma, por desobediente! ¡Te he dicho que no quiero que...!

El cachete (dolor) contiene el miedo paterno a que la desobediencia filial traiga consecuencias. Es una acción emocionante que pretende emocionar al receptor, contagiar el miedo a lo que pueda suceder en ese momento, lugar y circunstancia. 

- Me duele. Qué emoción...

El padeciente sucumbe al miedo al sufrimiento y busca el alivio con cualquier cosa. El cerebro ha sucumbido previamente al miedo probabilístico del daño somático. El individuo puede esperar. Ahora toca proteger la cabeza.

Es una extraña propuesta la de este blog. El niño debe calmar a sus padres...

- Tiene que calmar a su cerebro. Convencerle de que no está pasando ni va a pasar nada... que no es necesario tomar tóxicos adictivos ni meterse al cuarto oscuro... que le deje continuar con lo que tenía previsto...

La percepción siempre es emoción. Busca, solicita, suplica o exige una acción del individuo...

El cerebro obliga a los órganos a actuar según sus evaluaciones. Lo hace a través de mensajes químicos emocionantes: hormonas, neurotransmisores...También pretende mover al individuo en la dirección que considera oportuno. Lo hace con la percepción, con el dolor...

Las órdenes cerebrales han modificado las condiciones químicas de la red nociceptiva. Los nociceptores meníngeos están activados, sensibles... El núcleo trigéminocervical con todas las puertas abiertas de par en par para facilitar y amplificar el tráfico de señal... el circuito tálamocortical... las amigdalas... el individuo...

- Me duele

- Estás en alerta. Así lo exige el cerebro. Tú formas parte de él...

domingo, 21 de noviembre de 2010

Policía bayesiana



Thomas Bayes (1702-1761) fué un matemático y ministro presbiteriano, hijo de matemático y ministro presbiteriano. Su padre escribió La doctrina de las probabilidades y el hijo, destinado a reeditar al padre, por imitación e instrucción (su padre fue también su profesor), también dedicó sus afanes a la probabilidad.

Escribió en un manuscrito, que un amigo publicó tras su muerte sin pena ni gloria inmediata, una fórmula oscura para los legos como yo en matemáticas pero que permite calcular la llamada probabilidad inversa: dado un efecto, y en base al conocimiento disponible, qué probabilidad existe de que sea debido a uno de los estados causales contemplados en ese conocimiento.

El tema es complejo y no quiero tocar materia oscura (para mí). Se dice que el cerebro es bayesiano, entendiéndose con ello que construye un modelo interno, probabilístico, teórico, de la realidad y que lo aplica a la interpretación de los datos sensoriales. Dado un conjunto de estímulos visuales, sonoros, olfativos... ¿cuál es la probabilidad, en base al conocimiento acumulado, de que correspondan, por ejemplo, a una determinada persona...?

Al conocimiento sobre el que se calculan las probabilidades puede exigírsele veracidad, objetividad, cualidad de ley fiable o no. Podemos calcular la probabilidad de las causas, la fuente de lo que sentimos, basándonos en conocimiento contrastado experimentalmente, científico, o, simplemente, en lo que damos como cierto sin que necesariamente lo sea.

Se sabe, por demostrado, medido con garantías, que...

Se cree, porque lo dicen los expertos, que...

El modelo interno que construye el cerebro sobre organismo contiene, por una parte, conocimiento contrastado, apoyado en infinitas operaciones de comprobación del tipo: dados estos estímulos sensoriales... Sabemos por experiencia acumulada de ensayo-error que... Ello nos permite ajustar el modelo anticipador proyectado como percepción visual, auditiva, olfatoria...a lo que realmente está sucediendo. 

Ese mismo modelo también contiene conocimiento basado en autoridad: dicen los que saben que... El cerebro humano está socializado, tocado por la imitación y lo que se dice en boca de la mayoría. Eso hace que lo que percibimos no siempre se ajuste a lo que sucede sino que, a veces, destapa lo que el cerebro aplica como creencia más creible, en base al conocimiento socializado.

Imaginemos una Policía bayesiana que detiene a ciudadanos en base al cálculo de probabilidades basado en conocimiento de riesgos teóricos, predicados como creibles, de infracción. El policía se limita a notificar la penalización. No dice nada sobre motivos. En realidad sólo aplica probabilidades teóricas de infracción... 

- ¡Diez euros!

- No soy partidario de pagar multas...

- ¡Veinte euros!

- ¿Qué habré hecho para que me multen..?

- !Cincuenta euros¡

Al final el "infractor" decide pagar y el policía va reduciendo progresivamente la penalización hasta que cesa por completo.

El ciudadano da por sentado que si hay multa, alguna infracción ha tenido que haber. No es normal que a uno le pongan multas sin hacer nada... Los expertos corroboran las sospechas. El ciudadano pagano lo es porque tiene una condición pagana. Algo hace que la policía bayesiana le ponga multas. Los expertos recomiendan el pago precoz de la multa pues si no es así uno ya no tiene dinero suficiente y tiene que acudir a urgencias (a un banco a por un préstamo).

El cerebro va seleccionando por aprendizaje lo que debe ser creido respecto a materias que no puede sensar (lo que dicen los que dicen saber sobre aquello que no vemos, oimos, olemos, degustamos ni palpamos que...). De ese modo construye un modelo interno de riesgos. Cuando ese modelo alcanza un umbral de temor dispara la alerta en forma de percepción de dolor...

El policía bayesiano ha comenzado a penalizar... ¿Qué hacer?

- ¡Diez euros!

- Yo no he cometido ninguna infracción. No tiene derecho a multarme... No le voy a pagar... Déjeme en paz pues tengo prisa...

- ¡Veinte euros!

- Le he dicho que no pienso pagar. No he hecho nada... 

El resultado del forcejeo entre el cerebro-policía bayesiano y el ciudadano no infractor es impredecible pero la actitud del ciudadano, sus convicciones, su derecho a no ser penalizado... hace que la red de creencias se vaya debilitando y se reduzcan las multas...

Si se paga, el cerebro bayesiano concluye que algo indebido ha sucedido y refuerza sus creencias erróneas sobre tendencia infractora...

La lógica bayesiana se aplica para detectar SPAMs: Dado este mensaje... ¿qué probabilidad existe de que sea un SPAM?...


Las dictaduras aplican métodos bayesianos sustentados en el poder... En base a lo que nosotros decimos serán penalizadas aquellas conductas que pongan en peligro...

Creencia y crianza... Bayes... organismo probable... SPAMs... virus... cultura... dictaduras cerebrales... son cuestiones básicas sobre dolor.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Un buen libro: Breve historia del cerebro



 El psicólogo Julio González ha publicado en Editorial Crítica un excelente libro en el que narra en estilo claro, ameno, lleno de enjundia y con profundo conocimiento de lo que dice, la historia trabajosa de los grandes descubrimientos sobre la actividad de nuestras neuronas.

Recomiendo vivamente su lectura a cuantos les fascina el cerebro y quieran conocer a los investigadores que han hecho posible acercarnos a sus entrañas.

No puedo evitar aplicar el test lingüístico del dolor a todo cuanto leo y el libro utiliza el término incorrecto, de "receptores de dolor" y "señales de dolor". No deja de ser un síntoma de la dificultad que tiene la Biología de la percepción dolorosa en abrirse paso y superar el concepto cartesiano, presente incluso en un texto, por lo demás, tan correcto como este.

A lo dicho: un buen libro. Dejo la referencia de una entrevista con el autor:



viernes, 19 de noviembre de 2010

Dar explicaciones



Es lógico que los padecientes pidan explicaciones sobre el origen de su padecimiento. 

El profesional debiera atender la demanda pero no es tarea fácil. En muchos casos, es imposible.

¿Por qué duele? Por qué estoy mareado? ¿Por qué no puedo con mi alma? ¿Por que estoy tan abatido y desilusionado si no tengo motivos?

Las preguntas de los padecientes son como las de los niños... Ponen a los padres en un apuro considerable.

Los profesionales y los padres han desarrollado un conjunto consensuado de falsas respuestas que sirven para matar la pregunta con la falsa apariencia de haberla contestado.

El dolor de cada región tiene una lista corta de causas típicotópicas que tapan el agujero de la curiosidad. El mareo también tiene sus sanbenitos: las cervicales, el oído, la circulación y los nervios... el desánimo lo causa la serotonina por los suelos... los genes omniimpotentes...

Los profesionales tiran de los tópicos para aliviar la consulta. No hay problema. El padeciente se siente bien al comprobar que su médico, la pescatera y el cuñado comparten su opinión:  "los años", "coger pesos", "el estrés", "las contracturas", "mucho trabajo", "el oído", "la circulación", "me viene de familia"...

Muchos profesionales llegan a creer firmemente en lo que explican. Los padres pueden dar por cierto que los niños los traen las cigüeñas de París y que los Reyes Magos regalan todos los juguetes pedidos... y los explicantes de oficio poner la mano sobre el fuego de que cuanto sostienen es sostenible y que los alivios obtenidos con los remedios surgen de su poder curativo.

Dar explicaciones no es fácil. El profesional necesita tiempo, interés por saber lo no sabido, prohibirse las falsas respuestas, descreer lo creido, creer lo sabido por estar demostrado y publicado. El profesional necesita, una vez cumplidas todas sus condiciones de explicante, un receptor con escucha al que no le chirríe oir lo inaudito, la disonancia, lo novedoso, la explicación que no casa con la lista de causas aceptables...

Cuando el explicante acepta el reto, se toma su tiempo, se aprieta los machos (y las hembras) y se tira con arrojo a la piscina, después de haberse encomendado a todos los santos en los que ya no cree, puede tener la satisfacción de disponer del padeciente-escuchante ideal y dar por bueno el esfuerzo pero no es siempre así...

- No me convence. No estoy de acuerdo. YO...

El padeciente desaprueba el discurso extravagante del origen neuronal, renuncia a las explicaciones y pasa raudo a la solicitud del remedio...

- Al menos, deme algo para quitar el dolor, el mareo, el abatimiento, el insommio... Una solución... o mándeme a algún sitio...

El explicante queda absolutamente desautorizado, desinvestido, desnudo, sin los hábitos...

Dar explicaciones, insisto, no es fácil para nadie. Los sapiens (m.n.t.) han acordado tácitamente una Carta Magna de los engaños compartidos, políticamente correctos. 

- Déjese de explicaciones biológicas, exijo las de mi cultura...

Somos como niños... Es una condición exigida para entrar en el Reino de los Cielos...



  

jueves, 18 de noviembre de 2010

Lo emocional y lo racional



Una objección habitual al modelo pedagógico propuesto en el blog (know pain, no pain) es la de que es un modelo racionalista, frío, desprovisto de emoción. Se supone que el dolor guarda en sus tripas condimentos emocionales de muchos orígenes y que la pedagogía sobre neuronas los dejará tal como estaban por lo que el fracaso estará servido en muchos casos al haberse desatendido los "factores emocionales". 

- Una persona es algo más que un cerebro...

En mi opinión algo emocionante es algo a lo que se atribuye relevancia y que, por tanto, pro-mueve una acción del individuo. 

La relevancia la dan los hechos consumados: alguien grita...

- ¡Fuego! 

Nótese que no hace falta que haya realmente fuego. Un "gracioso" puede generar un estado emocional de pánico en un local simplemente con dar el grito de alarma aun cuando no exista ningún peligro real.

Si el gracioso monta el número todos los días el grito dejará de ser emocionante. Ya no se le atribuye relevancia, confidencia, credibilidad.

La destrucción violenta de células (necrosis) es un hecho equivalente a la destrucción violenta de personas.

Los sistemas de vigilancia pueden dar la alarma:

- ¡Necrosis!

Al instante se produce una respuesta somática cuyo objetivo es la protección de las células vecinas, la retirada de los peligrosos restos necróticos y la reparación del destrozo. La respuesta defensiva se denomina inflamación y gracias a ella sobrevivimos a las múltiples incidencias necróticas (heridas, infecciones, quemaduras...)

Nótese que la voz de alarma puede producirse en ausencia de necrosis, en este caso no por "un gracioso" (no conozco nada en el organismo que se ajuste a ese concepto) sino por una evaluación temerosa, catastrofista, en cualquier lugar, momento o circunstancia sin relevancia:

- ¡Necrosis!

La voz puede haber surgido al acercarse a un balcón, a un ascensor, a un avión, a una araña, a un ratón o a un plato con setas...

El organismo, a través del cerebro, ha evaluado peligro y ha provocado la respuesta emocional somática de pánico que impide acercarse al objeto "peligroso".

La evitación del escenario disuelve la emoción a costa de una acción irracional. Perdemos emotividad pero ganamos irracionalidad.

Imaginemos ahora que existe información confusa sobre balcones, arañas, ratones, comidas... que les atribuye incertidumbre, les quita fiabilidad...

La incertidumbre provocará respuestas emocionales de evitación en individuos que, en ausencia de dicha información, entrarían en los ascensores sin temor, sin emoción, con la fría racionalidad de saber que son seguros...

El lamentable estado de incertidumbre, generador de síntomas emocionales en ascensores en un sector de los usuarios, daría lugar a todo un variopinto ejército de expertos que propondrían explicaciones para los síntomas y remedios para aliviarlos.

- ¿Por qué me siento mal al subir a un ascensor?

- Es genético. Debe evitar subirse al ascensor o si lo hace tómese estos calmantes...

El cerebro activa voces de alarma injustificadas, catastrofistas, no porque guste de reirse con el pánico provocado en el individuo sino porque aprende a dar voces de alarma, por sucesos necróticos propios y ajenos, y por instrucción de expertos de todo pelaje y condición.

La incertidumbre sobre necrosis interna se combate con información que la elimine.

Tener certezas no es fácil. Podemos entrar en un ascensor defectuoso, friamente, sin emoción, sin saberlo, y necrosarnos pero también podemos emocionarnos cada vez que entramos y marcamos el piso 50 y pasarlas canutas, emocionados por la evaluación irracional de peligrosidad.

- Evite los ascensores si nota palpitaciones y ahogo.

- ¿Por qué me sucede a mí y no a otros...?

- Ya le he dicho... es genético... Evítelos. 

- Los necesito...Trabajo en el piso 50...

Los síntomas expresan la evaluación probabilística cerebral.

- Tengo la corazonada de que va a tocar este número. He comprado toda la serie...

Es peligroso dejar de lado la emoción pero también lo es dejarse llevar por ella. En los temas que nos ocupan en el blog sobra emoción y falta racionalidad...

Know pain, no pain... esa es mi opinión...